¿Por qué Europa no tiene ningún impacto en la guerra en el Golfo? ¿Ni siquiera en los esfuerzos diplomáticos para poner fin a la guerra? Los europeos podrían haber organizado una operación colectiva para proporcionar asistencia defensiva a los países socios del Golfo. O bien, podrían haber ofrecido ayuda al gobierno legítimo del Líbano con su defensa aérea. Ahora, sin duda, deben influir en un acuerdo político duradero para la región, sobre todo formando parte de la dimensión de seguridad de cualquier arreglo. De hecho, los intereses de Europa aún podrían obligarla a desplegarse en la región, incluso si no hay un alto el fuego. Pero entre la realidad estratégica en el Golfo y el foco del debate y la forma en que se toman las decisiones en Europa sigue existiendo un amplio abismo.
Índice
- Introducción
- Operación de escolta a través del estrecho
- Ayudar a los socios
- Defender la OTAN y la UE
- ¿Una salida diplomática?
- Conclusión: aún queda un papel sólido para Europa
- Nota del editor
Introducción
Europa hizo muy bien en no sumarse a la guerra israelí-estadounidense contra Irán. No solo era ilegal; fue una insensatez estratégica porque Estados Unidos la lanzó sin un propósito político claro. No hubo ningún acuerdo con Irán sobre su programa nuclear durante ocho años -desde mayo de 2018- cuando el propio Trump, durante su primera administración, destruyó el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA). La segunda administración Trump había iniciado negociaciones para alcanzar un nuevo acuerdo nuclear, que finalmente interrumpió. No porque hubiera indicios de una amenaza inminente, sino, según The New York Times, a instancias de Israel, que convenció a Trump de que era viable decapitar el régimen iraní y destruir su capacidad de proyectar poder militar. Pero el liderazgo militar estadounidense no creía en la viabilidad del objetivo último de Israel de provocar un levantamiento popular y cambiar el régimen. Estados Unidos nunca dejó claro qué estado final político alternativo debía conducir el uso de la fuerza.
Sumarse a una guerra sin propósito solo podría haber causado más daño al interés europeo. La clara decisión de no participar, pese a las amenazas insultantes de Trump, fue en sí misma un mensaje contundente: al igual que Estados Unidos, Europa prioriza sus propios intereses. Pero esos intereses no pueden salvaguardarse únicamente mediante una inacción calculada. Se puede lamentar que Europa tenga que ayudar a limpiar el desastre que Estados Unidos e Israel han creado, pero debe hacerlo para preservar sus propios intereses.
Además, que Trump iniciara una guerra sin un objetivo claro en mente no significa que otros dentro del establishment estratégico estadounidense no vieran ningún propósito estratégico, ni que Estados Unidos no vaya desarrollando nuevos objetivos a medida que la guerra avance. El resultado del doble bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Irán y Estados Unidos es que las importaciones energéticas de China procedentes del Golfo se han reducido considerablemente. Washington bien podría llegar a la conclusión de que quiere hacer permanente su control sobre las exportaciones energéticas de todo el Golfo, por ejemplo utilizando la fuerza militar que está reuniendo para tomar el control de una de las islas del estrecho. Washington también podría decidir que no le importa demasiado si sus acciones prolongan el actual punto muerto, dada su propia autosuficiencia energética. A Trump, desde luego, no le importará si esto perjudica a Europa; sí le importa que el 90% de la base MAGA apoye la guerra.
En ese escenario, el interés de Europa podría llegar a obligarla a desplegar una operación naval para escoltar sus petroleros y otros buques antes de la conclusión de un alto el fuego o de un acuerdo de paz. En lugar de una “inactividad magistral”, podría ser necesaria una acción estratégica temprana.
Operación de escolta a través del estrecho
No tenía sentido desplegar medios navales europeos en el estrecho de Ormuz mientras continuaba la guerra abierta. En esas condiciones, crear un paso seguro para la navegación comercial era sencillamente imposible, por muchos buques que Europa enviara. Además, las armadas europeas casi con toda seguridad se habrían visto arrastradas a una acción militar directa contra Irán. Reino Unido y Francia están forjando una coalición global de voluntarios para desplegar una operación naval estrictamente defensiva una vez que exista un acuerdo. Eso está lejos de ser inútil, como insinúan los mensajes de Trump en X. De hecho, cualquier acuerdo será extremadamente frágil y, por tanto, deberá ser vigilado. Además, las compañías navieras deben confiar en que la seguridad está garantizada; y será necesario llevar a cabo operaciones de desminado en la zona.
Sin embargo, si la situación actual de “ni guerra ni paz” se prolonga, los intereses económicos de Europa podrían no permitirnos esperar a un acuerdo formal. Europa podría tener que desplegar pronto una operación de escolta. Para que esta sea eficaz se requieren efectivos, pero Europa en realidad no dispone de tanta capacidad naval, mientras que Estados Unidos podría decidir mantener su bloqueo y dejar las tareas de escolta a quienes decidan asumirlas. Forjar una coalición global es, por tanto, una estrategia acertada: el cierre del estrecho de Ormuz es un problema para la economía mundial, no solo para Europa; cuantos más Estados participen en las operaciones de escolta, más eficaces serán estas. Pero ¿estarán otros Estados dispuestos a desplegarse sin que exista un acuerdo de paz?
La UE está dividida sobre si cualquier despliegue debería ser una operación de la PCSD, bajo bandera de la UE, o de una coalición de voluntarios, como proponen ahora París y Londres. ¿Por qué no hacer uso del artículo 44 del TUE? Este permite al Consejo “encomendar la realización de una misión a un grupo de Estados miembros”, que “convendrán entre sí la gestión de la misión”, incluido qué otros Estados involucrar. Reino Unido y Francia podrían llevar a cabo la operación según lo previsto, pero el imprimátur de la UE potenciaría enormemente su efecto político, además del militar. Eso, claro, si Europa es capaz de reunir la determinación necesaria para desplegarse cuando sea preciso.
Ayudar a los socios
Europa sí ayudó con la defensa aérea de varios de los Estados del Golfo, pero lo hizo de forma dispersa. Francia y Reino Unido, en particular, reforzaron su presencia militar en la región y ayudaron activamente a defender Baréin, Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos derribando vectores iraníes. Varios otros Estados europeos, incluida Bélgica, recibieron solicitudes bilaterales directas de apoyo de Estados individuales del Golfo, pero aún están pensando la respuesta, o tienen una capacidad de defensa aérea demasiado limitada como para enviar algo más que una ayuda simbólica.
Esta es una oportunidad perdida. Europa podría haber organizado una respuesta colectiva, a través de la UE o de una coalición de voluntarios, dando así a todos los Estados europeos dispuestos la oportunidad de formar parte del esfuerzo. El efecto político habría sido mucho mayor, en un momento en que los Estados del Golfo, sorprendidos por su vulnerabilidad ante los ataques y por la incapacidad de Estados Unidos para garantizar una seguridad completa, buscan diversificar sus alianzas, aunque sigan aferrándose, por supuesto, a la alianza estadounidense. Eso también habría permitido a Europa solicitar a cambio una postura más firme sobre la guerra ruso-ucraniana, especialmente en lo relativo a los flujos de capital ruso hacia el Golfo. Pero, al parecer, dentro de la UE solo se consideró remotamente la posibilidad de una operación para evacuar a ciudadanos europeos, y esta rápidamente resultó superflua, ya que los Estados miembros actuaron cada uno por su cuenta.
Ucrania, en cambio, ha logrado un gran éxito. Al desplegar unos 200 expertos en defensa aérea en Jordania, Kuwait, Qatar, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, y al exportar sus propios drones interceptores, recibe a cambio interceptores de misiles, asistencia financiera y apoyo energético. Ucrania está ganando así una posición como socio de defensa clave por derecho propio, más que muchos otros Estados europeos. Esto demuestra de nuevo lo importante que es tratar a Ucrania como parte integral de la seguridad y la defensa europeas. No solo porque el perímetro defensivo efectivo de Europa es la línea del frente en Ucrania, aunque los demás Estados europeos ayuden a defenderla como no beligerantes. Sino porque Ucrania, gracias a su experiencia duramente adquirida, contribuye ahora activamente a la defensa del resto de Europa y de los socios de Europa.
Lo que Europa aparentemente no consideró fue ayudar al gobierno legítimo del Líbano, especialmente con su defensa aérea. Esto pese a que la UE y varios Estados miembros tienen programas en curso de apoyo a las fuerzas armadas y los servicios de seguridad libaneses, y han condenado explícitamente tanto el uso desproporcionado de la fuerza por parte de Israel como los ataques de Hezbolá. Además, los cascos azules europeos desplegados bajo la FPNUL han sufrido bajas en una guerra que no puede abordarse por separado de la guerra contra Irán.
¿Ya eres miembro? Inicia sesión
Be the first to comment