La inteligencia de fuentes abiertas (OSINT) en la guerra de Ucrania

La Open Source Intelligence (OSINT) o inteligencia de fuentes abiertas, inició su camino en el periodo de entreguerras, consolidándose durante la Segunda Guerra Mundial y desarrollándose plenamente con la informatización. Desde entonces se ha recorrido un largo camino y se ha avanzado en el uso de herramientas que una incipiente comunidad de analistas ha sabido capitalizar durante la actual guerra de Ucrania, aunque no sólo: desde la geolocalización de posiciones enemigas, al análisis de la información compartida en redes sociales, son muchos los campos en los que, cada vez más, se recurre a expertos ajenos a las Fuerzas Armadas o los servicios de inteligencia clásicos.

Durante el periodo de entreguerras, investigadores de la universidad de Princeton comenzaron un proyecto basado en la monitorización de las ondas de radio cortas que, posteriormente, se convertiría en el embrión de las tácticas utilizadas por el departamento de Research and Analysis (también conocida como la División de Chairborne) del Office of Strategic Services (OSS) –la precursora de la CIA– durante la Segunda Guerra Mundial.

El trabajo extraordinario de la comunidad académica de la época, unido al desempeño de los servicios de inteligencia estadounidenses, y el deseo de influir en la Segunda Guerra Mundial conformó un entramado de agentes, embajadas y consulados que permitieron a los aliados recopilar, analizar y difundir inteligencia obtenida a través de periódicos del Eje, la escucha de las emisiones de radios públicas alemanas, o incluso, de fuentes de información oficiales (Rodriguez, 2019). Nacía así en 1942 la rama de la inteligencia que hoy conocemos como Open Source Intelligence (OSINT), en español, Inteligencia de fuentes abiertas.

Esta disciplina, pronto se convirtió en objeto de atención tanto por parte de las principales potencias en conflicto, como para el periodismo[1], que vio en el nacimiento de la prensa escrita de carácter internacional y en la televisión un enorme impulso a su labor informativa.

La guerra del Golfo de 1991 y la de los Balcanes, donde ya existían canales de noticias internacionales como CNN, capaces de retransmitir casi en directo los acontecimientos del conflicto, supusieron el primer salto cualitativo en el desarrollo de OSINT enfocado en el estudio de los conflictos armados.

El segundo se experimentaría con la aparición y popularización de los primeros ordenadores y el nacimiento de Internet, una herramienta que permitía la conexión a nivel global y que abrió nuevos horizontes de posibilidades a la OSINT, al facilitar y agilizar los accesos a la información libremente disponible.

La guerra de Irak y de Afganistán fueron importantes catalizadores para la disciplina, en tanto los distintos foros de temática militar, donde convergían veteranos, académicos y curiosos, potenciaba la compartición de información y opiniones. Dicho de otra forma, cada usuario se convertía en una fuente de información accesible, aumentando exponencialmente el número de emisores frente a la prensa y televisión tradicionales.

En la actualidad, la OSINT se ha popularizado más que nunca, Internet y, especialmente, las redes sociales se han constituido en el escenario ideal para la proliferación de esta forma de obtención de inteligencia, ya que, la inmediatez, facilidad y accesibilidad que caracterizan a estas plataformas se traduce en el hecho de que, un usuario con unos mínimos conocimientos de las herramientas existentes –o una comunidad de usuarios organizada (por ejemplo, Bellingcat, que en el caso que nos ocupará en el presente focus destaca por el seguimiento realizado a través de la web)– puede llegar a obtener información de relevancia en el marco de un conflicto bélico de forma eficaz y eficiente (Rodriguez, 2019).

Lamentablemente, si tuviéramos que localizar un conflicto armado regido por los condicionantes que permiten un uso intensivo de OSINT, tanto a los lectores como a un servidor se le vendría rápidamente y sin mucho esfuerzo una única palabra a la cabeza: Ucrania.

La guerra de Ucrania se constituye hoy por hoy en el paradigma de un conflicto en condiciones informatizadas, al ser la primera contienda en un territorio geográfico donde la conexión a la red es generalizada por parte de la población y donde existe una fuerte prevalencia de dispositivos móviles en el campo de batalla.

Soldados y civiles[2] han sido capaces de retransmitir ante las audiencias masivas que conforman las redes sociales imágenes, videos y testimonios del día a día del conflicto; permitiendo así a las fuerzas armadas de ambos bandos seguir los movimientos de las unidades militares enemigas con una mayor precisión, llegándose incluso a interceptar planes y operaciones militares, y en consecuencia, anticipar las contraofensivas oportunas.

El análisis de las principales redes sociales (en este caso, Telegram, Twitter y –en menor medida– Tik Tok) ha permitido a la comunidad de usuarios seguir el conflicto a través de información de primera mano.

Movimientos de tropas expuestos como consecuencia de llamadas o videollamadas por parte de los soldados rusos; la identificación de lugares geográficos atacados gracias al análisis fotográfico de imágenes satelitales de carácter comercial[3]; la determinación del armamento concreto utilizado[4]; o la documentación y verificación de supuestos crímenes de guerra, como el sucedido en Bucha[5] son solamente algunos de los usos que han consolidado a la OSINT como fuente de inteligencia de primer nivel en la guerra de Ucrania.

No obstante, quizás lo más impresionante –a nivel táctico– de la utilización de OSINT en la guerra de Ucrania sea la transformación de la inteligencia obtenida de civiles y empresas a través de redes sociales para desarrollar acciones cinéticas de carácter militar.

Un ejemplo de esta utilización de la OSINT lo encontraríamos el 12 de octubre de 2022, cuando el soldado ruso Aleksey Lebedev inició sesión en VKontakte (VK), la red social más popular de Rusia, y subió una foto de sí mismo con uniforme militar ocultando su rostro con un pasamontañas. Sin embargo, Lebedev cometió una indiscreción: no ocultó la ubicación exacta desde la que había publicado la fotografía, el pueblo de Svobodne en el sur de Donetsk.

Aleksey Lebedev en la imagen en la que, por error, descubrió su posición en Svobodne, algo rápidamente aprovechado por los analistas OSINT. Fuente - Foreign Policy.
Aleksey Lebedev en la imagen en la que, por error, descubrió su posición en Svobodne, algo rápidamente aprovechado por los analistas OSINT. Fuente – Foreign Policy.

Molfar, una empresa privada ucraniana recogió la publicación del soldado ruso y, tras analizar distintas fotos publicadas por otros perfiles, concluyó que la ubicación de Lebedev era una base de entrenamiento para las tropas separatistas rusas y prorrusas. Días después de que la empresa informara al Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) se observaron explosiones en la ubicación compartida (Hewson, 2023).

El hecho de que la guerra de Ucrania haya sido la más retransmitida de la historia a través de las redes sociales la ha llevado a ser clasificada por algunos expertos como “la primera guerra de las redes sociales” (Gale, 2023). Si bien, quizás esta denominación tenga más de titular periodístico que de análisis riguroso, lo cierto es que, sin duda está siendo la más analizada por periodistas y analistas OSINT, diluyendo sobremanera la denominada “niebla de la guerra”. 

En resumen, podríamos afirmar que, son tres los aspectos que explicarían un uso intenso de técnicas OSINT con fines operativos en la guerra de Ucrania: la voluntad de Occidente de compartir inteligencia a nivel estratégico y táctico; la importancia de las imágenes comerciales para localizar y combatir el avance ruso; y la prominencia de unas aplicaciones técnicas capaces de mejorar la conciencia situacional en el frente de batalla a través de la información disponible en fuentes abiertas (Singh, 2023).

La abundante disponibilidad de material en fuentes abiertas a través de Telegram o Twitter ha permitido que, la información otrora comunicada de forma predominante por medios de información que contaban (directamente o de forma indirecta) con periodistas que informaban desde el terreno, hoy sea analizada y difundida por otros actores que han visto en las redes sociales la oportunidad perfecta para aumentar la conciencia pública existente sobre los conflictos armados, informando a sus lectores de forma periódica y actualizada sobre los movimientos del conflicto[6].


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