El futuro de la Infantería de Marina Española

Renovarse o morir

Desembarco anfibio. Fuente - Armada Española

La Infantería de Marina española, la más antigua del mundo, aún tiene una misión que realizar, pero no podrá sobrevivir en un tiempo de fuertes reducciones presupuestarias si no adapta su tamaño y procedimientos operativos a las posibilidades reales de la Armada y el Ministerio de Defensa. Para ello es preciso abandonar la actual estructura por funciones, valorar la aportación del Ejército al esfuerzo conjunto y limitar las responsabilidades de la fuerza anfibia a funciones que representen un valor añadido.

Antes incluso de que se formalizara la unidad de España como estado, ya existían los hombres de armas (que no marineros) a bordo de los buques de la flota castellana de Alfonso X el sabio, denominados “sobresalientes”. No obstante, se considera que la primera infantería de marina con la vocación específica de desembarcar desde los navíos para luchar en tierra nace durante el reinado de Carlos V, que creará el cuerpo en 1537.

Las compañías viejas de mar de Nápoles, que así se llamaban, las formaban hombres de armas a bordo de las galeras que combatían en el Mediterráneo contra la expansión del Imperio otomano en el siglo XVI. Esta función de combate a bordo de los buques, especialmente con arcabuz, conocería su mayor momento de gloria durante la batalla de Lepanto, en 1571. No obstante, ya antes de esta fecha se había iniciado una práctica que acabaría por dar forma a la infantería de marina moderna. Tras dos sonoros fracasos (asalto sobre Argel en 1541 y Trípoli en 1560) será en 1565, con la toma de Malta, cuando se producirá el primer desembarco anfibio de la historia coronado con éxito. En estas gestas participarán hombres tan ilustres como Álvaro de Bazán, Hernán Cortés o Miguel de Cervantes.

De la experiencia acumulada por estas acciones viene la decisión de Felipe II de crear una unidad específica y permanente para servir a la Gran Armada; el primer “Tercio de Armada” será creado el 27 de Febrero de 1566.

Por tanto, no es solo cuestión de haber sido los primeros en el calendario de la historia en formalizar las tropas de infantería de marina, sino que hemos sido los artífices y pioneros de una forma de luchar sacrificada y dura como pocas. Ese espíritu de sacrificio, que aúna la dureza y el aislamiento de los hombres de mar y la capacidad de combatir de los tercios de Flandes, seña de identidad de nuestro Ejército, es el que hace tan especial al infante de marina.

No obstante, a partir del siglo XVIII el cuerpo, implicado como el resto de la nación en innumerables guerras externas e internas, va perdiendo su función original para pasar a ser una fuerza combatiente convencional, actuando las menos de las veces en defensa de los puestos y fortines situados en las costas y las más como mera infantería.

Ciertamente, la defensa de los buques va perdiendo importancia según van evolucionando las naves, siendo testimonial desde la aparición de la coraza y la imposición del cañón de ánima rayada como forma básica de combatir. Las operaciones anfibias no serán una excepción, estando España sumergida en una crisis permanente que acabará en la pérdida de las colonias en 1898.

Será ya en pleno siglo XX cuando una España que estuvo a punto de suprimir el cuerpo, vuelva a demostrar la utilidad del desembarco anfibio.

Después del fracaso de Gallipoli, en 1915, la mayoría de potencias occidentales consideraba estas operaciones demasiado arriesgadas, por lo que tras la Primera Guerra Mundial la doctrina del desembarco prácticamente cayó en el olvido. Sin embargo, tras el desastre de Annual y con el protectorado de Marruecos en estado de rebelión, el Ejército y la Armada, en conjunción con las fuerzas francesas, protagonizaran el desembarco de Alhucemas. Corría el año 1925, y aunque la infantería de marina no vea alivio inmediato a su situación orgánica, (casi es suprimida nuevamente durante la Segunda República) se puede considerar el comienzo de una doctrina de empleo que vivirá sus tiempos de gloria durante la Segunda Guerra Mundial.

Los tiempos modernos (durante la Guerra Fría y posteriormente) están marcados por la preponderancia de la US Navy y su cuerpo de infantes de marina, el US Marine Corp (USMC), famoso por sus acciones y, por qué no decirlo, su buena prensa en cine y televisión. No será el caso de la mayoría de infanterías de marina europeas, que no pasarán de fuerzas de apoyo a la acción naval con medios limitados en entidad y en el tiempo.

Esta doctrina de empleo no será seguida por la armada española, que ve en los Marines americanos el ejemplo a seguir, pese a no contar con el presupuesto ni los medios no ya de estos, si no del resto de miembros de la OTAN.

Orgánica de la Armada Española. Fuente – Elaboración Propia

La Infantería de Marina hoy

El cuerpo de Infantería de Marina española se compone a día de hoy de tres entidades orgánicas diferenciadas, al mando de un General de división:

  • Fuerza de Protección (FUPRO): Se encarga de la defensa de las bases e instalaciones de la Armada;
  • Tercio de Armada (TEAR): Unidad encargada de realizar desembarcos anfibios;
  • Fuerza de Guerra Naval Especial (FGNE): Es la unidad de Operaciones Especiales de la Armada.

En total, la Infantería de Marina cuenta en la actualidad con alrededor de 5.700 efectivos, que se distribuyen entre las unidades citadas.

LA FUPRO se compone de tres tercios, Norte, Sur y Levante; la USCAN (unidad de seguridad de Canarias) y la AGRUMAD o Agrupación de Madrid, en apoyo del Cuartel General (CG) de la Armada. Estas unidades se dedican a tareas de protección de bases y a generar los núcleos de acción marítima a bordo de los buques de la Armada (Seguridad, Trozos de abordaje, etc). Cuentan de forma genérica con una compañía de seguridad, una de policia naval y una de servicios, además también dispone de una unidad de música para las tareas de representación y actos institucionales.

El TEAR está organizado como una brigada de infantería de marina (BRIMAR) que sería su entidad operativa y consta de siete batallones o grupos: tres batallones de desembarco (uno mecanizado), uno de cuartel general, otro de artillería, el de movilidad anfibia (GRUMA) y el de apoyo de servicios de combate (GASC), que ha asumido las funciones de la extinta unidad de base. Cada batallón de desembarco cuenta con cinco compañías, tres de fusiles, una de plana mayor y una de armas de apoyo; no distando mucho de la orgánica de un batallón del Ejército de tierra:

  • Mando y PLMM (Plana Mayor de Mando).
  • Compañía de Plana Mayor y Servicios.
  • Tres compañías de fusiles.
  • Compañía de Armas.

Esta última dispone de sección de morteros medios, sección contracarro (CC) y sección de armas colectivas AMP/LAG. Sin embargo, la sección de reconocimiento se encuadra en la Compañía de Plana Mayor y Servicios.

No sucede lo mismo con el batallón mecanizado, ya que esta unidad carece de compañía de armas, contando con dos compañías mecanizadas dotadas con blindados 8×8 Piraña IIIC, una compañía de carros de combate (desactivada) y una de armas contracarro procedente del GRUMA,. Ha venido a completar el batallón a falta de otros medios como los carros M60, que se encuentran casi todos inoperativos y esperan un relevo desde hace tiempo sin estar claro qué tipo de vehículo de combate (cadenas o ruedas) será su sustituto.

Los Piraña IIIC en dotación con la Infantería de Marina española no están mucho mejor, ya que no solo corresponden a un diseño previo a la irrupción de las nuevas amenazas híbridas -y por tanto carecen de capacidad antiminas o IED-, sino que se han mostrado bastante difíciles de mantener, con una tasa de disponibilidad muy reducida. Por si esto fuera poco, sus capacidades a la hora de transitar por terrenos difíciles o incluso para navegar salvo que la mar esté en calma, han estado por debajo de las expectativas.

Por contra, los batallones ligeros han recibido nuevos 4×4 VAMTAC blindados con capacidad de vadeo profundo que se están comportando satisfactoriamente. Con estos se pretende relevar todos los Hummer, que llevan 25 años operando sin descanso. Su capacidad antiminas es muy buena (son nivel Bn2, el más protegido compatible con los requisitos de vadeo) y proporcionan a la IM la herramienta adecuada para participar en misiones asimétricas o híbridas. Este vehículo cubre una función para la que el Hummer (sin blindaje) era inadecuado, lo que incide en que la fuerza mecanizable debería ofrecer algo más, sobre todo a la hora de alcanzar la playa por sus propios medios.

V-22 Osprey operando desde la cubierta del BPE «Juan Carlos I». Es, sin duda, uno de los medios más deseados por la Armada y la Infantería de Marina española, y el que mayores posibilidades ofrece, aunque su coste es elevado. Fuente – Armada Española

Precisamente, la particularidad de los batallones de desembarco (I y II) es el uso que hacen de transportes no orgánicos, entre los que están helicópteros, lanchas semirrigidas (RHIB) y, particularmente, los vehículos anfibios AAV7.

Recientemente se ha anunciado un plan para sustituir estos característicos blindados por ejemplares reconstruidos (modernizados) procedentes del USMC, y es que la Infantería de Marina aún confía en estos como el medio idóneo para progresar desde el mar hasta las posiciones finales a alcanzar tierra adentro, gracias a su capacidad para transitar por todo tipo de terrenos (cadenas), algo que no se consigue con otros medios.

Actualmente la unidad de transportes anfibios dispone de 19 vehículos anfibios de orígen estadounidense AAV7 (16 PP, 2 de mando y 1 Recovery). En los últimos tiempos, además, se ha solicitado, según publica la DSCA (Agencia de Exportación de Armamentos) estadounidense, la compra de 11 nuevos vehículos de la versión RAM/RS dotados con un equipo de protección mejorado (blindaje conocido como EAAK) por un importe total de 98 millones de euros, esperando adquirir un lote adicional más adelante.

La presencia en este lote de dos AAVC-7 (Mando) y un AAVR-7 (Recovery) parece indicar que los originales serán sustituidos, en lugar de aumentar el total de vehículos en inventario, y que a día de hoy permiten llevar a la playa una compañía de fusileros (se mantienen operativos cerca de una docena).

Tanto estos vehículos como las RHIB sirven en compañías de proyección específicas dentro del GRUMA, junto con la compañía de zapadores y las secciones independientes EOD y NBQ.

  • Compañía de Plana Mayor y Servicios.
  • Compañía de Vehículos de Asalto Anfibio.
  • Compañía de Embarcaciones.
  • Compañía de Zapadores de Combate.
  • Sección de desactivación de explosivos GEDE.
  • Sección de guerra NBQ.

Una de las principales carencias detectadas por la propia organización es la ausencia de un batallón de zapadores específico, ya que la compañía representa un compromiso de mínimos para apoyar a los tres batallones de desembarco. Por tanto, la BRIMAR no es capaz de actuar con una jefatura de ingenieros ni dispone de capacidades denominadas “especialidades” como puedan ser castrametación, construcción vertical, tendido de puentes, etc.

Respecto al Grupo de Artillería de Desembarco, es similar a un GACA del Ejército (ver Número 4), contando con los medios para establecer una Jefatura de Fuegos y también destacamentos de enlace (Bateria de Coordinación y Control de Fuegos o CCAF) y cuatro Baterías de Armas: dos con obuses ligeros M56 de 105mm, una con obuses ATP M109A1 (sustituidos por M109A5 cedidos por el Ejército) y municionadores M992, y una de Defensa Antiaérea con misiles Mistral.

Por último, el Batallón de Cuartel General o BCG, capacitado para organizar un puesto de mando de entidad brigada con sus medios de comunicaciones y un núcleo de guerra electrónica (EW). Cuenta además con una unidad de inteligencia y una de reconocimiento avanzado y adquisición de objetivos (ISTAR). Esta última, la Compañía TAR (Target Acquisition and Reconnaissance), hoy llamada Compañía de Reconocimiento, se creó en 2012, después de transferir la anterior unidad de acción especial a la FGNE.

La FGNE es, en efecto, la combinación de dos unidades especializadas previas, la citada de infantería de marina y la de buceadores de combate, reunidas para combinar y coordinar sus capacidades, conformando así una moderna y flexible unidad de OEs en el entorno naval y bajo control del comandante general de IM. Se estructura en diferentes unidades conforme a sus cometidos y funciones:

  • Mando y Control: Grupo de Mando (COMNAVES y su Plana Mayor de Mando).
  • Combate (Operaciones Especiales): Estoles y Unidad de Embarcaciones.
  • Apoyo: tanto de Combate (Paracaidismo, Buceo y Pelotón CIS) como de Apoyo de Servicios de Combate (Sanidad, Aprovisionamiento, Transporte, Armas, Material y Cargo).

En base a estas unidades se establecen las distintas organizaciones operativas características de Operaciones Especiales de segundo (SOTG/SOMTG/GRUGNE) o tercer nivel (SOTU/SOMTU/UGNE).

Infantes desembarcando. Fuente – Armada Española.

El empleo de la fuerza anfibia

Como decíamos, existen diferentes doctrinas de empleo de una fuerza anfibia, que se resumen en que tengan capacidad para adentrarse y permanecer en tierra o no. Evidentemente, si se posee esta última capacidad, se pueden acometer misiones más ambiciosas, pero eso no significa que sea inútil en otras circunstancias.

La doctrina anfibia encuadra todas las operaciones en cinco conceptos diferenciados:

  • Asalto
  • Incursión
  • Demostración de fuerza
  • Retirada
  • Apoyo a acciones terrestres

La infantería de marina es capaz de realizar incursiones en la costa para acometer misiones concretas, como el apoyo a la maniobra de una fuerza terrestre previamente estacionada en la zona. También puede ejercer como fuerza de entrada rápida ante una crisis cuando no hay facilidades aeroportuarias para enviar otras, para asegurar una cabeza de playa para la exfiltración de no combatientes, la toma de una posición clave o la destrucción de un objetivo e incluso la toma de un puerto para la llegada de refuerzos, que serán los que puedan consolidar la posición y evolucionar tierra adentro.

Sin duda, la que está más en entredicho es la misión de asalto anfibio en fuerza con intención de permanecer en zona, es decir, imponer su presencia al enemigo y acometer misiones posteriores que poco o nada tienen que ver con la acción anfibia. Incluso este supuesto ciertamente ambicioso no justifica ciertas capacidades orgánicas de la actual Infantería de Marina, máxime cuando se cuenta con un Ejército de Tierra mucho mejor dimensionado para absorber estos esfuerzos.

No debemos olvidar que las grandes gestas anfibias durante la segunda guerra mundial fueron realizadas por fuerzas terrestres (US ARMY y sus aliados), especialmente en el frente occidental (Normandía, Anzio) aunque se disponía de especialistas para, adelantándose a la fuerza principal, preparar el desembarco analizando el terreno entorno a la playa. Tal es así que algunos países acabaron renunciando a una IM como tal, especializando unidades del Ejército (caso de Francia).

Seguramente no sea necesario llegar tan lejos. Si algo define a la Infantería de Marina es su capacidad de integrarse en la maniobra naval, trabajar en su favor y soportada por esta, por lo que debe ser, más allá de la necesaria conjuntez (mucho más fácil de nombrar que de conseguir), una fuerza de la Armada.

Llegados a este punto debemos considerar los elementos necesarios para ejecutar una operación anfibia y que se resumen en:

  • El centro de mando del operativo
  • Los medios aeronavales de proyección
  • Los apoyos de fuegos naval y aéreo (embarcados)
  • El soporte logístico
  • La fuerza desembarcada

De ellos, solo la última es propiamente una fuerza de Infantería de Marina, ya que el centro de mando (conjunto) generalmente estará embarcado, coordinando los medios terrestres, navales y aéreos, que serán orgánicos de la Armada e incluso apoyados por el Ejército (en especial mediante los helicópteros de las FAMET).

Respecto a los fuegos, la presencia de aviación embarcada es definida por la propia Armada como elemento fundamental para sostener una capacidad anfibia relevante. La pregunta que surge de inmediato es si puede sobrevivir la IM a la posible pérdida de los aviones Harrier.

Es vox populi que el sustituto del Harrier (y único avión VSTOL en fabricación) es el muy caro y no menos polémico F35B. Sus necesidades logísticas, tamaño relativo respecto a la única cubierta compatible (que también ejerce de anfibio) y el coste de operación, unido a algunas deficiencias operativas (el avión tiene una carga de armas interna muy pobre mientras que la externa invalida la principal ventaja del modelo, su furtividad) hacen que su adopción no esté nada clara. Por supuesto, todas estas dudas no tienen tanta relevancia como su coste y la imposibilidad de financiarlo con créditos procedentes del Ministerio de Industria.

Esta posible carencia pone el foco en otros sistemas capaces de proporcionar apoyo de fuegos, como la artillería naval o los helicópteros de ataque. La primera será potenciada en los próximos años, aumentando los buques con cañón principal de cinco pulgadas y mediante la munición Vulcano, con la que se consiguen alcances de hasta 70 km.

También los helicópteros parece que incorporarán en el futuro nuevas capacidades de velocidad, altitud y alcance, fruto de su arquitectura rotores basculantes o con impulso horizontal, capaces pues de hacer ataques en profundidad con armamento más potente, de forma similar a un avión convencional. Las municiones stand-off de pequeño tamaño, como el misil Brimstone, también aumentarán la capacidad aire-superficie de estas plataformas.

Respecto a los medios de proyección, estos se basan en los buques de asalto anfibio, su capacidad para acoger contingentes a bordo con todo su material y lanzarlos sobre la playa en vehículos anfibios, helicópteros de asalto y mediante lanchas transportadas en los diques inundables.

Actualmente la Armada dispone de tres barcos con capacidad anfibia; el LHD Juan carlos I, que con 26.000 t es el mayor de la historia de la Armada y puede embarcar aviones Harrier, helicópteros, carros de combate y hasta 900 infantes de marina; y dos LPD clase Galicia, limitados a 13.000 t, con hangar para cuatro helicópteros y capacidad para 500 hombres (el segundo de ellos algo menos, por incorporar un estado mayor embarcado).

La capacidad del dique inundable de todos ellos es de cuatro LCM-1E (la lancha estándar de la Armada, capaz de desembarcar 60 t) o un número variable de lanchas RHIB de asalto (que pueden igualmente estibarse sobre cubierta) como la Duarry SUPERCAT o la zodiac Milpro SRMN-600, de 6 m de eslora y una capacidad de 1.600 kg.

Por su parte, los helicópteros de asalto que habitualmente apoyan a la Infantería de Marina están en periodo de renovación y van de los históricos SH-3 Sea King a los provisionales SH-60F, que realizarán servicios mínimos mientras no lleguen los nuevos NH-90 MTTH contratados. Un primer lote de siete aeronaves, que se pretende aumentar hasta los 12-14 ejemplares, debería incorporarse entorno a 2025; lo que supone una potenciación considerable de este tipo de operaciones over the horizon, que aportan mayor seguridad a la flota y rapidez de ejecución.

Por si esto fuera poco, la modernización del CH-47 Chinook al modelo Foxtrot incluye freno rotor para facilitar su operación a bordo de los buques de la AE, una práctica cada vez más demandada, como han demostrado los recientes despliegues en Irak o Mali. El uso del Chinook, con capacidad para 38 hombres o para llevar cargas pesadas a la eslinga como obuses o mulas mecánicas, impulsa las operaciones helitransportadas a un nivel hasta ahora desconocido.

Tanto las fortalezas como las debilidades de la fuerza, invitan a replantear sus posibilidades de empleo y su estructura, adaptándose a la realidad de unos presupuestos menguantes, un déficit crónico de personal y a la necesidad de acometer otras inversiones más acuciantes.

Ciertamente, no puede entenderse a la Infantería de Marina sin la Armada, y esta tiene graves problemas que resolver en diferentes ámbitos. No se trata de establecer preferencias, sino de prioridades. Sin una Armada potente y bien pertrechada (desde barcos a marinería, pasando por misiles o un buen mantenimiento) la Infantería de Marina más potente del mundo no podrá operar.

Para que el Grupo de Artillería de Desembarco (GAD) pueda desplegar junto a la fuerza en cualquier circunstancia solo existe una pieza que cumpla con todo lo necesario: el M777. Este extraordinario obús de 155/39 está hecho básicamente de titanio, pesa solo 4 ™ y dispone de un alcance de 40 kms con munición asistida. Respecto a su proyectabilidad, puede ser llevado a la eslinga por un helicóptero chinook y ser remolcada por el nuevo camión ligero VAMTAC SK, siendo el conjunto desembarcable desde las LCM-1E (puede llevar dos). Fuente – USMC.

Infantería de Marina: Una estructura para una misión

Cualquier fuerza naval, tanto en su base como en cualquier puerto donde un buque toque tierra, deberá mantener un servicio de vigilancia y protección, así como un núcleo de policía naval. Este punto tiene su importancia no solo por la amenaza externa, también en el buen cumplimiento del régimen jurídico y/o las reales ordenanzas, evitando casos tan graves y desafortunados como que los buques de la Armada hayan servido de transportes de alijos de droga o perdido parte de su lastre por negocios fraudulentos.

Lógicamente, se puede asignar esta función al cuerpo de Infantería de Marina, la cuestión es si justifica la necesidad de personal y unidades específicas que tienen desaprovechamiento en otras funciones, como son la proyección del poder naval sobre tierra, sea cual sea su modalidad.

En los años previos al fin de siglo, los tercios de la hoy llamada FUPRO (que se creó en 2004, al cambiar la estructura territorial de la Armada) se consideraban tropas de refuerzo del TEAR para la función anfibia. El fin de la “mili” (Servicio Militar Obligatorio) y la profesionalización, redujeron a los mismos a mínimos y terminaron por perder esta función.

Sólo muchos años después las misiones de carácter asimétrico, como la lucha contra la piratería, han vuelto a asignar funciones operativas a los Tercios de Protección en forma de trozos de seguridad (EOS o Equipos Operativos de Seguridad) a bordo de los diferentes buques, misión asignada a la FUPRO (a su vez competencia directa del comandante general de la IM desde 2007) por estar presente en todas las bases navales susceptibles de alistar buques con esta necesidad. Sin embargo, la falta de efectivos para esta tarea ha obligado al TEAR a reforzarlos con equipos similares (Tango) para la gran cantidad de misiones que se han afrontado los últimos años.

Una forma de resolver todos estos problemas es seguir la estela del Ejército de Tierra de dispersar las unidades de combate, aunando la función operativa, técnica e institucional en base a una estructura de mando orgánica más sencilla.

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