Instalaza CS90 / CS90-ER

El futuro de la guerra urbana

Instalaza CS90

La familia de lanzagranadas C90, diseñada, producida y mejorada de forma constante desde hace décadas por la empresa española Instalaza, se ha exportado a casi cuarenta países, empleándose con éxito en numerosas ocasiones, la más reciente en la guerra de Ucrania. Desde hace unos años, a las variantes en catálogo, tanto de un solo uso como reutilizables, se suma un nuevo sistema, conocido como CS90. Ha sido expresamente concebido para poder ser empleado desde recintos cerrados, respondiendo así a las exigencias que plantea el combate urbano, cada vez más importante, tal y como Ucrania ha vuelto a demostrar. Además, está en desarrollo una evolución que lleva el alcance hasta los 600 metros, cubriendo así en parte el vacío entre los lanzagranadas tradicionales y misiles como el famoso NLAW, a un coste que es una fracción del de estos últimos.

La guerra de Ucrania, y antes de esta la de Nagorno-Karabaj, han demostrado que se está produciendo un cambio sustancial en la forma de combatir y, por ende, en las necesidades materiales de los ejércitos. Si hasta ahora y desde la Segunda Guerra Mundial la fuerza de cada ejército se medía por el número de plataformas en servicio, por lo general monolíticas y lo más avanzadas que los presupuestos podían permitir, ahora la situación está mutando. La proliferación de sensores baratos hace que fiarlo todo a las grandes plataformas de antaño sea demasiado peligroso.

Vehículos como los carros de combate o los blindados de transporte o de combate son cada vez más fáciles de localizar por parte de drones o incluso de cámaras de vigilancia estáticas adquiridas por Internet, como ha sido el caso al norte de Ucrania al inicio de la guerra. Además, pese a que cuentan en algunos casos con blindajes state of the art y con sistemas de defensa activa, se muestran muy vulnerables ante el número creciente de armas contracarro en servicio, muy efectivas y, en muchos casos, también muy baratas en relación con el coste de los objetivos a destruir. De hecho, dada la importancia que la electrónica y la optrónica han adquirido en el caso de estos vehículos, ni siquiera es necesaria su destrucción total, sino que basta con afectar a las ópticas o a otros elementos sensibles para dejarlos fuera de combate, algo que facilita más si cabe el trabajo de las armas contracarro o los drones suicidas.

La consecuencia, a futuros, será una desagregación en las plataformas, puesto que los desarrollos en cuanto a inteligencia artificial y la difusión de componentes COTS permitirán si no sustituir a los carros de combate o blindados, sí distribuir parte de sus elementos entre varios vehículos menores, más baratos y en algunos casos, prescindibles. La idea, para entendernos, es parecida a la que vemos a propósito de los aviones de combate, como el polémico FCAS europeo: un avión tripulado controlará toda una variedad de drones que serán los que se expongan, obtengan datos relevantes sobre objetivos e incluso lancen los ataques mientras el aparato tripulado permanece a salvo tanto por la protección que ofrece la distancia, como por su furtividad. En el caso de las plataformas terrestres, si bien los carros de combate o los blindados de todo tipo no van a desaparecer, se adaptarán para hacer frente a las nuevas amenazas, como han hecho siempre. De esta forma, recurrirán cada vez más a cañones más potentes, armas NLOS y a hacer tiro indirecto sobre los objetivos marcados por drones más cercanos a las posiciones enemigas. Eso cuando no empleen esos mismos drones para hacer fuego sobre los objetivos.

Paradójicamente, nada de esto implica que las armas contracarro más sencillas -caso de los lanzagranadas- queden en desuso en favor de las opciones con mayor alcance y complejidad, como los ATGM de nueva generación. Más bien al contrario, hay factores que obligan a pensar que su papel en los conflictos venideros será creciente.

  • En primer lugar, como hemos dicho, por la proliferación de pequeños vehículos terrestres que complementen a las grandes plataformas y para cuya destrucción será antieconómico emplear misiles de decenas o incluso cientos de miles de euros.
  • En segundo lugar, porque las distancias de combate se están acortando aunque esto parezca contraintuitivo en un mundo en el que las principales potencias están invirtiendo sumas ingentes en desarrollar armamento de mayor alcance. Es una consecuencia, entre otras cosas, de la creciente importancia del combate urbano y se verá reforzada por la desagregación de las plataformas y la multiplicación de las no tripuladas, ya que permitirán acercarse más al enemigo.
  • En tercer lugar porque el desarrollo de una amplia variedad de cabezas de guerra -antibúnker, fragmentación, sobrepresión…- les confieren una versatilidad tiempo atrás impensable.
  • En cuarto lugar, porque están surgiendo soluciones que incrementan de forma sustancial el alcance de los lanzagranadas, como en el caso del CS90-ER de Instalaza, del que hablaremos más adelante. Ahora, gracias a la inclusión de motores de crucero, alcances que hasta ahora rondaban los 300 metros prácticamente se doblan, cubriendo un espacio que antes quedaba reservado a los mucho más caros misiles.
  • En quinto lugar porque la posibilidad de emplear algunos sistemas desde recintos cerrados los hace mucho más aptos para el combate urbano, ya que pueden ser disparados desde edificaciones de todo tipo.

En resumen, lejos de estar condenados a la desaparición, los lanzagranadas van a ser más comunes si cabe en el futuro, dado que son sistemas fáciles de transportar, de escaso o nulo mantenimiento, con una gran relación coste/eficacia, capaces de atacar una gran variedad de objetivos y de ser letales incluso en manos poco expertas gracias a su reducida curva de aprendizaje. Es por todas estas razones por las que nos ha parecido interesante dedicar un artículo a los CS90 y CS90-ER de Instalaza, ya que se trata de productos únicos por diferentes factores que iremos explicando en los próximos epígrafes, y además, españoles.

Munición merodeadora en fase de desarrollo por parte de Instalaza.

Visita a las instalaciones de Instalaza

En preparación de este artículo, tuvimos la oportunidad de visitar las instalaciones de la empresa zaragozana Instalaza S.A. en el CENAD de San Gregorio. Allí, la compañía cuenta, entre otros, con un campo de tiro y un laboratorio en el que prueban tanto el alcance y precisión de sus armas como su letalidad y capacidad de penetración en diversas condiciones.

Una vez allí, pudimos comprobar in situ las posibilidades de algunos de sus últimos desarrollos, hablar sobre los proyectos en los que están embarcados -a los que quizá dediquemos un nuevo artículo en el futuro- y especialmente ver en funcionamiento el CS90. Esta ha sido la denominación elegida para bautizar a la última evolución del archiconocido C90, optimizada para poder ser empleada desde recintos cerrados, una característica imprescindible en combate urbano, como estamos viendo en Ucrania, pero que constituye un auténtico desafío a la hora de ser implementada. Todo, además, manteniendo las tradicionales ventajas del C90 frente a sistemas comparables, como son su contenido tamaño, su reducido peso, su precisión y su letalidad, amén de la compatibilidad con el resto de los productos de la empresa, caso de los visores nocturnos, así como con los diferentes sistemas de entrenamiento, incluyendo el simulador SAARA.

Aunque no es el objeto de este artículo, no podemos resistirnos a comentar que en las instalaciones pudimos ver diversos componentes y sistemas producidos por la empresa, algunos de ellos todavía en desarrollo, como el proyectil guiado para el Alcotán en el que trabajan junto a Escribano Mechanical & Engineering, una interesante munición merodeadora o los relativos a la integración de sus municiones en pequeños UGVs.

Volviendo sobre el tema que nos ocupa, tras una interesante charla explicativa a cargo del CEO de Instalaza, nos dirigimos al campo de tiro, en donde las demostraciones comenzaron con una prueba de la cabeza de guerra del Alcotan 100, que demostró ser capaz de atravesar 700 mm de acero, además de un módulo de blindaje ERA. También pudimos ver el efecto de las municiones de sobrepresión cuando detonan en un contenedor naval, simulando los efectos que causarían de hacerlo dentro de un búnker o de una cueva -estas municiones se emplean en sustitución de las polémicas armas termobáricas, como las que lanzan los TOS-1 que Rusia está utilizando en Ucrania-.

Posteriormente, asistimos a varios lanzamientos del C90-CR -variante en uso en nuestras FAS- tanto contra un muro de hormigón, como contra una plancha de acero de 480mm, entre otros. En todos los casos las granadas demostraron con creces su capacidad. Hay que decir que era un día de muchísimo viento, con rachas de 60 km/h, algo habitual en San Gregorio, a donde el cierzo llega con toda su fuerza. No obstante, todos los disparos fueron precisos, algo digno de reseñar dado que no se trata de armas guiadas.

Miembro del Mando de Operaciones Especiales en una de las casetas que Instalaza ha montado en su zona de pruebas para poder hacer fuego desde recinto cerrado.

Concluidas las primeras pruebas en el campo de tiro, pudimos probar el simulador SAARA, que mediante un proyector o bien utilizando una pantalla fija, permite que cualquiera se familiarice con el funcionamiento de la familia de lanzagranadas de la empresa sin peligro ni apenas coste, más allá de adquirir el sistema. Quien escribe estas líneas tuvo la oportunidad, siendo militar, de utilizarlo en varias ocasiones, así que partía con ventaja. No obstante, todos los presentes, tras unas pocas instrucciones a cargo del personal de la empresa pudieron hacer blanco después de uno o dos intentos. Además, el simulador les permitió mecanizar los movimientos de armado, retirada del seguro y disparo. Al fin y al cabo, esa es una de las grandes ventajas de los simuladores, como explicamos en su día en un artículo ad hoc: permiten hacer estas cosas con total seguridad, repitiéndolas las veces que sea necesario y a un coste ridículo si lo comparamos con los miles de euros que puede costar cada disparo.

Una vez aprendidas las nociones básicas de uso, nos dirigimos nuevamente al exterior, en donde pudimos disparar tanto con el sistema subcalibre TR90-BT, que emplea una bala trazadora de 9 mm en lugar de una granada propulsada por cohete -lo que disminuye muchísimo el coste de utilización-, como con el TR-ALC, en este caso para el Alcotán 100. Si bien en algunos casos logramos hacer blanco desde el primer disparo -ya hemos comentado que partíamos con ventaja-, en todos los casos -había compañeros de Defensa, Infodefensa y FAM- tras un par de intentos los tiradores lograron alcanzar la diana.

Lo más interesante, no obstante, vino a continuación, cuando dos operativos del Mando de Operaciones Especiales hicieron varios lanzamientos, tanto en abierto como desde recinto cerrado. Hay que decir que la caseta desde la que se efectuaron los disparos era realmente pequeña, de apenas 3×3 metros y que únicamente contaba con una ventana de alrededor de 1m2 desde la que los operadores hicieron fuego, así como con una puerta de tamaño norma en el lado izquierdo de la misma. Esto último es importante, pues es bastante habitual que las empresas falseen los resultados de las pruebas colocando la puerta en la parte posterior, de forma que el cono de presión, humo y fuego que expele la munición en lugar de quedar dentro del recinto pueda en parte salir por la puerta. En este caso, podemos asegurar que no fue así, sino que la mayor parte de este quedó dentro del recinto sin que los operadores sufriesen consecuencia alguna, lo cual merece una explicación.

Imagen del simulador SAARA.

CS90: Características y variantes

El CS90, como hemos anticipado en epígrafes anteriores, es una variante del C90 diseñada ex profeso para ser utilizada desde recintos cerrados. Se produce en tres versiones: CS90-AT (contracarro), CS90-DP (doble propósito anti-blindaje + fragmentación) y CS90-BK (anti-búnker). En todos los casos comparten el mismo “envoltorio”, que es prácticamente idéntico al del C90-CR, no en vano la empresa ha puesto el acento en la máxima comunalidad de componentes. De esta forma el CS90 recurre al mismo sistema de disparo, un canister de igual manejo y muy similar en apariencia, aunque de diferente diseño y tecnología constructiva, basada en este caso en fibra de carbono y al mismo visor de 2 aumentos, cambiando fundamentalmente el sistema de propulsión empleado.

Con un peso que oscila entre los 6,7 y los 7,2 kg en función de la cabeza de guerra, tiene un alcance eficaz contra blancos puntuales de 350 metros (se entiende como alcance eficaz aquella distancia en la que, contra un blanco puntual el sistema tiene una probabilidad de destruir el objetivo del 70%). En el caso de blancos de área, para los que se emplearía el CS90-DP, este llega hasta los 700 metros, manteniendo una precisión aceptable.

Respecto a la capacidad de penetración el CS90 puede atravesar en el caso de la munición contracarro (CS90-AT) medio metro de acero (500 mm) o más de un metro de hormigón (>1.000 mm). Huelga decir que muy pocos carros de combate pueden soportar, dependiendo del punto de impacto, el ataque de un arma semejante. Lo mismo en el caso de edificios, pues incluso los búnker no suelen contar con paredes de más de 250-350 mm de espesor. La variante de doble propósito antiblindaje + fragmentación (CS90-DP) es capaz de traspasar hasta 22 cm (220mm) de acero o bien más de medio metro de hormigón armado (<500 mm). Es seguramente la más versátil de las opciones que ofrece la familia CS90, pues tampoco son muchos los vehículos blindados que puedan resistir un impacto de este tipo y además su cabeza de fragmentación se divide en más de 1.000 fragmentos. Por último, la versión antibúnker (CS90-BK) pese a disponer de una capacidad de penetración menor; 120 mm de acero o 300 mm de hormigón armado, cuenta con la ventaja de disponer de una segunda cabeza de fragmentación que una vez atravesado el muro del búnker, es capaz de neutralizar cualquier cosa que haya en el interior en un radio de varios metros gracias a la dispersión de más de 2.500 fragmentos.

Para poder ser disparado desde interiores, el CS90 recurre a un cañón de contramasa. Este sistema permite que el proyectil se beneficie de una mayor velocidad en boca utilizando para ello apenas un cuarto de la carga de propulsante que requiere por ejemplo el C90-CR. Dado que la carga es menor, también lo es la cantidad de gases expulsada. Esto implica un menor cono de proyección y que las firmas, tanto térmica como acústica, sean mucho más reducidas que las de otros sistemas. No es una cuestión baladí, por dos razones:

  • En primer lugar, porque cuando hablamos de combate moderno, hablamos de campos de batalla plagados de sensores como hemos explicado al inicio del artículo. En estas condiciones, la discreción cobra cada día mayor relevancia. En este sentido, el CS90 es teóricamente más difícil de detectar cuando se dispara que cualquier otro sistema comparable, sea el Carl Gustav sueco, el RGW90 alemán, etc.
  • En segundo lugar, por el efecto que cada disparo tiene sobre el operador que lo lleva a cabo. Naturalmente se puede argüir que en caso de guerra la seguridad laboral debería quedar en segundo plano en beneficio de la capacidad de infligir daño al enemigo, sin embargo no es tan sencillo. Dependiendo del sistema del que hablemos, un infante, incluso utilizando protección doble, apenas podría hacer entre uno y seis disparos al día, bajo riesgo de perder oído, sufrir las consecuencias de las altas temperaturas, etc. En el caso del CS90, esta cifra crece hasta la decena de disparos diarios efectuados con total seguridad y eso únicamente con protección simple. Puede parecer una nimiedad, pero ningún ejército que se precie quiere perder un infante bien adiestrado por un problema auditivo o de cualquier otro tipo, pues cada uniformado es un recurso mucho más valioso que el sistema de armas que emplea.

Otro aspecto que cabe destacar del CS90, como del C90-CR, es que se trata de sistemas de un solo uso, con todas las ventajas que ello conlleva y sobre las que merece la pena extenderse, precisamente porque es un tema que pocas veces se explica en condiciones. Por alguna razón, de forma instintiva tendemos a pensar que un lanzagranadas como el archiconocido RPG-7, en el que las granadas son muy ligeras y se pueden transportar por separado, de formas en ocasiones de lo más rocambolescas, es mucho más útil que otro en el que la granada va integrada en un lanzador desechable. Las cosas, sin embargo, no son tan sencillas:

  • En primer lugar, un sistema reutilizable requiere de dos operadores, uno que transporte el lanzador y otro que porte las municiones.
  • Los sistemas reutilizables necesitan de un mantenimiento periódico que en algunos casos no solo es costoso, sino complejo, por lo que no puede llevarse a cabo por los primeros escalones, sino que debe ser efectuado por personal de la fábrica. Esto prácticamente lo descarta para algunos tipos de unidades como las de Operaciones Especiales que no tienen posibilidad de hacer reparaciones sobre el terreno de ningún tipo.
  • Los sistemas reutilizables pierden precisión con el uso, debido a las pequeñas deformaciones acumuladas en el tubo tras cada lanzamiento.
  • El tiempo para realizar cada disparo es mayor, ya que al no poder ir cargado más que unos metros, ya que no están pensados para ello, debe introducirse la granada antes de usarse y el servidor ha de ponerse a resguardo en lugar de apuntar y disparar directamente un único operador.
  • Si el lanzador se daña por un golpe o cualquier otra razón, ya no se puede hacer fuego por muchas municiones que se posean, algo que no ocurre con los de un solo uso, ya que cada munición es un arma.
  • El desechable es muy resistente, pensado para aguantar caídas de 1,5 metros, para ser transportado en condiciones espartanas rebotando durante miles de kilómetros a bordo de un remolque y es estanco, resistiendo a los elementos (lluvia, polvo, luz solar…).
  • En el caso particular de las municiones para recinto cerrado, son más dañinas para el tubo, lo que hace preferible un sistema desechable.
  • La diferencia entre transportar las variantes de un solo uso y las desechables no es tan importante como se cree. De hecho, en el mejor de los casos es de 3 contra 4 ya que cada granada para un sistema desechable va dentro de un tubo individual que ocupa un volumen considerable.

Es decir, que las ventajas de los sistemas desechables superan con mucho a las de los reutilizables que únicamente son solicitadas por ejércitos que: 1) mantienen doctrinas inmutables desde hace décadas o; 2) realizan entrenamientos contracarro intensivos, por lo que optan por una solución con la que puedan ahorrar dinero dada la cantidad de municiones que emplean al año.

Dicho lo anterior, el CS90 promete mantener todas las características que han hecho del C90-CR lo que es, pero adaptándose mucho mejor a los escenarios futuros, con especial énfasis en el combate urbano.

Miembro del Mando de Operaciones Especiales antes de hacer fuego con un CS90 en las instalaciones de Instalaza en San Gregorio.

CS90-ER (Extended Range)

En el primer epígrafe del artículo explicábamos que se estaba produciendo en cierto modo una paradoja: mientras que no dejan de desarrollarse armas con mayores alcances, las distancias de combate en algunos escenarios están reduciéndose. Si bien hay estudios que demuestran que la mayor parte de los combates se producen a distancias de entre 600 y 1.500 metros, esto es algo que ha venido cambiando en los últimos años, según el combate urbano ha ganado en importancia relativa frente a los enfrentamientos en terreno desértico o incluso a los previstos en las llanuras de Europa central durante la Guerra Fría. La guerra de Ucrania es un buen ejemplo de ello, con constantes enfrentamientos a distancias mucho menores, sea en pueblos y ciudades, sea en zonas boscosas o con una orografía complicada. Es cierto que en parte se debe a la incapacidad ucraniana para luchar en el nivel operacional, lo que reduce sus opciones casi exclusivamente al táctico, pero aun así hay factores estructurales que harán que la tendencia se mantenga y que ya hemos enumerado.

Si atendemos a lo visto en Ucrania, pero también en otros lugares como Siria, podríamos establecer como más razonable una distancia ordinaria de combate de entre 300 y 1.000 metros en relación con el uso de las armas contracarro o antibúnker, función esta última para la que muchas veces se emplean ATGMs, demasiado caros atendiendo a los objetivos destruidos.

Por supuesto, la distancia -entendida como elemento aislado- no es el único factor que hemos de tener en cuenta a la hora de establecer el tipo de sistemas necesarios para determinadas situaciones. Para empezar porque cada unidad forma parte de una burbuja de fuegos en la que el alcance de sus armas ha de complementar al de las que emplean las unidades por encima y por debajo de ella, por lo que no tiene sentido que a nivel de pelotón se empleen exactamente las mismas armas que a nivel compañía, o al menos no en ejércitos profesionales y bien diseñados, pues el caso de las guerrillas y demás es diferente. También porque para un mismo alcance, determinadas capacidades se convierten en determinantes (fire and forget, capacidad de disparo remoto, que sea de usar y tirar, la posibilidad de ser empleado desde recintos cerrados…). Por supuesto, el precio es otro factor importante, lo mismo que el peso o la ergonomía. Se trata pues, para una necesidad dada, de encontrar el mejor equilibrio entre diversos factores, tales como alcance, letalidad, portabilidad, ergonomía, requisitos de mantenimiento y precio.

En Ucrania hemos sido testigos del éxito -no exento de problemas- de los NLAW y de los Javelin, enviados en detrimento de opciones más antiguas y voluminosas como los TOW 2 e incluso de otras modernas y con mayor alcance como los Spike LR y ER. Más desapercibido ha pasado el papel jugado por otras armas, incluyendo los C90-CR que han enviado países como Estonia y España y que también han sido empleados con profusión, igual que los M72 LAW, los MATADOR o los AT4 entre otros. Sistemas todos ellos que, en un escenario en el que la distancia no es crucial, son capaces de ofrecer una relación coste/efectividad sin parangón dado su coste de unos pocos miles de euros, frente a las decenas de miles o más de los misiles contracarro.

Es esta diferencia de precio y de prestaciones, con un salto evidente entre unos ATGMs que miden su alcance en varios kilómetros y los cañones contracarro y lanzagranadas, mucho más baratos pero generalmente con alcances que no exceden los 300-350 metros, la que ahora toca rellenar. Precisamente cubrir este hueco es una de las razones tras el éxito del NLAW y por el que el Alcotán es tan importante. Sin embargo, hace falta un abanico de opciones más amplio y sistemas a ser posible más baratos y ligeros.

Es aquí en donde entra el CS90-ER (Extended Range), que Instalaza está terminando de desarrollar y espera tener listo a principios de 2023. Esta evolución del CS90 utilizará parte de la tecnología propulsora del Alcotán para lograr abatir objetivos hasta a 600 metros sin necesidad de dirección de tiro, es decir, utilizando únicamente la óptica plegable de dos aumentos de serie en los C90. La diferencia de peso respecto al CS90 ordinario es mínima pese a todo, arrojando unos datos en báscula inferiores a los 7 kg sin que la capacidad de penetración se vea alterada.

La solución de la empresa pasa por incorporar un motor de crucero que no sólo incrementa el alcance -contra blancos puntuales, no de área- en 250 metros, sino que además permite corregir las desviaciones provocadas por el viento lateral. Hay que pensar que cuando un proyectil acelera durante su recorrido, tiende a desviarse en dirección contraria a la del viento, mientras que cuando decelera en su camino, se desvía a favor de este. Gracias al motor crucero, la velocidad es lineal, lo que soluciona el problema de la precisión, ya que el desafío técnico no es tanto aumentar el alcance, como mantener las posibilidades de acertar sin necesidad de incorporar un sistema de guiado o un sistema de puntería complejo como sí lo tiene el propio Alcotán, que recurre a la dirección de tiro reutilizable VOSEL. En este caso, un computador integrado calcula la posición y trayectoria del blanco, mide la temperatura del propulsante, calcula la trayectoria del proyectil y muestra al operador el punto futuro que le permitirá maximizar la probabilidad de impacto. Por su parte, en el caso del CS90 todo es mucho más sencillo, apuntándose de forma tradicional mediante crucetas y marcas de distancia y movimiento, aunque realmente el sistema está preparado para utilizar una próxima versión de VOSEL si el cliente lo solicita.

En resumen, el CS90-ER podría considerarse una suerte de híbrido entre el C90-CR y el Alcotán 100, con la ventaja añadida frente al C90-CR de poder ser empleada desde recintos cerrados, lo que lo convierte hoy en día en un producto único, tanto por precio como por prestaciones.

Pruebas del CS90 ER de la empresa zaragozana Instalaza en sus instalaciones dentro del CENAD de San Gregorio. Fuente – Instalaza.

Conclusiones

La guerra es un fenómeno en constante mutación. Lo visto en los últimos conflictos y los indicadores sobre tendencias futuras apuntan hacia la importancia creciente de los lanzagranadas, a ser posible optimizados para combate urbano, capaces de alcanzar distancias superiores a las actuales y de un solo uso.

Con la llegada de los CS90 y CS90-ER, Instalaza ha logrado completar una familia ya de por sí exitosa, con un producto más adecuado de cara a los escenarios de los que hablamos. Además, gracias a la versión Extended Range, cubre en parte el hueco entre los lanzagranadas tradicionales y sistemas mucho más caros de adquirir como los ATGM, sin sacrificar la precisión o la polivalencia y sin aumentar el peso de forma significativa, ni disparando el precio, que se mantiene contenido. Todos estos argumentos lo colocan por delante de su competencia directa, como el M4 Carl Gustav sueco o el RGW90 alemán, razón por la que la brigada «San Marco» italiana ha decidido apostar por este sistema.

Lo que es más importante, cualidades al margen, se trata de un sistema íntegramente desarrollado y producido en España, por una empresa española que invierte el 8% de sus ventas en I+D+i, que diseña y fabrica desde los tubos de los lanzagranadas y sus cabezas de combate hasta la electrónica o las ópticas, que exporta más del 80 por ciento de lo que produce y que mantiene casi 200 puestos de trabajo de alta cualificación. Una empresa que gracias a lo anterior no necesita de más licencia para exportar que la concedida por las autoridades españolas, ya que no depende de componentes de terceros y, por lo tanto, tampoco de su visto bueno. En esto último, tal y como venimos defendiendo desde hace años, consiste la verdadera soberanía industrial, algo que debemos proteger a toda costa.

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