El orden internacional tras la guerra de Ucrania

El orden internacional tras la guerra de Ucrania
El orden internacional tras la guerra de Ucrania. Fuente - National Defense University.

Uno de los grandes interrogantes que plantea la guerra en curso y que por razones obvias todavía no ha encontrado respuesta, es cuál será el orden internacional tras la guerra de Ucrania. La apuesta de máximos planteada por Rusia al comienzo de la invasión, en un órdago lanzado tanto contra el sistema internacional basado en reglas que imperaba desde la Segunda Guerra Mundial como contra la arquitectura de seguridad europea vigente hasta febrero de 2022, no ha salido como el Kremlin esperaba.

Las Relaciones Internacionales (RRII), entendidas como campo científico de estudio comenzaron a edificarse después de la Primera Guerra Mundial, abarcando las dos líneas principales de pensamiento; la corriente liberal, marcada en la influencia de la organización, la interdependencia, la cooperación y la paz y su contestación desde el realismo centrada más en la búsqueda de las cuotas de poder, la seguridad y el conflicto. Estos dos enfoques han sido los principales a la hora de explicar el orden mundial que básicamente consiste en un sistema de reglas y valores que gobiernan el entorno internacional. Dos de los hitos más importantes que crearon parte de ese orden fueron, por una parte, los Acuerdos de Bretton Woods de 1944 que establecieron la estructura económica, por otra la Organización de Naciones Unidas, garante de la paz mundial y heredera de la desaparecida Sociedad de Naciones

John Ikenberry entiende este orden como un conjunto de acuerdos de gobierno que definen y guían las relaciones entre Estados, incluyendo sus reglas, roles funcionales, expectativas compartidas, prácticas, principios e instituciones esenciales. Además, apunta que este orden internacional es de carácter liberal y que a pesar de encontrarse en franca decadencia, tiene capacidad de supervivencia.

Ninguna de estas corrientes logró ocuparse convenientemente de la influencia de factores como la cultura, la identidad o el mundo de las ideas. No supieron introducir, dentro de sus teorías, aspectos sociales, especialmente en lo relacionado con su capacidad de influir en el comportamiento de los Estados en la arena internacional. El constructivismo introduce este tercer debate en el pensamiento internacional, y lo hace sin ninguna pretensión de construir una alternativa al mainstream o pensamiento colectivo principal en las Relaciones Internacionales, sino más bien con la intención de ayudar a comprender el comportamiento de los Estados después de observar la relación entre los procesos psicológicos y su política exterior y cómo estos aspectos influyen en su toma de decisiones, tanto o más que los aspectos puramente materiales.

Las tres corrientes de pensamiento coinciden en que los principales actores del sistema internacional continúan siendo los Estados Nación. Éstos intentarán, a toda costa, mantener su nivel de poder y garantizar su supervivencia a pesar de encontrarse inmersos en un sistema internacional anárquico y de la existencia de fenómenos que los han debilitado sobremanera, entre los que se encuentra la globalización.

En este artículo se exponen, someramente, las tres teorías de RRII en el contexto del conflicto de Ucrania en el entendimiento de que los principales rasgos de cada una de estas teorías están, en mayor o menor medida, presentes en el desarrollo del orden internacional tras la guerra de Ucrania, sea este cual sea una vez los enfrentamientos lleguen a su fin. Es importante destacar que las disciplinas de RRII dan comprensión al comportamiento de los Estados dentro de un sistema concreto. En este caso, los diferentes actores de la guerra en Ucrania tienen un comportamiento que se puede comprender desde la perspectiva del realismo, desde el liberalismo o incluso desde el constructivismo.

Las erosiones del actual sistema internacional y por tanto del orden se comprenden gracias a la combinación de las tres aproximaciones, es decir, se complementan porque cada actor del sistema se comporta de una forma o de otra dependiendo de sus intereses; unas veces para su logro utiliza aproximaciones realistas, otras veces liberales y otras constructivistas. Finalmente, el artículo se aventura a anticipar una situación final del orden internacional tras la guerra de Ucrania, sin mucho nivel de prospectiva, una vez finalice el conflicto, si es que no se enquista de forma indefinida.

La corriente realista

La tradición realista es el enfoque mayoritario en los estudios estratégicos. De los tres niveles de análisis (individuo, Estado y sistema internacional) el realismo concede mayor importancia al individuo. Establece que los gobiernos se mueven por los cálculos racionales de coste beneficio y basan sus relaciones en el egoísmo y el ansia de poder, a semejanza de los comportamientos fuertemente enraizados en el comportamiento de los individuos. Desde la aproximación de esta teoría es fácil entender los motivos por lo que Putin hubiera decidido invadir Ucrania, a saber:

  • Por otra parte, la desconfianza entre los estados hace que Rusia piense que los Estados que vayan entrando en el área de influencia occidental se volverán en su contra, una vez surtan efecto las políticas que occidente, por ejemplo la instauración de sistemas democráticos.
  • En tercer lugar, por la búsqueda del incremento de poder, entendiendo como poder la capacidad que tiene un Estado de imponer su voluntad al resto, es decir su capacidad de influir. Esta influencia se puede desarrollar de forma coactiva o no, o incluso puede desarrollarse sobre la persuasión como la acción exterior de la UE cuando utiliza su poder blando. Rusia garantiza con la invasión de Ucrania que posturas díscolas en su esfera de influencia van a ser respondidas con contundencia.

Desde el prisma realista, los Estados desean incrementar su poder relativo y absoluto para garantizar su supervivencia, poder que es un juego de suma cero. En este sentido, Rusia, después del conflicto reduce su poder significativamente y lo que es más peligroso, los vacíos de poder que deja son ocupados por otros Estados que modifican el balance de poder regional y lo hacen más inestable porque otras potencias desconfían de esos ascensos. 

Esto es significativo en dos áreas: la de armamento y la de recursos energéticos. En relación a la primera, el paradigma pasa por una Turquía que incrementa su poder militar y sus exportaciones militares (por ejemplo los drones TB-2 Bayraktar). De esta forma, potencia su poder regional y su capacidad de influencia regional. En cuanto a los recursos energéticos, aunque se construyan nuevas alianzas, la diversificación de la economía rusa y su capacidad de influir en Occidente se verán reducidas significativamente. Esta circunstancia permitirá la emergencia de otros Estados como Nigeria o Argelia que recuperan protagonismo en la escena internacional, debido principalmente a la necesidad de Occidente de diversificar su arquitectura de importación energética. Una necesidad que al satisfacerla le permitirá ser más resiliente a los conflictos y garantizar, en un futuro, la seguridad de suministro energético sobre la base de la diversificación.

Otra de las características del realismo, a la hora de explicar el sistema internacional, es la anarquía que lo gobierna. Anarquía que no indica ausencia de normas, sino la imposibilidad de exigir su cumplimiento a los Estados nación porque no existe una autoridad superior a ellos. Anarquía que no significa entropía porque existen multitud de normas internacionales sujetas a tratados internacionales de obligado cumplimiento por los firmantes. Tampoco anarquía atiende a ausencia de jerarquía porque existen Estados que son capaces de condicionar, desde una posición privilegiada, la acción del resto, por ejemplo el derecho de veto de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Desde esta perspectiva, Rusia ha incrementado los niveles de anarquía al quebrantar normas del sistema internacional que antaño eran inimaginables, como por ejemplo romper el principio de inviolabilidad de las fronteras, especialmente en territorio europeo. En este sentido, es previsible que el nivel de anarquía se incremente sustancialmente y que se mantenga la tendencia de aumento del uso de la violencia en el sistema internacional. 

La corriente liberal

Después de la caída del muro de Berlín, los defensores del orden internacional de carácter liberal se vanagloriaban del éxito del sistema. En especial por el triunfo de la democracia que debía traer la resolución pacífica de los conflictos. Proliferaban teorías como la de Fukuyama con su famoso libro “El fin de la historia y el último hombre”, cuando entendía que el fin de la historia significaría el fin de las guerras y las revoluciones sangrientas, momento a partir del cual los hombres comenzarían a satisfacer sus necesidades a través de la actividad económica sin tener que arriesgar sus vidas en ese tipo de batallas.

Este pensamiento bebía del liberalismo clásico donde la actividad económica es un medio mucho más rentable a la hora de generar riqueza que la guerra u otro tipo de conductas coercitivas. El fundamento del liberalismo comercial clásico es la interdependencia económica que hará que los Estados busquen las alianzas que permitan apaciguarlos a la hora de entrar en fricciones. Su propia supervivencia estará dictada por las sociedades, unido a la interdependencia económica, ambos factores les forzará a ser pacíficos. 

Además, se condensa el pensamiento de que los Estados democráticos son, por su naturaleza, pacíficos. Asimismo, se considera que las instituciones internacionales cumplen un papel esencial en prevenir los conflictos porque construyen esas relaciones e interdependencias entre Estados. Gracias a las organizaciones y regímenes internacionales y su capacidad regulatoria y suavemente coactiva, se limitarán los conflictos en el mundo. Esta aproximación redunda en que el nivel de anarquía se reduce progresivamente, básicamente porque proliferan los acuerdos bilaterales, multilaterales y el compromiso de los Estados en cumplir las normas que promulgan organizaciones como las Naciones Unidas.

Sin embargo, transcurridas las últimas tres décadas, los niveles de violencia se han incrementado, especialmente contra los civiles. Las autocracias se comienzan a imponer y los regímenes pseudodemocráticos y/o iliberales emergen, incluso en la Unión Europea. En este sentido, es una realidad la pérdida de influencia del orden liberal internacional en favor de China, la India o la propia Hungría, regímenes que pueden ser considerados como deficientes en la aplicación de principios democráticos. 

Tanto es así, que la Unión Europea ha iniciado, por primera vez en su historia, el procedimiento sancionador extraordinario contemplado en el artículo 7 del TUE, relativo a la constatación de un riesgo claro de violación grave del Estado de Derecho por parte de la República de Polonia. Además, por Resolución del Parlamento Europeo se propone al Consejo que constate la existencia de un riesgo claro de violación grave por parte de Hungría de los valores en los que se fundamenta la Unión.

Sin embargo, ambos países son capaces de tomar decisiones de forma ágil, quizás más ágil que el resto de los Estados que propugnan el orden liberal internacional. Agilidad en la toma de decisiones que es uno de los factores que mejora la capacidad de supervivencia en el entorno actual. Incluso, se llega a proponer que los sistemas autocráticos sean considerados democracias, por ejemplo en el caso de China bajo el lema de “una democracia que funciona”. 

Atendiendo a esta teoría, es necesario apuntar la dificultad que los europeos vamos a tener en restablecer puentes con Rusia y sus aliados más cercanos, por ejemplo Bielorrusia. A estas alturas, nadie se puede imaginar que se vuelvan a establecer relaciones fructíferas entre la Unión y ambos países. Ante esta situación, lo más probable es que Rusia pivote francamente al este y robustezca las alianzas regionales en Asia, por ejemplo la Asociación de Naciones del Asia Sudoriental (ASEAN) o la Organización de Cooperación de Shanghái o las alianzas militares con las exrepúblicas soviéticas. Este pivote ruso implicará que la UE pierde poder en términos de influencia pues deja de contar dentro de su acción exterior con países muy relevantes en la esfera internacional.

Por otra parte, las organizaciones internacionales no han sido capaces de prevenir el conflicto y una vez más se ponen en entredicho. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es percibido como un instrumento exclusivo para el beneficio de las cinco naciones con capacidad de veto (Rusia, China, Reino Unido, Francia y Estados Unidos) y pierde influencia en relación a la Asamblea General de las NNUU. Además, comienza a existir un consenso en modificar el sistema creado con una realidad, la de después de la Segunda Guerra Mundial, que dista mucho de ser la actual. Esta aproximación no solo es para países claramente revisionistas tradicionales sino también para países como Alemania, India o Brasil.

En cuanto a las organizaciones de otra naturaleza como la Organización Mundial de la Salud o el Fondo Monetario Internacional no han sabido granjearse el apoyo de muchas naciones, las más desfavorecidas en el panorama internacional, tanto en las crisis del COVID como en las crisis económicas. En general, se percibe que el Orden Internacional está gobernado por occidente para su beneficio y apenas se atiende a las necesidades de la mayoría de los países que conforman esas instituciones. 

El conflicto en Ucrania ha servido, además, para comprobar que la arquitectura regulatoria que debe gobernar las organizaciones internacionales y por ende el sistema internacional, no es robusta. Tampoco es un instrumento que funcione como medida coercitiva pues es incapaz de obligar a los países a respetar las normas internacionales que promulgan estas organizaciones. Muchos países de la UE logran esquivar las sanciones, por ejemplo, por medio de Turquía o adoptan otras estrategias para mantener relaciones comerciales con Rusia. Otros sistemas como el SWIFT, el bloqueo de las tarjetas MASTERCARD o VISA o el uso de los medios de comunicación para influenciar el ámbito cognitivo ruso, se han visto ineficaces. Las soluciones alternativas que se han implantado desde la Federación rusa, han proporcionado, por lo menos eso parece, resultados satisfactorios.

Todo ello hace que el sistema internacional, basado en normas regulatorias pierda fuelle y aparezcan otras organizaciones internacionales o mecanismos que lo sustituyen. El poder troncal de la UE, definido por Ian Manner como normativo, o el soft power pierde energía y rememora la famosa frase del primer ministro belga Mark Eyskens cuando definió a la Unión Europea como un “gigante económico, enano político y gusano militar”.

En el marco de las organizaciones internacionales de seguridad y defensa, la OTAN sale fortalecida con la ampliación y con la percepción de robustez en la defensa colectiva. Cumple la finalidad de garantizar la libertad y la seguridad de sus países miembros por medios políticos y militares atendiendo al primer pilar de disuasión y defensa pero se debilita en el segundo y tercer pilar de prevención y gestión de crisis y seguridad cooperativa al no haber sido capaz de evitar la guerra de Ucrania. Pero el problema troncal es que Estados Unidos mantiene el pivote al Indo-Pacífico e insiste en que la seguridad, en su sentido más amplio, debe recaer en los europeos, empezando por el famoso 2% del Producto Interior Bruto asignado a defensa.

Aunque los europeos tengamos capacidades militares no tenemos, fuera de la OTAN, un marco adecuado de utilización. La Política Común de Seguridad y Defensa de la Unión Europea no está madura para abordar estos retos ni tampoco está diseñada para ello. Es cierto que Úrsula von del Layen ha expresado la necesidad de abrir los tratados constitutivos, pero los desafíos y amenazas que acechan a la UE pueden no hacer aconsejable esta opción. 

Sin embargo, la UE ha mostrado fortaleza en muchos aspectos, por ejemplo en la agilidad en la toma de decisiones o la complementariedad con la OTAN lo que esboza un principio de camino, que sin duda es largo de recorrer, hasta que la UE se convierta en un verdadero actor global.

La corriente constructivista

El constructivismo gira en torno a la importancia de la identidad en la escena internacional, basa su argumento en que las relaciones internacionales están influidas, al igual que las relaciones humanas, por los pensamientos y las ideas, no solo por las fuerzas materiales. Relaciones Internacionales que el constructivismo considera que están construidas socialmente o por lo menos que los aspectos sociales son capitales a la hora de entender el comportamiento de los Estados en el sistema internacional. Los constructivistas consideran que las identidades, tanto individuales como colectivas, son construidas a partir de la relación social y los roles que se establecen entre los Estados se construyen con una fuerte influencia social derivada, entre otras cosas, de la identidad. Esta forma de relacionarse moldea una identidad específica tanto en el individuo como en el Estado que tendrá su influencia en el sistema internacional.

Aunque es cierto que, de forma somera, los liberales y realistas tratan el aspecto de identidad, lo interpretan como un concepto estático, sin posibilidad de cambio. Además, para ambos, la identidad está definida de forma exógena y no cambia por lo que tiene un impacto en el comportamiento de los estados limitado o incluso residual. Sin embargo, el constructivismo entiende la identidad como cambiante debido muchos factores y este cambio es fruto del proceso de interacción social entre los agentes. Esta interacción modela nuestra identidad tanto colectiva como individual y ambas condicionan al Estado en sus relaciones internacionales.

Es por ello que el constructivismo trata a la identidad como una cuestión empírica, a ser teorizada dentro de un contexto histórico. Esta construcción, dinámica y social, genera identidades sistémicas que no están predeterminadas por el conflicto, como podrían determinar los realistas, o por la cooperación como establecen los liberales sino que se generan modelos de entendimiento específicos en cada una de las ocasiones, muy dependientes de las interacciones que se generen entre los agentes. Por eso, los Estados tienen multitud de identidades y acuden a cada uno de los foros del sistema internacional con una identidad específica. Esta identidad será la base de los intereses que defienden en esos foros internacionales.

En este caso, se genera una identidad por parte de algunos países – antioccidental – que les lleva a intensificar sus relaciones diplomáticas sobre la base de un entendimiento común de los problemas. Estas interacciones generarán confianza y serán la base que haga intensificar las relaciones y crear marcos de trabajo y de entendimiento de los problemas, comunes. Estos marcos de entendimiento, en este caso, serán contrarios a los del orden internacional de carácter liberal, pues en su génesis estas relaciones se crearon para confrontar ese mismo orden.

Se trata por lo tanto de adoptar la perspectiva de considerar las RRII como socialmente constituidas. Y no solo ese aspecto es importante, sino que incluso la realidad es producto del comportamiento y actitudes de los actores que lo conforman. Hay que recalcar que no se pretende desestimar la influencia que los poderes materiales tienen en las decisiones de los Estados, sino de plantear un conjunto de variables nuevas que conforman una dimensión paralela a la material que también ejerce una determinada influencia en las RRII entre Estados. 

Estamos hablando de la importancia de los factores ideacionales (como por ejemplo imágenes mentales, percepciones mutuas, conceptos, significados,  categorías, conocimientos,  creencias,  principios,  valores sociales…etc) en las RRII. Este conjunto de factores ideacionales terminan conformando el acervo normativo, compuesto por un conocimiento compartido y aceptado socialmente. Este conjunto de normas es producido históricamente y está ligado por la cultura, sobre la base de percepciones propias. 

De esta forma, las ideas modulan el comportamiento de los Estados en la arena internacional e influyen en el orden establecido porque son generadoras de normas. En Rusia se ha extendido que la «amenaza nazi» es existencial para la patria, se ha llegado a utilizar el instrumento militar para confrontar la amenaza que en este sentido supondría Ucrania, amenaza que es compartida por el pueblo ruso. En el código de conducta del pueblo ruso no existe la tolerancia hacia el nazismo. Existe una identidad muy fuerte como salvadores del mundo que deriva de la Segunda Guerra Mundial. El Estado ruso, por lo tanto, forzará a que en las normas internacionales no se contemple ninguna mácula relacionada con el nazismo. El problema de raíz es qué se entiende por ser nazi, desde la perspectiva del pueblo ruso, alimentada por la desinformación y la propaganda.

Retomando el asunto de las identidades y a pesar de ser un asunto complejo de acotar conceptualmente, es cierto que todas las definiciones de identidad contienen un nexo de unión, como es la necesidad de pertenencia a normas, valores o creencias. El primer aspecto que destaca cuando se aproxima al término de identidad es que, como apunta el profesor Cubel, todas las definiciones contienen un sentimiento de pertenencia a una comunidad, que a su vez se establece en base a un conjunto de valores con los que se identifica el individuo y por ende, el colectivo. La identidad es, inicialmente, un concepto psicológico que trata de entender una dimensión de la conciencia de sí, aunque a nadie se le escapa los contextos reivindicativos en los que la identidad aparece después de los discursos sociales o políticos. 

Desde esta perspectiva, la Federación rusa está construyendo, no solo desde el conflicto de Ucrania, sino desde hace bastantes años, una identidad propia que tiene su influencia en las relaciones internacionales. Es una identidad que nace de los valores europeos porque Rusia siempre ha sido europea, no podemos olvidar aquella frase de Europa empieza en los Urales. Esta identidad se fundamenta en contraposición a algunas políticas que imperan en la actualidad en la Unión Europea y sustancian la contraposición de unos contra otros, de lo que ofrecen los valores rusos con algunos valores europeos como los derivados del mainstream de género, el multiculturalismo y otros que están alentando la aparición de movimientos populistas o radicales y en cierto modo las democracias iliberales.

Esta influencia se acompaña de una extraordinaria  estrategia de desinformación, con mucha capacidad de influencia en sociedades de la información tan controladas y censuradas. Estrategia que tiene como un pilar fundamental la conformación de una identidad sobre la base de la diferenciación. Una diferenciación que considera la alteridad como una de sus esencias y que difundida en la Unión ataca a la cohesión de los Estados. Su narrativa logra ponerse en el lugar del otro, en este caso de los europeos y considerarse el garante de sus principios y valores tradicionales. Esta construcción de la identidad compartida le permite establecer relaciones con los europeos basadas en el diálogo, basadas en la defensa de sus valores tradicionales. La estrategia del Kremlin pasa por erigirse en el garante de los valores tradicionales europeos, en confrontación con unos valores diferentes, propios de la evolución de las sociedades occidentales. De esta forma, se construyen identidades colectivas e individuales sobre la defensa de esos valores tradicionales gracias a una estrategia de desinformación poderosa. 

Una desinformación que es complicada de combatir porque efectos como la viralización de una noticia son muy complejos de frenar y de mitigar. En sociedades donde los entornos de la información están controlados por los gobiernos y están censurados los medios que discrepan, se generan identidades muy sólidas sobre un grupo de creencias y valores soportados por la desinformación. La nueva identidad rusa en confrontación con la europea emerge sobre la base de la narrativa rusa que se mantiene viva en un entorno de la información controlado, en una burbuja cognitiva de la que los rusos son incapaces de salir.

La interacción social permite trasladar estas creencias individuales a normas colectivas que se mantienen inalterables formando parte de nuestras tradiciones y cultura para que posteriormente sean señales de identidad irrefutables en nuestra aproximación a la negociación en la arena internacional. Condiciona incluso el compromiso del Estados con las organizaciones internacionales debilitando el multilateralismo y el orden internacional liberal. Se generan comunidades imaginarias contrarias a los principios que rigen las sociedades occidentales, comunidades que llegan a acuerdos en la esfera internacional que terminan por erosionar ese catálogo de normas y horadan el sistema internacional.

El nuevo orden internacional tras la guerra de Ucrania

La conclusión más plausible desde el prisma del realismo y liberalismo relativa al orden internacional tras la guerra de Ucrania pasa por una Rusia que pivote hacia el Indo-Pacífico, con alianzas fuertes con las organizaciones internacionales de las ex repúblicas soviéticas y de las organizaciones asiáticas. China e India apoyarán a Rusia porque la necesitan fuerte para que otros no ocupen los espacios de poder que se quedan vacíos y caso de ocuparlos otros, puedan generar inestabilidad. Los peores augurios de Henry Kissinger, cuando indicaba que la peor de las opciones para occidente es que China y Rusia se unan, se han cumplido. Rusia se asocia con su tradicional primer rival, la República Popular China a la vez que aleja de su esfera a su tradicional socio natural, Europa. 

China ha podido comprobar que, en términos de orden internacional, los castigos por emprender una invasión para un poder nuclear son limitados y que Occidente se aferra inexorablemente a su calidad de vida, lo que debilita su postura a la hora de aplicar la disuasión. Geopolíticamente el centro neurálgico es el Indo-Pacífico, lo que provocará una migración de la globalización hacia esa zona geográfica resultando beneficiadas China y la India. La anexión de Taiwán por parte China es una consecuencia lógica del conflicto de Ucrania desde la perspectiva realista. China tiene tiempo suficiente para aplicar las lecciones aprendidas del conflicto de Ucrania que mitiguen las represalias de Occidente en el caso de optar por la invasión de Taiwán por la fuerza.

Este pivote mundial, debilitará a la Unión en su deseo de convertirse en actor global, su principio básico de condicionalidad democrática le limitará las relaciones comerciales con Estados que paulatinamente se vuelven más autocráticos pero con más influencia y posiblemente más estabilidad y calidad de vida. La anarquía que gobierna el sistema internacional permitirá que los estados autocráticos y otras formas de gobierno poco democráticas se expandan, al ser privilegiados por actores emergentes con mucha capacidad de influencia como China o India.

Lamentablemente el conflicto de Ucrania no va a permitir que la Unión Europea se convierta en un verdadero agente internacional. Su acción exterior se va a debilitar, en especial su aproximación de forma pacífica y sobre la persuasión, en influir en otras sociedades para corregir claros apartamientos en Derechos Humanos o principios democráticos.

Por otra parte, si medimos un actor global por los tres pilares fundamentales, el económico, el político y el militar, Rusia es un gigante político por su capacidad de tomar decisiones políticas y de influir, aunque es cierto que pierde terreno. Su poder militar también retrocede y durante años no podrá actuar en el exterior con sus fuerzas armadas ante las onerosas pérdidas militares, como sí había venido haciendo en los últimos años en escenarios como Siria o Libia. La búsqueda de alianzas en el este y en otros escenarios como África es su única tabla de salvación pero le condicionará su política exterior con países como China que en su círculo exterior pueden parecer pacíficos pero en el cercano aplican políticas contundentes revisionistas.

Pero quizás lo peor está por llegar, de la mano del constructivismo, porque se están generando las bases de una identidad contraria a los principios del orden liberal internacional. Una identidad que se solidifica por una impecable estrategia de desinformación, entendida como la distorsión de hechos verdaderos para obtener conclusiones tergiversadas. Se comienza a construir sobre el imaginario de grandes poblaciones como la China, India o Brasileña la idea de que China es “más pacífica” que la Unión Europea porque no entrega armas en el conflicto de Ucrania.

Estos colectivos crecen cada día con más fuerza e intensidad y condicionan las políticas exteriores de los países y por lo tanto las RRII que hacen incrementar las tasas de revisionismo. Tendencia peligrosa porque cambiar un sistema que funciona, más bien que mal, por otro de dudoso funcionamiento, es sin duda arriesgado cuando todos nos jugamos tanto como es el sistema de normas internacional. A veces no percibimos la contundencia de la política de países como la República Popular China en su anillo más próximo como sucede con el Tibet, los uigures, Taiwán o su política revisionista del mar de China. Presentan una cara diferente en el escenario cercano que en el lejano, el problema reside en estar situado en su anillo cercano o en su área de influencia más cercana. O peor aún, en lo que considera él que es el anillo cercano.

Corren malos tiempos para los valores que siempre han imperado en la Unión Europea y que están consagrados en el artículo dos del Tratado de Lisboa. En un mundo donde los acontecimientos se suceden de forma vertiginosa, las autocracias gestionan el tempo de la decisión de forma más acertada para sus oscuros intereses. Son más exitosas en la gestión de la información y en la influencia en el ámbito cognitivo de las sociedades sobre la base de la desinformación. El resultado es que se generan ejércitos de zombis cognitivos, con una identidad muy sólida, que siguen a pies juntillas lo que el líder de la manada les indica. De esta forma, se cuestiona el orden internacional de corte liberal y ese no es el problema troncal, el problema es saber qué modelo preconizan los “otros”, si finalmente lo van a poder imponer y si este es el caso, cómo nos vamos a poder zafar de ese nuevo orden internacional tras la guerra de Ucrania.

Referencias

  • IKENBERRY, G. J. (2001). After Victory: Institutions, Strategic Restraint, and the Rebuilding of Order after Major Wars. Princeton: Princeton University Press
  • HOPF, T. (1998). The Promise of Constructivism in International Relations Theory. International Security, vol. 23, nº 1.
  • CUBEL, F. M. (2016). La cuestión identitaria: un serio asunto en la actual UE. Boletín número 3 del IEEE.
  • FORCADA BARONA, I. (1996). El condicionamiento político y económico de la Ayuda Oficial al Desarrollo. Tirant lo Blanch. Valencia.
  • Barnett, M. (1999). Culture, Strategy and Foreign Policy Change: Israel’s Road to Oslo. European Journal of International Relations, vol. 5, nº 1. 

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1 Comment

  1. Enhorabuena Comandante, no puedo estar más de acuerdo. En un mundo en guerra, las autocracias gestionan mejor la información y su influencia en el ámbito cognitivo de las sociedades en base a la desinformación. Pero esto, a veces, se vuelve en su contra con un rápido revés al descubrirse el engaño. Europa debe de aprender de Ucrania y la influencia rusa para desechar las inversiones de China, nada es gratis y cuanto más tardemos, peores serán las consecuencias. Nuestros valores pueden ser utilizados como arma de doble filo. En la guerra debemos aprovechar todas las armas con una gran estrategia, no solo militar.

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