La Flota del Mar Negro en la guerra de Ucrania (II): protagonistas

Lanzamiento de un misil Kalibr por parte de una corbeta de la clase Buyan-M. Fuente - The Drive.
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El papel de la Flota del Mar Negro rusa en la guerra de Ucrania ha sido en el mejor de los casos discreto. La incapacidad para llevar a cabo operaciones anfibias y el hundimiento de su buque insignia, el crucero «Moskva», han dejado claras algunas de sus carencias. Una situación que tiene sus orígenes en los años previos a la invasión de Ucrania y que es consecuencia de problemas económicos, industriales y doctrinales, así como de las sanciones posteriores a la anexión de Crimea. En esta segunda parte, nos centramos tanto en el impacto que la participación de Rusia en la guerra de Siria ha tenido sobre la Flota del Norte, como en la composición de la misma previa a la invasión de Ucrania.

La participación de la Federación Rusa en el conflicto sirio desde el 2015 ha tenido un fuerte impacto sobre la Flota del Mar Negro. Desde que la implicación militar rusa fue respaldada y aprobada por Putin, buena parte del esfuerzo realizado por Rusia ha corrido a cargo tanto de las unidades y medios del Distrito Militar Sur como, muy especialmente, de la Flota del Mar Negro a través de lo que se dio en llamar el «Syrian Express».

Como todos sabemos, la base aérea de Khmeimim ha servido como punto de entrada a personal y materiales, y también de cara al despliegue de las unidades aéreas asignadas al apoyo de Al Hassad. Sin embargo, el grueso de la logística dependió desde un principio de las capacidades de la Flota del Mar Negro, que pudo crear un puente marítimo entre Crimea y Tartus. A cargo de la 197ª Brigada de Buques de Asalto, sus buques se han encargado de transportar hasta Siria los equipos pesados, suministros y la mayor parte del personal. Asimismo, la Flota del Mar Negro, ha debido encargarse del despliegue de buques de combate para operaciones en el área y en el Mediterráneo, así como de apoyar en todos los aspectos a las unidades allí desplegadas por otras flotas rusas.

También los submarinos convencionales han sido aportados por esta Flota de forma recurrente, algo que les ha permitido llevar a cabo operaciones de combate en el Mediterráneo Oriental, aportándoles una experiencia a las tripulaciones que de otro modo hubiera sido imposible lograr. Además, la guerra de Siria ha sido un escenario perfecto para validar algunas de sus armas más capaces, como los misiles Kalibr de lanzamiento submarino, después utilizados con profusión sobre Ucrania.

Así las cosas, las unidades de la 197ª Brigada, nada jóvenes, han soportado una fuerte carga de trabajo sobre sus ya envejecidas cuadernas. Por fortuna para ellas, la importancia política concedida a la intervención en Siria ha permitido a la Flota del Mar Negro recabar mayores fondos para mantenimiento de estas y otras unidades. La cuestión no es baladí, pues en otras condiciones y en ausencia de este conflicto, habría sido una inversión demasiado onerosa para ser asumida exclusivamente por el Ministerio de Defensa.

Respecto a las cifras de la intervención, hablan por sí mismas. Entre 2015 y 2018 las unidades de la 197ª Brigada habían llevado a cabo 175 rotaciones desde los puertos del Mar Negro a Siria, transportando al menos 101.000 toneladas de materiales y suministros, lo que representa más de la mitad de los suministros entregados. Así, si es cierto que para cumplir esta misión, la 197ª ha recibido la aportación de unidades del mismo tipo provenientes de otras flotas rusas, con el objeto de mantener el ritmo de las operaciones, así como el de permitir periodos de mantenimiento a las unidades desplegadas del Mar Negro, el trabajo ha sido reseñable, como el desgaste.

NombreClaseAño ComisiónEdad Operativa 
SaratovAlligator1.96657 años 
OrskAlligator1.96855 años 
Nikolay FilchenkovAlligator1.97548 años 
Caesar KunikovRopucha I1.98637 años 
NovocherkasskRopucha I1.98736 años 
YamalRopucha I1.98835 años 
AzovRopucha II1.99030 años 
Tabla III. Unidades de la 197ª Brigada de Asalto Anfibio (enero 2022).

Los buques anfibios -y los transportes civiles- no han sido los únicos implicados en la intervención en Siria. Unidades de combate como el malogrado crucero «Moskva», también tuvieron su papel, siguiendo la estela del portaaviones «Kuznetsov», que ha requerido de fuertes mantenimientos y diqueados tras estos despliegues en el Mediterráneo. Algo que no debe llamar en exceso la atención al tratarse de buques envejecidos, pero que no deja de ser llamativo respecto al estado de la industria naval rusa. Además con un hándicap añadido, y es que debido a la edad y estado de algunos buques, los periodos de mantenimiento no son solo cada vez más largos, sino también cada vez más caros.

Sea como fuere, y siguiendo con los buques de combate, el Escuadrón del Mediterráneo ha sido clave para el esfuerzo ruso en Siria y, además, se ha situado, al menos hasta el comienzo de la guerra de Ucrania en la línea de defensa rusa más adelantada del sistema defensivo del Bastión de Crimea. Hasta 2022 se podía dar la siguiente composición habitual de unidades, dependiente de la disponibilidad y cambios de buques entre los diferentes teatros de operaciones: dos fragatas Proyecto 11356M, dos submarinos Proyecto 636.3 y al menos una corbeta Proyecto 21361. Unidades a las que habría que sumar, por supuesto, su tren logístico y unidades de apoyo.

Submarino Kilo ruso transitando los Estrechos Turcos. Fuente – USNI.
Submarino Kilo ruso transitando los Estrechos Turcos. Fuente – USNI.

El asunto anfibio

 En la Tabla III hemos incluido el listado de unidades de desembarco anfibio comisionadas por la Flota del Mar Negro antes de la invasión a Ucrania, en enero del 2022. como vemos, las edades de los buques son extremadamente elevadas, por mucho mantenimiento que se les haya ejecutado durante estas décadas (aspecto por otra parte cuestionable). Buques en cualquier caso que deberían haber jugado un papel relevante en esta guerra, toda vez que el Mar Negro, como explicamos en la primera parte de esta serie de artículos, es un escenario que se presta -especialmente desde la doctrina soviética-, a importantes acciones anfibias y golpes de mano como elementos de apoyo a las operaciones terrestres.

La doctrina soviética, en lo referente a los desembarcos a nivel táctico -que son los que la Flota del Mar Negro debería ser capaz de llevar a cabo en su teatro de operaciones-, dictaba una serie de condicionantes, bastantes lógicos y asequibles para la entonces Armada Roja. Así pues, para llevar a cabo una operación anfibia que culminase en el desembarco de una fuerza de 3.000 infantes de marina, la composición clásica de las unidades de desembarco constaría de 1 LST Ropucha, 5 LST Alligator, 1 buque civil Ro/Ro (en caso de disponer de infraestructura portuaria) y 1 buque de transporte de suministros.

También requería de una fuerza de desembarco aerotransportado, llevada a cabo desde buques especializados en este campo, como los vetustos CGH Moskva (no confundir con el crucero «Moskva» de la clase Slava) así como, por supuesto, de una fuerza naval de escolta durante la travesía, y que posteriormente proporcionarían fuego de cobertura naval contra las posiciones terrestres. Como fuerza de escolta podríamos hablar de una formación centrada en 1 crucero y de 2 a 3 destructores o incluso más. De hecho, en diferentes maniobras navales llevadas a cabo por la Armada Roja en los 80, las fuerzas de escolta variaban entre 1 y 2 cruceros y 1 y 3 destructores para una formación de desembarco compuesta por 2 Ivan Rogov, 1 Alligator y 1 Ropucha.

Si extrapolamos estas enseñanzas y doctrinas a la Flota del Mar Negro anterior a la guerra de Ucrania -y nadie hace pensar que los cambios hayan sido sustanciales-, podemos ver que contaban con 1 crucero, el «Moskva», y hasta 5 fragatas en su orden de batalla, lo cual permitiría sobre el papel unas capacidades mininas de cara a ejecutar una operación de desembarco en la costa enemiga, por más que para ello hubiese sido necesario arriesgar la mayor parte -o todo- del potencial de superficie ruso en este teatro de operaciones.

Sin embargo, las unidades de desembarco disponibles, que además estaban encargadas del suministro al Ejército Ruso de materiales, consumibles y equipos a través de los puertos accesible- hacían a la 197ª Brigada insuficiente para la corta, pero intensa intervención militar que la Federación Rusa esperaba ejecutar en Ucrania. Por ese motivo, la Flota del Mar Negro fue reforzada por unidades de otras flotas, que fueron trasladadas a este teatro antes de iniciarse las operaciones de combate. A saber:

  • Las unidades de la clase Ropucha de la Flota del Baltico: «Minsk», «Korolev» y «Kaliningrad».
  • Las unidades de la Flota del Norte: «Georgey Pobedonosetsk» y «Olenegorskiy Goniak», también de la clase Ropucha, y el nuevo buque anfibio de la clase Ivan Gren, «Pyotr Morgunov».

Con la adición de estas unidades, la Flota del Mar Negro vio incrementada su capacidad de desembarco anfibio desde más de 3.000 efectivos y decenas de vehículos, prácticamente duplicando su capacidad hasta la teórica cifra de 5.000 hombres. Por otro lado, la capacidad de transporte teórico de mercancías para estos buques, de cara a la asistencia directa del Frente, alcanzaría las 7.500 toneladas.

Sin ser cifras impresionantes, debían haber permitido a Rusia llevar a cabo al menos operaciones de apoyo al Ejército ruso, abriendo otros frentes o presentando dilemas a Ucrania. Sin embargo, dadas las capacidades antibuque que conservaba este último país, lo limitado de la capacidad de protección ofrecido por las unidades de combate rusas en la práctica -no hay más que ver lo ocurrido con el «Moskva» o el hundimiento de un Alligator y los daños a otro en Berdiansk mientras ejecutaban operaciones de desembarco en un puerto comercial controlado por Rusia- para ver que la viabilidad de una operación de envergadura era en realidad mucho menor de lo que dictan las frías cifras. Y es que el estado de los buques y de algunos de los sistemas a bordo, así como la capacidad de los marinos e infantes rusos de asumir sus funciones con garantías eran muy limitadas.


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Autor

  • Alejandro A. Vilches Alarcón

    Ingeniero técnico naval por la Universidad de Cádiz, a su faceta profesional, que le ha llevado a trabajar en astilleros de España, Francia y el Reino Unido, suma su pasión por la historia. Es autor de docenas de artículos en medios naciones e internacionales y de cuatro libros sobre submarinos soviéticos y guerra submarina.

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