Aliados y rivales

La relación entre Europa y EEUU tras la publicación de la NSS 2025

Aliados y rivales
Aliados y rivales. Imagen: Ejércitos / ChatGPT 5.1.

Esto es estrategia: Estrategia pura y dura. La Estrategia de Seguridad Nacional (NSS 2025) de Trump, publicada el 4 de diciembre de 2025, es audaz y concisa. Uno la lee y sabe lo que los EE. UU. quieren. Por supuesto, es muy posible que uno no esté de acuerdo, pero la estrategia recogida en la NSS 2025 es lógica y coherente, avanzando desde una declaración clara del interés estadounidense hasta unas líneas de acción igualmente claras. Eso sí, luego uno llega al capítulo sobre Europa, y la lógica y la razón dan paso a la ideología y la hipérbole. Europa, supuestamente, está en riesgo de una “aniquilación civilizatoria”. ¿A manos de quién? De la Unión Europea. ¿En serio nos creemos esto?

Acosar a tus amigos

La estrategia de Trump refleja plenamente la verdad estratégica de que es mucho más fácil acosar a tus amigos que a tus enemigos. Bajo el epígrafe de “realismo flexible”, el texto afirma que se pueden construir buenas relaciones con estados que no comparten los valores estadounidenses “sin imponerles un cambio democrático u otro cambio social que difiera ampliamente de sus tradiciones e historias”. Estoy de acuerdo. Sin embargo, no debemos olvidar tampoco que cuando se trata de países que sí comparten los valores estadounidenses, EE. UU. “se opondrá a las restricciones impulsadas por élites, antidemocráticas, de las libertades fundamentales en Europa, la Anglosfera y el resto del mundo democrático, especialmente entre nuestros aliados”.

El principio de “no intervencionismo”, enunciado al inicio de la NSS 2025 no se aplicaría, por tanto, a Europa. En nuestro continente, la estrategia de Trump pasa por intervenir activamente, “cultivando la resistencia a la trayectoria actual de Europa dentro de las naciones europeas”. ¿En quién se fija Trump? En “la creciente influencia de los partidos patrióticos europeos”. En otras palabras, la administración Trump continuará, y probablemente incluso incrementará, su injerencia activa en nuestras elecciones, en apoyo de las fuerzas de extrema derecha antidemocráticas y contrarias a la UE.

Seamos claros: eso es un ataque híbrido tan indeseable y tan amenazante como cualquier ataque híbrido ruso o chino contra nosotros.

Apaciguar a tus adversarios

La NSS dice que EE. UU. “necesitará una Europa fuerte”, pero lo que Trump realmente busca es deshacer la integración europea, dejando países individuales gobernados por gobiernos afines a Trump y fácilmente dominables. Otro principio de partida de la NSS es mantener un equilibrio de poder. Eso sí, una Europa tan fragmentada no será una de esas potencias.

De hecho, la potencia que Trump busca apaciguar en el continente es Rusia. “Como resultado de la guerra de Rusia en Ucrania, las relaciones europeas con Rusia están ahora profundamente atenuadas”, dice la NSS: sin duda la subestimación del año. “Muchos europeos consideran a Rusia una amenaza existencial”, lo que implica que en realidad no lo es. Peor aún, la NSS finge que de algún modo es culpa nuestra que la guerra continúe: “La Administración Trump se encuentra en desacuerdo con funcionarios europeos que albergan expectativas irreales respecto a la guerra, encaramados en inestables gobiernos minoritarios, muchos de los cuales pisotean principios básicos de la democracia para suprimir la oposición. Una gran mayoría de Europa quiere paz, pero ese deseo no se traduce en política, en gran medida debido a la subversión de los procesos democráticos por parte de esos gobiernos”. Si esa fabricación perniciosa es el punto de partida, debemos preocuparnos por el “importante compromiso diplomático de EE. UU.” que la NSS promete para gestionar nuestras relaciones con Rusia. ¿Qué intereses prevalecerán aquí?

El lenguaje más condenatorio de la NSS se reserva para la UE y las instituciones multilaterales en sentido más amplio; el documento, en cambio, no es en absoluto explícito respecto a Rusia o China. En sí mismo, el objetivo de encontrar un acuerdo y establecer un equilibrio de poder estable, en lugar de encaminar a EE. UU. hacia una confrontación sin fin, puede ser positivo. Pero Trump quiere un concierto de potencias que decidan entre sí, sin reglas e instituciones multilaterales fuertes, y pasando por encima de las cabezas de los actores menores, incluida Europa.

EE. UU. es un país normal

La Alta Representante de la UE, Kaja Kallas, reaccionó de inmediato a la publicación de la NSS 2025: “No siempre hemos estado de acuerdo en ciertos asuntos, pero el principio central sigue siendo el mismo. Somos los mayores aliados, y debemos permanecer unidos”.

En realidad la Alta Representante se equivoca, pues es exactamente lo contrario: seguiremos cooperando en cuestiones específicas, pero Trump ha declarado muerto el principio central. De ahora en adelante, EE. UU. se comportará hacia Europa como lo hacen otros estados: como aliados y rivales al mismo tiempo. Trabajaremos juntos en un asunto y en otro nos enfrentaremos. Algo que, dicho sea de paso, es lo normal. De hecho, fue ingenuo pensar que podríamos preservar para siempre la armonía transatlántica forjada por la Segunda Guerra Mundial y trasladada a la Guerra Fría. No hay ninguna ley de la naturaleza que diga que las alianzas no pueden durar, pero en la historia de la política de las grandes potencias, rara vez lo hacen.

La respuesta puede pasar por restar importancia a esto -Trump dice lo que piensa- ni por creer que podemos dejar que pase -cuatro años de Trump bien podrían ser seguidos por ocho años de Vance- como pasó el primer mandato. La respuesta tampoco puede consistir renunciar a la alianza trasatlántica. Sin embargo, como he escrito antes, solo los actores fuertes pueden concluir alianzas ventajosas, mientras que los actores débiles pagan el precio de su protección. La lección inmediata es clara: ofrecer concesiones no funciona. El supuesto acuerdo comercial que la UE aceptó con EE. UU. en el campo de golf de Turnberry el verano pasado fue una rendición vergonzosa. ¿Y qué obtuvimos a cambio? La NSS 2025.

¿Qué podemos hacer entonces? 1) Decidir de una vez por todas que somos un polo independiente del mundo multipolar: una gran potencia; 2) Traducir esa mentalidad independiente en independencia militar construyendo un pilar europeo completo en la OTAN (ya); 3) Defender con firmeza nuestra soberanía económica frente a todos, incluidos los EE. UU; 4) Mantener el rumbo en Ucrania, aunque sea solos si es necesario; 5) Bloquear activamente cualquier injerencia externa en nuestra política interna, sin excluir las que proceden de EE. UU.

Sólo si así demostramos fuerza, podremos obligar a Trump a ser transaccional. Si uno no le obliga, no le interesará el dar y tomar. Es más, solo querrá tomar. Debemos obligar a Trump, por tanto, a forjar un acuerdo económico y de seguridad equilibrado que pueda mantener la actual alianza en pie. Eso sí, no podemos engañarnos, pues la OTAN que conocíamos no volverá.

Digo más, en este caso a nuestros líderes de la UE, de la OTAN y los Estados miembros: por favor, acostúmbrense a la nueva situación, ya que los EE. UU. no siempre nos cubrirán las espaldas. Y, pese a ello, los europeos estaremos bien -ya lo verán- siempre que actuemos ahora.

Nota del editor

El presente artículo fue publicado originalmente en la web de Egmont – Royal Institute for International Relations de Bélgica.

Autor

  • El Dr. Sven Biscop es profesor de Política Exterior y de Defensa belga y europea y de gran estrategia de la Unión Europea en la Universidad de Gante, así como director del programa "Europa en el Mundo" del Instituto Egmont. También es miembro asociado de la Royal Academy for Overseas Sciences de Bélgica, miembro honorario del European Security and Defence College y ponente habitual en la Real Academia Militar de Bruselas y en la Universidad Popular de China en Pekín, donde es investigador principal. Además de lo anterior, es miembro del International Institute for Strategic Studies británico y de la Clausewitz Society alemana y ha sido condecorado con la Orden de la Corona en Bélgica y con la Orden al Mérito de la República de Austria.

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