C-RPAS hardkill made in Spain

Escribano propone una solución antidrone eficaz, de bajo coste e íntegramente fabricada en España


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Hace escasas semanas tuvimos la oportunidad de asistir, en el campo de pruebas de Médano del Loro (Huelva) a unos ejercicios antidrone organizados por el Mando de Artillería de Campaña del Ejército de Tierra. Los test, un primer acercamiento a la lucha contra drones de tamaño pequeño y medio a través tanto de sistemas cinéticos (hardkill) como no cinéticos (softkill), permitieron ver el desempeño de vehículos en servicio como los ASCOD Pizarro utilizando su arma coaxial e incluso de las sempiternas MG-3, con un resultado poco alentador. También contó con la presencia de las empresas Escribano Mechanical & Engineering y Nammo Palencia, interesadas en aprovechar la ocasión para obtener unos primeros datos, muy valiosos, del rendimiento de las granadas 40×53 HEDP-RF con capacidad airburst disparadas desde un lanzagranadas MK-19 montado sobre una RWS Guardian 2.0. Escribano, además, pudo probar esta misma estación de armas empelando una minigun Dillon Aero M134D a modo de defensa de punto. A lo largo de las siguientes líneas trataremos de dar una visión amplia del tipo de amenaza que plantean los enjambres de drones, de las diferentes vías que se están investigando para hacerles frente y de las posibilidades que manejan nuestros artilleros, así como ambas empresas.

El pasado 17 de noviembre nuestros artilleros organizaron un ejercicio en el Campo de Maniobras y Tiro “Médano del Loro”, en la provincia de Huelva, consistentes en probar distintos tipos de sistemas tanto en uso como experimentales, contra una amenaza clave en los campos de batalla modernos: los drones (también conocidos como RPAS, UAV, UAS…). La idea, más que por llegar a soluciones definitivas, pasaba por comprobar el desempeño de algunos de los sistemas actualmente en uso por parte del Ejército de Tierra contra este tipo de artefactos. Hablamos de las armas coaxiales de nuestros Pizarro (ametralladora MG-3S), de las Browning M2 montadas sobre las RWS Mini Samson de Rafael que utilizan los VERT (Vehículo de Exploración y Reconocimiento Terrestre) y, en última instancia, de las ametralladoras MG-3 manejadas por nuestros artilleros.

Todos estos y otros sistemas de los que hablaremos, en este caso experimentales, fueron empleados con profusión contra blancos proporcionados por el INTA (Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial). En algunos casos se trataba de cuadricópteros de pequeño tamaño (Clase I y categoría Small, es decir, de menos de 20 kilogramos según la clasificación utilizada por la OTAN). En otros, de blancos de pruebas Alba, diseñados y fabricados por la empresa española SCR Drones y de uso común en nuestras Fuerzas Armadas.

El desarrollo de estos test siguió un guion preestablecido, encargándose un técnico del INTA de hacer volar los drones hacia una zona determinada de antemano, mientras que de los Alba se encargaba la Unidad de Blancos Aéreos del MAAA que también maneja los Scrab, de la misma empresa y propulsado por una doble turbina. Una vez dentro tanto del rango de distancias como de la franja de terreno acordadas, los operadores de los distintos sistemas de armas se encargaban de intentar abatir el blanco por turnos, algo que nuestros militares no lograron en una sola ocasión desde sus vehículos. Tampoco es de extrañar, pese al abundante consumo de municiones que requirió el ejercicio, ni nadie debe llevarse las manos a la cabeza por ello. Al fin y al cabo, acertar a entre 200 y 300 metros a un blanco de unos pocos centímetros y en permanente movimiento es casi una quimera cuando hablamos de municiones ordinarias, sean de 12,7 o 7,62 milímetros. Incluso cuando los drones se movían lentamente o avanzaban directamente hacia los vehículos encargados de hacerles frente, se ponía de manifiesto la incapacidad de estos.

Las únicas dos ocasiones en las que un blanco tocó las frías aguas del Atlántico fueron: a) por fallo técnico -pérdida de conexión o de alimentación- o acción de los jammers de los vehículos, algo que no terminó de quedar claro, pues no pudieron determinar la razón y; b) abatido por un disparo de 7,62 a una distancia de unos 50-70 metros y con el pequeño cuadricóptero ya en estático. Es decir, que ni los Pizarro con sus armas coaxiales ni las ametralladoras M2 asociadas a una RWS se mostraron efectivos contra este tipo de ingenios.

Huelga decir lo que habría ocurrido de no tratarse de un ejercicio, sino de un campo de batalla real, con nuestras tropas enfrentándose no a un único drone, sino a una o dos docenas de ellos. Eso por no hablar de municiones merodeadoras como las que tan espectaculares imágenes nos dejaron durante los últimos enfrentamientos en Nagorno-Karabaj o de verdaderos enjambres (y no grupos) capaces de coordinarse entre sí, compartir información, cambiar las avenidas de aproximación y, en suma, maximizar las posibilidades de alcanzar su objetivo.

Lo visto, en cualquier caso, no era sino la demostración palmaria de una carencia para la que ya no hay excusas. Es cierto que en los últimos años han intentado implementar medidas paliativas según el presupuesto lo permitía y mientras se estudian todas las derivadas del nuevo escenario al que van a tener que enfrentarse y que nuestro compañero Guillermo Pulido explica de forma magistral en su último libro “Guerra multidominio y mosaico”. Desgraciadamente, lo logrado hasta el momento es absolutamente insuficiente y compromete la capacidad de nuestras Fuerzas Armadas para cumplir con sus cometidos; urge por tanto una mayor inversión en en todo lo relacionado con C-RPAS.

Pizarro utilizado en los ejercicios de Médano del Loro.

Un escenario terrorífico

Las experiencias de los últimos años demuestran el potencial bélico de los drones, incluso cuando se trata de modelos rudimentarios cuya máxima utilidad pasa por arrojar pequeñas cargas explosivas prácticamente a ojo, como se hacía en la Primera Guerra Mundial, pero adaptando el procedimiento a UCAVs construidos por completo en base a componentes comerciales (COTS) (Chávez y Ori, 2020).

El Estado Islámico fue uno de los pioneros en el uso de este tipo de ingenios, montando granadas-cohete PG-7 con una espoleta de impacto instalada sobre aparatos de ala fija. También se han empleado granadas de 40×46 mm dotadas de aletas de estabilización para arrojarlas desde unos cien metros de altura, con resultados impresionantes, incluyendo la inutilización de carros de combate M1 Abrams iraquíes (pese a que el daño causado al carro es mínimo, es el suficiente como para dejar fuera de juego los sistemas optrónicos de los que depende su capacidad combativa). Incluso llegaron a provocar bajas entre las fuerzas especiales francesas mientras apoyaban a los kurdos durante la batalla de Mosul.

Vídeo del ataque a un Abrams: ISIS drone strike Abrams main battle tank in Mosul – YouTube.

Los ataques no solo se han dirigido contra vehículos o tropas en campo abierto. En verano de 2017, las fuerzas de DAESH llegaron a efectuar ataques coordinados de pequeñas unidades de drones sobre el estadio de fútbol de Deir ez Zor, un edificio que estaba siendo usado por los assadistas para acumular numerosos suministros, entre los que se encontraban centenares de toneladas de explosivos almacenados al aire libre. Los drones arrojaron sus bombetas desde una altura de entre 200 y 300 metros, logrando varios impactos que provocaron incendios y explosiones, las cuales terminaron por arrasar por completo el depósito de suministros.

Vídeo del ataque al estadio de Deir ez Zor: Склад САА в Дейр-ез-Зоре – YouTube

También algunos grupos rebeldes situados en Idlib, recurriendo al empleo de drones de ala fija dotados de un motor de combustión y construidos íntegramente a base de plástico, poliespán, cinta americana y madera, se apuntaron varios éxitos. Pese a su apariencia rudimentaria, estos drones eran capaces de llevar algo más de media docena de pequeñas cargas explosivas caseras, que al ser arrojadas desde varios aparatos a un tiempo permitieron quitar la vida a un soldado ruso y dañar varias aeronaves estacionadas en la base aérea de Himeimim, pilar de la fuerza expedicionaria rusa en Siria. En total, sólo durante la batalla de Mosul se registraron entre 60 y 100 ofensivas con RPAS de pequeño tamaño (Ros, 2021). Por supuesto, la pérdida de una vida, comparada con los daños causados por los RPAS Bayraktar TB2 y las municiones merodeadoras Harop en conflictos más recientes, es anecdótica, no así el daño económico causado y los inconvenientes debidos a la inutilización de varias aeronaves.

Aunque los rusos contaban con defensas antiaéreas de consideración, consistentes en baterías de misiles S-400 Triumph y artillería antiaérea de corto alcance –incluyendo el conocido Pantsir S-1-, así como piezas ZU-23-2 y ZPU-4, lo cierto es que los ataques no cesaron por más que la eficacia defensiva rusa creciese con el tiempo. Es decir, que los agresores entendieron que la relación entre el coste lanzar los ataques y el beneficio obtenido seguía siendo favorable pese a que el rendimiento fuese decreciente según los rusos implementaban distintas contramedidas, algo en lo que al parecer han tenido bastante éxito.

Más recientemente, tal y como hemos adelantado, la experiencia de Nagorno-Karabaj nos ha ofrecido toda una nueva serie de lecciones que están todavía siendo estudiadas por los Estados Mayores. Así lo reconocen fuentes de del Mando de Artillería Antiaérea del Ejército de Tierra, que no dudan en expresar su preocupación no tanto ante los pequeños drones, como los utilizados por los insurgentes sirios y que consideran más bien una «molestia» como ante amenazas del tipo de las municiones merodeadoras y los RPAS con capacidad de ataque en picado.

Protección experimental probada por los rusos frente a los drones de ataque en picado.
Modelos y categorías de RPAS utilizados por los azeríes en el conflicto de Nagorno-Karabaj. (Martín, 2021)

El uso que hemos visto por parte de Azerbaiyán puede ser una variante aún más novedosa de la aplicada por los ucranianos en el Donbáss. Así, la potencia de fuego no la proporciona la artillería, sino las municiones merodeadoras como los drones Orbiter capaces de recibir órdenes de ataque desde los MALE TB2, mejor posicionados para ello (a mayor altura y dotados de sistemas optrónicos más potentes). Este tipo de combinaciones han hecho posible otorgar nuevas misiones al conjunto formado por drones de observación y drones de ataque/municiones merodeadoras. Misiones que pueden resumirse en tres (Matías, 2020):

  • Interdicción: se han atacado los refuerzos armenios que se dirigían al frente en distintos medios, como en autobuses o camiones particulares, además de golpear a convoyes enteros, impidiendo que las posiciones armenias fuesen consolidadas y permitiendo a los azeríes explotar las brechas, imposibles de taponar para Ereván.
  • SEAD (Supresión de Defensas Aéreas): desde el inicio de la ofensiva azerí, los sistemas de defensa aérea han sido uno de los objetivos predilectos. Se ha podido comprobar la destrucción de al menos 3 Strela-10 y 9 Osa-AKM. Además, apareció un vídeo en el cual un drone kamikaze Harop sobrevolaba un sistema antiaéreo S-300 armenio situado al suroeste de Stepanakert, la capital de la región de Nagorno-Karabaj. También la AAA fue silenciada, destruyendo varios MT-LB dotados con cañones antiaéreos. Esta cuestión no es baladí, pues países sin fuerzas aéreas de consideración -y la azerí es testimonia con sus Su-25, MiG-29 y MiG-21- han podido hacer uso del dominio aeronáutico en base a drones y hacerlo además de forma letal.
  • Ataque sobre posiciones fijas: bien se tratase de trincheras, puestos de mando, depósitos de municiones o en especial las de artillería (móvil, pero protegida con sacos terreros, terraplenes, redes miméticas…) han sido otro de los objetivos más comunes de los drones azeríes. Al fin y al cabo, junto con los misiles contracarro (ATGM) eran y siguen siendo uno de los mayores peligros para las tropas de Azerbaiyán.

Además, la combinación de la que hemos hablado permite disponer de una mayor precisión si cabe que los archiconocidos Bayraktar TB2 turcos, que como hemos podido ver en los numerosos vídeos publicados hasta el momento, padecen de un margen de error nada desdeñable además de una escasa potencia destructiva, lo que limita su efectividad. Esto no ocurre con las municiones merodeadoras, más comúnmente conocidas como drones suicida o kamikaze, gracias a que incorporan una cámara que les permiten ser guiados con extrema precisión hacia el objetivo hasta el último segundo. En el caso azerí, han dispuesto de modelos conocidos de diseño israelí como el famoso Harop (que Marruecos fabricará en su territorio bajo licencia), o los más ligeros Orbiter-1K. También se ha reportado el uso de cuadricóptero Kargu-2 turcos, de mucho menor tamaño y prestaciones.

Detalle del lanzamiento de una munición merodeadora Harop. Fuente – Defense Update.

Además, a diferencia de los misiles Spike NLOS con los que también cuentan, no disponen únicamente de un corto tiempo de vuelo sino que pueden mantenerse a la espera durante un periodo considerable hasta el momento de recibir datos sobre el objetivo. Es verdad que los NLOS se pueden lanzar sin tener línea directa con el blanco, pudiendo enganchar este último tras el lanzamiento, pero se ha de tener la certeza de que al otro lado hay un objetivo esperando que justifique el lanzamiento de un arma que no es precisamente barata (unos 100.000 dólares por unidad). Es aquí donde la munición merodeadora sale ganando. Puede ser lanzada sin que se disponga de una certeza absoluta respecto de la posición del blanco o los blancos que pueda haber en una zona, e incluso a la espera de que surja algún objetivo de oportunidad si este osa abandonar una posición camuflada o aparecer dentro de la zona cubierta por los drones MALE que actúan en tareas ISR.

No todo son ventajas, obviamente. La escasa velocidad, unida a su característico sonido, permiten avisar a sus víctimas, en especial a la infantería, de la pronta llegada de este tipo de municiones, cosa que no pasa con el Spike, capaz de volar a entre 130 y 150 metros por segundo. En alguna ocasión hemos apreciado cómo a los soldados armenios les daba tiempo a meterse en los refugios de sus posiciones, en especial si habían guardado la disciplina y no estaban dispersos por donde no debían.

En cualquier caso, todo lo explicado en las líneas anteriores no es, ni de lejos, lo más preocupante. Lo que verdaderamente debe hacernos estar alerta y concienciarnos de la necesidad de destinar muchísimos más fondos a la artillería antiaérea es el escenario previsto para los próximos años, antes incluso de la tan manida fecha de 2035. Un campo de batalla caracterizado por la “competición de salvas” que no solo serán de cohetes y misiles sino, cada vez más, de drones armados. Un escenario en el que solo podrán operar aquellos ejércitos diseñados tanto para hacer frente a oleadas constantes, multiplicando sus capacidades C-RPAS, como para ser resilientes, dispersando sus unidades -lo que obligará a cambiar la logística-, mejorando su discreción y aprovechando las capacidades EW y cibernéticas para jugar al engaño. Toca pues, invertir y toca también desarrollar.

Drones israelíes en el conflicto de Nagorno-Karabaj – Harpy, Orbiter 1K dan Harop – Trio Sadis Drone Kamikaze Israel di Perang Azerbaijan vs Armenia – YouTube.

¿Qué necesitaría el Mando de Artillería Antiaérea?

Lo primero que hay que decir es que nuestro Mando de Artillería Antiaérea (MAAA), aunque concienciado sobradamente acerca del problema al que se enfrenta, es víctima como el resto de nuestras Fuerzas Armadas de las estrecheces presupuestarias que las asolan y amenazan con una progresiva pérdida de capacidades. Como usuario, su poder apenas es el de elevar peticiones, dependiendo de otros la decisión de comprar o no el material, por lo que en la práctica no pueden hacer mucho más que cumplir con todas las tareas que tienen asignadas con los medios disponibles, intentando siempre hacerlo lo mejor posible.

El de las tareas asignadas es un tema peliagudo y que hemos tratado en alguna ocasión en estas páginas. Por no extendernos en demasía diremos que el gran problema, a nuestro juicio, reside en su función dual, imposible de cumplir tal y como nos gustaría, al menos con los medios actualmente en servicio. Así, si por una parte debe dar cobertura antiaérea al territorio actuando bajo dependencia directa del MACOM (Mando Aéreo de Combate), por otra habría de encargarse también de servir de paraguas a las tropas desplegadas en caso de entrar en conflicto. Sin embargo, ni el tipo ni la cantidad de sistemas permiten no ya hacer ambas cosas, sino tampoco una sola de ellas en condiciones.

En la actualidad el MAAA cuenta con un total de siete grupos dotados con hasta seis sistemas de armas diferentes (Gutiérrez, 2018):

  • Patriot: El grupo Patriot se completó recientemente con la adopción de un total de tres baterías (18 lanzadores) y un centro coordinador de fuegos de entidad grupo (ICC); cada batería dispone de una estación de control AN/MSQ-104 y un radar de exploración y seguimiento AN/MPQ-53.
  • Hawk: Un escalón por debajo en prestaciones está el Hawk, un misil muy veterano (entró en servicio en 1962) pero continuamente actualizado (Improved Hawk PIP III), del que se dispone de dos grupos, cada uno con tres baterías de a seis lanzadores. Dispone de radares de exploración de alta cota AN/MPQ-50 PAR y de baja cota MPQ 34 CWAR, así como iluminadores MPQ 61, uno de estos grupos dispone de arquitectura digital, mientras que el otro aún es analógico.
  • Aspide: Este misil, un modelo semiactivo de origen italiano basado en el AIM-7 Sparrow, será próximamente dado de baja a la espera de la llegada a la unidad que lo opera (el GAAA II/73) de un sustituto si se logran los fondos necesarios para ello. Mientras tanto seguirán operando cañones 35/90.
  • NASAM: está en servicio en dos grupos, aunque solo se dispone de un total de 8 lanzadores, distribuyéndose en cuatro baterías (una en Canarias) con dos lanzadores y un radar de exploración y seguimiento MPQ 64 Sentinel cada una.
  • Mistral: se dispone de un grupo equipado con los mismos misiles Mistral que emplean las brigadas (con 36 lanzadores)
  • Cañones GDF: El mando de AAA cuenta con un grupo con dos baterías de cañones GDF para SHORAD.

Como puede suponerse, ninguno de estos medios es el adecuado para defenderse frente a las amenazas que vienen y que se resumen en el acrónimo C-EAT (Counter Emerging Air Threat), bajo el cual podrían agruparse desde los UAVs y UCAVs hasta las granadas de mortero o los proyectiles de artillería, los cohetes e, incluso, lo que se conoce como SSL (Low flying, Small size and Slow flying – Bajo perfil de vuelo, pequeño tamaño y vuelo lento) entre los que se incluyen los RPAS de clase I (Martín, 2015: 24).

Bien porque se trate de misiles demasiado caros para hacer frente a una “guerra de salvas” de misiles y drones, bien porque no contemos con la munición adecuada (AHEAD) en cantidad suficiente, bien porque no hemos establecidos las capas de defensa necesarias, la situación es bastante precaria, especialmente en todo lo relativo a corta distancia y defensa de punto.

Para hacernos a la idea, el US Army planea dotarse de vehículos Stryker SHORAD dotados de cañón y misiles, así como una variante dotada de láser. Por si esto fuera poco, también estudia dotarse de cañones y armas de pulso electromagnético, así como seguramente de misiles antiaéreos baratos para hacer frente a drones, además de sistemas de defensa de punto LPWS (Land-Based Phalanx Weapon System), capaces de llevar a cabo tareas C-RAM. Todo para cubrirse en un rango de alturas y distancias y frente a un tipo de objetivos para los que en España no contamos apenas con medios específicos.

El US Army irá incorporando progresivamente variantes SHORAD sobre la base del 8×8 Stryker, unas de ellas dotadas con láser (imagen superior) y otras con una torre desarrollada por Leonardo DRS que integra sistemas de armas, sensores electroópticos y radar. Concretamente recurre a un cañón XM914 de 30mm de ATK Orbital, un lanzador cuádruple de misiles Stinger y un lanzador doble para misiles multipropósito Hellfire (imagen inferior). Fuente – US Army.

Mientras tanto, según confirman fuentes del MAAA, desde la unidad se están estudiando a fondo tanto las amenazas como las soluciones que hay en el mercado, las posibilidades que ofrece el material en servicio -incluyendo posibles mejoras y/o adaptaciones- y, en caso de ser posible, lo que realmente les gustaría tener si pudiesen diseñarlo desde cero. De hecho, tienen personal dedicado específicamente a estas tareas, por lo que el problema no es precisamente haber tirado la toalla, sino que es más bien técnico (hay que lograr definir exactamente las amenazas y las necesidades trasladando todo a papel de forma unívoca) y presupuestario. Como en España no estamos acostumbrados -ni podemos permitirnos actualmente- una aproximación a estos problemas del tipo “fallar pronto, fallar barato” (Pulido, 2021: 65) como la que se sigue en el US Army, mediante la cual van experimentando en multitud de direcciones tratando de descartar lo antes posible las vías muertas, no tenemos más remedio que hacer las cosas bien a la primera y eternizarnos en programas que en ocasiones consumen lustros e incluso décadas.

Así, entre las aspiraciones del MAA estarían el desarrollo de un misil de bajo coste y dotarse de más munición AHEAD en sus versiones más avanzadas. También están estudiando la posibilidad de dotarse de una plataforma dual (cañón-misil) equivalente -salvando las distancias y para que el lector se haga a la idea-, al Pantsir S-1 ruso. Mientras tanto, se seguirán llevando a cabo ejercicios como el de Médano del Loro con un triple propósito:

  1. ver qué se puede hacer con los sistemas hoy en servicio;
  2. qué pequeñas modificaciones o mejoras en estos ayudarían a hacer frente a las nuevas amenazas, y;
  3. qué ideas pueden obtener, procedentes de las empresas, de cara a nuevos desarrollos.

Esto último es siempre complicado desde el punto de vista administrativo y económico, por no hablar de los roces entre las propias empresas que en ocasiones lo complican todo, pero sin duda desde la unidad se muestran totalmente receptivos ante cualquier propuesta.

Todo para intentar no perder el ritmo de los avances tecnológicos, cediendo terreno ante nuestros competidores, pero también frente a nuestros aliados, con los que debemos ser capaces de operar de forma conjunta. Tengamos en cuenta que, quien más, quien menos, cada país está trabajando en sus propias soluciones. Algunas de ellas pasan por mejorar las capacidades de detección (SENSSE&WARN), por el empleo de armas de energía dirigida o por el recurso a municiones AHEAD, tal y como explica en el Memorial de Artillería el coronel Miguel Ángel Martín Fernández (2015).

Los cañones 35/90 son capaces de utilizar munición AHEAD. Fuente – Ejército de Tierra.

Por supuesto, ninguna se presenta como una solución óptima por sí misma y los ejércitos necesitarán de una combinación de varias para proteger instalaciones, medios y tropa frente a futuros desafíos. Lo difícil, para ejércitos como el de España, pasa por encontrar un abanico de herramientas que sea aceptable y acorde a los presupuestos, siempre tan limitados.

En este sentido, las municiones AHEAD, con un coste con disparo que puede superar de largo los mil euros, son quizá la mejor opción para lo que se persigue, pero no la que podemos permitirnos, pues para sacarle el máximo partido debe ir asociada a cañones con una altísima cadencia, lo que multiplica el consumo. Además, para la guerra distribuida que viene, el número de equipos en servicio capaces de utilizar este tipo de disparos (como los cañones AAA 35/90 GDF-007 asociados a la dirección de tiro Skydor) es demasiado escaso como para proteger todos los posibles objetivos, por no hablar de que tal cual están en servicio sólo son aptos para defender instalaciones fijas y no para acompañar a las tropas en su avance. Tampoco se prevé, aunque la empresa SAPA llegó a ofrecer esta posibilidad (Navarro, 2018), la adquisición del sistema Skyranger 30 (la variante montada del Mantis de Rheinmetall), que se basa en el cañón Oerlikon RG 35/1000 con una cadencia de 1.000 dpm y una velocidad en boca de hasta 1.000 m/s y que podría adaptarse al VCR 8×8 Dragón.

Dirección de tiro Skydor en Médano del Loro.

En el caso de las armas láser, encontramos una problemática parecida. No es ya que los ejércitos más punteros, como el estadounidense, apenas estén comenzando a desplegar estos sistemas (recientemente han hecho un nuevo pedido de la variante M-SHORAD del 8×8 Stryker) después de décadas de inversión en I+D, sino que además de ser caros y tener limitaciones, padecen importantes servidumbres derivadas del elevado consumo energético, entre otras (Rodríguez, 2020). Sin duda, a futuros, serán una opción que prácticamente todos los ejércitos avanzados habrán de implementar, pero para una nación como España, todavía resta más de una década para que la idea comience a considerarse con un mínimo de seriedad.

Respecto a los sistemas softkill, como los jammers, nuestros militares ya cuentan con alguna experiencia. Sin ir más lejos, mantienen en servicio sistemas AUDS (Anti-UAV Defense System) que combinan la detección de objetivos mediante un radar de exploración electrónica, el seguimiento y clasificación electroópticas (EO) y la capacidad de inhibición de RF direccional. Estos equipos, con un alcance de hasta 10 kilómetros y contra objetivos con un RCS equivalente de 0,01 m2 funcionan en banda Ku han sido desplegados en Irak. Lo mismo para los rifles antidrone DroneDefender, mucho menos potentes, como es lógico y con un alcance de hasta 400 metros. Sea como fuere, ni unos ni otros ofrecen el tipo de protección que se necesita contra las amenazas descritas en tanto cada vez más ingenios cuentan con mecanismos que los hacen inútiles.

Sistema C-RPAS softkill AUDS (Anti-UAV Defense System) como los utilizados por nuestras FAS. Fuente – Blighter.

No parece contemplarse tampoco la adquisición de cañones de defensa de punto, como la variante terrestre del Phalanx, de la que hemos hablado más arriba, ni hay en servicio misiles de corto alcance y con un coste que haga atractivo su uso frente amenazas tipo SSL. Lo más parecido serían los Mistral, de los que se han recibido este mismo año las primeras unidades de un contrato destinado a la adquisición de 93 misiles Mistral 3 procedentes del stock de las Fuerzas Armadas francesas. Sin embargo, sin entrar en si sirven o no y dado el coste (el contrato tenía un valor de 43,3 millones de euros incluyendo la compra de los misiles, del material y del equipo complementario para su manejo) (Carrasco, 2021), sería como matar moscas a cañonazos, violando los principios más básicos de la estrategia, como el de economía de medios. Lo mismo, ni más ni menos, que recurrir a munición AHEAD en según qué escenarios.

Por su forma de funcionar, midiendo la velocidad del proyectil en boca y reprogramando posteriormente el disparo, además de por su complejidad física, al componerse de decenas de subproyectiles para maximizar la capacidad destructiva, la munición AHEAD resulta extremadamente cara, aunque muy eficaz.

Precisamente el tema del coste es algo sobre lo que pocas veces se escribe, quizá porque parece más sencillo de lo que en realidad es y pensamos que no merece la pena profundizar en ello. Por defecto, tendemos a comparar el precio orientativo por ejemplo de un misil antiaéreo con el del misil o aeronave que debe interceptar. Desgraciadamente, los cálculos no son tan sencillos para la mayoría de los escenarios. Ni siquiera en el descrito. Para empezar, porque el avión atacante podría con sus municiones destruir infraestructuras críticas y muy difíciles de reemplazar, si no imposibles, lo que altera completamente el cálculo de costes/beneficios. A menor escala ocurre exactamente lo mismo. Podemos pensar que es totalmente antieconómico, como hemos dicho antes, lanzar un misil Mistral o carísimas municiones AHEAD contra un drone de unos cientos de euros armado con bombetas con unos pocos gramos de explosivo. Ahora bien, entre arriesgarse a perder (aún temporalmente) un avión de combate de decenas de millones estacionado en una base aérea, o bien un centro de mando con toda la oficialidad en su interior, el cálculo cambia completamente. Sin embargo, que no tengamos más remedio que recurrir a una herramienta, no quiere decir tampoco que no las haya más adecuadas en términos de coste/efectividad.

Aun así, la necesidad de “derrochar” es algo que debemos asumir, pues en un escenario de “guerra de salvas”, por más que respetemos la necesidad de economizar medios, no podemos ser timoratos por varias razones. En primer lugar, porque si carecemos de la capacidad de hacer frente a este tipo de amenazas, jamás podremos operar en entornos A2/AD, cada vez más comunes, lo que tendría un coste inasumible en términos de disuasión. En segundo lugar, porque nos haría incapaces de mantener el control de la escalada (Villanueva, 2018) forzándonos en algunos casos a pasar de la fase de competición a la de conflicto por carecer de medios para evitarlo. El ejemplo reciente más claro es el de Israel, haciendo frente a oleadas de cientos o miles de cohetes e invirtiendo para ello decenas de millones en municionar sus sistemas Iron Dome, para los que se estima un coste por intercepción de decenas de miles de dólares, en cualquier caso mucho mayor que el de los vectores a interceptar, pero inferior -no solo en sentido económico- al de tener que lanzar una operación terrestre a gran escala por no poder protegerse hasta que las arsenales de Hamás comenzaran a vaciarse (Pulido, 2021).

Así las cosas, y de eso hablaremos en el próximo epígrafe, se hace imprescindible una solución capaz de abatir RPAS clase I, como los utilizados por los rebeldes sirios e incluso municiones merodeadoras ya en su fase final de vuelo (no hay mucha diferencia entre una loitering tipo Orbiter 1K y un blanco aéreo Alba), a un coste aceptable y, a ser posible cumpliendo dos criterios:

  1. que la solución se desarrolle a partir de material en servicio, para minimizar tanto el coste como el plazo hasta su entrada en servicio;
  2. que sea una solución nacional tanto para no depender de terceros, como para favorecer a la industria española de defensa.

No olvidemos que muchos de estos artefactos se basan en tecnologías COTS que nuestros rivales podrían producir en masa a un coste relativamente muy bajo -un drone DJI mini ronda los 300-600 euros en función del modelo y son caros en comparación con algunos de los artefactos de los que hablamos-. Tampoco que otros, como las municiones merodeadoras Harop, ya han sido contratadas por Marruecos.

Blanco aéreo «Alba»Loitering Orbiter 1K
Envergadura2.200 mm2.900mm
Peso máximo al despegue25 kg13 kg
Rango de velocidades30-50 m/s15-36 m/s
Alcance60 km> 100 km
Autonomía60 min150 min

La propuesta C-RPAS de Escribano

En epígrafes anteriores hemos explicado de forma somera cuál es el escenario al que previsiblemente habrán de enfrentarse nuestras Fuerzas Armadas. También hemos hablado acerca de las carencias de nuestra artillería antiaérea, que no tiene ni los medios ni los fondos necesarios para apostar por sistemas cautivos, como el Mantis de Rheinmetall o cualquier otro que ofrezca en un único pack tanto los sensores como el armamento y las municiones. Además, si de defender la soberanía se trata, tampoco parece aconsejable quedar atado a un solo fabricante -y menos aún si es extranjero-, por razones obvias.

Así las cosas, toca ahora hablar de la propuesta de Escribano Mechanical & Engineering, una idea que consiste básicamente en combinar las posibilidades de la estación de armas Guardian 2.0 con las de las granadas programables 40x53mm HEDP-RF de Nammo Palencia -técnicamente podría utilizarse con cualquier granada programable de otros fabricantes- para lograr una solución C-RPAS versátil, escalable, con una buena relación coste/efectividad y nacional.

Detalle de la RWS Guardian 2.0 con la Dillon Aero M134D MiniGun.

La historia de la colaboración entre Escribano y Nammo comienza a mediados de 2018. Ese año, el Ejército, y en concreto el RAAA nº 71 organizó un taller de artillería antiaérea en el que tomaron parte estas y otras empresas y que sirvió entre otras cosas para que el personal de estas pudiese conocerse e intercambiar ideas. Posteriormente, en diciembre del mismo año se organizó una nueva jornada, esta ya expresamente centrada en la amenaza que representaban los RPAS y con la intención de explorar las posibles soluciones que nuestras empresas podían aportar. En este marco, el director de ventas de Nammo, interesado en dar a conocer las granadas programables de la empresa, fue tanteando a diversas compañías españolas, las más de las cuales estaban interesadas únicamente en sistemas softkill.

Al parecer fue EM&E la única empresa interesada, pues ya mantenía una línea de trabajo centrada en sistemas C-UAS hardkill, para los cuales la munición 40x53mm HEDP-RF parecía la solución perfecta. No en vano, la empresa de Alcalá participa en varios proyectos relacionados con la guerra antidrone, siendo el más importante el programa europeo en el que toma parte junto a empresas como Leonardo, AERTEC, Indra o MBDA -entre otras-, conocido como JEY-CUAS (Joint European sYstem for Countering Unmanned Aerial Systems).

Después de una serie de contactos preliminares, comenzaron a trabajar en la integración de la Guardian 2.0 y las granadas programables de la empresa palentina, de las cuales ya se han entregado a diversos clientes más de 60.000 unidades (que ascienden a más de 200.000 si sumamos las fabricadas por otras instalaciones de la empresa matriz a lo largo y ancho del mundo). Estas, además de estar en servicio en un buen número de ejércitos de primer nivel, son la elección de la NSPA (NATO Support and Procurement Agency) de la OTAN. Esto quiere decir que cada vez que uno de los estados miembro busca granadas de este tipo, la Alianza las encarga a Nammo.

Corte de la granada programable 40×53 HEDP-RF de Nammo similar a las utilizadas en los test de Médano del Loro. Todo salvo la espoleta es similar en estas granadas a sus homólogas convencionales, lo que permite abaratar los costes y hace un uso dual y no sólo C-RPAS.

Desde entonces han venido invirtiendo mucho tiempo y dinero en un proyecto que han testado por primera vez en Médano del Loro, más con la intención de corroborar que van por el buen camino y encontrar aspectos a mejorar -amén de mostrar el producto a nuestros artilleros-, que de cualquier otra cosa. No en vano, son conscientes de que todavía queda mucho trabajo por hacer, tal y como veremos, especialmente en lo relativo a la automatización y a la integración con sensores que permitan una localización y enganche más rápido de los blancos. Pese a ello, como también veremos, los resultados iniciales han sido prometedores.

La propuesta de Escribano, como decíamos, se basa en la torre Guardian 2.0 en combinación con las granadas programables 40x53mm HEDP-RF de Nammo o bien con la Dillon Aero M134D. Recordemos que su versión naval, la Sentinel 2.0 es un modelo en uso por la Armada Española y que equipará, como ha ocurrido con la selección de su “hermana mayor”, la Guardian 30, a los futuros VCR 8×8 Dragón, ya en producción. Es lógica pues su elección, ya que todo el trabajo relativo a su integración en los vehículos en servicio ya está hecho y es un sistema conocido por las FAS.

La Guardian 2.0 es una estación de armas controlada remotamente, giro estabilizada en dos ejes (elevación y azimut), todo-tiempo y pensada para ser montada sobre diferentes plataformas o vehículos. Su gran baza es una versatilidad incomparable que permite la integración de armamento de muy diversos calibres: 5,56 mm, 7,62 mm, 12,70 mm e incluso 14,5 mm, además de poder montar lanzagranadas HK MK-19 de 40 mm. Por supuesto, también puede incorporar lanza artificios de distintas medidas, desde 40 a los 80 mm. Dicha versatilidad es la consecuencia de un diseño modular que permite, cambiando unas pocas piezas y en unos pocos minutos, sustituir el arma, pasando como demostraron en estos ejercicios de un lanzagranadas a una minigun Dillon Aero M134D en menos de media hora.

Detalle del puesto de control de la Guardian 2.0, con sus dos joysticks, uno para controlar el movimiento de la torre y otro para el fuego.

Respecto a las granadas airburst HEDP-RF Anti-RPAS, que es la denominación que aparece en los documentos de Nammo, permiten crear un cono de metralla capaz de abatir un objetivo en una zona de unos pocos metros cuadrados, lo que multiplica las posibilidades de alcanzar el blanco, incluso aunque el sistema no tenga una precisión milimétrica. Para ello, la espoleta programable permite interpretar los datos sobre la distancia al blanco obtenidos por los sistemas optrónicos de la torre y transmitidos mediante una antena situada cerca del cañón. Así, una vez el sistema detecta que se ha producido el disparo, los datos con la distancia al objetivo, transformados por el computador balístico en una cifra de tiempo medida en milisegundos, son cargados en la granada, que detonará a la distancia deseada, creando un cono de proyectiles (+ de 1.500 fragmentos) en el punto óptimo para interceptar el objetivo.

En la imagen se aprecia el cono que forma, tras la detonación, la munición HEDP-RF de Nammo.

Antes de seguir, conviene aclarar tres apartados de los que tanto los ingenieros de ambas empresas como nuestros artilleros parecen ser perfectamente conscientes, pues hemos interrogado a unos y a otros:

  • Cadencia de disparo: Un lanzagranadas no puede disparar con la cadencia con la que lo haría un cañón de 30 o 35 mm como los que suelen emplearse con municiones AHEAD. Hablamos, en el caso de un GDF 35/90 de más de 500 dpm por tubo. No obstante, la cadencia máxima de un MK-19, de entre 250 y 325 dpm debería ser más que suficiente contra el tipo de blancos de los que hablamos dada su velocidad.
  • Elección de la munición HEDP: El tipo de munición empleada (HEDP) no es a priori la más adecuada para estos menesteres ya que sería más lógico utilizar munición rompedora en lugar de recurrir a la pequeña carga hueca de las granadas de Nammo. Sin embargo, la empresa ha optado por esta y no otra por razones también lógicas, ya que ofrece, a su juicio, algunas ventajas importantes como: 1) reducir el precio al recurrir a prácticamente todos los componentes del modelo HEDP no programable, que consigue su efecto airburst por fragmentación natural en lugar de depender de la inclusión de bolas de metralla; 2) pueden ser utilizadas contra otros tipos de blancos en caso de necesidad y aunque su precio sea superior al de las granadas convencionales, algo que no sería posible de otra forma. De hecho, los fragmentos que genera son capaces de traspasar 65mm de blindaje RHA y 18 cms de hormigón, suficiente contra objetivos como blindados ligeros, edificaciones, etc. De esta forma, se evita tener que cambiar de granada en función del uso que se le vaya a dar, perdiendo en ello un tiempo del que no se dispone si se está bajo ataque.
  • Precisión: a diferencia de las municiones AHEAD, que funcionan midiendo la velocidad en boca del proyectil y ajustando así el tiempo de vuelo, las granadas de las que hablamos pierden algo de precisión debido a que la espoleta únicamente recibe datos sobre la distancia al blanco, calculando el tiempo de vuelo en función de esta y en base a la velocidad media en boca para un lote de munición determinado. Esta medida, siendo algo más imprecisa -hablamos de tiempo medido en milisegundos y cantidades de pólvora medidas em miligramos, por lo que los márgenes de error siguen siendo mínimos-, permite abaratar el coste de los disparos, haciéndolo varias veces inferior al de la munición AHEAD. Además, se trata de una munición que no ha presentado ningún problema de uso, algo que no es así en el caso de la AHEAD adquirida para los GDF 35/90, que parece haber provocado obstrucciones.
Vista posterior de la RWS Guardian 2.0 con el lanzagranadas MK-19. Buena parte de la versatilidad de este diseño depende directamente de una pieza clave, el solenoide que permite accionar electromecánicamente el mecanismo de disparo independientemente de cuál sea el arma montada en cada ocasión.

Las pruebas C-RPAS de Médano del Loro

Una vez explicado lo anterior, toca entrar de lleno en el desarrollo de las pruebas llevadas a cabo en Médano del Loro. Allí, en la bonita costa situada al sur de Mazagón, los técnicos de EM&E se presentaron con un VAMTAC ST5 equipado con un sistema C-RPAS basado en la RWS Guardian 2.0 en dos combinaciones diferentes:

  1. Lanzagranadas MK-19 y munición HEDP-RF ABM Anti-RPAS de Nammo
  2. Dillon Aero M134D MiniGun

Se buscaba así cumplir con las premisas de aportar una solución embarcada sobre un vehículo ligero, rápidamente desplegable y que contase con una interfaz sencilla e intuitiva además de una arquitectura abierta y escalable que pueda ser interoperable con otros sistemas C-RPAS en servicio, así como sensores que puedan proveer los datos de tiro. Además, con la ventaja de mantener la comunalidad con otros sistemas disponibles tanto en la Armada, como en un futuro en el Ejército de Tierra gracias a su arquitectura abierta, tanto de hardware como de software.

Aquí podemos ver dos de los cuadricópteros empleados por el INTA para los ejercicios C-RPAS. Se trata de modelos con unos años de antigüedad y unas características muy limitadas en vista de cómo ha avanzado el técnica en los últimos tiempos.

Las pruebas se llevaron a cabo en diferentes tandas, primero contra cuadricópteros de distintos tamaños y, posteriormente, contra un blanco aéreo Alba. En el primer intento, con el dron haciendo vuelo estacionario, se logró el derribo en los primeros disparos a una distancia de unos 300 metros, todo un éxito. De hecho, ya era mucho más que lo conseguido por nuestros artilleros en las cuatro horas anteriores, tal y como hemos contado al principio del artículo. Los asistentes pudimos ver perfectamente cómo la nube de metralla alcanzaba al desdichado aparato haciéndolo caer sobre el mar. Por motivos de seguridad no nos ha sido concedido el permiso para publicar los vídeos obtenidos, en los que se aprecia perfectamente el derribo, pero en cualquier caso, el impacto fue certero.

La distancia elegida para llevar a cabo los ejercicios no se estableció al azar, sino que venía dada por varios factores. En primer lugar, por la dificultad de detectar los objetivos. Ha de tenerse en cuenta que en esta parte de las pruebas no intervino ningún radar, por lo que la detección debía hacerse en visual. Una vez localizado el drone, debía engancharse con las ópticas de la Guardian 2.0 de forma que no solo apareciese en pantalla, sino que el telémetro pudiese hacer su labor proporcionando los datos de tiro a las granadas, una vez estas eran disparadas. Por último, los propios disparos HEDP tienen limitaciones tanto de seguridad como de precisión, lo que se resume en un rango óptimo de uso contra RPAS que va de los 50 a los 600 metros. La primera distancia la marca la seguridad, ya que están programadas para no detonar a distancias tan cercanas que puedan suponer un peligro para las tropas propias. La segunda la fija la precisión, pues aunque el alcance máximo sea de 2.100 metros, se entiende que dada la velocidad a la que vuelan (240 m/s en boca), a distancias mayores a 600 metros tiene poco sentido su uso contra RPAS porque al ser objetivos en movimiento, la distancia recorrida por estos en el mismo periodo (+ de 2 segundos) sería mayor que el radio del cono de metralla, haciendo imposible el derribo.

En el primer ejercicio, el drone realizó vuelo estacionario frente al vehículo en el que estaba instalado el sistema C-RPAS de EME&E. Los disparos se hacían sucesivamente en modo manual, encargándose el telémetro de medir la distancia al blanco y el computador balístico de traducir esa distancia en un tiempo de vuelo determinado que era lo que se programaba en la granada 40×53 HEDP-RF de Nammo. Fuente – Elaboración propia.

Dicho esto, y tras el éxito inicial, se pasó a probar el conjunto a las mismas distancias, pero con el drone volando en perpendicular al vehículo sobre el que estaba montada la Guardian 2.0. Aunque en varias ocasiones estuvieron a punto de derribar el drone, algo que todos los asistentes pudimos ver perfectamente, en esta tanda de pruebas, al tener que espaciar los disparos a izquierda y derecha del drone según este evolucionaba en el aire, acertarle era mucho más complicado que cuando este se dirigía directo hacia el vehículo, en cuyo caso bastante con mantener la torre estática e ir acortando la distancia a la que detonaban las granadas. No obstante, la sorpresa no vino por no derribar el drone –fragmentos de metralla llegaron a impactar, como demuestra la imagen que encontraréis a continuación- sino por la aparición de algunos problemas de juventud que provocaron que no todas las granadas llegaron a detonar, fallando aproximadamente dos de cada cinco. Estas, al llegar a la superficie del mar estallaban por impacto, incluso con ángulos mínimos gracias al empleo de actuadores eléctricos. En cualquier caso, habría detonado a los 22 segundos por seguridad, ya que están programadas de tal forma que no puedan convertirse en ningún caso en un peligro latente al quedar enterradas en el suelo.

En el segundo ejercicio, el drone objetivo volaba de izquierda a derecha, manteniendo en todo momento la distancia respecto al vehículo en el que estaba montado el sistema C-RPAS de EM&E. Como es lógico, la dificultad respecto al primer ejercicio era mayor, pese a lo cual se logró impactar uno de los cuadricópteros, tal y como se ve en la siguiente imagen. Fuente – Elaboración propia.
Detalle de los desperfectos en el cuadricóptero utilizado para las pruebas en vuelo lateral. Se aprecia perfectamente el impacto de una de las esquirlas, arrancando otra u otras de cuajo parte del patín del drone.

Como es lógico, en tiempo real es prácticamente imposible saber cuál es el origen del problema. Las granadas de Nammo están más que probadas y la tasa de fallo es minúscula, por lo que no era achacable a un problema de fabricación, ya que cada lote se prueba. La Guardian 2.0 por su parte no tuvo problemas a la hora de seguir los objetivos y producir la información de salida que debía ser cargada en las granadas. Parecía pues obvio que se trataba de un problema de comunicación entre la torre y las granadas.

En los días posteriores tuvimos la oportunidad de ir hablando con distintas personas tanto de EM&E como de Nammo, llegando a la conclusión de que las granadas que no llegaban a detonar fallaban a consecuencia de la posición de la antena. De esta forma, en los casos en los que se hacía fuego con grandes ángulos de elevación, parece que las granadas no llegaban a recibir los datos de programación necesarios. En cualquier caso se trata de un fallo lógico, máxime cuando el sistema no había sido validado antes de los ejercicios y es sencillo de solucionar.

Puesto que hablamos de las antenas, merece la pena hace un pequeño inciso a raíz de la pregunta que uno de nuestros oficiales de Artillería hizo al jefe de Desarrollo de EM&E, José Carlos Hidalgo, referente a la posibilidad de interferir la señal entre la torre y las granadas. A juicio de los ingenieros, y dada la forma en que el sistema ha sido concebido y la banda en la que actúa (2.4 GHz, equivalente al bluetooth), la señal mediante la que se envía la programación a la granada es virtualmente imposible tanto de hackear como de alterar, salvo que quien lo quiera llevar a cabo se encuentre a distancias de unos pocos metros, en cuyo caso el problema sería mucho más grave.

En la siguiente imagen se aprecia la posición de la antena mediante la cual se emitía la señal que permitía programar las granadas ABM de Nammo. En aquellas ocasiones en las que el ángulo de tiro era elevado, las granadas quedaban fuera del alcance de la antena -hay que tener en cuenta la dificultad inherente a programar una granada cuando ya está en vuelo a 400 m/s- lo que provocaba que algunas de ellas no detonasen ya que no llegaban a cargar información sobre la distancia de tiro y el tiempo de vuelo.

En cualquier caso, volviendo sobre las pruebas, hay que decir que fueron prometedoras anotándose dos impactos y demostrando que el sistema puede ser útil contra drones tipo mini (clase I) tanto estáticos como en movimiento a distancias aceptables, aunque aún tiene un amplio margen de mejora, algo sobre lo que hablaremos más adelante.

La segunda parte de las pruebas fue un tanto diferente, pues se dejaron de lado tanto la munición airburst como el lanzagranadas MK-19, para sustituirlos, en apenas 20 minutos, por una minigun Dillon Aero M134D de 7,62x51mm, capaz de hacer fuego con cadencias de 3.000 dpm. Esta vieja conocida, que normalmente encontramos a bordo de helicópteros, puede acoplarse a la Guardian 2.0 y utilizarse a modo de defensa de punto, saturando de proyectiles una zona concreta gracias a su enorme velocidad de disparo.

Los blancos aéreos «Alba», fabricados por la empresa española SCR Drones, son perfectos para simular escenarios con drones de ataque o municiones merodeadoras. Fuente – SCR Drones.

Este arma, más que probada, no presentó ningún problema en su operación. Sin embargo, se puso de manifiesto una vez más que contra blancos de ala fija es necesaria la automatización, siendo casi imposible para el operador humano detectar el blanco, seguirlo, fijarlo y disparar. Esto es algo con lo que se contaba, obviamente, pero al tratarse de una fase temprana de desarrollo merecía la pena hacer la prueba para entender mejor las limitaciones y problemas concretos a los que debían enfrentarse, pues sin este tipo de test es imposible detectarlos y solucionarlos.

Además, y esta es una impresión personal, tampoco parece que este sistema sea el más adecuado contra blancos de ala fija, sino que su utilidad sería más bien la de defensa de punto, actuando en última instancia como hacen los CIWS navales, pero en tierra. Es decir, a modo de variante en miniatura o económica del Phalanx terrestre. En cualquier caso, el sistema es un complemento perfecto al basado en los MK-19 y la munición Nammo ABM y siempre que se logren desarrollar e implementar los mecanismos de predicción de los que hemos hablado antes, será útil como última línea de defensa frente a drones y municiones merodeadoras.

Problemas y soluciones para un futuro sistema C-RPAS español

Como hemos visto, la propuesta de Escribano abre una vía para que las FAS lleguen a contar con un sistema C-RPAS nacional basado en componentes ya en uso, relativamente barato, versátil y escalable. Ahora bien, el trabajo por hacer es todavía mucho, algo que han confirmado las pruebas de Médano del Loro incluso pese a haber superado muchas de las expectativas iniciales (en ambas empresas se mostraban muy cautos antes de los ejercicios, pues el sistema no había sido probado todavía y no habían completado el desarrollo de todos los componentes).

Una vez pasada esta larga jornada y tras volver a las instalaciones de Alcalá de Henares, comenzó para el equipo de EM&E la ardua labor de identificación de errores y asimilar las lecciones aprendidas. Más allá del problema puntual de la comunicación entre la antena y las granadas, que una vez localizado era sencillo de solucionar, debían descartar algunas líneas de trabajo, corregir otras y perseverar en aquellas que parecen más prometedoras. De entre estas, cabe destacar las siguientes:

  • Definición de patrones de fuego automáticos: por muchas que sean las bondades tanto de la Guardian 2.0 y sus sistemas optrónicos, como de la munición ABM de Nammo, se hacía patente que los operadores tenían problemas para seguir los objetivos en movimiento. Lógicamente, no es lo mismo acertarle a un blindado o a un VLTT que a un drone de cuarenta o cincuenta centímetros. Por ello, los ingenieros de la empresa de Alcalá de Henares están buscando la forma de hacer que una vez detectado el objetivo, la propia torre dispare una ráfaga con el objeto de saturar una zona determinada en lugar de buscar un impacto directo. La complicación estriba en calcular cuál es la mejor combinación para cada posible objetivo y avenida de aproximación, por lo que tendrán que experimentar con diferentes combinaciones.
  • Definir algoritmos de predicción: unido a lo anterior, el sistema deberá ser capaz de adelantar, calculando la dirección de avance y la velocidad del objetivo a abatir, cuál será la trayectoria más previsible, lo que permitirá que el patrón de fuego elegido para ese caso en concreto sea el más adecuado y el que maximice las opciones de intercepción.
  • Integración con subsistemas de búsqueda e identificación a ser posible sobre la misma plataforma vehicular: El equipo optrónico con el que se realizaron las pruebas, a pesar de ser capaz contra drones de ala rotatoria de pequeño tamaño, mostró sus limitaciones cuando se puso en el aire el blanco de pruebas “Alba”. La velocidad de este RPAS (entre 58 y 97 nudos) y su pequeña envergadura y longitud (2,2 y 1,8 metros respectivamente) hacían casi imposible al operador de la torre engancharlo con las cámaras y mucho menos fijarlo para poder hacer fuego efectivo. Por ello, es necesaria la integración con subsistemas de búsqueda e identificación que permitan automatizar estas tareas, proporcionando a la torre datos precisos que, en combinación con unos buenos algoritmos de predicción y gracias a los patrones de fuego automáticos, hagan posible luchar de forma efectiva contra este tipo de objetivos. No olvidemos que, tal y como hemos explicado, no hay mucha diferencia entre este tipo de blancos y un loitering Orbiter 1K que tiene una envergadura algo mayor (2,9 metros) y una velocidad bastante inferior (entre 30 y 50 nudos) por lo que, a priori, si se logra hacer blanco sobre el Alba, sería más sencillo abatir la munición merodeadora fabricada por Aeronautics Group.
  • Implementación de todo lo aprendido en la torre Guardian 30: El cañón Mk44 Bushmaster II del VCR 8×8 Dragón también podrá utilizar munición airburst, no en vano era uno de los requisitos del programa. Claro está, la elección obligaría por el momento a recurrir a la empresa fabricante del cañón (Orbital ATK, propiedad de Northrop Grumman) para su compra y a abonar unos precios que están lejos de nuestras posibilidades. Sin embargo, Nammo ya trabaja en munición programable de 30mm con la intención de plantear una alternativa más barata que, se adquiera o no por parte del Ejército de Tierra, al menos permitirá introducir competencia y bajar los precios. En cualquier caso, la implementación de este tipo de disparos en los VCR permitirá convertirlos en un vector más en la lucha C-RPAS dentro del Ejército de Tierra. De esta forma, en la medida en que se desarrollen algoritmos de predicción, se automaticen funciones y se pulan problemas en la Guardian 2.0, toda esta experiencia podrá trasladarse a su hermana mayor.
El próximo paso para los ingenieros de EM&E consiste en preprogramar patrones de fuego automáticos que permitan, una vez localizado el objetivo, crear una nube de proyectiles en un área determinada, pensada de tal forma que se maximicen las posibilidades de abatir el blanco. Fuente – Elaboración propia.
Además de los patrones de fuego predefinidos, otro paso importante será la anticipación, es decir, lograr desarrollar algoritmos de predicción que en base a la dirección y velocidad del drone, su deceleración o aceleración, etc, permitan adelantarse a sus movimientos, mejorando así la capacidad de interceptarlo.

Conclusiones

Como hemos visto, el campo de batalla futuro estará marcado por los intercambios de salvas, bien sean de artillería tradicional, cohete o misil, bien de drones y municiones merodeadoras. Las formas de hacer frente a esta amenaza pasan tanto por dotarse de los medios para lanzar salvas más letales, como de los mecanismos para defenderse de las que se dirijan contra nosotros. En este caso, son dos los caminos a seguir: 1) dotarse de medios específicos y distribuidos, capaces de acompañar a las tropas en su avance y que sirvan tanto para proteger a las unidades, como las instalaciones fijas y; 2) aumentar la dispersión de las tropas y utilizar el camuflaje y el engaño (por ejemplo a través de la guerra electrónica) para enmascarar posiciones y movimientos.

En el primer caso, nuestro Ejército corre el riesgo de quedarse retrasado frente a otros socios de la OTAN, ya que carece de medios C-RPAS adecuados a las nuevas amenazas, cuyos efectos hemos podido ver en escenarios como Siria, Ucrania o Nagorno-Karabaj. Los únicos sistemas relativamente eficaces en servicio contra drones y municiones merodeadoras son los cañones AAA 35/90 cuyo número es escaso y cuya movilidad es limitada. Además, la munición AHEAD necesaria para enfrentar dichas amenazas resulta prohibitiva.

La apuesta de EM&E pasa por aprovechar equipos y municiones ya en uso y probados para intentar así ofrecer una solución alternativa, más asequible, escalable, versátil y apta para su instalación tanto en vehículos 4×4 tipo VAMTAC como en los futuros VCR 8×8 Dragón, entre otros. Por supuesto, no pretenden ser la solución definitiva, sino una más entre el abanico de opciones que el Ministerio de Defensa deberá ir incorporando y que deberá incluir también medios softkill, así como incorporar nuevas tecnologías ahora en desarrollo como las armas de energía dirigida, misiles de bajo coste, etc. En cualquier caso, lo que la combinación de la Guardian 2.0 y las granadas 40x53mm HEDP-RF ofrece es una solución íntegramente hecha en España, con todo lo que ello conlleva en cuanto a autonomía industrial y libertad de acción.

A tenor de las pruebas de Médano del Loro, EM&E parece ir por el buen camino en su empeño de ofrecer un sistema español C-RPAS hardkill que sea fiable, seguro de utilizar y versátil, por más que sean conscientes de todo el trabajo que queda por hacer. Si realmente consiguen integrar los efectores necesarios, como pueden ser sistemas de detección automáticos y programar tanto respuestas preestablecidas como algoritmos de predicción, el sistema resultante no solo será útil a nuestras FAS, sino que tendrá una gran proyección en el mercado internacional, en donde ambas empresas mantienen el núcleo de su negocio.

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Christian D. Villanueva López
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2 Comments

  1. Al principio del artículo, en el apartado de SEAD: Supresión de Defensas Aéreas, habláis de «MT-BL»s equipados con cañones antiaéreos. Debería ser MT-LB. El resto, perfecto artículo, como siempre.

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