Coronavirus: ni es la primera vez, ni será la última

Ni es la primera vez, ni será la última

Coronavirus

Ni es la primera vez, ni será la última

Luis Valer del Portillo

El coronavirus parece haber llegado para quedarse, al menos por un tiempo indeterminado, pues en ausencia de vacunas y hasta que no se desarrollen y extiendan, los rebrotes serán un riesgo para la salud pública y los confinamientos podrían ser la norma más que la excepción, al menos en zonas concretas. Es por eso que conviene aclarar una serie de preguntas que flotan en el ambiente, algunas de las cuales no paran de alimentar la desinformación, cuando no son directamente fake news motivadas por oscuros intereses.

¿Es el coronavirus un producto creado en China para desestabilizar a Occidente?

No, y el simple hecho de sugerir algo así demuestra un provocador desconocimiento del tema, así como una enorme irresponsabilidad, ya que difundir teorías de conspiración es algo peligroso y ridículo. Las rivalidades geopolíticas entre las potencias del mundo son desde luego intensas, con sus altos y bajos y sus idas y venidas (véase la guerra comercial entre Estados Unidos y China), pero en ningún momento se ha cruzado la raya de iniciar una guerra bacteriológica contra un competidor.

El motivo principal es simple, si un país A “crea” un virus y lo lanza contra un país B para mermar su población y diezmar su economía, tarde o temprano en un mundo altamente interconectado como en el que vivimos, ese virus acabaría por volverse en contra el país “creador” del virus. Controlar y dirigir un virus que además se transmite por el aire y fluidos entre humanos y que no va dirigido a un grupo de personas ni a un país específico (los virus no entienden de fronteras ni etnias) es extremadamente difícil, como demuestra el teniente coronel René Pita en su libro «Armas biológicas: Una historia de grandes engaños y errores».

En el caso del COVID-19, el propio virus comenzó en China y es en este país donde ha golpeado con mayor virulencia hasta su llegada a Europa, con lo cual se desmonta cualquier teoría conspiranoica que sugiere que podría ser un arma bacteriológica para debilitar a Europa o Estados Unidos. En vista de las repercusiones sobre la economía mundial y sobre los propios EE. UU., la opción contraria queda igualmente descartada.

La guerra biológica no tiene nada que ver con el COVID-19.

¿Cuál es el origen del COVID-19?

Fue en Nochevieja de 2019 cuando en la ciudad china de Wuhan se desató un brote de neumonía viral. Es entonces cuando los funcionarios de salud del país admitieron que tenían un problema de salud pública descontrolado y activaron su nivel de respuesta más grave.

Cada vez más ciudadanos chinos de Wuhan (provincia de Hubei) empezaban a desarrollar síntomas como tos seca y fiebre, casi siempre como paso previo a los síntomas de neumonía.

Los médicos llamaron a la enfermedad COVID-19 o «enfermedad por coronavirus, 2019». Cuando intentaron rastrear su origen, encontraron una fuente probable: el mercado de animales vivos de Wuhan, un típico “wet market” asiático en el que se venden animales de todo tipo para consumo humano. Su nombre deriva de la costumbre de mojar continuamente el suelo, por lo que se les denomina mercados húmedos. Son también habituales en ciertas zonas de África Central y ecuatorial.

Se estima que el coronavirus saltó a los humanos en este mercado ya que de los primeros 41 pacientes, 27 habían estado recientemente en el mismo. Rápidamente el gobierno chino cerró el mercado para evitar en la medida de lo posible la propagación del virus.

No era la primera vez que ocurría algo similar. En 2002, vivimos, en otro mercado, un caso muy similar también relacionado con un coronavirus. En aquella ocasión fue en el sur de China, en la provincia de Cantón. Se trataba del “coronavirus del síndrome respiratorio agudo grave” (SARS por sus siglas en inglés), una cepa que también encontró la forma de pasar de animales a humanos. En aquella ocasión el brote de SARS, que no sería el primero y desde luego tampoco el último, se extendió rápidamente por el país y saltó a más de una treintena de países del mundo, matando a casi 800 personas.

De paso, el SARS sirvió para sembrar la alarma entre la comunidad científica. Una comunidad que, desde entonces, ha publicado numerosos papers e informes en los que se alertaba del riesgo de que algo similar, pero de mayor magnitud, pudiese pasar. Es más, de la comunidad científica la preocupación pasó a los servicios de inteligencia, que también se hicieron eco del problema, como en este informe de 2008 del Gobierno estadounidense.

Ahora, nuevamente un coronavirus azota al mundo, un coronavirus que comenzó en un “wet market” de China. Y, salvo que este tipo de mercados dejen de existir y se prohíba la venta de animales vivos para consumo humano, sin apenas -o sin ningún- control sanitario, es muy probable que en el futuro sigan apareciendo virus de este tipo, cuya letalidad constituye un enigma.

Imagen típica de un Wet Market asiático

¿Es el coronavirus la primera pandemia global contemporánea?

Más allá de casos tan conocidos como el de la Peste Negra que asoló a medio mundo en el S. XIV o la Gripe Española, ejemplos que los medios han citado una y otra vez en las últimas semanas, ha habido casos muy recientes que no conviene olvidar. De hecho, desde su creación en 1948 han sido varias las ocasiones en las que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dado la alarma y declarado la propagación de una enfermedad como pandemia. Es más, han sido muchos los casos que, sin llegar a este nivel, han provocado una importante alarma y se han extendido por varios países:

  1. Virus H3N2 o “gripe asiática o de Hong Kong” en 1957.
  2. VIH/sida en 1980.
  3. Gripe A H1N1 o “gripe porcina” en 2009.
  4. MERS-CoV o Coronavirus del síndrome respiratorio de Oriente Medio entre 2012 y 2015.
  5. Virus del Zika en 2014.

Como se puede adivinar, pues no es ni mucho menos una lista exhaustiva, son muchos los ejemplos de enfermedades capaces no solo de causar un alto número de víctimas, sino un importante quebranto económico y social.

Soldados de Fort Riley, Kansas, durante la pandemia de Gripe Española en el hospital habilitado en Camp Funston. Fuente – Otis Historical Archives.

¿Qué es el coronavirus?

A esta pregunta conviene responder con otra pregunta ¿Sabemos de verdad lo que es un coronavirus? Hablamos mucho del coronavirus en nuestro reciente día a día, incluso nos referimos a él con su nombre científico, pero muchas veces no está del todo claro qué es lo que ha hecho que medio mundo se quede en casa.

El coronavirus o SARS CoV-2 es uno de tantos virus que circulan por el mundo, en este caso tiene su origen en China (igual que el anterior SARS). Su particularidad reside en que se transmite muy fácilmente entre personas y sus síntomas tardan en manifestarse una media de 6 días, con un número de reproducción básico (RB) o contagio de entre 2,2 y 3,5. La mayoría de la población que se ve contagiada por el Coronavirus experimenta síntomas leves o moderados de tos y fiebre, pero si deriva en neumonía (que para más inri suele ser bilateral) puede suponer graves complicaciones, especialmente en personas mayores o grupos de riesgo con enfermedades previas.

¿Ayudarán la llegada de la primavera y el calor a combatir el COVID-19?

Es difícil saberlo puesto que aún no se ha dado ese escenario, pero de la misma manera que la gripe común, el coronavirus como afección respiratoria pervive más tiempo en climas fríos. Pero esto es sólo una regla de tres que no tiene por qué ser así. Sirva de ejemplo que el virus se ha contagiado de la misma manera en Europa que en el África ecuatorial o en el hemisferio sur.

Una cosa está clara, el Coronavirus ha llegado para quedarse. En este sentido, es posible que dentro de unos años conforme vaya contagiando a la población y ésta se inmunice, el virus irá adquiriendo un patrón más parecido a la gripe común.

¿Por qué los «Wet markets» y por qué en China?

Muchos de los virus que enferman al ser humano tienen su origen en especies animales. Por ejemplo, la gripe proviene de aves y cerdos, el VIH / SIDA proviene de los chimpancés y el recientemente mortal virus del Ébola probablemente se originó en los murciélagos.

Se cree que el actual virus que provoca la enfermedad COVID-19 se inició en murciélagos portadores, desde los cuales pasó a los pangolines y de ahí infectó a un primer humano. No es algo extraño, pues una de las características más peligrosas de los virus es su capacidad de saltar de especie en especie.

Es cierto que es extraño que lleguen a alcanzar el ser humano -se estima que hay millones de virus de distinto tipo-, pero no imposible, para nuestra desgracia. Para que esto ocurra tienen que alinearse varios actores (animales infectados, virus que hayan mutado para poder atacar las células humanas y humanos) y coincidir en un mismo espacio. Como decimos difícil, pero no imposible.

Aquí aparecen en escena los “wet markets” asiáticos, un tipo de lugar donde los animales vivos son sacrificados y vendidos para el consumo humano sin el más mínimo control sanitario, ni de ningún tipo, pues en demasiadas ocasiones estos animales han sido cazados de forma ilegal.

En este tipo de mercados los animales de distintas especies se hacinan en jaulas las unas sobre otras, cayendo en muchos casos los excrementos -se cree que esta puede ser una de las vías de transmisión del coronavirus- de las jaulas superiores a las inferiores. En estas condiciones el salto de los virus de un animal a otro es más probable que en cualquier otro escenario.

Claro está, a diferencia de los mercados de ganado europeos, en los que apenas hay unas pocas especies y en los que cada animal pasa control veterinario, los animales que uno puede encontrar en los «wet markets» asiáticos son de un abanico de especies y procedencias muchísimo mayor y cada uno tiene el potencial de llevar sus virus propios al mercado.

De esta forma, si el animal portador del virus entra en contacto con un humano (porque lo manipule, se lleve un arañazo o un mordisco, limpie sus heces o lo consuma), el virus podría potencialmente infectarlos. Una vez el virus está en un huésped humano y dependiendo del tipo de virus y sus características, puede derivar en un brote cuya magnitud es difícil de medir.

Los mercados húmedos están dispersos por todo el mundo, pero los de China son particularmente conocidos porque ofrecen una amplia variedad de animales, incluidos los salvajes. También por su tamaño y el volumen de gente que los visita, lo que multiplica las posibilidades de contagio. Lo que es peor, estos mercados se sitúan en un país que es el más poblado del mundo y que, desde comienzos de siglo se ha abierto al mundo a un ritmo sin precedentes por su crecimiento económico y el auge del turismo, con lo que se daban todos los ingredientes para que el COVID-19 saliese del país y se expandiese por el mundo sin control.

Todo ello debe mantenernos en alerta, pues indica que la actual pandemia no será la última e invita a tomar medidas drásticas para que, de darse, su propagación no siga el mismo patrón que estamos viendo.

¿Se propaga más rápido el virus o la desinformación?

Es espectacular el nivel de sobreinformación al que estamos siendo sometidos en los últimos días y semanas. Es inevitable que entre esa masiva cantidad de información que recibimos se cuele alguna que falta a la verdad, la tergiversa o directamente desinforma y se convierte en una fake new.

Se ha apelado a nuestra responsabilidad y disciplina social como ciudadanos para permanecer en casa y no favorecer la propagación del virus, pero debemos ser también responsables y disciplinados en el plano mediático y en el uso de las redes sociales para, primero ser críticos con las noticias que recibimos, y segundo para que cuando detectamos un bulo o noticia falsa no lo difundamos y rompamos así las cadenas de desinformación.

Existe el temor a que todos esos mensajes y noticias falsas que circulan por los grupos de WhatsApp y por redes sociales, formen parte de una campaña orquestada similar a la que sufrió España durante la crisis del 1-O en Cataluña en 2017. Una vez más, nuestra responsabilidad es que antes de reenviar una información, leamos con atención y ojo crítico los mails, tuits y cadenas de WhatsApp que diariamente recibimos. Cuesta muy poco hacer una comprobación rápida sobre la veracidad de estas informaciones.

En este caso, el mejor remedio frente a la desinformación es recurrir exclusivamente a las fuentes de información oficiales o, en su defecto, hacer una búsqueda rápida en medios de probada confianza y ver si varios se hacen eco de la misma noticia antes de darla por válida.

¿Cómo afectará a la economía?

También es difícil de prever el alcance que tendrá el impacto del Covid-19 sobre la economía mundial. Una cosa es cierta, ya está afectando de manera clara a los índices bursátiles con caídas de doble dígito jamás vista hasta ahora en los parqués de todo el mundo.

El virus ha golpeado en un momento en el que la economía global se estaba ralentizando, ya agotada de una etapa de crecimiento continuado y sostenido. Como resultado de la inexorable medida de permanecer en casa para derrotar al coronavirus, muchas empresas que no pueden implantar el teletrabajo están sometiendo a sus plantillas de trabajadores a ERTEs o directamente muchas verán escenarios aún peores, pese a las medidas de apoyo económico anunciadas por el BCE y el Gobierno de España.

Al mismo tiempo, se viene manteniendo una guerra entre la OPEP (organización que produce alrededor del 35% del crudo del planeta y que está encabezada por Arabia Saudita) y Rusia. Esta guerra ha provocado un desplome en los precios del barril de crudo, agravado además por la caída general en las bolsas.

A pesar de que en China parecen estar viendo la luz al final del túnel, lo cierto es que las fábricas no marchan al ritmo “pre-Coronavirus”, aunque progresivamente vuelven a una cierta cotidianeidad.

Por tomar una referencia, la anterior crisis vírica del SARS afectó al PIB de China en un 1,1% y un 0,1% al de EE. UU.. Pero no nos engañemos, el peso que tiene China en el PIB mundial no es el mismo ahora que hace 18 años, hoy es un 14% mientras que en 2002 era de apenas el 3%. Se espera que la crisis económica derivada del Coronavirus supondrá una rebaja de entre el 1 y el 2% del PIB mundial, aunque estas previsiones se actualizan día a día y cada vez son menos halagüeñas.

Es más, los inicios de la recuperación de China, una vez que lleva varios días sin contagios autóctonos, van a coincidir con la época más cruda del cese de la actividad económica en Europa y América, lo que podría provocar que la actividad fabril del gigante asiático se viese golpeada por partida doble al no tener a quien exportar.

1 Comment

  1. Muchas gracias por el artículo, pero da la impresión que se hizo a primeros de febrero, y se ha publicado ahora. En este momento, 22 de marzo, la situación ha cambiado considerablemente en lo que respecta al último apartado. Una pena, porque es un artículo muy interesante.
    A mí me llegó (en primeros de febrero) que se debió a una quiebra de seguridad en la experimentación de nuevas vacunas en la zona de origen. Eso explicaría la rapidez en encontrar una vacuna por la Republica Popular China. También parte del silencio y ocultación inicial. No lo tengo verificado ni contrastado, (podría ser un fake news, pero la fuente parecía provenir del sistema de investigación médica internacional).
    Saludos y muchas gracias nuevamente, agradezco la seriedad del trabajo

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