El regreso de Donald Trump y su exigencia -repetida hasta la saciedad tanto por él como por los secretarios de Estado y de Defensa, así como por Vance, de que la EU aumente el gasto militar obligan a España a replantear urgentemente el Plan Armada 2050 ante la amenaza real de una retirada del apoyo estadounidense. Este análisis propone aprovechar el nuevo margen presupuestario (con escenarios del 2,1% y 3,5% del PIB) para transformar nuestra Flota mediante la adquisición tanto de portaaviones como de submarinos de propulsión nuclear. A través de una alianza industrial estratégica con Francia, se busca garantizar la soberanía defensiva nacional y europea mucho antes de mediados de siglo.
Contenidos
- Introducción y contexto
- Urgencia
- Recursos
- Buques
- Portaaviones
- Submarinos
- LHD y LPD
- Fragatas, corbetas
- Otros buques menores
- Plan Armada 2.1
- Plan Armada 3.5 (alternativa)
- La colaboración con Francia
- Referencias
Introducción y contexto
En diciembre de 2024, la ministra Robles presentó el Plan/Visión Armada 2050 detallando las aspiraciones de nuestra marina militar y el Ministerio de Defensa (MdD) en cuanto a buques de que dotarse en el próximo cuarto de siglo.
En ese momento, el presupuesto de defensa de España sumaba unos 23.000 millones de euros, el 1,43% del PIB.
Un mes después, Donald Trump tomó posesión de la presidencia de los EE. UU. y desde el primer momento presionó a los países europeos de la OTAN para que incrementasen sus presupuestos de defensa y liberasen a EE. UU. de la carga que supone la defensa de Europa.
Posteriormente, exigió a estos países que invirtiesen hasta el 5% de su PIB en defensa, con un mínimo de 3,5% en gasto directamente militar y el resto en temas complementarios o estratégicos para la defensa.
España fue el único país que no aceptó esta imposición, ofreciendo como máximo un 2,1% del PIB y asegurando que esa cifra es suficiente para garantizar los compromisos adquiridos con la OTAN.
En moneda corriente, el PIB de 2026 se estima en unos 1,76 billones, por lo que el gasto en defensa deberá sumar unos 37.000 millones de euros.
A lo largo de 2025, en consonancia con ese aumento presupuestario, el MdD ha ido anunciando contratos militares importantes en todos los frentes: terrestre, aéreo y marítimo.
Sin embargo, pese al drástico aumento de financiación, apenas se han anunciado nuevos contratos navales importantes.
Solamente estudios para un posible portaaviones, la posible ampliación de la clase S80+ con dos submarinos más (sin confirmarla), algún buque auxiliar y poco más.
Evidentemente, el cambio del marco financiero debe implicar una reforma importante del Plan/Visión Armada 2050 y eso lleva tiempo; el contrato de un nuevo buque de guerra importante no se puede improvisar, lleva años.
Eso permite hacer algunas elucubraciones sobre el particular.
Urgencia
La primera es la urgencia, hay prisa. La amenaza de retirada del apoyo americano es real y puede materializarse incluso a corto plazo, dejando a Europa a merced principalmente de Rusia, secundariamente de China y de los propios -vade retro- EE. UU.
El año 2050 está muy lejos; Armada 2050 es un plan de base continuista suponiendo que el escenario mundial permanecería estable entre tanto.
No es así. Podemos necesitar mucho antes de 2050 la fuerza militar que EE. UU. nos retira, por tierra, mar y aire.
Quizás tan pronto como 2030. Eso ya no da mucho tiempo para pertrechar una armada, mucho menos con buques de nuevo diseño.
A corto plazo, hay que repetir lo que ya está funcionando.
Recursos
Suponiendo que el presupuesto de 2024 es la base mínima para sostenimiento de las FFAA españolas, sin aumento de capacidades, a partir de 2026 se contará con 14.000 millones más al año para mejoras de capacidades, en euros de 2026. Al año.
Sin embargo, no es descartable que las presiones de EE. UU., de la OTAN, o una decisión de su propio gobierno, inclinen también a España a alcanzar el gasto del 3,5% del PIB en temas militares.
Eso supone la friolera de 61.600 millones anuales, en términos de 2026, al año, con lo que el presupuesto para aumento de capacidades militares sube hasta unos 39.000 millones anuales.
La amenaza rusa para España vendrá principalmente por el aire y el espacio, incluyendo el ciberespacio, por lo que el grueso, digamos el 50%, del gasto debiera orientarse en esa dirección.
Lo demás se repartiría a medias 25/25 entre tierra y mar, no tanto para una defensa directa del territorio como para apoyar a los aliados en caso de ataque ruso.
Por supuesto, este tipo de inversión sería ampliamente suficiente para disuadir cualquier amenaza próxima o lejana procedente del sur.
En lo que sigue se harán dos escenarios para ese reparto en la Armada, digamos Plan 2.1 y Plan 3.5.
Pero antes pasaremos revista a algunos de los tipos de buques a considerar.
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