La crisis del tratado New START y la Disuasión Multiinestable

Tras la expiración del New START la tripolaridad nuclear y la "guerra de salvas" redefinen la seguridad global ante la erosión de los tratados. Imagen: Ejércitos/IA.
Tras la expiración del New START la tripolaridad nuclear y la "guerra de salvas" redefinen la seguridad global ante la erosión de los tratados. Imagen: Ejércitos/IA.

La expiración del New START no inaugura por sí sola una era más peligrosa: certifica, más bien, que el marco de estabilidad estratégica heredado de la Guerra Fría ya había dejado de funcionar. En un entorno marcado por la tripolaridad nuclear, la proliferación de municiones de precisión de largo alcance, los sistemas hipersónicos y la expansión de defensas antimisiles, la disuasión entra en una fase multiinestable en la que los límites cuantitativos de los tratados resultan cada vez menos relevantes que la dinámica tecnológica y operativa. Esta transición obliga a repensar, con rigor estratégico, qué significa hoy “estabilidad” cuando la verificación se erosiona, la incertidumbre se vuelve deliberada y la competencia nuclear se redefine en tiempo real.

Tabla de contenidos

  • El ocaso del control de armas y las «fuerzas profundas»
  • La ineficacia operativa del New START
  • La mecánica de la estabilidad estratégica
  • Obsolescencia tecnológica y la «Guerra de Salvas»
  • Hacia un mundo nuclearmente tripolar

El ocaso del control de armas y las «fuerzas profundas»

El tratado New START expiró el 5 de febrero de 2022 y, con ello, el mundo queda sin tratado de control de armas nucleares estratégicas por primera vez desde 1973. No obstante, en sí mismo, que existan o desaparezcan tratados que moderen el tamaño y características de los arsenales nucleares no es importante. El mundo no es hoy más peligroso que ayer porque el New START deje de estar en vigor. En ese sentido, los tratados son más un síntoma del estado de la seguridad internacional que su causa. Lo que es realmente preocupante son las fuerzas profundas que impulsan a que los tratados que controlaban los arsenales nucleares y convencionales desde la Guerra Fría hayan ido cayendo, uno tras otro, durante los últimos años, tal y como también han sido los casos del FACE/CFE y del INF.

Las fuerzas profundas estratégicas hicieron que, durante los últimos años, el destino del New START haya sido la crónica de una muerte anunciada. Aunque es la primera vez desde hace más de cincuenta años que el mundo está sin un tratado de control de armas estratégicas entre EE. UU. y Rusia, en realidad no es la primera vez que estamos sin un tratado eficaz para controlar dicho tipo de armas. Cuando la administración Bush y Putin firmaron el SORT, dado que dicho tratado carecía de un mecanismo eficaz de verificación, en realidad no fue más que una simple declaración de intenciones. El mundo, en aquel entonces, no se deslizó a una carrera de armas nucleares. De hecho, unos años más adelante se llegó a firmar y ratificar el tratado New START que ahora deja de existir. Lo importante es la situación estratégica; las leguleyadas de los tratados no son más que fenomenologías del equilibrio de poder de cada momento.

La ineficacia operativa del New START

En ese sentido, aunque el New START haya expirado el 5 de febrero de 2022, en realidad ya no era un tratado eficaz desde hacía algunos años. Desde el año 2023, Rusia prohibió que los equipos de verificación americanos entraran en territorio ruso para asegurarse de que se implementaba el tratado. Es decir, prorrogar la vigencia del New START no iba a cambiar nada estratégicamente, dado que era ya papel mojado. A Rusia no le interesaba el New START, ya que estratégicamente era insostenible para ese país seguir constriñéndose a los límites que exigía cumplir con él.

La realidad estratégica subyacente impuso sus servidumbres y dictó en la conciencia de los decisores rusos, hace años, que la paridad nuclear del tratado implicaba la inferioridad respecto a los EE. UU. Del mismo modo que, más recientemente, la realidad estratégica también dictó a los decisores americanos que la paridad nuclear con los rusos en realidad implicaba la inferioridad respecto al creciente arsenal chino. El New START es un tratado que muere no por falta de la pericia o voluntad de los diplomáticos rusos y americanos, sino que lo hace por imperativos de mucha mayor trascendencia que las nimiedades insignificantes escritas en el derecho internacional. La nimiedad diplomática es tal que poco importa que hoy mismo rusos y americanos hayan apalabrado seguir ciñéndose a los límites del tratado.

La mecánica de la estabilidad estratégica

La insignificancia estratégica del tratado se explica del siguiente modo. El New START limitaba el número de armas nucleares estratégicas a 1.550 y establecía un máximo de 700 vectores desplegados de un total permitido de 800. Pero lo verdaderamente importante del tratado es que tenía un mecanismo de verificación por el que Rusia y EE. UU. podían ejecutar cierto número de inspecciones con poco preaviso en lugares de interés nuclear. Esto, por ejemplo, permitía observar in situ los misiles, bombarderos y bases. Es decir, en el caso hipotético de que alguna de las partes hubiese querido desplegar más ojivas nucleares en los ICBM de las que declaraba, dado que podían inspeccionarse cada año una muestra representativa de los misiles, lo más probable es que los inspectores hubiesen terminado detectando la trampa. Si Rusia hubiese querido aumentar el número de ojivas en sus ICBM Topol y Yars de una a tres, el número total de armas nucleares desplegadas habría aumentado en casi 600, por lo que, de permanecer constante el resto del arsenal, la cantidad de armas nucleares desplegadas hubiera pasado de rondar las 1.500 a incrementarse a las 2.100. Incrementos similares podrían hacerse con los misiles balísticos submarinos y el resto de ICBM. Los EE. UU. podrían, por supuesto, hacer las mismas trampas.

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