Francia destinará 413.000 millones a Defensa entre 2024 y 2030

Obús autopropulsado CAESAR de 155mm en uso por parte del Armée de Terre. Fuente - Ministerio de Defensa de Francia.
Obús autopropulsado CAESAR de 155mm en uso por parte del Armée de Terre. Fuente - Ministerio de Defensa de Francia.

La futura Ley de Programación Militar de Francia, presentada el pasado día 20 por el Presidente galo, Emmanuel Macron, prevé destinar un total de 413.000 millones de euros en 7 años a la modernización de las Fuerzas Armadas, con especial énfasis en la inteligencia militar, la disuasión nuclear y la adquisición de armamento.

El aumento previsto, supone incrementar en un 30% la inversión en Defensa, en comparación con los 295.000 millones de euros contemplados en la Ley de Programación Militar 2015-2025 todavía en vigor. Un texto que a pesar de destinar una cantidad generosa a las Fuerzas Armadas (42.142 millones de euros al año de media) no ha logrado solucionar algunas de las importantes carencias detectadas, como la incapacidad para afrontar conflictos de alta intensidad, de proyectar un número adecuado de tropas o lo que se conoce como transformación digital, aspectos todos ellos que el Gobierno de Francia pretende subsanar en el próximo ciclo inversor.

La propuesta presentada por el gabinete de Macron es consecuencia tanto de la guerra de Ucrania, que ha demostrado que la guerra convencional y de alta intensidad es un escenario perfectamente plausible, como de un proceso de revisión doctrinal y estratégica anterior, después de más de una década centrándose en la guerra contrainsurgencia. Precisamente la herencia colonial y el papel de Francia en escenarios como el Sahel había llevado a modelar unas Fuerzas Armadas aptas para operaciones de interposición o de lucha contra el terrorismo, en detrimento de la disuasión clásica, de su Force de frappe y de la capacidad de hacer frente a combates de alta intensidad y larga duración.

Así las cosas, a pesar de contar con material relativamente moderno, un portaaviones nuclear, una potente industria de defensa y uno de los mayores presupuestos de Defensa de la Unión Europea, operaciones como la intervención militar en Libia de 2011 dejaron claro que Francia (y el Reino Unido) tenía grandes lagunas en todo lo relativo a capacidades críticas, como el uso de municiones inteligentes o el reabastecimiento aéreo. Una sensación que la guerra de Ucrania ha incrementado, al dejar al descubierto los limitados stocks de armamento de buena parte de Occidente, pero que no es nueva. No hay más que atender a las declaraciones del ex-jefe de las Fuerzas Armadas, Pierre de Villiers, quien abandonó su cargo en 2017 como queja ante los recortes presupuestarios.

Ahora, de cara al nuevo ciclo inversor, Francia pretende no solo poner solución a las carencias materiales, sino mejorar sus capacidades en cuanto a guerra informativa, recolección de inteligencia, digitalización y proyección, marcándose como objetivo el ser capaz de desplegar de forma sostenida hasta 20.000 uniformados. Además de lo anterior, seguirán en marcha programas como el de modernización de los carros de combate Leclerc al nuevo estándar Leclerc Scorpion XLR, o la recepción de nuevos cazabombarderos Dassault Rafale.

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