Guardian 30 de Escribano Mechanical & Engineering

Las fauces del Dragón

Torre Guardian 30 de Escribano Mechanical & Engineering
Torre Guardian 30 de Escribano Mechanical & Engineering

Después de muchas ideas y venidas, el programa VCR 8×8 parece avanzar con la asignación del contrato al consorcio TESS Defense, del que forma parte Escribano Mechanical & Engineering (EM&E). La empresa madrileña se encargará del diseño y fabricación de los sistemas de armas, comenzando por la torre Guardian 30, a la que dedicamos este artículo. Un diseño novedoso, fruto de la capacidad de los jóvenes ingenieros de EM&E para sacar partido a las herramientas de diseño y simulación y la avanzada maquinaria que tienen a su disposición en su sede de Alcalá de Henares y que permite renunciar a técnicas como la fundición o la soldadura, apostándolo todo al mecanizado de alta precisión. Una solución diferente cuyas características analizamos a fondo en las siguientes líneas.

Hace escasos días tuvimos la oportunidad de visitar tanto la fábrica de Escribano Mechanical & Engineering en Alcalá de Henares, como las antiguas instalaciones militares de San Juan de El Viso que el Ministerio de Defensa ha cedido a la empresa madrileña y que serán utilizadas, entre otras muchas cosas, para probar sus nuevos diseños de torres, afustes y sistemas optrónicos. Además, pudimos asistir a diversas pruebas de la torre Guardian 30, en liza por equipar a los futuros VCR 8×8 “Dragón” del Ejército de Tierra en su variante VCI. Un diseño completamente español y muy diferente a todo lo que estamos acostumbrados a ver, tanto por su proceso de fabricación, como por las posibilidades de adaptación que este proporciona.

Las instalaciones de Escribano, situadas junto a la Universidad de Alcalá llaman la atención en un primer momento por su diseño, más parecido al que acostumbramos a ver en empresas relacionadas con Internet que no en el sector metalúrgico. Sin embargo, lo más destacable no tiene que ver con la arquitectura, sino que está en el interior de su pabellón principal: la millonaria inversión realizada en máquina-herramienta, con modelos cada vez más complejos y de mayor tamaño. No en vano, en los últimos seis años han destinado más de 70 millones de euros a la compra de nuevas máquinas, algo que ha sido posible gracias al crecimiento exponencial de la empresa, especialmente fuera de nuestro país, pues es al exterior a donde han ido a parar las más de 4.000 estaciones remotas de pequeño calibre y estaciones navales de 30 mm que han exportado -y de cuyo mantenimiento se encargan- hasta el momento.

La última adquisición, que ha supuesto una inversión de alrededor de cuatro millones de euros, permitirá fabricar entre otras cosas el bastidor de las torres Guardian 30 y de los modelos que en el futuro se desarrollen sobre esta base como podría ser la torre para el VCR VEC (Vehículo de Exploración de Caballería). Un monstruo capaz de mecanizar bloques de acero de hasta cuatro metros, permitiendo a los ingenieros de la empresa unas posibilidades que están muy lejos de las que ofrecen procedimientos de fabricación más tradicionales, como la fundición o la soldadura.

El resultado es, como poco, curioso, pues se trata de una estructura repleta de aristas y de perforaciones y huecos que dista mucho de las torres tradicionales. Así, al bastidor de la Guardian 30 se atornillan, utilizando numerosos pernos, las placas de blindaje y los distintos componentes que forman el conjunto, desde el sistema que permite albergar dos misiles contracarro al cañón de 30 mm, el arma secundaria, los lanzafumígenos o los sistemas optrónicos, entre otros. Un conjunto muy ligero y compacto que cuenta con dos ventajas fundamentales: 1) una completa modularidad y capacidad de adaptación y; 2) todo ello está diseñado y fabricado en España y por ingenieros españoles, lo que significa, a diferencia de otros modelos, que la soberanía tecnológica es completa.

Respecto al primer punto, la posibilidad de modelar recurriendo a software de diseño 3D los cambios necesarios y acto seguido fabricar la pieza gracias a las máquinas de mecanizado, ofrece opciones ilimitadas. Por ejemplo, si al adaptar la torre a un modelo concreto de blindado se observan problemas con la posición de una escotilla o con cualquier otro elemento que interfiera, el ingeniero siempre podrá adaptar el diseño ad hoc con una flexibilidad que es imposible cuando se trata de torres de fundición o soldadas. Como muestra un botón: tras ceder nuestra Infantería de Marina un Piraña IIIC a la empresa para pruebas, se comprobó que el anillo de la torre era de un diámetro diferente al del vehículo. Apenas se tardaron unas horas en diseñar y mecanizar una pieza con forma de embudo que permitiese adaptar la Guardian 30 al chasis del blindado.

En lo concerniente al segundo punto, merece la pena abundar un poco más. Normalmente, cuando se negocia un gran contrato y el Ministerio de Defensa, a través de la DGAM, como es el caso, lanza una Solicitud de Información a la industria o publica una serie de pliegos, siempre se hace referencia a la participación industrial del país. Esto es un problema y lleva a equívocos, pues normalmente se refiere al porcentaje del total del contrato que es producido por empresas españolas, es decir, que “se queda” en España, pero no a la propiedad industrial y la autoridad de diseño.

Como consecuencia de lo anterior es normal que en muchos concursos fabricantes nacionales y extranjeros se alíen para ofertar de forma conjunta sistemas cuya propiedad intelectual es siempre de la empresa foránea, algo que hemos visto en numerosas ocasiones y de lo que hay ejemplos sobrados en el caso de las torres para el VCR 8×8 Dragón. De esta forma, una empresa israelí o belga con un socio local tiene acceso a un programa que, en solitario, le estaría vetado. Sin embargo, no debemos llevarnos a engaño, pues a pesar de que la empresa española se hace con unos jugosos ingresos y con un importante know-how, la autoridad de diseño obra siempre en poder de la empresa foránea.

En otros casos, como vimos a propósito de los Leopardo 2E, se adquiere la licencia de fabricación de un diseño ya probado (introduciendo o no cambios al gusto del comprador) y la industria local fabrica o ensambla componentes hasta que se cumple con lo acordado en el contrato, momento en el que la actividad debe cesar. Es la razón por la que España no pudo en su día exportar estos carros de combate a Arabia Saudita, ya que Santa Bárbara había sido vendida a General Dynamics y difícilmente los alemanes hubiesen accedido a otorgar nuevas licencias a una empresa que era competidora directa. En este caso, al igual que en el anterior, las empresas locales aprenden sobre procesos de fabricación, formas de trabajo, organización y muchas cosas más, pero en última instancia la soberanía tecnológica se sigue quedando fuera del país.

La última opción es la más compleja y consiste en diseñar y fabricar localmente, lo que en ocasiones lleva a serios problemas, como ha ocurrido con el VCR 8×8 Dragón o con el submarino S-80. Sin embargo, esta es la apuesta de Escribano, una empresa que ya ha demostrado que es capaz de vender fuera sus productos compitiendo en igualdad de condiciones con empresas de renombre como Rafael, Cockerill o Rheinmetall e imponiéndose a estas en numerosas ocasiones. En este caso, la empresa no solo diseña sus propios sistemas, sino que fabrica la mayoría de los componentes: desde el bastidor del que hemos hablado a la electrónica, el cableado, las lentes de los sistemas optrónicos o las placas impresas. Por supuesto, sus programadores también desarrollan el software necesario para hacer funcionar el conjunto. Todo está hecho en Alcalá de Henares, salvo aquello que no tiene sentido fabricar como el cañón (no podrían hacerlo mejor que Northrop Grumman y mucho menos al mismo precio) o algunos de los motores eléctricos que mueven tanto este como la torre y que sería antieconómico producir. Es decir, que no se trata de que el 70, el 80 o el 90 por ciento de cada Guardian 30 esté hecho en España, sino de que, al ser torres de diseño íntegramente español, pueden llegado el caso exportarse o fabricarse en las cantidades que nuestras Fuerzas Armadas necesiten, sin depender de licencias o de las buenas relaciones con terceros.

Solo en este último caso la soberanía tecnológica es total y eso es algo que debemos defender en la medida de lo posible. Siempre entendiendo, claro está, que no en todos los casos es posible, ni merece la pena, pues para que el sistema se sostenga, los productos que deriven de los programas han de contar con posibilidades reales de exportación, aunque ese es otro asunto que ya hemos tratado en varias ocasiones. Esto nos lleva además a una pregunta controvertida: ¿se debe asignar un contrato a una empresa española -o europea- por el simple hecho de serlo? ¿Incluso cuando la competencia ofrece productos mejores? En nuestra opinión, y salvo que el producto sea notablemente inferior a la competencia, entendemos que sí, que lo más adecuado, siempre que el producto demuestre cumplir con todos los requisitos marcados por el Ministerio de Defensa, es confiar en la industria nacional. Es la única forma de seguir fortaleciendo un ecosistema industrial-militar que da empleo a miles de ingenieros y técnicos excelentemente formados y que contribuye notablemente tanto a nuestro PIB como a nuestra seguridad, como explicáramos en su día. Ahora bien, esto debe hacerse sin trampa ni cartón, evaluando cada sistema o componente con luz y taquígrafos, pues las necesidades puramente militares son innegociables y de nada sirve apostar por la industria de defensa en detrimento de la propia defensa, algo que hemos hecho en demasiadas ocasiones.

Torre Guardian 30 de Escribano Mechanical & Engineering a bordo de un Piraña IIIC de Infantería de Marina. En el VCR 8×8 Dragón la torre quedará más cerca del glacis del vehículo, pues para adaptarla al Piraña IIIC han tenido que fabricar un anillo extra que eleva el perfil. Fuente – EM&E.

El VCR 8×8 Dragón

El Dragón, programa estrella del Ejército de Tierra, está destinado a sustituir la mayor parte de los desfasados blindados TOA, BMR y VEC en servicio con un moderno 8×8 fabricado íntegramente en España. No obstante, este importante programa (con el que se pretende fabricar hasta un millar de vehículos, siendo la primera fase de 348 unidades) no ha estado exento de sobresaltos. De hecho, en más de una ocasión hemos analizado a fondo los numerosos contratiempos sufridos, por lo que no abundaremos más en ello. Asignado en un principio (por procedimiento negociado sin publicidad) a una UTE (unión temporal de empresas) formada por SBS, Indra y SAPA, a los que se concedió un contrato de desarrollo de cinco prototipos tecnológicos de validación (de los diferentes subsistemas), el contrato de producción fue finalmente declarado desierto por el Ministerio de Defensa, al no poder presentar una propuesta que cumpliera ninguno de los requisitos establecidos.

Ya en esta fase, Escribano estaba presente en el proyecto con la Guardian 2.0. Sin embargo, el resto de los modelos preseleccionados respondían a otros fabricantes, en concreto las Samson (versiones de 12,7 mm y 30 mm) de la israelí Rafael ADS en colaboración con Pap Tecnos y la UT30 mk2 de Elbit systems, también en 30 mm, en la que participaban Navantia y Expal, bajo la denominación (nacional) Tizona.

Poco después de este hito, Escribano presentaba una torre no tripulada con el mismo cañón (exigido en el pliego de requisitos) Mk44 Bushmaster II en la que colaboraba Leonardo, si bien la idea fue desechada por la empresa española para centrarse en un proyecto que fuese íntegramente nacional. Además, su exitosa torreta para ametralladora Guardian 2.0 no dejaba de anotarse éxitos de ventas, especialmente fuera de España, en donde sí logró hacerse con un contrato procedente de la Armada Española.

Estos esfuerzos no pasaron desapercibidos y cuando el Ministerio Defensa urgió a los implicados en el VCR 8×8 Dragón a redefinir el proyecto, la única opción aceptable pasaba por lograr el máximo grado de nacionalización, por lo que ninguna torre diseñada en el exterior (aunque llevara el sello de manufacturada en España) y sobre la que no se tuviera autoridad de diseño (exactamente igual pasaba con el propio vehículo, basado en el Piraña V suizo, pero íntegramente español) iba a ser aceptada. Tal es así, que Escribano pasó a formar parte de la nueva sociedad fabricante del vehículo, denominada Tess defence, haciéndose cargo de todas las torres solicitadas.

Los tres prototipos Dragón armados con las torres UT30, Samson y Hitfist. Fuente – Ministerio de Defensa.

La nueva torre Guardian 30

Conocida como Guardian 30, la torre presentada recientemente deriva de la experiencia anterior de Escribano en colaboración con otras empresas, si bien en este caso, haciendo buen uso de las lecciones aprendidas, ha sido desarrollada íntegramente por sus ingenieros. Está destinada a equipar la principal variante del Dragón 8×8, el VCI (Vehículo de Combate de Infantería).

Para dar más tiempo a la empresa a desarrollarla, el calendario del programa ha priorizado otras variantes, como el VCZ (Vehículo de Combate de Zapadores) que equipan un afuste más simple (en este caso la Guardian 2.0 de la propia escribano); si bien ante la celeridad mostrada en su desarrollo (había no poca expectación al respecto) esto podría variar, ya que el VCI Castor (versión del ASCOD de zapadores) acumula dos años de retraso, por lo que es dudoso que una variante tan compleja (al menos cuando está en manos de SBS) pueda estar a tiempo de empezar la producción.

Tal como definía el programa, la Guardian 30 es una torre robotizada, controlada desde el interior del vehículo por dos personas y armada con un cañón Bushmaster II Mk 44 de 30×173 mm de accionamiento eléctrico (lo que quiere decir que no emplea los gases del proyectil para repetir el ciclo de disparo), estabilizado en dos ejes y con alimentación de doble vía (admite dos tipos de munición diferente a elegir mediante un selector) que puede recargarse accediendo a la torre desde el interior del vehículo o por el exterior desde una trampilla superior. La capacidad de carga de munición es de 200 disparos y las vainas son expulsadas hacia la parte frontal del vehículo una vez utilizados.

El cañón tiene un ángulo de depresión máximo de -15º respecto a la horizontal (lo que le permite hacer fuego a blancos cercanos al vehículo) y la elevación se sitúa en +60º, algo justos si se pretende utilizarlo en entornos urbanos o contra blancos aéreos del tipo UAV o loitering munitions. Sin embargo, la velocidad de giro de la torre, 60º por segundo, es excelente para un encaramiento casi inmediato con cualquier amenaza, algo que pudimos comprobar en fábrica.

Detalle del lanzador lateral para misiles Spike. El habitáculo, que permitirá también adaptar los misiles Javelin y MMP se abate lateralmente y está completamente blindado. Autor – Christian D. Villanueva López.

Cuenta con un arma coaxial de 7,62 (MG3S) con una caja de munición de uso inmediato acoplada y la opción de un lanzador doble para misiles. En principio, se utilizarán los Spike, en servicio con el Ejército de Tierra, pero el sistema es compatible con otros modelos como el Javelin o los modernos MMP. La disposición de este último es bastante ingeniosa ya que, colocado en el lado derecho de la torre, se integra perfectamente en el perfil de esta cuando está cerrado (forma parte integral de la torre y es un compartimento blindado) abriéndose en forma de abanico (90º) desde un eje abisagrado de la parte inferior, quedando el lanzador alineado con la torre en el lateral de esta y no en un afuste telescópico superior, como otros modelos de la competencia. Una vez alcanza su máxima apertura y de cara al lanzamiento, la plataforma que porta los dos misiles se eleva en ángulo, tras lo cual puede efectuarse el disparo. El compartimento está pensado de tal modo que en el caso improbable de que los misiles exploten en su interior, por ser alcanzada la torre o por cualquier otro motivo, la fuerza de la deflagración sería liberada hacia el exterior, sin afectar a los ocupantes del vehículo, lo mismo que con la munición de 30 mm.

Perfil de la torre Guardian 30 y dimensiones básicas. Fuente – EM&E.

Completa la panoplia de armamento una batería de doce lanzadores fumígenos Weigmann (pueden lanzar granadas de fragmentación), situados seis en la parte frontal derecha y otros seis en la trasera.

Lo primero que llama la atención de la torre es su bajo perfil (616 mm), y eso que en las pruebas va instalada en un Piraña IIIC de la Infantería de Marina y para acoplarla se ha dispuesto un anillo, como hemos comentado al principio del artículo, que eleva la torre sobre el techo de la barcaza y que no se utilizará en el afuste definitivo, rebajando aún más el perfil y el centro de gravedad del Dragón. Al respecto la torre básica pesa 1.066 kg y admite placas de blindaje modulares (se acoplan a la estructura sin modificaciones mediante pernos) de diferentes grados de protección. Dichas placas pueden combinar diferentes tipos de materiales, metálicos y compuestos y admiten la instalación de blindaje reactivo. Del mismo modo, la torre podría incorporar sin problemas sistemas de protección activa.

El módulo instalado para las pruebas, el mismo que podemos ver en las imágenes que ilustran este artículo, ofrece protección STANAG 4569 nivel 2 (Soporta cartuchos de 7,62 a 30 m), lo que supone un sobrepeso de 480 kg respecto a la torre desnuda. En el caso de incorporar protecciones de nivel 4 (14.5×114mm a 200 m) el peso de la Guardian 30 en orden de combate (con munición) se elevaría hasta los aproximadamente 2.000 kilos, todavía lejos de la competencia directa (4.300 kilos la UT30 Mk 2, 3.000 en el caso de la Cockerill 3030 o 3.300 para la Lance).

Por último, cabe destacar la flexibilidad y las posibilidades de crecimiento. Por ejemplo, justo delante del compartimento de los misiles, en la parte frontal derecha, hay un espacio para alojar diversos componentes electrónicos que podría asignarse a otras funciones en caso de no montar algunos equipos, lo que ofrece una importante polivalencia. Al fin y al cabo, como nos comentaba el ingeniero jefe, Fernando Fernández González, a la hora de diseñar la Guardian 30 se ha hecho énfasis en la versatilidad, no pensando tanto en integrar un arma o sistema concreto, sino en crear una base que permita adaptar armas y sistemas muy distintos y dejando siempre una importante capacidad de crecimiento de cara a la incorporación de equipos externos.

DIMENSIONES
Anchura de la torre con blindaje  2.303 mm  
Longitud de la torre sin arma principal  2.507 mm  
Altura de la torre616 mm  
Longitud total de la torre con arma principal  4.764 mm  
Distancia desde eje del anillo hasta extremo del arma principal  3.512 mm  
Diámetro anillo  1.610 mm  
MASAS
Torre con armamento y munición1.055 kg  
Blindaje nivel de Protección II480 kg  
Vista superior de la torre Guardian 30. Fuente – EM&E.

Sistemas de visión y puntería de la Guardian 30

La torre cuenta con dos visores como elementos de visión y puntería, uno en la parte frontal de la torre y en línea de tiro con el arma principal, conocido por SGS (Stabilized Gunnery Sight) y otro panorámico para el jefe de vehículo (SPS o Stabilized Panoramic Sight) en el techo, con un campo de visión de 360º. Ambos están estabilizados en dos ejes y cuentan con cámara térmica de tercera generación, diurna de TV de alta definición y telémetro láser (asociado al calculador balístico).

Ambos visores tienen capacidad de seguimiento (tracking) de blancos de forma independiente, contando el del tirador con un sistema de orientación automática de la mira del cañón con la retícula del visor para hacer fuego inmediato sobre el blanco. También es poco habitual la capacidad de exploración lateral de este visor (azimut de -10º a + 60º) que permite al tirador observar en un campo más amplio sin necesidad de mover la torre o usar la capacidad del estabilizador para mantener apuntado un blanco en movimiento.

Al respecto, la precisión del arma es bastante buena, superando en las pruebas realizadas hasta la fecha un 80% de acierto moviéndose en pista (20 km/h) sobre blancos a 1.000 m, el margen de error estipulado en estas condiciones es de 0,5 mRad (medida angular equivalente a < 0,030 grados).

Características del visor del tirador de la torre Guardian 30. Fuente – EM&E.

Otra cualidad de la torre es que las posiciones de los operadores son intercambiables, utilizando sus consolas y controles indistintamente para manejar la torre y los dos visores. Solo la potestad de asignar prioridad a la hora de designar el blanco sobre el qué hacer fuego distingue al puesto del jefe en este aspecto; si bien otros sistemas del vehículo ajenos al afuste ya son otra cuestión. Esto, en palabras de los responsables de Escribano, supone un paso más frente al concepto de Hunter-killer, pues al deslocalizar cada puesto, todas las funcionalidades se pueden ejecutar desde cualquiera de ellos. Es decir, que el comandante y el tirador pueden intercambiar sus puestos sin menoscabo de la misión y, en caso de resultar dañado uno de los puestos o alguno de los equipos optrónicos, esta podría continuar utilizando el resto desde cualquiera de las dos pantallas. Al respecto el software de control es de arquitectura abierta y se integra con facilidad en el sistema de misión del vehículo, pudiendo recibir en la consola información de este (como mensajería, trazas BMS o mapeado).

Importante es también el modo adiestramiento, mediante el que el sistema presenta a los operadores un sistema virtual exterior para prácticas de visión y fuegos con cartografía, inclemencias meteorológicas y diferentes escenarios predefinidos. Una vez realizado el software emite un informe de evaluación que puede exportarse a un archivo PDF.


Características del visor SPS del jefe de vehículo. Fuente – EM&E.

Producción propia

La oficina del programa VCR 8×8 confía en Escribano y en su capacidad de diseñar y producir una torre robótica automatizada que pudiera cumplir los requisitos del programa Dragón y con la perspectiva de posicionarla dentro de un mercado muy competitivo.

El objetivo se ha cumplido, ya que aparte del éxito obtenido por la empresa con su gama de productos, la capacidad de producción propia de módulos y subcomponentes (sensores, módulos de blindaje, cableado, tarjetas impresas, software de control, consolas, etc) está garantizada, en tanto se realiza en las instalaciones de la empresa madrileña. Para ello ha invertido importantes sumas en máquinas de diseño informatizado, de tal forma que sus torres pueden configurarse digitalmente en pocas horas (según gustos de ergonomía, necesidad de nuevas armas o sistemas o implementación en otras barcazas) pasando inmediatamente a producción mediante un sistema de mecanizado monobloque (el armazón no es soldado ni de fundición). Igualmente manufacturan sus propios circuitos y sistemas optrónicos, disponiendo incluso de un laboratorio de óptica donde fabrican las lentes y que realiza pedidos para muchas otras empresas, algunas de ellas de gran renombre y que venden sus sistemas como de factura propia.

Esto posiciona firmemente a la empresa para futuros desarrollos, más allá de los retornos que supone producir las más de 600 torres previstas dentro del programa Dragón, y lo que hace a la Guardian 30 tan interesante. No es que las otras sean malas torres, ya que por ejemplo la Tizona de Elbit/Navantia/Expal comparte muchas de sus características y es también un excelente sistema de armas, pero no aporta la autonomía productiva ni de crecimiento que ofrece el modelo de Escribano.

El próximo hito de la empresa está relacionado con este mismo programa, ya que el Ejército de Tierra sigue solicitando una torre tripulada para sus vehículos de caballería, cuya producción debería comenzar en 2026; si bien el techo de gasto actual del programa no lo contempla, tal vez porque la torre aún no se ha desarrollado. En cualquier caso, seguramente el modelo que la empresa llegue a presentar tendrá una gran comunalidad de componentes con la Guardian 30, lo que es una indudable ventaja.

La torre Tizona, derivada de la UT30 de Elbit, es un arma excelente, madura y eficiente, pero que no aporta a España la capacidad de competir en otros mercados ni evolucionar en su desarrollo. Fuente – Navantia.

Más allá de la Guardian 30

La tendencia actual es la de recurrir cada vez más a torres robotizadas, eso es innegable. Sin embargo y pese a sus bondades, el concepto también adolece de limitaciones, por lo que no son aptas para todo tipo de vehículos. La pretensión de integrar una torre tripulada en los futuros VEC (Vehículo de exploración de caballería) Dragón no ha estado exenta de polémicas. Ya en su momento SBS, incapaz de cubrir los hitos del programa, propuso suprimirla para ahorrar costes, argumentando que una no tripulada (que ni siquiera estaba elegida) era suficiente.

En aquellos momentos la preferida del Ministerio de Defensa, que sí atendía a los requisitos emanados de la dirección de Investigación, Doctrina, Orgánica y Materiales (DIDOM) del Mando de Adiestramiento y Doctrina (MADOC), así como de la jefatura de Caballería; era la Hitfist, una torre armada entonces con un M242 de 25 mm que ya había sido probada en 2007 a bordo de un vehículo que se postuló como FSCT (Futuro Sistema de Combate Terrestre, programa antecesor del actual Dragón), que no era otro que el Freccia de la también italiana IVECO.  

Dicha torre iba a ser instalada en uno de los cinco prototipos del programa tecnológico que, tras la creación de Tess defence, han quedado en el limbo, acumulando enormes retrasos (debían haberse puesto a disposición de la BRILEG para su evaluación en 2020) y sin que existan pruebas de tiro más que dos de las torres: la Samson y la Tizona (situación que podría cambiar en breve si Escribano recibe, como espera, uno de los demostradores en las próximas semanas). Así pues, el programa está a la espera del desarrollo y pruebas de una torre tripulada, estando firmada la producción de 58 vehículos del primer lote sin este sistema de armas, lo que no deja de ser una paradoja por más que permita lanzar el programa sin más retrasos.

La necesidad esgrimida desde el Ejército de tierra no es gratuita, pues al contrario que el BMR (torreta remota TC-3) y el TOA (un simple afuste para AMP), el VEC M1 al que debe sustituir lleva una torre tripulada, también de origen italiano, modelo TC-25 (con el excelente Bushmaster M242 de 25×137 mm). El resto de vehículos de reconocimiento y combate de nueva generación siguen apostando por este mismo concepto de torre tripulada, en busca de la necesaria conciencia situacional de un equipo de combate encaminado a obtener información. Así sucede con el Jaguar 6×6 francés y con el Ajax británico, un derivado del ASCOD2 de GD-SBS. Eso sí, ambos optan por aumentar el calibre y llevan el excelente cañón CTAS de 40mm y munición telescópica. Sobre esta arma y la necesidad de reforzar el armamento del VEC también se han pronunciado desde el MADOC; habiendo ya ofertas de otros fabricantes, como la belga Cockerill, para instalar una fábrica en España que atienda a las necesidades de las FAS (La Infantería de Marina ha mostrado interés por su torre de 105 mm). De hecho, la mayoría de carros, cazacarros o armas de apoyo cañón, como el VRCC Centauro o el M1128 MGS (Mobile Gun System, un derivado de 105mm del Stryker) todavía llevan torre tripulada (una notable excepción es el Armata ruso, que sigue sin entrar en producción masiva).

Otra razón por la que la tripulación debería poder salir del vehículo es la de dar seguridad próxima al mismo, bien sea con un afuste de ametralladora o con su arma reglamentaria (FUSA). Al respecto no es difícil encontrar pruebas gráficas de blindados en patrullas urbanas o checkpoints con los tripulantes asomados por las escotillas con sus fusiles de 5,56 y el equipo de protección individual (casco y chaleco antifragmentos) a pesar del riesgo y lo angosto del emplazamiento.

En este caso hay que decir que la Guardian 30, a diferencia de otras torres no tripuladas, cuenta con la ventaja de tener una escotilla practicable por la que un tripulante puede salir (el Piraña V también conserva la escotilla del jefe de vehículo, situada tras el conductor) dotada además con un periscopio auxiliar de visión. Sería pues una excelente base para el desarrollo de esa hipotética torre tripulada que compartiría buena parte de los componentes, en opinión del personal de la empresa.

VEC transitando por las calles de Náyaf, en Irak. El jefe consulta un plano y guía al conductor, mientras el tirador mantiene a mano su fusil G36E reglamentario. El acceso al exterior es una necesidad fundamental para las tripulaciones de caballería. Fuente – Ministerio de Defensa.

El papel de las nuevas instalaciones de El Viso

En las afueras de Alcalá de Henares, rodeado por el barranco del Tejón, el Ejército de Tierra disponía de una serie de instalaciones y terrenos, incluyendo polvorines y galerías de tiro, en desuso desde hace años. Después de varias rondas de negociaciones entre septiembre de 2020 y este mismo mes de marzo, el Ejército ha accedido a ceder los terrenos a Escribano para que la empresa pueda no solo probar sus sistemas de armas sino también construir -y en algunos casos, reconstruir- una serie de edificios destinados a múltiples tareas, desde la experimentación a la representación.

Hasta dónde sabemos, la empresa prevé invertir en los próximos años hasta veinte millones de euros en la creación de lo que denominan como un “Centro de excelencia de I+D+i” que, de llevarse a cabo, será único en España y se contará entre los mayores del continente europeo. Además, los nuevos edificios permitirán a la empresa aumentar su plantilla de los 450 empleados que tienen en la actualidad hasta los 600 ya antes de finalizar el presente año. El objetivo pasa por “disponer de un campo de pruebas propio para formación y entrenamiento y validación de los desarrollos puestos a disposición de nuestras Fuerzas Armadas y la creación el primer Centro Nacional destinado al desarrollo, cálculo científico y simulación de tecnologías de vanguardia de doble uso”.

Precisamente, hace escasos días tuvimos la oportunidad de visitar las instalaciones, todavía en un estado muy precario. Acompañados de Ángel Escribano Ruiz, CEO de la empresa y de Fernando Fernández González, ingeniero jefe, pudimos hacer un pequeño recorrido por las mismas durante el que nos explicaron algunos de los proyectos que la empresa contempla. Estos van desde la construcción de una pista de pruebas en forma de ocho u otra con distintos badenes en las que probar los sistemas de observación, estabilización y puntería de sus torres a una residencia (llámese alojamiento para invitados) en las que acoger las delegaciones de otras empresas y estados interesadas por los productos de la empresa. Además, al igual que en las instalaciones actuales, que cuentan entre otras cosas con un gimnasio y un comedor, están valorando la posibilidad de dotar a El Viso de una piscina y espacio para organizar barbacoas de forma que los empleados puedan relajarse, algo sumamente útil cuando dependes de su inspiración o de su capacidad de concentración más que del esfuerzo físico.

Si logran llevar adelante su proyecto, tal y como parece (las excavadoras ya han comenzado su labor), en Escribano habrán logrado superar un nuevo hito pudiendo probar sus propios sistemas tantas veces como crean necesario, adaptando además el terreno a sus necesidades, lo que les otorgará una ventaja competitiva frente a otras empresas del sector.

La empresa espera recibir en las próximas semanas uno de los demostradores del VCR 8×8 Dragón para poder continuar con las pruebas de la Guardian 30. Fuente – EM&E.

Conclusiones

Escribano ha asumido el compromiso de desarrollar las torres del programa Dragón, habiendo presentado ya un producto que parece cumplir todos los requisitos impuestos por el programa. Sin duda, la apuesta de la empresa por desarrollar un producto en base a sus propios medios y capacidades es encomiable. El hecho de diseñar y producir la inmensa mayoría de estos en España, recurriendo a ingenieros españoles y habiendo demostrado su capacidad de ganar contratos en el exterior antes de hacerlo en su propio país, es todo un aval. No olvidemos que esto, y no otra cosa es lo que hace a la industria española de defensa más fuerte y tampoco que una industria fuerte es garantía de una defensa también fuerte. Una industria cuya capacidad no se mide por el tamaño de las instalaciones, ni por su capacidad de influencia política, sino por el número de ingenieros y técnicos españoles a los que da trabajo, evitando que pasen a engrosar las plantillas de la competencia en Alemania, Francia o cualquier otro país, algo que viene sucediendo desde hace tiempo.

La empresa continua no obstante con las pruebas, debiendo superar aún algunos hitos bastante delicados, como la integración de la nueva Guardian 30 con el sistema de combate del Dragón (de hecho, todavía no se ha implantado físicamente en el vehículo pues están a la espera de recibir un demostrador) o la prueba de disparo de misiles. La inversión que están realizando en El Viso será clave en este aspecto, al permitirles acortar más si cabe los tiempos de desarrollo. Además, de cara al futuro, las posibilidades de estas instalaciones van mucho más allá, por lo que también será interesante ver hasta dónde son capaces de implementar sus proyectos. Igualmente, los ingenieros de la empresa trabajan contrarreloj para ofrecer una alternativa, basada en la Guardian 30 que cumpla con los requisitos del arma de caballería para el programa Dragón, un reto que se presenta apasionante. Una poderosa criatura mitológica que ya ha comenzado a enseñar sus dientes.

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