El programa submarino de Corea del Norte constituye uno de los ámbitos más opacos, peculiares y estratégicamente reveladores del aparato militar de Pyongyang. Es por ello por lo que, a lo largo de esta serie de artículos, analizaremos en detalle la evolución de su arma submarina desde las primeras unidades de inspiración yugoslava y soviética hasta la construcción de submarinos con capacidad de lanzamiento de misiles balísticos y de crucero. No en vano, Corea del Norte ha compensado buena parte de sus carencias tecnológicas, industriales y doctrinales mediante una combinación de volumen, adaptación de diseños antiguos, asistencia exterior y una orientación creciente hacia la disuasión nuclear, incluyendo el warfighting. Para ello, ha seguido una lógica estratégica que subordina la Marina de guerra al esfuerzo terrestre y que contempla el papel de los submarinos costeros en operaciones de infiltración y ataque. Incluso ha ido más allá, pues con el paso del tiempo ha logrado una capacidad creíble, aunque todavía muy limitada, de represalia nuclear.
Índice
- Introducción y marco estratégico
- La estrategia naval norcoreana y sus condicionantes
- Los primeros pasos: Yugo, P4, Yono y Sang-O
- La asistencia china y el salto a la clase Romeo
- Los efectos del programa nuclear norcoreano
- La clase Gorae
- Héroe Kim Gun-Ok
- Conclusiones parciales
Introducción y marco estratégico
Hablar de Corea del Norte hablar de algo extraño e inusual en general. Tratar de discernir sobre sus Fuerzas Armadas es difícil y complicado. Y tratar de hacerlo acerca de sus programas nucleares y sus submarinos es ya casi un esfuerzo adivinatorio. Así que, perdónenme si en algún momento de este artículo trato de adivinar algunas cosas, porque las fuentes disponibles en este asunto no son más válidas que el augur antes de una batalla leyendo las entrañas de las bestias sacrificadas.
A pesar de ello, existe una serie de informaciones, más o menos contrastadas, o con cierta base, que nos va a servir para tratar de entender y aclarar un poco la numerosa flota de submarinos que el líder Kim Jong-un posee a su servicio. Adelanto, para aquel que no siga muy de cerca estos asuntos, que va a descubrir en las siguientes páginas cosas muy extrañas y rocambolescas. Pero Corea del Norte es un país que, en este ámbito, se sale de la pauta general de los países «normales», sean estos occidentales u orientales. Podemos concluir, sin equivocarnos, que es un país único en el mundo.
La prensa generalista nos ha anunciado muchas veces que Corea del Norte posee una muy numerosa flota submarina y en muchas páginas de internet se la califica, sin pudor alguno, como la tercera o cuarta potencia naval en ese aspecto. Sin embargo, dicha información, que se basa en el número, aunque podría acercarse a la realidad, hay que someterla a un análisis algo más riguroso y ponerla en cuarentena. Sí, Corea del Norte alista en su flota más de 60 o 70 unidades submarinas, pero no son los submarinos, ni tienen las capacidades de combate, a las que estamos acostumbrados. Ni siquiera sus desplazamientos o tamaños. Australia no está preocupada por ver unos submarinos norcoreanos cercando su isla, si el comentario sirve para explicar mejor la situación. Aunque sí podría estar preocupada por una unidad aislada ejecutando una misión suicida, con fines más políticos que militares.
Si casi siempre que estudiamos un sistema naval o una estrategia nacional solemos retrotraernos a la Guerra Fría y a la Unión Soviética, por ser una base histórica sobre la que se desarrollaron las políticas o sistemas en las subsiguientes décadas, en el caso de Corea del Norte vamos a ver las tecnologías y sistemas soviéticos en directo, en estado puro, ya que las principales unidades que equipan la flota actual, en 2026, son diseños soviéticos de época, con escasas modificaciones para tratar de mantenerlos al día, basadas en las capacidades tecnológicas norcoreanas, que son ciertamente limitadas.

La estrategia naval norcoreana y sus condicionantes
El objetivo principal de la estrategia militar norcoreana reside en el elemento terrestre, ya que su principal ánimo, al menos el propagandístico, es la reunificación por la fuerza con su vecino y hermano del sur, Corea del Sur. Dicho objetivo solo podría realizarse a través de operaciones terrestres y aéreas sobre la península coreana. No vamos a entrar en mucho detalle al respecto. Tras la Guerra de Corea de la década de los cincuenta del pasado siglo, Estados Unidos se instaló de forma permanente en Corea del Sur, al igual que había hecho previamente en Japón, manteniendo dicha presencia hasta el presente. De hecho, las Fuerzas Armadas surcoreanas, en caso de hostilidades, estarían bajo mando militar estadounidense junto a las propias tropas desplegadas de forma permanente allí.
Desde dicha guerra, ambas naciones, Corea del Norte y Corea del Sur, se han mantenido en una tensa situación prebélica, con ocasionales acciones fronterizas de mayor o menor virulencia, pero que no permiten una tranquilidad regional, sino más bien una inestabilidad constante.
Añadamos que Corea del Norte tiene por naciones vecinas al norte a la Federación Rusa y a la República Popular China, que se pueden contar, con muchos matices, como los escasos aliados internacionales de peso con los que cuenta, especialmente en el caso de Rusia, con la que ha llegado a un acuerdo de asociación estratégica que ha llevado a los norcoreanos incluso a participar en la guerra de Ucrania, combatiendo en la región de Kursk. En cualquier caso, tras la Guerra de Corea, Pyongyang, por las particularidades de su régimen interno, optaría por un aislamiento internacional y un giro hacia la autocracia en todos los aspectos. Ello le cerraría la posibilidad, en las décadas siguientes, de poder desarrollar relaciones comerciales estables con el resto del mundo y crecer tecnológicamente en los campos militares, desarrollando unas tecnologías más modernas y acordes a la actualidad mundial.
Su estrategia nacional, eminentemente terrestre, se basaría en la aplicación masiva del número de unidades militares que tratarían, con su volumen, de suplir las ventajas tecnológicas de sus adversarios. Algo que en el siglo pasado casi logró su objetivo, pero que, en la actualidad, con las capacidades de combate de los sistemas modernos, es más que cuestionable. Sirva el ejemplo de la actual guerra de Ucrania para entender cómo el número, per se, no es ya exclusivamente el condicionante de la victoria militar, aunque siga teniendo una gran importancia.
Por todo ello, en todas esas décadas, el liderazgo norcoreano se centraría en sus capacidades terrestres y la Armada norcoreana jugaría un papel completamente accesorio y subordinado a los mandos del Ejército. En la actualidad, la Armada norcoreana continúa subordinada al mando jerárquico del Ejército, careciendo de una entidad independiente como en el resto de las naciones. Añádase que, por el camino, a los líderes de esta nación se les ocurrió que el desarrollo del armamento nuclear era la única salvaguarda para evitar ser derrocados o conquistados por sus vecinos. Algo que se ha confirmado con el paso de los años y que ha hecho que Corea del Norte sea una de las naciones equipadas con armamento nuclear.
En este caso, a diferencia de otras naciones, el armamento nuclear norcoreano es estratégico y de represalia. Debido a su posición geográfica y a sus capacidades militares generales, la única validez del armamento nuclear norcoreano es existir como arma de represalia masiva contra una posible fuerza invasora. Si posee o no posee armas tácticas es algo ajeno a esta discusión, ya que el posible uso que pudiera darles sería considerado como una acción estratégica y respondido como tal. Y aunque posee la cabeza de combate, sus vectores de despliegue no son solo los habituales ICBM o SLBM de alcance intercontinental, aunque los posee. La mayoría de sus vectores son SRBM o MRBM, cuyos objetivos de represalia se centran en los países vecinos que consideran hostiles: Corea del Sur, Japón y las bases estadounidenses en dichos países.
Como decíamos, la Armada no ha jugado un papel importante en su estrategia militar hasta fechas recientes y se consideraba una fuerza de apoyo destinada a cubrir el flanco de sus unidades terrestres y evitar la intervención directa de las fuerzas navales enemigas en sus propias costas. Por ello, no han desarrollado nunca plataformas oceánicas, porque no han tenido la necesidad de hacerlo. Además, han carecido casi por completo de la capacidad tecnológica para construirlas y mantenerlas. Pero, a pesar de ello, sí decidieron invertir en una numerosa armada costera, que era lo que realmente necesitaban según su pensamiento estratégico y lo que su industria y economía podía permitirse.
La flota de superficie, aparte de algunas honrosas excepciones, se ha centrado en buques pequeños y rápidos, equipados con torpedos y SSM. Los diseños y armamentos fueron proporcionados por la Unión Soviética y China, y en la actualidad siguen estando en servicio con la Armada norcoreana. Así que sí, aún se pueden ver misiles SS-N-2 operativos en gran número en algún lugar del mundo, aunque desconocemos sus capacidades militares y si realmente han sido mantenidos en condiciones, o si se pueden considerar útiles en algún sentido, aparte de contra el tráfico marítimo civil. Recalquemos que en la actualidad las unidades de superficie están recibiendo una fuerte inversión con unidades equipadas con SLCM y que también van a reforzar el papel de la Armada dentro del esquema general de la defensa norcoreana.
Las fuerzas submarinas evolucionaron con la misma mentalidad y con el mismo origen. La Unión Soviética proporcionaría submarinos convencionales de la clase Whiskey y, con la asistencia de sus técnicos, Corea del Norte comenzaría la construcción de submarinos pequeños, escasamente armados y centrados en la infiltración de fuerzas especiales en las costas de su vecino del sur.
Las capacidades de la industria naval norcoreana estaban muy limitadas. Existían, y existen un gran número de instalaciones destinadas a la construcción y mantenimiento de la numerosísima flota pesquera nacional, pero cuyos estándares podían definirse, como poco, como rústicos. La mano de obra especializada se centraba en las reparaciones más elementales con los materiales más básicos, debido al bloqueo internacional al país y a la carencia de una cadena de suministro para materiales especializados en reparaciones. Llegaban a fundirse cojinetes o culatas de motores en hogares particulares con el fin de tratar de poner un buque en el agua. Podemos imaginar la calidad de la reparación en esos casos y la duración de estas una vez ejecutadas.
Muchos de esos buques, civiles y militares, acabarían abandonados u oxidándose en los propios puertos o astilleros, ante la carencia total de capacidades técnicas para su mantenimiento apropiado. Corea del Norte recibiría escasas asistencias, aunque eran las únicas, de sus vecinos del norte, con los que además tendría serias discusiones que en muchas ocasiones llegarían a cortar todo tipo de ayudas. De ese modo, la progresión tecnológica del país era del todo imposible y sus fuerzas navales se encontraban seriamente afectadas por ello.

Los primeros pasos: Yugo, P4, Yono y Sang-O
En la década de 1960 Corea del Norte sería capaz de acceder a los diseños de una serie de unidades medianas de cuño yugoslavo. Se les conocería como la clase Yugo y serían la base de la construcción y diseños de submarinos en dicho país a lo largo de las siguientes décadas. Durante esos años se construirían diferentes variantes y modelos para las distintas necesidades que iban surgiendo.
En líneas generales, podemos definirlos como unidades de entre 18 y 21 metros de eslora y unos 3 metros de manga, equipadas con un motor diésel y un motor eléctrico de propulsión que les proporcionaban unos 10 nudos en superficie y 4 en inmersión. Desplazaban unas 90 toneladas sumergidos y contaban con dos tubos lanzatorpedos en proa de 533 mm. Su misión principal era el ataque contra buques de superficie, especialmente mercantes o buques de desembarco anfibio, que podían tener navegaciones más o menos lineales y eran blancos asequibles para sus torpedos de carrera recta.
Posteriormente se desarrollaría una variante conocida como P4, de la que en la actualidad quedarían en servicio unas cinco unidades. Dicha variante tendría una eslora de 24 metros y subvariantes equipadas con un sistema de sonar anticuado, pero al nivel de su armamento, además de una versión de infiltración para fuerzas especiales en la cual se habían desmontado los tubos lanzatorpedos y añadido escotillas para buceadores. Dicha versión podía transportar entre dos y seis miembros de un comando, además de su tripulación de cinco hombres. La mayoría de estas unidades ya han sido dadas de baja, aunque aún quedan algunas en sus bases navales y astilleros, sin que sepamos si están operativas o esperando desguace. Algo muy típico en este país.
El P4 sería construido en los diferentes astilleros norcoreanos, pero especialmente en Nampo, en la costa oeste, y en Mayang-do y Sinpo, en la costa este. Este diseño, o sus variantes, serviría para proporcionar el conocimiento básico a la industria norcoreana en la construcción y gestión de proyectos de submarinos. También sería su primer éxito conocido de exportación en este campo.
Vietnam, una nación que en la década de 1980 se encontraba de lleno en la órbita soviética, tenía un plan para instaurar un arma submarina en su flota como fuerza de presión contra su vecina China y sus continuos enfrentamientos por los recursos marítimos y las reclamaciones territoriales. La primera promoción de marineros y oficiales navales vietnamitas se encontraba en la Unión Soviética, con la Flota del Pacífico, entrenándose para poder comenzar a operar las primeras unidades que Vietnam iba a adquirir de Moscú. Pero un giro de los acontecimientos políticos hizo que Moscú se retractara de su idea original de ayudar a Vietnam para evitar un enfrentamiento con China.
Debido a ello, Vietnam se vio en la necesidad de adquirir submarinos de algún tipo, con la intención de poder desarrollar un cuerpo mínimo de personal entrenado y mantener las habilidades vivas en la flota. Por esa razón, dos unidades P4 norcoreanas serían vendidas a dicho país y formarían su núcleo de arma submarina en un proyecto altamente secreto, equipando la 196.ª Brigada. Finalmente, y tras la caída de la Unión Soviética, se pudieron adquirir de Moscú seis submarinos de la clase Kilo, que conforman la fuerza submarina vietnamita en la actualidad.
De la clase Yugo se pasaría a un diseño mejorado, conocido como la clase Yono, de la cual se construirían 10 unidades, estimándose en cinco las actualmente disponibles. Su eslora pasaría a 29 metros y unas 130 toneladas de desplazamiento. De nuevo, existirían versiones de infiltración y otras ASuW, equipadas con dos tubos lanzatorpedos de 533 mm sin recargas, por la limitación de espacio en el submarino. Esta vez se les incorporaría un motor retráctil fueraborda, auxiliar a su propulsión, para operaciones en aguas someras. La tripulación se incrementaría a siete personas y mantendría un sistema de sonar.
Y, de nuevo, esta clase se convertiría en otra exportación exitosa. A principios de los años 2000, Irán compraría cuatro unidades a Corea del Norte dentro del programa de ayuda mutua en aspectos militares que ambas naciones tienen en vigor. Dicho diseño sería conocido en Irán como la clase Ghadir, de la que ya hemos hablado en estas páginas. Allí se ha continuado refinando el diseño y construyendo más unidades de manera local, con capacidades y sistemas mejorados respecto a la versión original norcoreana.
Es importante hacer notar cómo una nación aislada como Corea del Norte ha servido como base tecnológica a otras naciones para el desarrollo de sus respectivas armas submarinas. Y es que existe un inmenso e interesante mercado de armas en torno a Corea del Norte, país que ha suministrado diversas tecnologías a diferentes países en campos que internacionalmente están vetados o son de difícil acceso.
Las clases mencionadas entraban dentro de la estrategia ya comentada de pequeñas unidades costeras, muy limitadas en alcance y capacidad ofensiva, pero resolutivas en cuanto a la interdicción del tráfico marítimo comercial en el área de influencia de Corea del Norte y la infiltración de comandos y apoyo al Ejército en caso de acciones en Corea del Sur. Pero seguían buscándose alternativas tecnológicas más modernas y capaces para equipar la flota.
En 1991 se iniciaría la construcción de una nueva clase de submarinos autóctonos: los Sang-O, que continuaban la evolución de los Yugo y Yono, pero con algunas mejoras. Eran submarinos costeros de 35 metros de eslora, con 370 toneladas de desplazamiento y 8 nudos en inmersión. Su tripulación se incrementaba hasta los 15 hombres, pero manteniendo solo dos tubos lanzatorpedos, sin recargas. Eso sí, su autonomía teórica se incrementaba hasta las 1.500 millas náuticas. Sería la clase más numerosa de la flota, con más de 40 unidades construidas, especialmente en Sinpo y algunas unidades en Nampo, en la costa oeste.
Como todos los pequeños submarinos, existirían en versiones de ataque ASuW y de infiltración, teniendo esta última capacidad hasta para 11 comandos. Pasar de los Yugo y Yono a estas unidades de una manera tan numerosa y de mayor tamaño solo se pudo hacer tras haber adquirido los astilleros coreanos las capacidades necesarias al construir y aprender con los Romeo. De ese modo, los Sang-O podían pasar a tomar de forma efectiva el rol de los Yugo y Yono y mandar al retiro a las anteriores clases, que eran buques de formas muy crudas y ya casi carentes de capacidades navales.
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