La Fuerza Aérea china estaría transformando sus viejos aviones J-6 y J-7 en drones suicidas

Shenyang J-6 de la PLAAF china. Fuente - Alert5.
Shenyang J-6 de la PLAAF china. Fuente - Alert5.

Varios sitios web anglosajones están especulando con la posible conversión por parte de la República Popular de China de sus cazabombarderos J-6 y J-7 en drones suicidas. Según afirman, en el caso de proceder a su conversión, los J-7 podrían atacar sus objetivos a velocidades de Mach 2, convirtiéndose su uso en el preludio de cualquier ataque a Taiwán, como parte del esfuerzo chino, llegado el caso, por saturar las defensas antiaéreas de la isla.

La Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación (PLAAF por sus siglas en inglés) dispone en su inventario de alrededor de 300 vetustos cazas Chengdu J-7 -después de destinar a exportación la mayoría de la producción-, así como de un número indeterminado de Shenyang J-6, retirados estos últimos del servicio ya en 2005 y desde entonces utilizados entre otras cosas como blancos aéreos, con lo que el proceso de conversión en aparatos no tripulados en realidad comenzó hace años, aunque para otros fines.

Las especulaciones respecto a la conversión de estos aparatos en drones suicidas se basan en lo ocurrido en algunos de los últimos ejercicios llevados a cabo por la PLAAF junto al espacio aéreo de Taiwán, en los que además de los modernos J-16, se emplearon los mucho más antiguos J-7, algo que no tendría demasiado sentido si lo que se pretendía era impresionar a los militares taiwaneses. Lo cierto, no obstante, es que en ese caso concreto no se trataba de drones, sino de aparatos pilotados, lo que pone en cuestión el argumento de la conversión en drones suicidas.

En el caso de la República Popular de China, consideran que los aparatos tipo J-5 y J-6 (variantes del MiG-17 y MiG-19 respectivamente) constituyen la primera generación de aparatos de caza. Por su parte, la segunda abarca aparatos como el J-7 (versión propia del MiG-21) y el J-8, mientras los J-10, J-11 (los Su-27 y sus derivados J-15, J-16, etc.) se corresponderían con la 3ª generación. Por último, la 4ª serían los aparatos que actualmente se están desarrollando o entrando en servicio, caso de los los J-31 o el Chengdu J-20 Mighty Dragon.

La conversión en drones suicidas de los J-6 y J-7, en cualquier caso, tendría sentido económico, en tanto se trata de aparatos ya amortizados que con un coste muy razonable podrían servir para saturar las defensas antiaéreas de Taiwán y, llegado el caso, para atacar objetivos en tierra cargados de explosivos.

No obstante, no todo el mundo comparte esta opinión, pues en vista del desarrollo que están teniendo otros sistemas más modernos, como los cuadricópteros de bajo coste, podría ser más razonable producir, al mismo precio, un gran número de aparatos más baratos y sencillos para el mismo fin.

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