Absolute Resolve: poder aéreo, coerción estratégica y control del espacio aéreo en Venezuela

La Operación Absolute Resolve constituye uno de los ejemplos más significativos recientes del empleo del poder aéreo como instrumento de coerción estratégica y de influencia político-militar
La Operación Absolute Resolve constituye uno de los ejemplos más significativos recientes del empleo del poder aéreo como instrumento de coerción estratégica y de influencia político-militar. Imagen: US Navy.

La Operación Absolute Resolve constituye uno de los ejemplos más significativos recientes del empleo del poder aéreo como instrumento de coerción estratégica y de influencia político-militar. El artículo examina la operación desarrollada en Venezuela en enero de 2026 desde la perspectiva de las operaciones aéreas, prestando especial atención a la supresión de defensas antiaéreas, el dominio del espacio aéreo, la inserción y extracción de fuerzas especiales y la integración de plataformas tripuladas y no tripuladas. A partir de fuentes abiertas, el texto estudia el papel desempeñado por aeronaves como los F-22, F-35, B-1B, EA-18G, E-2 Hawkeye y los helicópteros del 160th SOAR, así como la relevancia de la guerra electrónica, la fusión ISR y la coordinación multidominio. El análisis incorpora además la gestión del espacio aéreo civil, la limitada respuesta defensiva venezolana, la evolución del dispositivo regional estadounidense y las principales lecciones doctrinales derivadas de la operación. El resultado es una reflexión sobre la flexibilidad, eficacia y proyección estratégica del poder aéreo en conflictos limitados del siglo XXI.

Índice

Introducción

La madrugada del 3 de enero de 2026, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos llevaron a cabo una operación militar en Venezuela que culminó con la captura del presidente de facto, Nicolás Maduro, y de su mujer, Cilia Flores. La misión, denominada Operación “Resolución Absoluta” (Absolute Resolve), fue planificada como un ataque quirúrgico de alta precisión, de corta duración y con fuerte componente aéreo.

Esta operación es uno de los mejores ejemplos actuales del uso del poder aéreo como herramienta de influencia política y militar, que ha evolucionado significativamente en lo que llevamos del siglo XXI. Las operaciones modernas combinan dominio del espacio aéreo, guerra electrónica, inteligencia, vigilancia y reconocimiento (Intelligence, Surveillance and Reconnaissance, ISR) y coordinación de fuerzas especiales para lograr objetivos con una mínima exposición.

Desde el punto de vista del planeamiento estratégico, esta operación se ha basado en las doctrinas modernas del poder aéreo, que priorizan el dominio del espacio aéreo, la precisión, la sincronización de capacidades y la coordinación de fuerzas especiales con capacidad aérea avanzada.

En este artículo se analiza resumidamente la operación desde la perspectiva de las operaciones aéreas y sus posibles implicaciones de futuro.

https://www.revistaejercitos.com/focus/absolute-resolve-el-futuro-de-las-operaciones-multidominio/

Contexto y objetivos de la operación

Según fuentes abiertas del Gobierno estadounidense, la operación tuvo como objetivo central capturar a Nicolás Maduro, como detentador de hecho del poder en Venezuela, en el contexto de acusaciones por narcotráfico, corrupción y apoyo a grupos considerados hostiles, con un alcance limitado.

La operación combinó la supresión de defensas aéreas, el establecimiento del dominio aéreo sobre Caracas y zonas críticas del país y la inserción de fuerzas especiales mediante helicópteros de asalto, con apoyo de aeronaves de combate y vigilancia.

El diseño estratégico priorizó velocidad, precisión y coordinación multidominio, limitando riesgos propios y reduciendo la exposición de la población civil.

https://www.revistaejercitos.com/articulos/la-defensa-antiaerea-venezolana-y-la-operacion-absolute-resolve/

Campaña aérea e inserción de fuerzas especiales

Fase aérea inicial: supresión de defensas y control del espacio aéreo

Las primeras horas se centraron en la neutralización de defensas antiaéreas mediante ataques selectivos a radares, baterías de misiles superficie-aire (Surface to Air Missile, SAM) y guerra electrónica para interferir comunicaciones y enlaces de mando.

Estas acciones crearon un corredor seguro para aeronaves de asalto y cazas, conforme a doctrinas modernas de supresión de defensas enemigas.

Este enfoque se alinea con la doctrina Suppression/Destruction of Enemy Air Defenses (SEAD/DEAD), utilizada para crear “ventanas de acceso” seguras para aeronaves de asalto, transporte y apoyo. Para anular la posible respuesta antiaérea inicial, el empleo de capacidades de guerra electrónica y sensores espaciales fue clave.

El dominio del aire se consolidó mediante patrullas de F-22 y F-35, control de corredores estratégicos y coordinación de ISR y mando táctico, esencial para la seguridad de la inserción de fuerzas especiales y la reducción del riesgo de bajas propias.

De acuerdo con informes de fuentes abiertas, la operación involucró una combinación de más de 150 aeronaves desplegadas desde múltiples bases terrestres y marítimas, incluidas las siguientes:

  • Cazas de superioridad y ataque, como F-22, F-35 y F/A-18, para control del aire y apoyo cercano.
  • Bombarderos estratégicos, como el B-1B, y aeronaves de guerra electrónica, como el EA-18G, para apoyo a misiones de supresión y control.
  • Aeronaves de alerta temprana y control, como el E-2, para la gestión de la batalla aérea.
  • Vehículos aéreos no tripulados con capacidad ISR.

La integración de estas plataformas permitió no solo el dominio físico del espacio aéreo, sino también el conocimiento de la situación táctica en tiempo real, reduciendo riesgos de interferencias y sorpresas adversas.

Inserción y extracción de fuerzas especiales

La fase crítica de la operación fue la inserción de fuerzas especiales dentro de Caracas. Un número no especificado de unidades aéreas de asalto, incluidas plataformas como los helicópteros del 160th Special Operations Aviation Regiment (Night Stalkers), operó en entorno urbano nocturno, bajo cobertura de plataformas de combate y aeronaves pilotadas remotamente (Remotely Piloted Aircraft System, RPAS).

Durante esta fase, uno de los helicópteros fue alcanzado por fuego antiaéreo, aunque sin sufrir pérdidas humanas y pudiendo completar la misión. Esto ilustra la combinación de riesgo inherente y preparación técnica de estas plataformas.

La coordinación entre helicópteros, aeronaves de apoyo y sensores ISR fue esencial para garantizar la seguridad de la misión y la movilidad de las fuerzas, especialmente en un entorno urbano complejo como el de Caracas.

La secuencia de llegada, ejecución de la misión y extracción se realizó en cuestión de pocas horas, aprovechando la cobertura de la noche para minimizar la detección y la oposición organizada.

La coordinación ISR y aérea proporcionó conciencia situacional en tiempo real.

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