La defensa de Ceuta y Melilla

¿Un objetivo imposible?

¿Están en peligro Ceuta y Melilla? Es una pregunta cada vez más recurrente en la prensa. Por una parte, una guerra entre España y Marruecos parece impensable a día de hoy siendo como son ambos estados importantes socios comerciales y contando con aliados en común como Francia o Estados Unidos. Por otra, cualquier cambio en la política interna marroquí o en la arena internacional podría precipitar un enfrentamiento que vaya más allá del terreno diplomático, pues existen importantes fricciones en temas clave como las aguas territoriales o la soberanía sobre las ciudades españolas en el norte de África. ¿Está todavía España en posición de defender Ceuta y Melilla y el resto de territorios norteafricanos o, por el contrario, el programa de rearme marroquí ha inclinado definitivamente la balanza del lado de Rabat?

‘’Hijos míos, vamos a abandonar este corralito que hemos defendido como héroes por la falta de víveres y municiones; llorad por vuestros hermanos que dejáis sin sepultura, ahora vamos a seguir defendiéndonos con las pocas municiones que nos quedan y terminadas estas emplead la bayoneta; yo, hijos míos, os seguiré mandando como hasta aquí he hecho’’

Comandante de Infantería Julio Benítez

Con estas palabras el Comandante de Infantería Julio Benítez arengó por última vez a los sitiados de Igueriben. Minutos después, solo una decena de los 350 hombres que defendían la posición saldrán con vida. Es el comienzo del que ha pasado a la posteridad como «Desastre de Annual», donde más de diez mil hombres, incluido su comandante, el General Silvestre, perderían la vida en julio de 1921 en la posición del mismo nombre, cerca de Melilla.

Este hecho marcaría profundamente al Ejército español, aunque es solo el más sangriento capítulo de los muchos acaecidos durante el protectorado español de Marruecos, que se extiende durante un siglo, desde el conflicto de 1859 o primera guerra de África, hasta el fin del protectorado en 1961 (Sidi Ifni será entregado pacíficamente en 1969).

Aquellos conflictos dieron forma y carácter al Ejército, viendo el nacimiento de algunas de sus unidades de élite (y las más laureadas, debido a su desempeño en estas tierras) como la Legión o los Regulares. También fue el escenario de nuestros primeros bombardeos aéreos y del empleo de carros de combate (en 1913 y 1922 respectivamente).

Pero las guerras de Marruecos no serán las única huella que deje el territorio en nuestro Ejército, una huella que aún perdura en la mente de algunos generales que eran jóvenes oficiales en 1975, cuando se acometió el ignominioso repliegue del Sahara español, reclamado por Marruecos y Mauritania y aún hoy, 45 años después, inmerso en un limbo jurisdiccional.

Por lo acaecido en aquellos días podemos decir que es un verdadero milagro que las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla sigan siendo españolas, toda vez que una parte de la sociedad y partidos políticos, con nulos conocimientos más allá de una obtusa lógica geográfica (pueden estar en África, pero forman parte de nuestro país desde hace 500 años y son enclaves cristianos desde la época romana) han dado alas a la absurda pretensión de Marruecos, nación que no obtuvo su independencia hasta 1956, para pedir su anexión; como si la invasión, no autorizada por Naciones Unidas, del Sahara español no hubiera sido suficiente botín.

Esta situación llegó a provocar que el envalentonado gobierno de Mohamed VI pusiera a prueba la determinación del gobierno español con la toma en 2002 del islote de Perejil, una pequeña roca situada frente a la costa africana al oeste de Ceuta. La respuesta del ejecutivo de José María Aznar fue contundente, desmesurada y hasta ridícula según las voces anteriormente citadas, pero necesaria para mandar el mensaje que buscaba el joven y ambicioso monarca marroquí.

Si bien no hubo enfrentamiento militar como tal, volvió a poner de actualidad el centenario y olvidado conflicto de Marruecos, hoy centrado en las posibilidades de defensa de las citadas ciudades ante una posible agresión.

Hay que empezar este relato dejando claro que a día de hoy, siendo España un importante inversor en Marruecos y formando parte de sólidas alianzas políticas y militares, y con el país vecino lejos de la influencia islamista, claramente pro-occidental y socio preferente de Francia y Estados unidos, dicho conflicto es muy poco probable.

Pero no es menos cierto que esta misma situación se daba en 2002, cuando la crisis de Perejil encendió todas las alarmas, a lo que se suma la permanente sospecha respecto a la actitud que tomarían unos aliados que excluyeron estos territorios del tratado de adhesión a la OTAN. De hecho, en aquella ocasión la respuesta diplomática de alguno de ellos fue bastante tibia, por no decir abiertamente hostil.

Según cuenta el ex-presidente Aznar en sus memorias, Jacques Chirac llegó a pedirle disculpas por anteponer los intereses económicos de Francia a la política de solidaridad europea en asuntos de índole exterior (llegando incluso a saturar la señal del principal satélite del que disponía España para sus comunicaciones, el Helios, que era francés) que inició precisamente Francia cuando el entonces primer ministro Francois Mitterrand, prestó su apoyo incondicional a Reino Unido en la crisis de las Malvinas (pese a unirle fuertes lazos comerciales con Argentina).

En aquel momento de gran debilidad europea fue la administración norteamericana de George W Bush, con su secretario de estado Collin Powell a la cabeza, la que intercedió en favor de España y de la estabilidad en el Mediterráneo.

Es comprensible que posteriormente Aznar se apuntara a la lucha contra el terrorismo y la intervención en Irak, con la famosa foto de las Azores. Sobra decir que los actuales inquilinos de la Casa blanca y la Moncloa distan de ser los de entonces.

Este supuesto, en el que España tenga que apañárselas sola en la defensa de Ceuta y Melilla, al menos en el aspecto puramente militar; impone serias limitaciones en el análisis operacional de un supuesto enfrentamiento.

Por el lado marroquí, obliga a mantener el conflicto como un asunto meramente regional, o más concretamente, circunscrito al territorio en litigio por motivos diplomáticos. Es obvio que una agresión al territorio peninsular español o al archipiélago canario, así como ataques a los buques españoles en sus aguas jurisdiccionales, permitiría a España invocar el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte; con el consiguiente aplastamiento militar, político y económico del reino alauita.

Por el lado español la limitación es aún mayor, ya que le impide hacer una defensa de Ceuta y Melilla adelantada o ataque preventivo sin menoscabo de su posición diplomática, al tiempo que extender el conflicto cerraría la puerta al supuesto anterior, como le ocurrió recientemente a Turquía en su «desencuentro» con Rusia.

Toda vez que el frente terrestre de ambas ciudades autónomas es desfavorable a nuestros intereses y, en cambio, la superioridad aeronaval es nuestra principal baza para imponer nuestra voluntad al enemigo, parece que en efecto España deberá asumir la iniciativa, y con ello la falta de certeza sobre el apoyo internacional a su causa.

Aplicando esta máxima, la zona de exclusión aérea y marítima entorno al Estrecho de Gibraltar tendría consecuencias económicas globales de mucha gravedad, lo que sin duda incrementaría las presiones a ambos contendientes para poner fin al despropósito, lo que unido a cierta represalia estratégica española (económica, política y hasta militar) pondría a Marruecos en una situación insostenible.

Todo esto, por supuesto, debe estar respaldado por un nivel de iniciativa política que, francamente, cuesta imaginar en nuestro país; siendo esta y no ninguna carencia militar, nuestro verdadero talón de Aquiles.

Pero volvamos al principio, y analicemos las posibilidades que tiene nuestro adversario de desatar una crisis de tal magnitud, pues como democracia pacífica España no se postula como agresor ni tiene abierta reclamación alguna sobre su vecino.

Tropas de regulares, el cuerpo más condecorado del ejército español desfilando en Melilla. Estas unidades tienen su asiento en Ceuta y Melilla, así como en los territorios de soberanía y serán fundamentales en su defensa. Fuente – Ejército de Tierra.

La amenaza sobre Ceuta y Melilla

En 1975, y antes de que se celebre el pactado referéndum de autodeterminación del Sahara, El rey Hassan II cruza la frontera con 50.000 civiles marroquíes, precipitando la salida del Ejército español y anexionándose el territorio.

Las circunstancias entorno a ese acontecimiento y su extrapolación a la situación de Ceuta y Melilla dan una idea de cual puede ser la principal estrategia de Rabat para forzar una negociación por la soberanía de ambas ciudades.

De hecho, ni siquiera ha de escenificarse la invasión. La presencia permanente de miles de ciudadanos marroquíes o aquellos que, siendo españoles de pleno derecho, son de confesión musulmana y ascendentes socioculturales del país vecino; proporciona al gobierno de Marruecos una considerable masa de colaboracionistas para abrir un frente interior, la que se conoce como «quinta columna».

Sin duda, las manifestaciones de esta población o incluso acciones de desobediencia civil, disturbios o violencia callejera son un reto bastante serio, aunque después de la kale borroka que asoló el País vasco durante décadas o los recientes hechos en Cataluña, las FCSE están curadas de espanto, sobre todo en unos territorios donde la inmigración ilegal obliga a desplegar unos efectivos muy numerosos (cerca de mil miembros por ciudad autónoma).

Pero no solo la acción asimétrica es un problema para nuestra seguridad, la sombra de un conflicto convencional es cada vez más alargada.

Ciertamente los tiempos en los que las FAS españolas eran tecnológicamente muy superiores a las de nuestro vecino han pasado, y hoy podemos afirmar que el esfuerzo realizado por Rabat en los últimos años por modernizar sus fuerzas armadas ha dado sus frutos.

La amenaza latente de Argelia y su condición de socio preferente para la administración americana ha propiciado la venta de modernos cazas F-16, helicópteros Apache, carros de combate M1 Abrams o misiles TOW, al tiempo que se han adquirido nuevos sistemas de armas chinos, siendo uno de los más relevantes clientes de esta potencia militar emergente, aunque sus sistemas son toda una incógnita en occidente. De entre ellos podemos destacar los carros VT-1 (copia del T-72), los lanzacohetes WS2D con hasta 400 kms de alcance, y los nuevos sistemas SAM Sky Dragon, capaces de batir blancos múltiples a 50 kms de distancia.

Aunque no todo el material tiene estándares tan altos, no deja de ser eficaz y, en términos cuantitativos, impresionante. Cuenta así con más de 500 carros entre los citados M1, los T-72B, VT-1 y M60A3 (con blindaje reactivo ERA), además de modelos menores destacados en el frente sur, ya que no puede desplegar otro más moderno (por los acuerdos de desmilitarización de la ONU); así mismo las piezas de artillería, solo del modelo M109A1 de 155mm, suponen 250 bocas de fuego.

La superioridad numérica marroquí en sistemas terrestres es obvia, aparte del hecho evidente de que operan en territorio propio. Por otra parte las especiales características del frente en litigio (muy restringido) y la limitada entidad de la fuerza aérea y en especial, de la Marina Real marroquí, siendo como es un Teatro de Operaciones (TO) con un fuerte componente marítimo, influyen decisivamente a equilibrar la balanza de las capacidades militares.

Carro de combate M1A1 Abrams marroquí adquirido en los EE. UU. Se trata de solo uno de los muchos y modernos sistemas de armas con que se está dotando Marruecos y entre los que destacan los cazabombarderos F-16 y los helicópteros AH-64 Apache que recibirá en los próximos años también procedentes de los EE. UU., o los modernos buques de guerra adquiridos a Francia.

Consideraciones operacionales

Nos hallamos ante un escenario muy complejo, donde la división tradicional por componentes terrestre, aéreo y naval es bastante difusa, y donde la interconexión de todos los elementos y la capacidad única de mando y control serán fundamentales.

Es, por tanto, lo que se conoce como un entorno multidominio en el cual se dan cita en un mismo escenario operativo las acciones en o sobre el terreno, el mar, el espacio aéreo, el espacio exterior, el espectro electromagnético y el ciberespacio (ver Número 6).

No es que vaya a establecerse una batalla en el espacio o el ciberespacio con un enemigo que todavía sufre un relativo retraso tecnológico en este aspecto; pero sí, como hemos visto, nuestra capacidad para explotar estos dominios de forma efectiva será fundamental para compensar aquellos otros más tradicionales en los que o bien se ha reducido nuestra ventaja o bien tenemos desventaja (como son la fuerza terrestre o la iniciativa) por lo que la interacción inter-dominio será más acusada que nunca.

En el pasado existía celosamente guardado en un cajón del estado mayor conjunto un plan de operaciones para la defensa de Ceuta y Melilla, conocido como Plan Ballesta, que incidía igualmente en estos aspectos (que no han variado demasiado).

En el mismo se planteaba la posibilidad de evacuar rápidamente las dos ciudades autónomas para evitar sufrimientos a la población civil (y aumentar las posibilidades de maniobrar sobre el terreno sin limitaciones) así como un uso ofensivo de la capacidad anfibia para crear un segundo frente que aliviara la presión sobre ambas ciudades y que sería apoyado por unidades paracaidistas.

Esta visión tenía dos problemas fundamentales, el primero y más obvio es la incapacidad de lanzar simultáneamente un desembarco en favor de las dos ciudades. El otro, la vulnerabilidad de una operación de este tipo, más su cabe con la evolución de los medios de nuestro vecino.

Aparte del riesgo obvio de sufrir muchas bajas en una operación en extremo delicada, consideremos el apoyo posterior necesario a cualquier cabeza de desembarco que, a modo de nueva fortaleza a defender, solo consigue multiplicar las acciones logísticas y defensivas necesarias (como contrabatería, CAPs aéreas defensivas, etc) para sostenerla, así como las posibilidades de que el enemigo elija cuando y por donde quebrarla.

De cualquier forma, estas operaciones requieren una cuidadosa planificación y un tiempo para ejecutarlas; y puede que tiempo sea lo que no tengamos.

Lógicamente un ataque meticulosamente detallado puede contar con muchos más medios, pero perdería el factor sorpresa. Del mismo modo, un movimiento sorpresivo pero poco ambicioso, como la toma de las Islas Chafarinas, Alhucemas (ambas con una guarnición rotatoria) o cualquier otro peñón o islote deshabitado de soberanía española, sería posible y un éxito momentáneo en el plano de la influencia, pero un error de bulto estratégico por parte de las fuerzas armadas de Marruecos ya que supondría revelar sus intenciones, dar la posibilidad a España de hacer una declaración de guerra acorde al derecho internacional y la oportunidad de reforzar su despliegue en ambas ciudades autónomas.

Tampoco podemos descartar por parte de Rabat una estrategia de presión militar, diplomática y hasta psicológica. Una necesaria movilización de sus recursos, un aleccionamiento de su población para la inminente guerra y una ofensiva diplomática, incluido un ultimátum para evacuar las dos plazas (dejando en manos de nuestro gobierno la responsabilidad de las posibles bajas civiles) podrían ser rentables para Marruecos; a ello se uniría la explotación de la mayoría de población musulmana en ambas ciudades, que puede cuando menos, dificultar el trabajo de la guarnición.

En caso de que fuera posible, el primer objetivo sería establecer un plan de evacuación de la población civil; sin embargo hemos considerado el mar de Alborán como una zona donde la navegación de grandes buques de transporte o el tránsito de aviones de carga, sobre todo a la hora de llegar a destino, con gran proximidad al enemigo, supone un riesgo muy alto.

Por tanto solo será posible si se comprometen medios civiles y hay alguna situación de alto el fuego. Lo que cuesta bastante creer, dado que los medios utilizados para propiciar dicha evacuación permitirán también la llegada de los ansiados refuerzos. Igualmente una campaña dilatada en el tiempo perjudica notablemente los intereses de Rabat, por lo que si tiene verdadera intención de tomar por la fuerza las ciudades autónomas, debe imponer un alto ritmo a las operaciones en busca de una victoria rápida y del mayor golpe de efecto posible.

La pregunta obvia es qué puede suceder después, si aguantariamos el primer golpe o no, y la respuesta que podríamos dar. En caso de pérdida total y ante el tremendo desgaste que supondría un intento de reconquista de estos territorios, y sus escasas probabilidades de éxito, lo más normal es que se optara por la vía diplomática, donde solo actores con el poder de Estados unidos podrían provocar un cambio en la actitud de Rabat.

Ahora bien, si la ofensiva inicial fracasa o solo obtiene un éxito parcial, las opciones aumentan considerablemente. En ese caso lo más lógico es que se busque un alto el fuego y que la cosa no pase de ahí, con una retirada honrosa de Marruecos y una batería de sanciones, sobre todo si se estimula con un respuesta contundente en el plano estratégico.

ORBAT propuesto para las Comandancias generales de Ceuta y Melilla. Fuente – Elaboración Propia.

Totaler Krieg

Este fue el término que utilizó el ministro de propaganda nazi, Joseph Goebbels, en el discurso dado a la nación desde el Sportpalast el 18 de febrero de 1943.

Consciente por fin de que el Tercer Reich podía ser derrotado, embarcó al pueblo alemán, hasta entonces ensimismado en una falsa idea de normalidad en su vida cotidiana, en un esfuerzo titánico y a la postre infructuoso, para variar el devenir de los acontecimientos.

Sin embargo, serían los aliados los que, en el plano puramente operacional, desarrollarían la primera campaña de destrucción total de un enemigo fuera de los campos de batalla; los objetivos militares e industriales pronto se confundieron con el ataque masivo e indiscriminado sobre la población para quebrar su espíritu de lucha.

El asombroso poder de los bombardeos estratégicos sería también determinante para someter a otro pueblo aún más fanático, esta vez en el frente del Pacífico, hasta llegar al momento histórico que cambiaría las reglas de la guerra para siempre: los ataques nucleares sobre Hiroshima y Nagasaki.

España, que obviamente ha renunciado al arma nuclear, si bien es una potencia nuclear latente (mantiene la capacidad de enriquecer uranio) es en el momento presente la fuerza aérea más potente de la región, y liberada de toda limitación política podría realizar una campaña de bombardeos devastadores sobre Marruecos que obligaran a la firma de acuerdos de paz y la retirada de todo territorio ocupado.

Esto puede resultar escandaloso, pero no es más que una herramienta a disposición de la nación para defender su soberanía e integridad territorial, un derecho que los españoles se han otorgado en la Constitución.

Si España quiere hacer valer la Carta Magna a cualquier precio, deberá tener en las Fuerzas Armadas el instrumento con el que garantizar esos derechos, lo que incluye el supuesto de, agotadas el resto de opciones, declarar la guerra total contra una nación agresora.

Un claro ejemplo de esto es la posición británica respecto a Gibraltar. Pese al litigio que mantienen con España, hace muchos años que retiró la guarnición de la colonia y no parece tener la más mínima preocupación al respecto de su ocupación por la fuerza; saque el lector sus conclusiones.

Respecto a las herramientas para someter por la fuerza a otro país sin invadirlo físicamente, las más utilizadas son el bloqueo logístico y el bombardeo estratégico. El primero suele llevar a enfrentamientos militares por el bloqueo naval, pero dadas las dimensiones de la Marina Real de Marruecos y la multitud de armadores que operan bajo cualquier bandera en sus puertos, puede y debe ejercerse de forma no letal (impidiendo la llegada de barcos a sus puertos sin el hundimiento sistemático de los mismos). Respecto al segundo, debemos asegurar la capacidad de realizar bombardeos estratégicos sobre objetivos militares, económicos e infraestructuras, bien con el poder aéreo o con misiles de largo alcance.

España alinea actualmente 150 cazabombarderos de gran capacidad, entre EF-18M, Eurofighter Tifón y Harrier AV-8B plus. Por su parte, la fuerza aérea marroquí, equipada durante mucho tiempo con anticuados Mirage F1 y Northrop F5 modernizados en el país, está en proceso de renovación; con la intención de homogeneizar la flota de combate en torno al F-16, del que adquirió un primer lote (23 F-16C block 52) de los excedentes norteamericanos, aumentados ahora con un contrato por otros 25 F-16 block 72 de nueva fabricación, y la actualización de los anteriores; por un monto total de 4.750 millones de dólares.

Estos aviones, equipados con radar AESA (APG-83), misiles HARM y AIM-120C-7, son una seria amenaza para nuestro país, que va camino de perder la enorme superioridad que disfrutaba (ratio 3:1) con una importante reducción en el número de aviones de combate (relevo incierto del EF-18M) y que aún no cuenta con radares AESA de última generación (especialmente eficaces para actuar en pasivo, ocultando su presencia).

Con este estado de cosas, España puede perder la supremacía aérea, limitándose a obtener superioridad aérea local y perdiendo la capacidad de un ataque estratégico masivo.

El poder aéreo no solo es el arma más resolutiva a disposición de una nación no nuclear, también la más evidente, por lo que representa un factor disuasorio de primer orden y, en último término, el mejor instrumento para evitar un conflicto; por contra, es tremendamente cara de sostener, y la exigencia autoimpuesta de reducir los daños colaterales usando carísimas municiones de precisión no hace si no empeorarlo. Pero hay otros sistemas capaces de proporcionar esta capacidad a costes inferiores a un cazabombardero tripulado y con mayor probabilidad de éxito.

La evolución de los escenarios futuros en general, y el que nos ocupa en particular, prevén un aumento considerable de limitación o denegación total de acceso al espacio aéreo, conocido por A2/AD, mediante sistemas superficie-aire cada vez más letales e interconectados (lo que limita la posibilidad de cegarlos con medios anti-radar).

Es por ello que las armas stand-off o de penetración de forma autónoma en estos espacios tendrán una mayor rentabilidad en el futuro contra todo tipo de enemigos. Nos referimos al misil y al UAV de ataque o UCAV, cuya última interpretación evoluciona al concepto Remote carrier, un ingenio lanzable desde diversas plataformas y operable en red, lo que le permite actualizar e intercambiar información sobre los objetivos, siendo una extensión de aquellas.

En el caso de los misiles podemos diferenciar dos conceptos muy distintos, el misil de crucero lanzado por plataformas aéreas y navales, del que actualmente solo disponemos del primero (Taurus); y el misil balístico lanzado desde plataformas terrestres.

El misil Taurus tiene un alcance de hasta 500 kms, lo que unido al alcance y capacidad de penetración de la plataforma (avión EF-18) permite atacar objetivos a más de 1.000 kms de distancia (sin repostar en vuelo).

Los misiles crucero embarcados en buques cuentan con la ventaja de poder dispararse en cualquier momento desde aguas internacionales y en cualquier escenario del mundo sin desplegar costosos contingentes aéreos expedicionarios (si es que hay bases disponibles) o usar portaaeronaves, aunque en el caso que nos ocupa esta es una cualidad de menor importancia.

En el caso del lanzamiento submarino se añade la discreción de la plataforma y la carencia de alerta previa de un ataque. Una capacidad que nuevamente forma parte del arsenal de uno de nuestros vecinos (Argelia) antes que del nuestro, ya que aunque se llegó a considerar la adquisición del Tomahawk estadounidense; esta no fructificó por diversas razones, entre las que la más importante no era la económica, sino restricciones políticas a la hora de hacer un uso soberano de dicho sistema de armas.

No obstante, el misil Tomahawk es un arma extraordinaria, con una carga de guerra de 500 kgs y un alcance de hasta 1.500 kms, y se ha usado de forma intensiva por las fuerzas estadounidenses en todos los conflictos recientes, con excelentes resultados.

Como recurso de bajo coste, está en proceso de incorporación la versión RGM-84L o Block II del misil antibuque Harpoon, capaz de atacar objetivos de superficie tierra adentro; no obstante su alcance, inferior a 300 kms, limita mucho su empleo al obligar a los buques a aproximarse a la costa

Como ventaja, en cambio, debemos citar la posibilidad de modernizar los misiles existentes mediante un kit y su fácil adaptación a todas las plataformas en servicio, como las F-80 o los BAM, lo que daría a estos barcos una capacidad extraordinaria de atacar objetivos en TOs lejanos, aunque sean estrictamente asimétricos (como la lucha contra la piratería, crimen organizado o terrorismo).

Por otra parte cada misil, del tipo que sea, cuesta ya más de un millón de euros; y en el caso del lanzamiento aéreo implica igualmente el uso de un avión de combate, con todo lo que conlleva. Es precisamente en este supuesto donde debemos valorar el uso de UCAVs.

Los UCAV tienen la evidente ventaja de ser reutilizables y disponer de una carga de armas más variada y flexible. Por otra parte, su hora de vuelo es mucho más económica que la de un cazabombardero tripulado y carece como el misil del riesgo de tener pérdidas humanas propias o conceder prisioneros de guerra.

Respecto al misil balístico, se ha asociado durante muchos años al armamento nuclear, pero desarrollos recientes compatibles con lanzacohetes tácticos han vuelto a poner de actualidad un sistema de armas que es muy eficaz y relativamente económico; añadiendo la ventaja de no ser interceptables por sistemas antiaéreos convencionales, salvo algunos altamente especializados y costosos (ABM).

El actual cohete estándar de la OTAN, el MLRS norteamericano de 227 mm, puede sustituir las celdas del cohete básico (que por sí mismo tiene una potencia considerable) por otras capaces de disparar el misil táctico MGM-140 ATACMS, un proyectil balístico con diferentes cabezas de guerra hasta un peso máximo de 230 kg de alto explosivo y un alcance que ronda los 300 kms.

Eso no es todo, el sustituto de este sistema, en fase de pruebas y conocido por LRPF, dispondrá de un alcance mucho mayor (hasta 500 kms) y los lanzadores tendrán el doble de capacidad, pues su diámetro es mucho menor. Por desgracia las penurias económicas han dado al traste hasta ahora con la pretensión del ET de adquirir sistemas cohete.

Debemos reseñar en este punto que estos misiles tienen capacidad antibuque, lo que no solo representa una capacidad extraordinaria y recoge el testigo de la antigua y nunca cubierta pretensión de misiles especializados (tipo Harpoon) para la artillería de costa; también supone la posibilidad de integrar estos cohetes en la UACTA que con carácter permanente está al servicio del mando de vigilancia marítima, sin que su despliegue suponga mayor altercado diplomático.

Desplegada en el sur peninsular supondría un arma de respuesta inmediata capaz de dar cobertura a las dos ciudades autónomas o de atacar objetivos estratégicos en zonas tan alejadas como Rabat o Marrakech.

Todos estos sistemas ya están al alcance de nuestros vecinos, por lo que si queremos ganar la ahora llamada «guerra de salvas» debemos dar la importancia debida a aquellos capaces de anularlos. Es por ello que la capacidad ABM debe ser una ambición irrenunciable para España, y hemos de potenciar los sistemas de armas capaces de proporcionarla, como son el Patriot PAC-3 o el sistema AEGIS asociado al misil SM-3.

En lo que respecta a anular los sistemas antiaéreos enemigos y su red de radares, tendremos que recuperar la capacidad ELINT/EW necesaria, así como invertir en nuevos misiles antiradiación para relevar al veterano AGM-88 HARM, un arma que no está integrada aún en nuestros aviones Tifón.

No cabe duda que en el actual escenario el elemento desequilibrante definitivo sería el cazabombardero F-35. Petición expresa del JEMA, su furtividad y gran capacidad de penetración, la posibilidad de proporcionar inteligencia en tiempo real en una red de datos de gran capacidad de procesamiento y la opción de hacer ataques electrónicos con su radar y misiles AARGM-ER de última generación, lo convierten en la respuesta definitiva para mantener la superioridad tecnológica de nuestro poder aéreo.

Una reducción en el número de cazas y pilotos (y por tanto de costes) debe venir de la mano de los citados sistemas, capaces de mantener el dominio del aire, denegando a su vez la capacidad A2/AD de cualquier enemigo regional, ya sea en un entorno expedicionario como ante la amenaza no compartida.

Si bien hasta ahora nos hemos referido a las variables propias de un conflicto convencional, hay un nuevo escenario bélico que puede ser determinante para, como decía Clausewitz, continuar la política con otros medios.

Al contrario que otras armas más visibles, el impacto que una nación puede provocar en el ciberespacio es materia clasificada que no debe airearse, por lo que carece de valor disuasorio; es por tanto un arma basada en efectos, sorpresiva y desequilibrante.

Volviendo al principio de nuestro análisis, podríamos considerar el ataque cibernético como el más eficaz modo de tomar la iniciativa en una escalada bélica. Su condición de arma no letal y la dificultad para asignar su autoría la convierten en el mejor instrumento para lanzar una advertencia, al tiempo que desbaratar los planes operativos, de un país enemigo.

Las operaciones militares basan su eficacia en una inteligencia eficaz, una red de comunicaciones segura y un adecuado soporte logístico. Todas estas funciones también pueden ser atacadas por medios cibernéticos.

Ciertamente el ataque cibernético puede ser un arma en sí misma, capaz de incapacitar sistemas de armas y la red de mando y control enemigos, un medio de reducir la capacidad de éste para sostener el esfuerzo de guerra (dificultando las comunicaciones, transportes y procesos productivos) y un arma decisiva incluso en el aspecto psicológico, ya que quedarse sin energía eléctrica en sus hogares o sin combustible en sus surtidores puede minar notablemente el espíritu de lucha de un pueblo.

En cualquier caso, mientras el conflicto esté abierto la amenaza seguirá presente. Tanto si ya se han desatado hostilidades (aunque sea de forma parcial) como si se mantiene una escalada prebélica, no quedará otro remedio (mientras se tenga oportunidad) que pasar a la acción.

Zapadores del RING 7 abren una brecha y señalizan un pasillo en una zona minada para los Carros de Combate Leopard 2 A-4 del RCAC “Montesa” nº 3, ambas Unidades de la Comandancia General de Ceuta. Fuente – Ejército de Tierra.

La defensa inmediata de Ceuta y Melilla

A pesar de una inteligencia eficaz, podemos asumir que un ataque repentino limitaría enormemente las acciones defensivas; así pues analizaremos el potencial disponible en el caso de recibir una agresión de este tipo con una alerta previa no mayor a 48 horas.

La red permanente de defensa aérea, a cargo del mando de defensa y operaciones aéreas (MDOA), podría conjugar la amenaza contra territorio peninsular y/o islas Canarias; toda vez que seguramente Marruecos no se permitiría internacionalizar el conflicto en primer lugar, atizando el avispero que supone la OTAN y su compromiso para con España. Además, aparte del efecto psicológico, la capacidad real de obtener una ventaja estratégica pasa por atacar unos pocos objetivos evidentes, como Morón o Rota, que son bases de uso conjunto hispano-norteamericano, así como Cartagena (en especial el muelle de submarinos) y algunos pocos más. Lo más seguro es que se limitara a atacar los acuartelamientos de las guarniciones y conservar parte de su fuerza aérea para repeler la respuesta española.

Si como decimos, no hay escalada de tensión previa, la única posibilidad de una defensa eficaz pasa por el despliegue inmediato de personal para el empleo de material preposicionado y el uso de armas de largo alcance desde territorio peninsular, lo que supone tenerlas en un estado de alerta que no suele ser habitual.

Cuando nos referirnos al potencial de dos o más contendientes en un escenario bélico posible o no declarado, solemos olvidar que, en general, la fuerza no se encuentra en condiciones de actuar de forma inmediata y lo costoso que resulta que una parte de ella realice una misión permanente de vigilancia y protección.

El orden de batalla de ambas comandancias consta de un CG y su BCG (mando, transmisiones, inteligencia y policía militar), dos regimientos de infantería (con un solo batallón) uno de caballería (dos escuadrones acorazados con leopard 2A4 y Pizarro) y uno de artillería (un grupo de campaña mayoritariamente con viejos obuses de 105mm y otro antiaéreo con cañones y misiles mistral). Cuenta además un regimiento de ingenieros, con unidades de obras y zapadores (una compañía), una unidad logística y una compañía de defensa contracarro. El total de fuerzas, a pesar de estar al mando de un general de división, no llega a los 3.000 hombres.

Igualmente se ha descuidado bastante la dotación de material moderno, comparado con el potencial acantonado en la península (cuando son estas las únicas fronteras conflictivas que tenemos); así los carros de combate, apenas una docena por plaza, son del modelo más viejo del inventario, mientras que la artillería pesada (155 mm) es prácticamente inexistente (cuatro piezas).

Algunas de estas decisiones son claramente políticas y emanan del Ministerio de Asuntos Exteriores. Como ejemplo, ya en su momento la llegada de los carros Leopard 2A4 supuso una protesta por parte del embajador de Marruecos, pese a conocer de sobra que con la unificación del parque de blindados españoles y la retirada de los M60, el citado leopard 2A4 quedaba como el modelo más antiguo disponible.

La previsión es que puedan ejercer como unidad divisionaria, con su jefatura de ingenieros y de artillería, para lo que se tienen las citadas PLMM regimentales, aunque los gruesos se limitan a un nivel de brigada reducida en espera de los necesarios refuerzos. Ciertamente, estos no servirán de nada si no llegan a tiempo, ni está muy claro cómo van a desplazarse a su destino si ya se han desatado hostilidades.

No parece lo más lógico exponer a la flota u otros transportes en un desembarco aunque sea administrativo en nuestros propios puertos (recordemos que el de Melilla está a tiro de fusil del enemigo). Igualmente, la llegada de aviones de transporte en fase de aterrizaje a 500 mts de la frontera de Melilla (Ceuta ni siquiera tiene aeropuerto) no parece una operación muy sensata.

Tampoco la presencia de ese puesto de mando divisionario resulta necesaria o conveniente, siendo vulnerable a la acción del enemigo y carente de los medios orgánicos para llevar a cabo sus funciones, como puede ser los UAV de inteligencia, EW táctica, OEs, helicópteros o un escalón logístico de ese nivel.

Una de las principales directrices del nuevo estudio «Fuerza 2035» hace referencia explícitamente a este asunto. Como ya describimos en nuestras páginas (ver Número 8), la acción de la BRIEX 2035 se basará en unos puestos de mando (PC) más livianos, móviles y sin emisiones electromagnéticas; serán así menos vulnerables y más ágiles en la toma de decisiones. Para apoyarlos se plantea la activación de un PC remoto, llamado reachBack, que actuara fuera del TO para impulsar la acción de los anteriores, planificando las operaciones a medio plazo (más de 72 hs) y desplegando elementos de soporte logístico o análisis de inteligencia a distancia segura.

Este principio debe aplicarse a las comandancias, haciéndolas depender directamente del MVPT o un CG divisionario peninsular y reduciendo sus órganos de mando y elementos accesorios para aumentar el personal combatiente. En cambio, para dar respuesta a una crisis, del tipo que sea, sería necesario mantener dentro de la NFC (Núcleo de Fuerza Conjunta) y en estado de alerta al menos un puesto de mando de agrupación táctica o AGT-PC capaz de asumir el mando de todo el personal presente en las diferentes unidades y entrar en combate de inmediato.

El respecto recordemos la directiva del JEMAD sobre el concepto de empleo de las Fuerzas Armadas de 15 de Junio de 2016, que establece que en el ámbito de FC se cree el Núcleo de la Fuerza Conjunta (NFC), definido como un conjunto de unidades, cuarteles generales/elementos de mando y capacitadores de alta disponibilidad y la autonomía de combate que se determine, asignados a la estructura operativa o preparados para ser desplegados y empleadas rápidamente por el JEMAD.

Debemos tener en cuenta que el escenario invita a establecer unas claras prioridades, donde los servicios logísticos o de apoyo no serán estrictamente necesarios en las primeras horas; sin embargo todo fusilero será fundamental para reforzar las posiciones defensivas o hacer frente a los desórdenes internos. Deberá tenerse muy en cuenta el adiestramiento de este personal, así como el empleo de los cuerpos policiales, en especial la Guardia Civil, como unidades militares (debidamente equipadas) bajo mando directo del comandante general en caso de que el gobierno declare el estado de sitio o guerra.

En la medida de lo posible se organizarán unidades de reacción inmediata asemejadas a S/GTs, con los cuadros de mando disponibles, hasta que todo el personal se presente en sus puestos y se puedan desplegar las fuerzas principales con sus funciones de combate habituales. Por otra parte, las necesidades de guarnición (presencia) han limitado hasta ahora la capacidad de las comandancias y su personal de participar en operaciones en el exterior, lo que supone muy escasas posibilidades de aprendizaje y promoción (ascenso) para sus miembros, al no acceder a los créditos asociados a estas misiones reales.

Asimilarlas a una brigada reduciría no pocas vacantes de mando, sin variar el total de personal destinado pero permitiendo formar un GT expedicionario sin disminuir la presencia mínima estipulada en todo momento. Esto puede ir acompañado de medidas orgánicas para amortizar el personal destinado en puestos de combate, dada la misión y las particularidades del entorno geográfico donde han de combatir.

Ciertamente, hay muy pocas unidades que puedan decir que van a actuar siempre en un entorno tan restringido que los trenes de combate estarán instalados en su misma retaguardia, o que puedan tener el tercer escalón de mantenimiento en la propia base; tampoco que siempre estarán a distancia de la artillería de escalón superior, hasta el punto de tener que ejercer de fuerza de protección inmediata de la misma.

Es por tanto que muchos elementos a nivel compañía o batallón y que consumen una gran cantidad de personal, pueden reducirse en favor del apoyo integral que ofrece la unidad superior. Así la comandancia puede diseñar un MLPTO específico que atienda a sus necesidades particulares, entre las que sobresalen:

  • Necesidad de unidades de fusileros.
  • Empleo centralizado de sistemas de armas especializados y gestión eficiente de la disponibilidad de los mismos.
  • Escalón logístico unificado reunido en la ULOG (Unidad Logística), bajo mando directo de G4.
  • Reducción de la cantidad de referencias en uso relativas a repuestos o munición y simplificación de la función abastecimiento.

Respecto al material, debería poder garantizarse el refuerzo rápido de las unidades dotandolas del mismo que tengan aquellas peninsulares destinadas a acudir en su ayuda (lo que evita desplazar personal de mantenimiento o abastecimientos específicos) y aumentar la RMA o Relación de Material Asignado, como manera de preposicionar este material para ser utilizado solo con desplazar a las tripulaciones/sirvientes desde la península.

Así el traslado a la comandancia de un volumen reducido de personal de refuerzo puede representar un valor añadido muy grande, especialmente si opera sistemas de armas complejos y de gran poder de combate, como MCC, carros u obuses. Para hacernos una idea, un helicóptero Chinook (el medio idóneo en cuanto a capacidad, alcance y vulnerabilidad) puede transportar 40 hombres, que en el caso de ser fusileros apenas forma una sección, pero que si son carristas o artilleros, pueden operar/activar diez carros o cinco obuses.

Por otra parte, la formación de unidades inter-armas, cada día más asumida y generalizada, debe tener en las COMGE su máximo exponente, toda vez que algunas de las armas o especialidades presentes en ella no realizan las funciones de combate que habitualmente les asigna la doctrina.

Nuevamente los carros, y en este caso el arma que los opera (Caballería) son el ejemplo más evidente. Caballería no está diseñada para una defensa sin idea de retroceso ni operar en un entorno geográfico tan restringido, por lo que sus VERT, VEC o Pizarro no se pueden emplear en sus misiones fundamentales.

Por tanto, su presencia en las COMGE debe estar justificada en función de arma acorazada, siendo como es la única disponible en la guarnición (no hay desplegada infantería acorazada). El MPLTO de ambos regimientos acorazados debería reflejar este hecho, equiparandose al de un BCC enteramente equipado con MBT Leopard 2, con los escuadrones activados que sean posibles, y el resto como decíamos, como material preposicionado para la llegada de efectivos de la península. Esto último sólo será eficaz si este personal usa el mismo material (escalón logístico) por lo que se recomienda, junto con su mayor capacidad de combate, el despliegue de Leopardo 2E. En su lugar, una BRIPES peninsular puede equiparse con los más antiguos A4 sin perjuicio de sus funciones, incluso beneficiando el sostenimiento de la flota, como podría ser reunirla en Zaragoza (RAC Pavía + CENAD + Escuela de especialidad acorazada).

En el caso de equiparse un batallón de infantería con los nuevos Dragón 8×8 (como está previsto) habría mimbres suficientes para organizar unidades mecanizadas interarmas, mientras que retirar los VCC Pizarro de caballería supondría un ahorro logístico y de formación/adiestramiento que trasciende a este uso concreto, ya que son las únicas unidades de todo el arma que operan este vehículo.

Lanzamiento de un misil ATACMS desde un lanzacohetes HIMARS del US Army. Fuente – US Army.

Ceuta: la puerta del Estrecho

La ciudad se divide en tres partes principales, la península de Almina (coronada por el monte Hacho), el Istmo que la une al continente y la parte de este último, conocido como campo exterior, en la ladera de la sierra de bullones, donde se sitúa la frontera. Dicha sierra está formada por siete colinas que son las que dieron el nombre a la ciudad (Hepta Adelphoi en griego). En la edad media se construyen nueve fuertes sobre las mismas para defender la ciudad, unidos por un camino que hoy es la N-362 y sobre el que se asienta el antiguo cuartel (Garcia Aldave) del Tercio de la Legión. Con vistas a dar profundidad a la línea defensiva, lo más probable es que un despliegue tuviera como referente la carretera 362, el citado cuartel y los antiguos fortines (sobreviven siete, en forma de torreón) en una línea que une Benzú, en la costa norte, y el barrio del Príncipe al sur, en aguas del Mediterráneo. Es una posición en su mayor parte elevada, ya que la propia frontera y la zona desmilitarizada están en la depresión que divide la sierra longitudinalmente en dos, conocida por barranco de Anyera.

En el barrio del príncipe estaba situado el último y más meridional de los fortines citados, llamado «Príncipe Alfonso», hoy convertido en biblioteca; es una zona densamente urbanizada y donde se asienta la mayoría de la población de origen marroquí.

Más al sur, en territorio de Marruecos, se encuentra Castillejos; que puede suponer un perfecto punto de partida para una penetración ofensiva al resguardo de las edificaciones y el personal «no combatiente», en lo que supondría un inaceptable daño colateral para las autoridades españolas.

Al norte la progresión es mucho más complicada, estando Benzú encajonada entre el mar y un acantilado vertical, no obstante su control abriría la posibilidad de tomar la carretera de la costa hacia el corazón de la ciudad (termina en el mismo puerto) por lo que debe ser cortada con todos los medios disponibles. Por suerte este tramo mira hacia la península y está a tiro de la artillería española, lo que puede convertirla en un infierno.

En caso de haber cedido terreno ante el empuje enemigo, este no puede llegar al istmo; ya que cortaría la ciudad en dos y la posición se perdería.

La última línea defensiva viable se sitúa, de sur a norte, en el hospital, puente del quemadero, barriada Juan Carlos I, los dos embalses de la ciudad (del Renegado y del Infierno) y el CETI, detrás de los cuales se sitúa la explanada de los depósitos CEPSA y el acuartelamiento coronel Galindo (caballería), que es la última cota elevada antes de la depresión (no apta para el tránsito de vehículos) que marca el inicio del istmo.

Hay que resaltar que por orografía y por las infraestructuras disponibles, la ofensiva seguramente siguiera los dos ejes de progresión marcados por la horquilla entre la carretera N16 y el camino a Belyounech. Anular esta vía, mediante un efectivo targeting (está muy cerca a las posiciones propias y al alcance de UAV muy discretos) y fuego de artillería, medios aéreos desde cota de seguridad (siempre que la meteorología y el enemigo lo permitan) o incursiones de helicópteros de ataque, será fundamental para evitar la llegada de efectivos y suministros.

Estas ventajas evidentes para llevar la iniciativa en la batalla aérea son fundamentales para defender la ciudad de Ceuta. Igualmente, la acumulación de artillería al otro lado del Estrecho y las fuerzas ligeras llegadas a la plaza (casi imposibles de interceptar por el enemigo) puede asegurar la línea defensiva y lanzar contraataques localizados para aliviar la presión sobre un frente montañoso muy restrictivo para acumular fuerzas mecanizadas o maniobrar.

La defensa de Ceuta, no obstante, se antoja «fácil». Las verdaderas complicaciones, que analizamos a continuación, se relacionan con la posición de Melilla, que ya nos ha jugado malas pasadas en nuestra Historia reciente.

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