Introducción a la guerra naval en el siglo XXI (I)

Del combate naval en superficie a la guerra bajo las olas

La guerra naval contemporánea se libra en un entorno multidominio extremadamente complejo y complicado. Imagen: Ejércitos / Gemini.

La guerra naval contemporánea se libra en un entorno radicalmente distinto al de cualquier época anterior, marcado por la omnipresencia del misil, la dependencia absoluta del espectro electromagnético y la necesidad de integrar sensores, plataformas y doctrinas en un sistema coherente. A lo largo de los próximos dos artículos, se ofrecerá una visión de conjunto sobre el combate naval moderno, centrada principalmente en las unidades de superficie, pero sin descuidar ámbitos estrechamente ligados como la defensa antiaérea y antimisil, la guerra electrónica, la lucha submarina, el control de daños o la logística en alta mar. A partir de la teoría de salvas de Wayne P. Hughes, se analiza cómo la iniciativa y el primer golpe condicionan decisivamente el resultado de un enfrentamiento, ilustrándolo mediante escenarios plausibles de combate entre grupos de acción de superficie en aguas disputadas. La identificación del blanco, la gestión del tráfico mercante, la guía de los misiles y la interacción entre medidas activas y pasivas de defensa revelan un campo de batalla donde la incertidumbre y la velocidad de decisión son factores críticos. Además, se hablará también de amenazas emergentes como los misiles balísticos antibuque, el empleo masivo de drones aéreos y submarinos, y la creciente importancia del reabastecimiento en el mar como elemento habilitador del poder naval. Todo ello desde una perspectiva técnica y doctrinal, con referencias constantes a capacidades reales y tendencias futuras, ofreciendo al lector una introducción rigurosa y realista a la complejidad de la guerra naval del siglo XXI.

Índice

  • Combate naval en superficie
  • Defensa y ataque en el espectro electromagnético
  • El convoy 612
  • La lucha contra amenazas balísticas. Visión general, caso español
  • Guerra bajo las olas. ASW y minas
  • Conclusiones parciales

Combate naval en superficie

El combate naval en superficie moderno, básicamente con misiles antibuque, de lanzamiento desde un navío o avión o, en última instancia, al cañón, se enfrenta a problemas que ningún otro navío de eras pasadas, ha tenido que enfrentar. Como medio de definir el mismo, específicamente en lo referido a misiles antibuque, está la teoría de salvas, enunciada por Wayne P. Hughes en 1986 en su obra «Fleet tactics: theory and practice» (tácticas navales: teoría y práctica); una teoría que fue refinada y mejorada en obras posteriores por el mismo autor.

Wayne Hughes fue un militar de carrera y profesor, que sirvió siempre embarcado en escoltas y que, tras dejar el servicio activo, dio el salto al mundo académico militar, concretamente, al Naval Postgraduate School. en Monterey, California. Sería allí donde enunciaría sus teorías sobre el combate naval en superficie moderno. Estas se resumen, en última instancia, en una ecuación que relaciona el número de misiles antibuque lanzados en una salva, y su efectividad, medida como un número de barcos hundidos y dañados y teniendo en cuenta los misiles antiaéreos y los CIWS. Esta ecuación también puede aplicarse a misiles antinavío lanzados desde avión o helicóptero, con un coeficiente de efectividad mayor por parte del atacante, porque se pueden adoptar diferentes ejes de ataque, y la capacidad del misil antiaéreo es menor (se estima que los misiles antiaéreos tienen una efectividad aproximada del 20%, esto es, de cada cinco misiles lanzados contra el misil que nos ataque, sólo uno acertará), con mayor probabilidad de volver a la base por parte del vector de lanzamiento enemigo, cosa que no sucede en un combate entre flotas.

La teoría de salvas (salvo equation en inglés) da ventaja al atacante, pues el primero en atacar con éxito se enfrentará a un menor número de misiles antibuque en el contraataque. Como en las batallas de portaaviones de la Segunda Guerra Mundial, el primero que ataca se pone en una situación de ventaja, algo que explicaremos poniendo el ejemplo de un combate ficticio entre dos Grupos de Acción de Superficie (SAG Surface Action Group en inglés), uno chino y otro estadounidense, en las proximidades de Guam, en el mar de Filipinas, allá por el año 2031, en el futuro próximo, de forma que el lector pueda entender mejor a qué nos referimos.

Mar de Filipinas, año 2031: un combate letal
Imaginemos que, tras producirse un desembarco anfibio chino en Luzón, en su costa oriental, la US Navy de la orden de que un SAG, compuesto por dos destructores Arleigh Burke y una fragata de la serie Constellation (recordemos que es un texto imaginario y que aunque el programa haya sido cancelado, tendrá algún tipo de relevo), intercepte a una agrupación de la PLAN que marcha rumbo a Guam.

El mar está en calma y el cielo está cubierto de nubes, fruto de la humedad tropical que allí reina. En el CIC (Centro de Información de Combate-Combat information Centre en terminología de la US Navy, es el “cerebro” del navío y donde se dan las órdenes) del USS John Finn (DDG-113), los operadores del VSD (Virtual Sensor Deck, el sustituto moderno del NTDS, pantalla de presentación táctica) observan ecos fugaces. Además, los satélites de órbita baja recién reposicionados detectan actividad electromagnética al oeste que hablan de un grupo de combate probablemente compuesto por dos cruceros Tipo 055 Renhai, dos fragatas Tipo 052D Luyang III, y un petrolero rápido Tipo 901, situados a unos 620 km de la posición del SAG USA. El oficial de guerra electrónica sospecha que la flota china está utilizando la táctica Blooming Lotus (Loto Floreciente), que consiste en reenviar señales para confundir a los satélites. En realidad, no están a 620 km, sino que están a 180km de la posición que ofrecen estos a los estadounidenses…

Los Tipo 055 Renhai, que ya han detectado, con ayuda de sus propios satélites, a los estadounidenses, proceden a abrir fuego contra éstos, cumpliendo así la Primera Ley de Hughes: quien dispara primero, tras localizar, tiene ventaja y desorganiza al contrario. El Nanchang y el Lhasa, coordinados gracias al satélite militar Tianlian 2, lanzan una salva de 32 misiles YJ-18B, con una velocidad terminal de mach 3. Vuelan en parábola baja y van a pasar apenas 90 segundos entre su detección y ataque. El John Finn, el USS Rafael Peralta y la fragata USS Constellation, activan sus sistemas AEGIS. Enseguida, los SM-6, luego los ESSM, y por último, los CIWS Phalanx se dirigen a contrarrestar la amenaza. Derriban 18 de los 32 YJ-18B. Entran 14. Tres misiles chinos impactan en el Finn, y dos en el Peralta, el resto fallan. La activación del sistema de defensa pasiva del Constellation le salva. El Finn queda sin propulsión, y ardiendo de quilla a perilla. El Peralta está ardiendo desde el hangar de helicópteros hasta la popa, pero aún puede combatir.

La US Navy ha respondido pocos segundos después de los chinos. Un dron MQ-25 de repostaje fue convertido en una plataforma SIGINT (Inteligencia de Señales-SIGnal Intelligence) improvisada, y, desde la seguridad que dan 11.000 metros de altitud, ha detectado señales en banda C y S provenientes del Lhasa, necesarios en el proceso de guiado de los YJ-18B. Él será el blanco prioritario. Como sospechaban los chinos, las Arleigh Burke embarcan el novísmo misil LRASM Block II (Long Range Anti-Surface Missile-misil de largo alcance antibuque, no confundir con el LRSAM antiaéreo indio-israelí, es una familia de misiles sigilosos USA lanzados desde el aire o la superficie, dependiendo de la variante). Antes de ser dañados, el Rafael Peralta y el Finn lanzan 16 LRASM hacia los emisores chinos de radar, le sigue la Constellation, que lanza 4 NSM, no son hipersónicos tampoco, como los LRASM, pero son mucho más difíciles de detectar y pueden adoptar diferentes rumbos de ataque para dificultar la interceptación.

Los LRASM vuelan en formación a baja cota, unos 20 metros sobre las olas. Sus sensores pasivos dificultan su detección. A 30 km del SAG chino, los LRASM se elevan en modo terminal de ataque. Rápidamente, en el CIC del Nanchang aparecen los puntos indicando vampiros (terminología OTAN para referirse a misiles antibuque atacando, sin importar el vector de lanzamiento). Los dos cruceros chinos lanzan misiles antiaéreos HHQ-9B, HHQ-10 y por último, el CIWS H/PJ-11. Admirable esfuerzo, que sirve de poco, pues los LRASM no vuelan rectos sino que, reprogramados en vuelo, atacan desde tres ángulos distintos. 9 LRASM entran. Cinco de ellos impactan al Lhasa, que pierde su mástil integrado y queda ciego, incapaz de defenderse o atacar, y con incendios a todo lo largo de su obra muerta. Cuatro impactan en el Nanchang, que queda atravesado a las olas, con un incendio terrible desde el castillo hasta los VLS delanteros, que explotan al poco. Ambos Renhai han sido anulados y gravemente averiados (en realidad, se están hundiendo como el Finn), quedan los Tipo 052D, el petrolero Tipo 901 chinos y el Constellation por parte del SAG de EEUU indemnes. El Peralta está fuera de combate y el Finn se hunde poco a poco, en una lenta agonía. Ambos bandos se han detectado, llegó el momento final.

Los 052D lanzan 16 YJ-21E hipersónicos (Mach 9, trayectoría cuasi-balística). La Constellation responde con 4 NSM (Naval Strike Missile que, como curiosidad, en la Armada Española sustituirá al Harpoon, y, que, además, algunos han llegado a escribir que podría haber sido el responsable del hundimiento del crucero Moskva ruso, aunque los ucranianos y la OTAN juran y perjuran que fue un misil de diseño local, algo improbable en opinión de este autor pues el 80% de la inversión ucraniana justo antes de la guerra en el apartado de defensa iba dirigida al Ejército y la Fuerza aérea y quedando en segundo plano el desarrollo de armas navales).

Los YJ-21E bajan desde la estratosfera, y son detectador por el AEGIS del Constellation a 80km. Los SM-6 interceptan únicamente a tres, los ESSM no valen para blancos estratosféricos, y otro tanto se puede decir del CIWS, incapaza de seguir sus trayectorias.

Dos YJ-21E impactan en la Constellation, que queda partida en dos, pero los mamparos de proa resisten. Se pueden considerar una pérdida estructural completa. Pero…¿qué ha sido de la andanada del Constellation?. Los NSM impactan en el primer Tipo 052D, y le dejan sin propulsión. Otros tres impactan en la proa del segundo 052D, dejándolo en llamas.

Veredicto: empate, ambas fuerzas se han anulado una a otra. De la flotilla americana , sólo quedan restos de un Arleigh Burke y la proa del Constellation, de la flota china, únicamente el petrolero rápido, que, tras recoger a los supervivientes, sale a toda velocidad de allí. En 24 horas más, habrá otro combate, pues la batalla por las Filipinas continúa con todo.

En el ejemplo que hemos puesto, realista hasta cierto punto (el LRASM está en fase de prototipo, apenas ha entrado en servicio en la flota, y no se han tenido en cuenta fallos de los misiles, tanto de ataque como de defensa, que son perfectamente posibles, dada la complejidad de los sistemas modernos), se puede apreciar cómo el primero que dispara (y acierta), es el que gana. De hecho, si el comandante americano no hubiese llegado a dar la orden de atacar inmediatamente al recibir la información del MQ-25 y sus propios sensores ESM pasivos, hubiera sido una clara victoria china.

Hemos narrado la batalla suponiendo que tiene lugar en aguas disputadas, pero, cuando estamos en zonas con mucho tráfico mercante, la cosa se complica mucho, hasta el punto de que costaría responder a una pregunta muy básica: ¿quién es quién?

Antes de proceder al lanzamiento ofensivo, hay que saber si el blanco es legítimo o un mercante que pasaba por allí. Los satélites pueden ayudar hasta cierto punto, como las balizas que todos los navíos están obligados a llevar, pero no siempre se está seguro de los datos obtenidos. Un factor que ha cambiado todo es el hecho de que, antes y durante la Segunda Guerra Mundial, el tráfico marítimo internacional viajaba en buques mercantes ingleses. Es decir, que el Reino Unido era el Estado que tenía un mayor número de barcos registrado, algo que ya no es ni mucho menos así. De hecho, ahora los buques pueden estar abanderados en cualquier lugar, naveguen con pabellones chinos, indios, con matrícula de Liberia o Panamá… lo que supone un problema añadido nada desdeñable.

Para empezar, si dañas o hundes un carguero extranjero, tienes garantizada una denuncia internacional y, si este país en el que está registrado el mercante es poderoso, quizás algo más (recordar que, en la Primera Guerra Mundial, fue el hundimiento por parte de un submarino alemán del trasatlántico de EEUU Lusitania, hasta entonces neutral, el responsable, junto con una gaffe diplomática, de la entrada de los norteamericanos en el conflicto a favor de Inglaterra y Francia). Eso por no mencionar que te has descubierto a ti mismo y has lanzado un ataque que ha malgastado tus preciosos misiles antibuque. No olvidemos que la mayoría de los cruceros, destructores y fragatas lleva entre cuatro y ocho misiles, una cantidad muy limitada, de forma que lo habitual es lanzar cuatro y reservarte otros cuatro por si hubiera fallado el primer ataque.

En el combate de superficie, explicado esto, se dan tres fases: exploración, identificación y ataque, seguidas por la evaluación del ataque (qué daños le ha causado al contrario), y por una repetición del proceso, si aún quedan enemigos. La exploración más sencilla es mediante el radar, pero éste sólo muestra “puntitos” en la pantalla, y revela nuestra posición al enemigo. Si el “puntito” tiene una baliza que dice su nombre y da su posición, no hay problema, pero ¿y si es una falsa baliza? o ¿qué hacer si está apagada?. Además, hay que tener en cuenta el hecho de que buscar en un radio determinado en torno a tu nave implica cubrir una determinada zona circular, que, si aumentamos el radio de la zona de exploración cubre una superficie elevada al cuadrado, con más contactos posibles. Cuanto más amplíes el radio de exploración, más superficie debes cubrir. Por otra parte, usar tus propios sensores de radar para buscar al enemigo es una invitación a recibir un ataque inmediato por parte de éste.

Como solución, se puede recurrir al helicóptero o bien a un UAV, pero esto lleva tiempo, y si el enemigo te descubre antes, te puedes convertir en el cazador cazado. El UAV, normalmente a hélice, es lento, y el helicóptero tampoco es mucho más rápido. En el ejemplo que hemos puesto, que era una zona que apenas tiene tráfico, no hay problema, pero en mares como el Mediterráneo esto es sí es un problema. No existe la solución perfecta.

Por otra parte, hay que tener en cuenta la guía de los misiles antibuque, en su mayoría infrarroja o por radar, activo o semiactivo. También hay guías por televisión, inerciales y antirradiación. Lo normal es que, una vez en el radar, o bien por vía satélite, obtenidas las coordenadas de la flota a atacar, sea lanzado en modo inercial, esto es, el misil vuela a la dirección que se le ha indicado sin emitir ninguna señal, actuando en pasivo. A medio vuelo puede recibir una realimentación de rumbo por parte de un helicóptero, el navío lanzador o el ya mencionado satélite, que es lo que emplearon los chinos en su primera andanada de nuestro relato ficticio. Una vez en las proximidades del blanco, se puede utilizar una guía infrarroja, que atacará a la sala de máquinas del blanco, un sistema ESM o antirradiación, que se guiará por las emisiones de radar del objetivo, o bien un sistema de radar, que apuntará al centroide del buque chino, en este caso. El centroide suele coincidir con el CIC de la víctima, con la intención de dejar “ciego y sordo” al buque, aparte de matar o incapacitar a los oficiales de alto rango, decapitando así el “cerebro” del barco.

https://www.revistaejercitos.com/articulos/el-espacio-de-batalla-o-battlespace/

Defensa y ataque en el espectro electromagnético

La defensa y el ataque en el mar, como en el resto de las artes militares modernas, dependen del espectro electromagnético, que son en última instancia ondas de determinada frecuencia. Los radares de guía de un misil antibuque guiado por radar suelen estar en las frecuencias X (principalmente) y Ku. Son frecuencias que oscilan entre los 3 y los 16 GHz, son muy precisas, pero de corto alcance. Las bandas C y S tienen más alcance y les afectan menos cosas como el clima. Suelen utilizarse en radares de exploración y para los sistemas de guía de mitad de la trayectoria en los misiles semiactivos, que se apoyan en los radares de exploración para guía del misil hasta aproximadamente la mitad de la trayectoria, y recurren al radar en las fases X o Ku para el ataque. El problema de los semiactivos es que requieren que el lanzador se descubra con las emisiones de radar, cosa que no pasa en los de guía inercial con ataque en las ya mencionadas bandas X y Ku. Lanzar y olvidar. Esa fue la perdición de los Tipo 055 Renhai del relato, que requerían seguir emitiendo desde el lanzador para la guía media. Los equipos ESM (Electronic Support Measures-Medidas de Apoyo Electrónico en español) embarcados por la flota USA captaron las emisiones en bandas C y S, y lo utilizaron como punto de referencia en su contraataque. El ESM son equipos de captación de señales en modo pasivo. El ESM te indica en qué dirección está el emisor de señales de radar que te está apuntando, con una aproximación a la distancia (muy poco precisa habitualmente) a la que está tu enemigo en función de la fuerza con la que te llega la señal. También se utiliza para emisiones de radio del contrario. Son relativamente antiguos, y aparecieron junto con el radar.

Los medios ECM (Electronic Counter Measure-Medidas Contra Electrónica) son sistemas que, conociendo la frecuencia de emisión del radar buscador del misil, buscan desviarlo, bien creando blancos falsos, bien, por pura fuerza bruta, cegándolos. Junto con las bengalas de magnesio utilizadas como señuelo contra los misiles de guía infrarroja, que van al calor (esto es, como ya hemos mencionado, a la sala de máquinas del buque), son la base de los sistemas pasivos de defensa (soft kill). Tienen una efectividad del 70% a la hora de derrotar a los vampiros, mucho más que el 20% de los medios activos (hard kill en terminología OTAN), compuestos por misiles antiaéreos y CIWS.

Los CIWS, que no hemos mencionado, son sistemas de cañones de pequeño calibre, con un alcance de entre 1.500 y 2.000 metros , guíados por radares similares a los de los misiles atacantes, esto es en bands de frecuencia X y Ku, y que constituyen la última defensa activa del barco. Aunque sean efectivos, es muy posible que la metralla desprendida de los misiles derribados alcance el blanco, nadie es perfecto. Además, hay que tener en cuenta que un misil antiaéreo puede fallar, bien porque no salga de su celda de lanzamiento por fallo del cohete propulsor, bien porque no se active la espoleta de proximidad cuando llega al final de la curva de persecución, con el blanco a corta distancia. La curva de persecución es una gráfica que representa la trayectoria del misil antiaéreo desde que es lanzado hasta que (en casos ideales) impacta con el misil antibuque o el avión.

También, en combinación con la Inteligencia Artificial, están los medios ECCM (Electronic Counter Counter Measure-Medidas Contra Contra Medidas), que buscan disminuir el efecto de la ECM del defensor en nuestros medios de ataque. Normalmente se recurre a atacar desde varios puntos diferentes, en lugar de recurrir a ellos, en parte por el factor peso. Es importante en las fases de exploración e identificación, cuando ambas flotas se tantean.

https://www.revistaejercitos.com/articulos/introduccion-a-la-guerra-electronica-naval/

El convoy 612

Vamos a compartir, en las siguientes líneas, otra narración ficticia (esta vez protagonizada por nuestra fragata F-111 «Bonifaz») pensada para tocar tres puntos sensibles: la lucha antimisiles balísticos, la defensa AAW (Anti Air Warfare-lucha antiaérea) en capas, y los sistemas de defensa pasivos embarcados:

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