La carrera de armamentos entre Marruecos y Argelia

El modelo de acción/reacción

Entre Marruecos y Argelia existe una importante competición estratégica que requiere de un análisis. Como es bien sabido, la carrera de armamentos es una “variable fundamental en la estabilidad estratégica internacional que sirve de posible predictor de conflictos armados entre países” (Colom, Pulido y Guillamó, 2021, p. 19). La relación entre la carrera de armamentos y la guerra es una cuestión importante dentro de los estudios estratégicos que está aún por resolver, ya que el incremento de los gastos militares para obtener una ventaja frente a un adversario no es algo nuevo (Gibler, Rider y Hutchinson, 2005, p. 132). Es evidente que existe una carrera de armamentos entre Marruecos y Argelia que responde a una serie de motivos que se verán a lo largo de este trabajo. No obstante, antes será necesario precisar el concepto y para ello serán de buena ayuda las explicaciones dadas por Barry Buzan en el ya clásico Introducción a los estudios estratégicos.

La carrera de armamentos

Estamos ante un concepto muy controvertido. Según Buzan, “el término sugiere una rivalidad militar autoestimulada– entre los países, según la cual los esfuerzos que los estados realizan para defenderse de los demás provocan un aumento de las amenazas que en sí plantean los unos a los otros”. Este autor recoge una serie de definiciones del concepto entre las que destacan la de Barry H. Steiner, quien lo explica como “el ajuste repetido, competitivo y recíproco de la capacidad para hacer la guerra” entre dos países o dos “bloques de naciones”. También incorpora la definición dada por Samuel P. Huntington en 1958, quien lo describía como “un incremento de armamentos en tiempos de paz, progresivo y competitivo, entre dos estados o coaliciones de estados, que surge bien como resultado de un choque de intenciones o bien del temor mutuo”. Interesante es también la interpretación de Colin S. Gray, que lo definió como “dos o más grupos que, percibiendo que entre ellos existe una relación de hostilidad, incrementan o mejoran sus armamentos con rapidez” (Buzan, 1991, pp. 97-98). No se puede obviar tampoco la definición dada por Gibler, Rider y Hutchinson, ya aparecida en esta revista en otra ocasión: “Una carrera armamentística es una competición interactiva entre dos estados rivales, usando el poder de sus fuerzas armadas. La competencia tiene lugar por cuestiones específicas, ya que ambos estados buscan la resolución de una reivindicación territorial, de régimen o política” (2005, p. 136).

Los estudios sobre las carreras de armamentos se iniciaron en buena media en 1960 con Lewis F. Richardson, quien fue el primero en analizar las carreras armamentísticas competitivas, sosteniendo que uno de los rivales llegaría a un punto de agotamiento que forzaría un ataque. No obstante, Bueno de Mesquita indicó que el modelo de Richardson no explicaba la razón por el que el agotamiento de un país hace que ataque a otro, “en lugar de simplemente abandonar la carrera de armamentos” (Gibler, Rider y Hutchinson, 2005, pp. 132). Es un concepto fundamental dentro del pensamiento estratégico, pero que genera bastantes controversias debido a la “ambigüedad de la frontera que separa las condiciones normales de anormales” (Buzan, 1991, p. 98). Será Michael D. Wallace (1976) el primero en proporcionar un examen empírico de la carrera armamentística, al definirla como “un crecimiento muy rápido y simultáneo de los gastos militares que supera un determinado umbral cuantitativo durante los diez años anteriores al inicio de la carrera” (Gibler, Rider y Hutchinson, 2005, pp. 132).

Se está ante un término impreciso y que puede llevar a malentendidos, ya que definiciones del mismo, como la aportada por Gray, pueden referirse tanto a la proliferación nuclear como a las compras de armas por parte de grupos terroristas. En el caso que nos ocupa habría que ver si hay algo más que una mera competición entre Argelia y Marruecos por la compra de armas, algo que Buzan denominó “carrera de armamentos”[1]. Siguiendo con Buzan, el término de carrera de armamentos haría referencia a un proceso de una intensa competencia militar que contrasta con la situación normal “en las relaciones militares entre países que no se encuentran en guerra”. Pero si su significado se amplía de tal manera que alcanza “todas las relaciones en tiempos de paz, pierde la capacidad de designar la competitividad militar anormalmente intensa” (1991, p. 102). Ahora bien, ¿podría desembocar esta carrera armamentística entre Argelia y Marruecos en un conflicto convencional a gran escala? Se plantea aquí un dilema de seguridad difícil de responder y que requiere un análisis pausado.

Por otro lado, existen tres modelos que estudian la carrera de armamentos y sus dinámicas. El primero es el clásico de acción/reacción, del que parten buena parte de las definiciones de carrera de armamentos y que tiene por premisa fundamental que “los estados refuerzan su armamento al sentirse amenazados por otros”. En suma, si un país aumenta su poderío militar, esto supone a ojos de otros estados una amenaza que les obliga a incrementar su propia potencia militar. El segundo modelo es el de la estructura nacional, que busca entender la dinámica de armamentos en el funcionamiento “interno económico, político u organizativo de los estados”. El último modelo es el del imperativo tecnológico, basado en el “proceso general de mejora tecnológica cualitativa” (Buzan, 1991, pp. 104-107).

Fragata clase Meko A200 de la Armada Argelina.

Indica Buzan que el modelo de acción/reacción se centra en que los países deciden armarse para “incrementar su poder y alcanzar objetivos políticos contrarios a los intereses de los demás”. Algo que ya se vio en Europa no hace mucho con la carrera armamentística entre la marina británica y la alemana antes de la Gran Guerra. La Alemania del Kaiser Guillermo II decidió construir una gran marina de guerra, lo que provocó la reacción británica, temerosa de perder su dominio marítimo, produciéndose así una clara dinámica del modelo de acción/reacción (Buzan, 1991, p. 108). Al igual que hoy día se está produciendo una carrera armamentística sobre todo en el plano naval entre la República Popular de China y Estados Unidos (EE. UU.) que puede desembocar en un enfrentamiento armado de insospechadas consecuencias.

Como se verá más adelante, en muchos aspectos esto es lo que parece estar sucediendo entre Argelia y Marruecos. Ahora bien, los aumentos de las capacidades militares de ambos pueden ser utilizados tanto con fines defensivos como ofensivos. Y ahí es donde puede estar el problema, ya que Marruecos o Argelia pueden cometer un error de apreciación de nefasto resultado. Es, en definitiva, algo que ya señalaba Buzan al explicar este modelo clásico en el que las “consecuencias de un error de apreciación pueden ser fatales”, por lo que la prudencia obliga a un país a “ponerse en el peor de los casos y adecuar sus medios militares a los de las demás naciones”. Esto conduce irremediablemente a que para el otro país una “adecuación” suponga una potencial amenaza. Se produce de esta manera lo que se conoce como dilema de seguridad, por el que se “designa a todo el cúmulo de circunstancias que dan lugar a esta tendencia”. Y es un dilema debido a la dificultad para los estados de “tomar medidas que refuercen su seguridad sin hacer que otros se sientan más inseguros”. Pero si otros estados se sienten amenazados terminarán por adoptar “medidas que contrarresten las del primer estado, por lo que este, al sentirse presionado, intentará restablecer su ventaja mejorando aún más su armamento”. Según Buzan, esta explicación del dilema de seguridad estaría cercana a la del modelo de acción/reacción (Buzan, 1991, pp. 110-111).

El dilema de seguridad, que tanto se parece al modelo de acción/reacción, es, por tanto, y como señala Javier Jordán, una situación que se produce cuando “un actor, tratando de mejorar su seguridad, adopta medidas que sin pretenderlo son consideradas como amenazantes por otro actor que, al reaccionar, perjudica la seguridad del primero”. Como señaló Herzl en su ya clásica definición de este fenómeno: “Es una situación en la que los esfuerzos de los estados por mejorar su seguridad tienden, de manera no intencionada, a aumentar la inseguridad de otros, ya que cada uno interpreta como defensivas sus propias acciones y como potencialmente amenazantes las de los otros (Jordán, p. 2013, 181). El dilema de seguridad es una de las más importantes teorías en el campo de las relaciones internacionales. Desde que Herbert Butterfield, John Herz y Robert Jervis desarrollaron el concepto, este se ha extendido y aplicado “para abordar muchas de las cuestiones más importantes de la teoría de las relaciones internacionales y la política de seguridad” (Tang, 2009, pp. 587-589).

El modelo de acción/reacción es aquel por el que los estados aumentan sus capacidades militares como respuesta a las compras de armamentos realizadas por países rivales, que es lo que ocurre entre Marruecos y Argelia[2]. El reciente rearme marroquí está llevando a un equilibrio militar con Argelia, pero este no será duradero, ya que Marruecos busca alzarse como potencia militar del Magreb frente a Argelia. Este equilibrio militar momentáneo podría inducir a pensar que aseguraría la paz en la región mientras se mantuviese. No obstante, como advierten los estudios estratégicos “bajo ciertas circunstancias, el equilibrio militar es más inestable que las situaciones de clara preponderancia por una de las partes”. Además, las constantes disputas regionales entre ambos estados pueden ser un factor desencadenante de un conflicto, ya que las contiendas territoriales son uno de los “factores que incrementan la posibilidad de que una carrera de armas desemboque en una guerra” (Colom, Pulido, Guillamó, 2021, pp. 19-21). En sus orígenes el dilema de seguridad era “no intencionado”, ya que un auténtico dilema de seguridad “se produce entre estados que buscan su seguridad sin pretender amenazar a los demás” (Jordán, 2013, p. 182). ¿Es este el caso sucedido entre Argelia y Marruecos? Todo parece indicar lo contrario, porque la acumulación de poder militar en ambos países es visto también como una amenaza. Y esto puede terminar en una espiral de tensión entre ambos que desemboque en una guerra. Sería el modelo en espiral del que hablaba Diehl, “indicativo de una conexión más peligrosa entre el aumento de las armas y la guerra” (1983, p. 205).

Argelia cuenta en la actualidad con ocho submarinos. De estos, los más modernos 636M y 636.1 tienen capacidad de ataque a tierra gracias a sus misiles de crucero Club-S.

¿A qué responde el rearme marroquí?

Marruecos puede considerarse como una potencia media que busca una supremacía regional que hasta el momento se haya en manos de su rival Argelia. Se rompería de esta manera el statu quo y se generaría una conflictividad regional en el marco del entorno multipolar actual. Hasta hace poco la supremacía militar estaba del lado argelino, pero el proceso modernizador emprendido por Marruecos desde el 2017 puede que termine por desbancar a Argelia. Ahora bien, ¿a qué responde este rearme marroquí? Por un lado, a la busca de la hegemonía militar en la región, pero también obedece a la modernización militar argelina desde 2006. Es decir, una dinámica de acción/reacción en el que el elemento distorsionador serían las fuerzas armadas tanto desde una dimensión cuantitativa como cualitativa. Así, ante una dinámica de acción/reacción en términos militares, los gastos armamentísticos se convertirían “en un elemento distorsionador de las relaciones entre países, aunque también pueden ser usados como medida de esta interrelación” (Buzan, 1991, p. 114). Cabría preguntarse si Argelia en 2006 o Marruecos recientemente fueron conscientes del impacto que producen en su rival con estos rearmes, ya que el modelo de acción/reacción “subraya los peligros que corren aquellos actores que desconocer el alcance de su impacto sobre los demás” (Buzan, 1991, p. 125). Como es lógico, también se puede estar ante un proceso intencionado que busca alterar el equilibrio militar y que conlleva unos riesgos que pueden terminar en un conflicto entre ambos países.

El gasto militar argelino en 1998 era de 2081 millones de dólares frente a los 1980 de Marruecos. Se observa un relativo equilibrio entre los dos países, que estaban todavía lejos de Egipto, que gastaba ya 3384 millones de dólares. Será a partir de 2004 cuando Argelia supere la cifra de los tres mil millones de dólares, cifra que no alcanzó Marruecos hasta 2008, año en el que Argelia ya rebasaba con creces los cuatro mil millones. Desde 2009 el gasto militar argelino no hizo más que crecer, hasta duplicarse en 2014 y descender levemente por debajo de los diez mil millones entre 2017 y 2018, para volver a crecer en 2019 (10 304 millones de dólares) y mantenerse por debajo de los diez mil en los años siguientes. Por su parte, Marruecos ha ido aumentado sus gastos muy levemente, pero sin pausa, hasta alcanzar los 4831 millones de dólares en la actualidad[3]. Ambos países acaparan más de la mitad del total de importaciones de armas en África (Moral, p. 2017), siendo Marruecos socio preferente de EE. UU. en la región, país al que está comprando la mayor parte de su nuevo armamento y, en menor medida, a Francia. Por su parte, Argelia compra sobre todo material militar ruso y también chino. Y en esta carrera de armamentos no hay que olvidar la influencia que en ella tienen los principales proveedores de armas, lo que no sería más que un reflejo de la rivalidad entre EE. UU. y Rusia, algo de lo que ya habló Buzan al indicar que las dinámicas de armamentos secundarias son, en cierta medida, “reflejo de la rivalidad entre grandes potencias” (1991, p. 181).

Como se puede comprobar con estos datos, Argelia tiene todavía un mayor gasto militar que Marruecos, pero las últimas adquisiciones de este último país son una clara demostración de buscar la supremacía regional frente a un rival con el que mantiene una larga historia de disputas que se remonta a la Guerra de las Arenas y que en la actualidad pivota en torno a la cuestión del Sáhara. Problema que se ha reactivado desde que Donald Trump reconociese la soberanía marroquí sobre el Sáhara en 2020. A lo que se sumaría el reciente cambio histórico en la tradicional posición española sobre esta región. Ejemplos más de la inteligencia con la que se mueve Marruecos en el contexto internacional, como también quedó reflejado en su unión a los Acuerdos de Abraham con Israel. Este acercamiento entre ambos estados será clave, porque permitirá aumentar las compras militares a este país. Por otro lado, es necesario destacar que Marruecos se puede permitir unos importantes gastos en defensa es en buena parte gracias a la ayuda de EE. UU. y de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) (Echeverría, 2015, p. 16).

F-16D Block 52 marroquí durante los ejercicios African Lion 2018. Fuente – Departamento de Defensa de los EEUU.

Hasta fechas relativamente recientes, Argelia había podido invertir más en armamento gracias a la venta de petróleo. Sin embargo, en los últimos años no ha habido aumentos debido a dificultades fiscales que “redundaron en una grave crisis política en 2019” (Colom, Pulido y Guillamó, 2021, p. 20). Argelia dedica un 6.66 por ciento de su Producto Interior Bruto (PIB) a defensa y Marruecos lo ha aumentado hasta el 4.28 por ciento. Hay que tener en cuenta que disfruta de una economía más diversificada que la argelina y que es la quinta economía del continente. Además, como se indica en el International Institute for Strategic Studies (IISS), los países que desplegaron con mayor rapidez programas de vacunación contra la COVID-19, como fue Marruecos, obtuvieron mejores datos económicos que aquellos que no lo hicieron (2021, p. 324).


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