Al-Shabaab y las nuevas misiones internacionales en Somalia

Aumento de la respuesta militar, auge del yihadismo y retos a futuro para Somalia

Al-Shabaab, apoderado de Al-Qaeda en Somalia, lleva quince años afianzando su poder en el Cuerno de África. Desde entonces, todo tipo de misiones internacionales se han sucedido para contrarrestar los efectos del yihadismo y la piratería. Ahora, la Unión Africana y los Estados Unidos van a desplegar más tropas sobre el terreno para aumentar la respuesta militar y tratar de frenar el auge del yihadismo en la región. Al-Shabaab supone una amenaza que va más allá de los atentados, pues controla puestos fronterizos, se mueve con soltura en el comercio de armas e incluso llega a actuar, en ocasiones, en connivencia con el gobierno somalí. Por todo ello, analizamos las nuevas misiones militares en Somalia, el poder real del apoderado de Al-Qaeda y los retos a futuro del país del este africano.

El mes de abril del 2022 empezaba con la noticia de la autorización del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a la Unión Africana para desplegar una nueva misión en Somalia, ATMIS, y reforzar los efectivos desplegados. Al mes siguiente, en mayo de este año, el Presidente de los Estados Unidos –Joe Biden– autorizó, con el beneplácito del gobierno somalí, el envío de tropas estadounidenses de vuelta a Somalia.

Ahora, Unión Africana, por tierra, y EE.UU, por aire, combaten en Somalia al apoderado de Al-Qaeda en el Cuerno de África. Al-Shabaab se ha convertido en el más leal y productivo aliado de la matriz de Al-Qaeda, llegando a ocupar el primer puesto entre los grupos yihadistas del mundo. ¿Qué implicaciones tienen las nuevas misiones militares? ¿Cuál es el poder real de Al-Shabaab? ¿Necesita Somalia algo más que contraterrorismo?

Un oficial al mando da órdenes a los miembros del Ejército Nacional Somalí (SNA) mientras marchan durante su desfile en un centro de entrenamiento de la Misión de la Unión Africana en Somalia. Fuente – AMISON.

Misiones internacionales en Somalia: de EE.UU a la Unión Africana

Somalia lleva conviviendo con fuerzas militares extranjeras en su suelo desde hace más de 40 años. No siempre ha sido por la amenaza del yihadismo de Al-Shabaab –o la incipiente nueva implantación de Daesh en el Cuerno de África– por lo que Somalia ha necesitado apoyo exterior militar para garantizar su estabilidad. A ello hemos de sumarle golpes de estado, piratería y un deterioro socioeconómico acuciante. Aún así, Estados Unidos ha estado –aunque intermitentemente– muy presente en las últimas décadas, desde que las Naciones Unidas desplegaron la UNOSOM en 1992. Esta misión de la ONU se retiró en 1995, y con ella EE.UU, pero no acabarían ahí las botas estadounidenses en Somalia.

Dentro de la “Guerra contra el terror” emprendida por George W. Bush, EE.UU volvió a desplegar a sus militares para apoyar al gobierno de Mogadiscio, ahora sí, en su guerra contra Al-Shabaab. En 2007, la Administración Bush emprendió un nuevo apoyo a Somalia en su batalla contra el yihadismo, principalmente contra Al-Shabaab, y a la que se le alineó la OTAN con la Misión Operación Escudo del Océano. La filial de Al-Qaeda en Somalia fue designada un año después como Organización Terrorista Extranjera en 2008 (Departamento de Estado, 2022). Desde entonces, EEUU ha emprendido 257 campañas aéreas contra combatientes y posiciones de Al-Shabaab en Somalia, incluidas las operaciones con drones (Air Wars, 2022).

En este sentido, los gobiernos de los presidentes Barack Obama y Donald J. Trump continuaron prestando apoyo logístico, de asesoramiento, formación e inteligencia; hasta que Trump decidiese retirar a sus tropas en sus últimos días en la Casa Blanca (Reuters, 2020). Precisamente, ambas administraciones fueron las más activas en bombardear los campamentos y puestos fronterizos del apoderado de Al-Qaeda en Somalia, acabando con la vida de miles de combatientes de Al-Shabaab (Air Wars, 2022).

Diferentes fuentes arrojan cifras también diferentes respecto a los militantes muertos. Fuente: Air Wars.

La salida de Estados Unidos de Somalia no hizo sino empeorar la crisis de seguridad liderada por Al-Shabaab. Durante el año 2021, Somalia se convirtió en el noveno país del mundo con mayor número de víctimas por atentados yihadistas (OIET, 2022). A ello, ha de sumarse la ambición expansionista de la filial de Al-Qaeda. El año pasado, atacaron en la ciudad portuaria de Kisumu, Kenia, a cientos de kilómetros de la frontera somalí y muy alejados del habitual escenario de operaciones de Al-Shabaab (Ibid, 2022). En porcentaje, los ataques contra objetivos estadounidenses aumentaron un 17%, con respecto al año anterior; sumados al incremento de un 32% de ataques contra otras fuerzas armadas (African Center for Strategic Studies, 2022).

Todo ello, sumado a la petición y recomendaciones del Departamento de Defensa estadounidense, de volver a desplegar fuerzas estadounidenses ante la grave amenaza que supone Al-Shabaab contra EE.UU y la necesidad de acompañar el proceso político somalí (AFRICOM, 2022). Así, y tras el despliegue de 450 efectivos de las fuerzas estadounidenses, han retomado las intensas campañas aéreas contra Al-Shabaab. En los últimos días, se han sucedido los ataques que han acabado con la vida de combatientes yihadistas y sin bajas civiles.

Además de EE.UU, otro actor internacional con importante presencia militar en Somalia durante décadas ha sido la Unión Africana. A la par que la misión autorizada por Bush, en 2007, el organismo continental, con el respaldo del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, lanzaría la AMISON con el fin de combatir a Al-Shabaab y garantizar la paz regional. Gracias a la AMISON, apoyando del ejército somalí, se consiguió liberar la capital del país –Mogadiscio– del control durante años de Al-Shabaab (González, 2013).

Ahora, a la AMISON la viene a sustituir ATMIS, la nueva misión de la Unión Africana. El mandato renovado tiene el cometido de combatir el yihadismo en Somalia, tanto a la filial de Al-Qaeda como a la incipiente representación de Daesh en el Cuerno de África que complica aún más el tablero de operaciones. Si bien esta última filial no representa el mismo nivel de amenaza que Al-Shabaab, es un peligro a tener en consideración que comienza a aparecer en múltiples informes de Defensa e Inteligencia de distintos países y organismos (Counter Extremism Project, 2022).

En este sentido, ATMIS refuerza la apuesta securitaria con un contingente de 19.626 efectivos uniformados, entre policía y fuerzas armadas. Este número no es nada desdeñable si lo comparamos a los 12.000 combatientes con los que cuenta A-Shabaab. La proyección de esta nueva misión de la Unión Africana es ir reduciendo progresivamente su presencia en terreno, mientras crece en número y capacidades el Ejército Somalí (ATMIS, 2022). Ello se debe a que el propósito de las operaciones no es sólo frenar el auge del yihadismo en el Cuerno de África, sino acompañar el proceso de transición política que de estabilidad institucional en Somalia (Ibid, 2022).

La sede de ATMIS fue objetivo de un atentado (Sheikh y Omar, 2022), al mes de su inauguración, en un modus operandi habitual de Al-Shabaab contra organismos occidentales; a los que se le ha de sumar atentados previos contra los puestos de AMISON, de Naciones Unidas y de EE.UU. Estos ataques de gran impacto mediático pero poco estratégico, siguen un patrón de comportamiento a su organización hermana, Al-Qaeda en el Magreb Islámico (Pérez, 2021), quien también ha atentado con asiduidad contra operativos y edificios de instituciones regionales e internacionales.

A nivel regional, la Unión Europea también ha contribuido con su presencia en Somalia. En el caso de la organización comunitaria, desde 2010, cuentan con la EUTM-Somalia; la misión militar de la UE para acompañar la transformación de la Defensa somalí gracias a la formación a sus militares y asesoría a sus altos cargos (DSN, 2021). Asimismo, hemos de notar que España es el segundo mayor contribuyente –con una alta representación militar y diplomática– a esta misión militar tras la nación italiana (Ibid, 2021).

Asimismo, aunque para combatir principalmente el fenómeno de la piratería en el Cuerno de África, la Unión Europea también cuenta con una misión naval en Somalia. Este es el caso de la conocida como Operación Atalanta, que busca contribuir a la seguridad marítima de las costas somalíes y el limítrofe Golfo de Adén (DSN, 2021). En esta misión, España también cuenta con una importancia de nivel ya que ha participado ininterrumpidamente desde la puesta en marcha de la Operación Atalanta, y desde 2019 lidera la misión desde el Cuartel de Rota; así como contribuye militarmente con medios aéreos y navales. Al igual que para combatir la piratería y ataques a buques europeos, también se pretende impedir los ataques a las embarcaciones del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (Ibid, 2021).

Fuente: Departamento de Seguridad Nacional

El poder de Al-Shabaab: impuestos, contrabando y expansión territorial

Esta fuerte presencia militar en Somalia, viene justificada por el desarrollo y las acciones de Al-Shabaab, el apoderado más activo de Al-Qaeda en el continente africano –y probablemente en el mundo–. Su expansión operativa, su control territorial, su fuerte presencia en el contrabando armamentístico y su capacidad movilizadora de jóvenes combatientes le han valido para posicionarse como una de las puntas de lanza del yihadismo regional.

Los orígenes de Al-Shabaab, (“la Juventud”, por su traducción del árabe) se sitúan a comienzos de los 2000 ‘s. Entonces, once cortes islámicas se unieron en torno a la coalición llamada “Unión de Cortes Islámicas” (Council on Foreign Relations, 2021). Este grupo, junto con extremistas islamistas tomaron en 2006 la capital somalí –Mogadiscio– aunque al poco fueron expulsados tras la invasión etíope –país de mayoría cristiana que asistió al entonces gobierno de transición en Somalia– (Ibid, 2021). Tras la pérdida de Mogadiscio, los jóvenes militantes de estos grupos dieron lugar a Al-Shabaab y empezaron varias campañas violentas con el fin de establecer un estado fundamentalista islámico en Somalia y para que se expandiera por todo el Cuerno de África (Counter Extremism Project, 2022). A los pocos años, en 2012, y en guerra abierta contra las fuerzas internacionales, Al-Qaeda aceptó el juramento de lealtad de Al-Shabaab a la entonces matriz del terrorismo internacional (Ibid, 2022).

Pese a la fuerte presencia de fuerzas extranjeras combatiendo junto con el Ejército somalí y la recuperación de territorios conquistados por Al-Shabaab, entre los años 2016 y 2017, la filial de Al-Qaeda en Somalia se convirtió la organización yihadista más letal del mundo (The Soufan Center, 2020). Estos datos avalarían que incluso llegaría a superar al sanguinario grupo nigeriano, Boko Haram, que durante ese lustro encabezaron los primeros puestos del yihadismo internacional (Kazeem y Latif, 2017).


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