El entorno Operativo y el wargaming

Operador de drones FPV del Ejército de Tierra de España
Operador de drones FPV del Ejército de Tierra de España. Imagen: Ministerio de Defensa/José Manuel Dueñas.

En unos meses, el EMAD publicará un nuevo documento Entorno Operativo, que seguirá la línea de otros anteriores como el Entorno Operativo 2035, seguramente teniendo en cuenta algunas de sus múltiples carencias. La prospectiva, sin embargo, por sólida que sea, resulta insuficiente si no se integra dentro de un todo más amplio en el que se incluyan ejercicios de wargaming capaces de someter a tensión sus supuestos, incorporar fricción, decisiones humanas y, por supuesto, las adaptaciones que lleven a cabo todos los posibles adversarios, devolviendo así lecciones útiles los encargados de la redacción. Es ahí donde nace este análisis, en el que se examinan varios casos aliados, desde Estados Unidos hasta Reino Unido, Francia, Alemania y el ámbito nórdico, así como el de la Ucrania anterior a la invasión rusa, demostrando cómo algunas omisiones pueden tener consecuencias nefastas. Sobre esa base, se propone una nueva arquitectura institucional para España, así como un nuevo proceder, en el que sea posible enlazar prospectiva, juego, doctrina y programas de adquisición como parte de un mismo ciclo.

Índice

Introducción

Como principal marco de referencia institucional para las Fuerzas Armadas españolas, el documento Entorno Operativo 2035, publicado por el Centro Conjunto de Desarrollo de Conceptos del Estado Mayor de la Defensa, representó un notable esfuerzo de prospectiva militar. Sin embargo, su primera revisión, firmada apenas tres meses después del inicio de la invasión rusa de Ucrania, impidió capturar la disrupción tecnológica y doctrinal que ha marcado los años posteriores, demostrando de paso que existían problemas de base a la hora de construir escenarios o adelantar tendencias. No en vano, la proliferación masiva de drones FPV, el impacto de los drones suicidas marítimos en el mar Negro y el mar Rojo y la integración operativa de la inteligencia artificial en el planeamiento multidominio han alterado el campo de batalla a una velocidad que desborda el ciclo de vida de una publicación de este tipo. Ante la publicación, posiblemente a lo lardo del último trimestre de este año, del nuevo Entorno Operativo 2045, que promete ser un marco analítico mucho más disruptivo y ajustado a las nuevas realidades, el desafío institucional sigue trascendiendo la simple redacción del texto. Es más, exige replantear mediante qué método España evalúa, refuta y mantiene vivas sus hipótesis operativas.

La tesis de este artículo se articula en torno a una premisa central: un documento de prospectiva, ya sea el actual Entorno Operativo 2035 o el futuro Entorno Operativo 2045, o cualquier otro de esta índole que quedamos imaginar, no debe ser entendido como un producto estático, sino más bien como algo así como el catalizador de un ecosistema analítico vivo. Un Entorno Operativo es, por definición, un marco amplio y -a priori- holístico que fija unas hipótesis generales, y su función es es, fijar un marco sin cerrar demasiado el objetivo, para que posibles cambios futuros no pasen a nuestro lado sin que esta estrechez nos impida verlos. Para que esto no suceda, debe darse algún tipo de interacción posterior entre esa prospectiva y el wargaming, ya que este introduce en ese marco el factor humano, la fricción y la toma de decisiones, devolviendo experiencias empíricas que enriquecerán las futuras revisiones del propio documento.

En relación con esto, como sabemos por anteriores artículos, nuestro país dispone ya de las primeras piezas de un ecosistema propio de wargaming. Lo que aún no tiene es un mecanismo que cierre el ciclo entre análisis prospectivo, juego, refutación y diseño de fuerza. Así las cosas, lo que en las próximas líneas intentaremos responder es una pregunta básica: cómo puede el wargaming convertirse en motor de actualización del entorno operativo.

https://www.revistaejercitos.com/articulos/mas-alla-del-tablero-por-que-espana-necesita-una-revolucion-en-el-wargaming-profesional/

El Entorno Operativo: fortalezas y limitaciones

La doctrina conjunta española define el Entorno Operativo como el «conjunto de condiciones, circunstancias e influencias, fijas y variables, que afectan al empleo de las capacidades y a la toma de decisiones, en relación con la operación», y suele descomponerse en ocho dimensiones bajo el acrónimo PMESII-PT, política, militar, económica, social, información, infraestructura, entorno físico y tiempo. Engloba, por tanto, la composición integral del espacio donde la fuerza va a operar, incluyendo factores que en sentido estricto escapan al control militar [1].

El Entorno Operativo 2035 lo planteaba en su redacción con meridiana claridad: no se trata de adivinar el futuro, sino de «disponer en el presente de una lógica explicativa de la realidad mejor que la que se proporcionaba, exclusivamente, mediante el conocimiento del pasado y el análisis del presente» [2]. Esa lógica es la que debe sostener decisiones enormemente caras y enormemente lentas: diseño de fuerza, programas especiales de modernización, definición doctrinal y formación del personal que mandará unidades dentro de quince o veinte años. Colom Piella describió el documento como la «hoja de ruta que orientará la adaptación militar en los próximos quince años» [3]. Estamos, por tanto, ante una pieza estructural, no eventual.

Resulta necesario precisar, eso sí, lo que el documento cubre y lo que no. La primera revisión de 2022 actualizaba significativamente el original de 2019. Afirmaba, de hecho, que nuestro entorno de seguridad se ha situado permanentemente en la zona gris, tras la anexión de Crimea de 2014 y el conflicto de Ucrania de 2022, y esa apreciación ha podido verificarse durante estos últimos años. El documento también registra el abaratamiento de los sistemas ofensivos capaces de producir daños relevantes y las armas de bajo coste y alta efectividad como categorías propias junto a los mecanismos no convencionales en los ámbitos ciberespacial y cognitivo, capaces todos ellos de causar efectos de gran intensidad. Abordaba también el desarrollo de sistemas antiacceso y denegación de área, A2/AD, que podrían obligar a replantear las estrategias de actuación en futuros conflictos, aunque enmarcaba esta tendencia específicamente en actores procedentes de Estados frágiles o con capacidades limitadas, no en competidores estratégicos de igual nivel. Y consolida los cinco ámbitos de operación, terrestre, marítimo, aeroespacial, ciberespacial y cognitivo, alineados con la PDC-01 (A) [2][4].

Este documento, todavía en vigor, habla, en efecto, sobre el empleo hostil de drones. Ahora bien, lo hace expresamente en el marco de actores no estatales, centrado en ataques selectivos a autoridades, colisiones con aeronaves convencionales, sabotaje contra infraestructuras críticas o dispersión de agentes químicos o biológicos. La guerra masiva entre Estados apoyada en sistemas no tripulados de bajo coste, la economía operativa que ha emergido en Ucrania y, más tarde, en el mar Negro y el mar Rojo, queda fuera del marco analítico principal de la revisión, que mantiene la dicotomía clásica entre conflicto convencional de alta intensidad y acciones híbridas o no convencionales. Es, en este sentido, un documento sensiblemente más actualizado que la versión original de 2019, pero cuyo tratamiento de la revolución del sistema no tripulado en conflicto interestatal sigue siendo, por la cronología de su cierre, periférico.

El problema, de vuelta ya en 2026, es de otra naturaleza. La primera revisión del Entorno Operativo 2035 se firmó el 8 de junio de 2022, apenas tres meses y medio después del inicio de la invasión rusa de Ucrania, y se publicó en septiembre de ese año. El horizonte de cierre dejó fuera no solo episodios concretos, sino familias enteras de fenómenos cuya maduración doctrinal y técnica ha redefinido el espacio de decisión militar desde entonces. Tres operaciones recientes, escogidas no por su relieve mediático sino porque evidencian en combate real tres registros distintos de esa transformación, permiten acotar lo que el documento no pudo incorporar.

La operación Midnight Hammer, del 22 de junio de 2025, en el marco de la Guerra de los Doce Días, ilustra el primer registro: el ataque estratégico profundo con munición de muy altas prestaciones y escasa contra objetivos endurecidos, ejecutado en un entorno aéreo ya significativamente abierto por la campaña israelí que durante los diez días previos había degradado de forma sostenida el sistema integrado de defensa antiaérea iraní. Siete B-2 lanzados desde Whiteman batieron Fordow y Natanz con catorce GBU-57 Massive Ordnance Penetrator, precedidos por F-22 y F-35 que absorbieron la defensa aérea residual [5]. La operación admite dos lecturas complementarias. La primera es metodológica: incluso un ataque B-2 contra objetivos blindados detrás de una arquitectura A2/AD nominalmente densa requirió, como condición previa, una campaña sostenida y multidominio de supresión por parte de un aliado regional con superioridad local; la penetración profunda no es una capacidad puntual sino el extremo visible de una secuencia de efectos prolongada. La segunda es la dependencia estructural respecto a un arsenal cuya reposición es lenta, costosa y limitada por la capacidad industrial; una doctrina que confía en este tipo de munición para escenarios decisivos hereda, sin haberlo elegido, una restricción industrial sobre el ritmo operativo sostenible.

La operación Epic Fury, iniciada el 28 de febrero de 2026, consolida un segundo registro: la economía de la saturación y el dilema coste-efecto en la defensa antimisil. Frente a una campaña iraní que en sus primeras semanas acumuló más de quinientos misiles balísticos, varios misiles de crucero y cerca de dos mil drones de un solo uso, sistemas de alta tecnología, Arrow, THAAD, Patriot y SM-3, se mostraron operativamente frágiles bajo saturación masiva sostenida [6][7]. El dilema asociado es ya estructural: un PAC-3 cuesta del orden de cuatro millones de dólares; un Shahed-136, en torno a treinta y cinco mil. Una relación 114 a 1 a favor del atacante. La respuesta estadounidense ha sido doble y conviene leerla como una sola lección: por el lado del interceptor, búsqueda activa de soluciones asequibles que rompan la asimetría; por el lado del efector, adopción del propio paradigma adversario. La primera aparición operativa del Low-Cost Uncrewed Combat Attack System (LUCAS), una adaptación del Shahed-136 desarrollada por SpektreWorks y empleada por la Task Force Scorpion Strike de CENTCOM durante Epic Fury, formaliza una conclusión que el bloque OTAN llevaba años posponiendo: la munición barata, fungible y producible en serie ha dejado de ser un asunto adversario para convertirse en un requisito propio [8][9].

La operación Absolute Resolve, del 3 de enero de 2026, añade el tercer registro, el más exigente doctrinalmente: la integración madura de las Actividades Ciber-Electromagnéticas, CEMA, en el corazón mismo del planeamiento operativo. Una secuencia escalonada de efectos no cinéticos, apagones tácticos, saturación electromagnética y degradación de redes de mando y control, ejecutada por U.S. Cyber Command y U.S. Space Command, precedió y permitió el desplazamiento físico de Delta Force y del 160th SOAR sobre espacio aéreo defendido, abriendo un corredor operativo del que la fuerza convencional pudo servirse con oposición mínima [10]. El interés institucional del caso no reside en la espectacularidad de la operación, sino en haber materializado en una ventana de horas lo que la doctrina describe en abstracto desde hace una década: dominios ciberespacial, espacial, electromagnético y cognitivo no como apoyo a la maniobra, sino como condición previa de su existencia.

Por debajo de los tres registros opera una transformación adicional menos visible pero igualmente estructural: la consolidación de la inteligencia artificial como capa estable de los procesos de planeamiento y targeting. El Maven Smart System de Palantir, adoptado de manera creciente por los mandos combatientes estadounidenses y por la propia OTAN, ha desplazado la IA militar desde el banco de pruebas hacia infraestructura operativa permanente; la misma arquitectura Palantir-Anthropic que sostuvo el apoyo analítico de Absolute Resolve prestó soporte al ciclo de targeting en Epic Fury, donde habría contribuido a identificar y batir cerca de mil objetivos en las primeras veinticuatro horas [11]. Para un análisis detallado del fenómeno en castellano, véase Villanueva López [12].

Las tres operaciones, leídas juntas, esbozan el contorno de lo que la revisión de 2022 no pudo capturar: arsenales y reposición de municiones como variable operativa de primer orden, economía coste-efecto como cuestión doctrinal y no solo presupuestaria, CEMA como dominio integrador antes que auxiliar y todo ello unido a una revolución en el procesado de datos y la toma de decisiones apoyados por IA. Ninguno de los tres registros, ni la irrupción de la IA en el campo de batalla, son un fenómenos susceptibles de capturarse mediante la sola redacción de un documento; los tres son, en cambio, exactamente el tipo de comportamiento que un ciclo regular de wargaming analítico puede someter a estrés con la antelación. La conclusión metodológica resulta innegable: en un horizonte donde cada año añade fenómenos de esta magnitud, cualquier revisión quinquenal llega, lo queramos o no, tarde.

Explicado esto, conviene subrayar que lo que sigue no es una objeción al EO 2035 ni a su redacción, que constituye un trabajo prospectivo solvente, sino al modelo de documento periódico como tal. Se emplea aquí como el caso español más cercano para ilustrar una idea general: cualquier ejercicio de prospectiva, por sólido que sea, gana cuando un ecosistema de wargaming lo somete a estrés.

https://www.revistaejercitos.com/articulos/la-aceleracion-tecnologica-y-la-guerra/

Casos de uso en nuestro entorno

Estados Unidos es el caso más maduro y también el más diverso. El Army Capabilities Integration Center, entonces integrado en TRADOC, condujo desde 2013 el ejercicio Unified Quest Deep Futures Wargame, en Carlisle Barracks, que enfrentaba a dos equipos jugando el mismo escenario ambientado quince o veinte años por delante: uno con la fuerza programada y el otro con capacidades que existen como concepto, pero no como programa [13]. El objetivo no era predecir qué pasará en 2030, sino identificar qué inversiones científicas y tecnológicas hay que proteger hoy para que los jefes de ese momento dispongan de opciones. Como resumió Bill Hix, entonces Major General y deputy director del ARCIC, el ejercicio no buscaba «predecir los sistemas que la fuerza futura necesitará», sino «asegurarnos de que estamos enfocando nuestras inversiones en ciencia y tecnología hoy de manera que, a mediados de los años veinte, los líderes tengan más opciones de las que elegir cuando reconfiguren la fuerza» [13].

El caso del Marine Corps Warfighting Laboratory va más lejos: su programa sostenido entre 2018 y 2023 articuló trece experimentos con fuerzas reales en cinco estados y tres países, complementados por wargames y modelado analítico, y fundamentó la mayor reorganización del Cuerpo en décadas, Force Design 2030, que eliminó completamente los tanques, redujo las baterías de artillería convencional y reorientó la fuerza hacia el ataque de precisión a larga distancia [14][15]. La decisión no estuvo exenta de controversia interna y varios oficiales generales retirados han escrito en contra, pero precisamente porque se gestó sobre cientos de partidas documentadas sus defensores pudieron articular su lógica con un detalle que ningún memorando habría producido. El wargaming, en este caso, no se limitó a acompañar la decisión: contribuyó decisivamente a generarla.

El Reino Unido ha tomado una vía más enfocada a institucionalizar la práctica que a fabricar decisiones puntuales. El Defence Wargaming Centre de Portsdown West, inaugurado oficialmente en enero de 2020 tras su primer ejercicio en diciembre de 2019, y el Defence Experimentation and Wargaming Hub, formalizado en octubre de 2024 mediante una partnership charter entre el DWC y el Strategic Command, han construido en cinco años una infraestructura permanente al servicio de los tres ejércitos [16]. En palabras de Mike Larner, jefe del Defence Wargaming Centre, esa cooperación constituye «un capítulo nuevo y prometedor en el desarrollo de la capacidad de wargaming del Ministerio de Defensa» [16].

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