M142 HIMARS

(High Mobility Artillery Rocket System)

M142 HIMARS (High Mobility Artillery Rocket Systems). Fuente - USAF / Senior Airman Beaux Hebert.
M142 HIMARS (High Mobility Artillery Rocket Systems). Fuente - USAF / Senior Airman Beaux Hebert.

Desde que el pasado 23 de junio el primer sistema M142 HIMARS llegase a Ucrania, se han escrito ríos de tinta sobre su papel en la guerra. Es indudable que, gracias a su movilidad versatilidad, precisión y alcance, ha permitido a Ucrania infligir un daño real a la logística rusa, limitando su capacidad de coordinar operaciones a gran escala y limitando por tanto sus avances. En este sentido, el HIMARS y sus hermanos, el M270 y el MARS II, han cambiado el signo del conflicto. No ha sido sin embargo su única muesca, pues anteriormente han tenido un papel importante en otros conflictos, incluyendo Afganistán y la lucha contra Dáesh. Lo que es más importante, todo parece indicar que no estamos más que al comienzo de su vida operativa, pues no dejan de desarrollarse mejoras y nuevas municiones que le prometen un intenso futuro.

El M142 HIMARS, gracias a su destacado papel en la guerra de Ucrania, en donde las tropas de Kiev con apenas un puñado de lanzadores han logrado reducir de forma significativa la capacidad bélica rusa, ha ganado una notoriedad inusitada. Lo cierto es que ya antes, por ejemplo en Afganistán, había ofrecido un excelente rendimiento. Además, hasta cierto punto es un viejo conocido, ya que no deja de ser una adaptación del M270 en servicio desde hace décadas. Sea como fuere, en los últimos meses se han escrito ríos de tinta relativos a sus bondades, al alcance y precisión de sus municiones guiadas, a los efectos sobre el campo de batalla y mil y un temas más, generalmente con muy poca sustancia. Es por eso que nos hemos decidido a escribir un artículo profundo, pero algo diferente, pues en él tratamos de situar el desarrollo del M142 HIMARS dentro de su contexto histórico, explicar su razón de ser, los factores que coadyuvaron a la hora de impulsar el proyecto o su futuro.

M142 HIMARS tras haber sido transportado por un avión C-17 Globemaster durante unos ejercicios en julio de 2020. Fuente - US Army / Spc. Daniel J. Alkana.
M142 HIMARS tras haber sido transportado por un avión C-17 Globemaster durante unos ejercicios en julio de 2020. Fuente – US Army / Spc. Daniel J. Alkana.

Introducción

El 24 de junio, apenas horas después de que se confirmase la llegada de los primeros lanzacohetes múltiples HIMARS (High Mobility Artillery Rocket System) a Ucrania, las tropas de Kiev lanzaron su primera andanada de cohetes sobre las fuerzas rusas. Desde entonces, han sido decenas de ataques que se han cobrado otros tantos objetivos. Entre estos, cabe destacar el alto número de depósitos de armas y municiones destruidos, así como concentraciones de vehículos e infraestructuras críticas, destacando los puentes de Antonovsky, en Jersón y sobre la presa de Nova Kakhovka, en la localidad del mismo nombre. Además de estos ataques, la mayor parte de ellos perfectamente documentados, hay un buen puñado sobre los que persiste la duda, como el que destruyó varias aeronaves y al menos dos polvorines en la base aérea de Saki, cerca de Feodorivka, en la península de Crimea.

Lo que tienen en común todos estos ataques es que todos han permitido a Ucrania dos cosas:

  • Erosionar la logística rusa, impidiendo que las municiones y otros suministros lleguen a primera línea de frente, lo que a su vez ha limitado la capacidad de combate de sus tropas, ayudando junto al desgaste precedente a convertir una guerra de movimientos, como lo fue en las primeras fases, en una guerra de desgaste en la que predomina el estancamiento.
  • Imponer a Rusia nuevos dilemas, pues cada vez que reúne medios y hombres para una nueva ofensiva, estos corren el riesgo de ser atacados por las municiones guiadas de los HIMARS, lo que impide una concentración efectiva de fuerzas y a la vez limita las posibilidades a la hora de emplearlas. Esto último es importante, porque afecta directamente a la libertad estratégica del Estado Mayor ruso, obligándoles a renunciar a muchos de sus planes.

Todo ello es posible porque el M142 HIMARS combina de forma acertada las tres características fundamentales que hacen de un sistema de armas algo temible: movilidad, protección y potencia de fuego. Si generalmente estos tres conceptos se asocian a los carros de combate y vehículos blindados, tema que ya hemos tratado en estas páginas, lo cierto es que pueden aplicarse perfectamente al caso de estos MLRS:

  • Movilidad: Sin duda es una de las ideas cardinales que motivaron el diseño del M142 HIMARS, pues se trataba de contar con un vehículo lo más ligero posible -al menos en comparación con los medios de cadenas-, lo que le dotaría de una gran movilidad estratégica. Es cierto que la movilidad táctica se ve resentida frente al M270 -así como la capacidad de carga- al ser más dependiente de las carreteras, pero su ligereza permite desplegarlo por vía aérea en cualquier parte del mundo -siempre que se cuente con los medios necesarios, obviamente-.
  • Protección: Más allá de su cabina blindada -no en vano empleaba originalmente un chasis de Oshkosh Corporation-, la capacidad de supervivencia en el campo de batalla se la confieren su alcance y su precisión. En el primer caso, la posibilidad de alcanzar objetivos a más de 75 kilómetros con munición GMLRS permite utilizar los HIMARS desde zonas relativamente alejadas de la primera línea, lo que hace que únicamente la aviación enemiga constituya una amenaza. En el segundo caso, el empleo masivo de municiones guiadas y la posibilidad de lanzar una salva de seis con precisiones del orden de metros hacen que el tiempo que debe permanecer en posición para hacer fuego sea mínimo, lo que dificulta su localización y neutralización. De hecho, en el marco de la guerra de Ucrania el Estado Mayor ruso ha destinado efectivos Spetsnaz de forma exclusiva a la destrucción de los HIMARS tras las líneas ucranianas, hasta el momento de escribir estas líneas sin demasiado éxito.
  • Potencia de fuego: El M142 HIMARS no es ni mucho menos el único sistema lanzacohetes múltiple del mundo. De hecho, son varios los que ya hemos analizado en esta revista, por ejemplo a propósito de la necesidad del Ejército de Tierra de España de dotarse de nuevos MLRS que sustituyan a los extintos Teruel. Ahora bien, la modularidad, la variedad de municiones a su servicio y la versatilidad de estas le confieren una potencia de fuego única. De hecho, la gama de municiones no deja de crecer y se trabaja en nuevas soluciones para el futuro, algo sobre lo que hablaremos en un epígrafe específico. Lo importante en cualquier caso es que todas ellas son municiones guiadas con una precisión envidiable, lo que a la vez supone un ahorro pues es necesario un número de estas mucho menor para destruir cada objetivo. Dicho de otra forma, el M142 HIMARS, así como el M270 han dejado de ser meras armas destinadas a batir zonas, para ser una alternativa en muchos casos a la acción de la aviación.

En resumen, los HIMARS cuentan con una serie de características que, sin perjuicio de que puedan ser empleados en el nivel táctico, los convierten en sistemas pensados para operar en los niveles superiores, esto es, operacional e incluso estratégico.

Pese al alcance (300 km), precisión y contundencia de los misiles ATACMS, hay que tener en cuenta que cada ;142 HIMARS apenas puede transportar uno de ellos, sumando 4 más si se tienen en cuenta los que podría cargar el camión de reabastecimiento que acompaña al lanzador. El US Army pretende solucionar esto con el misil PsRM, del que podrán transportarse dos por cada módulo de carga, con lo que un HIMARS y su camión acompañante sumarán 10 misiles en total. Fuente - US Army.
Pese al alcance (300 km), precisión y contundencia de los misiles ATACMS, hay que tener en cuenta que cada M142 HIMARS apenas puede transportar uno de ellos, sumando 4 más si se tienen en cuenta los que podría cargar el camión de reabastecimiento que acompaña al lanzador. El US Army pretende solucionar esto con el misil PsRM, del que podrán transportarse dos por cada módulo de carga, con lo que un HIMARS y su camión acompañante sumarán 10 misiles en total. Fuente – US Army.

La importancia de la artillería de largo alcance

Hace escasas semanas, a propósito de un artículo dedicado a las municiones merodeadoras de largo alcance, explicamos la importancia tanto del nivel operacional de la guerra, como de contar con medios específicos para actuar en él. En el mismo, hablábamos sobre cómo estas podrían incluso emplearse en el nivel estratégico, aunque las limitaciones en cuanto a carga explosiva hacían que no fuesen el medio más adecuado en algunos casos. La artillería, por el contrario, no suele adolecer de este tipo de hándicaps, pues a diferencia de la pequeña cabeza de guerra que va montada a bordo de los loiterings, cuentan con un amplio abanico de municiones específicas, desarrolladas contra todo tipo de objetivos. Es parte de un proceso que lleva décadas en marcha y que todavía está en plena ebullición y gracias al cual la artillería cada vez tendrá un alcance mayor, hasta llegar al paroxismo con desarrollos como el SLRC (Strategic Long Range Cannon) del US Army, recientemente cancelado por el Congreso estadounidense.

La razón de fondo de esta búsqueda del alcance, más allá de la ventaja obvia que supone, tiene que ver con el paso a un campo de batalla multidominio y en el que las capacidades anti-acceso y de negación de área (A2/AD) por parte de las principales potencias, serán cada vez mayores. Más allá de las definiciones técnicas, podríamos considerar de forma genérica las zonas anti-acceso y de negación de área como aquellas en las que se han instalado una serie de sistemas (antiaéreos, antibuque, anticarro, de guerra electrónica…) así como los sensores asociados y que, por su densidad y capacidades, permiten o bien impedir la entrada de fuerzas hostiles en un teatro de operaciones o, si esto ya se ha producido, limitar de forma efectiva la libertad de acción de las mismas así como la llegada de refuerzos.

En el futuro campo de batalla multidominio, la negación de área, el incremento de capacidades de guerra electrónica y la proliferación de sistemas antiaéreos de largo alcance, provoca una situación en la que los ejércitos occidentales no podrían usar con libertad las grandes plataformas de mando y control aéreo o de guerra y reconocimiento electrónico, caso de los AWACS, J-STARS, River Joint… Tampoco los aviones cisterna podrán ser empleados cerca del área de operaciones (algo que permitió en la Guerra del Golfo de 1991 o la de Kosovo mantener un gran tempo de operaciones). La negación de área también dificultará el apoyo aéreo cercano a las fuerzas terrestres por parte de la aviación de ala fija. En este caso, la aviación convencional tendrá muchas dificultades para operar en entornos operativos que impliquen redes IADS (Integrated Air Defense Systems) con radares muy capaces y misiles interceptores de varios alcances e incluso la furtiva sufrirá en vuelos a baja altitud para dar apoyo aéreo cercano, frente a los sistemas de guía infrarroja y electroóptica.

Por supuesto, el mal resultado cosechado por los sistemas antiaéreos rusos en el conflicto ucraniano, en donde ha sido incapaz de neutralizar los ataques con cohetes guiados y misiles balísticos ucranianos e incluso de impedir que su aviación continuase operando pasados más de seis meses desde el inicio del conflicto, podría hacernos pensar otra cosa. Es posible que algunas capacidades hayan sido exageradas en los años precedentes y es un tema motivo de controversia entre los expertos. No obstante, no invalida el marco teórico y no puede darse por sentado que lo visto en una única guerra, por representativa que pueda ser, sea extensivo a escenarios como Indo-Pacífico, por ejemplo. Por consiguiente, las fuerzas terrestres de Estados Unidos y sus aliados occidentales deben prepararse para un entorno operativo en el que no gozarán de superioridad aérea, algo que no sucedía desde la Segunda Guerra Mundial.

Otra de las características de dicho campo de batalla será la proliferación de armas de largo alcance, sean de lanzamiento terrestre, naval o aéreo y el papel preponderante de la artillería, lo que sobre el papel coloca en una situación de debilidad a las potencias occidentales frente a Rusia o China. En el caso ruso, ya se ha visto que la falta de precisión de sus armas guiadas de largo alcance y de su artillería rebajan en varios grados la amenaza que ambas representan. Ahora bien, aun así sigue siendo un enemigo formidable que cuando es capaz de concentrar cientos o miles de bocas de fuego, como en el caso de Popasna, Severodonetsk o Lysychansk durante la guerra de Ucrania, puede triturar literalmente cualquier cosa a su alcance, a costa de un uso intensivo de munición. En el caso de la República Popular de China, la principal amenaza la constituye su fuerza de misiles, en la cual se incluyen además de armas supersónicas, drones, y cuyo número total conjunto se cuenta por miles.

En este contexto, se hacen necesarias alternativas capaces de golpear a distancias de decenas e incluso centenares de kilómetros, con la precisión de los misiles de aviación y con la contundencia en algunos casos con la que lo hacen bombas de centenares de libras. Sistemas fáciles de transportar, que puedan operar en pequeños números y con escasas necesidades logísticas, pero causando un gran daño. Sistemas resilientes, preparados para un contexto de guerra de salvas en el que sin duda habrá pérdidas, pero en el que en la medida de lo posible, estas nunca deben ser catastróficas, de ahí la necesidad de evitar las concentraciones de plataformas, pues constituyen objetivos demasiado jugosos para el contrario en un contexto de guerra de salvas. Sistemas que puedan ser montados en un avión de transporte de tamaño medio, con una precisión que se mide en metros y con alcances que oscilan entre los 75 y los 300 kilómetros en función de la munición elegida. Sistemas difíciles de localizar y por lo tanto de neutralizar, que imponen múltiples dilemas al enemigo y que pueden atacar en la línea de frente o tras esta, interrumpiendo su logística e imposibilitando la concentración de fuerzas. Es así como nace el HIMARS…

El alcance es, junto a la precisión, una de las bases de la revolución artillera que estamos viviendo. En el US Army se han lanzado multitud de programas en los últimos años para incrementar dicho alcance, alguno de los cuales ya ha sido cancelado. No obstante, los M270 y los m142 HIMARS seguirán siendo algunos de los medios más capaces en poder de dicha institución, especialmente con la llegada del misil PRSM. Fuente - Global Security.
El alcance es, junto a la precisión, una de las bases de la revolución artillera que estamos viviendo. En el US Army se han lanzado multitud de programas en los últimos años para incrementar dicho alcance, alguno de los cuales ya ha sido cancelado. No obstante, los M270 y los m142 HIMARS seguirán siendo algunos de los medios más capaces en poder de dicha institución, especialmente con la llegada del misil PRSM. Fuente – Global Security.

El contexto histórico del nacimiento del M142 HIMARS

Antes de la aparición del HIMARS, el US Army ya tenía cierta experiencia en el uso de sistemas de lanzacohetes múltiples, aunque no tanta como a priori pudiese pensarse. Para la doctrina estadounidense, los lanzacohetes eran armas “area fire”, es decir, destinadas a batir zonas como hacían los soviéticos con sus BM-21, acumulando grandes cantidades de lanzadores que después empleaban de forma masiva, pero sin precisión. Los estadounidenses, que en general otorgaban menor importancia a la artillería que los soviéticos, utilizaban lanzacohetes sobrantes de la Segunda Guerra Mundial, pero de forma secundaria, ya que primaban la precisión de los obuses frente a éstos, algo que en cierto modo ocurre todavía hoy. Si bien los soviéticos estaban dispuestos a saturar un área con centenares de cohetes, pensando que algunos de ellos alcanzarían su objetivo, para los artilleros estadounidenses, educados en la idea de que la precisión y la economía en el consumo de municiones eran el camino correcto, el uso a gran escala de cohetes simplemente no era aceptable.

Pese a ello, tras la retirada de Vietnam, cuando los Estados Unidos volvieron su vista una vez más a la Unión Soviética y a los campos de batalla europeos, se dieron cuenta de que la victoria en un hipotético conflicto requería de medios más contundentes que los utilizados contra los norvietnamitas. Además, el ejemplo de la guerra árabe-israelí de 1973, con enormes tasas de atrición -mayores desde luego que las de reemplazo- obligó a repensar algunos apriorismos. Es así como a mediados de los 70, concretamente en 1974, se hace el requerimiento de un nuevo lanzacohetes denominado General Support Rocket System o GSRS, cuyo desarrollo se iniciaría tres años después en colaboración con Francia, Alemania, Italia y Reino Unido y daría lugar al conocido M270 y a desarrollos posteriores como el MARS II alemán, diseñados sobre el chasis de Bradley. La historia de este sistema es bien conocida y tras las pertinentes pruebas, terminaría por entrar en servicio en 1982, estando operativo a partir del año siguiente y siendo enviada la primera batería (compuesta por tres secciones con tres lanzadores cada una) a Alemania en el 84.

Aquí es donde toca hablar de la Segunda Estrategia de Compensación (Second Offset Strategy) y de toda la serie de innovaciones a ella asociada, que tuvieron como consecuencia, entre otras cosas -por supuesto influyeron más factores-, el derrumbe de una Unión Soviética incapaz de competir de forma simétrica con los Estados Unidos. Tal y como explicamos en su día, la última gran Revolución en los Asuntos Militares (RMA) que ha marcado el devenir de la guerra contemporánea es la RMA de la información. Sus posibilidades se hicieron evidentes, al menos para el gran público, tras la intervención militar estadounidense en la Guerra del Golfo (1991), pese a lo cual, su origen es muy anterior. Efectivamente, dicha RMA nacía como consecuencia de la Segunda Estrategia de Compensación y de la Iniciativa de Defensa Estratégica, proyectos ambos puestos en marcha por la Administración Reagan para contrarrestar la superioridad soviética en medios convencionales en el teatro europeo, así como para sacudirse el trauma de Vietnam. Dicho conflicto había puesto en entredicho el modo estadounidense de hacer la guerra, basado en la atrición, además de demostrar a los militares de EE. UU. la necesidad de explorar nuevos caminos si pretendían triunfar en el campo de batalla. Para ello, aprovechando los avances sobre todo en cuanto a informática, alumbraron una serie de tecnologías que permitían a su propietario una capacidad inusitada de recoger datos acerca del campo de batalla, procesarlos y utilizarlos para atacar mediante armas pensadas para aprovechar ese caudal de información, caso de las armas guiadas.

Se combinaron así dos factores cruciales: 1) la necesidad de armas más contundentes, de gran alcance y pegada, capaces de batir las concentraciones de tropas soviéticas, pero también puestos de mando o centros logísticos con; 2) la promesa de contar en un plazo relativamente breve con armamento guiado capaz de conjugar las ventajas de los MLRS tradicionales, con la precisión de los misiles. Esto último se lograría en primer término y de forma muy hábil, mediante la modularidad, al incorporar el misil táctico MGM-140 ATACMS (Army Tactical Missile System) -un desarrollo original de la USAF que posteriormente fue adoptado por el US Army- al sistema, combinando en una única plataforma la capacidad lanzacohetes y la de lanzamiento de misiles tierra-tierra. Y es que, en efecto, el M-270 había sido diseñado de tal forma que el mismo lanzador podía utilizar municiones de distintos calibres, tanto los cohetes de 227mm de distintos tipos (12 en 2 packs de 6) como los ATACMS, de los que podía transportar 2.

El momento crucial llegó con la evaluación de lecciones posterior a la Guerra del Golfo de 1991. Pese al éxito de los M270 y la munición no guiada -aun así, bastante precisa-, en el Pentágono se dieron cuenta de que dotando de un sistema de guiado a los cohetes, podrían economizar municiones -y con ello beneficiarse de un tren logístico más reducido y una menor huella-, minimizar los daños colaterales y batir objetivos a nivel operacional e incluso estratégico. Es así como se lanzó el programa internacional que dio lugar al actual GMLRS y que implicó la participación una vez más de los Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido. El resultado fue un proyectil guiado de mayor alcance -se han reportado impactos no confirmados a más de 100 kilómetros en Afganistán y a 103 kilómetros en pruebas- y con una precisión superlativa, como prueban los recientes impactos sobre el puente de Antonovsky en Ucrania. El desarrollo de las nuevas municiones culminó en 2001, comenzando la producción a pleno rendimiento en 2005.

Llegados a este punto, tenemos ya dos de los tres factores que, conjugados, dieron origen al desarrollo del HIMARS. Dado que las fechas no son casuales, en esta historia faltaba todavía la entrada en escena de un personaje singular, vilipendiado por unos y amado por otros: el general Eric Shinseki, Jefe de Estado Mayor estadounidense entre 1999 y 2003. Él fue la persona tras la idea de las “brigadas Stryker”, una idea controvertida que buscaba recuperar para el Ejército estadounidense (US Army) un papel protagonista frente a la Armada (US Navy), el Cuerpo de Marines (USMC) y la Fuerza Aérea (USAF), en base a mejorar la capacidad de proyección. Es por ello que primer paso de Shinseki fue publicar el documento “Army Vision: Soldiers on Point for the Nation: Persuasive in Peace, Invincible in War”, en el cual se comprometía a incrementar extraordinariamente la capacidad de proyección de la fuerza terrestre para conseguir situar en cualquier punto del planeta una Brigada en 96 horas, el resto de la División en 120 horas y un Cuerpo de Ejército en 30 días. Huelga decir que el HIMARS está íntimamente relacionado con las aspiraciones del general Shinseki, de ahí que desde su concepción, fuese diseñado de forma que cupiese a bordo de un avión de transporte táctico Hercules, en lugar de necesitar a la aviación estratégica (C-17 y C-5) como sí ocurría con el M270. Se entiende mejor así el impulso dado al demostrador tecnológico ACTD desarrollado desde 1996 por Lockheed Martin, ya que era un proyecto con un riesgo tecnológico realmente bajo -empleaba el sistema de lanzamiento del M270 simplificado y un chasis Oshkhosh ya en servicio y unas posibilidades enormes en un mundo que vivía el “momento unipolar”.

En resumen, el HIMARS que conocemos es la máxima expresión de su tiempo al unir en una misma plataforma la movilidad estratégica, la relativa simplicidad -recordemos que por la misma época también se estaba fraguando en los EE. UU. la “Revolución en los Asuntos de Negocios” que buscaba entre otras cosas abaratar costes-, el alcance y la precisión, combinando así algunos de los mejores frutos de la RMA de la Información.

En el caso del M142 HIMARS, las coordenadas para el ataque se pueden introducir a distancia o bien desde la cabina del camión, a través de la computadora rugerizada que se ve en la imagen. Fuente – Ken Shirrif.

Características del M142 HIMARS

Después de tanto tiempo, los datos técnicos del M142 HIMARS son de sobra conocidos. No obstante, creemos adecuado ofrecer algunas breves explicaciones sobre las características distintivas de este sistema, de forma que se entienda mejor el apartado relativo a su papel en la doctrina multidominio.

La primera y más evidente, es la ligereza, que se asocia con una gran movilidad estratégica. Con un peso de menos de 17 toneladas en orden de combate y un tamaño contenido gracias a su chasis 6×6, puede ser transportado por los aviones de transporte táctico C-130 Hercules de la USAF, sin necesidad de empeñar los pesados y valiosos C-17 o C-5. La ventaja obvia es la de poder aterrizar en pistas más cortas e incluso sin asfaltar. Además, puede hacerlo sin preparación, ya que únicamente es necesario subir el HIMARS a la bodega de carga por la rampa trasera y colocar las fijaciones, sin necesidad de desmontar componentes o de hacer ninguna operación aparatosa. De esta forma, un M142 puede ser subido al avión, transportado a su destino, y una vez allí, hacer fuego en apenas 15 minutos, con lo que teóricamente podría moverse después a otra ubicación y repetir la operación. El problema aquí es que en este caso los módulos con las municiones de recambio deberían ser transportados en otro avión, aunque dependiendo del contexto podría ser rentable para el US Army operar de este modo. En cualquier caso, más allá de la posibilidad de atacar, el hecho de ser transportable en los Hercules permite que, en caso de avería o problemas de cualquier tipo, pueda ser evacuado a tercer escalón con relativa facilidad. También ser abastecido una vez desplegado, pues los módulos con las municiones pueden ser transportados también mediante Hercules a su destino.

M142 HIMARS a bordo de un avión de transporte C-17 Globemaster. Fuente - Guardia Nacional de los EEUU / Tech. Sgt. Patrick Evenson.
M142 HIMARS a bordo de un avión de transporte C-17 Globemaster. Fuente – Guardia Nacional de los EEUU / Tech. Sgt. Patrick Evenson.
Con ligeras adaptaciones, como desinflar los neumáticos, el M142 HIMARS también puede ser transportado a bordo de un C-130 Hercules. Fuente – USMC / Sgt. Sarah Stegall.

La segunda característica distintiva del M142 HIMARS es la versatilidad. Estamos acostumbrados a ver cómo el Ejército ruso o incluso el español en tiempos de los extintos Teruel, cargaba en los tubos de sus lanzacohetes unos pocos tipos de munición y generalmente no guiada. Además, la propia operación de recarga solía ser engorrosa, dependiendo de la pericia del personal para hacer un poco más rápido el proceso de introducir uno a uno los nuevos cohetes en la lanzadera. Así, por ejemplo, en el caso de un BM-21 Grad, tres operarios deben sacar cada cohete de una caja de madera, llevarlo al lanzador e introducirlo manualmente en el tubo una y otra vez hasta completar el mismo proceso con cada uno de los 40 cohetes de 122mm.

A esto se suma el hecho de que en Rusia las cargas militares no van paletizadas, con lo que deben viajar en la caja de un camión sin en el que han sido subidas una a una, han de ser desmontadas y apiladas en el suelo para que el camión haga un nuevo viaje al depósito de municiones más cercano y han de ser manejadas individualmente generando un importante volumen de desechos en forma de embalajes -aunque estos suelen ser empleados por los soldados para alimentar hogueras, entre otras cosas-.

En los M142 HIMARS, por el contrario, los cohetes se transportan en módulos de seis cohetes de 227mm o de un misil cuando hablamos de los ATACMS -que serán dos cuando comiencen a recibir los nuevos Precision Strike Missile (PrSM)-. Cada camión de transporte puede transportar hasta cuatro módulos -ocho en el caso de ser articulado-, con la ventaja de que el proceso de recarga consiste en cambiar un módulo por otro mediante el sistema automatizado que incorpora cada M142, sustituyéndolos en cuestión de minutos, con seguridad y con el concurso de únicamente dos operarios. Por otra parte, los HIMARS admiten una amplia panoplia de municiones, tanto guiadas como no guiadas y dotadas de distintos tipos de cargas, incluyendo bombas de racimo o las más novedosas M30A1 que prescinden de las submuniciones para sustituirlas por 180.000 bolas de tunsgteno de pequeño tamaño.

Lo más interesante es que desde la incorporación de las municiones GMLRS -de las que se han producido más de 50.000 hasta la fecha-, la precisión y el alcance de estas han transformado a los HIMARS en armas quirúrgicas. Con una tasa de acierto de más del 98% -recordemos que hay fuentes que dan a los misiles rusos una tasa inferior al 50%- y con un alcance que en las variantes ER (Extended Range) supera los 135 kilómetros, el M142 y el M270 se han convertido en el complemento perfecto -y en algunos casos barato- a los misiles de crucero o a los kits JDAM. En el caso del ATACMS, el alcance crece hasta los 300 kilómetros, lo que dota de un componente estratégico a estos lanzacohetes, que se verá ampliado notablemente con la llegada el próximo año del PrSM, capaz de llegar a 499 kilómetros -que podrían ser muchos más si se deslimita, pues el diseño se hizo pensando en el tratado INF que ya no está en vigor-.

M142 HIMARS y misiles ATACMS. Fuente - Mariusz Burcz.
M142 HIMARS y misiles ATACMS. Fuente – Mariusz Burcz.

La tercera es la precisión. Cuando hablamos de la munición GMLRS, pues no hay vuelta atrás en este campo, hablamos de precisiones del orden de 2-2,5 metros de circulo de error probable, aunque las especificaciones exigidas al contratista principal (Lockheed Martin), fuesen de 15 metros. Más allá de la eficacia inherente a semejante precisión, están las dos consecuencias lógicas: reducción de daños colaterales y economía de medios. Lo primero es cada vez más importante, pues como vemos desde Tormenta del Desierto, pero muy especialmente en los conflictos de Oriente Medio y ahora en Ucrania, cada vez que uno de los bandos lanza un ataque en el que mueren civiles, las imágenes inmediatamente recorren las redes sociales, pues se convierten de forma automática en un arma en la batalla por el relato. Lo hemos visto de forma recurrente durante los bombardeos rusos sobre Mariúpol, por ejemplo, o los ucranianos en el caso de la ciudad de Donetsk.

De esta forma, en la medida en que un bando pueda evitar los daños colaterales, contará con una ventaja no decisiva, pero sí cada vez más relevante. Respecto a lo segundo, no hace falta explicar que una menor huella logística es una ventaja en sí misma. Así, los HIMARS pueden ser desplegados con relativamente pocos medios como hemos visto, lanzar golpes que pueden ser muy importantes o incluso decisivos en varios niveles y salir del teatro de operaciones de la misma forma. Además, en caso de permanecer en área, pueden ser abastecidos con la misma sencillez, sabiendo que en lugar de necesitar decenas o centenares de cohetes de 227mm al día, basta con los módulos que puede transportar el camión de reabastecimiento.

Camión de reabastecimiento HIMARS. Fuente - US Army / Sgt. Aaron Ellerman.
Camión de reabastecimiento HIMARS. Fuente – US Army / Sgt. Aaron Ellerman.

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6 Comments

  1. Sin querer ser un fastidio….ha faltado el chu-moo coreano del sur, que parece ser ha vendido algunos a Polonia.
    Por cierto, me lo ha parecido o ciertamente Escribano esta coparticipando en dos sistemas distintos.. ahí lo dejo.
    Buen artículo y bien ilustrado..
    Un saludo.

  2. Efectivamente, Escribano está participando en dos de los candidatos al SILAM, según parece. Respecto a lo otro, no es el único que nos hemos dejado en el tintero, son unos cuantos, pero el artículo ya era demasiado extenso. Quizá algún día hagamos otro específico que sea más comparativo, con tablas y demás…

  3. Hola, soy nuevo en el sitio. Asombrado por la calidad de los artículos.

    Por favor, ¿hay datos de cuántos Himars tiene EEUU? Porque en algún lugar había leído que cuenta con 400, pero no recuerdo dónde. Y el otro día discutiendo en un foro con un pro ruso me dijo que EEUU no le podía dar más que los 16 + 18 que ya le había dado.

    Muchas gracias.

  4. Gracias por sus palabras. El US Army aspira a tener alrededor entre 500 y 550 HIMARS para 2028 (las fuentes varían). Han aumentado la tasa de producción anual. En 2020 ya disponían de 363 HIMARS, con lo que a pesar de las donaciones es posible que se muevan en esas cifras o incluso alguno más.

  5. Como siempre magnifico articulo.
    Cuantos Himars o plataforma parecida serian los ideales para nuestro ET?
    Seria idoneo para la sustitucion de los Hawk en el Regimiento de Artilleria de Costa?
    Gracias por lo que haceis por dar a conocer la Defensa en nuestro pais.

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