El espacio de batalla o battlespace

Espacio de batalla digital terrestre
Espacio de batalla digital terrestre según el Ministro de Defensa del Reino Unido. Fuente: Ministerio de Defensa del Reino Unido.

La disciplina de los Estudios Estratégicos está viva, pero no siempre progresa en las direcciones necesarias. La multiplicación en los últimos años del número de dominios militares, al tiempo que se ha ido llegando a una comprensión más exacta de los distintos niveles de la guerra, ha permitido entre otros, hablar de un «espacio de batalla» (Battlespace) en sustitución del más tradicional campo de batalla, sí. Sin embargo, es un territorio casi por explorar a nivel teórico, siendo necesaria una profundización y conceptualización más firme. Las siguientes líneas buscan impulsar este debate, aportando algunas ideas basadas en el análisis de lo ocurrido en los últimos tiempos, de forma que el lector pueda entender mejor cómo funciona la guerra moderna y la relación entre los elementos que toman parte en ella, así como de las posibilidades inabarcables que ofrece, al menos en potencia, la idea de un espacio operacional infinito.

Índice

  • Introducción
  • Una nueva definición del espacio de batalla
  • Los límites del espacio de batalla
  • La conquista del espacio de batalla
  • Conclusiones
  • Bibliografía
  • Notas

Introducción

En varias ocasiones hemos hablado, en estas páginas, de los dominios militares y de los niveles de la guerra. También de temas relacionados con la conciencia situacional o el Mando y Control, como cuando escribimos sobre la Network Centric Warfare. Hoy toca traer a la palestra un concepto en boga unos años atrás, pero sobre el que apenas se ha escrito desde los años inmediatamente anteriores y posteriores al cambio de siglo: el de la idea de que más allá del campo de batalla (entendido como un espacio físico continuo en el que se desarrollan las operaciones) existe un espacio de batalla que abarca todas las dimensiones relevantes donde las fuerzas militares operan, interactúan y ejercen influencia.

Se trata de un concepto de importancia capital, toda vez que sólo de un correcto entendimiento de lo que el espacio de batalla es podrá surgir una doctrina que permita diseñar y operar una fuerza conjunta adecuada para imponerse en él. Sin embargo, aunque la idea de que el espacio de batalla o battlespace existe desde los años 90, siendo una más de las consecuencias doctrinales del debate sobre la Revolución en los Asuntos Militares y es aceptada por la mayoría de militares, al menos en el ámbito OTAN, se ha hecho muy poco por definir el término o indagar en él. De hecho, aunque se pueden encontrar publicaciones muy recientes que hacen referencia o giran en torno al espacio de batalla y a cómo este está evolucionando, lo cierto es que casi nadie -por no decir nadie- se plantea en qué consiste realmente y qué implicaciones tiene su existencia o cuáles son sus dinámicas.

La definición que durante años ha manejado el Departamento de Defensa estadounidense nos dice que el espacio de batalla está constituido por «el entorno, los factores y las condiciones que deben comprenderse para aplicar con éxito la potencia de combate, proteger a la fuerza o completar la misión. Esto incluye el aire, la tierra, el mar, el espacio y las fuerzas enemigas y amigas; las instalaciones; el clima; el espectro electromagnético; y el entorno de información dentro de las áreas operativas y de interés».

Desgraciadamente, no nos dice nada sobre por qué esto es así, ni dónde están sus límites o si estos varían con el tiempo. Tampoco sobre si dentro de dicho battlespace hay compartimentos o divisiones claras o sí, por el contrario, es un totum revolutum en el que sólo la imaginación y los medios imponen restricciones a la actuación de los militares.

Este esfuerzo, sin embargo, es más necesario que nunca, toda vez que el espacio de batalla está cambiando a un ritmo frenético, pasando a incluir como decíamos nuevos dominios militares, pero también, cada vez más, nuevas franjas del espectro de los conflictos que van más allá del negro y del conflicto convencional que todos conocemos.

https://www.revistaejercitos.com/articulos/la-zona-gris-del-espectro-de-los-conflictos/

Una nueva definición del espacio de batalla

En la introducción hemos hecho referencia a la existencia de niveles de la guerra y de dominios militares. Ambos podrían considerarse como los ejes vertical y horizontal de un espacio en el que se libra la guerra o, más exactamente, se gestiona el conflicto, ya que no todo implica combates y, mucho menos, enfrentamientos convencionales. De la suma de ambos, unida a otro eje sobre el que hablaremos más adelante, surgiría el espacio de batalla, que podríamos definir como el volumen teórico en el que se desarrollan el conjunto de las operaciones militares, aquellas que lleva a cabo un actor determinado para alcanzar objetivos específicos y que implican, en mayor o menor medida, el empleo de fuerzas armadas.

Se trata de un espacio abstracto, por lo que no debe confundirse con otros conceptos mucho más tangibles y mensurables como los de Teatro de Operaciones y Área de Operaciones, de los que se habla en documentos doctrinales como el “Joint Publication (JP) 3-0: Joint Operations”[1] estadounidense o el “Allied Joint Publication (AJP) 3: Allied Joint Doctrine for the Conduct of Operations”[2]. Estos últimos constituyen espacios mucho más acotados, íntimamente relacionados con la geografía y que responden a las necesidades de una misión específica a distintos niveles, lo que los vincula también con la orgánica y la doctrina de las fuerzas armadas concretas que aceptan dicha terminología.

Siguiendo con el espacio de batalla este es, siempre, potencial, ya que nunca llega a ocuparse por completo. Además, varía con el paso del tiempo, en función de los incrementos de población, los avances técnicos (como ocurre con los transportes o los vectores) o los aumentos en la complejidad general del sistema (derivada del volumen de información total, la cantidad de elementos que toman parte en las acciones o el número de relaciones entre todos ellos).

Comparación entre la guerra según la doctrina Batalla AireTierra con la Multidominio según el CSBA.
Comparación entre la guerra según la doctrina Batalla AireTierra con la Multidominio. El espacio de batalla, aunque va más allá de lo que estas imágenes muestran, ha evolucionado gracias a que nuevos elementos técnicos y doctrinas han permitido operar de formas completamente nuevas. Fuente: CSBA.

Los límites del espacio de batalla

Los únicos límites externos del espacio de batalla son flexibles y vienen marcados por la racionalidad del uso de la fuerza por una parte y por el color de la franja del espectro, por otra. Por tomar una un ejemplo extraído de las ciencias naturales, en este caso de la cosmología, con el espacio de batalla ocurre no exactamente lo opuesto, pero sí algo diferente a lo que sucede con el Universo. De este se considera, en virtud de su geometría, que es finito pero ilimitado. Es decir, que su volumen o extensión es finito, pero que carece de límites ya que no hay nada fuera de él, de forma que un observador que se moviese libremente nunca llegaría a su fin. En el caso del espacio de batalla, los límites del mismo aumentan a medida que lo hacen la población, los medios materiales, la innovación y la complejidad del sistema, creciendo el volumen total en consecuencia. Sin embargo, y aunque la guerra no puede librarse fuera del mismo, sí hay parte de la franja del espectro de los conflictos fuera de éste, de forma que no es un sistema completamente cerrado como sí lo es (en principio) el Universo.

Como se ha dicho, los límites del espacio de batalla vienen determinados por la racionalidad del uso de la fuerza por una parte y por el color de la franja del espectro, por otra. Es así, en el primer caso, porque determinados grados de violencia -como el empleo de las armas nucleares en el marco de una guerra nuclear total- podrían considerarse irracionales, con lo que los comandantes militares y los decisores políticos difícilmente buscarán ir más allá de un límite concreto: de ahí la existencia de un tabú nuclear que, no obstante, no es una realidad escrita en piedra, sino que evoluciona a la par que la técnica permite avanzar el diseño de las armas y los vectores. En el segundo caso, la guerra es el reino de la violencia física organizada con fines políticos. De ahí que, aunque las zonas grises sean cada vez más amplias -y se esté produciendo un «desplazamiento al blanco», con un importante papel de “lo híbrido”-, por lo general se acepta que se habla de guerra cuando entran en juego fuerzas armadas organizadas, sean estatales o no. Es decir, que hay un punto en el que los conflictos dejan de ser guerra para ser «otra cosa» y viceversa, pero es un punto que varía con el tiempo.

El “tamaño” cuasi infinito del espacio de batalla, en tanto que abstracto y potencial, implica que aquella fuerza que logre utilizarlo a su favor con mayor efectividad, por ejemplo descubriendo nuevos modos de utilizar los medios existentes, termine por lo general alzándose con la victoria, lo que lo relaciona de lleno con la innovación, sea técnica, doctrinal, orgánica o de otros tipos. Al menos en condiciones en las que los recursos sean más o menos comparables, pues la habilidad, la calidad técnica o la imaginación no siempre pueden compensar, por sí mismas, la inferioridad numérica, material, o en términos de voluntad. Su aprovechamiento requiere, por tanto, de medios técnicos adecuados y de doctrinas capaces de aprovechar las infinitas posibilidades que ofrece. Y, para ello, de grandes dosis de imaginación y pensamiento lateral, pues dibujar nuevos caminos dentro de este espacio necesita de inventiva, amplitud de miras y originalidad.

Aunque obviamente el espacio de batalla no tiene ninguna forma determinada, el mejor modo de entender de qué hablamos al referirnos a él pasa por imaginarse un cubo como el que podemos encontrar en la siguiente ilustración.

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