La gamificación de la guerra es una realidad, si bien no se habla demasiado sobre ello, quizá porque la propia palabra tiene un tinte controvertido, a pesar de plasmar a la perfección la realidad que el término busca representar. En el caso de Ucrania, después de años de pruebas, la reciente ampliación del sistema de e-Points a francotiradores, a la aviación del Ejército o a los grupos móviles contra drones Shahed nos habla sobre la consolidación de un modelo de guerra basado en incentivos, datos y adaptación acelerada, en lo que supone una novedad a estudiar por cualquier ejército que se precie. No en vano, herramientas como Brave1, Brave1 Market, DELTA y DOT-Chain Defence se articulan para convertir todos aquellos resultados verificados de combate en una capacidad real de compra por parte de las unidades que, además, tiene la virtud de favorecer la retroalimentación industrial y el aprendizaje táctico. Explicado de forma muy somera, hablamos de un sistema que permite a las unidades que demuestran cierto nivel de eficacia acceder con mayor rapidez a drones, equipos de guerra electrónica, robots terrestres, diversos componentes y, en realidad, a muchos otros equipos, al tiempo que envía al Estado señales directas sobre qué tecnologías funcionan en el frente y cuáles deben escalarse (o abandonarse). Junto a su dimensión logística e industrial, el modelo introduce una nueva relación entre combatiente, innovación y adquisición militar, en la que el usuario final deja de ser un receptor pasivo y se convierte a la vez en evaluador, comprador y fuente de datos. Hablamos, pues, de una nueva y revolucionaria arquitectura de defensa enfocada en la adaptación e inédita por su velocidad de funcionamiento, posibilidades futuras y nivel de ambición.
Índice
- Gamificación de la guerra Vs arquitectura de guerra adaptativa
- Un conglomerado de iniciativas: Brave1, Brave1 Market, DELTA y DOT-Chain Defence
- La expansión operativa del modelo y su impacto bottom-up
- Motivación, incentivos y matemática de la guerra
- Escala, aprovechamiento de los datos y base industrial y humana
- Límites, riesgos y lecciones para Occidente
- Conclusiones
- Bibliografía
Gamificación de la guerra Vs arquitectura de defensa adaptativa
Hace escasas semanas el ministro de defensa de Ucrania, Mykhailo Fedorov anunció que el conocido sistema ucraniano de e-Points dejará de servir únicamente a determinadas acciones con drones, pasando a incluir también entre sus beneficiarios a los francotiradores, la aviación militar o los grupos móviles dedicados a la caza de drones Shahed. Sin embargo, el fondo del asunto es mucho más importante y va más allá, pues en el fondo Ucrania no está simplemente repartiendo puntos entre sus unidades a cambio de material militar, sino alumbrando en sucesivas iteraciones una arquitectura de incentivos, datos, compras y aprendizaje táctico que vincula directamente el rendimiento en combate con la capacidad de acceder a más y mejores equipos, revolucionando así la forma en que se entienden las adquisiciones.
Esto último es con lo que debemos quedarnos. En términos organizativos, lo que está sucediendo a propósito de Brave1 supone sin duda una de las innovaciones más relevantes vistas en la guerra de Ucrania, con un impacto como mínimo comparable al que han tenido la llegada de los drones Shahed o el uso masivo de Starlink. Hablamos, para los lectores más despistados, de un mecanismo gracias a cual la unidad que demuestra mayor eficacia en combate obtiene más medios; el fabricante que ofrece mejores soluciones ve incrementada su demanda en tiempo real y; el Estado logra transformar vídeos de combate, pedidos y reseñas de usuarios en información útil para decidir qué comprar, qué escalar y qué abandonar. Y esto último es clave, pues en la guerra moderna no se impone necesariamente quien tiene mayor potencia de fuego o alcance, sino quien logra hacer un uso óptimo de los datos, tanto a nivel técnico y táctico, completando la kill-chain a la mayor brevedad, como a niveles más altos, permitiendo afinar gracias al big data su estrategia, el tempo y forma de las operaciones y, también, su aparato industrial y logístico. En eso están los ucranianos con Brave 1.
Es por eso, quizá, por lo que el término gamificación es tan controvertido, ya que da idea de algo mucho menos serio de lo que es en realidad. Un término que deriva del hecho de que el sistema emplea elementos reconocibles de los videojuegos como son el uso de puntos, clasificaciones, recompensas, catálogos digitales y competencia entre unidades. Ahora bien reducir todo lo que Fedorov y compañía están haciendo a un mero juego sería erróneo. En la versión ucraniana, los e-Points son una capa visible de algo mucho más serio: la creación de un mercado militar administrado por el Estado, alimentado por datos reales obtenidos durante los combates y todo ello conectado con productores nacionales a través de Brave1 Market, el sistema de combate Delta (del que ya hemos hablado en detalle) y DOT-Chain Defence, una plataforma digital que acelera y simplifica el suministro de armamento a las Fuerzas Armadas. La puntuación no es el producto final, sino el lenguaje común que traduce resultados tácticos en poder adquisitivo dentro de una plataforma cerrada de defensa.
Este cambio resuelve, o al menos intenta resolver, tres problemas clásicos de cualquier ejército en tiempos de guerra. En primer lugar, el problema de la velocidad, que puede resumirse en una pregunta: ¿cómo llevar al frente tecnologías que cambian en semanas y no en años?. En segundo lugar, el problema de la información, que consiste en distinguir, en este caso, aquellos sistemas que funcionan realmente de los que únicamente ofrecen un rendimiento óptimo en las presentaciones comerciales que lleva a cabo el fabricante. En tercer lugar, el problema de la motivación, ya que es necesario recompensar adecuadamente a las unidades que más demuestran una mayor letalidad y eficacia en el uso de los recursos de una forma que no sea la mera entrega de «medallitas» y sin esperar a que una cadena burocrática centralizada detecte sus necesidades, algo que siempre ocurre tarde y mal.
La respuesta de Ucrania a estos tres interrogante se ha producido de forma magistral, gracias a los enormes incentivos que implica una guerra por la supervivencia que permite eliminar cualquier obstáculo administrativo o intelectual (esas inercias de las que hablamos en su día). Una respuesta que es de lo más heterodoca, pero a la vez lógica, pues si destruyes, detectas, evacuas o innovas con éxito, recibes puntos; si recibes puntos, puedes escoger tecnologías; si escoges tecnologías, el sistema aprende qué demanda el frente y puede así beneficiar a las empresas más capaces. En resumidas cuentas, lo que Ucrania ha hecho es forzar un círculo virtuoso que, en última instancia, ha llevado al país a disponer de una arquitectura de defensa adaptativa y sin parangón hoy por hoy.

Un conglomerado de iniciativas: Brave1, Brave1 Market, DELTA y DOT-Chain Defence
Brave1 nació en allá por 2023 como una plataforma de coordinación enfocada en las tecnologías de defensa. En su aparición tomaron parte varias instituciones ucranianas, incluyendo el Ministerio de Economía, el Ministerio de Defensa, el Ministerio de Transformación Digital, el Ministerio de Industrias Estratégicas, el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y el Consejo de Seguridad y Defensa Nacional. La idea inicial pasaba por conectar empresas, militares, inversores, fundaciones de voluntarios y administraciones para reducir el tiempo entre que una necesidad era detectada en el frente y se disponía de una solución tecnológica adecuada y lo suficientemente madura como para ser desplegada.
La lógica de Brave1 es muy distinta de la adquisición militar clásica. De hecho, si algún lector quiere profundizar en cómo se deciden en un ejército OTAN estándar como es el español, las adquisiciones y cuál es el ciclo de documentos e hitos de todo tipo que es necesario completar antes de contar con un producto final, puede repasar nuestro especial sobre el Programa S-80. El caso es que, esto que en tiempos de paz, máxime tras la caída del Muro de Berlín, parecía funcionar aceptablemente, era totalmente inadecuado para el caso de Ucrania y en tiempos de guerra existencial. Por tanto, en lugar de esperar a que un ministerio defina requisitos cerrados, convoque licitaciones, seleccione contratistas y produzca un sistema que quizá llegue tarde al campo de batalla, se vieron en la obligación de buscar una solución capaz de solucionar el problema fundamental del «tempo».
Es aquí en donde entra Brave1, que actúa como una suerte de intermediario acelerador. Recibe proyectos, facilita su evaluación desde el punto de vista militar, ayuda a obtener financiación, promueve la realización de pruebas (nuestra industria militar, especialmente las pequeñas y medianas empresas, conocen bien el infierno que puede ser la certificación), atrae inversores y conecta a desarrolladores con usuarios finales. Su ámbito no se limita a los drones aéreos, en absoluto, por más que hayan sido durante mucho tiempo el segmento que más favorecido se ha visto. De hecho, entre las prioridades públicas de la plataforma se incluyen también los misiles, los sistemas anti-Shahed, los láseres, drones navales, enjambres y los sistemas autónomos de ataque, además de los drones nodriza, las soluciones anti-FAB o las municiones guiadas.
Lo relevante, en cualquier caso, es que Brave1 no se quedó en un simple hub de innovación. Evolucionó desde una idea inicial mucho más modesta hacia lo que posteriormente ha sido Brave1 Market, una suerte de marketplace militar en el que las unidades autorizadas pueden consultar productos, comparar especificaciones, ver la disponibilidad y hacer pedidos, beneficiándose de los puntos obtenidos en el campo de batalla, con base en su rendimiento. En lenguaje periodístico se le ha llamado el Amazon de la guerra, lo que es una analogía muy imperfecta, pero útil: no porque cualquiera pueda comprar armas, sino porque la plataforma introduce en la defensa elementos propios del comercio electrónico, como catálogos, cuentas de usuario, historial de pedidos, reseñas, señales de demanda y relación directa con proveedores, dentro de un ecosistema militar cerrado en el que cada dato recolectado tiene valor en sí mismo.
El sistema de e-Points, dicho esto, se integra a su vez dentro del programa Army of Drones Bonus. Su principio es simple: una unidad obtiene puntos por todos aquellos resultados verificados en combate (de ahí la importancia de grabar en vídeo cada acción, algo que no es sólo por temas de propaganda y moral). Para ello, sube pruebas de vídeo o imagen al entorno DELTA; tras la verificación, los puntos se acreditan a la unidad; el saldo aparece en Brave1 Market; y la unidad puede canjear esos puntos por drones, sistemas de guerra electrónica, vehículos terrestres no tripulados, componentes u otros equipos disponibles en la aplicación. Todo ello a una velocidad que deja a instituciones como nuestra DGAM a la altura del betún, algo en lo que debemos trabajar…
Este entramado institucional, virtual y también logístico se completa mediante DOT-Chain Defence, una plataforma digital que gestiona pedidos, documentación, contratos, entregas y pagos. De hecho, funciona de forma muy parecida a la de cualquier tienda online al uso, de forma que una vez hecho el pedido, el comprador puede incluso seguir el estado de la orden, que apenas tarda unos días en llegar a su destino. Así, al menos según las publicaciones oficiales ucranianas, el plazo medio de entrega se ha reducido aproximadamente a diez días, con algunos registros de cinco días en determinados casos, teniendo en cuenta que el país también atraviesa problemas logísticos y se enfrenta al rozamiento que generan los ataques rusos, que no es poco.
Esta reducción temporal es fundamental. En la guerra de Ucrania, un dron puede quedar obsoleto en cuestión de semanas si el enemigo cambia frecuencias, mejora sus sistemas de interferencia, introduce fibra óptica, despliega nuevas redes de detección o modifica sus tácticas de dispersión. Una entrega en meses puede equivaler a una entrega de material ya desfasado. Una entrega en diez días, en cambio, permite que las unidades repongan pérdidas, prueben mejoras y adapten su combinación de sistemas mientras el problema táctico aún existe [9][10].
Posteriormente, ya en marzo de 2026, el Ministerio de Defensa ucraniano anunció que las unidades podrían canjear los e-Points obtenidos en el frente no solo por soluciones completas, como drones, sistemas EW o UGV, sino también por componentes invividuales: equipos de comunicaciones, cámaras, receptores, repetidores, navegación, sistemas de alimentación, mecanismos de liberación de carga, controladores, software y otros elementos. Ese cambio es más importante de lo que parece, pues permite a las unidades configurar sistemas para misiones específicas, reparar equipos, experimentar con combinaciones locales y no depender siempre de la recepción de plataformas terminadas. Dicho de otra forma, se ha puesto una vez más el acento en la innovación, eliminando intermediarios de la cadena logística y permitiendo que las unidades sobre el terreno, en estrecho contacto con las empresas, pero también formadas en muchos casos por auténticos expertos, puedan liderar el desarrollo de nuevas soluciones casi en tiempo real, a partir de los datos obtenidos en cada misión. La cuestión no es baladí, pues anticipa un futuro en el que incluso los enjambres de drones, incluyendo su composición y el diseño de cada aparato individual, se lleven a cabo sobre la marcha, adaptándose a los inputs que se reciban desde el terreno en cada momento.
Además de todo esto, hay otro factor relevante, y es que desde Ucrania han creado un sistema de anticipos que permite sufragar hasta el 70% del coste de los productos adquiridos mediante e-Points. Se trata de una medida que tiene como objetivo favorecer a las empresas pequeñas, ya que muchas veces no disponen del músculo financiero suficiente como para escalar la producción. De esta forma, empero, reciben una liquidez que les sirve para incrementar dicha capacidad de fabricación. Así las cosas, Brave1 y el sistema de e-Points van más allá de un mero mecanismo de gamificación de la guerra, para convertirse en un sistema de innovación rompedor y con una clara orientación bottom-up; el complemento perfecto, por cierto, para un sistema de «cola larga» como el que propusimos en su día.

La expansión operativa del modelo y su impacto bottom-up
Como decíamos, toda este abanico de iniciativas y herramientas se ha extendido con el paso del tiempo hacia nuevos materiales, componentes e incluso software. Esto muestra que el sistema de e-Points va mucho más allá de la gamificación de la guerra y de ser un sistema de recompensas para los pilotos de drones FPV más osados o capaces. Por el contrario, se está convirtiendo en un mecanismo transversal en las fuerzas armadas y la propia industria de defensa ucraniana. Lo más posible, en realidad, es que el sistema continúe expandiéndose, incluso con la guerra finalizada, pues allí en donde el Estado pueda verificar resultados, asignar valor militar y vincular esa actividad con necesidades de equipamiento, el modelo puede extenderse, aunque sea funcionando sobre la base de ejercicios y no de combates reales.
Hay que tener en cuenta, además, que cada unidad participante tiene una serie de necesidades virtualmente ilimitada, lo que empuja también a Brave1 a crecer. Por poner sólo algunos ejemplos, los francotiradores pueden necesitar ópticas, sensores, drones de observación, sistemas de comunicación o municiones especializadas. Los cazadores de Shahed pueden requerir de interceptores, radares ligeros, focos, cámaras térmicas, inhibidores o vehículos tipo pick-up, como los que vemos habitualmente en Ucrania. La Fuerza Aérea puede necesitar, a su vez, desde algunas municiones a software, enlaces de datos o sistemas auxiliares.
La cosa, sin embargo, no queda aquí, pues en todo esto también hay una dimensión doctrinal y estratégica, en este caso muy ligada con la relación de costes. Los grupos móviles anti-Shahed, como sabemos, son una respuesta ucraniana a una amenaza barata, masiva y persistente (Rusia ya ha lanzado más de 100.000 drones de este tipo en lo que va de guerra). La defensa aérea tradicional consume misiles costosos, que ninguna nación se puede permitir, ni siquiera los EE. UU., como demuestra la reciente experiencia en Irán. La defensa con equipos móviles, sensores ópticos y acústicos (entre otros), ametralladoras, drones interceptores y sistemas improvisados de todo tipo (hemos visto desde avionetas a helicópteros y desde pick-ups a fusileros haciendo fuego de armas ligeras) busca mejorar la relación coste-efecto. Y lo consigue, lo que tiene su reflejo en el el sistema de e-Points ya que cada derribo es puntuado pero no siguiendo un baremo 1:1 (un derribo: un punto) sino teniendo en consideración también el coste, lo que favorece en primer lugar aquellas soluciones más aceptables en términos económicos y, en segundo lugar, que las adaptaciones tácticas y doctrinales derivadas de esta experiencia se extiendan rápidamente.
En la práctica, esto significa que cada vez que una unidad descubre una táctica eficaz -por ejemplo una combinación novedosa de sensores, repetidores, drones interceptores y equipos de guerra electrónica-, puede recibir un incentivo superior que las otras unidades dedicadas a la misma función. Y como quiera que el sistema es transparente en este sentido, y premia también la transferencia de conocimientos, todas estas innovaciones y adaptaciones pueden ser copiadas a su vez por el resto de unidades, sirviendo de paso a nuevas mejoras.
En última instancia, el ecosistema Brave1 y el sistema de e-Points institucionalizan la innovación desde abajo (bottom-up), en oposición a los modelos top-down usuales en muchas otras latitudes. En muchos ejércitos (y no hace falta ir muy lejos) el soldado es un mero receptor pasivo de armas, sistemas y plataformas cuyos requisitos técnicos son definidos por los escalones superiores, cuando no por las principales empresas de defensa, que son juez y parte por razones estructurales. En el modelo ucraniano, la unidad de combate se convierte en usuario, evaluador, comprador parcial y por encima de todo, en fuente de datos. Decide (aunque lo haga mediante agregados a través del Big data) qué pedir, prueba lo recibido, genera siempre un feedback y, al hacerlo, influye en qué fabricantes sobreviven, qué productos mejoran y qué tecnologías reciben demanda, conformando un sistema tan darwinista como eficaz. Explicado por partes:
- Las unidades no solo reciben lo que se les asigna, sino que pueden elegir dentro de un catálogo. Esa elección revela preferencias reales. Si un producto se pide mucho por unidades que obtienen resultados, el sistema recibe una señal fuerte. Si otro producto apenas se pide o recibe malas reseñas, ídem.
- El feedback es directo. El contacto entre usuarios y fabricantes permite corregir fallos con rapidez: cambiar antenas, adaptar software, reforzar chasis, modificar cargas, alterar frecuencias, mejorar baterías o ajustar interfaces. Hay que tener en cuenta, además, que en la guerra de drones muchas innovaciones no son revoluciones de laboratorio, sino microadaptaciones acumuladas que se producen en el frente y que se derivan de la inclusión de un único componente o una nueva combinación de estos.
- Las startups y demás fabricantes dejan de competir tanto por la atención de un ministerio (es decir, salvando las distancias, no tienen que estar todo el día llamando a la 3ª planta de Castellana, 109), como por la demanda de aquellas unidades que saben lo que necesitan. Es decir, que no necesitan invertir en publicidad, ni en comerciales, ni siquiera en sobornos, sino que pueden centrarse en encontrar soluciones reales, pues son su mejor garantía de éxito.
- El aprendizaje se institucionaliza rápidamente, lo que tiene mucho mérito. No en vano, las doctrinas existen por muchas razones, como por ejemplo para evitar el caos que podría derivarse de la innovación descentralizada, si no está bien vertebrada. En el caso de Brave1 esto es posible gracias a esa arquitectura común de la que hemos hablado, pasando el los algoritmos informáticos tras estas apps (en forma de catálogo, verificación, pedidos, pagos, datos y logística) a sustituir a lo que en España serían el MADOC o el MALOG.
Al final, a diferencia de lo que ocurre en tantos otros lugares, donde los plazos se dilatan y los sobrecostes son la norma, se genera una retroalimentación positiva entre tecnología, logística, industria, inteligencia y doctrina. El mando fija prioridades y valores en términos de puntos, pero no establece requisitos; las unidades destruyen, observan o cumplen misiones, suben pruebas y gastan puntos, en lugar de intentar sacar el mejor partido a un material que les viene dado y sobre el que no tienen voz o voto; la industria produce, modifica diseños y recibe señales directas desde el frente, adaptándose a las necesidades reales para sobrevivir frente a sus competidores. De una forma u otra, este sistema de gamificación de la guerra lo que permite es acortar las distancias entre quienes diseñan y producen, quienes deciden y quienes se juegan la vida.
Motivación, incentivos y matemática de la guerra
Hasta ahora hemos hablado fundamentalmente de costes, de industria o de doctrina. Sin embargo, la gamificación de la guerra tiene también un impacto directo sobre la motivación, la voluntad y el esprit de corps. Es más, el efecto motivacional va mucho más allá del premio material que reciben las unidades (e-Points), al afectar también a su autonomía. No en vano, una unidad que sabe que puede transformar su eficacia en medios adicionales percibe que tiene mayor control sobre su capacidad de combate y sin duda la utiliza para el cumplimiento de su misión, dando un nuevo sentido a la idea de la Auftragstaktik. Así, las unidades no esperan exclusivamente una asignación central, sino que saben que pueden elegir, dentro de ciertos límites, aquello que consideran más útil para su misión, a sabiendas de que ser más eficaces suele traducirse, también, en un ahorro de vidas.
Por supuesto, esto no aplica igual a todas las unidades. El fenómeno es más acusado en aquellas especializadas en drones, donde las preferencias por modelos, cámaras, frecuencias, baterías, antenas o sistemas de lanzamiento cambian con enorme rapidez. Sin embargo, con mayor o menor impacto, afecta cada vez a más elementos de las Fuerzas Armadas ucranianas, arrastradas todas ellas a competir dentro de un sistema que el que el señalamiento como unidades destacadas y la visibilidad de los resultados generan presión entre pares. Los rankings, de hecho, favorecen el aprendizaje entre unidades y la imitación de aquellas con un mayor estatus dentro de la comunidad, algo que reconocen los propios ucranianos, que saben bien que quienes lideran enseñan a quienes aún están creciendo, logrando un efecto positivo sobre el conjunto. Algo parecido a lo que ocurría hace años en la Unión Europea, cuando todos los nuevos integrantes perseguían el tipo de adaptaciones que habían llevado a algunos países, generalmente del norte y centro de Europa, a superar la «media europea», constituyéndose en un ejemplo.
Sea como fuere, no debe minusvalorarse la importancia de la motivación tanto individual como colectiva, ni obviarse el hecho de que esta no puede descansar únicamente sobre el patriotismo, la disciplina o la ciega obediencia al mando. La guerra de Ucrania dura ya más que la Primera Guerra Mundial, con lo que se necesita de mecanismos capaces de asegurar que la moral sigue alta, algo en lo que la gamificación juega un papel importante, y no sólo las condecoraciones.
El sistema, por otra parte, ha demostrado ser perfectamente apto para un régimen maduro de las armas de precisión y para la nueva era de la «guerra mosaico» que se avecina, pues en todos los casos se premian los ciclos de aprendizaje cortos. No en vano, frente a modelos de adquisición de plataformas monolíticas con ciclos de diez o veinte años, Ucrania ha demostrado una agilidad sin precedentes basada en pruebas, modificación y redespliegue de componentes, armas y sistemas en apenas semanas. Algo que sin duda no es aplicable a las grandes plataformas, como aviones de combate, buques de guerra o vehículos blindados, pero sí a muchos otros segmentos, todos ellos más dinámicos y más atractivos en términos de coste/eficacia.
Ahora bien, la motivación tiene matices y estos no deben ser malinterpretados por el lector. Cuando hablamos de gamificación de la guerra, que parece una expresión con una connotación negativa, no hablamos de «jugar a la guerra». De ser así, por ejemplo los los operadores de drones sobre el terreno priorizarían la consecución de puntos, ignorando si acaso la misión asignada. Sin embargo, la tarea prima sobre el marcador y si si una amenaza de bajo valor en puntos pone en peligro a la unidad o a la posición, esta es atacada aunque eso suponga renunciar a alcanzar otra que implicaría un buen botín en e-Points. Además, los ucranianos han usado los valores en puntos para promover conductas que no siempre son puramente letales. Como muestra un botón: la captura de prisioneros llegó a recibir más puntos que la eliminación de combatientes enemigos, por el valor que estos llegan a tener en los intercambios. Del mismo modo, se ha planteado o desarrollado la recompensa por evacuación de heridos mediante UGV, con valores superiores a los de matar a un enemigo, precisamente porque salvar vidas ucranianas es una prioridad tanto moral como estratégica, teniendo en cuenta los problemas demográficos del país.
En última instancia, esta capacidad de influir sobre las conductas es lo que convierte el sistema de e-Points en una herramienta de señalización con un carácter estratégico. Así, si el mando quiere incentivar la eliminación de operadores de drones rusos, aumenta esa recompensa. Si por el contrario quiere estimular la captura de prisioneros, la puntúa más alto. Si quiere reducir la exposición humana en misiones logísticas, premia el uso de robots. La plataforma, que no tiene en sí misma límites, sino que es agnóstica, permite convertir prioridades operativas en incentivos comprensibles para unidades que están dispersas sobre el terreno y que cuentan con medios, materiales e historias muy diversos.
Todo lo cual nos lleva a lo que el propio Fedorov ha denominado «matemática de la guerra», para referirse no a una cuenta de muertos propios y ajenos, sino a un conjunto de datos verificados sobre objetivos, medios empleados, localización de impactos, eficacia relativa y demanda real de equipamiento. Matemática que es necesario para imponerse en una guerra saturada de sensores, en la que aquel capaz de transformar la experiencia táctica en datos estructurados y reutilizables goza de ventaja. Algo en lo que tiene su papel la inteligencia artificial ya que, si bien no sustituye mágicamente al combatiente, permite acelerar el reconocimiento de patrones, mejorar el guiado terminal, priorizar las amenazas y extraer lecciones de volúmenes de información imposibles de procesar por medios tradicionales… Cosas de la naturaleza técnica de la guerra.

Escala, aprovechamiento de los datos y base industrial y humana
En apartados anteriores hemos explicado cómo Brave1 no ha dejado de crecer. Uno de los últimos pasos ha sido el de introducir un enfoque de adquisición de UAV basado automáticamente en datos procedentes del frente, eliminando, por tanto, los últimos resquicios de intervención humana en el proceso. De esta forma, si un dron no vuela, no alcanza objetivos y no demuestra su eficacia, el sistema no debería generar demanda para él. Sin embargo, como el sistema debe estar dirigido hacia algún tipo de objetivo (en lo que siempre hay un componente de subjetividad), se ha decidido que el modelo reserve el 80% de los fondos para soluciones probadas y el 20% restante para innovación y pruebas de nuevos desarrollos, asumiendo que una parte de ellos fracasarán.
Esto es importante porque introduce un equilibrio entre explotación y exploración, evitando que el sistema se vuelva conservador al premiar únicamente aquellas tecnologías que han demostrado cierta madurez y eficacia. Un juego de malabares complicado, pues demasiada innovación, por el contrario, implicaría un riesgo de dispersar recursos en prototipos poco fiables. Un juego que, eso sí, es más fácil de jugar cuando se dispone de cantidades ingentes de datos.
A propósito de esto, una de las razones por las que el ecosistema en torno a Brave1 funciona, tiene que ver con la escala. Los ucranianos llevan años recogiendo miles de terabytes procedentes de cada vuelo de dron, de cada detección de radar o medio de escucha, de cada sistema de guerra electrónica, etc. Sin esa escala, la herramienta seguiría siendo interesante, pero seguramente no tan precisa, ya que sería muy difícil obtener estadísticas fiables sobre lo que funciona y lo que no, las razones y la evolución del conjunto. Hasta tal punto son conscientes de ello en Kiev, que recientemente han comenzado a abrir este tesoro, compuesto de ceros y unos, a aquellos aliados que deseen beneficiarse de él y, por supuesto, que tengan medios como para pagar el servicio. Así, a partir de ahora, serán varios países y empresas más los que podrán entrenar sus modelos de inteligencia artificial con millones de imágenes anotadas recogidas en otros tantos millones de vuelos de combate.
La escala, además de a los datos, afecta a la industria y la logística. Obviando que muchos drones se piden todavía por asignación directa del Estado (que nadie se engañe, el sistema es impresionante, pero está lejos de ser perfecto o de sustituir por completo a los mecanismos tradicionales), durante el pasado año se habían pedido unos 240.000 drones utilizando e-Points de combate, a los que habría que sumar también sistemas robóticos terrestres, componentes y otros equipos. Más de la mitad de esos activos ya se habrían entregado al frente, con más de 160.000 drones y armas operando en sectores difíciles. Para abril de 2026, cerca del 95% de las unidades de drones ucranianas ya se habían adscrito a Brave1, y se estaban encargado además de drones aéreos también UGV, sistemas EW y otros equipos por valor de 14.000 millones de grivnas (unos 270 millones de euros). Además, hasta 181.000 piezas de equipamiento ya habrían sido entregadas a las unidades en el frente.
Por el momento, como el lector habrá deducido, las entregas a través de Brave1 son un complemento de las asignaciones tradicionales, aunque con vocación de ir sustituyendo progresivamente los mecanismos heredados, aunque quizá nunca lo haga por completo. A día de hoy, Brave1 Market ofrece ya centenares de productos de diseño y fabricación ucranianos, reuniendo miles de soluciones innovadoras. Todo ello con la ventaja de evitar que los responsables del armamento y el material dentro de la cúpula ucraniana, o incluso a un nivel mucho más bajo, dentro de las unidades, tengan que lidiar con un mercado que de otro modo estaría terriblemente fragmentado y sería caótico e inmanejable. Y es quizá aquí en donde encontramos la clave de bóveda de los éxitos ucranianos, ya que este país no ha eliminado por completo la adquisición clásica, sino que ha creado una vía paralela para tecnologías cuyo ciclo de vida es incompatible con la burocracia tradicional. Al fin y al cabo, la guerra es siempre una cuestión de equilibrios. Equilibrios entre lo probado y lo nuevo, entre lo disponible y lo deseable, entre lo heredado y lo que está por venir…
Gracias a ello, en cualquier caso, la base industrial ucraniana se ha desarrollado durante los cuatro años de conflicto, hasta el punto de que está marcando nuevos estándares en cuanto a innovación e iteración tecnológica. Algo posible, todo sea dicho, también porque; el país disponía de una importante fuerza laboral muy bien cualificada y con experiencia previa en combate (desde 2014, recordemos); porque se ha producido una importante movilización social en torno a la defensa y, por último; porque se ha logrado alinear la estrategia gubernamental con el interés industrial. En otras palabras, la innovación no se explica solo por la valentía (o la improvisación) de personajes como Fedorov, sin duda apasionantes, sino por una estructura social, industrial y estatal que ha aprendido a convertir urgencia en iteración y que ha podido hacerlo tanto porque dispone de los incentivos, como porque contaba con ciertos mimbres para ello, como los cientos de miles de ucranianos que ya se dedicaban a materias como la ingeniería de telecomunicaciones, la informática o el sector aeroespacial.
Límites, riesgos y lecciones para Occidente
Las bondades de Brave1 son muchas, sin duda. Eso incluso aunque el sistema todavía esté en pañales, a la espera de que alguna gran potencia lo imite y perfeccione, algo que ocurrirá. No obstante, hemos de ser conscientes de algunas de sus limitaciones, evitando quedar cegados por sus éxitos, exagerados seguramente por la propaganda ucraniana.
El primero tendría que ver con la conocida como Ley de Goodhart, esa que dice que cuando una métrica se convierte en objetivo, deja de ser una buena métrica. Ya hemos comentado que los ucranianos evitan perseguir mejores puntuaciones a toda costa y que hay mecanismos que contrapesan a Brave1, como las asignaciones tradicionales o el hecho de que desde arriba se puedan marcar las directrices de empleo. No obstante, si un sistema de este tipo gestionase un porcentaje de las adquisiciones más allá de lo razonable (con ese punto óptimo todavía por investigar) las unidades seguramente pasarían a priorizar blancos rentables en términos de e-Points pero militarmente secundarios, o incluso a recurrir a la picaresca duplicando ataques sobre objetivos ya neutralizados, al recibir incentivos perversos.
Por otra parte, a nadie se le puede escapar que existe también un interesante problema ético y psicológico. Asignar valores numéricos a vidas humanas o a capturas es comprensible como parte de un sistema militar orientado hacia la eficacia, pero genera incomodidad moral en no poca gente. El propio discurso ucraniano intenta responder a esto insistiendo en que no se trata de entretenimiento, sino supervivencia nacional, pero el riesgo de deshumanización del otro permanece, especialmente en una guerra de drones en la que el operador ve la muerte en pantalla y el vídeo se convierte en prueba administrativa de su capacidad, sin que los sentimientos o los valores tengan aparentemente papel alguno que jugar. Además, hay otro agravante, y es que nos guste o no, la sociedad ucraniana no se movía antes de la guerra, ni mucho menos ahora, exactamente dentro de los mismos parámetros en que lo hacen muchas sociedades europeas, con lo que no está claro que todo lo que allí vemos sea directamente aplicable. Y si de verdad puede extrapolarse a nuestras sociedades, tendrá un impacto por ahora difícil de mensurar.
El tercer riesgo está relacionado con la fragmentación del mercado, que podría llegar a ser excesiva en determinados casos. La innovación desde abajo debe ser la base de una arquitectura industrial de defensa volcada en la innovación. Sin embargo, como decíamos, un número excesivo de propuestas puede suponer un despilfarro de recursos que deberían destinarse a otros propósitos, como escalar la producción. Además, demasiadas variantes pueden llegar a suponer demasiados estándares, demasiados proveedores y demasiadas soluciones incompatibles entre sí. De hecho, la descentralización ucraniana ha creado ventajas tácticas, pero también problemas de coordinación, control de calidad, interoperabilidad y planificación industrial. Si cada unidad compra lo que conoce y cada fabricante adapta sin estándares comunes, el sistema puede volverse difícil de escalar llegado el momento, incluso a pesar de iniciativas como Brave1.
Otro problema tiene que ver con las cadenas de suministro. Alimentar un sistema en el que ha tantos actores tiene la ventaja de la resiliencia y la inventiva, sí, pero también la desventaja de depender de un número inacabable de suministradores de componentes comerciales de todo tipo: motores, sensores, controladoras, baterías, imanes, semiconductores y cámaras. Todo lo cual, en última instancia, termina llevándonos a China. Y es que no podemos soñar con igualar el ecosistema productivo chino en algunos apartados, con lo que si queremos conjugar la soberanía y la resiliencia de las cadenas de suministro con la funcionalidad, deberemos encontrar un equilibrio entre el limitado número de oferentes occidentales y de regiones «seguras», con la necesidad de alumbrar más y más propuestas.
En cualquier caso, pese a todos estos peros, Brave1 se ha convertido en una suerte de laboratorio de adquisiciones en tiempos de guerra que está siendo observado con mucha atención sin ir más lejos desde la OTAN. Es por eso por lo que, en noviembre de 2025 se lazó UNITE, Brave NATO, un programa conjunto para escalar tecnologías prototipadas y probadas, con Brave1 como coordinador desde el lado ucraniano. Desde entonces, ya se ha lanzado una primera competición centrada en contrarrestar sistemas no tripulados, reforzar la defensa aérea y asegurar las comunicaciones de primera línea, con subvenciones conjuntas iniciales de 10 millones de euros y con la posibilidad de escalar hasta 50 millones a lo largo de este año si los resultados son los esperados.
Lo relevante, dicho esto, no es que se alumbren nuevas iniciativas. Tampoco que se intente copiar el sistema ucraniano de puntos. Lo verdaderamente importante es si logramos adaptar lo que Ucrania está haciendo a unas necesidades parecidas, pero no exactamente las mismas, entendiendo el núcleo del problema: que la guerra que viene no va de plataformas o sistemas de armas, sino de arquitecturas evolutivas que deben dominarse a nivel de componentes, lo que supone ser capaces de garantizar una certificación modular, una integración rápida, bucles permanentes de retroalimentación desde el campo de batalla y el aprovechamiento de cualquier tecnología dual, entre muchas otras cosas.
En este sentido, Estado debe actuar como plataforma, no como cuello de botella, proveyendo una infraestructura digital, un cierto número de reglas muy básicas pero también muy claras, financiación y mecanismos de verificación. Todo para permitir que unidades y empresas operen dentro de ese marco con mayor autonomía, permitiendo que las soluciones bottom-up sigan su curso sin rozamientos, pero sin eliminar tampoco la supervisión estratégica que el proceso merece.
Todo lo cual requerirá de muchos burócratas de uniforme -y también sin él- un importante salto de fe, pues acostumbrados a programas largos, contratos con grandes primes y requisitos cerrados, lo que Ucrania está haciendo y la forma en que lo está llevando a cabo, es poco menos que una anatema. Además, el ecosistema ucraniano es ruidoso, imperfecto, está muy fragmentado y a veces se muestra tan brutalmente pragmático como irresolublemente corrupto. Y sin embargo, están demostrando una enorme capacidad de adaptación y de aprendizaje, evitando todos los pasos intermedios que aquí son tan comunes desde que se escribe un Requisito de Estado Mayor (REM) hasta que un sistema entra en servicio, logrando resolver problemas complejos con una inmediatez insultante.
Conclusiones
Lo que Ucrania está logrando en torno a Brave1 no debe ser considerado una curiosidad histórica, producto de un contexto muy particular. Ucrania, sin duda, es el primer país en implementar un sistema de este tipo, alimentado por algoritmos capaces de responder a la vertiginosa velocidad del campo de batalla actual e incluso acelerarlo. Por el contrario, lo que estamos viendo habría ocurrido tarde o temprano, porque es la «cara B» de la transición hacia un paradigma de guerra mosaico en el que, debido a los avances técnicos y la difusión de una serie de soluciones que antes estaban reservadas a unos pocos, los ciclos de aprendizaje, adquisición e innovación se han reducido sobremanera respecto al anterior paradigma plataforma-céntrico.
En la mayoría de ejércitos, al menos hasta ahora, las unidades combaten, los mandos reciben inputs, deciden y dan órdenes, además de informar, la burocracia procesa y la industria produce en ciclos separados, lentos y a menudo desacompasados. En el modelo ucraniano, en cambio, el combatiente ha dejado de ser un receptor pasivo del material y pasa a convertirse en usuario crítico, evaluador y, en una medida cada vez mayor, coproductor de innovación. Esa inversión del proceso tiene un enorme valor en una guerra donde las ventajas duran semanas y donde el enemigo adapta contramedidas con gran rapidez. Todo ello incluso aceptando que es algo que a lo largo de la historia siempre ha pasado en mayor o menor medida. Y es que aquí, una vez más, la cantidad es una cualidad en sí misma.
En este sentido, la ampliación del sistema a francotiradores, a la Fuerza Aérea o a los «cazadores de Shaheds» suponen un nuevo salto y confirman que el sistema de e-Points es mucho más que una herramienta limitada a la comunidad dronera, convirtiéndose en la columna vertebral de un sistema pensado para incentivar la adaptación, la innovación y la contención de costes. Todo con la ventaja añadida de que no tienen por qué primarse la letalidad o el ahorro, o la efectividad, sino que puede aprovecharse para perseguir cualquier otro parámetro que el mando considere relevante.
Ahora bien, como hemos visto este modelo no está exento de límites. Puede inducir comportamientos oportunistas, distorsionar prioridades si la métrica adquiere una relevancia mayor de la debida, podría generar fragmentación y dependencias industriales peligrosas, especialmente en cadenas de suministro de componentes comerciales y, por supuesto, algunos desarreglos morales, entre otros. Eso sí, ninguno de estos riesgos invalida la lección principal: la gamificación de la guerra, bien entendida como en el caso de Brave1 es una de las pocas formas válidas que se han encontrado hasta la fecha para lidiar con una aceleración tecnológica, científica y técnica incontenible y que, aplicada a la guerra, produce una presión sin precedentes sobre la industria y los militares sobre el terreno.
Aprovechar la experiencia ucraniana, empero, dependerá por una parte de que organizaciones anquilosadas y demasiado apegadas a los procesos que ya conocen, estén dispuestas a dar un salto controlado al vacío. También de que se reúna la voluntad política suficiente, para lo que sería necesario algún interés en relación con la defensa por parte de una clase gobernante que no pasa de los titulares. Todo lo cual es un problema serio, pues sin un análisis certero y sin una dirección precisa, lo que es un ejemplo impresionante y muy útil de cómo aprovechar todo el talento nacional, gracias a la tecnología, en pos de un objetivo existencial podría terminar convirtiéndose, en otras latitudes, en un mar de recursos malgastados y de tecnologías prometedoras incapaces de ir más allá de un TRL 6. Un mar en el que bien podríamos ahogarnos…
Bibliografía
Australian Strategic Policy Institute. (s. f.). Now that’s innovation: Ukrainian army units compete for weapons, start-ups compete for their business. The Strategist. https://www.aspistrategist.org.au/now-thats-innovation-ukrainian-army-units-compete-for-weapons-start-ups-compete-for-their-business/
Bajak, F. (2025, noviembre). Ukraine lets troops buy weapons with points for evacuating comrades. Business Insider. https://www.businessinsider.com/ukraine-lets-troops-buy-weapons-with-points-for-evacuating-comrades-2025-11
Center for Strategic and International Studies. (s. f.-a). How and why Ukraine’s military is going digital. https://www.csis.org/analysis/how-and-why-ukraines-military-going-digital
Center for Strategic and International Studies. (s. f.-b). Ukraine’s future vision and current capabilities for waging AI-enabled autonomous warfare. https://www.csis.org/analysis/ukraines-future-vision-and-current-capabilities-waging-ai-enabled-autonomous-warfare
Center for Strategic and International Studies. (s. f.-c). Unleashing U.S. military drone dominance: What the United States can learn from Ukraine. https://www.csis.org/analysis/unleashing-us-military-drone-dominance-what-united-states-can-learn-ukraine
Digital State UA. (s. f.-a). Brave1. https://digitalstate.gov.ua/projects/tech/brave1
Digital State UA. (s. f.-b). Drone bonus program: How Ukraine turns battlefield data into combat tech. https://digitalstate.gov.ua/news/tech/drone-bonus-program-how-ukraine-turns-battlefield-data-into-combat-tech
DOT-Chain Defence. (s. f.). Ministry of Defence of Ukraine expands DOT-Chain Defence platform to 130 brigades. https://dot.gov.ua/en/page/ministry-of-defense-of-ukraine-expands-dot-chain-defence-platform-to-130-brigades/
Government of Ukraine. (s. f.). Mintsyfry: Viiskovi vzhe zamovyly droniv na ponad 1 mlrd hrn za boiovi baly cherez marketpleis. https://www.kmu.gov.ua/en/news/mintsyfry-viiskovi-vzhe-zamovyly-droniv-na-ponad-1-mlrd-hrn-za-boiovi-baly-cherez-marketpleis
Le Monde. (2026, 24 de enero). Brave1, the online armory supplying Ukraine’s troops, reveals the limits of its efficiency. Le Monde. https://www.lemonde.fr/en/international/article/2026/01/24/brave1-the-online-armory-supplying-ukraine-s-troops-reveals-the-limits-of-its-efficiency_6749775_4.html
Ministry of Defence of Ukraine. (s. f.-a). Government allocates over UAH 2 billion to Ministry of Defence for Army of Drones Bonus project. https://mod.gov.ua/en/news/government-allocates-over-uah-2-billion-to-ministry-of-defence-for-army-of-drones-bonus-project
Ministry of Defence of Ukraine. (s. f.-b). How the military can obtain equipment through DOT-Chain Defence under the Army of Drones Bonus program: Step-by-step guide. https://mod.gov.ua/en/news/how-the-military-can-obtain-equipment-through-dot-chain-defence-under-the-army-of-drones-bonus-program-step-by-step-guide
Ministry of Defence of Ukraine. (s. f.-c). Ministry of Defence changes approach to drone procurement: Demand will be generated automatically based on frontline data. https://mod.gov.ua/en/news/ministry-of-defence-changes-approach-to-drone-procurement-demand-will-be-generated-automatically-based-on-frontline-data
Ministry of Defence of Ukraine. (s. f.-d). Mykhailo Fedorov: 240,000 drones ordered by the military through Brave1 Market. https://mod.gov.ua/en/news/mykhailo-fedorov-240-000-drones-ordered-by-the-military-through-brave1-market
Ministry of Defence of Ukraine. (s. f.-e). Over 181,000 drones, UGVs, EW systems, and other equipment were supplied to the front via the e-Points system in 2026. https://mod.gov.ua/en/news/over-181-000-drones-ug-vs-ew-systems-and-other-equipment-were-supplied-to-the-front-via-the-e-points-system-in-2026
Ministry of Defence of Ukraine. (s. f.-f). The military can exchange e-Points for drone and technology components. https://mod.gov.ua/en/news/the-military-can-exchange-e-points-for-drone-and-technology-components
Ministry of Defence of Ukraine. (s. f.-g). Updated e-Points system: Military to be rewarded for sniper operations and lower-tier air defense missions. https://mod.gov.ua/en/news/updated-e-points-system-military-to-be-rewarded-for-sniper-operations-and-lower-tier-air-defense-missions
Ministry of Economy of Ukraine. (s. f.). Defense Tech to become one of the rapid economic growth drivers: Yuliia Svyrydenko. https://me.gov.ua/News/Detail/b009bb4e-e002-47b0-b2b8-214a96eba23e?lang=en-GB&title=DefenseTechToBecomeOneOfTheRapidEconomicGrowthDriversYuliiaSvyrydenko
North Atlantic Treaty Organization. (2025, 26 de noviembre). NATO and Ukraine announce new joint initiative to accelerate defence innovation: UNITE, Brave NATO. https://www.nato.int/en/news-and-events/articles/news/2025/11/26/nato-and-ukraine-announce-new-joint-initiative-to-accelerate-defence-innovation-unite-brave-nato
RAND Europe. (s. f.). Report on Ukraine’s defence innovation ecosystem [Informe]. RAND Corporation. https://www.rand.org/content/dam/rand/pubs/research_reports/RRA3800/RRA3833-6/RAND_RRA3833-6.pdf
Reuters. (2026, 12 de marzo). Ukraine opens battlefield data access to allies’ AI models. Reuters. https://www.reuters.com/business/aerospace-defense/ukraine-opens-battlefield-data-access-allies-ai-models-2026-03-12/
Reuters. (2026, 23 de abril). Ukraine has remote-control drones that can hit targets at great distance, minister says. Reuters. https://www.reuters.com/business/aerospace-defense/ukraine-has-remote-control-drones-that-can-hit-targets-great-distance-minister-2026-04-23/
Royal United Services Institute. (s. f.-a). Drone supply chains and China [Informe]. https://static.rusi.org/rp-drone-supply-chains-china-nov-2025_0.pdf
Royal United Services Institute. (s. f.-b). Drones win battles, components win wars. https://www.rusi.org/explore-our-research/publications/commentary/drones-win-battles-components-win-wars
Royal United Services Institute. (s. f.-c). Tactical developments in the third year of the Russo-Ukrainian war [Informe]. https://static.rusi.org/tactical-developments-third-year-russo-ukrainian-war-february-2205.pdf
The Guardian. (2025, 3 de noviembre). Ukrainian computer game-style drone attack system goes viral. The Guardian. https://www.theguardian.com/world/2025/nov/03/ukrainian-computer-game-style-drone-attack-system-goes-viral
War on the Rocks. (s. f.). Gamified war in Ukraine: Points, drones, and the new moral economy of killing. https://warontherocks.com/gamified-war-in-ukraine-points-drones-and-the-new-moral-economy-of-killing/
Be the first to comment