El Programa FCAS y la Industria Española de Defensa: una apuesta equivocada

Una apuesta equivocada

Si hay un programa polémico en el que esté embarcado el Ministerio de Defensa de España, ese es el FCAS. Nacido como una iniciativa del Programa Europeo de Adquisición de Tecnología (ETAP) destinada a explorar las necesidades de las fuerzas aéreas de la UE relativas a un nuevo sistema de armas conjunto de combate aéreo, con la firma del acuerdo marco NGWS mutó en algo muy diferente. La priorización de los intereses de parte de la industria de defensa por encima de los del Ejército del Aire en el caso de España, los particulares intereses de Francia -con Dassault a la cabeza-, la posición dubitativa de Alemania, los múltiples retrasos y desencuentros entre los socios o la apuesta española por Indra -en detrimento de Airbus- como coordinador nacional son solo algunos de los temas motivo de controversia en un programa que siempre ha transitado por la cuerda floja. Además, una pregunta sobrevuela todavía a los decisores de los tres estados que forman parte del programa FCAS: ¿es la apuesta correcta?

El programa FCAS (Future Combat Air System) nació a partir de una iniciativa del programa de adquisición de tecnología europeo (ETAP o European Techology Adquisition Programme) destinada a explorar las necesidades de las fuerzas aéreas de la UE en relación con un nuevo sistema de armas conjunto de combate aéreo. Los primeros pasos se dieron allá por el lejano 2001[1] cuando el Eurofighter Typhoon ni siquiera había entrado en servicio (lo haría a partir de 2003). Por entonces, la ETAP analizó hasta una decena de propuestas diferentes de posibles FCAS, llegando a la conclusión de que dos eran las soluciones más prometedoras[2]. Desde entonces, como suele decirse vulgarmente, ha llovido mucho, y el programa, así como los países implicados, han ido también cambiando. Es más, las mismas siglas han hecho referencia a iniciativas muy diferentes, como el fracasado SCAF-FCAS, puesto en marcha por Dassault y BAE Systems sobre la base de sus demostradores Neuron (desarrollado en colaboración con Italia y Suecia) y Taranis, respectivamente[3].

Dado que este no pretende ser un artículo histórico, nos remontaremos al último lustro, durante el cual se han firmado los acuerdos más relevantes de cara al actual programa. En este sentido, la primera decisión de desarrollar un Sistema Europeo de Defensa Aérea conjunto de nueva generación fue tomada por la canciller germana, Ángela Merkel y el presidente francés, Enmanuel Macron, en el verano de 2017. Un año después, en 2018, ambos Estados firmaron de la mano de sus respectivas ministras de Defensa, un Documento de Requisitos Operativos Comunes de Alto Nivel (HLCORD) para un sistema de armas de nueva generación (NGWS) como parte del FCAS[4]. Posteriormente, ya en 2019, se produciría la firma de los dos documentos que dan inicio al programa tal y como lo conocemos. En primer lugar, el Acuerdo de Estudio Conjunto francoalemán (JCS)[5], firmado en febrero. En segundo lugar, y más importante si cabe, ese mismo verano y coincidiendo con la 53ª edición del Salón Internacional de la Aeronáutica y del Espacio de París, se oficializaría el acuerdo para el desarrollo del NGWS[6] (Next Generation Weapon System), al que se sumaba España. Esta era –y oficialmente sigue siendo- una iniciativa de los gobiernos de París, Madrid y Berlín lanzada con la intención de poner en el aire un nuevo y complejo sistema formado tanto por aviones tripulados como no tripulados en sustitución de los actuales Typhoon Rafale, hacia el año 2040.

La escenificación de la firma por parte de las tres ministras de Defensa implicadas bajo la atenta mirada de Macron en el verano de 2019, pese a suponer un importante hito -y certificar la entrada de España en pie de igualdad con Francia y Alemania-, no servía para poner fin a unas desavenencias entre socios que acompañan al proyecto desde sus inicios. Hay que tener en cuenta que, aunque el NGWS sea relativamente reciente, el camino ha sido tortuoso desde antes de su aprobación. No hay más que remontarse a la salida del Reino Unido para lanzar el programa Tempest en julio de 2018[7], a las discusiones entre Francia y Alemania a propósito de la política de exportación de armamentos, a las relativas al reparto industrial -con las continuas amenazas de Dassault de abandonar el proyecto si el resto de los socios no aceptan sus imposiciones- o, en el caso de España, a la elección de Indra como coordinador nacional en detrimento de Airbus España. Tampoco podemos olvidar que el FCAS debe cumplir con requisitos en ocasiones encontrados, algo que ya lastrara el desarrollo del Eurofighter y que costase la salida de Francia del programa al no aceptar diseños como el TFK-90 o el P110.B que no eran embarcables. Este último es un tema que todavía preocupa a los decisores franceses, como demuestran algunos de los informes de su Senado[8].

En el caso de España, nuestro país ha estado implicado desde el primer momento en el programa, siendo una de las seis naciones firmantes de la Carta de Intenciones para la Reestructuración de la Industria Europea de Defensa (LOI-EDIR) junto a Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y Suecia. Posteriormente, ya en 2013, se organizó una jornada sobre el tema en el Centro de Guerra Aérea[9] que reunió a la DGAM, el INTA, el Ejército del Aire y la industria de defensa, en la que se debatieron aspectos tecnológicos y operativos del FCAS que fueron desde el propio concepto del programa a los requisitos y capacidades, las misiones a cumplir o el riesgo tecnológico e industrial[10]. Eran momentos difíciles, pues la situación económica posterior a la crisis de 2008 lastró la inversión en defensa, lo que impidió al Ministerio de Defensa implicarse en algunos programas, obligó a reducir las adquisiciones y forzó el retraso en otros, llevando a la industria nacional a un punto crítico, en el que la supervivencia del sector llegó a estar amenazada. Lo hizo hasta tal punto que el Ministerio de Defensa terminó por embarcarse en algunos programas y compras únicamente por intereses industriales que no parecían “estar plenamente alineados con las necesidades nacionales”, algo que se aplica a la perfección en el caso del FCAS[11]. No olvidemos que, para nuestro Ministerio de Defensa, al menos oficialmente y tal y como se recoge en la Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa (ETID 2020)[12], el FCAS es de entre todas las futuras grandes plataformas:

“El programa más representativo […] entendido como la próxima generación de capacidades del combate aéreo, que combinará componentes tripulados, plataformas remotamente tripuladas, efectores y otros elementos cooperantes integrados en una arquitectura de sistema de sistemas, operando en red como una única entidad funcional. Así, el concepto nacional de FCAS contempla, fundamentalmente, el NGWS como elemento principal, junto con el avión tripulado sustituto del EF-18MLU y la evolución de los aviones Eurofighter (EF Long Term Evolution); siendo el objeto del programa NGWS la renovación de las actuales flotas de Eurofighter (Alemania y España) y Rafale (Francia) en el entorno temporal de 2040. El programa está estructurado en un conjunto de siete pilares tecnológicos; avión de combate futuro (NGF), operadores remotos no tripulados (RC), nuevos sistemas avanzados de sensores (SENSORS), nube de combate (CC), simulación (SIMLAB), propulsión (ENGINE) y baja observabilidad (ELOT)”.

A lo que añaden:

“Dadas las características de las amenazas a las que las FAS deben hacer frente, es necesario disponer de grandes plataformas y sistemas de armas en los dominios terrestre, naval, aéreo y espacial, que incorporen avances tecnológicos de muy elevada complejidad, los cuales a menudo se llevan a cabo en cooperación internacional, implicando grandes inversiones económicas y plazos de desarrollo muy extensos.

Al tratarse de sistemas pensados para estar en servicio durante décadas, se requiere acometer programas tecnológicos con una serie de años de anticipación, en los que se aborde la incorporación de las últimas tecnologías a las funciones más críticas del sistema a través de demostradores tecnológicos, los cuales permiten validar la madurez de estos desarrollos y el riesgo de trasladarlos a los sistemas finales”.

Es precisamente aquí, como veremos, donde empiezan los problemas, pues se asume, a décadas vista (en el entorno temporal de 2040), que el paradigma plataforma-céntrico que lleva imperando desde el final de la Segunda Guerra Mundial, seguirá en vigor a la entrada en servicio del FCAS, una fecha que además se ha pospuesto en diversas ocasiones. Tan es así que, según los últimos cálculos del CEO de Dassault, su entrada en servicio podría ser más bien hacia 2050 que hacia 2040, fecha en la que se antoja difícil pensar en una plataforma tripulada como núcleo de este sistema de sistemas.[13]

En el tiempo que nos ha tocado vivir, al menos en lo relativo a la defensa, hacer planes a tan largo plazo es más un acto de fe que un acto racional. No en vano, se espera la singularidad tecnológica hacia el 2035[14], estamos inmersos en una Revolución Militar sin precedentes y cualquier programa militar a tres décadas vista, como es el caso del FCAS, debería ser mirado con mucha cautela. No es casualidad que en un espacio de tiempo relativamente breve hayamos asistido a desarrollos intelectuales sin precedentes, que han tenido su reflejo en sucesivos cambios doctrinales. Nociones como las de «Guerra en red» y «Guerra centrada en redes», «Guerra híbridas» o «Guerras de nueva generación» en las décadas anteriores y más recientemente los de «Guerra Multidominio» o «Guerra Mosaico» no son, en última instancia, más que intentos de aproximación a un momento de cambio profundo. Un periodo en el que se ha venido gestando -todavía está en marcha- auténtica Revolución Militar que amenaza con alterar radicalmente mucho de lo que damos por sentado respecto a la guerra, a la forma de combatir y como consecuencia, de plantear los programas militares.

En este maremágnum de cambios, la industria de defensa, especialmente las empresas plataformistas, así como los planificadores militares españoles y europeos, llevan años moviéndose en la cuerda floja. En primer lugar, porque hacer prospectiva es cada vez más complejo. A los avances tecnológicos y sus posibles aplicaciones al terreno bélico han de sumarse la necesidad de adelantar de qué nuevas y sorprendentes formas podrán utilizarse armamentos y sistemas ya en uso, tanto de forma independiente, como combinados con los nuevos desarrollos. En segundo lugar, porque el proceso de conceptualización, diseño, pruebas, producción y entrada en servicio de los nuevos sistemas de armas y plataformas exige de recursos ingentes y tiempo, especialmente tiempo, medido en demasiadas ocasiones en décadas[15]. Esto es algo que debe cambiar y que no solo afecta a España, sino a la UE en su conjunto, pues la Revolución Militar ha tomado al continente con el paso cambiado en muchos aspectos. No hay más que atender a lo que ocurre con algunos proyectos PESCO, que siguen en marcha pese a no lograr avances, únicamente porque existe un miedo irracional a admitir el fracaso, cuando la aproximación adecuada pasaría por dar marcha atrás tras las primeras evaluaciones negativas, reasignando los recursos a otros más prometedores.

A pesar de que en relación con el Eurofighter o el Rafale el FCAS sí presenta un salto evolutivo, en términos relativos, es decir, frente a la posible competencia, no aporta nada sustancialmente nuevo. De hecho, muchas de las posibilidades que podría llegar a ofrecer si el programa llega a buen puerto, en realidad ya están siendo implementadas por los Estados Unidos a día de hoy. Fuente – Airbus.

 

 

La Revolución Militar en marcha

Los estudiosos, en su mayor parte anglosajones, llevan teorizando desde finales de los años 80 y principios de los 90 sobre las consecuencias de los cambios tecnológicos que estaban afectando a la forma de hacer la guerra ya por entonces. Incluso los soviéticos -de hecho, con cierta antelación de la mano de Nikolai Ogarkov[16]– habían hablado sobre ello. Cambios que en su mayoría se iniciaron con la puesta en marcha por parte del Gobierno estadounidense de la Segunda Estrategia de Compensación tras la derrota sufrida en Vietnam y la necesidad de compensar gracias a mejoras cualitativas la enorme superioridad numérica del Ejército Rojo en Europa Occidental. El desarrollo de tecnologías de comunicaciones satelitales, de sistemas de guiado, de nuevas armas y sistemas de armas más capaces, las mejoras en computación asociadas a la llegada los microprocesadores y la aparición de nuevas doctrinas como la Air-Land Battle demostraron su validez durante la operación “Tormenta del desierto” en Irak. Se comenzó así a hablar de una incipiente “Revolución en los Asuntos Militares de la Información”, un concepto cuestionado y cuestionable.

La perspectiva que ofrece el tiempo nos permite ahora ver tanto los 80 y 90 como la primera década del  siglo XXI bajo otra luz. Por supuesto, no pretendemos demostrarlo en un artículo de unos pocos miles de palabras y dedicado a otro tema, pero sí hacer notar que son muchos los factores que indican que nos encontramos ante una Revolución Militar en toda regla y no ante una “simple” Revolución en los Asuntos Militares, término mucho más acotado y de implicaciones menores[17]. Así, los cambios vistos desde “Tormenta del desierto”, que siguieron profundizándose durante la época de la “Transformación Militar”, no serían más que la punta del iceberg de un proceso mucho más amplio y profundo. Una Revolución Militar en la que tanto la forma de luchar, como las tecnologías clave en el campo de batalla o la relación entre la sociedad, la economía, la industria y el fenómeno guerra están cambiando como no lo habían hecho desde los inicios de la Edad Moderna.

Como en todos los procesos de cambio de tal calado, no se trata de algo lineal, sino que funciona a pequeños saltos, en función de la aparición de avances subsidiarios. De esta forma, únicamente el paso del tiempo permite observar el fenómeno en su conjunto e identificarlo. Así, en el caso de la Revolución Militar de la Pólvora, a ella se asociaron cambios en la construcción naval para incorporar cañones en los costados de los buques, cambios en la producción para abastecer la demanda de arcabuces, cañones o la propia pólvora, cambios doctrinales para sacar el mejor partido a las nuevas armas, cambios en la construcción, como la traza italiana, para protegerse de eéstas, la llegada de los primeros ejércitos nacionales;, pues los Estados modernos eran los únicos que podían costear todo lo anterior, etc. En consecuencia, los cambios asociados a la llegada de la pólvora fueron mucho más allá del ámbito militar hasta afectar a la economía o la sociedad. Sin embargo, para un chino que viviera en el año 1402 o un europeo que lo hiciese setenta años más tarde, a pesar de que las armas de fuego ya eran una realidad, nada de lo que hemos contado le parecía evidente. Solo el paso del tiempo permitiría que la acumulación de cambios llevase al perfeccionamiento del mecanismo de disparo de los arcabuces, a los desarrollos doctrinales que alumbraron el Gran Capitán o Gustavo II Adolfo, a la aparición del navío de línea o a las fortificaciones diseñadas por Vauban.

En el tiempo que nos ha tocado vivir se está produciendo un fenómeno parecido. Como hemos dicho, desde los años 80 se viene teorizando sobre los cambios a los que estamos asistiendo, pero solo en fechas muy recientes comenzamos a ver con claridad algunos de los indicios que nos hablan de una Revolución Militar en ciernes fundamentada sobre la trinidad de información, precisión y velocidad[18]. El cambio técnico fundamental sobre el que se asienta, es sin duda la posibilidad de obtener, gestionar y utilizar en beneficio propio ingentes cantidades de información, acelerando así el conocido como ciclo de Boyd o bucle OODA. El catalizador del fenómeno es la aparición de ciertas tecnologías, especialmente la Inteligencia Artificial, pero también de otras asociadas, como las mejoras en computación, comunicaciones, Big Data, etcétera, que hacen posible gestionar y aprovechar la información obtenida. Los cambios, como están demostrando los últimos conflictos, van más allá de mejoras incrementales en la forma de guerrear, para afectar a la industria de defensa, a las doctrinas y al conjunto de la sociedad. Esta última, gracias a Internet y a la generalización de los móviles inteligentes tiene por primera vez la posibilidad de asistir al desarrollo de las operaciones bélicas casi en tiempo real, pero también de organizarse contra la guerra o de verse influenciada por campañas de desinformación de una forma que hasta ahora no habíamos visto. También en el plano doctrinal e intelectual los avances en cuanto a guerra multidominio y mosaico concebidos por la agencia estadounidense DARPA prometen dar cohesión y sentido a todos estos avances, integrándolos dentro de un marco teórico que permita su correcta explotación.

En términos militares, que es lo que nos ocupa, la Revolución Militar en ciernes está marcada, entre otras cosas, por el fin del paradigma plataforma-céntrico, en beneficio de otro basado en el concepto de “sistema de sistemas”. Sin que esto suponga que las grandes plataformas, como los carros de combate, los vehículos de combate de infantería, los aviones de combate o los buques de guerra desaparezcan, sí asistiremos a una distribución de los sensores y armas que hasta ahora incorporaban en plataformas más pequeñas y baratas, multiplicando la letalidad en virtud de la Ley del Cuadrado de Lanchester[19]. De esta forma los dilemas del enemigo crecerán exponencialmente al verse atacado desde múltiples puntos y podrá obtenerse todo el partido posible de la capacidad de gestionar el gran volumen de datos recogido por sensores sobre el terreno, en el aire e incluso orbitando por el espacio. Hasta aquí la parte “fácil” de adaptarse a la Revolución Militar en marcha. Es decir, la parte teórica relacionada con el paso de las plataformas a los sistemas y de lo monolítico a lo desagregado. La parte difícil tiene que ver con el ritmo de iteración.

La Ley del Cuadrado de Lanchester nos dice que el poder de combate es proporcional al cuadrado del tamaño relativo de las fuerzas enfrentadas. Es decir, que si disponemos de una fuerza numérica que doble a la del enemigo, contaremos con una capacidad destructiva cuatro veces mayor que la suya. Fuente – Paul Scharre y James Marshall.

En épocas pretéritas, la dificultad de comunicarse y de acometer viajes largos y el hecho de que muchos métodos de fabricación fuesen manuales y dependiesen de un puñado de artesanos muy especializados, dificultaba el proceso de difusión tecnológica. La pólvora, como otros adelantos, aunque se generalizó relativamente rápido una vez llegó de Asia a Europa, requirió literalmente de siglos hasta dar lugar a armas, doctrinas y orgánicas capaces de aprovechar todo su potencial. En tiempos de la Revolución Industrial, este plazo se acortó sensiblemente. El espacio de tiempo entre que el Imperio Británico puso en servicio los primeros tanques y que estos pasaron a ser de uso común entre ejércitos de toda Europa, en los Estados Unidos e incluso en Japón, fue de poco más de una década. Lo mismo con el avión y con muchos otros avances. Los nuevos medios de comunicación, la posibilidad de que espías, ingenieros, agregados militares transfiriesen información sobre los avances de aliados o rivales mediante telégrafo o radio, o incluso presencialmente gracias al avión y el dirigible, o los buques a motor. Poder evaluar en casi todo momento los avances del resto, permitía a su vez diseñar e implementar mejoras en los desarrollos propios con una velocidad nunca vista. Hoy en día, huelga decirlo, esta tendencia se ha venido profundizando, en íntima relación con la revolución vivida en las telecomunicaciones, pero también en los medios de transporte. La consecuencia es clara: el campo de batalla moderno es testigo de cómo los desarrollos en algunos ámbitos se suceden a velocidad de vértigo y también de cómo las contramedidas destinadas a combatirlos aparecen a un ritmo comparable.

En virtud de todo lo anterior, hemos llegado a un punto en el que los programas militares a décadas vista, tienen cada vez menos sentido, algo que está condicionando ya las decisiones de los planificadores militares. No hay más que ver lo ocurrido en los Estados Unidos con el programa F-35 y el cambio de concepto que supone su sucesor, el NGAD (Next Generation Air Dominance). En este último caso, lejos de intentar repetir la experiencia del Lightning II, que ha sido un quebradero de cabeza debido a la complejidad de integrar sobre un mismo diseño los requisitos de los Marines, la Armada y la Fuerza Aérea, buscarán aumentar el ritmo de iteración en base a diseños más sencillos. De esta forma esperan poder introducir cambios incrementales en la plataforma base, pero también en los aparatos no tripulados que conformen junto a ella el sistema de sistemas, adaptándose lo más rápido posible a los cambios en el campo de batalla, facilitando la gestión del programa, retirando cargas de los hombros de la industria y seguramente, ahorrando dinero. Además, con la ventaja de evadir por una parte las Leyes de Augustine y por otra de evitar inercias, de forma que el programa no se convierta, como ocurrió con el Joint Strike Fighter en un programa “too big to fail”. Dicho de otra forma, intentarán perseguir únicamente objetivos alcanzables a corto y medio plazo, en lugar de poner las esperanzas en un diseño revolucionario en el momento de su concepción, pero que sea tan difícil de materializar que llegue desfasado al momento de entrada en servicio. Es más, la intención es contar convertir el NGAD en una capacidad real antes de 2030[20]. Esto es, ni más ni menos, lo contrario de lo que está ocurriendo con el FCAS, como veremos a continuación. Además, nuestros aliados anglosajones están poniendo buena parte del énfasis en los UCAV y UAV acompañantes, que es seguramente en donde radique en el futuro el grueso del mercado…

Con el NGAD, los Estados Unidos apuestan por programa que, en lugar de estar listo a décadas vista, pueda introducirse rápidamente y evolucionándose sobre la marcha, beneficiándose de un alto ritmo de iteración. En la imagen, publicada en su día por la USAF, pretenden mostrar cómo incluso algo aparentemente tan poco dado al cambio como el tren de aterrizaje, podrá ir evolucionando e integrándose en la plataforma tripulada según vayan implementándose mejoras en su diseño. Lo mismo sería aplicable a los motores, el armamento, los drones que lo acompañen o incluso la posibilidad de renunciar al piloto, entre muchas otras cosas. Fuente – USAF.

Los múltiples problemas del FCAS

El FCAS nace con la intención declarada de ser un “sistema de sistemas” en el que se integren plataformas tripuladas y no tripuladas, nuevas armas, sistemas de reconocimiento, alerta temprana, etcétera. Hasta aquí, todo bien, pues se pone el acento en la integración entre plataformas tripuladas y no tripuladas, armas, sensores y en la arquitectura de comunicaciones que lo haga todo posible. Sin embargo, pese a que el programa y sus antecesores llevan años en marcha, todavía no han logrado acordar siquiera algunos de los aspectos cruciales, como el tipo exacto de aparato tripulado a desarrollar, siendo este un punto crítico, ya que será el nodo central del sistema. Así, pese a que nominalmente buscan contar con un cazabombardero de 6ª generación (lo que no deja de ser una forma de reconocer los retrasos, ya que el programa nació para dotar a las Fuerzas Aéreas europeas de un aparato de 5ª), las características básicas están todavía por definir. De hecho, el último contrato asignado para el programa NGWS/FCAS, el pasado 28 de septiembre, tiene como objetivo declarado[21]:

“[…] colaborar en el desarrollo del Concepto de Operaciones (CONOPS), investigando posibles evoluciones de los retos de la Defensa Nacional, en el dominio de responsabilidad del Ejército del Aire, y detallando posibles soluciones para afrontarlos”.

Así, según el texto del Ministerio de Defensa de España:

“Las investigaciones que se realicen durante la ejecución de este contrato permitirán que el Concepto de Operaciones resultante ayude en la definición del programa NGWS/FCAS en sus próximas etapas de maduración de tecnologías y desarrollo de demostradores”.

Lo que en la práctica quiere decir que todavía no se conoce ni siquiera cómo se empleará el sistema resultante. Esto, en sí mismo, no es malo. Muchos proyectos comienzan así y deben superar distintas fases de definición antes de tener una idea clara de lo que el producto final debería ser. Ahora bien, que sea el proceder tradicional en programas de esta entidad no quiere decir que sea lo correcto por las razones que hemos esgrimido al hablar sobre la Revolución Militar en ciernes, ni tampoco que se esté haciendo a tiempo. De hecho, todo indica que vamos tarde, muy tarde.

El FCAS, no hay más que ver imágenes oficiales de Airbus como la que sirve de portada a este artículo o la documentación pública sobre el programa, no parece ofrecer nada radicalmente nuevo no ya de cara a 2050, sino ni siquiera de cara a 2030. De hecho, a tenor de las imágenes, los diagramas oficiales y la escasa información que trasciende, no parece ir más allá de lo que ofrecería por ejemplo un cazabombardero Lockheed Martin F-35 Lightning II[22] operando junto a varios Loyal Wingman como los que Australia tiene en pruebas[23]. Es decir, que cabe la posibilidad de que el FCAS, tal cual está planteado, llegue incluso con décadas de retraso, lo mismo que ya está ocurriendo con otro programa polémico, el Euromale;, un sistema que si finalmente cuaja, ofrecerá hacia 2030 algo que en Estados Unidos llevan décadas utilizando[24].

Con todo, aún estamos lejos de esa fase. Antes de llegar ahí toca como hemos dicho definir cada componente del programa y llegar a un acuerdo sobre la plataforma tripulada, denominada NGF o New Generation Fighter. Este es el aspecto más conflictivo por ahora[25] a causa de las ambiciones de cada parte relativas al reparto industrial, así como a las particulares necesidades francesas. Recordemos que Francia, al disponer de un portaaviones CATOBAR en servicio y tener otro en fase de diseño, exige que el avión resultante pueda ser embarcable, algo que va en contra de los intereses españoles y alemanes y complica y encarece el proyecto[26]. También que pese a existir un acuerdo relativo a las áreas que lidera cada nación dentro del programa, las discusiones entre socios por detalles menores siguen a la orden del día y el acuerdo definitivo sobre el reparto industrial llegará mucho más adelante, posiblemente hacia 2026[27]. Eso por no hablar de las disputas relativas a las futuras exportaciones[28] -si es que logran un producto comercialmente viable- que han lastrado las negociaciones entre Francia y Alemania no solo relativas a este programa, sino a otros como el futuro MGCS. Respecto a este último, es importante señalar también que la negociación entre ambos estados respecto al FCAS y el MGCS ha estado ligada en todo momento, de tal forma que llegaron a un acuerdo de participación industrial 50/50, pero con el liderazgo francés en el componente aeroespacial y alemán en el componente terrestre[29].

La cuestión no es baladí, pues la integración de España en el programa FCAS, aunque ha permitido la entrada de un buen número de empresas nacionales en el proyecto como GMV, Sener o Tecnobit además de la propia Indra[30], se ha hecho de forma forzada. Así, aunque parece un hecho aceptado ya por el gigante europeo (a cambio de importantes compensaciones cuyo coste debería sumarse al del programa)[31], sigue levantando ampollas la elección por parte del Gobierno de España de Indra como coordinador nacional industrial en detrimento de Airbus España. Una decisión que se tomó en 2019[32] con el apoyo de Dassault (que no quería que Airbus liderase la parte alemana y española), que provocó airadas protestas y la puesta en práctica de todo el poder de lobby de la multinacional y que a su vez dio inicio a una serie de cambios tectónicos en la arquitectura de la industria española de defensa.

También en relación con el reparto industrial, cabe mencionar otro aspecto crítico: los costes de transacción. Al igual que ocurriese con otros programas europeos como el helicóptero de ataque Tigre, el helicóptero polivalente NH-90, el avión de combate EF-2000 Typhoon o el avión de transporte A-400M, en el caso del FCAS se incurre en unos enormes costes de transacción relacionados con la negociación y la decisión. Dicho de otra forma, la necesidad de ofrecer retornos a cada uno de los socios, el distinto peso de cada uno de ellos dentro de los programas, la localización de la producción en plantas que en ocasiones no son las óptimas o la necesidad de transportar piezas entre ellas cuando podría realizarse todo el montaje en una única instalación, son consecuencias indeseables derivadas de los acuerdos políticos iniciales. El resultado es pernicioso en varios sentidos. Por una parte, encarecen el precio del producto final, que debe incluir los costes de transacción. Por otra, el reparto industrial, al no obedecer a razones puramente económicas sino políticas, termina dando como resultado la instalación de plantas de producción en tal o cual lugar que después han de recibir carga de trabajo para mantenerse en marcha, a riesgo de perder lo invertido, creando servidumbres. Por último, este tipo de programas obligan a los participantes a adquirir un número en ocasiones excesivo de plataformas para asegurarse bien que sea comercialmente viable gracias a las economías de escala, bien que el porcentaje de participación en el proyecto sea el deseado.

En resumen, el FCAS, como ha venido ocurriendo y ocurre con otros programas europeos, adolece de serios problemas relacionados con la inclusión de requisitos en ocasiones incompatibles, las negociaciones interminables, la indefinición, los costes de transacción y, en resumen, pues todo lo anterior siempre se materializa de la misma forma, de sobrecostes, de plazos de desarrollo excesivos y en la mayoría de los casos, retrasos. Esto, que en otra época no muy lejana no era tan relevante -al fin y al cabo, Europa ha alumbrado productos magníficos como el propio Eurofighter– supone un riesgo inasumible en un periodo de Revolución Militar como el actual. Por ende, la solución lógica no pasa por programas interminables en los que los socios terminan por hacer inversiones tales que pasado un tiempo hacen imposible retirarse, sino por proyectos mucho más asequibles, en muchos casos basados en plataformas legacy, aunque también podrían ser de nuevo cuño siempre que el riesgo tecnológico sea asumible y permitan un ritmo de iteración muy alto. Lo crucial, en tiempos de incertidumbre, es que en ningún momento los participantes pierdan la libertad de maniobra debido a las inercias o a haber acometido una apuesta demasiado alta viéndose inexorablemente anclados a programas erróneos.

El programa Tigre es un buen ejemplo de todo lo que puede salir mal en un programa multinacional: un producto excesivamente caro debido a los costes de transacción y al reparto industrial, así como a la inclusión de requisitos incompatibles, lo que llevó al desarrollo de un número ilógico de variantes, del que se adquirió un número excesivo (no en relación con las necesidades) de unidades que posteriormente terminaron en parte en tierra por falta de fondos para el ciclo de vida y la operación, sometido a una modernización extremadamente onerosa y sin una alternativa viable al haberse transformado en un imperativo industrial y militar.

El difícil futuro de la industria española de defensa

En alguna ocasión hemos hablado sobre la necesidad de acometer cambios en la “arquitectura” de la industria de defensa en España[33], de forma que esté en condiciones de enfrentarse con garantías a la Revolución Militar en marcha. Además, las decisiones que se tomen, deberán tomar en cuenta no solo la Revolución Militar que estamos viviendo, sino un segundo factor que condiciona todo el proceso: el reciente impulso a la integración europea en materia de defensa. Desde la puesta en marcha de la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO) y especialmente ahora que la Guerra de Ucrania ha demostrado que una guerra convencional y de alta intensidad es posible en Europa, sacando de paso a la luz las carencias de la UE en esta materia, en Bruselas han dado pasos firmes, aunque insuficientes, para profundizar en la Defensa común. Más allá de los proyectos PESCO o de la dotación del EDF (European Defence Fund) , a medio plazo se espera retomar la senda de la integración industrial, creando unas pocas corporaciones a imagen y semejanza de Airbus, capaces teóricamente dados su tamaño y recursos, de competir con las empresas anglosajonas o, cada vez más, asiáticas.

Para asegurar el futuro del sector, hemos de tener en cuenta que somos una potencia media, con una inversión en defensa ridícula en comparación con algunos de nuestros socios y sin vocación de aumentarla a esos niveles[34]. También que nuestro tejido industrial está totalmente disociado entre 1) dos empresas grandes -Airbus España y Navantia- pero sin el tamaño necesario por sí mismas para igualarse a los grandes gigantes europeos y mundiales y; 2) un gran grupo de empresas medianas y pequeñas, todas ellas con una vocación exportadora clara. Es decir, que no estamos en posición de competir en igualdad de condiciones con nuestros socios europeos, que sí disponen de verdaderos “campeones nacionales”, pero tampoco de integrar nuestra industria en conglomerados europeos sin repetir los errores cometidos a la entrada en EADS. Por lo tanto, es imperativo tomar medidas drásticas. Medidas que, en lo posible, permitan aprovechar en beneficio del interés nacional las tendencias que hemos ido señalando a lo largo del texto en base a nuestras fortalezas, que no son pocas.

En este sentido, son dos las opciones básicas entre las que elegir, como plantea el exministro de Defensa Julián García Vargas: la especialización en nichos muy específicos o la concentración[35]. Dicho de otra forma, España puede optar por dos soluciones de cara a asegurar el futuro de su base industrial y tecnológica de la defensa:

  • La primera supondría centrarse en sectores concretos en los que podamos añadir un valor añadido o tengamos una ventaja diferencial respecto a la competencia. Es algo que podría hacerse en base a empresas con productos muy específicos y demandados como ocurre con los lanzagranadas de Instalaza, los sonares o minas navales de SAES o los VLTT de Urovesa. También en base capacidades específicas de fabricación que otorguen polivalencia, como pasa con Escribano Mechanical & Engineering (EM&E) o MTorres. Incluso prestando servicios de ingeniería, algo que hacen desde Sener a Grupo Oesía pasando por Técnicas Reunidas o ISDEFE, aunque este último sea un caso particular.
  • La segunda pasaría por intentar asimilarnos a Alemania, Francia o Italia disponiendo de uno o varios “campeones nacionales” tal y como ocurre con Airbus (del que controlamos una parte ínfima), Safran, Dassault, Naval Group, Fincantieri, Leonardo, Thales, Rheinmetal o MBDA, por poner solo los ejemplos más conocidos. Esto permitiría, sobre el papel, integrarnos en los futuros grupos europeos que vayan surgiendo a imagen y semejanza de Airbus en otros ámbitos, como el naval, entrando a formar parte de un proceso que ya han iniciado Naval Group y Fincantieri con Naviris[36]. Ahora bien, en el caso de España es dudoso que esto ocurra en igualdad de condiciones, dado que las empresas que podemos aspirar a integrar son de un tamaño sensiblemente menor al de otras empresas y conglomerados transpirenaicos[37]. Esto es último aplicable a Navantia, pero también a Indra.

Sin embargo, ni son opciones completamente excluyentes como advierte el exministro Vargas en el mismo texto, ni tampoco únicas. En realidad, hay otras posibilidades que merecen ser exploradas y que se ajustan mejor al doble objetivo de subirse al carro de la Revolución Militar por una parte y de mantenerse dentro del grupo de cabeza en lo que concierne a la UE, en última instancia el objetivo clave en términos industriales. Esto, en el caso español pasan por seguir impulsando las empresas de pequeño y mediano tamaño, que constituyen la base del tejido industrial de defensa en el país, mientras se apuesta por lo que podríamos llamar una “arquitectura variable”.

El lector debe entender que un periodo de incertidumbre como el actual, el aspecto que marcará la diferencia entre quienes sobrevivan y quienes queden atrás será la capacidad de responder con celeridad a los cambios, más que la de diseñar y producir sistemas o plataformas “state of the art” cayendo en la trampa del “armamento barroco”[38]. Esto requiere, por una parte, de un continuo flujo de nuevas ideas, lo que a su vez necesita de un ambiente propicio: 1) un ecosistema industrial volcado en la innovación; 2) que no arrastre lastres como pueden ser algunas culturas corporativas e institucional; 3) que no padezca la capacidad de lobby de empresas tan grandes que se conviertan en un lastre a la innovación al imponer proyectos que quizá no son los más adecuados y; 4) en el que los escasos recursos se destinen a maximizar las posibilidades del conjunto y no de unos pocos.

Explicado mucho más gráficamente, y remontándonos al ejemplo que pusimos al principio sobre el carro de combate frente al centenar de ATGM, no podemos caer en el error de concentrarnos en una o dos empresas arriesgándonos a que sus proyectos no cuajen, sino que debemos repartir las apuestas entre un número mucho mayor. De esta forma, y asumiendo que muchos de los programas puedan no llegar a nada, maximizaremos las posibilidades de que al menos algunos de ellos se conviertan en un éxito mientras mantenemos un volumen constante y variado de nuevos proyectos.

Respecto a la “arquitectura variable”, se trata simple y llanamente de seguir estableciendo las condiciones (incluyendo incentivos y apoyo político) para que estas empresas puedan, llegado el caso formar alianzas, consorcios, joint ventures o la figura que mejor se adapte a cada necesidad, para concurrir juntas a concursos o para desarrollar nuevos productos aprovechando las fortalezas de cada una de ellas. Esto último debe realizarse además tanto dentro del propio país, entre empresas nacionales, como de cara al exterior, favoreciendo que puedan establecer contactos con otras firmas del continente, algo en lo que todavía tenemos mucho camino por recorrer.

Es perentorio comprender que incluso en el caso de las plataformas más grandes y complejas, como el propio FCAS o los submarinos, la tendencia favorece a la desagregación y a la reducción del riesgo tecnológico y la complejidad mientras se mantiene un alto ritmo de iteración. Esto último lo estamos viendo por ejemplo con el programa XLUUV estadounidense, que promete ser capaz de poner en el agua entre una decena y una veintena de submarinos no tripulados por el precio de cada SBN clase Virginia o con la comparación entre los drones suicidas HESA Shaheed-136 iraníes empleados por Rusia en Ucrania y cada misil balístico Iskander, más de cincuenta veces más caro. Ambos son ejemplos de lo que está por venir y de lo que el FCAS, tal cual ha sido planteado y pese a adoptar algunos conceptos importantes como el uso de drones esclavos alrededor de una plataforma principal, es la antítesis. Lo es dada la complejidad del programa y el riesgo tecnológico e industrial, especialmente para una España que no puede jugarse el futuro de su industria a una carta.

El programa XLUUV de la US Navy busca un submarino capaz de realizar patrullas oceánicas de forma autónoma. Por el coste de un único submarino de la clase Virginia, podrán ponerse en servicio entre 50 y 70 de estos ingenios. Esto no quiere decir que los grandes SSN de ataque vayan a desaparecer, pero sí que su papel cambiará y que su número se reducirá pasando parte del protagonismo a sistemas como el XLUUV y similares. Fuente – Boeing.

La apuesta por Indra: la creación forzada de un “campeón nacional” en detrimento de la industria de defensa y de los intereses de las Fuerzas Armadas

Todo lo anterior nos lleva una vez más a Indra. La empresa española está atravesando desde principios del verano una etapa crítica. Los intentos del Gobierno por hacer de ella un “campeón nacional” en el sector de la Defensa, cuando menos de un cuarto de su facturación procedía de este sector, han servido para dar a la prensa jugosos titulares. No solo chocaron con la resistencia de parte de los accionistas tradicionales, como Amber Capital, sino que han costado una crisis sin precedentes en la Junta Directiva que no se ha logrado solucionar, y solo provisionalmente, hasta fechas muy recientes [39]. Todo por tratar de hacer de una empresa tecnológica, con una cartera amplia y diversificada, un gigante de la defensa a marchas forzadas, lo que implica una enorme dependencia respecto del programa FCAS.

Indra es una empresa que factura más de 4.000 millones de euros al año, que participa en multitud de sectores más allá de la defensa y que en esta etapa temprana del FCAS todavía tiene otras opciones de crecimiento, incluso dentro de este sector. Diferente será en el caso de que la apuesta ciega por el FCAS termine por ligar completamente el futuro de Indra a dicho programa. No olvidemos que el valor total del mismo, incluyendo la compra de los aparatos y el ciclo de vida podría ascender a entre 50.000 y 80.000[40] millones de euros, de los que un tercio deberían ser aportados por España, obteniendo unos retornos equivalentes. A diferencia de Airbus, con un tamaño mucho mayor además de con un negocio centrado en la producción civil o Dassault, que sí o sí producirá, aunque sea en solitario, las futuras aeronaves francesas al ser plataformista, la apuesta del Ejecutivo parece no incluir un plan B.

Todo lo anterior liga inexorablemente el futuro de Indra en el sector al programa FCAS, convirtiéndolo para España precisamente en aquello que hay que evitar a toda costa: un programa “too big to fail”. De esta forma, si finalmente Francia o Alemania se echan para atrás -y el riesgo no es baladí-, una empresa que antes apostaba por la diversificación estará en una situación crítica, llevándose de paso en su caída buena parte de las esperanzas españolas de mantenerse en el “grupo de los 4”[41] dentro de la Europa de la Defensa.

Es decir, que hemos llegado a una situación, una vez más, en la que el interés nacional mal entendido se ha transformado en el interés de una única empresa -e incluso eso es discutible pues podría suponer un problema para la misma- y ha sido puesto por encima de los intereses del conjunto de la industria de defensa. Pero aún, por encima del interés de las Fuerzas Armadas, que necesitan de soluciones a corto y medio plazo frente a la baja irremediable de algunos modelos.

Seamos francos: Indra debería tener un papel central en el ecosistema industrial español de la defensa. En este sentido, su función, ya que es una empresa controlada por el Gobierno, debería ser de arrastre, permitiendo que las empresas medianas y pequeñas puedan colaborar con ella en multitud de programas, pero en ningún caso eclipsándolas. Desgraciadamente, el empeño en hacer que Indra crezca rápidamente está provocando un efecto contrario al deseado. En lugar de actuar como vector que permita beneficiar al conjunto del tejido industrial de la defensa, Indra está restando oportunidades a la “clase media”. Es algo que está ocurriendo ya, sin ir más lejos en la UE, en donde Indra concurre con el apoyo del Estado a los diversos programas y a la “caza” de fondos comunitarios, lo que indirectamente provoca que empresas privadas que no cuentan con el mismo aval gubernamental, terminen excluidas. Todo por mor de convertir a la cotizada en ese “campeón nacional” del que hemos hablado, algo que debería ser el medio para un fin -satisfacer las necesidades de las Fuerzas Armadas y favorecer a largo plazo la situación del conjunto de la industria de defensa en España- y no un fin en sí mismo.

Dicho todo lo anterior, en ningún caso debemos olvidar que nuestras Fuerzas Armadas son el usuario final de productos como los que debería alumbrar el programa FCAS/NGWS. Unas Fuerzas Armadas que tienen problemas inmediatos de obsolescencia y pérdida de capacidades y que se están enfrentando ya a una situación cada vez más tensa e inestable en el Estrecho de Gibraltar, nuestra máxima preocupación ahora mismo, más allá de Ucrania o cualquier otro escenario. La única solución a corto y medio plazo no es otra que el F-35, que deberá ser adquirido en una cantidad pequeña pero razonable para cubrir las necesidades de la Armada y del Ejército del Aire. Por más que no podamos entrar como socios industriales, pues ya perdimos ese tren, una compra semejante siempre se negocia ad hoc e implica retornos tecnológicos e industriales que podrían ser sustanciosos, también para Indra, mientras se piensa en cómo reenfocar el programa FCAS. Recordemos que Alemania está tramitando la adquisición de 35 F-35[42], que Francia amenaza con desarrollar su propio cazabombardero en solitario y que por más que los tres socios necesiten una solución a largo plazo, el FCAS no parece ofrecerla.

Mientras Francia, España y Alemania piensan en términos de 2040 o 2050, los Estados Unidos y Australia entre otros están adelantándose al mercado y desarrollando alguno de los sistemas que tendrán mayor protagonismo en la segunda mitad de esta década y en las siguientes. Fuente – Boeing Australia.

Conclusiones

Por más que este sea un artículo de opinión, creemos haber demostrado que: 1) el FCAS es un proyecto con un riesgo tecnológico, industrial y financiero demasiado alto en un escenario de gran incertidumbre motivado por el proceso de Revolución Militar; 2) la apuesta por transformar a Indra en un “campeón nacional” del sector de la Defensa, haciéndola para ello dependiente del programa FCAS y a expensas de los intereses de las propias Fuerzas Armadas, es un error; 3) existe un gran riesgo de que la voluntad de convertir a Indra en la empresa española de referencia en Defensa tenga un impacto negativo sobre las empresas medianas y pequeñas que constituyen nuestra base industrial, lastrando el futuro de todo el sector; 4) hay alternativas viables y lógicas que deberían ser adoptadas y que permiten un win-win incluso para la propia Indra.

Dicho esto, consideramos que el Gobierno, pese a que se entienden algunas de las razones tras las últimas decisiones, está errando por completo el tiro con el Programa FCAS. Es momento de parar, hacer una evaluación en profundidad del contexto en el que nos movemos, de las fortalezas y debilidades de nuestra industria de defensa, de las necesidades a corto, medio y largo plazo de las Fuerzas Armadas y, llegado el caso, de no repetir errores recientes, embarcándonos en proyectos que no son too big to fail, sino simple y llanamente to big to stand.

Bibliografía y fuentes

[1] El Programa Europeo de Adquisición de Tecnología (ETAP) selecciona las variantes del FCAS más prometedoras (4 de noviembre de 2013).  Portal de Tecnología e Innovación del Ministerio de Defensa. 

https://www.tecnologiaeinnovacion.defensa.gob.es/es-es/Contenido/Paginas/detallenoticia.aspx?noticiaID=77

[2] Jiménez, H. (2020). Participación de la Industria de Defensa española y/o europea en el FCAS (Future Combat Air System). Universidad Complutense de Madrid. [Trabajo de Fin de Máster] https://bibliotecavirtual.defensa.gob.es/BVMDefensa/es/consulta/registro.do?id=82112

[3] Pannier, A. (2020). Complémentarité ou concurrence? La coopération franco-britannique et l’horizon européen de la défense française. Institute Français des Relations Internationales (IFRI), Focus stratégique, 96. Complémentarité ou concurrence ? La coopération franco-britannique et l’horizon européen de la défense française | IFRI – Institut français des relations internationales

[4] The Future Combat Air System is a key instrument in ensuring future European autonomy and sovereignty in defence & security (s.f.). Airbus. https://www.airbus.com/en/products-services/defence/multi-domain-superiority/future-combat-air-system-fcas

[5] Airbus and Dassault Aviation sign Joint Concept Study contract for Future Combat Air System (6 de febrero de 2019). Globe Newswire. https://www.globenewswire.com/news-release/2019/02/06/1711648/0/en/Airbus-and-Dassault-Aviation-sign-Joint-Concept-Study-contract-for-Future-Combat-Air-System.html

[6] Pons, J. (2019). NGWS, un Proyecto de Estado. Revista Española de Defensa, pp. 40-43. https://www.defensa.gob.es/Galerias/gabinete/red/2019/07/p-40-43-red-363-fcas.pdf

[7] Oliver, D. (2021). Europe’s Competing Future Combat Air Systems. EDR Magazine, 59. https://issuu.com/edrmag/docs/edr_59_-_web/s/13381032

[8]  Rapport d’information n° 642 (2019-2020) de M. Ronan LE GLEUT et Mme Hélène CONWAY-MOURET, déposé le 15 juillet 2020. http://www.senat.fr/rap/r19-642-4/r19-642-40.html

[9] Jornada Future Combat Air System (FCAS) organizada por la Fundación Círculo de Tecnologías para la Defensa y la Seguridad, Madrid 22 de octubre de 2013. https://www.ieee.es/Galerias/fichero/OtrasActividades/2013/FundacionCirculo_JornadaFutureCombatAirSystem_xFACSx_22oct2013.pdf

[10] El Futuro Sistema de Combate Aéreo combinará aviones tripulados y UAV (25 de octubre de 2013). Defensa.com.https://www.defensa.com/espana/futuro-sistema-combate-aereo-combinara-aviones-tripulados-uav

[11] Colom, G. (2021). El planeamiento de la defensa en España. Navegando hacia el horizonte 2035 con una pesada mochila. Instituto Español de Estudios Estratégicos, Documento de Opinión 121/2021.https://www.ieee.es/contenido/noticias/2021/10/DIEEEO121_2021_GUICOL_Planeamiento.html

[12] Ministerio de Defensa (2020). Estrategia de Innovación para la Defensa ETID – 2020. Ministerio de Defensa, Secretaría General Técnica. https://publicaciones.defensa.gob.es/estrategia-de-tecnologia-e-innovacion-para-la-defensa-etid-2020-libros-pdf.html

[13] Charpentreau, C. (9 de junio de 2022). No FCAS before 2050, says Dassault CEO. Aerotime. https://www.aerotime.aero/articles/31260-no-fcas-before-2050-dassault

[14] Colom, G. (2020). Una mirada hacia el futuro: el entorno operativo 2035 y el diseño de la fuerza futura. Instituto Español de Estudios Estratégicos, Documento de Opinión 156/2020. https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_opinion/2020/DIEEEO156_2020GUICOL_EntornoOperativo.pdf

[15] Villanueva, C. (2021). La industria española de defensa ante los nuevos conflictos: capacidades a aportar. Revista    de    Estudios    en    Seguridad    Internacional, 7 (2), pp. 63-81. http://dx.doi.org/10.18847/1.14.4

[16] Kofman, M. (11 de julio de 2019). The Ogarkov Reforms: The Soviet Inheritance Behind Russia’s Military Transformation. Russia Military Analysis [Blog]. https://russianmilitaryanalysis.wordpress.com/2019/07/11/the-ogarkov-reforms-the-soviet-inheritance-behind-russias-military-transformation/

[17] Sobre las diferencias entre Revolución Militar y Revolución en los Asuntos Militares ver: Villanueva, C. (2018). Third Offset Strategy: ¿preludio de una revolución militar? Ejércitos, 1. https://www.revistaejercitos.com/2018/07/16/third-offset-strategy/

[18] Pulido, G. (2022). Guerra Mosaico y multidominioEdiciones de la Catarata.. Madrid.

[19] Leyes de Lanchester. (30 de agosto de 2019). En Wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Leyes_de_Lanchester

[20] Altman, H. (1 de junio de 2022). Air Force’s Next Generation Air Dominance ‘Fighter’ Program Enters New Stage. The Drive.https://www.thedrive.com/the-war-zone/air-forces-next-generation-air-dominance-fighter-program-enters-new-stage

[21] Ministerio de Defensa (28 de septiembre de 2022). Contratos nacionales para el programa NGWS/FCAS.

https://www.defensa.gob.es/comun/slider/2022/09/220928-programa-fcas-dgam.html

[22] Martín, R. (2018). F-35 Vs Eurofighter. El dilema europeo. Ejércitos, 4. https://www.revistaejercitos.com/2018/09/25/f-35-vs-eurofighter/

[23] Martín, R. (2021). Loyal Wingman: ¿La próxima revolución en el combate aéreo? Ejércitos, 23. https://www.revistaejercitos.com/2021/04/27/boeing-loyal-wingman/

[24] Gutiérrez, R. (2021). Drones de guerra: sobre los drones y la inteligencia artificial en las Fuerzas Armadas. Ejércitos, 24. https://www.revistaejercitos.com/2021/04/19/drones-de-guerra/

[25] Machi, V. (4 de marzo de 2022). FCAS warplane program stalls, as Dassault and Airbus fail to reach key industrial deal. Defense News. https://www.defensenews.com/global/europe/2022/03/04/fcas-warplane-program-stalls-as-dassault-and-airbus-fail-to-reach-key-industry-deal/

[26] Bronk, J. (2021). FCAS: Is the Franco-German-Spanish Combat Air Programme Really in Trouble? RUSI.

https://rusi.org/explore-our-research/publications/commentary/fcas-franco-german-spanish-combat-air-programme-really-trouble

[27] Soriano, G. (19 de junio de 2019). El Sedef avanza que el reparto industrial del FCAS se decidirá en 2026. Infodefensa. https://www.infodefensa.com/texto-diario/mostrar/3129630/sedef-avanza-reparto-industrial-fcas-decidira-2026

[28] Brzozowski, A. (17 de octubre de 2019). France and Germany ink compromise on arms export rules. Euractiv. https://www.euractiv.com/section/defence-and-security/news/france-and-germany-ink-compromise-on-arms-export-rules/

[29] Rapport d’information n° 626 (2018-2019) de M. Ronan LE GLEUT et Mme Hélène CONWAY-MOURET, fait au nom de la commission des affaires étrangères, de la défense et des forces armées, déposé le 3 juillet 2019. http://www.senat.fr/rap/r18-626-2/r18-626-27.html

[30] Elizondo, M. (17 de febrero de 2020). Café para todos en el reparto del FCAS. Airbus, ITP, Sener, GMV, Tecnobit e Indra consiguen encargos. El Español. https://www.elespanol.com/invertia/empresas/20200217/fcas-airbus-itp-sener-gmv-tecnobit-indra/468204132_0.html

[31] Gutiérrez, R. (2020). Un acuerdo histórico. Análisis de la reunión entre el gobierno de España y Airbus, Ejércitoshttps://www.revistaejercitos.com/2020/07/31/un-acuerdo-historico/

[32] Indra (6 de septiembre de 2019). Indra nominada como coordinador nacional industrial del programa FCAS (Futuro Avión de Combate Europeo). https://www.indracompany.com/pt-br/noticia/indra-nominada-coordinador-nacional-industrial-programa-fcas-futuro-avion-combate-europeo

[33] Jordán, J. (Anfitrión). (8 de diciembre de 2021). La industria española de defensa ante los cambios en el entorno estratégico (Nº 12) [Episodio de Podcast]. En Global Strategy. https://global-strategy.org/la-industria-espanola-de-defensa-ante-los-cambios-en-el-entorno-estrategico-estrategia-podcast-12/amp/

[34] Cózar-Murillo, B. (2022). Réquiem por la industria española de defensa. La Guerra de Ucrania y la industria española de defensa. Ejércitos, 34. https://www.revistaejercitos.com/2022/03/14/requiem-por-la-industria-espanola-de-defensa/

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[35] García, J. (2011). Panorama general de la tecnología y la industria de seguridad y defensa. En Instituto Español de Estudios Estratégicos, La defensa del futuro: innovación, tecnología e industria (pp. 13-22), Cuadernos de Estrategia, 154, Ministerio de Defensa: Dirección General de Relaciones Institucionales.

https://bibliotecavirtual.defensa.gob.es/BVMDefensa/es/catalogo_imagenes/grupo.do?path=208693

[36] Surzur, J. (2020). Naval Group et Fincantieri: Naviris et après? Centre de ressources et d’information sur l’intelligence économique et stratégique. https://portail-ie.fr/analysis/2369/naval-group-et-fincantieri-naviris-et-apres

[37] Top 100 for 2022 (2022). Defense News. https://people.defensenews.com/top-100/

[38] Kaldor, M. (1986). El arsenal barroco. Siglo XXI de España editores.

[39] Navarro, J. M. (27 de septiembre de 2022). Indra convoca la junta extraordinaria de accionistas que le permitirá retomar su entrada en ITP. Crónica vasca. https://www.cronicavasca.com/empresas/indra-convoca-junta-extraordinaria-accionistas-retomar-entrada-itp_721937_102.html

[40] Laurent, A. (5 de julio de 2021). With the FCAS, European Integration takes steps forward. European Data Journalism Network. https://www.europeandatajournalism.eu/eng/News/Data-news/With-the-FCAS-European-integration-takes-steps-forward

[41] Se entiende por “grupo de los 4” al formado por Alemania, Francia, Italia y España, países con la industria de defensa más desarrollada y fuerte de la Unión Europea. Es probable, no obstante, que el actual equilibrio cambie en breve a consecuencia de las inversiones que algunos socios están realizando como respuesta a la Guerra de Ucrania y la amenaza que plantea Rusia. Ver: Cózar-Murillo, B. (2022), op. cit.

[42] Dubois, G. (28 de julio de 2022). EE. UU. aprobó la venta del F-35 a Alemania por USD 8.400 millones. Aviacionline.https://www.aviacionline.com/2022/07/ee-uu-aprobo-la-venta-del-f-35-a-alemania-por-usd-8-400-millones/

2 Comments

  1. Excelente y muy necesario articulo. Seria muy ilustrativo complementarlo con un análisis de los resultados industriales de los últimos 20 de la política de campeón nacional y ver cuantas empresas y/o productos se lograron desarrollar a la «sombra» del campeón y las incontables subvenciones y fondos obtenidos mas por su posición que por el contenido o la aportación tecnológica. Hora de transformar o desaparecer. Sin un cambio radical de las políticas de Alemania el NGWS sera un producto tan francés como el F-1 y el Rafale, con variante naval, capacidad nuclear y exportable sin limitaciones políticas provenientes de los traumas de la Segunda Guerra Mundial. Los 10 años de ralentización del Eurofighter son una lección que no se puede repetir. El ecosistema industrial español al margen de las grandes empresas es mucho mas innovador y flexible de lo que se quiere hacer ver. Solo falta un cambio de politica del MINDEF y que los Estados Mayores generen requerimientos operativos y tecnicos en funcion de sus necesidades operativas y con una senda de evolucion y para hacer florecer las capacidades existentes

  2. No se porque se tiene que comparar el tipo de avión que necesita EEUU para el pacifico con lo que necesita Europa que todo esta mucho mas cerca. Por otro lado lo importante es que se haga realidad lo de la nube de combate y eso es EXCLUSIVAMENTE electrónica. Lo otro el nuevo avión, no es mas que sustituir las células/motores de los aviones que por edad han quedado obsoletas.

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