Contrainsurgencia en Afganistán II

En esta segunda entrega sobre la contrainsurgencia en Afganistán nos trasladaremos a la que es considerada como la región más peligrosa de Afganistán, tanto en guerra, como en los escasos periodos de paz. Los lectores podrán comprobar cómo realmente existió una estrategia exitosa para combatir a la insurgencia. Contrariamente a todo lo escrito por la prensa y visualizado en las pantallas de los cines y la televisión, en los primeros años de presencia militar occidental hubo un atisbo de esperanza de paz y desarrollo en la zona. Ambos fueron desperdiciados, tanto a nivel político como en los pasillos del Pentágono. Esta es la historia de esos años, preludio del infierno en que se convertiría un valle de una belleza indescriptible.

En muchas facetas de la vida militar hay aspectos que nunca han cambiado a través de los siglos. Una constante que se repite es el momento en el que un soldado conoce el destino al que su unidad ha sido enviada para combatir al enemigo. Como suele ocurrir siempre, en los días previos habrán circulado numerosos rumores contradictorios sobre las intenciones del mando, con posibles anulaciones y cambios de última hora. Cuando por fin llega la confirmación oficial y se hace público, lo primero que suele hacer el interesado es intentar situar en un mapa la posición exacta a la que será trasladado, que usualmente se tratara de una ubicación totalmente desconocida, donde sin duda vivirá momentos que marcaran para siempre su experiencia vital.

No es de extrañar que los mismos sentimientos fuesen compartidos tanto por un soldado romano a punto de marchar hasta la frontera con los territorios de las tribus de los pictos, como por un soldado estadounidense a punto de embarcarse para jugarse cada día la vida, durante cerca de un año, combatiendo a los talibanes en la temida frontera Este entre Afganistán y Pakistán.

A principios del siglo XXI, nombres hasta entonces jamás escuchados como el de Pech, Korengal, Wanat o Kamdesh, se convertirían en referencias obligadas en el pulso bélico que, en ese perdido rincón del planeta, mantendrían durante dos décadas dos formas bien distintas de hacer la guerra. Una facción moderna con un poder militar abrumador, contra una guerrilla poco sofisticada y con armas diseñadas hacía varias décadas. El resultado ya es por todos conocido, pero hagamos un poco de historia y analicemos el desarrollo de los acontecimientos.

Tras la victoria de la denominada Alianza del Norte y de las fuerzas estadounidenses sobre los talibanes, aquellos huyeron a Pakistán llevándose consigo el gobierno teocrático que durante un lustro había torturado a sus ciudadanos. En su retirada buscaron refugio camuflándose entre la masa de población Pastún que vive en los dos lados de la frontera común, tal y como veinte años antes habían hecho cuando los entonces denominados muyahidines luchaban contra las tropas rusas y sus aliados afganos.

Fue precisamente entonces, apenas libres de la amenaza de aniquilación, cuando recibieron un inesperado balón de oxígeno de su principal enemigo: el presidente de los Estados Unidos de América. Al pensar que sus fuerzas militares habían logrado una aplastante victoria frente a los talibanes, hasta el punto de hacerlos irrelevantes y previsiblemente no constituir ninguna amenaza para el gobierno establecido de Hamid Karzai, el máximo responsable estadounidense y sus altos mandos militares decidieron que el siguiente paso en la denominada “Guerra Contra el Terrorismo” sería derrocar al tirano iraquí Saddam Hussein, trasladando con ello el foco bélico internacional miles de kilómetros hacia el Oeste.

El posterior estancamiento de los ejércitos occidentales en Irak hizo que cada vez hubiera que dedicarle más tropas y recursos, teniendo como consecuencia que, dentro del Mando Central estadounidense (CENTCOM), las necesidades del teatro de operaciones afgano perdieran prioridad.

Apenas un puñado de tropas convencionales quedaron en el país, sobre todo para proteger las vitales vías logísticas, bases y aeropuertos, teniendo que encargarse las fuerzas de operaciones especiales de la tarea de estabilizar el nuevo gobierno interino afgano, acabar con los restos dispersos de oposición armada y preparar al país para unas elecciones presidenciales, cuya fecha prevista de celebración se estableció en octubre de 2004. Confirmado Karzai como presidente, el siguiente hito en el intento de normalizar el país serían las elecciones parlamentarias a realizar en septiembre de 2005.

Fue en ese marco político cuando las tropas de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF por sus siglas en inglés) comenzaron a salir fuera de las zonas próxima a la capital afgana, para repartirse por el resto de provincias, implantar las estructuras políticas del poder central y apuntalar a los gobernadores nombrados en Kabul.

Mapa de la distribución de las fuerzas de la ISAF en Afganistán a inicios de 2007

Por supuesto sus enemigos no tenían la más mínima intención de quedarse cruzados de manos. Una vez a salvo en Pakistán, empezaron a reagruparse y reorganizarse, entrenar a nuevos reclutas y mandarlos en pequeños grupos a través de la siempre permeable frontera, para así comenzar sus campañas de actividad insurgente al otro lado del país vecino. Como “carne de cañón” volvieron a estar disponibles cantidad de jóvenes pastunes provenientes de familias numerosas que, incapaces de alimentarles, enviaban a sus hijos a ser educados en las numerosas madrasas extremistas.

De nuevo tomaron auge las antiguas redes mafiosas que extendían sus tentáculos aprovechando el conflicto armado. Los clásicos talibanes, la infame red Haqqani, las distintas facciones de Hezbe-e Islami (Partido Islámico) como la de Gulbuddin Hekmatyar (HIG) o Mulavi Yuonas Jalis (HIK), todos competían por escalar en el poder usando sus acciones más allá de la frontera para obtener apoyo entre la población pastún de Pakistán, controlar un territorio y supervisar todo tipo de negocio (licito e ilícito) gracias al poder consustancial que les daban sus hombres armados.

Y moviendo los hilos detrás de la cortina, los omnipresentes miembros de la Dirección de Inteligencia Inter Servicios (ISI) pakistaní, embarcados en su juego mortal de alimentar a sus criaturas según su conveniencia, con el riesgo de que algunas adquieran ambiciones particulares, se les vayan fuera de control y puedan acumular tanto poder como para tener la capacidad de desestabilizar a una nación con más de un centenar y medio de artefactos nucleares.

Los iranies comenzaron a extender su influencia en toda la zona oeste de Afganistán, con la intención de repeler la que para ellos era una muy molesta presencia de miles de tropas de países occidentales en su frontera. Además, trataban de proteger a la históricamente perseguida minoría hazara, que procesa la vertiente chiita dentro del islam.

En las provincias del sur como Nimroz, Helmand, Kandahar o Zabul, los propiamente denominados talibanes del Mulá Omar desafiaron a las tropas británicas, canadienses y holandesas del Regional Command (South), formando un gobierno en la sombra para cada provincia, amenazando de muerte a los funcionarios del gobierno central y creando tribunales rápidos que impartían justicia según la ley islámica de la sharía descrita en el Corán. Además, daban cobertura a los agricultores que cultivaban amapolas y a los traficantes de opiáceos, a los que protegían a la vez que imponían tasas con las que se financiaban en parte.

Al sur de la capital afgana se encuentran una serie de provincias en las que operaba la peligrosa red criminal Haqqani. Con gran apoyo del ISI, además de históricos lazos con al Qaeda, buscaron hacerse con el control de los territorios de la histórica región conocida como Gran Paktia que comprendía las actuales provincias de Paktia, Loya, Paktika, Khost, Ghazni y Logar.

Zonas de actuación de las milicias contrarias al gobierno afgano. Institute for the Study of War.

Desde bases como la de Zhawar, empleadas en la época de la lucha contra los soviéticos, los miembros de la organización antigubernamental volvieron a las tácticas que tan buen resultado les habían dado en los años ochenta. Un primer objetivo era bloquear la carretera de montaña que une Gardez con Jost, para así aislar esta última localidad y forzar el envío de suministros por rutas en las que los convoyes de ayudas eran muy vulnerables a las emboscadas.

Con gran ambición y sentido estratégico, un segundo objetivo era cortar la carretera que une la Kabul con el oeste del país, para aislar al gobierno e impedir que extendiese su influencia más allá de la capital. Por último, sus actividades llegaban a las provincias del norte como Mazar i Sharif, donde financiaban partidas de milicianos que atacaban a símbolos o personas que identificasen con la acción gubernamental.

Proveniente de un exilio forzado en Irán para huir de los talibanes, en 2002 Gulbuddin Hekmatyar – fundador en 1975 del partido islamista Hizb-i Islami – volvió a Pakistán dispuesto a redimirse con sus anteriores enemigos. Con apoyo del ISI pudo volver a organizar un poderoso grupo de insurgentes que, con base en las provincias de Nangarjar, Laghman, Kunar y Nuristán, atacaba la ruta que circula desde Kabul hasta llegar a la frontera con Pakistán empleando las tácticas usadas 20 años antes contra los rusos.

Es en este territorio donde se centró gran parte de los combates que se describen en este artículo. Intentaremos explicar el tipo de contrainsurgencia que emplearon los estadounidenses para impedir la acción de las milicias y analizaremos el motivo de su fracaso.

Obviamente no se puede pretender abarcar todos las actividades y combates que tuvieron lugar durante casi dos décadas, así que nos ceñiremos a los ejemplos protagonizados por varias de las unidades que estuvieron destinadas en esta recóndita región, empeñadas en una lucha contra un enemigo que no perdonaba ningún error y que, a pesar de la escasez de sus recursos, usaban diestramente de manera estratégica y táctica todas las posibilidades que podían jugar a su favor, como son la dura geografía y la cercanía de la frontera con Pakistán.

Ruta suministro para la ISAF desde Quetta, en Pakistán, hacia las provincias occidentales del RC(S). La imagen lo dice todo. Fuente – RadioFreeEurope.

El campo de batalla

La principal ruta entre Afganistán y Pakistán es la carretera que en su mayor parte circula paralela al rio Kabul y que, tras pasar por el paso fronterizo de Khyber, une la capital afgana con Peshawar, ciudad principal de la etnia pastún pakistaní. Esta última población ha crecido sustancialmente en los tiempos modernos, pasando en un siglo de casi cien mil habitantes a más de dos millones en la actualidad, muchos de ellos debido al éxodo de refugiados afganos de la época de la intervención soviética en el país vecino y al originado durante el caótico gobierno talibán de finales del siglo XX.

Mapa de la frontera Este de Afganistán. Fuente – Institute For the Study of War.

Durante los años de guerra contra los rusos, dicha carretera fue el objetivo principal de ataques de los muyahidines a los convoyes de tropas y mercancías que se aventuraban a circular por la zona. Si sus enemigos organizaban una operación a gran escala para acabar con ellos, los guerrilleros lo que hacían era replegarse y aprovechar el complejo de cuevas de Tora Bora, establecido como base logística avanzada donde tratar a sus heridos, reorganizarse, amunicionarse y esperar a que la presión rusa disminuyese. Entonces volvían a la acción atacando una vez más a los vehículos que usasen la carretera.

Para los mandos de la coalición occidental estaba claro que, una vez reinstalados en el país vecino, los talibanes volverían a intentar la estrategia de estrangular dicha ruta logística, que tenía como nodo central a la ciudad de Jalalabad, situada a mitad de camino entre Kabul y la frontera. Para enfrentarse a la amenaza se estableció el Regional Command East (RC-E) con cuartel General en la base aérea de Bagram.

Que se avecinaban serios combates quedo claro desde un principio, por lo que pocos países de los aliados que estaban como mero gesto diplomático en Afganistán fueron destinados al RC-E. En su inmensa mayoría se emplearon tropas estadounidenses bajo mando propio, con la misión de defender, mediante una serie de bases a lo largo de la frontera, todas las rutas de infiltración provenientes de Pakistán con destino a Afganistán.

Aun así, quedaba todavía una zona por la que históricamente los muyahidines se habían infiltrado en Afganistán. A las cercanías de la ciudad de Jalalabad llega un afluente del rio Kabul procedente del Norte. Se trata del rio Kunar, que trae el agua de las zonas montañosas de las provincias de Nuristan y Kunar.

Para vigilar esta ruta se estableció en la primavera de 2003 la denominada Base de Operaciones Avanzada Wright (Forward Operating Base Wright o FOB Wright) en las proximidades de la localidad de Asababad, una ciudad mediana para el estándar afgano, con cerca de cuarenta mil habitantes, donde el rio Kunar recibe como afluente al rio Pech procedente del Oeste.

Uno de los muchos ataques a centros logísticos de la ISAF en Peshawar. Casi el 80% de su logística pasaba por territorio pakistaní, por lo que cuando desde Islamabad interesaba, los talibanes tenían luz verde para poner en aprietos a la coalición internacional.

Como recuerdo de funestas intervenciones anteriores, el campamento había sido ocupado un siglo antes por los ingleses y en los años ochenta los rusos aprovecharon los restos para crear una base denominada Topchi, que llego a ser arrasada en un ataque de los muyahidines en el que mataron a toda la guarnición.  Para sus nuevos propietarios del RC-E, a partir del establecimiento de dicha instalación permanente se abrió la posibilidad de adentrarse a explorar el valle del rio Pech, escenario donde se produjeron algunos de los combates más duros de todo el conflicto afgano en el siglo XXI.

Como se puede observar en la imagen al final de este epígrafe, al trazado del rio Pech llegan perpendicularmente otros ríos menores a través de los valles creados por variaciones en el abrupto terreno, siendo de difícil acceso al estar encajonados entre montañas.

Tal y como refleja Francis Ford Coppola en su película Apocalypse Now, el viaje del capitán Willard en una patrullera remontando el rio Nung, desde la costa de Vietnam hasta el interior de Camboya, era como ir retrocediendo en el tiempo, hasta llegar a un lugar donde el reloj de la historia parecía haberse detenido. Lo mismo les debió de parecer a las primeras patrullas estadounidenses de Rangers del US Army que se internaron a finales de 2002 en el interior de los valles que confluían en el cauce del rio Pech. Apenas existían caminos, siendo el aspecto de los poblados y de los habitantes que los soldados encontraban cada vez más rudimentarios conforme se alejaban de Asadabad, que para la mayoría de personas de la zona era el primer atisbo de civilización moderna, por lo menos comparado con el estándar de la región.

Tan aisladas se encontraban algunas comunidades y tal era la hostilidad inter tribal existente, que muchas veces los poblados del final de un valle eran de una tribu diferente a la existente en la boca del mismo, estando enfrentadas y llegando a tener tradiciones, maneras de ganarse la vida o incluso dialectos completamente distintos entre sí.

Si toda la zona era considerada en un principio hostil, el valle del Korengal tenía una especial fama de peligrosa. Históricamente se han opuesto a cualquier forma de gobierno proveniente del exterior, prefiriendo manejar de forma autónoma sus asuntos internos.

Aunque no tenían por qué tener animadversión especial a los soldados estadounidenses, dado que no habían mantenido ninguna interacción, un hecho aparentemente inocuo fue como la primera pequeña bola de nieve que, al descender por la ladera nevada, llegó a provocar un alud de violencia.

Uno de los pocos recursos para la paupérrima economía de la zona es la recogida de madera, un bien vital en muchas partes de un país que no tiene electricidad para garantizar algo tan básico como es la alimentación y poder calentarse en el invierno. Además, la calidad de los árboles hacía que fuesen un artículo de lujo muy apreciado y demandado por la ebanistería de Pakistán, con el objetivo de exportar muebles de elevado precio para los jeques de las monarquías árabes.

Con el fin de evitar una presunta deforestación, como típico político, el presidente Karzai quiso “regular” el comercio prohibiendo la tala de árboles y designando a un funcionario como responsable de preservar el equilibrio natural. Aprovechando su puesto de empleado público, acudió a los estadounidenses acusando a los habitantes de no pagar sus correspondientes tasas.

Si ya eso era de por si molesto para los montañeses, acabó por indignarles el saber que de manera corrupta dicha persona luego vendía parte de la madera como contrabando en Pakistán. Dado que el funcionario había usado a los americanos como medida de fuerza para obligarles a darles la madera (dadas las barreras lingüísticas no se enteraron del trasfondo de la discusión) como protección ante el abuso acudieron pidiendo ayuda al otro agente con poder y fuerza para defenderles: los talibanes y los miembros de al Qaeda. Desde entonces, al auxiliar a los habitantes de los poblados, ese valle se convirtió en un santuario de terroristas.

Vista aérea de la zona, destacando en rojo el valle del rio Pech, en azul el valle del Korengal y en verde el de Shuryek. Descendiendo por el valle del rio Pech se llega a la ciudad de Asadabad y la FOB Wright. Un poco más allá se adivina el territorio pakistaní.

Primeros despliegues

La obsesión del CENTCOM y de las agencias de seguridad estadounidenses en el año 2002 era la captura de Bin Laden. Frustrados por el modo en que en 2001 había escapado al acoso de los militares en Tora Bora, para a continuación atravesar la frontera con Pakistán, la pregunta que se hacían era obvia: ¿Dónde se ha escondido?

Cegados por la desinformación que les proporcionaba el supuesto aliado pakistaní, quien aseguraba que había vuelto a entrar en Afganistán, dedujeron que podía haberse trasladado a algún territorio afgano que pudiera considerar como un refugio. El primer lugar donde lo buscaron fue en el valle de Shah-i Kot (Lugar de Reyes), en la provincia de Paktia, donde se sabía que durante años habían vivido miembros de al Qaeda de distintos países musulmanes. Contra ellos se dirigió en marzo de 2002 la denominada Operación Anaconda.

Sin encontrar después de la batalla ningún rastro de Osama o sus principales lugartenientes, el siguiente lugar obvio donde poder buscarle eran las también provincias fronterizas de Kunar y Nuristán. Las dos compartían el ser un terreno montañoso – siendo el extremo occidental de la cordillera del Hindu Kush – con picos en la región que se elevan hasta varios miles de metros a partir de los 800 metros de altura sobre el nivel de mar que hay en Asadabad.

¡Vista aérea de FOB Wright, cerca de la ciudad de Asadabad, donde se unen el rio Kunar y el Pech. Observese el globo de vigilancia.

Lo abrupto del terreno, con recónditos valles poblados de bosques de coníferas, lo hacían un lugar idóneo para alguien que quiere evitar ser encontrado. A eso se le añade que, según información de inteligencia, algunos familiares de Osama y varios de sus lugartenientes se habían casado con mujeres de la región, por lo que según la cultura de la zona existían lazos de sangre que obligaban a dar refugio a los perseguidos.

Estas uniones curiosamente eran deseadas por los miembros de a Qaeda, buscando una especie de pureza mitológica, al contraer matrimonio con personas de piel y ojos claros que la leyenda cuenta que son descendientes de los hombres de Alejandro Magno que conquistaron Afganistán, aunque estudios antropológicos consideran que son fruto de migraciones indoeuropeas. Un ejemplo de ese tipo de persona es el de Sharbat Gula, que quedó inmortalizada como portada de la revista National Geographic al ser fotografiada a comienzos de los años ochenta en un campo de refugiados afganos en Pakistán.

A los 49 años, tras ser expulsada de Pakistán y con un previsible oscuro futuro en el Afganistán de los talibanes, a finales de 2021 llegó a Roma como refugiada con gran algarabía de la prensa. Un gesto bienvenido, pero que a la vez denota la hipocresía occidental tratando de lavar su conciencia. Mas le valdría al gobierno italiano haber permitido a sus tropas combatir para que no existiese ningún gobierno talibán del que huir, en vez de ir por Afganistán de figurante, por simple postureo político, esquivando la lucha con la menor excusa.

Sharbat Gula fotografiada por Steve McCurry. Imagen de Canal10.

Buscando a Osama Bin Laden, el Mando Conjunto de Operaciones Especiales (Joint Special Operations Command – JSOC) destaco a varias de sus unidades pertenecientes a distintos cuerpos y organismos como la CIA, Delta Forces, US Army Green Berets (Operational Detachment Alpha-ODAs), 75th Ranger Regiment, SEALs, el 160th Special Operations Aviation Regiment, etc.

La doctrina de empleo era usar a la CIA, con su acceso a recursos de inteligencia de alto nivel, para obtener información. Complementariamente, los distintos ODAs tratarían de conseguir cualquier tipo de dato que condujese a alguna pista sobre la presencia de extranjeros actuando en contra de los intereses del gobierno afgano. Para ello aprovecharían sus misiones de colaboración con la población, con el fin de ponerlos de parte de la coalición internacional, conseguir aliados locales, adiestrarles y actuar conjuntamente con ellos.

Una vez localizado un objetivo, las unidades de intervención como los SEALs o los Delta Force actuarían para neutralizarlo, siendo auxiliados por los miembros del 75th Ranger Regiment como unidad de apoyo y/o fuerza de intervención rápida en el caso de que la reacción enemiga fuese mayor de la esperada. De manera indirecta actuarían los ODAs implicados en la operación, usando a los elementos indígenas con los que han adiestrado para dar una cobertura distante, cerrar las posibles vías de huida del enemigo e impedir que refuerzos contrarios confluyesen en auxilio de sus jefes. Las grandes unidades militares convencionales terrestres tendrían la misión de proteger a los miembros de las fuerzas de operaciones especiales dándoles seguridad en las bases desde las que operan, proporcionado apoyo con fuego de morteros o artillería y en caso de que la situación evolucionase a peor, actuarían como medio de fuerza resolutivo contra el enemigo.

Un esquema típico de esta clase de actuación es el mostrado en la película “Black Hawk Derribado”, cuyos hechos tuvieron lugar en Somalia en el año 1993. Una operación para capturar a un caudillo rebelde en la ciudad de Mogadiscio se fue complicando según se desarrollaron los acontecimientos, teniendo que intervenir todo el espectro de unidades disponibles, hasta que la potencia de fuego de las unidades convencionales se impuso y acabaron con los combates.

El principal motivo para establecer FOB Wright en Asadabad fue para que se desplegaran en el lugar varios ODAs que buscasen información sobre al Qaeda por las provincias de Kunar y Nuristán.

En un principio actuaron en la región tres ODAs simultáneamente, siendo una de ellas la mítica ODA 316 del entonces Captain James Gant. Desde la primavera hasta octubre de 2003, Gant estuvo por la región acompañado por sus hombres, visitando aldeas y hablando con los habitantes de los distintos valles, llegando a establecer fuertes lazos de amistad con una tribu pastún cuyas tierras se extienden a ambos lados de la frontera. Gracias a esa integración con la población local pudo darse cuenta de que la verdadera fuerza que vertebra la sociedad afgana no es el gobierno central, sino las tradiciones tribales.

Fue entonces cuando comprendió que la mejor contrainsurgencia posible era emplear a las tribus como fuentes de poder contra los talibanes y los distintos grupos terroristas. Tras servir en Irak y ser destinado a Estados Unidos, pudo plasmar la idea en un libro titulado “One tribe at a time”. Tal y como contamos en el primer artículo sobre contrainsurgencia, el escrito hubiera pasado inadvertido si no es por el hecho de que al matar en 2011 a Osama Bin Laden, encontraron entre sus pertenencias el libro de Gant con anotaciones escritas a mano, entre las que destacaba la orden directa y expresa de matarlo si tuviesen ocasión.

He de reconocer que en el momento de escribir ese artículo desconocía un hecho crucial. En verdad James Gant no fue el único en entender que contra la insurgencia a la que se estaban enfrentando no era factible enfrentarse mediante batallones de tropas convencionales. Eso era precisamente lo que buscaban los talibanes y Osama Bin Laden, ya que por su propia inercia de actuación los soldados acabarían comportándose como elefantes dentro de una cristalería, provocando que cada vez más gente se alzase en armas contra los estadounidenses y el gobierno de Kabul.

El Captain Gant (segundo por la izquierda) en Kunar con sus hombres. El equipo portado no puede ser más ligero, tal como era el de sus enemigos. Obsérvese el contraste entre el calor que parecen mostrar, con la existencia de cumbres nevadas al fondo. Imagen Wesley Morgan.

ODA 936 y el Captain Fry: Un verdadero guerrero (A true Warrior King)

En el otoño de 2003, conforme los hombres del ODA 316 partían hacia casa deseosos de disfrutar de un merecido descanso, pero inquietos por el futuro de sus amigos afganos, aterrizaba en Bagram el Captain Ronald Fry y los hombres del ODA 936, con indicativo radio Hammerhead (cabeza de martillo), perteneciente al 19th Special Forces Group de la National Guard, con sede en Camp Williams, Utah.

Ronald Fry se había unido al ejército como oficial de infantería en 1996, realizando el curso de combate de unidades pequeñas en la Ranger School. Tras servir en Bosnia dentro de la 82nd Airborne Division, dejo el servicio activo para pasar a la National Guard. El ataque a las Torres Gemelas le sorprendió en la John F. Kennedy Warfare Center and School de Fort Bragg, donde tras acabar el curso quedó pendiente para ser llamado al combate.

Aunque el 19th Special Forces Group estaba especializado para intervenir en el Sureste Asiático, la alta demanda de miembros de fuerzas especiales, con guerras contra la insurgencia activas en dos países simultáneamente, implicó que su unidad fuese activada para ser enviada a Afganistán. Los hombres de Fry en general eran personas maduras, la mayoría casados y con hijos, civiles que desempeñaban distintas profesiones, pero perfectamente entrenados como unidad para el servicio activo.

Tras doce horas de vuelo desde Estados Unidos, con el tiempo justo para aclimatarse en Bagram, los hombres del ODA 936 se reunieron en Camp Vance – un apartado de la enorme base logística – para recibir órdenes de sus mandos del Combined Joint Special Operations Task Force – Afghanistan (CJSOTF-A), responsables para la Operación Enduring Freedom de todas las unidades de fuerzas de operaciones especiales.

Estructura de mando 2003/2005 de las fuerzas estadounidenses en Afganistán.

La CJSOTF-A estaba supuestamente bajo control operacional de la Combined Forces Command – Afghanistan, pero tenía una cierta coordinación táctica con la Combined Joint Task Force 180 (posteriormente la 76). En ciertos momentos del despliegue en el país asiático, llegó a tener cerca de cuatro mil miembros, lo que da una idea de la demanda que existía de ese tipo de personal tan cualificado, algo que no hizo sino empeorar al sumarse los requisitos necesarios para el frente iraquí.

Por la naturaleza de su misión de guerra no convencional, no tenía un área de operaciones especifica, acudiendo donde fueran requeridos según surgieran misiones concretas. Dentro del CJSOTF-A, las fuerzas especiales del US Army tenían un batallón en Kandahar dedicado a la zona sur y otro en Bagram que operaba en el este de Afganistán.

Fue en esa última base, cincuenta kilómetros al norte de Kabul, donde el ODA936 fue informado por el jefe de su batallón, el Lt Col Marcus Custer, de que su destino en los siguientes meses sería el RC(E), y más concretamente FOB Wright, la base establecida hacía meses cerca de Asadabad, a donde llegaron los doce miembros del equipo tras un vuelo de una hora de duración en un helicóptero CH-47D Chinook.

En esos momentos las instalaciones daban alojamiento a casi dos centenares de personas. Pertenecían a una unidad de infantería de la 10th Mountain Division, tres Equipos A (934, 935 y 936), traductores y personal de campo de la CIA, incluido afganos contratados por la agencia a los que llamaban Mohawks (mohicanos) por analogía con la tribu india americana. Con ellos estaba en la base otra unidad, denominada Equipo B, cuya esencial e importante tarea era el apoyo logístico a los miembros de las distintas ODAs. Al mando del Equipo B y de la base de Asadabad se encontraba el Maj. Kimball Hewitt.

Las salidas en patrulla no tardaron en comenzar, disponiendo el ODA 936 de una Toyota Pick Up y tres de los nuevos Humvee con blindaje añadido. Con ellos empezaron a visitar poblados, algunos tan lejanos como el de Kamdesh en Nuristán (donde en 2009 nueve soldados estadounidenses murieron en un ataque) aprovechando cualquier ocasión para parar a charlar con los habitantes del lugar.

Por motivos obvios de seguridad, a los traductores no se les informaba del destino del viaje, por lo que la primera vez que salieron de la base y circularon en sentido norte, la cara de Mashal -el traductor que tenían asignado – cambió cuando tras recorrer varios kilómetros por la carretera giraron a la izquierda para entrar en el valle del rio Pech. Para los propios afganos aquel lugar era muy peligroso.

Y precisamente aquel valle era el que en el reparto con las otras ODAs le había correspondido al Captain Fry como zona de actuación. En total, Kunar y Nuristán tienen casi 14.000 kilómetros cuadrados de superficie, una extensión similar a la provincia de Sevilla, que incluye algunas de las zonas más montañosas de todo Afganistán. En su interior vivían mucho más de medio millón de personas, repartidas sobre todo en pequeños poblados que, de manera continuada, siguen el cauce del rio Pech y el de sus tributarios provenientes de los distintos valles que confluyen en él.

Esa enorme tarea es la que había recaído sobre los hombres del ODA 936. Según los generales responsables en Camp Vance, a partir de ahora serían los ojos y oídos de las fuerzas estadounidenses en la región. Su objetivo principal sería localizar a Osama Bin Laden, el mulá Omar o Gulbuddin Hekmatyar, aunque con los pies en la tierra, pues el que esas personas estuviesen en la zona parecían más bien un deseo que una realidad.

Al que sí que podría ser factible de encontrar era un miembro de al Qaeda en la región conocido como Abu Ikhlas al-Masri “el egipcio” (eso literalmente significa al-Masri) que había viajado a la zona en los años ochenta de la yihad contra los soviéticos, llegando a conocer personalmente a Osama. Al contrario de la mayoría de sus compañeros de entonces, no había dejado el país al acabar la guerra contra los rusos, permaneciendo en el territorio como representante de al Qaeda, reclutando a nuevos adeptos y adiestrándoles para servir a la organización terrorista.

Es preciso en este punto aclarar que por aquellas fechas en Afganistán había algo más de diez mil militares de la coalición internacional, de los cuales gran parte eran personal dedicado a tareas logísticas. De los restantes, la mayor parte eran tropas convencionales dedicadas, más que a patrullar, a defender las bases.

Conforme acababa el mes de octubre el ODA 936 había realizado una docena de expediciones para explorar, familiarizarse con las carreteras de montaña, encontrarse con ancianos en las aldeas y buscar alijos de armamento escondido.

Patrulla del ODA 936 por el valle del rio Pech Imagen Wesley Morgan “The Hardest Place”.

Una de ese último tipo de misiones tuvo lugar a finales de mes cerca del poblado de Shamir Kowt, donde informes de inteligencia suministrados por la CIA informaban de la existencia de armas y municiones almacenadas por un enemigo del gobierno. Según lo dispuesto, los hombres de Ronald Fry montaron un operativo de siete vehículos.

Llegados a la parcela del sospechoso se procedió a realizar el registro con los soldados afganos liderando la operación. Tal y como describía la información suministrada a la CIA por un individuo anónimo, en un rincón de sus terrenos se encontraron más de ochenta granadas de mortero, por lo que se procedió a detener al sospecho y enviarlo a retaguardia para ser interrogado. Los hechos parecen incuestionables, pero en esa parte del mundo, donde las venganzas y represalias son costumbre ancestral, en el fondo la cuestión planteaba una serie de dilemas morales. Podía haberse dado el caso de que un vecino envidioso quisiera deshacerse de un rival colocando municiones enterradas “preparadas” para ser encontradas.

Al final el individuo fue separado de su familia y procesado para ser enviado a Bagram. Eso podía suponer hacerle desaparecer por una temporada muy larga en prisión, a la espera de ser interrogado y juzgado, dejando desprotegidas a su mujer e hijos. En los días posteriores el Captain Fry reconsideró los hechos y llamó a Camp Vance solicitando la liberación del sospechoso, pero dicha persona ya había salido de su esfera de mando y decisión, para convertirse en un número dentro de una estadística fuera de su alcance.

Aunque se hable siempre de lugares remotos e inaccesibles, hechos como el narrado llegan a todos los rincones de manera inmediata, existiendo el riesgo de que los estadounidenses pudieran ser percibidos por la población como gente peligrosa, por lo que en sucesivas misiones el Captain Fry decidió ser más comedido y meditar las decisiones sopesando las consecuencias.

En la mañana del día 1 de noviembre se recibieron en la base mensajes de radio procedentes del pequeño cuartel de los policías afganos en el poblado Shamir Kowt. Rápidamente se organizó una fuerza de intervención (Quick Reaction Force – QRF) de cinco Humvee con una veintena de soldados de la 10th Mountain Division. Dado que el poblado en cuestión estaba en la zona asignada al ODA 936, también ellos se aprestaron para acudir, partiendo con sus vehículos con un cuarto de hora de diferencia.

Imagen de la zona de la emboscada a los soldados.

Apenas llevaban recorridos los primeros kilómetros, ya próximos a girar a la izquierda para adentrarse por la carretera que sigue paralela el curso del rio Pech, cuando por la radio comenzaron a escuchar a los soldados estadounidenses que marchaban por delante de ellos avisar de que habían caído en una emboscada.

El primer vehículo del convoy había quedado inutilizado al explotar un artefacto explosivo improvisado (IED por sus siglas en ingles) y el resto estaban siendo acribillados por armas ligeras, pesadas y granadas propulsadas por cohete (RPG).

Sabiendo que, al contrario de sus Humvee, los vehículos de los soldados eran modelos ligeros sin apenas blindaje contra fuego de fusilería, a los hombres del Captain Fry no les quedó otra opción que la de entrar en la zona de la emboscada para proporcionar protección y apoyo de fuego.

Durante más de veinte minutos tuvieron que aguantar en una zona batida por el fuego enemigo. Desde las lomas en que éstos estaban ubicados se sucedían los disparos de Ak-47, fusiles ingleses de hacía un siglo, ametralladoras medias PKM, ocasionales lanzamientos de granadas RPG-7 y las siempre peligrosas ráfagas de una ametralladora pesada DShK “Dushka”, cuya munición era capaz de perforar a los Humvee.

En la posición en la que se encontraban los estadounidenses poco podían hacer, salvo responder a los disparos con las ametralladoras de 12,7mm y 7,62mm, además de sus lanzagranadas automáticos. Los minutos se hicieron eternos esperando a que desde Bagram pudieran acudir medios aéreos en su ayuda. Cuando por fin les avisaron por radio de la inminencia de la llegada de un A-10 Thunderbolt II, los soldados se percataron de que el fuego enemigo se hacía cada vez más esporádico, hasta hacerse inexistente.

Sin llegar a intervenir, el avión permaneció un rato sobrevolando la zona para mantener alejados a los insurgentes y evitar que se reanudase la emboscada, mientras en tierra trataban de recuperar el Humvee averiado. Pero el enemigo ya se había difuminado en los mil y un recovecos que el terreno ofrecía, dispuestos a volver en otra ocasión.


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3 Comments

  1. Perdón, lo pregunto aquí (no sé si acertadamente o no) porque no sé donde preguntarlo.

    En vuestro canal de twitter habéis puesto la noticia de:
    Intelectuales españoles e iberoamericanos piden una «salida negociada para la paz en Ucrania»

    Y habéis escrito que:
    Estas propuestas no son respetables ni siquiera bajo criterios morales. Para ser «morales», deberían entender conceptos básicos de los Estudios Estratégicos que alteran por completo su noción de «bueno» y «malo».

    ¿Donde se puede leer sobre esos estudios estratégicos?

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