Trump divide al mundo

Imagen: Ejércitos / IA.

Desde 1944, el orden liberal internacional descansaba sobre la premisa de que Estados Unidos, aunque ocasionalmente rompiera las reglas, actuaba fundamentalmente como el garante último de la estabilidad global. Recientemente, la publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 ha marcado una ruptura definitiva: Washington ha renunciado a mantener las apariencias del multilateralismo para perseguir una división del mundo en esferas de influencia compartidas con Rusia y China. Dentro de este nuevo paradigma geopolítico, la Unión Europea ha dejado de ser un socio privilegiado para convertirse en objeto de hostilidad abierta por parte del presidente norteamericano. En este contexto, la supervivencia de un sistema global basado en normas ya no depende del paraguas estadounidense, sino de la voluntad de la UE para defender una causa común y aprovechar las oportunidades de captar aliados, pues no todos los actores del sistema se sentirán cómodos con las intenciones de Trump.

Un cambio radical

El presidente Roosevelt fue sincero en su altruismo. Desde entonces, Estados Unidos ha estado en el centro del orden internacional del que, en 1944-45, sentó las bases, sobre todo en la esfera económica. Pero la mayoría de los demás estados también vieron sus intereses atendidos, por lo que aceptaron que Estados Unidos, como la más fuerte de las grandes potencias y el máximo garante del orden internacional, ocasionalmente actuara en contra de las reglas, siempre y cuando Washington continuará defendiendo el sistema en general y, como consecuencia, la mayoría saliesen beneficiados.

La invasión ilegal de Irak en 2003, sin duda, dañó gravemente esa confianza global en los Estados Unidos. Sin embargo, pese a todo, finalmente no supuso un punto de inflexión para el orden mundial en sí, porque Estados Unidos fingió que su guerra servía precisamente para mantener el orden internacional, aunque eso era claramente falso (y el resultado fueron 15 años de caos en una región de la que Estados Unidos todavía no ha podido salir).

Hoy, Estados Unidos ha renunciado a toda pretensión anterior de mantener las apariencias. Al secuestrar a Maduro, la administración Trump se sitúa deliberadamente al margen del orden internacional. Lo que es más, en lugar de defender un orden multilateral en el que todos los Estados tengan voz y voto (aunque, por supuesto, algunos sean más iguales que otros), Trump busca dividir el mundo entre Estados Unidos, Rusia y China.

Un plan peligroso

La Estrategia de Seguridad Nacional publicada el pasado mes de diciembre no es un papel sin valor, sino un plan en ejecución. Como el documento deja bien claro, las Américas, tanto del Norte como del Sur, son parte de la esfera de influencia de Estados Unidos. La destitución de Maduro es un mensaje a sus partidarios, Rusia y China, de que Trump habla en serio: ¡lárguense!

Esto plantea una pregunta inmediata: ¿Impondría Trump esto también a Europa y se apropiaría de Groenlandia? ¿Y cuál es, entonces, en opinión de Trump, la esfera de influencia de Rusia y China? ¿Qué concesiones está dispuesto a hacer para alcanzar el tipo de acuerdo que busca con ellos? Aquí es donde la situación se vuelve muy peligrosa para Europa.

Para Trump, la paz en Ucrania no es un objetivo en sí mismo, sino un instrumento para normalizar las relaciones con Rusia. Para Putin, por lo tanto, la actual estrategia estadounidense es una muy buena noticia. ¿Le ha puesto Trump límites a Putin? Sin duda, parece dispuesto a sacrificar grandes partes de Ucrania. Afortunadamente, Europa se ha impuesto en las negociaciones, utilizando la influencia que aún conserva, ya que Trump no puede controlar el apoyo europeo a Ucrania ni las sanciones contra Rusia. Así las cosas, y al menos por el momento, Europa ha logrado evitar un acuerdo que impondría demasiadas concesiones a Ucrania. Pero ¿y si para Trump ni siquiera la soberanía de ciertos miembros actuales de la UE y la OTAN es un límite? Incluso si se pudiera alcanzar un acuerdo de paz para Ucrania, nada de esto serviría para contener de forma duradera las ambiciones rusas.

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