La cooperación militar entre España y Turquía atraviesa una etapa de creciente intensidad política, industrial y operativa. A partir del refuerzo de los vínculos diplomáticos y de la consolidación de la misión española de defensa aérea en territorio turco, ambos países han ampliado su entendimiento en materia de seguridad y defensa en un contexto internacional de rearme, tensión regional y transformación tecnológica. Un extremo que se ha materializado, recientemente, en diferentes acuerdos de adquisición y colaboración industrial, entre los que merecen especial atención los proyectos aeronáuticos, desde la compra por parte turca de cazabombarderos Eurofighter a la elección del Hürjet como futuro entrenador avanzado para el Ejército del Aire y del Espacio y las opciones de colaboración futura en torno al KAAN, al A400M y al ámbito naval. Todo lo cual abre la puerta a que, en un futuro próximo, Madrid y Ankara evolucionen hacia una asociación estratégica de defensa más profunda y estructural, si bien ambos países deben cuidar de que esta relación siga siendo simétrica y mutuamente beneficiosa en un contexto incierto…
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Diplomacia de defensa
Los ataques de Estados Unidos contra Irán y la respuesta iraní, con base en el lanzamiento de drones de la familia Shahed y misiles balísticos, han provocado una gran tensión en todo Oriente Medio, de punta a punta, hasta el Mediterráneo, donde varios países han necesitado ayuda extranjera para poder defenderse de las respuestas iraníes. Algunos de ellos han sido ayudados por España, como es el caso de Chipre, pero, sobre todo, de Turquía, en donde desde hace años encontramos desplegada una batería Patriot española, una de las razones por las que el otrora histórico enemigo ha venido mostrando un enorme aprecio hacia nuestro país y hacia nuestra población.
España y Turquía, como es sabido, tienen una larga historia, tanto por separado, enfrentándose en numerosas ocasiones en los siglos XVI y XVII, como de amistad y cooperación, más recientemente. Desde comienzos del siglo XXI, ambos países han fortalecido sus relaciones bilaterales, especialmente durante las dos legislaturas del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero que, con la creación del foro Alianza de Civilizaciones -un programa de Naciones Unidas para el diálogo y la cooperación entre los diversos pueblos del mundo impulsado por el propio Erdogan y muy apoyado por el Gobierno español de aquellos años y por los sucesivos- consolidó esta estrecha relación. En esta línea, la última gran cumbre entre gobiernos fue en mayo del año pasado, en un encuentro entre Pedro Sánchez y el jefe de Estado y de Gobierno turco, Recep Tayyip Erdogan, para tratar asuntos bilaterales y reforzar las relaciones estratégicas.
El ámbito de mayor cooperación, tras el diplomático, en temas tan variados como comercio o intercambio cultural, es, sin duda, el de defensa y seguridad, en el que hasta ahora destacaba la misión “Apoyo a Turquía” (Persistent Effort) para reforzar la seguridad aérea del pueblo turco en su frontera con Siria. Y es este papel de socio fiable, junto a un contexto de desarrollo de capacidades e innovación en armamento, lo que abre un nuevo momento en las relaciones bilaterales entre Ankara y Madrid.
Un apoyo, que no obedece a la casualidad, sino que tiene un respaldo teórico sólido, como demuestran trabajos académicos recientes, caso del publicado en 2021 por Antonio Calcara y Luis Simón en el que se explicaba cómo las potencias medias como España han utilizado tradicionalmente a terceros Estados (principalmente Estados Unidos, aunque esto ha cambiado en los últimos tiempos con un papel mayor de Turquía, Corea del Sur o Japón) para equilibrar el poderío y peso relativo de industrias como la alemana o la francesa. Es decir, que la apuesta de España, aunque pueda ser para muchos discutible, obedecería no al capricho, sino a la razón.
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