Estados Unidos multiplicará por seis la producción de munición de 155mm

Proyectiles de 155mm. Fuente - US Army.
Proyectiles de 155mm. Fuente - US Army.

La guerra de Ucrania, que ha puesto de manifiesto las limitaciones de los inventarios occidentales, pero especialmente de la capacidad de producción de algunos materiales esenciales como la munición de 155mm -así como la amenaza que plantea la República Popular de China-, están detrás de una de las decisiones más ambiciosas tomadas por el Pentágono en las últimas décadas.

Hasta el momento de la invasión rusa de Ucrania, las plantas de producción de municiones estadounidenses eran capaces de fabricar un máximo de 14.400 proyectiles no guiados de 155mm al mes. Ahora se pretende que, de aquí a dos años, estén en disposición de producir hasta 90.000 unidades en el mismo plazo de tiempo, lo que supone multiplicar por seis su capacidad.

Hay que tener en cuenta que después de décadas en las que se ha hecho hincapié en la precisión, recurriendo a un número limitado de proyectiles guiados, la guerra de Ucrania ha demostrado que en determinados escenarios la cantidad también es crucial. No en vano, en algunas fases del conflicto y entre ambos bandos, se han llegado a consumir más de 70.000 proyectiles convencionales por día, sumando los principales calibres (105mm, 122mm, 155mm y 152mm).

Así, a pesar de que la precisión lleva aparejadas grandes ventajas -incluso económicas dado el ahorro en cuanto a logística y número de proyectiles por objetivo-, lo mismo que el alcance, no siempre puede recurrirse a proyectiles guiados como los conocidos M982 «Excalibur», sino que para crear barreras de fuego o neutralizar la acción enemiga impidiendo que respondan adecuadamente ante un ataque propio, por ejemplo, sigue siendo útil emplear proyectiles convencionales.

Así pues, desde el Pentágono han juzgado correcto impulsar la producción de municiones convencionales a niveles no vistos desde la Guerra de Corea a la vez que invertir miles de millones de dólares en paliar algunas de las deficiencias detectadas a raíz de la guerra en Ucrania, así como en acumular reservas para futuros conflictos, con la vista puesta en Indo-Pacífico. Allí, a diferencia de lo que ocurre con la industria de armamento rusa -recordemos que este país se ha visto obligado a recurrir a Bielorrusia y a Corea del Norte para obtener munición-, se enfrentarían a una nación, la República Popular de China, con una industria mucho más capaz.

Para llevar a buen puerto el nuevo programa de rearme, se ampliarán algunas instalaciones productivas y se recurrirá también a nuevas empresas, pues en la actualidad apenas hay 6 fábricas de munición en el país capaces de producir este tipo de artefactos.

Por otra parte, tan o más importante que el hecho en sí de ser capaces de producir más municiones, está el mensaje lanzado a Rusia y que se resume en demostrar la voluntad de sostener a Ucrania el tiempo que sea necesario, en este caso poniendo solución a uno de los cuellos de botella con los que se han encontrado las Fuerzas Armadas de este país, afectadas por una carencia crónica de municiones para su artillería.

En total el Departamento de Defensa de los Estados Unidos financiará invertirá aproximadamente mil millones de dólares al año durante los próximos 15 años para modernizar las instalaciones de producción de municiones propiedad del gobierno aumentando la automatización, mejorando la seguridad de los trabajadores y, en última instancia, incrementando la tasa de producción, un objetivo al que han destinado ya 1.900 millones de dólares únicamente desde el mes de agosto del pasado año.

De esta forma, a pesar de que cuentan con importantes reservas que datan de la Guerra Fría, los Estados Unidos podrán reabastecer sus arsenales en los próximos años, no en vano se han enviado a Ucrania en los últimos 11 meses más de 1 millón de proyectiles de 105 y 155mm.

Ahora bien, además de ser capaces de expandir la producción, deberán ser capaces de abastecerse de las materias primas necesarias para producir semejante cifra de proyectiles, algo que no es tan sencillo dada la fragilidad de algunas cadenas logísticas y los problemas experimentados no solo a raíz de la guerra de Ucrania, sino desde los inicios de la pandemia de COVID-19.

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