Hace escasas horas, el Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), empleando un dron submarino «Sub Sea Baby», logró adentrarse en la base naval de Novorossiysk, en las costas rusas del Mar Negro, detonando su carga explosiva contra la pared de uno de sus muelles, a escasos metros de un submarino ruso diésel de la clase Kilo (Proyecto 636.3) asignado a la Flota del Mar Negro. Por el momento es extremadamente difícil hacer una evaluación seria de los daños sufridos por el buque, aunque hay indicios que hacen pensar en una posible entrada de agua y en daños en la hélice, el eje, las aletas o el cono de popa. Lo más llamativo del ataque a Novorossiysk, sin embargo, no es el resultado de la acción ucraniana, sino cómo ésta habría sido llevada a cabo, recurriendo no sólo a los desarrollos en cuanto a drónica, sino también al empleo de datos OSINT o al hackeo de los sistemas de seguridad de esta base rusa: un ataque con ecos de Scapa Flow que anticipa lo que podría suceder en el futuro en muchas otras latitudes.
Índice
- La base naval de Novorossiysk
- El dron «Sub Sea Baby»
- El ataque: inteligencia, paciencia y multidominio
- Consecuencias del ataque a Novorossiysk
- Conclusiones
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