Tecnologías duales

La tabla de salvación de la Industria Española de Defensa

Cuadricóptero DJI, un desarrollo civil cuyo uso se ha extendido entre diversos ejércitos y cuerpos policiales. Fuente - DJI.
Cuadricóptero DJI, un desarrollo civil cuyo uso se ha extendido entre diversos ejércitos y cuerpos policiales. Fuente - DJI.
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Durante décadas, los desarrollos militares han ido en la mayoría de los casos muy por delante de sus homólogos civiles. Son muchos los ejemplos de tecnologías surgidas al albur de la guerra que posteriormente, adaptadas a usos civiles, han supuesto enormes avances y revolucionado la vida de las personas de a pie. Sin embargo, son muchas menos las ocasiones en las que ha ocurrido lo contrario. Desde hace unos años, no obstante, se está produciendo un interesante vuelco en esta situación, motivado por la inversión masiva en I+D civil como herramienta para mantener la competitividad, que está llevando a que muchos productos y soluciones cotidianas sean adaptados posteriormente para su uso militar; una auténtica revolución. La industria española de defensa, necesitada de fondos que permitan costear nuevos programas de investigación y desarrollo, lleva tiempo buscando en las tecnologías duales una tabla de salvación y una oportunidad acceder a financiación, tanto nacional como comunitaria, que de otra forma le estaría vetada.

La guerra, pese a las desgracias que lleva aparejadas, ha estado detrás de un buen número -sino de la mayoría- de los progresos que han cambiado para bien la vida de muchos humanos. Desde multitud de técnicas médicas al mismo Internet, son muchos los adelantos que tienen un origen castrense o relacionado con la defensa. Sin embargo, este fenómeno no ha sido ni universal, ni una constante histórica[1]. En realidad, la tecnología siempre fue a la par de las sociedades que la generaban y aprovechada por los militares, que intentaron siempre tomar prestados aquellos descubrimientos e inventos más prometedores para lograr un mejor desempeño en el campo de batalla. Es más, podría considerarse, en buena lógica, que la distinción entre tecnologías militares y civiles es en muchos casos artificial, pues las tecnologías son una cosa y las aplicaciones que de ellas se deriven, otras. Sin embargo, es imposible no pensar que algo está cambiando en los últimos años y que estamos entrando en una era hasta cierto punto desconocida.

En la Historia Universal, en donde las Revoluciones Militares -de existir- se contarían con los dedos de una mano[2], los progresos técnicos civiles y militares, los cambios sociales que los motivaban y acompañaban, así como los cambios políticos y económicos relacionados con estos, estaban en todos los casos íntimamente ligados, sin que sea sencillo determinar hasta qué punto unos precedieron a otros o si hubo relación de causalidad entre ellos. Esto fue así al menos hasta la Segunda Guerra Mundial, momento en el que la técnica militar toma absolutamente la delantera respecto de la civil, motivando en muy poco tiempo un enorme salto que llevó a los submarinos oceánicos, los aviones a reacción, la logística moderna (estandarizada) e incluso a las armas atómicas. Desde entonces, los Estados Unidos lideraron una carrera de armamentos con la Unión Soviética en la que estuvieron implicadas la mayor parte de las empresas tecnológicas, lo que llevó a que de una y otra forma el Departamento de Defensa estadounidense o su homólogo soviético (junto a los ministerios relacionados, como el de Energía Atómica) aprovechasen en primer lugar los frutos de cada proyecto. Es la época por excelencia en la que el Complejo Militar-Industrial acaparó un poder sin precedentes, llegando a tener un ascendente significativo sobre las decisiones de algunos gabinetes presidenciales, de ahí entre otras la famosa advertencia de Eisenhower a su salida de la Casa Blanca en 1961[3].

Esta situación, aunque se extendió tras el final de la Guerra Fría, fue pronto superada a causa de dos factores relacionados: el dinamismo de la industria civil, que estaba alumbrando sobre la base de muchos avances originalmente militares una nueva revolución industrial y; el recorte generalizado de la inversión en defensa, los llamados “dividendos de la paz”, que se utilizaron en parte, profundizando en el fenómeno anterior, para financiar la investigación civil. Desde entonces, dado que la superioridad militar, económica y tecnológica estadounidense garantizaban tanto el orden unipolar, como la estabilidad estratégica, siendo pues la inversión en defensa algo secundario para muchos Estados -especialmente en la vieja Europa- la industria civil ha venido protagonizando la inmensa mayoría de los grandes avances. Estos han estado en gran medida relacionados con la computación y las comunicaciones, aunque también con la movilidad, la energía o el espacio. Por otra parte, ahora que estamos entrando en una era de competición entre grandes poderes, con actores como Rusia o China cuestionando abiertamente el orden internacional basado en reglas posterior a la Segunda Guerra Mundial, el enfrentamiento entre potencias se libra cada vez más en el ámbito tecnológico, comercial y económico y no solo en el militar. Esto provoca, por una parte, que incluso en tiempo de guerra como el actual, con un conflicto abierto en Ucrania que ya ha motivado aumentos en los presupuestos de defensa de varios Estados, la inversión en defensa siga en términos generales muy por debajo de lo habitual en la Guerra Fría. Por otra, que los estados y también organizaciones internacionales como la Unión Europea diseñen estrategias de seguridad que intentan ser holísticas, tratando de ir más allá de lo puramente militar, lo que augura que los fondos a disposición de las industrias del sector, aunque vayan a crecer, nunca retornen a los niveles previos a 1989, salvo catástrofe. Y, sin embargo, cada nuevo avance es, por norma general, intensivo en capital, lo que pone en una situación difícil al sector de la defensa.

La Unión Europea, con su "Brújula Estratégica", está buscando dar una respuesta holística a un problema de seguridad que va mucho más allá de lo puramente militar. Como consecuencia, buena parte de los fondos destinados a seguridad y defensa se destinarán a apartados que no estarán directamente relacionados con el armamento. Fuente - Parlamento Europeo.
La Unión Europea, con su «Brújula Estratégica», está buscando dar una respuesta holística a un problema de seguridad que va mucho más allá de lo puramente militar. Como consecuencia, buena parte de los fondos destinados a seguridad y defensa se destinarán a apartados que no estarán directamente relacionados con el armamento. Fuente – Parlamento Europeo.

Un problema de recursos

Según el Ministerio de Defensa de España, “El Sector Económico de la Defensa está constituido por un grupo de empresas cuyo principal vínculo es la provisión de bienes y servicios al Ministerio de Defensa”[4]. A esto añaden, en la Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa 2020 que: “El sector de defensa es un sector tecnológico puntero y muy exigente que obliga al desarrollo continuo de actividades de I+D+i para poder ser competitivos”[5]. En el caso de nuestro país, hablamos de 543 empresas inscritas en el registro de la DGAM, totalizando unas ventas de 6.654 millones de euros en 2020 de las que 1.199 millones correspondían a adquisiciones del propio Ministerio de Defensa y 5.290 millones a la exportación[6]. Son cifras impresionantes, máxime si tenemos en cuenta que el sector genera en España más de 20.000 empleos directos, muchos de los cuales son de los mejor pagados que existen y que el poder de arrastre de estas industrias es enorme.

A pesar de ello, siguen siendo números a todas luces insuficientes para competir con garantías a nivel internacional, especialmente contra empresas como las estadounidenses y cada vez más, chinas, con unos recursos muy superiores, incluso en términos unitarios, a los de todo el sector español de la defensa en conjunto. Por poner un ejemplo, Lockheed Martin facturó en 2021 64.458 millones de dólares[7] (61.060 millones de euros a 13 de diciembre) en ventas relacionadas con la defensa, multiplicando así por 9 los ingresos del conjunto de la industria española de defensa. Es pues fácil entender que nuestras empresas, a pesar de la especialización y de estar volcadas en el exterior, en busca de mercados que suplan la falta de inversiones de nuestro Ministerio de Defensa, tienen muy complicado medirse con los gigantes foráneos. Además, hay que tener en cuenta que, tal y como explicamos en su día en Revista de Estudios en Seguridad Internacional (RESI)[8], hablamos de un sector que en términos generales es intensivo en cuanto al empleo de recursos monetarios destinados a I+D, algo que está lejos de ser una prioridad en España a pesar de los previsibles aumentos en cuanto a inversión en Defensa. Se requiere pues de una enorme inversión para lograr avances significativos en cualquiera de ellas, lo que hace inviable que una potencia media como España pueda ser autosuficiente no ya en el conjunto de estas, sino muy posiblemente en ninguna de ellas de forma individual.

El Ministerio de Defensa, consciente de las limitaciones del tejido industrial español para seguir el ritmo de los avances, lleva a cabo, a través de la DGAM, una serie de iniciativas de I+D como el programa COINCIDENTE, encaminado a “aprovechar las tecnologías de carácter​ civil desarrolladas en el ámbito del Plan Nacional de I+D para incorporar soluciones tecnológicas innovadoras de interés para el Ministerio de Defensa, fomentando así el tejido industrial, científico y tecnológico dedicado a la defensa”[9]. También financia los Programas Nacionales de I+D, actualmente con 16 de ellos en marcha. Con todo el montante de estas iniciativas y otras comparables es tan limitado que difícilmente podrá servir para favorecer el diseño y producción de sistemas verdaderamente competitivos. Es más, para que nos hagamos a la idea de la situación, en el Presupuesto de Defensa 2022, se han asignado créditos por valor de 35.73 millones de euros para innovación tecnológica, una cifra ridícula a pesar de que haya crecido un 17,39% desde 2021[10]. Además, se da otro problema añadido y es el marcado carácter finalista de la inversión en I+D del Ministerio de Defensa, que tiene como objetivo declarado “contribuir a dotar a las FAS de sistemas de armas y equipos con el nivel tecnológico adecuado”[11], lo que se antoja imposible con estas cifras. Esto, a su vez, obliga bien a favorecer las sinergias entre las empresas españolas, mediante la firma de acuerdos de colaboración o la creación de joint ventures, bien a recurrir al exterior, siendo el ejemplo más evidente la participación española en la PESCO, mecanismo que cuenta con la ventaja de que “deja intacta la soberanía nacional y no afecta al carácter específico de la política de seguridad y defensa de determinados Estados miembros”[12] y el Fondo Europeo de Defensa.

Dicho lo anterior, y aunque hay notables excepciones, la industria española de defensa en su conjunto no parece estar en condiciones de competir a largo plazo, ni de proveer a las Fuerzas Armadas de los materiales necesarios para garantizar el cumplimiento de sus funciones. Esto nos debe obligar a pensar si no estamos errando el tiro a la hora de focalizar las inversiones ministeriales, tratando de mantener un tejido industrial de defensa demasiado amplio, pero conformado por empresas muy pequeñas y con poca capacidad de innovar no por falta de vocación -más bien al contrario- sino de reunir los medios necesarios. Sobre todo, nos obliga a pensar en posibles soluciones, algunas de las cuales no son en absoluto ajenas al Ministerio, por más que luego no se implementen de forma decidida. Entre las vías de escape a este problema aparentemente irresoluble, hay algunas que ya hemos explorado en documentos anteriores[13]:

  • Favoreciendo la integración de muchas de las pequeñas y medianas empresas en otras de mayor tamaño -atendiendo, eso sí, a las lecciones aprendidas tras las ventas de Santa Bárbara Sistemas a General Dynamics y la integración de CASA en EADS- y permitiéndoles ganar con ello el volumen suficiente para poder competir en un mundo de gigantes o, al menos, asegurar su supervivencia;
  • Focalizando los recursos actualmente divididos entre todo el sector en aquellas empresas verdaderamente críticas para la seguridad nacional y;
  • En relación con el punto anterior, evaluando si todas las empresas del sector de la defensa -aunque no solo- son igualmente valiosas o si hay características concretas a las que debemos prestar una atención mayor. No olvidemos que en el mundo que viene, incierto y de cara a los nuevos conflictos, difíciles de adelantar en base a los anteriores, la capacidad más importante no es la de diseñar tal o cual arma, sistema o plataforma, sino la de poder responder en tiempo récord a necesidades en constante cambio.

Sin embargo, es posible que ni siquiera lo anterior sea suficiente por sí mismo para garantizar el futuro del sector en un mundo cada vez más competitivo y en el que cada nuevo desarrollo implica movilizar cantidades ingentes de recursos, se apliquen o no las Leyes de Augustine[14]. Esto nos lleva a otra opción a la que nuestras empresas llevan recurriendo tiempo y que previsiblemente ganará en importancia en los años venideros: la apuesta por las tecnologías duales, que les permiten no solo abrirse a nuevos mercados, sino también financiar desarrollos futuros susceptibles de ser adaptados para su uso militar.

No es un fenómeno nuevo -muchas industrias bélicas se han reconvertido al sector civil una vez terminado un conflicto y viceversa-, pero sí es cada vez más común. Además, es una de las pocas formas que las industrias del sector de la defensa en Occidente tienen si pretenden competir en condiciones análogas a las de la industria China, en donde la relación entre lo civil y lo militar y lo público y lo privado es casi inexistente, lo que permite que sus conglomerados tecnológicos avancen siempre de la mano del interés de su defensa.

Las empresas que participan del sector de la Defensa en España, salvo en contadas excepciones, obtienen la mayor parte de sus ingresos del sector civil. Fuente - "La industria de Defensa en España. Informe 2020". Ministerio de Defensa.
Las empresas que participan del sector de la Defensa en España, salvo en contadas excepciones, obtienen la mayor parte de sus ingresos del sector civil. Fuente – «La industria de Defensa en España. Informe 2020». Ministerio de Defensa.

Tecnologías duales, COTS, MOTS, GOTS y NOTS 

Antes de tratar casos concretos, conviene hacer una pequeña aclaración, ya que en muchas ocasiones se suelen asimilar las tecnologías duales a los componentes COTS, GOTS, MOTS o NOTS. Sin embargo, no son exactamente lo mismo, aunque estén relacionados.

Las tecnologías duales son, al menos oficialmente, aquellas que encuentran aplicaciones tanto en el ámbito de la Defensa y de la Seguridad como en el sector civil[15]. En realidad, el concepto en sí da lugar a la confusión, pues no existen varias tecnologías (civiles, militares, duales), sino una, y en base a esta se desarrollan las aplicaciones[16]. Es decir, que una tecnología cualquiera puede haber sido desarrollada para funciones civiles y posteriormente descubrirse que posee una aplicación militar y viceversa. En muchos casos, sabiendo de antemano que un determinado producto o la tecnología a él asociada van a tener aplicación en ambos mundos, se incide en ello desde la fase de diseño. No obstante, esto no se produce siempre, sino que en ocasiones son las empresas del sector de la defensa o los ejércitos las que toman los avances tecnológicos, maduros o no, y los adaptan a sus necesidades.

Buen ejemplo de lo anterior, lo encontramos en la guerra de Ucrania. Como sabemos, ha estado protagonizada, entre otros[17], por la generalización en el empleo de drones comerciales tanto para observación y reconocimiento como para ataque -con las consiguientes modificaciones-, evaluación de daños o corrección del tiro artillero, entre otras funciones[18]. A pesar de que el país tenía una boyante industria de drones militares -a su escala- nacida a partir de 2014, se han visto totalmente eclipsados por el uso masivo de modelos civiles, en muchos casos llegados al frente como donaciones, en ocasiones particulares gracias al crowdfunding. No es más que una de las caras de un fenómeno más complejo, iniciado en los 90, con la generalización del uso de productos de informática de consumo aplicada a las Fuerzas Armadas y profundizado desde entonces de mil maneras.

Otro ejemplo de ello es el uso de software comercial, incluso de código abierto, para gestionar cuantiosos sistemas militares. Lo mismo con muchos de los componentes de hardware, que cada vez más se adquieren en el mercado civil, evitando así parte de los problemas asociados a los sistemas cautivos. Las arquitecturas abiertas permiten actualizar los sistemas más a menudo, beneficiarse de una mayor compatibilidad con otros sistemas que utilicen los mismos programas y componentes y, por supuesto, abaratar costes tanto de desarrollo como de adquisición y ciclo de vida. No hay más que investigar sobre la arquitectura de sistemas tan complejos como el Sistema Integrado de Combate de nuestros submarinos o fragatas para saber que han adoptado este tipo de soluciones en gran medida, a pesar de que una parte de las soluciones sigan siendo exclusivas de sus fabricantes. Otro tanto podría decirse de muchos simuladores militares. Si bien los más elaborados son réplicas casi exactas del original, capaces de moverse en tres dimensiones y de reproducir cada reacción de la aeronave o vehículo a simular, no siempre es así. Para muchas otras cosas se utilizan simples ordenadores personales, ni siquiera demasiado potentes, unidos a maquetas que, por muy poco dinero, permiten que un infante o incluso unidades al completo puedan entrenar en solitario o en red.

Dicho todo lo anterior, conviene diferenciar entre las tecnologías duales, en términos genéricos y algunos acrónimos de uso común como:

  • COTS (Commercial-Off-The-Shelf) son aquellos que permanecen «tal cual» incluso dentro de sistemas o plataformas militares. Esto significa que el hardware es un producto estándar que ya existe y está disponible comercialmente, habiendo sido diseñado para instalarse fácilmente e interactuar con otros componentes que formen parte del sistema. Algunos de los beneficios del uso de productos COTS son los menores costos, las reducción del tiempo de desarrollo, o el coste de ciclo de vida inferior que se deriva del uso de productos fácilmente disponibles y actualizados. Ejemplos de ello podrían ser algunos componentes utilizados para el guiado de drones, sistemas ópticos, baterías o incluso las impresoras 3D empleadas para la producción de determinadas piezas.
  • MOTS (Military or Modifiable Off-The-Shelf): Es, ni más ni menos, que un producto COTS cuyo código fuente se puede modificar, siendo personalizado por el proveedor o el usuario final para cumplir con los requisitos deseados. Es, por ejemplo, lo que ocurre con muchos sistemas de combate, que utilizan componentes y código fuente comerciales, pero que son adaptados para cumplir con una serie de especificaciones derivadas del uso que se le va a dar. Lo mismo podría decirse del software y componentes electrónicos de muchos otros sistemas militares, desde los optrónicos a los de tiro, caso de las RWS. El mayor problema de este tipo de soluciones es que, cuando el código fuente no está bajo el control de los gobiernos, y por lo tanto no es exclusivo, en principio es más sencillo que se den fallos de seguridad.
  • GOTS (Government Off-The-Shelf): Hablamos de este tipo de productos, cuando son desarrollados según especificaciones gubernamentales. Es, por explicarlo de forma sencilla, un conjunto de normas que, si se cumplen por parte de un producto, aunque sea comercial, pueden ser empleadas para su uso por organismos gubernamentales de tal o cual Estado, sin tener que preocuparse más que de su adquisición, ya que la compatibilidad es total.
Aplicación TacticMedAid. Fuente - Supruniuk, 2022.
Aplicación TacticMedAid. Fuente – Supruniuk, 2022.

Tecnologías duales en desarrollo por la industria española de defensa

Como hemos explicado, el mero concepto de tecnología dual es cuestionable, pues en cierto modo todas lo son, siempre que se le den aplicaciones tanto civiles como militares. Dicho esto, prácticamente todas las tecnologías más prometedoras -disruptivas o no-, como las asociadas a la investigación espacial, la energía, las telecomunicaciones o al desarrollo de nuevos materiales, tienen usos duales, al menos en potencia.

Sin embargo, hay algunas que tienen más probabilidades de pasar a producción a corto o medio plazo, por diversos factores, de ahí que muchas empresas estén trabajando en ellas en la actualidad, con varios casos notorios en España que van desde tecnologías para guiado a optrónica y de Inteligencia Artificial a fabricación inteligente. Entre estas, cabe destacar algunos ejemplos que ya han servido para alumbrar distintos productos, en algunos casos de éxito.

Sistemas antidrón

La generalización en el uso de drones para todo tipo de tareas conlleva una curiosa derivada, que es la necesidad de instalar sistemas antidrón en todo tipo de lugares y frente a cualquier situación que podamos imaginar. Por el momento no es demasiado común, aunque por ejemplo la Guardia Civil o la Policía Nacional en España ya hacen uso de ellos, ver sistemas antidrón en la calle o en estadios de fútbol. Sin embargo, a medida que ciudadanos de a pie, pero también organizaciones terroristas o dedicadas al crimen tengan más y más acceso a ciertas tecnologías, será tanto más necesario instalar sistemas antidrón en edificios públicos y lugares en los que se produzcan grandes concentraciones de personas.

Así, los puertos comerciales, las instalaciones de refino o almacenamiento de hidrocarburos, las plantas de regasificación, las centrales nucleares, los estadios de fútbol y muchas otras, necesitarán tarde o temprano de sistemas de este tipo en instalaciones fijas o, al menos, de la posibilidad de que sean desplegados en determinadas situaciones. Basta pensar en lo que podría suceder en el caso de que alguien, incluso un “lobo solitario”, se decidiese a atentar con uno de estos ingenios en un evento masivo, en el que potencialmente podrían producirse más muertes por el pánico y la consiguiente estampida que por el ataque en sí.

Por lo tanto, muchas de las soluciones originalmente desarrolladas para las Fuerzas Armadas, han ido siendo adaptadas para los que antes venía en denominarse “Homeland Security”. Es más, según pasa el tiempo, los fabricantes apuestan cada vez más por desarrollar modelos más capaces y competitivos, dejando de lado las especificaciones militares tradicionales -como la rugerización- para apostar desde el primer momento por el doble uso. En donde sí hay alguna diferencia es en el tipo de sistemas antidrón que se utilizan en uno y otro ámbito, ya que si bien en las Fuerzas Armadas es normal recurrir a sistemas hardkill -generalmente cinéticos-, en el mundo civil es mucho más común encontrar sistemas softkill que no solo pasan más desapercibidos, sino que es menos probable que causen daños colaterales de algún tipo.

Prueba de un sistema antidron por parte de la Guardia Civil en el aeropuerto de Asturias llevada a cabo en 2020. Fuente - Guardia Civil.
Prueba de un sistema antidron por parte de la Guardia Civil en el aeropuerto de Asturias llevada a cabo en 2020. Fuente – Guardia Civil.

Control de fronteras / accesos

Otro campo en el que se están produciendo interesantes avances es el del control de accesos, que aúna tecnologías de reconocimiento (software) con optrónica de última generación montada tanto en instalaciones fijas como sobre vehículos y cada vez más drones, sean aéreos, terrestres o navales. Este tipo de sistemas se utilizan tanto para el control de líneas fronterizas, en donde se instalan sistemas optrónicos fijos sobre postes o torres de vigilancia, como para la detección, identificación y seguimiento de narcolanchas, pateras o cualquier otra cosa, montados sobre patrulleras. Un ejemplo reciente lo encontramos en el contrato asignado por el SIVE (Sistema Integrado de Vigilancia Exterior) de la Guardia Civil a Escribano Mechanical & Engineering, por valor de 19 millones de euros, el pasado 9 de septiembre[19]. Ni siquiera es el primero, pues unos meses, en noviembre de 2021, habían recibido otro contrato destinado a dotar a las patrulleras de la Benemérita de seis OTEOS, a sumar a los nueve adquiridos por el Servicio de Vigilancia Aduanera un mes antes.

No es casualidad. El OTEOS (Observation and Tracking Electro-Optical System) es un sistema electroóptico de observación y seguimiento, especialmente diseñado para su instalación en puestos fijos o integrado en plataformas y vehículos terrestres o navales. Se trata de una plataforma estabilizada y modular dotada de la última tecnología disponible en el mercado en sensores optrónicos en la banda visible e infrarroja para incrementar su capacidad en términos de alcance de detección, resolución de alta definición para identificación y seguimiento automático de objetivos. Además, su diseño modular y arquitectura abierta permiten una fácil instalación y mantenimiento y la integración con sensores externos[20]. Es pues factible no solo montarlo sobre plataformas muy diferentes o como hemos dicho sobre posiciones fijas, sino también escalarlo para controlar áreas extensas. De hecho, montándolos sobre las plataformas adecuadas organismos como la Guardia Civil o la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex) podrían monitorizar en tiempo real y con mayor precisión las zonas de paso de inmigrantes tanto en tierra como en el mar. Esto último, además, permitiría incrementar las posibilidades de rescate, reduciendo así el número de personas que cada año mueren ahogadas en el Mediterráneo o en su tránsito hacia las Canarias.

Es más, aunque son posibilidades todavía en estudio, sobre el papel también se podría dotar al sistema de un software específico de reconocimiento facial, que permitiría la localización e identificación de personas concretas, entre muchas otras posibilidades. Abundando en esto, más allá de la búsqueda de personas, se pueden programar estos sistemas también para que localicen objetos determinados, como la silueta de una narcolancha. Por supuesto, entendiendo siempre que por muy automatizado que llegue a estar, hablaríamos siempre de sistemas human-on-the-loop[21], en los que habría un ser humano controlando no la identificación del objetivo, pero sí cualquier decisión sobre el mismo, como avisar en su caso a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE) o lo que se considere necesario.

Más allá de las fronteras, las mismas tecnologías deberían permitir hacer lo propio a escala más pequeña en instalaciones sensibles como puertos comerciales o bases navales, depósitos de almacenamiento de hidrocarburos e, incluso, vigilando el trazado de gasoductos y oleoductos o cualquier infraestructura crítica que podamos imaginar.

Sistema optrónico OTEOS. Fuente - EM&E.
Sistema optrónico OTEOS. Fuente – EM&E.

Riesgos medioambientales

Otro campo en el que las tecnologías duales tienen un papel cada vez mayor es el del cuidado del medio ambiente. No hay más que pensar en los satélites de observación y reconocimiento, con una clara aplicación dual y que, incluso en el caso de los destinados a la detección de incendios forestales, tienen un uso militar evidente. En este sentido, la guerra de Ucrania es un gran ejemplo de la abundante y útil información que se puede obtener mediante herramientas OSINT civiles como el sistema FIRMS de la NASA[22], que permite en muchos casos seguir las zonas en las que los bombardeos son más intensos. Lo mismo para los Sentinel de la ESA[23] y para los sistemas de fotografía satelital comerciales que ofrecen sus productos a precios cada vez más asequibles. Sin embargo, los satélites no son la única forma de controlar problemas como los incendios forestales, los vertidos ilegales y muchos otros que afectan a la naturaleza. Máxime en un país como España en el que grandes extensiones de terreno de las dos mesetas están cada vez más despobladas y, como consecuencia, peor vigiladas.

En relación con esto, la Guardia Civil, aunque no es el único organismo afectado, tienen problemas crecientes a la hora de cubrir con sus limitados efectivos, regiones enteras en las que apenas vive nadie y, por lo tanto, tampoco disponen de comisarías o agentes suficientes. Además, lejos de que la falta de población mitigue la aparición de posibles problemas, los agrava en todos los sentidos: 1) los bosques dejan de mantenerse, al igual que los cortafuegos que los atraviesan; los tendidos eléctricos y muchas instalaciones quedan más desprotegidas frente a robos de cable; 3) aparecen vertederos ilegales al no haber presencia policial efectiva; 4) se producen vertidos ilícitos, etc. Caso aparte es el de los cultivos de todas aquellas plantas como la marihuana, la coca o la adormidera, de las que se extraen drogas. Quizá no es el mayor de los problemas para España, pero sí una cuestión espinosa en muchos de los países con los que mantenemos un estrecho contacto, desde Hispanoamérica al norte de África. Los sistemas duales de los que hemos hablado permitirían la detección desde el aire de este tipo de cultivos -siempre que estén al aire libre, obviamente-, haciendo posible su erradicación y la persecución de los responsables.

Sin tener que recurrir a los costosos satélites, de los que España no va precisamente bien servida, hay opciones plausibles como el uso de drones para patrullar vastas áreas. Concretamente, utilizar un enjambre de drones aéreos con una o dos decenas de elementos coordinados permitiría cubrir al detalle un área extensa, minimizando los tiempos de detección. Esto, que es útil en la guerra, también lo es en la paz, por ejemplo, a la hora de localizar víctimas de posibles desastres naturales, conatos de incendios forestales, vertidos en el mar, etc. Al no depender de que un único aparato esté en posición de localizar lo que sea que se busque, sino que serían varios los que lo harían a la vez, los plazos -en ocasiones críticos- se reducirían.

En el futuro próximo, organismos como la Guardia Civil podrán patrullar grandes extensiones de terreno recurriendo a los drones y a la inteligencia artificial, de forma que se reduzca la carga de trabajo del operador y se automaticen funciones como el vuelo, el tracking, etc. Fuente - Revista Ejércitos.
En el futuro próximo, organismos como la Guardia Civil podrán patrullar grandes extensiones de terreno recurriendo a los drones y a la inteligencia artificial, de forma que se reduzca la carga de trabajo del operador y se automaticen funciones como el vuelo, el tracking, etc. Fuente – Revista Ejércitos.

Mantenimiento predictivo / aprendizaje interactivo

El mantenimiento predictivo, tal y como explicamos hace unos meses[24], surge de la necesidad de mantener una alta operatividad en medios que, por su coste y relativamente escaso número, no eran -ni son- prescindibles, como pueden ser los aviones de combate, los buques de guerra, los carros de combate y blindados o los helicópteros. Antiguamente los vehículos estaban en funcionamiento hasta que tenían una avería, en cuyo caso se realizaban tareas de mantenimiento correctivo. Los accidentes que se ocasionaban, los gastos asociados y la incertidumbre de disponibilidad a los que conducían dichas prácticas eran inaceptables, por lo que se diseñaron para los equipos una serie de planes de revisiones periódicas, con las que se buscaba lograr una mayor fiabilidad y evitar las consecuencias más graves, tanto para las personas como para los vehículos. Cuando hablamos de un único vehículo, caso del que pueda poseer una familia, actuar de forma correctiva, a posteriori, puede ser factible. Por el contrario, cuando lo que debemos gestionar es una flota con decenas, cientos o incluso miles de estos, es demasiado oneroso. Las empresas no pueden permitirse este tipo de lujos, dado que ese despilfarro de medios provocaría que dejasen de ser rentables o que no pudiesen seguir ofreciendo sus servicios por acumulación de averías. Por ello surgió la necesidad de monitorizar los vehículos para conocer su estado mientras están en servicio, realizando las tareas de mantenimiento necesarias cuando haya evidencia clara de la degradación en sus parámetros de funcionamiento.

Además, se impuso un manejo individualizado de los vehículos, contando cada uno con una gestión particularizada de las tareas de mantenimiento preventivo que le corresponden. Es así, puesto que ningún gestor de una flota de autobuses mandaría a todos a la vez a pasar revisiones profundas, quedándose temporalmente sin flota. Por el contrario, conociendo la situación de cada uno, se puede decidir qué momento es más conveniente para llevar a cabo tal o cual tarea de mantenimiento y planificar en consecuencia. Esto permite grandes ahorros sin disminuir la operatividad y trasladado a la economía de escalas que supone unas flotas de cientos de vehículos, como los que tienen las Fuerzas Armadas, pero también muchas empresas, permite alcanzar grandes ahorros.

Es pues una tecnología completamente dual, pues los problemas básicos que deben enfrentar las Fuerzas Armadas y las empresas de transporte de pasajeros o mercancías -independientemente del medio, sea aéreo, marítimo o por tierra- son sustancialmente los mismos. De ahí que los desarrollos procedentes de las industria de defensa, obligada a lidiar con sistemas más complejos y sensibles en muchos casos, tengan una aplicación directa en el mundo civil y de ahí también que compañías como EM&E, de la que ya habláramos, estén buscando expandirse más allá del mundo castrense, llevando sus desarrollos de mantenimiento predictivo a otros ámbitos.

En relación con lo anterior, es obligado hablar de los “gemelos digitales”, copias virtuales de las plataformas que permiten que un ingeniero de la empresa X pueda atender el sistema Y en la localización Z sin moverse de su oficina. Para ello, dicho ingeniero dispone en todo momento del control sobre cada parte del vehículo o sistema, visualizando en la pantalla de su ordenador todos los datos relevantes y conservando el contacto con el personal sobre el terreno de forma que entre todos se puedan realizar las tareas de mantenimiento más complejas. Ejemplos de esto los encontramos en las futuras F-110, pero también en las torres Guardian 30 de los VCR 8×8 y cada vez en más y más sistemas[25].

Por último, para cerrar con este subepígrafe y a medio camino entre este y el siguiente, toca hacer una referencia al aprendizaje interactivo, que utilizando la realidad aumentada, gafas VR y códigos QR permite a los operadores de tal o cual sistema acceder de forma cómoda y accesible a toda la documentación técnica del mismo, al listado de tareas de mantenimiento y a los pasos que deben dar para implementarlas.

En la actualidad, empresas españolas como EM&E, Navantia o Santa Bárbara Sistemas están trabajando en sistemas de mantenimiento predictivo y aprendizaje interactivo entre otros. El sistema de aprendizaje desarrollado para las torres Guardian 2.0 o el «gemelo digital» de las F-110 son buenos ejemplos de ello. Fuente – EM&E.

Simulación militar / modelado

La simulación militar es la representación bien de un sistema real o bien de un conjunto de situaciones a través de medios informáticos y de telecomunicaciones, que permiten instruir, adiestrar y evaluar a las unidades, con un coste inferior, en tiempo y dinero, un rendimiento superior, y parecida eficacia a la que se obtendría con la ejecución de todas las actividades asociadas a la instrucción y adiestramiento[26]. En realidad, apenas difiere de la simulación civil, aquella destinada por ejemplo a formar a pilotos de aviación o, cada vez más, a conductores de vehículos pesados, pilotos de carreras operarios de grúas, maquinaria industrial y muchas otras cosas. Si acaso, en el grado de complejidad de algunos escenarios o en el de subsistemas que deben ser simulados para ofrecer determinada formación, como ocurre con los pilotos de combate.

Entre las razones por las que se opta cada vez más por los simuladores en detrimento de los vehículos o sistemas reales cabe citar: 1) La drástica reducción de los recursos destinados a la Defensa en las últimas décadas, incluyendo las partidas para entrenamiento; 2) el encarecimiento de los sistemas militares, incluyendo el ciclo de vida y, por ende, de cada hora de utilización; 3) los números cada vez más reducidos de estos, que obligan a ser cuidadosos tanto con las horas de uso como con la posibilidad de perder alguno de ellos por accidente;  4) las posibilidades que ofrece la simulación a la hora de crear escenarios y situaciones que no serían replicables sobre un campo de entrenamiento real; 5) el respeto por el medio ambiente, que puede parecer secundario, pero limita cada vez más las posibilidades de los militares en algunos aspectos; 6) la complejidad cada vez más acusada de algunos materiales y sistemas de armas y por último, pero no menos importante; 7) la seguridad, en tanto muchos ejercicios no podría llevarse a cabo con los vehículos, plataformas o sistemas reales sin que ello supusiera una grave riesgo para el alumno y en muchos casos también para los instructores.

Dicho todo lo anterior, no es de extrañar que la simulación esté cada vez más extendida también en el ámbito civil y que sean algunas empresas del sector de la defensa las que más estén aportando a este campo, tanto en la parte física (construcción de equipos de simulación), como en lo relativo al software que permite moverlos y, por supuesto, en todo lo relacionado con el modelado de escenarios. Respecto a esto último, las aplicaciones son infinitas, especialmente ahora que vivimos un “boom” de la realidad virtual e incluso hay quien piensa en términos de “metaversos”.

Simulador de conducción bivalente, utilizado tanto par el RG-31 como para el LMV, sustituyendo las plataformas de ambos vehículos. Autor - Francisco P. Fernández Mateos.
Por razones obvias, los simuladores como el de conducción que aparece en la imagen, pero también en muchos otros campos, son en muchos casos duales, permitiendo formar a personal civil y militar. Autor – Francisco P. Fernández Mateos.

La verdadera dualidad

Cuando hablamos de tecnologías duales, generalmente hacemos siempre referencia a aquellas que pueden ser empleadas tanto por civiles como militares, pero con cierto sentido finalista, como las que hemos ido enumerando a lo largo del artículo. Sin embargo, existe otro tipo que son incluso más importantes y que son, quizá, las que más deberían cuidarse en vista de los derroteros que está tomando la Guerra[27]. No hay más que pensar en la guerra de Ucrania, cada vez más una guerra de desgaste pero, pese a ello o quizá por ello, dado el estancamiento, con un ritmo de iteración altísimo, consecuencia de probar una tras otra nuevas soluciones que introducen cada una de ellas pequeñas mejoras incrementales. Una guerra en la que la capacidad de responder rápidamente a las nuevas necesidades, fabricando en pocos días o semanas grandes cantidades de todo aquello que demuestre un mejor rendimiento, podría dar la ventaja a cualquiera de los oponentes, provocando el agotamiento del contrario o, al menos, devolviendo el dinamismo al campo de batalla.

El problema en este caso, es que rara vez identificamos las tecnologías que harían posible esto último, con las tecnologías duales. Es decir, es sencillo ver un drone DJI “Mavic” y entender que puede ser utilizado para fines militares o civiles. Lo que no es tan sencillo es pensar que las instalaciones que lo fabrican y las tecnologías empleadas en el proceso productivo podrían tener también un uso dual, ya que solemos quedarnos con el producto final. Nos estamos refiriendo a las máquina-herramienta y en concreto a todas aquellas tecnologías relacionadas con la fabricación, que protagonizan parte de lo que se da en llamar “Revolución Industrial 4.0”[28] y que se caracterizan por su enorme versatilidad y eficiencia. Entre estas, podríamos citar la robótica, el corte computerizado, la fabricación aditiva o el mecanizado de alta precisión. Y es que aunque siempre hablemos de carros de combate, aviones, buques de guerra, obuses o fusiles, de cara a la defensa de un país y a día de hoy, es quizá más importante contar con la capacidad de adaptar rápidamente las líneas de producción a nuevos artilugios, que contar con un gran stock de cualquiera de ellos o, peor aún, con empresas anquilosadas capaces únicamente de producir un tipo de sistemas, pero con escasa “cintura” para adaptarse a nuevas necesidades. Es algo que hemos visto claramente con la pandemia provocada por el coronavirus COVID-19, a la que únicamente un puñado de empresas con EM&E a la cabeza supieron responder y sobre lo que ya hemos hablado anteriormente en estas páginas[29].

En un mundo en el que la Defensa ya no es un ente independiente que sigue su propio camino, sino que forma parte del concepto mucho más amplio de la Seguridad, conviene preguntarse si el aspecto más importante de eso que da en llamarse “Autonomía Estratégica” no será el de ser capaces, con los propios medios, de satisfacer necesidades estratégicas muy dispares. En este sentido, habría que replantearse cuáles son las empresas verdaderamente importantes para la Seguridad y la Defensa en España y si estas no requieren especial protección.

Respirador VIATE 40 de Hersill y EM&E. Fuente - Fly-News.es.
Respirador VIATE 40 de Hersill y EM&E. Fuente – Fly-News.es.

Ideas finales

España debe abandonar muchas de las inercias que arrastra y muchos de los prejuicios relacionados con la innovación en materia de defensa. Lo único importante, realmente, es generar nuevas ideas de las que Defensa pueda beneficiarse y para ello -al menos en muchos segmentos- es indiferente si la empresa que las ha alumbrado lo ha hecho pensando en venderlas el Ejército, a Protección Civil o a una cadena de supermercados. En un tiempo en el que la tecnología militar ya no lleva la delantera al sector civil y en el que se está viviendo una auténtica ebullición en cierto tipo de tecnologías, lo más lógico es dar vía libre a su desarrollo civil de forma que, llegado el caso, los militares puedan elegir cómo cubrir mejor sus necesidades de entre una amplia gama de opciones. También tener muy claro qué tecnologías y capacidades -en referencia a la fabricación inteligente-, son realmente importantes y merecen contar con el máximo respaldo estatal.

También es obligado cambiar la actual orientación finalista por otra que incentive las tecnologías de base. Dicha orientación finalista ahora mismo es peligrosa, porque en un momento de cambio radical, si uno hace la apuesta equivocada, las inercias generadas (caso de programas a muy largo plazo y muy costosos como el FCAS)[30] pueden impedir responder a tiempo a los nuevos condicionantes del campo de batalla.

Para ello quizá habría que avanzar hacia un modelo de innovación abierta que deje a un lado la distinción entre civil y militar y que pueda beneficiarse de programas europeos y nacionales de investigación, supliendo así la falta de fondos crónica de nuestro Ministerio de Defensa, algo que no va a cambiar ni siquiera con los previsibles aumentos presupuestarios. Tal y como explica Félix Arteaga[31]:

“El fondo Next Generation EU supondrá para España unas trasferencias directas que se estiman en € 72.700 millones más otro tanto en créditos si se solicitan. Sus 750.000 millones de euros se distribuyen entre el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (672.500 de los cuales 360.000 en préstamos y 312.500 en subvenciones), REACT-EU (47.500), Horizonte Europa (5.000), InvestEU (5.600), desarrollo rural (7.500), Fondo de Transición Justa (10.000) y rescEU (1.900)”.

Lo realmente importante es generar un flujo sostenido de nuevas ideas de las que Defensa pueda beneficiarse y para ello en muchos segmentos es indiferente si la empresa que las ha alumbrado lo ha hecho pensando en venderlas el Ejército, a Protección Civil o a una cadena de supermercados. En un tiempo en el que la tecnología militar ya no lleva la delantera al sector civil y en el que se está viviendo una auténtica ebullición en cierto tipo de tecnologías, lo más lógico es dar vía libre a su desarrollo civil de forma que, llegado el caso, los militares puedan elegir cómo cubrir mejor sus necesidades de entre una amplia gama de opciones.

Notas

[1] Roland, A. (27 de febrero de 2009). War and Technology. Foreign Policy Research Institute. https://www.fpri.org/article/2009/02/war-and-technology/

[2] El de “Revolución Militar” es un término discutido que ha generado numerosos debates sin que haya auténtica acuerdo ni sobre el concepto en sí, ni sobre el número de estas que se han producido a lo largo de la Historia. Ver Colom-Piella, G. (2008). Entre Ares y Atenea. El debate sobre la Revolución en los Asuntos Militares. Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado. https://iugm.es/wp-content/uploads/2016/07/Libro_Entre_ares.pdf

[3] Discurso del presidente Dwight D. Eisenhower (1961) sobre el “Complejo Militar-Industrial”.

https://avalon.law.yale.edu/20th_century/eisenhower001.asp

[4] Ministerio de Defensa (2010). Fundamentos económicos del mercado de la industria de defensa. Cuadernos de Política Industrial de Defensa, 3. https://publicaciones.defensa.gob.es/media/downloadable/files/links/c/u/cuaderno_isdefe_03.pdf

[5] Ministerio de Defensa (2020). Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa ETID – 2020. https://publicaciones.defensa.gob.es/estrategia-de-tecnologia-e-innovacion-para-la-defensa-etid-2020-libros-pdf.html

[6] Ministerio de Defensa (2020). La industria de defensa en España. Informe – 2020. Dirección General de Armamento y Material, Subdirección General de Inspección, Regulación y Estrategia Industrial de Defensa. 

https://www.defensa.gob.es/Galerias/dgamdocs/Informe_Industria_Defensa_2020.pdf

[7] Defense News (s.f.). Top 100 for 2022. https://people.defensenews.com/top-100/

[8] Villanueva-López, C. (2021). La industria española de defensa ante los nuevos conflictos: capacidades a aportar. Revista de Estudios en Seguridad Internacional, 7(2), 63-81. DOI: http://dx.doi.org/10.18847/1.14.4

[9] Portal de Tecnología e Innovación del Ministerio de Defensa (s.f.). Programa coincidente. https://www.tecnologiaeinnovacion.defensa.gob.es/es-es/Presentacion/ImasD/Paginas/Coincidente.aspx

[10] Ministerio de Defensa (2022). Presupuesto del Ministerio de Defensa.

https://www.defensa.gob.es/Galerias/presupuestos/presupuesto-MINISDEF-2022.pdf

[11] Ministerio de Defensa (2020). Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa ETID – 2020. https://publicaciones.defensa.gob.es/estrategia-de-tecnologia-e-innovacion-para-la-defensa-etid-2020-libros-pdf.html

[12] Cózar-Murillo, B. (2018). El lanzamiento de la cooperación estructurada permanente: un nuevo éxito en la seguridad y defensa de la Unión Europea. Instituto Español de Estudios Estratégicos, Bie3: Boletín IEEE10, 278-292. ISSN-e 2530-125X. https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2018/DIEEEO32-2018_Coop-Estrcut-Perman_UE_SegyDef_BeatrizCozar.pdf

[13] Villanueva-López, C. (2020), op. cit. 

[14] Augustine Laws (12 de mayo de 2021). En Wikipedia. https://en.wikipedia.org/w/index.php?title=Augustine%27s_laws&oldid=1022823402

[15] https://www.cdti.es/index.asp?MP=100&MS=893&MN=2

[16] Coloma, G. (2017). La eficiencia de la financiación del I+D de defensa en España: el programa COINCIDENTE. [Trabajo de Fin de Máster]. Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado.

[17] Pulido, G. (2022). La guerra de Ucrania y la guerra mosaico. Ejércitos, 39https://www.revistaejercitos.com/2022/08/28/la-guerra-de-ucrania-y-la-guerra-mosaico/

[18] Villanueva-López, C. (2022). Municiones merodeadoras de largo alcance. El nivel operacional como objetivo. Ejércitos, 38https://www.revistaejercitos.com/2022/07/18/municiones-merodeadoras-de-largo-alcance/

[19] Carrasco, B. (9 de septiembre de 2022). La Guardia Civil encarga a Escribano la puesta a punto de su sistema de detección de pateras y narcolanchas. Infodefensa. https://www.infodefensa.com/texto-diario/mostrar/3883177/guardia-civil-encarga-escribano-puesta-punto-sistema-deteccion-pateras-narcolanchas

[20] Villanueva-López, C. (2022). OTEOS y APOLO. Ejércitos, 38. https://www.revistaejercitos.com/2022/07/06/oteos-y-apolo/

[21] Villanueva-López, C. (2019). Armas autónomas. Una breve introducción. Ejércitos, 11. https://www.revistaejercitos.com/2019/09/06/armas-autonomas/

[22] NASA (s.f.). Fire Information for Resource Managament System (FIRMS). https://firms.modaps.eosdis.nasa.gov/map/

[23] Sentinel Online (s.f.). Technical Guide Overviewhttps://sentinels.copernicus.eu/web/sentinel/sentinel-technical-guides

[24] Vidal, E. (2021). Más allá del mantenimiento predictivo: los planes de EM&E para la Guardian 30. Ejércitos, 29.https://www.revistaejercitos.com/2021/10/31/mas-alla-del-mantenimiento-predictivo/

[25] Ibid.

[26] Fernández, F. P. (2018). Sistemas de simulación militar. Ejércitos, 4. https://www.revistaejercitos.com/2018/09/25/sistemas-de-simulacion-militar/

[27] No confundir la “Guerra”, con mayúscula, entendido como el “fenómeno guerra”, con una guerra en concreto.

[28] Revista Ejércitos (14 de diciembre de 2020). “Bianchi, P. (2020). 4.0: La nueva revolución industrial. Alianza Editorial”. Ejércitos.https://www.revistaejercitos.com/2020/12/14/4-0-la-nueva-revolucion-industrial/

[29] Villanueva-López, C. (2020). El COVID-19 y la industria de defensa. ¿Es el momento de un cambio de paradigma? Ejércitoshttps://www.revistaejercitos.com/2020/05/17/el-covid-19-y-la-industria-de-defensa/

[30] Villanueva-López, C. (2022). El Programa FCAS y la Industria Española de Defensa: una apuesta equivocada. Ejércitos, 41. https://www.revistaejercitos.com/2022/10/06/el-programa-fcas-y-la-industria-espanola-de-defensa/

[31] Arteaga, F. (2021). Tecnología y autonomía estratégica en la Defensa española. Real Instituto Elcano. https://www.realinstitutoelcano.org/policy-paper/tecnologia-y-autonomia-estrategica-en-la-defensa-espanola/

Autor

  • Christian D. Villanueva López

    Christian D. Villanueva López es fundador y director de Ejércitos – Revista Digital sobre Defensa, Armamento y Fuerzas Armadas. Tras servir como MPTM en las Tropas de Montaña y regresar de Afganistán, fundó la revista Ejércitos del Mundo (2009-2011) y posteriormente, ya en 2016, Ejércitos. En los últimos veinte años ha publicado más de un centenar de artículos, tanto académicos como de difusión sobre temas relacionados con la Defensa y con particular énfasis en la vertiente industrial y en la guerra futura. Además de prestar servicios de asesoría, aparecer en numerosos medios de comunicación y de ofrecer conferencias ante empresas e instituciones, ha escrito capítulos para media docena de obras colectivas relacionadas con los Estudios Estratégicos, así como un libro dedicado al Programa S-80.

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