Operación CSAR en la profundidad de Irán (3-5 de abril 2026)

El derribo de un F-15E Strike Eagle sobre Irán el 3 de abril de 2026 motivó la puesta en marcha de una operación CSAR de enorme complejidad y riesgo
El derribo de un F-15E Strike Eagle sobre Irán el 3 de abril de 2026 motivó la puesta en marcha de una operación CSAR de enorme complejidad y riesgo. Imagen: X.

La operación CSAR en Irán desarrollada entre el 3 y el 5 de abril de 2026 constituye uno de los episodios más reveladores de la campaña aérea librada por la fuerza combinada estadounidense-israelí contra la República Islámica. El artículo examina el rescate de la tripulación de un F-15E[1] derribado en territorio hostil, distinguiendo con claridad las dos acciones de recuperación necesarias, una por cada tripulante, y subrayando la diferencia entre una primera extracción rápida y una segunda operación mucho más compleja, prolongada y expuesta. A partir de ese hilo conductor, el texto explica qué son las operaciones de búsqueda y rescate en combate, cómo se articulan doctrinalmente, qué medios requieren y por qué la rapidez, la superioridad aérea y la coordinación conjunta son factores decisivos. El análisis se detiene también en las reacciones de Irán y de Estados Unidos, en el uso propagandístico del episodio y en sus implicaciones militares, políticas y estratégicas. El resultado es una lectura detallada de una operación que combina combate en profundidad, operaciones especiales, apoyo aéreo cercano, inteligencia y guerra cognitiva.

Índice

  • Antecedentes
  • ¿Qué es una operación CSAR?
  • Desarrollo de los acontecimientos

    • Primera operación de rescate
    • Segunda operación de rescate

  • Reacciones de Irán y Estados Unidos

    • Irán
    • Estados Unidos

  • Conclusiones
  • Bibliografía
  • Notas

Antecedentes

El domingo 5 de abril en un comunicado de prensa[2], el Mando Central (CENTCOM) de los Estados Unidos de América informaba que el sábado 4 de abril «las fuerzas estadounidenses completaron con éxito el rescate de dos militares estadounidenses en Irán, después de que su avión de combate F-15E fuera derribado el 2 de abril durante una misión de combate.» Al parecer esa misión era sobre Teherán, aunque hay especulaciones sobre otros lugares, entre ellos Isfahán, quizás porque los restos del avión se encontraron a unos 30 kilómetros (a vuelo de pájaro) del centro de esa capital, que ha tenido, o tiene, objetivos de gran valor como la base de misiles de la Guardia Revolucionaria bombardeada el 1 de abril con  gran éxito al juzgar por las numerosas explosiones secundarias, centros de investigación nuclear asociados a la Universidad Tecnológica de Isfahán instalaciones de la compañía Isfahán Mobarakeh, el fabricante de acero más grande de Irán y otros, pero este extremo es secundario para el asunto que nos ocupa, como son las dos complejas operaciones que han sido necesarias para el rescate de la tripulación de F-15 E abatido.  Pero antes de seguir es necesario saber que son las operaciones de búsqueda y rescate.

https://www.revistaejercitos.com/articulos/la-evolucion-de-la-estrategia-y-la-fuerza-de-misiles-de-iran/

¿Qué es una operación CSAR?

Estados Unidos, y otros países, tienen una doctrina y unas unidades de operaciones especiales, usualmente del ejército del aire, preparadas para infiltrarse por vía aérea en un territorio hostil para rescatar a personas en él. Normalmente se trata de rescatar tripulaciones de aeronaves abatidas en territorio enemigo, pero también puede ser personal de alto interés o elementos de fuerzas especiales que, tras una incursión, han quedado aislados al fallar los planes de extracción propios o por otras circunstancias.

En la doctrina estadounidense estas operaciones se conocen por el acrónimo CSAR[3] , se trata de operaciones de búsqueda y rescate en combate, lo que significa que los rescatadores pueden tener que enfrentarse al enemigo, recibir fuego antiaéreo en su incursión por aire hacia la zona de búsqueda. Estos rescatadores, llegados a tierra, además de buscar a la persona a rescatar, es posible que tengan que burlar, sortear, o realizar acciones directas sobre ese enemigo que controla el territorio, pero para romper el contacto y huir, pues su misión principal es la de rescate.

En España estas misiones corresponden al Escuadrón de Zapadores del Ejército de Aire que, además de estas operaciones de búsqueda y rescate, están especializados en todo tipo de «operaciones aéreas especiales» como pueden ser reconocimientos o misiones de «acción directa» y otras, donde cuentan con aeronaves de ala fija y las de ala rotatoria (helicópteros) para su infiltración y extracción de la zona donde actúan. Uno de los procedimientos de infiltración puede ser mediante paracaídas, existiendo otras formas hoy más usuales.

Las operaciones CSAR tiene como finalidad «no dejar a nadie atrás», no abandonar a un piloto en zona hostil, se trata de que, por ejemplo, el piloto abatido no sea capturado, torturado, manipulado y utilizado como elemento de propaganda aviesa. Antes de que esto ocurra debe ser buscado, localizado y rescatado.

Una operación CSAR suele ser conjunta (intervienen varios ejércitos o instituciones), en el caso que nos ocupa intervino la Fuerza Aérea, la Armada, del Ejército y elementos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Para este tipo de acciones, los estadounidenses organizan de forma usual y permanente un «Centro Conjunto de Recuperación de Personal», que es básicamente un puesto de mando para el desarrollo de este tipo de operaciones, que pueden ser varias (múltiples rescates) incluso simultáneos en caso de acciones aéreas intensas.

El factor fundamental de estas operaciones CSAR es la rapidez, tanto en la incursión en la zona hostil, la localización del personal aislado y su autentificación, como en la salida de esta. Se dice que las primeras horas son esenciales y que, pasadas estas, las probabilidades de éxito del rescate se reducen considerablemente. Es una carrera contra el tiempo, donde la fuerza de búsqueda y rescate debe aprovechar la sorpresa que supone para el enemigo un derribo y la posibilidad de que un piloto sobreviva al mismo. Para los rescatadores la rapidez en la localización y  extracción del piloto es vital, de la misma forma que para el enemigo, que controla la zona, lo es la localización del avión derribado y del  piloto,  y la rápida organización de una fuerza, normalmente improvisada,  con las unidades militares y policiales  de la zona e, incluso, voluntarios civiles, elementos que deben aislar la probable zona de caída del piloto, que es siempre amplia, y «peinarla»,  así como reaccionar ante posibles acciones directas en apoyo a la operación de rescate. 

Por su parte, las fuerzas aéreas de casi todos los países con ejércitos algo organizados, cuando realizan una misión sobre territorio hostil, determinan posibles zonas de evasión y refugio, así como posibles puntos de extracción, donde puede llegar un helicóptero y aterrizar o izar a la persona a rescatar. Todas las tripulaciones que sobrevuelan territorio enemigo conocen estas zonas y puntos que pueden ser varios, en especial si la ruta de la incursión aérea es larga, como ha sido en el caso de los ataques aéreos de la fuerza combinada de estadounidenses e israelíes en la actual guerra con Irán. Estas zonas deben tener ciertas características, como posibilidades de supervivencia, ser aisladas, tener terrenos fragosos con posibilidad de ocultación, escasas carreteras o caminos y, preferiblemente, muy deshabitadas, salvo que exista una red clandestina de recate de pilotos o extracción de personal de interés, como pudieran ser represaliados políticos, espías, etcétera. Estas redes deben estar organizadas sobre el terreno antes de la ejecución de las operaciones, requieren infiltración previa de agentes del servicio de espionaje y mucho tiempo para poder organizarlas y para que funcionen eficazmente. Estas redes pueden existir en los lugares de interés, bien por ser zona de objetivos aéreos o ser lugares claves para actividades políticas o subversivas. Podemos especular sobre la posible organización de estas en Irán por parte de Estados Unidos e Israel, aunque en mi opinión no existen redes permanentes como pudieron existir, por ejemplo, en la Segunda Guerra Mundial en la Europa ocupada Alemania.

Normalmente, los pilotos de combate tienen una formación especializada para el caso en que sean derribados sobre territorio enemigo. Esta formación es compleja e incluye, supervivencia, conocimientos de primeros auxilios para atenderse por sí mismos, técnicas de ocultación, de movimiento rápido y nocturno en zona hostil, de comunicaciones para enlazar con los elementos de rescate, cómo proceder y resistirse (o no) a interrogatorios caso de ser capturados e, incluso, formas de destrucción de equipos sensibles que pueda llevar la aeronave, cuya tecnología no debe caer en manos del enemigo.

Todos los pilotos que vuelan sobre territorio enemigo tienen inserto en su chaleco de vuelo un aparato de transmisión cifrado que indica su posición de forma automática, con el que también pueden comunicarse con mensajes cortos con las aeronaves de rescate o de apoyo.

Es importante la identificación del piloto, la doctrina estadunidense hace hincapié en ello. La autentificación de la persona a rescatar es necesaria. Esto es así porque la baliza de localización del piloto puede estar en poder del enemigo (por muerte o captura del piloto) y ser utilizado por el contrario para tender una emboscada terrestre al equipo de rescate, o antiaérea a los helicópteros en las posibles rutas de aproximación para el rescate. Este último paso es delicado pues, en muchas ocasiones, puede existir cierto grado de incertidumbre, que implicará una toma de decisión extrema, donde puede primar la prudencia en detrimento del rescate.

El lema de las fuerzas estadounidenses de operaciones especiales de rescate es «Para que otros puedan vivir[4]», lo que da una idea de cierto estilo de entrega y sacrificio, donde ese espíritu reina sobre la prudencia. Esto nos lleva a pensar que el peso de la decisión suele elevarse a escalones superiores pues, tomada la decisión de que sea empleada esta fuerza de operaciones especiales CSAR, lo más probable es que ellos lleguen hasta el final.

En el caso que nos ocupa, en un mundo increíblemente conectado, donde las difusiones de las noticias son enormemente rápidas y, por las implicaciones políticas nacionales e internacionales y de prestigio, puede ocurrir que el rescate de un piloto sea una decisión del nivel estratégico o, incluso, político que, con frecuencia, suele llegar, en el caso de los Estados Unidos, al presidente que es el comandante en jefe de las fuerzas armadas. Tal ha sido este caso, en el que el presidente Trump, pese a tener en su Estado Mayor Conjunto opiniones contrarias, tomó la arriesgada y valiente decisión política, especialmente complicada para su política doméstica, de rescatar a toda costa a la tripulación.

La verdad es que es inusual, en democracia, la existencia de políticos valientes con verdadero espíritu de servicio hacia los demás, los hay que se arriesgan por ellos mismos, pero no por los simples soldados que dan la vida por el país. Trump ha demostrado ese espíritu de servicio, aunque sus enemigos políticos lo califiquen de loco.

Tengo la sensación de que el presidente Trump ha experimentado la tensión del mando durante más de 50 horas y, con la tensión que estas generan al que no está acostumbrado, se comprende el mensaje que dejó en redes sociales para la historia, que ponemos más abajo, donde con su clásica franqueza, y en el marco de las complicadas negociaciones, dice: 

Lo ideal, como hemos dicho es recuperar al piloto lo antes posible, pero en ocasiones no puede ser y es necesario apoyarlo, por ejemplo, con víveres, incluso con apoyos de fuego, sobre patrullas, convoyes, vehículos que lo están buscando. El piloto debe buscar lugares altos que siempre son más fáciles para las transmisiones por radio, también poco accesibles y con posibilidades de observación amplia y tener una posible ruta de escape. Es por ello por lo que mantener la comunicación con el piloto abatido es fundamental. Estas transmisiones deben ser extremadamente muy cortas y cifradas y, aunque sea una simple pulsación del interruptor, son de un enorme apoyo psicológico para el piloto y para la moral de quienes van a arriesgarse para rescatarlo.

 También hay que señalar que la operación CSAR no termina con el rescate y la vuelta a casa. El personal rescatado pasa por una evaluación médica y, seguidamente, por un interrogatorio por el personal de inteligencia propio que tiene como finalidad evaluar daños, mejorar procedimientos, informaciones que ha podido recoger el personal rescatado, etcétera.

Resumiendo, podemos decir que una operación de búsqueda y rescate en combate tiene toda una cadena de pasos como: Confirmar el incidente; activar la evacuación; localizar a la persona a rescatar; mantener la comunicación con ella; apoyarla con suministros, fuegos y psicológicamente; autentificar a la referida persona; determinar el punto de extracción; extraerlo; evaluación médica en territorio propio; y, por último, interrogatorio de inteligencia.

https://www.revistaejercitos.com/articulos/iran-frente-a-israel-y-estados-unidos/

Desarrollo de los acontecimientos

Realmente se trata de dos operaciones: una que podemos decir que fue posible por la superioridad aérea de la fuerza combinada estadounidense e israelí y gracias a  la rapidez con la que se ejecutó- Fueron un conjunto de acciones  sobre territorio hostil y en plena luz del día; y, una segunda, también exitosa, pero complicada, lenta, costosa en medios materiales y nocturna, que fue capaz de sortear a un enemigo en tierra numeroso, aunque probablemente caótico.

Veamos ahora las dos operaciones por separado.

Primera operación de rescate

En la noche del jueves-viernes el Centro Conjunto de Recuperación de Personal de la zona de responsabilidad del Mando Central (CENTCOM) declaró «un evento de recuperación personal aislado para un F15 E Strike Eagle»[5]  con el indicativo Dude 44, caídos en territorio hostil iraní. Se trataba de una tripulación de dos personas, un piloto con (indicativo Dude 44A) y un operador del sistema de armas (indicativo Dude 44B). Ambos se eyectaron en una de las zonas previstas para esta eventualidad, precisamente entre los parques nacionales Kolah Ghazi y Tang-e-sayad, que pueden ser dos zonas interesantes para refugio y ocultación en caso de derribo, justo al lado de una zona de objetivos de gran valor como es Isfahán.

Localizaciones de caída de los pilotos estadounidenses
Localizaciones de caída de los pilotos estadounidenses. Imagen: Elaboración propia a partir de Google Maps.

De forma automática, en una carrera contra el tiempo, se inició ña operación de «búsqueda y rescate en combate» (CSAR) para el piloto Dude 44 Alfa. Para ello se determinó un agrupamiento táctico de búsqueda y rescate  compuesto por: elementos de fuego (aviones  A-10)  especializado en ataque al suelo; aviones  HC-130 que las fuerzas aéreas, se trata de un transporte Hércules (C-130) modificado para operaciones de búsqueda y rescate; helicópteros HH-60W , derivado del famoso UH-60 Halcón Negro (Black Hawk) y modificado específicamente para este tipo de operaciones CSAR; equipos paracaidistas de operaciones especiales de la fuerzas aéreas especializados en recuperación de personal en zona hostil; ingenios a control remoto de largo alcance para apoyo de fuego e inteligencia; aviones cisterna; aviones de apoyo de guerra electrónica e inteligencia; y, aviones de caza para dar seguridad a este conjunto. En total, para esta misión, fueron 21 aeronaves.  Estos elementos se introdujeron en el espacio aéreo iraní, a plena luz del día, con casi total impunidad, con la misión de localizar, asegurar y recuperar a Dude 44A (el piloto del F-15 E derribado) cuya baliza de localización estaba emitiendo.

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