El FOBS chino y las Opciones Nucleares Limitadas

En busca de la "War Termination"

El pasado 16 de octubre, el diario estadounidense Financial Times publicaba lo que, en el mundillo de los Estudios Estratégicos, suponía una auténtica bomba: la supuesta prueba, por parte de China, de un sistema de bombardeo orbital fraccionario o FOBS (Fractional Orbital Bombardent System) combinado con un misil hipersónico. Las ventajas de los FOBS residen en su capacidad de atacar mediante vuelo orbital, por lo que pueden describir trayectorias impredecibles y con un perfil de vuelo que hace muy difícil detectarlos, rastrearlos e interceptarlos con sistemas antimisiles o armas espaciales. A las ventajas del vuelo orbital se añade que en la fase terminal del ataque el arma hace reentrada en la atmósfera y ataca como un misil planeador hipersónico (HGV por sus siglas en inglés). En conjunto, la suma de las características de los FOBS y los HGV proporciona unas capacidades únicas para prevalecer en una crisis o en un enfrentamiento nuclear limitado.

No obstante, este arma no es la panacea y tiene la desventaja de que balísticamente es muy ineficiente; se requiere mucha energía para lanzar un FOBS-HGV, mientras que con esa misma cantidad energía utilizada por un cohete en lanzamiento balístico podría lanzar muchas ojivas balística. Además, los FOBS-HGV no son un arma de «First Strike» que pudiera alterar la estabilidad estratégica entre China y los EE.UU., sino que son solo un arma para enfrentamientos limitados y destinada al control de la escalada. Estos enfrentamientos limitados fueron formalizados en los tradicionales modelos estratégicos de la Opciones Nucleares Limitadas, en los que se diseñaban estrategias, armas y opciones de ataque, que no buscaban la destrucción y la victoria en una guerra nuclear a gran escala (algo imposible en el mundo nuclear cuando existen las armas de Segundo Ataque), sino provocar la «War Termination» y prevalecer en el conflicto obligando al adversario a parar las hostilidades.

Como puede verse en el gráfico, no todos los misiles chinos susceptibles de transportar cabezas nucleares tienen la posibilidad de alcanzar el territorio continental de los Estados Unidos (CONUS). De hecho, apenas los DF-5 (CSS-4), DF-31A (CSS-9) y los DF-41 (CSS-X-10 que no aparecen), podrían hacerlo desde suelo chino.

¿Qué es un sistema FOBS con HGV?

Bajo un nombre tan críptico, lo que en realidad se esconde es un sistema que, por sus particulares características y trayectoria de vuelo, permite eludir en gran medida los sistemas de defensa antimisiles y sistemas de detección en servicio. La idea básica es bastante sencilla, aunque esconde una gran complejidad técnica a la hora de llevarla a la práctica. El FOBS-HGV consiste en una primera fase en la que se pone en órbita el vector de ataque, en lugar de ejecutar un ataque de trayectoria balística. Una vez en órbita, el FOBS puede hacer pequeños cambios en la mecánica celeste orbital para hacer trayectorias poco convencionales o ajustarse con más precisión al objetivo. Se le denomina «fraccional» porque solo hace la fracción del ciclo de una órbita antes de reentrar en la atmósfera.

Luego, una parte del vector de ataque se desprende del vehículo espacial y entra en la atmósfera como si fuera un avión espacial (como las antiguas lanzaderas del NASA), como un misil hipersónico planeador o como un AMaRV. La diferencia entre un AMaRV y un misil planeador hipersónico es la cantidad de kilómetros de vuelo que hace el vehículo en la atmósfera. Tanto un AMaRV como un HGV hacen vuelos a velocidades mayores a mach 5 endoatmosféricamente, pero un HGV hace casi todo el trayecto hasta el objetivo dentro de la atmósfera, mientras que un AMaRV lo hace solo en la fase terminal durante unos cientos de kilómetros. No conocemos los detalles del tipo de prueba que ejecutaron los chinos y la cantidad de kilómetros que voló el vehículo endoatmosférico, por lo que podría ser tanto un FOBS HGV o un FOBS AMaRV.

El FOBS lleva a cabo el vuelo generalmente en órbitas muy bajas que pueden ser en torno a los 150 kilómetros respecto a la superficie terrestre, lo que permite tres cosas: 1) ayuda a eludir los sistemas de detección, ya sean radares de alerta temprana, satélites de detección infrarroja o sistemas óptico de seguimiento orbital. 2) Permite establecer trayectorias impredecibles y muy diferentes de las tradicionales balísticas, lo que obliga al adversario a aumentar el perímetro de defensa. Un ataque balístico o hipersónico solo puede seguir trayectorias directas de un punto a otro, como si fuera una bala de cañón. Incluso un misil planeador hipersónico solo puede hacer pequeñas maniobras para eludir los sistemas antimisiles, pero no puede hacer grandes rodeos ya que se quedaría sin la energía potencial con la que ejecutar el vuelo de un planeador. Esto obliga que los sistemas antimisiles adversarios no puedan concentrarse en esas limitadas rutas de aproximación, sino que tengan que ampliar las defensas a lo largo de todo el perímetro nacional. 3) El bajo perfil de vuelo del FOBS y la naturaleza esquiva de lo HGV y los AMaRV, permiten que el arma de ataque tenga una mucha mayor probabilidad de penetración y de alcanzar el objetivo de ataque designado.  Con todo, las servidumbres de un FOBS con HGV o AMaRV son las siguientes:

  • En primer lugar, por la dificultad técnica que entraña añadir al cohete impulsor un módulo capaz de realizar un vuelo orbital con todo lo que conlleva en cuanto a necesidad de combustible adicional, navegación, comunicaciones, materiales, etc. En este sentido, la parte del combustible es primordial, pues es necesaria una gran cantidad de energía para situar el vehículo en órbita, así como para imprimirle la velocidad orbital. También para que, llegado el caso, maniobre. Todo esto implica enormes cantidades de propelente y como consecuencia, cohetes de mucho mayor tamaño y peso que un ICBM que puede incluir un vehículo de reentrada múltiple e independiente (MIRV) que incluso pueden maniobrar de forma independiente durante la aproximación al objetivo (MARV). 
  • En segundo lugar, porque debido a la velocidad que dicho vehículo mantiene en órbita (unos 8 kilómetros por segundo), debe ser frenado para su reentrada en la atmósfera, lo que obliga a instalar complejos sistemas de frenado en base a cohetes y limita la carga útil que puede transportar. Esto implica una cabeza nuclear de menores dimensiones y, por tanto, potencia, aunque esto no es un hándicap si de lo que se trata es, como veremos, de controlar la escalada.
  • En tercer lugar, está el problema del coste de lo anterior, que lo convierte sobre el papel en un sistema antieconómico frente a los ICBM. Esta cuestión no es baladí, pues de por sí los vectores que deben transportar las ojivas nucleares y todo el entramado necesario para lanzarlos, asignarles objetivos, realizar el control en vuelo, etc., son extremadamente caros.

Estos tres factores nos hablan a las claras de la exclusividad de los sistemas FOBS, que no están pensados para sustituir a los ICBM en un enfrentamiento nuclear a gran escala, sino para cumplir un papel mucho más especializado y relacionado con el control de la escalada, las opciones nucleares limitadas y la “War Termination”, algo en lo que abundaremos más adelante.

Por último, existen incluso trabas legales a su utilización, al ser la República Popular de China, como los mismos Estados Unidos o la Federación Rusa, signatarios del Tratado sobre el Espacio Ultraterrestre de 1967. Dicho texto, en su artículo IV establece la prohibición de “colocar en órbita alrededor de la Tierra ningún objeto portador de armas nucleares ni de ningún otro tipo de armas de destrucción en masa”. En el pasado, la Unión Soviética llegó a poner en servicio un sistema tipo FOBS, haciendo los Estados Unidos la vista gorda de forma interesada y bastante torticera, alegando que en realidad el vehículo orbital no estaba en órbita, sino que seguía una órbita para llegar a su destino. Con todo, parece evidente que, al menos durante la fase espacial del vuelo, este tipo de vehículos sí están en órbita, lo que podría servir para presionar en el caso de que China llegase a desplegar este tipo de ingenios.

Aunque no es nuestra intención hacer ningún repaso histórico, la idea de un FOBS no es en absoluto novedosa. Como acabamos de comentar, llegó a haber sistemas en servicio durante la Guerra Fría, en concreto uno, el 8F021 soviético (más conocido por las siglas OGCh) acoplado a un cohete R-36O 8K69. De este sistema llegaron a desplegarse en silos 18 unidades, operativas entre 1969 y 1983, desechándose posteriormente al perder atractivo su uso por razones estratégicas, tecnológicas, operativas y económicas.

Cabe destacar que los FOBS suelen presentarse gráficamente describiendo una órbita fraccional atravesando el Polo Sur. La razón es que los sistemas de detección de alerta temprana basados en el espacio están centrados en la detección de ataques balísticos que atraviesan trayectorias a través del Polo Norte. Los satélites SBIRS o los antiguos DSP solo podría detectar que un gran cohete ha sido disparado, pero luego no podrían seguir el vector de ataque que ha sido puesto en órbita siguiendo una órbita por el Por Sur. Una vez se pierde el seguimiento de la nave espacial, a día de hoy no sería posible hacer un seguimiento en tiempo real de la órbita y cambios de plano que pudiera hacer la nave, ya que haría falta una gran red de sensores por todo el globo terráqueo.

Posible trayectoria de un sistema FOBS desde Corea del Norte hasta Washington DC. Como se puede observar, lejos de seguir la ruta más obvia, a través del Polo Norte, la posibilidad de orbitar el planeta antes de ejecutar la fase de reentrada, permitiría al vehículo orbital una trayectoria desde el Polo Sur, imposible de detectar por los radares de alerta temprana en servicio y los satélites de infrarrojo como el SBIRS o los antiguos DSP. Esto impondría a los Estados Unidos una serie de costes defensivos, más allá de abrir todo un abanico de posibilidades de uso, ya que tendrían que instalar nuevos radares e interceptores con nuevas capacidades. Fuente – SatTrackCam Leiden (b)log.
Como se observa en esta infografía, publicada por The Financial Times, un sistema FOBS, a diferencia de un ICBM, es capaz de alcanzar su objetivo por trayectorias que escapan al control de los radares de alerta temprana. Así, aunque los satélites de alerta temprana pudiesen detectar la traza térmica del lanzamiento, los misiles interceptores, que necesitan ser dirigidos desde tierra, para lo cual precisan de radares que estén haciendo seguimiento del objetivo, en ningún caso podrían enfrentar el vehículo atacante. Fuente – Financial Times.

¿Ha hecho realmente China una prueba FOBS?

Antes de explicar las razones por las que sistemas tipo FOBS podrían ser útiles nuevamente, en especial para un régimen como el chino, pero también para Corea del Norte, hemos de aclarar que no está en absoluto probado que Pekín haya llevado realmente a cabo una prueba con un sistema de órbita fraccionada.

En efecto, el pistoletazo de salida a las informaciones sobre pruebas chinas lo dio el pasado día 16 de octubre el diario estadounidense Financial Times, con un artículo titulado “China test new space capability with hypersonic missile”, firmado por Demetri Sevastopulo y Kathrin Hille, en el que se especulaba sobre una prueba de este tipo llevada a cabo en verano por el país asiático. El propio Demetri compartía la noticia con un enlace a través de su cuenta de Twitter ese mismo día, acompañando la entrada con un pequeño hilo pidiendo opiniones y ayuda.

Al comienzo del artículo, se dice, textualmente:

“China probó en agosto un misil hipersónico con capacidad nuclear que dio la vuelta al mundo antes de dirigirse a toda velocidad hacia su objetivo, demostrando una capacidad espacial avanzada que cogió por sorpresa a los servicios de inteligencia estadounidenses.”

También se especificaba, citando a fuentes de inteligencia, que el misil había errado el blanco por 24 millas, pero que aun así suponía un avance notable en cuanto a armas hipersónicas, demostrando que China estaba mucho más avanzada en ese campo de lo que los estadounidenses creían.

El régimen chino, por su parte, negaba la mayor, afirmando que la prueba se correspondía con un nuevo tipo de vehículo espacial reutilizable, algo que sería plausible atendiendo a la velocidad con la que avanza su programa espacial. Ahora bien, el hecho de que el lanzamiento se correspondiese con un cohete Larga Marcha CZ-2C (vuelo nº 78) sin que llegase a hacerse público el anuncio del mismo, también alienta las sospechas, pues sí se dio bombo al anterior y al posterior, esto es, a los nº 77 y 79 respectivamente. Eso suponiendo que hacer un lanzamiento de este calibre sin dejar ninguna prueba sea factible. Tal y como señala Daniel Marín, en el magnífico análisis compartido en su blog Eureka:

“Una cosa es lanzar una carga secreta al espacio, algo que hacen con relativa frecuencia la mayoría de potencias espaciales, y otra muy distinta efectuar una misión orbital sin dejar rastro. Y con rastro no me refiero solo a burlar los sistemas de alerta temprana de Estados Unidos, sino los de otras naciones y organizaciones, además de las decenas de miles de testigos «armados» con smartphones que existen hoy en día en China y hacen casi imposible un escenario semejante. De hecho, es tan raro que no se conoce ningún otro caso similar”.

Por supuesto, el programa de armas hipersónicas chino no era ningún secreto y el régimen se ha esforzado en airearlo en la medida de lo posible, llegando a hacer desfilar algunos vehículos en la plaza de Tiannanmen, como los famosos DF-17. Ahora bien, hay diferencias notables entre estos últimos y lo que aquí se propone y ya se sabe que afirmaciones extraordinarias requieren de pruebas extraordinarias. Por el momento no solo no ha habido ninguna de este calibre, sino que otras que serían básicas, como la detección en órbita de la segunda etapa del cohete CZ-2C o cualquier otro resto, no ha sido realizada. Del mismo modo, tampoco parece haber salido a la luz ningún análisis OSINT que, a través de imágenes de móviles de ciudadanos chinos subidas a redes sociales, foros o similares, den fe del lanzamiento.

Más recientemente, el Financial Times publicaba un nuevo artículo, también de la mano de Demetri Sevastopulo, en el que se hablaba ya de dos pruebas diferentes, una llevada a cabo el pasado 27 de julio, que sí incluiría un sistema tipo FOBS y una segunda, conducida el 13 de agosto, en la que se habría utilizado un vehículo hipersónico, aunque no existen demasiados datos sobre la misma.

Las distintas informaciones y versiones solo han servido para presentar una imagen confusa. Aun así, independientemente de que las fuentes que sirvieron para elaborar las noticias publicadas por Financial Times estuviesen equivocadas en su interpretación o se basaran en datos erróneos, incluso si lo probado no es lo que los periodistas norteamericanos creen o si se tratase todo de una campaña de presión para pedir más fondos para el Pentágono, las cosas no son tan sencillas. Con o sin pruebas, lo fundamental en la historia del supuesto FOBS es que tiene sentido por diversas razones que iremos desgranando en los próximos epígrafes.

Por impresionante que parezca el tamaño de un ICBM como el DF-41 chino, con una longitud de 21 metros, palidece ante los más de 30 del cohete CZ-2C necesario para poner en órbita un sistema FOBS.

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