Sobre la extensión de la vida útil de las fragatas clase Santa María

Haciendo de la necesidad, virtud

Fragata Santa María (F-81).
La Armada ha anunciado un programa de extensión de la vida útil de las fragatas clase Santa María, lo cual ha sorprendido a los círculos cercanos a Defensa, ya que se trata de buques muy antiguos que necesitan un relevo inmediato. En la imagen, la fragata "Santa María" (F-81). Imagen: Ministerio de Defensa de España.

La Armada ha anunciado un programa de extensión de la vida útil de las fragatas clase Santa María, lo cual ha sorprendido a los círculos cercanos a Defensa, ya que se trata de buques muy antiguos que necesitan un relevo inmediato. Esta situación se debe a la antigüedad del proyecto y a la falta de inversión, motivada por la expectativa de que sus sustitutas, las unidades de la clase F-110 o Bonifaz, estarían listas a tiempo. La recesión económica de la década pasada retrasó este último programa, lo que obligó a mantener en servicio unos buques que han ido perdiendo gran parte de su potencial de combate. Esta clase se construyó en dos lotes: el primero, compuesto por cuatro buques ya previstos en el Plan Alta Mar, formaba parte del grupo de combate en torno a nuestro portaaviones de entonces, el R-11 Príncipe de Asturias; y el segundo, conformado por dos barcos adicionales construidos años más tarde (la unidad más moderna se entregó en 1994), destinado a paliar los retrasos de las F-100 o clase Álvaro de Bazán.

Índice

  • Los buques
  • Evolución
  • Mapa de situación
  • Actuaciones propuestas
  • Nuevos misiles
  • Conclusiones

Los buques

Basadas en el diseño estadounidense FFG-7 Oliver Hazard Perry, son naves sólidas y fabricadas según los estándares de la US Navy. Esto representaba, de por sí, un nivel de sensores y armamento superior al de los diseños europeos contemporáneos. Sin embargo, su concepto original era el de escoltas económicos para operar en alta mar, siendo los submarinos y los bombarderos antibuque soviéticos la principal amenaza a afrontar. Para ello, contaban con un sistema ASW sustentado en la arquitectura LAMPS (Light Airborne Multipurpose System). Este incluía un sonar de casco SQS-56, un sonar pasivo remolcado SRQ-19 TACTASS (capaz de escuchar hasta en la tercera zona de convergencia) y dos hangares para helicópteros SH-60B Seahawk dotados de RAST (sistema de recuperación y apontaje), la tecnología más moderna del momento.

Para la función antiaérea, se instaló un radar de exploración bidimensional de largo alcance SPS-49 y una dirección de tiro (seguimiento de blancos) Mk 92 Mod 2/6, además de un iluminador de misiles SPG-60 STIR. Como armamento principal, disponían de un lanzador monorraíl de recarga automatizada Mk 13, capaz de albergar 40 misiles Standard SM-1 MR y RGM-84 Harpoon. Además, contaban con un cañón OTO Melara de 76 mm y lanzadores triples de torpedos Mk 46 en ambas bandas. Los buques españoles incorporaron un sistema de defensa de punto Meroka en sustitución del Phalanx original, asociado a un radar Alenia RAN-12L (RAN-30 en las dos últimas unidades) para la exploración a baja cota; el sistema de guerra electrónica era el Nettunel Mk 3000 y contaban con un equipo interceptador de comunicaciones Indra ELNATH Mk 9000.

En cuanto a la motorización, a menudo se ha definido erróneamente como del tipo CODOG (dos turbinas de gas LM2500 y cuatro motores diésel). Esto es un error, ya que los generadores diésel sirven exclusivamente para suministrar electricidad al buque. Solo las turbinas actúan, a través de cajas reductoras, sobre el único árbol de propulsión, el cual está equipado con una hélice de paso variable. Respecto a los motores diésel, originalmente eran del modelo Detroit 16V-149TI, pero posteriormente fueron reemplazados por motores MTU fabricados por Bazán, con 4000 kW de potencia.

Existen dos modalidades de navegación: la simple, con una sola turbina en funcionamiento, que es el modo económico y permite una velocidad de 25 nudos; y el modo doble o de zafarrancho, en el que se acoplan ambas turbinas (mediante sus correspondientes embragues), disparando la velocidad hasta los 31 nudos. Este sistema se conoce como COGAG (Combined Gas and Gas) y ofrece prestaciones muy altas, aunque resulta ruidoso (en parte debido a la enorme hélice de cinco aspas y 16,5 pies de diámetro) y tiene un consumo muy elevado. El buque cuenta, además, con dos pods eléctricos auxiliares retráctiles a proa, que se utilizan para maniobrar en puerto o como impulsores de emergencia, alcanzando una velocidad máxima de siete nudos.

Por último, cabe mencionar un dato de especial interés para este análisis: la dotación. En su momento, con todos los sistemas operativos, la tripulación ascendía a la nada despreciable cifra de 206 personas (13 de ellos oficiales), incluyendo el destacamento aéreo completo; sin embargo, en navegaciones recientes de la Armada, la dotación real se ha situado en torno a los 175 efectivos.

La F-81 lanzando a un equipo operativo EOS a bordo de embarcaciones semirrígidas.  Las operaciones MIO (Maritime Interdiction Operations) constituyen una parte fundamental de las misiones de nuestros buques
La F-81 lanzando a un equipo operativo EOS a bordo de embarcaciones semirrígidas. Las operaciones MIO (Maritime Interdiction Operations) constituyen una parte fundamental de las misiones de nuestros buques. Fuente: Ministerio de Defensa de España.

Evolución

A principios de la década de 2000, los buques recibieron una somera modernización destinada a mejorar la calidad de vida de la tripulación (programa conocido como CAVIMAR) y se añadió una estructura en la banda de babor dotada de un pescante para estibar y lanzar al mar una lancha RHIB. Por el contrario, la capacidad de combate sufrió una merma considerable al perderse el sonar TACTASS (inadecuado para aguas someras) y el radar RAN. Las mejoras se limitaron al Centro de Información y Combate (CIC), que recibió nuevas consolas, un gestor de comunicaciones y el más moderno sistema de guerra electrónica Rigel.

Más recientemente, se ha instalado un equipo antidrón Crow de Indra, sensores optrónicos IRST/EOS de Tecnobit y torretas de empleo remoto (RWS) Sentinel 2.0 para ametralladoras, además de la preinstalación para un cañón de 30 mm en el lugar del Meroka, el cual llevaba inoperativo muchos años. No obstante, el mayor problema radica en la pérdida de los misiles. Los SM-1 han sido desmilitarizados y dados de baja, ya que carecen de soporte por parte del fabricante; los misiles Harpoon no se encuentran en una situación mucho mejor, pues próximamente serán sustituidos en los buques de la Armada por el NSM noruego, centralizándose los misiles operativos en las fragatas F-100. Todo ello da como resultado que el lanzador Mk 13 se encuentre actualmente inactivo.

Países como Turquía o Australia (cuyos buques fueron transferidos posteriormente a Chile) modernizaron el sistema adaptando el lanzador y la dirección de tiro (Mod 12) para utilizar el SM-2, el misil estándar de nuestras fragatas F-100. Además, implementaron mejoras de mayor calado que han resultado problemáticas, como la adición de un sistema de lanzamiento vertical (VLS) en el castillo de proa para misiles ESSM (lo cual ha provocado grietas en el casco). Por desgracia, en nuestros buques no se ha llevado a cabo ninguna de estas medidas, por lo que han dejado de ser verdaderos escoltas; ante esta situación, surgen dudas sobre qué sistemas se van a modernizar, cuál será el propósito de esta actualización, a cuántos barcos afectará y qué grado de amortización (vida útil remanente) se espera obtener de todo el proceso.

https://www.revistaejercitos.com/articulos/armada-2050-la-logica-suicida/

Mapa de situación

Aunque en sus inicios el programa F-110 sufrió varios años de retraso, actualmente ya hay dos unidades en grada y las entregas a la Armada están previstas a partir de 2027. Por tanto, la razón para lanzarse a la extensión de la vida útil de las fragatas clase Santa María, tras una larga y sufrida vida operativa, debe tener otro origen.

Una de las causas se deriva de la carga de trabajo que se soporta actualmente, alcanzando hitos tan extraordinarios como poco recomendables, como llegar a tener navegando simultáneamente a todos los buques de una escuadrilla. En tiempos de paz y calma (términos que no necesariamente son sinónimos), 11 escoltas podían ser suficientes, pero en la actualidad ya no lo son; por este motivo, se están redactando planes de crecimiento que abarcan tanto el material como el personal. Esto podría suponer que algunas F-80 sobrevivan a la entrada en servicio de las F-110 (su relevo natural) a la espera de nuevos buques y de su correspondiente dotación, contando con los incrementos de plantilla y los presupuestos de navegación ya aprobados.

Otra causa, derivada de la anterior, estaría relacionada con la actualización de media vida (MLU) de las F-100. Este programa, lanzado recientemente, supondrá importantes inmovilizaciones de estos barcos, lo que obliga a mantener en servicio a las veteranas F-80, a pesar de que las misiones que pueden realizar ya no corresponden a las de un auténtico escolta.

Este es el factor más complejo de analizar en todo este asunto, ya que implica admitir que los Buques de Acción Marítima (BAM), que debían asumir muchas de las misiones en tiempos de paz, no son los adecuados para el clima geopolítico actual. Las nuevas amenazas, basadas en armas de bajo coste al alcance de cualquier nación, han convertido la acción en el litoral en un entorno mucho más complejo y peligroso de lo previsto. Así lo demuestran el actual conflicto con Irán o los ataques de los rebeldes hutíes en Yemen, situaciones que obligan a desplegar sofisticados buques de guerra tan solo para garantizar el tráfico marítimo (función de control marítimo).

Esta situación ha impulsado a la Armada a replantearse el nuevo proyecto de buques de protección marítima, aprobado dentro de la PESCO como buque multipropósito ligero y conocido popularmente como corbeta europea (EPC). De este modo, se ha pasado de la versión tipo OPV (Offshore Patrol Vessel) planeada originalmente a buques bien armados y capaces de sobrevivir a las amenazas emergentes antes citadas.

Del mismo modo, tras años arrinconada, se ha reactivado la necesidad de instalar equipos CIWS en todos los buques de la flota, ya sean de combate o no (incluyendo objetivos de alto valor, como los buques anfibios o logísticos). Es posible que la planificación actual se esté basando en esta nueva necesidad: derivar los BAM a misiones no bélicas para relevar a los patrulleros de las clases Chilreu y Serviola, mientras que las F-80, con mayores capacidades, se mantendrían en servicio hasta ser sustituidas por las nuevas corbetas.

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