Leopard 3: una decisión equivocada

¿De verdad es necesario un relevo para los Leopard 2 y Leclerc?

Infografía que representa un hipotético Leopard 3. Autor - Marcel Adams

La industria de defensa europea, encabezada en este caso por el consorcio KMW+Nexter Defense Systems (ARGE) así como por Rheinmentall, lleva años avanzando la llegada de un futuro carro de combate que vendría a sustituir a los actuales Leopard 2 y Leclerc y cuyas tecnologías se están desarrollando en el marco del programa MGCS (Main Ground Combat System). En fechas recientes se han dado pasos decisivos de cara a la fabricación del futuro Leopard 3. No obstante, las dudas sobre su necesidad real existen y no son pocos los que consideran que sería más adecuado continuar modernizando los sistemas heredados, como hacen los EE. UU. con sus Abrams, en espera de que los sistemas autónomos (UGVs) sean una realidad. Tampoco quienes critican los intereses industriales que se esconden tras el proyecto.

Mientras se termina de definir el futuro del programa MGCS, los dos estados que encabezan el proyecto han dado en los últimos años una serie de pasos interesantes. En los últimos días, de hecho, el programa parece haber entrado en velocidad de crucero, con la firma de una serie de acuerdos que podríamos considerar fundamentales.

La historia de este programa, sin embargo, es bastante más larga y se remonta casi una década atrás. El primer hito significativo se produjo en 2012, cuando Francia y Alemania anunciaron su decisión de desarrollar un nuevo carro de combate que sirviese de relevo a los sistemas en servicio, desarrollados tres décadas antes. Los rumores respecto a un hipotético Leopard 3, por supuesto, eran muy anteriores y resulta difícil saber hasta qué punto KMW o Rheinmetall habían estado trabajando en algo así. Lo mismo para Meter.

El programa vivió un nuevo impulso en 2015, cuando el viceministro alemán de defensa, Markus Grübel, anunció que desde entonces y hasta 2018 se realizarían “estudios conjuntos” destinados a la construcción de un nuevo carro de combate. El 29 de julio comenzaba a ver la luz el consorcio KNDS, después de que los legisladores alemanes y franceses allanaran el camino modificando algunas leyes molestas, como las relativas a la privatización de las compañías de defensa participadas por capital público. Formado por la alemana KMW y francesa Nexter, el nuevo holding era un auténtico gigante, con una plantilla de más de 6.000 trabajadores, una facturación anual superior a los 2.000 millones de euros y una amplia experiencia en el desarrollo, fabricación y comercialización de sistemas terrestres, lo que constituía una buena base de partida.

Posteriormente, ya en 2018 tanto Francia como Alemania firmaron una Carta de Intenciones de cara al desarrollo de dos proyectos clave. El primero de ellos, que daría lugar al programa MGCS, buscaba poner en servicio un sustituto tanto para el Nexter AMX-56 Leclerc, como para el Leopard 2, producido por KMW hacia 2035. El segundo, desarrollar un nuevo sistema de artillería autopropulsada de 155mm.

La unión entre ambas empresas se completó en diciembre de ese año, el día 15, y se decidió que la empresa resultante tuviese su sede en los Países Bajos, en concreto en Ámsterdam. Además, de cara al programa MGCS también se contó con la alemana Rheinmetall, formando así una especie de joint venture denominada ARGE (por el término alemán Arbeitsgemeinschaft que podríamos traducir como consorcio o grupo de trabajo).

Hasta entonces, y desde 2012, Nexter y KMW venían trabajando en un demostrador tecnológico que combinaba lo mejor del concepto de carro de combate alemán y del francés, al menos a juicio de sus fabricantes. Se trabaja de un primer demostrador tecnológico, conocido como European Main Battle Tank (EMBT) y que el consorcio presentó el 11 de junio de 2018 aprovechando la feria Eurosatory de París. El “nuevo” carro tenía un aspecto inusual, como corresponde a una quimera en la que se combinaban la barcaza del Leopard 2A7 y la torre del Leclerc, dando como resultado un carro de combate que si bien no era ni atractivo ni vanguardista, sí sirvió para despertar curiosidad.

Como sabemos, el diseño presentado en París no era más que un ejercicio de ingeniería. Además, el programa MGCS no contemplaba la entrada en servicio del nuevo sistema hasta mediada la década de 2030. Sin embargo, el EMBT servía para demostrar la capacidad de ambas empresas para trabajar juntas, para integrar algunas de sus tecnologías y para probar nuevos conceptos. Tampoco debemos olvidar que antes de lanzarse a ninguna inversión seria destinada al diseño de un carro realmente novedoso, los dos países impulsores debían solucionar varios asuntos pendientes, alguno de ellos grave.

En este grupo podemos situar el espinoso embolado de las exportaciones. Especialmente un problema alemán, ya que su legislación se había vuelto demasiado estricta y negaba la posibilidad de vender este tipo de sistemas a países que, siendo conflictivos, eran en potencia muy buenos clientes. El mismo problema, por cierto, que afectaba a otro programa de una envergadura todavía mayor; el FCAS. La buena voluntad de ambas partes y el visto bueno del legislativo alemán permitieron alcanzar un acuerdo definitivo en octubre de 2019.

Superado este escollo sólo quedaba bosquejar la organización, el reparto tanto industrial como de la propiedad intelectual y la financiación del programa. Para más adelante se dejaría la búsqueda de nuevos socios (y clientes) que corrieran con parte de los gastos. Por el momento han mostrado su interés Polonia y España (se hacía referencia al Leopard 3 en el documento Fuerza 2035), ambos usuarios del Leopard 2 en diferentes versiones. También Italia, país que tendrá que relevar a sus C1 Ariete en los próximos años y que no quiere incurrir en los mismos problemas que vivió durante el desarrollo de este último.

Es así como llegamos al 28 de abril de 2020, cuando en plena crisis sanitaria provocada por el coronavirus COVID-19, la ministra de defensa de Francia, Florence Parly y su homóloga alemana, Annegret Kramp-Karrenbauer, anunciaban la firma de un Acuerdo Marco y de un Acuerdo de Implementación, en virtud de los cuales quedaban establecidas tanto la organización del proyecto, como la estructura de gestión.

El acuerdo de implementación, más conocido como SADS Parte1 (System Architecture Definition Study – Part 1), supone una inversión de 30 millones de euros y fue firmado entre ARGE y BAAINBw (Agencia de Adquisiciones del Bundeswehr). Este contrato fija un reparto a partes iguales entre alemanes y franceses (Nexter 50%, KMW 25% y Rheinmetall 25%) y tiene como objeto iniciar el estudio de arquitectura del nuevo sistema.

Según el calendario provisional anunciado por la agencia BAAINBw, la fase de definición deberá concluir en 2025 con la armonización de los requisitos operativos de ambos socios. Posteriormente vendría la fase de demostración, que debería dar lugar a la construcción de un prototipo funcional antes de terminar el año 2027.

Ambos estados, además de los gastos, compartirán también los derechos de propiedad intelectual a partes iguales. Sin embargo, según comunicó el Ministerio de Defensa germano, el programa se desarrollaría “bajo el liderazgo alemán”, lo que supone que será gestionado como hemos dicho por la BAAINBw, quizá como reconocimiento a la excelencia alemana en todo lo relativo a los carros de combate o quizá, más probablemente, como compensación por el liderazgo francés en el FCAS.

Leopard 3: Un concepto nada innovador

El programa MGCS, además de diseñar un desarrollo state of the art, deberá servir para incrementar la efectividad de ambos ejércitos y, por supuesto, su capacidad de actuar en operaciones conjuntas sin trabas logísticas ni de ningún tipo. Además, deberá contar con un gran margen de crecimiento (se llegó a hablar de una reserva de peso de hasta seis toneladas), capacidad de generación eléctrica suficiente para alimentar futuros sistemas, para hacer frente a las nuevas amenazas del campo de batalla y, por supuesto, para operar en combinación con drones tanto aéreos como terrestres. También, se espera que el futuro Leopard 3 incorpore Sistemas de Protección Activa de origen y que su armamento, de llegar a buen puerto el proyecto, sea más poderoso que el actualmente en servicio. Para ello se trabaja en integrar un nuevo cañón de mayor calibre (hasta 140mm) que los actuales L55, en servicio por ejemplo en los Leopard 2E españoles. De lograrse (y ya se han conseguido algunos resultados prometedores) el peso de las nuevas municiones complicaría sobremanera la recarga manual, obligando a la adopción de un cargador automático, de ahí el esfuerzo por integrar la torre del Leclerc como forma de ganar experiencia.

Dicho todo esto, el producto resultante del programa MGCS estaría destinado a convertirse en la columna vertebral tanto del Armée de Terre como del Heer, pero también de un hipotético ejército europeo capaz de acometer operaciones de alta intensidad. Se ha querido vender como una respuesta franco-alemana a la presentación en 2015 del T-14 Armata, carro que dejaría en desventaja a los miembros europeos de la OTAN frente a Rusia. El problema de fondo es que nada de lo que hemos explicado augura un diseño rompedor, solo un Leopard 2 o un Leclerc vitaminado, algo que a más de una década vista y en vista de la inversión resulta preocupante. Por supuesto, tampoco tenemos noticias de una introducción en servicio masiva del Armata que justifiquen el dispendio.

Lo que sí está meridianamente claro es que el programa MGCS será, junto a otros como el FCAS y la recientemente anunciada Eurocorbeta, una de las patas sobre las que asentar la nueva autonomía industrial europea en materia de defensa, en un intento de hacer buenas las palabras del presidente francés, Emmanuel Macron, pronunciadas en Herszenhorn en 2018, cuando declaró:

“Lo que no quiero ver es que los países europeos aumenten el presupuesto en defensa para comprar armas y materiales estadounidenses y otros que provengan de su industria. Creo que si aumentamos nuestro presupuesto, ha de servir para construir nuestra autonomía y convertirnos en un poder soberano real «.

Todo lo cual, como sin duda concederá el lector, nos lleva a pensar que la principal motivación para embarcarse en este nuevo desarrollo, es industrial.

Otra interpretación artística sobre lo que podría ser el futuro Leopard 3.

Problema común, soluciones diferentes

Más allá de su utilidad real en el campo de batalla futuro, los principales problemas de un hipotético Leopard 3 tienen que ver con la complejidad intrínseca a este tipo de proyectos. No en vano deben satisfacer necesidades diferentes y en ocasiones enfrentadas (derivadas de doctrinas distintas) y ha de negociarse un reparto industrial que contente a las partes, lo que obliga de paso a coordinar empresas con diversas culturas de trabajo y ambiciones.

No es un fenómeno nuevo, al contrario. Lo hemos sufrido en el pasado, al frustrar proyectos en inicio prometedores como el de las fragatas NFR-90 o el carro de combate MBT-70. Más recientemente, hemos vuelto a vivir esta situación a propósito de los helicópteros EC665 Tigre (versiones HAP, HAD, UHT y ARH), del EF-2000 con sus distintas tranches o del helicóptero de transporte NH90 (TTH, NFH, MTH, Sea Lion…). En todos los casos ha dado lugar a que cada país opte por soluciones adaptadas a sus necesidades específicas, lo que ha tenido la triste consecuencia de complicar en exceso los desarrollos, encarecer el producto final y eternizar los programas hasta límites en ocasiones demenciales (mientras esperamos el radar AESA del Eurofighter).

El gran problema, no obstante, puede no ser político sino de tiempos. Aunque la voluntad de algunos socios europeos por alumbrar una defensa común basada en capacidades reales, parece firme, la forma de hacerlo no está tan clara. Como sabemos, vivimos un periodo de tránsito en el que una serie de tecnologías como la inteligencia artificial, la robótica, la aparición de nuevos materiales o los avances en cuanto a baterías y electrificación, auguran una Revolución Militar en toda regla. Embarcarse en programas de duración y coste indeterminados -pues rara vez se cumplen las previsiones iniciales-, como un hipotético Leopard 3, parece una temeridad. Se corre el riesgo de que el producto resultante nazca desfasado y de que el capital invertido se gaste en detrimento de materiales y desarrollos más adecuados a los nuevos escenarios. Por supuesto, los socios europeos no son los únicos que sufren esta situación de incertidumbre. Entre los usuarios de carros más significativos, tenemos los siguiente ejemplos:

Federación Rusa: Su último desarrollo es el T-14 Armata. Concebido mucho antes que cualquiera de sus alternativas y revolucionario en sus planteamientos (en relación a otros carros rusos), su futuro está, sin embargo, en entredicho. Es posible que solo entre en servicio en cantidades ínfimas, debido tanto a su coste como a la disponibilidad de T-72 y T-90 en grandes cantidades y todavía aptos gracias a la incorporación de mejoras relativamente sencillas y baratas de implementar. Estos últimos han demostrado su utilidad en conflictos recientes, como el de Siria y dadas las estrecheces presupuestarias rusas no parece lo más recomendable gastar un dinero que no se tiene en sustituirlos por carros nuevos. Quizá otros productos de la misma familia como el T-15 tengan un futuro distinto. Mientras tanto, Rusia intenta desarrollar a marchas forzadas complementos como el Uran-9 a la vez que invierte en inteligencia artificial, un campo en el que está rezagada frente a los EE. UU. la RPC o Israel.

T-14 Armata

Estados Unidos: Con unos recursos mucho mayores, en el US Army están trabajando en las próximas evoluciones del archiconocido Abrams (SEP v4), a la vez que siguen recibiendo ejemplares actualizados a la variante SEP v3. Como quiera que siempre hacen todo lo posible por estar en vanguardia, también trabajan, en el marco del programa NGCV, en un reemplazo para los carros de combate en servicio (y en realidad para muchos otros sistemas). Persiguen desarrollar un nuevo MBT que les permita formar secciones de cuatro carros no tripulados manejados de forma remota desde dos vehículos tripulados situados a retaguardia. De esta forma, y en total, cada sección (platoon) estaría compuesta por seis vehículos, pero en conjunto por menos tripulantes y peso que si se recurriera a cuatro Abrams (con el lógico impacto logístico). Al prescindir del elemento humano para el vehículo encargado del combate de choque, se puede ahorrar una gran cantidad de peso manteniendo una protección suficiente para un carro de combate y minimizar la pérdida de vidas. En teoría los primeros experimentos ya han comenzado en el TARDEC, con equipos compuestos por un vehículo tripulado y dos no tripulados. Independientemente que de se arriesguen con una solución completamente rompedora o por otra más conservadora (por ejemplo vehículos tripulados con torreta no tripulada y pequeños UGVs como complemento), lo que sí está claro es que la arquitectura se basará en el concepto MUM-T (Manned-Unmanned Teaming o Equipo Tripulado-No Tripulado), que consiste en un vehículo tripulado que manejará a su vez varios vehículos no tripulados en control remoto (pero no autónomos).

M1A2 Abrams SEP v3. Los EEUU, aunque trabajan en distintos modelos de futuro, siguen apostando por modernizar sistemas Legacy. En Europa, por el contrario, parece que la evolución de los Leopard 2 se ha detenido, y que todo pasar por el futuro Leopard 3.

Israel: El pequeño país de Oriente Medio, conocido por sus Merkava, que responden a necesidades muy particulares, está poniendo a punto en proyectos como el Carmel las tecnologías que definirán el futuro de la guerra blindada y acorazada, según ellos la entienden. Sin embargo, lejos de aventurarse en un hipotético Merkava Mk. V, todo apunta a que por el momento lo consideran innecesario y seguirán produciendo el Merkava Mk. IV Barak, al que se irán incorporando algunas de las tecnologías del Carmel relativas a la conciencia situacional, a la vez que siguen mejorando otros apartados, como el de la protección activa.

Merkava IV

República Popular de China: Su desarrollo más reciente es el Tipo 99A, último derivado de una saga a la que todavía le queda una larga vida por delante. Se trata de un carro pesado, del orden de las 58-60 toneladas y que está entrando en servicio todavía. Inferior a las variantes más modernas de los Leopard 2 (A6 y A7) tanto por su armamento, como por su protección, es indicativo del acercamiento chino a la guerra acorazada, bastante conservador. Sin duda, como han hecho en la guerra naval, lejos de innovar, analizan lo que funciona en otras latitudes, dando forma a desarrollos cada vez más modernos y completos. No debemos olvidar, en cualquier caso, que se ha especulado mucho con futuros desarrollos y que en sectores como el de la inteligencia artificial o el desarrollo de drones son un duro competidor, cuando no un líder absoluto, como en el caso de los mini-drones. Esto sin duda les permitirá adaptarse con rapidez a los avances estadounidenses o europeos.

Carro de combate Tipo 99 chino

Como vemos, distintas potencias recurren a aproximaciones diferentes, pero ninguna parece que se vaya a lanzar en breve a un programa de la complejidad del futuro Leopard 3, ya en marcha.

El caso Ruso es particular, pues si bien tienen un modelo muy avanzado y casi por completo desarrollado, no tienen capacidad económica para introducirlo en servicio. En cualquier caso, avanzado no quiere decir, como muchos suponen, revolucionario. El T-14 Armata, pese a su cañón y concepto, seguirá retrasado en cuanto a guerra en red o conciencia situacional, aspectos determinantes en la guerra futura.

Respecto a los EE. UU., hay importantes debates tanto en el seno del US Army y el USMC como entre los legisladores sobre si es mejor seguir modernizando los sistemas heredados (legacy) a la espera que el panorama futuro se clarifique; no quieren exponerse a invertirlo todo en proyectos con un gran riesgo tecnológico y que quizá después de décadas de estudios y desarrollos terminen en dinero perdido, algo que les ha ocurrido en el pasado con programas como el malogrado FCS.

Israel, como hemos visto, tiene muy claro que no hay nada que justifique la inversión en un nuevo carro de combate, algo lógico teniendo en cuenta que sus preocupaciones son otras, cada vez más lejanas de la guerra convencional.

Por último, en el caso de la RPC consideran que ya tienen un carro lo suficientemente avanzado y con un margen de mejora adecuado para encarar el futuro previsible.

Así las cosas, ¿realmente necesitan Francia, Alemania y el resto de países europeos (previsibles clientes o socios en el futuro) un nuevo carro de combate? Dicho de otro modo: ¿hay alguna necesidad o amenaza que justifique invertir cientos o miles de millones de euros en el hipotético Leopard 3 (ahora)? ¿Ve alguien a Alemania conteniendo la avalancha de carros rusos en la brecha de Fulda o en la de Suwalki?¿Acaso necesitan esos carros para poner orden en el Sahel? Nada de eso casa con lo que explicamos aquí y es que en cualquier conflicto con Rusia sería más importante contar con otro tipo de capacidades, como la de realizar fuegos de largo o ultralargo alcance.

Como decíamos unos párrafos más arriba, la verdadera razón para llevar a cabo el desarrollo del Leopard 3 es puramente industrial. El consorcio formado por Nexter, KMW y Rheinmetall se aseguraría cuantiosas partidas destinadas a I+D+i procedentes de los fondos comunitarios. Por otra parte, tendrían garantizada la carga de trabajo durante décadas. Francia y Alemania podrían así nutrir a sus menguadas fuerzas armadas compartiendo gastos.

Por su parte, el resto de países europeos, participen o no en el desarrollo del Leopard 3, podrán recurrir llegado el caso a un producto de última tecnología y con todas las garantías. Además, las perspectivas para la exportación en regiones como Oriente Medio, con unas petromonarquías prestas a adquirir cualquier novedad, se presentan inmejorables. Una jugada perfecta… o quizá no tanto.

Por supuesto, no todos conciben la guerra acorazada futura de la misma manera. Esta infografía fue publicada por Milrem Robotics.

Un ecosistema industrial en peligro

Si enfocamos el problema desde la distancia, con una perspectiva más amplia que permita ir más allá del interés de unas pocas grandes corporaciones, tenemos que este tipo de apuestas son pan para hoy y hambre para mañana.

Por una parte, las inversiones ingentes y las subvenciones públicas, obligan a que las Fuerzas Armadas terminen por adquirir sistemas que quizá no respondan a sus necesidades, condicionando de paso las doctrinas de empleo, la operatividad y la capacidad de hacer frente a las futuras amenazas. Lejos de ser algo puntual, debido al tiempo que deben permanecer en servicio estos sistemas y a la duración de los grandes programas, la situación se prolonga durante décadas. Eso sin entrar en otro tipo de consideraciones, como las que planteara Mary Kaldor en «El arsenal barroco».

En los últimos años hemos visto fracasar programas como el LCS (Littoral Combat Ship o Buque de Combate Litoral) norteamericano, incapaz de adaptarse a un escenario nuevo, marcado por la competición entre grandes potencias. Respecto al polémico F-35 lightning II, la propia USAF asume en cierto modo que será el último de su especie. De hecho, ya trabaja en una reforma profunda de su estrategia de adquisiciones con el foco puesto en la integración de subsistemas de última generación sobre una base común, de forma que cada poco tiempo se pueda alumbrar un modelo nuevo (hablan de plazos de cinco años, muy lejos de los actuales). En Europa, por contra y con un notable retraso, nos embarcamos en proyectos como el FCAS, de una complejidad y duración extremas.

Quizá deberíamos plantearnos si lo que estamos consiguiendo es garantizar artificialmente la supervivencia (sin necesidad de adaptación y competición) de una serie de empresas con una gran capacidad de lobby. También si lo estamos haciendo perjudicando de paso la salud de un tejido industrial de empresas pequeñas y medianas y start-ups que, por ejemplo en los EE. UU. o Israel, forman ecosistemas mucho más innovadores en conjunto. Por supuesto, hemos de interrogarnos sobre los costes que esta política tiene y sobre si es la mejor forma de prepararnos ante la revolución que viene.

Al igual que ocurre en la naturaleza, en donde una mayor biodiversidad y variabilidad genéticas aseguran una mayor resistencia tanto de cada especie, como del conjunto del ecosistema ante todo tipo de imprevistos, en la industria de defensa y en la guerra ocurre algo parecido. Manteniendo un núcleo de capacidades fabriles suficiente, es más beneficioso alimentar muchas empresas vanguardistas que unos pocos gigantes. Lo que ha de primar en tiempos de cambio imprevisible como los actuales, es la capacidad de innovar y adaptarse.

Huelga decir que para esta tarea, las “lorzas” (organizaciones extensas y complejas, instalaciones de producción sobredimensionadas, necesidad de dar salida a una gran cartera de productos…) son un impedimento. Al igual que ocurre con las Fuerzas Armadas, que en ocasiones mantienen vacantes innecesarias por intereses corporativos o son incapaces de adaptar su orgánica y doctrinas por la necesidad de mantener un equilibrio de poder entre las diversas armas, las grandes compañías sufren problemas comparables. Por supuesto, no se trata de prescindir de ellas; sólo de buscar un equilibrio entre los beneficios que aportan las grandes empresas (capacidad de inversión y movilización de recursos, masa gris, producción, logística…) y las que aportan las pequeñas y medianas. También de cambiar su dinámica de funcionamiento de tal forma que encuentren beneficioso desarrollar más productos menos ambiciosos, que asegurarse el sustento a largo plazo mediante programas faraónicos.

En lo que concierne al Leopard 3 (y ya que estamos, al FCAS), en opinión de quien escribe el proyecto debería pensarse de nuevo, bajo riesgo de que nazca sólo para responder a unas necesidades que en el momento de su entrada en servicio ya habrán desaparecido. También deberíamos recapacitar acerca de si detrás de tamaño programa hay razones técnicas de peso o si, como parece, responde más bien a otros objetivos, como el interés de Francia y Alemania por controlar absolutamente la futura industria europea de defensa, adelantándose con un producto que otros socios como España, Italia o la misma Polonia apenas puedan, en el mejor, fabricar bajo licencia o llevarse las migajas.

Por todo ello, y estos momentos, considero que embarcarse en un proyecto como el Leopard 3, que responde más a necesidades industriales que a motivos puramente militares, es una temeridad. Sería más inteligente invertir ese dinero en seguir modernizando los Leopard 2 y Leclerc en servicio, por ejemplo con la incorporación de sistemas de protección activa (incluyendo camuflajes inteligentes), armamento auxiliar más moderno o mejoras en cuanto a municiones, capacidad de operar en red y conciencia situacional. Mientras tanto, los fondos ahorrados deberían invertirse en repoblar un ecosistema industrial-militar falto de una cantidad adecuada de empresas pequeñas y medianas, cruciales para garantizar la capacidad de innovar y adaptarse ante los cambios que vienen.

 


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3 Comments

  1. Totalmente de acuerdo… Si acaso haría falta revisar el tema de la cadena logística y las modernizaciones, pero construir un nuevo MBT carece de sentido hoy por hoy.

  2. Coincido plenamente con el artículo. Creo que en algunas «cúpulas» hay mucha falta de imaginación y de visión (¿profesionalidad?) y un exceso de conformismo y comodidad. Por eso tienden más a aceptar lo que se les propone desde fuera que a pensar y analizar por su cuenta. Eso les lleva a identificar «nuevo» con «mejor» o «Más adecuado», lo cual a veces es verdad, pero otras no y hay que saber distinguir y analizar.

  3. Coincido en que una de las razones principales sea estimular las industrias de Francia y Alemania. Lo que si me parece que sería es una revolución desde el punto de vista logístico por el tema de modularidad (de cara al transporte, por ejemplo desmontando piezas que impidan cruzar una determinada área por el peso) y de unificar repuestos entre varios países participantes.

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