El libro rojo de Mao Zedong

El Pequeño Libro Rojo

En los últimos días hemos podido leer «El libro rojo de Mao Zedong», publicado por la editorial Espuela de Plata hace ya unos años, concretamente en 2014. El libro, prologado por Antonio Molina Flores, es una traducción exacta del original, publicado en la China comunista en 1964 y difundido por todo el globo como parte de su campaña de propaganda.

En realidad, el libro ni siquiera es obra del propio Mao Zedong (o Mao Tse-Tung), el Gran Timonel del que el Ministro de Defensa, Lin Biao se dedicó a recolectar un buen número de citas a lo largo de décadas de discursos y declaraciones. Pese a ser una obra eminentemente propagandística, en la que se mezclan el marxismo, el confucianismo y el leninismo de modo bastante inconexo y cuyo fin último es adoctrinar al pueblo y a las bases del partido, su lectura resulta interesante. Ha quedado desfasado en muchos aspectos, pero sigue siendo útil para tender por qué China es como es.

Como es bien sabido, a estas alturas en China, de la propuesta maoísta inicial, queda bien poco. El capitalismo de Estado ha sido plenamente asumido y el «peligro burgués» es, además de una realidad para un segmento creciente de sus habitantes, una aspiración del conjunto de la sociedad. Sin haber desaparecido del todo, la enorme masa de campesinos que sirvió para aupar a Mao a la victoria y le apoyó durante la «Larga Marcha», ya no es tal, sustituida por fábricas, exportaciones y, cada vez más, nuevas tecnologías. Por supuesto, no se les puede tratar de la misma forma ahora que entonces. Con todo, pese a los enormes cambios sociales y demográficos, buena parte de la esencia del libro permanece intacta, mutada eso sí en un Gobierno totalitario, capaz de controlar hasta el último resquicio de libertad de sus ciudadanos gracias a la IA y el dominio de Internet.

Esto es precisamente lo más interesante de leer «El libro rojo de Mao Zedong»: las máximas maoístas, pensadas para otra época, siguen ofreciendo la base ideológica sobre la que se asienta el control de la población, la sumisión del individuo al colectivo, el papel del Ejército, etc. También la eterna confrontación con un Occidente capitalista que el Partido considera desde sus orígenes, el gran enemigo a destruir. No hay pues paz posible, entre dos modos opuestos de entender el mundo a los que además, separan motivaciones mucho más terrenales.

Por supuesto, este tipo de libros no basta con leerlos, hay que interpretarlos. Al fin y al cabo, nos separan décadas y miles de kilómetros respecto a su autor y época, aunque no tantos respecto del socialismo real. Así, cuando se hace referencia a términos como «democracia», «popular» o «partido», deben ser situados en sus correctas coordenadas intelectuales. Sólo así se entiende que algunas de las máximas que se recogen en «El libro rojo de Mao Zedong», aparentemente de lo más razonables, degenerasen en aberraciones como la «Revolución cultural», con sus 30 millones de muertos, o represiones como las de la plaza de Tiananmén.

En resumen, se trata de un libro que más allá de la curiosidad -al fin y al cabo es casi un símbolo pop, como se explica en el prólogo-, sirve para entender un poco más a la República Popular de China. Sólo por eso, merece la pena adquirirlo.

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