Los Balcanes: ¿nueva carrera armamentística?

Los Balcanes están generando una nueva ola de preocupación en lo referente a la seguridad. Bosnia y Herzegovina lleva años lastrando una creciente crisis política, las tensiones entre serbios y albanokosovares no terminan de desaparecer y el aumento del gasto en defensa en la región ha motivado conversaciones acerca de una posible carrera armamentística. Hay una clara disparidad en cuanto a la concepción de la estrategia y la seguridad dependiendo del país. Si bien todavía no se puede hacer sonar la alarma, el empeño de algunos gobiernos por sacar músculo y promover una acalorada retórica de competencia militar erosiona la confianza mutua a nivel regional.

Los gastos militares de los estados de los Balcanes Occidentales han aumentado de forma constante durante los últimos años debido al crecimiento del PIB. Desde 2016 el gasto en defensa en países como Serbia y Croacia va en aumento de forma considerable debido a la decisión de modernizar y renovar el desfasado equipamiento heredado de la descomposición de la antigua Yugoslavia. En 2021 su gasto planeado en armas y equipo, según los planes, se situó en torno al 47 % en Serbia y el 44% en Croacia.

Bosnia y Herzegovina tiene el menor gasto militar en la región, estando por debajo del 1% del PIB, aunque si bien es cierto que parte de este gasto esta encubierto por donaciones de material de terceros países como Estados Unidos. Montenegro y Macedonia del Norte, por su parte, aumentaron sus adquisiciones de armas de forma inmediata tras su adhesión a la OTAN, 2017 y 2020 respectivamente. En el caso de Albania, si bien también aumentó su gasto, su presupuesto de defensa es el menos transparente y detallado en la región.  Cada país usa diferentes métodos para presentar sus gastos de defensa, generalmente proporcionando solo las sumas agregadas de las categorías más grandes y, por lo tanto, es difícil examinar el coste individual. Si bien el gasto albanés es el menos transparente, el de Croacia es el más detallado.

En los años en que se produjeron adquisiciones, la mayoría de los países mostró una gran diferencia entre el gasto planificado y el real, lo que sugiere una falta de planificación a medio/largo plazo y la firma ad hoc de contratos de adquisición. Estas discrepancias encontradas entre las leyes presupuestarias y el gasto real son mayores en Serbia. Es por este motivo muy recomendable que todos los países necesitan un mayor nivel de transparencia de sus gastos de defensa, lo que permitiría una supervisión integral, debates basados en hechos sobre las políticas de defensa y, finalmente, el fomento de un mayor nivel de confianza entre los países de la región.

Todos los países de los Balcanes Occidentales han revisado sus documentos estratégicos durante los últimos años, con la excepción de Bosnia y Herzegovina, la cual no ha ajustado su Estrategia de Defensa o de Seguridad Nacional desde 2008. Es un caso particularmente curioso, ya que este país es uno de los que se enfrenta abiertamente a la amenaza interna del yihadismo en la región. Los documentos estratégicos actuales evalúan de manera similar los principales riesgos y desafíos de seguridad, que van desde el crimen organizado y terrorismo a desafíos económicos y la inestabilidad política. La mayoría de los países consideran que la amenaza de una agresión militar directa se ha reducido significativamente, pero que no debe tomarse a la ligera. En sus documentos estratégicos, Bosnia y Herzegovina, Serbia, Albania, Montenegro y Macedonia del Norte señalan la pertenencia a la UE como un interés nacional de carácter prioritario. Todos – con la excepción de Serbia – también han declarado que la membresía en la OTAN es crucial para brindar seguridad nacional. En lo que se refiere a la cooperación militar internacional, los países de la región -una vez más, excepto Serbia- muestran un patrón similar de cooperación con la OTAN y dentro de las iniciativas regionales. Serbia coopera y realiza ejercicios con Rusia y Bielorrusia, pero también tiene un gran número de ejercicios bilaterales con los vecinos de la OTAN y los Estados Unidos.

El aumento del gasto militar ha creado la impresión de una carrera armamentista. Sin embargo, ni la cantidad ni la calidad de las armas adquiridas socavan, por ahora, el equilibrio militar. Todas las fuerzas convencionales están todavía por debajo de los límites establecidos por el Acuerdo de Florencia. Más concretamente, en el artículo IV Anexo 1B de los Acuerdos de Paz de Dayton que fue el que proporcionó el marco para las negociaciones de un acuerdo subregional de control de armas, que se concluyó en Florencia el 14 de junio de 1996. Involucró a las tres partes dentro de Bosnia y Herzegovina, así como a Croacia, Serbia y Montenegro. Este artículo estableció un compromiso jurídico con métodos de reducción específicos, un amplio intercambio de información e inspecciones. Estableció límites máximos en cinco categorías de armamentos convencionales: carros de combate (MBT), vehículos blindados de combate (IFV/APC/MRAP), piezas de artillería (ATP), aviones de combate y helicópteros de ataque.

La discusión acerca de una carrera armamentística regional comenzó en 2015, cuando Croacia solicitó a los Estados Unidos 16 sistemas de lanzamiento de cohetes múltiple o MLRS del modelo M270. Aleksandar Vučić, entonces primer ministro serbio, respondió anunciando que, si los croatas no cambiaban de opinión, Serbia se vería obligada a responder en consecuencia. Obviamente, Serbia acudió a Rusia en busca de esa respuesta. Durante una visita a Belgrado en enero de 2016, el viceprimer ministro ruso de Defensa aumentó las expectativas serbias al obsequiar a Vučić con una maqueta del sistema ruso de defensa antimisiles (ADMS) S-300X. En el transcurso del año siguiente, la retórica sensacionalista aumentó cuando el gobierno croata especuló con que las adquisiciones de equipamiento por parte de Serbia constituían un motivo para restablecer el servicio militar obligatorio (Milekic, 2017). Al final, el pequeño bolsillo frenó las aspiraciones de Zagreb y Belgrado, ya que no estaban en condiciones de adquirir los sistemas MLRS M270 estadounidenses por parte croata, ni los ADMS S-300 en Rusia por parte Serbia. Sistemas que además requieren la adquisición de otros tantos subsistemas, recambios, entrenamiento y adaptación de infraestructuras como complemento absolutamente necesario para poder emplearlos de manera efectiva en el campo de batalla. No obstante, Belgrado y Zagreb perseveraron en su búsqueda, gastando grandes cantidades de dinero en acuerdos de defensa. En 2019 Serbia gastó 1.140 millones de dólares en su ejército, un aumento del 43% con respecto a 2018 según SIPRI. Huelga decir que no fue el mayor incremento de la región de los Balcanes en su conjunto, Bulgaria gastó un 127% más en el mismo periodo debido a la adquisición de nuevos cazas de combate. Por su parte, Croacia se fijó como objetivo a largo plazo aumentar su gasto militar tras años de descenso casi constante (Ministerio de Defensa de la República Croata, 2014).

Entre 2018 y 2020 Serbia gastó más de 3.000 millones de dólares en su sector de defensa, tanto a nivel de proveedores de sistemas de origen local, como extranjeros siendo Rusia, Bielorrusia, y China los principales beneficiados de estas inversiones presupuestarias serbias en equipos modernos. Este aumento del gasto es comprensible teniendo en cuenta la tendencia bajista que tuvo lugar desde principios de los 2000.  Este gasto representa actualmente algo más del 2% del PIB. Para aumentar sus capacidades de vigilancia aérea, Serbia ha recibido algo más de una docena de cazas MiG-29, usados y actualizados por Rusia y Bielorrusia. Los 14 originales (MiG-29A y UB) que operaba Serbia ya no daban para más debido a que atravesaron el periodo de sanciones de los años 90 así como varios conflictos, lo que afectaba de una manera muy peligrosa a las células, al rendimiento de los motores, otros subsistemas críticos de estas aeronaves, y por extensión se convertían en peligrosos para sus propios pilotos que los operaban. A través de una combinación de ventas y donaciones, Rusia ha ido proporcionando, a cuentagotas, helicópteros multipropósito Mi-35 “Hind” y Mi-17 “Hip”, tanques T-72MS “White Eagle”, vehículos BRDM-2 (actualizados), misiles antitanque (ATGW) 9M133 “Kornet” y un sistema de misiles antiaéreos SHORAD Pantsir-S1E. Sistemas de defensa antiaérea o ADMS rusos como el S-300 o S-400 han participado en ejercicios conjuntos con las fuerzas serbias en su territorio, pero, pese a las diversas especulaciones y promesas, todavía no ha habido acuerdos relevantes sobre ellos. Serbia cuenta con la ventaja de que Rusia le ofrece contratos muy favorables en comparación a otros países, aunque no está claro que esto sea del todo beneficioso para Moscú a la larga, teniendo en cuenta el carácter de vectores múltiples de la política exterior serbia. También cabe destacar que durante los últimos años Serbia ha diversificado sus adquisiciones. Acude a países de la UE como Francia en busca de misiles antiaéreos de corto alcance Mistral-3, a China en busca de drones (UCAV) como los CH-92 y se ha interesado también por armamento de fabricación israelí

Del mismo modo, en Croacia el gasto en defensa ha ido en aumento poco a poco, algo más de dos mil millones y medio de dólares entre 2018 y 2020 y de camino llegar a representar el 2% del PIB (Banco Mundial). No obstante, es notable que los gastos e inversiones croatas están plagados de algunas promesas rotas y contratos inconclusos. Se estuvo especulando durante varios años con la compra y modernización de múltiples vehículos de combate o IFV M2A2/A3 “Bradley”, algo que se ha terminado por confirmar a principios de 2022 (Trkanjec, 2022). También se han firmado contratos para la modernización de carros de combate de fabricación nacional (con un ritmo bastante bajo) de la versión M-84 para llevarlos al nivel M-84A4 “Sniper”, M-84D y M-95, adquisiciones de sistema antiaéreos y helicópteros estadounidenses Kiowa o la actualización de la pequeña flota marítima. Todo esto con la colaboración de los Estados Unidos, Gran Bretaña o Alemania, entre otros. Algo que causó muchos quebraderos de cabeza fue la sustitución de los desfasados MiG-21. Estos aparatos en un primer momento se intentaron actualizar en Ucrania en la fábrica de reparación de aeronaves de Lviv. Esta actualización creó un gran problema diplomático y empresarial entre Ucrania y Croacia. Por lo visto, las piezas que se utilizaron para actualizar la flota de MiG-21 croatas no estaban certificadas, ya que eran de segunda o tercera mano, pero la parte croata afirmó que eran nuevas y procedían de un stock de piezas disponible en Ucrania. Además, esta era una actualización no aprobada por RSK MiG, por lo que Rusia advirtió a Croacia que si continuaban con el proceso de actualización de aeronaves en Ucrania ya no tendrían apoyo postventa en piezas y repuestos de la oficina de diseño de aeronaves rusa.

En un primer momento pareció segura la compra varios F-16 a Israel, pero EE. UU. presionó para frustrar el acuerdo debido a que estos cazas contaban con modificaciones israelíes, lo cual no gustó en Washington. Es por ello que a finales de 2021 Zagreb alcanzó, tras otras operaciones frustradas, un acuerdo con Francia para adquirir una docena de cazas Dassault “Rafale”. La compra se desglosa de la siguiente manera: unos 10 monoplazas y dos biplaza usados por unos 1.200 millones de dólares.

Evolución del gasto en defensa de los estados balcánicos.

La realidad tras el sensacionalismo y la industria de defensa yugoslava

Las preocupaciones sobre conflicto en la región siempre están presentes, pero también se nutren de una visión demasiado alarmista. A su vez, eso se ve empeorado por algunas declaraciones incendiarias de integrantes de los diversos gobiernos de la región balcánica o los medios locales. Justificar el aumento del gasto y las adquisiciones aludiendo a amenazas sobredimensionadas, o incluso diciendo que se busca la superioridad militar, funciona mejor de cara al electorado antes que reconocer que ni siquiera existe el personal suficiente para manejar los modernos sistemas. El constante declive demográfico y los problemas socioeconómicos son omnipresentes y no se solucionarían con acciones militares (Judah, 2021).

Croacia avanzó hacia un ejército profesional en 2008, abandonando el sistema de conscriptos. Serbia hizo lo mismo en 2011. Ambos están (re)construyendo sus respectivos arsenales, describir esto como una carrera armamentista es un tanto simplista. Se está dando una modernización del equipo militar obsoleto de la era yugoslava, Belgrado y Zagreb no están motivados tanto por un conflicto entre sí, más bien, las élites de ambos países están utilizando el proceso de compra de nuevas armas para promover objetivos de política exterior más amplios y, lo que es más importante, mejorar su posición política interna. La poca opacidad en cuanto a ciertas adquisiciones a veces genera sospechas sobre el interés de beneficio económico dentro de círculos político-militares. Es necesario considerar que la disolución de Yugoslavia quebró en gran parte la antaño próspera industria militar. Si bien Serbia y Croacia cuentan con restos de la misma, son altamente dependientes de otros actores a la hora de modernizar muchos de sus equipos o hacerse con otros nuevos, lo cual explica parte de lo que se está viendo.

Yugoslavia figuraba entre los diez principales productores de armas del mundo y la industria de la defensa era uno de los elementos económicos más potentes, además de la principal fuente de divisas hasta 1990. Los principales destinos de las exportaciones eran países de Oriente Medio o África, pero también se producía munición tanto para la OTAN como para el Pacto de Varsovia. A finales de los 80 la industria de defensa yugoslava afrontó problemas económicos derivados del deterioro de la tensión socio-política. El proceso descontrolado de desintegración comenzó con escisiones nacionales: crecieron las pérdidas y el número de empresas en suspensión de pagos o las mantenidas solamente gracias a la participación del gobierno. Los fondos del presupuesto federal para la industria militar eran insuficientes e irregulares (Ivanovic: 264).

La industria de defensa de Yugoslavia producía un amplio abanico de armas modernas, desde armas de mano y munición hasta aeronaves de combate. A pesar de la crisis económica de los 80, la industria continuó en funcionamiento y aglutinó grandes reservas de material. Las plantas de producción se encontraban repartidas por gran parte del territorio, pero las repúblicas que más destacaban eran Serbia y Bosnia y Herzegovina, donde se encontraba el núcleo de producción de munición, explosivos, misiles, artillería, aeronaves y vehículos blindados (Anexo 2). Entre finales de 1991 y principios de 1991 cerca del 43,8% de todas las plantas dedicadas a la defensa estaban en Serbia; 41,8% en Bosnia y Herzegovina; 7,5% en Croacia, 3,4% en Macedonia, 2,3% en Eslovenia; y 1,2% en Montenegro. En términos de producción total, las plantas de defensa ubicadas en Bosnia y Herzegovina representaron casi el 60% de la producción total.

A principios de 1992, el Ejército de Yugoslavia (tras la independencia de Eslovenia y Croacia perdió prestigio y cambió su nombre) todavía contaba con un arsenal notable: 1.850 tanques, 500 vehículos blindados de transporte de tropas, 1.800 armas antitanque, 4.200 cañones sin retroceso, 6.400 morteros, 1.934 cañones pesados remolcados, 250 cañones autopropulsados, 4.268 cañones antiaéreos y 160 lanzamisiles. La fuerza aérea contaba con 490 aviones de combate y 165 helicópteros de asalto y transporte. En la marina había cinco submarinos de patrulla, cuatro fragatas, 15 naves de misiles y 60 embarcaciones multipropósito (CIA Directorate of Intelligence: 1991 & Ivanovic: 262)

La industria de defensa se encontró con un panorama convulso y varias opciones. Había un absoluto control estatal, resistencia a las reformas y el deseo de preservar el monopolio de la producción de armas dentro del sistema federal. Esta posición fue defendida por el Ministerio de Defensa y la Dirección Federal de Abastecimiento y Adquisiciones (SDP según sus siglas en serbocroata), en oposición al liderazgo político de las repúblicas. También había otro actor a tener en cuenta, la Asociación de Industrias Yugoslavas de Armamento y Equipo Militar o ZINVOJ, apoyada por muchas empresas en Bosnia y Herzegovina. Estos apostaron por encontrar una solución económica y de desarrollo adecuada a la crisis que preservara las redes técnicas y tecnológicas, además del carácter pan-yugoslavo de la producción militar, sin esperar a los políticos. ZINVOJ trató de preparar un proceso de transición con privatizaciones y una nueva organización para toda Yugoslavia, a pesar de que Eslovenia ya estaba fuera y la guerra en Croacia estaba recrudeciéndose. No obstante, el estallido del conflicto en Bosnia en primavera de 1992 hizo que los planes fuesen cancelados.

Con la paulatina desintegración de Yugoslavia, parte del equipo mencionado anteriormente fue asignado a los serbios en Kraijna o Bosnia, mientras que otros fueron incautados cuando Eslovenia y Croacia declararon su independencia o destruidos en las respectivas guerras de Croacia y Bosnia y Herzegovina. Además, debido al conflicto, todas las redes y principios de logística, producción, suministros, importación-exportación saltaron por los aires. Los documentos estratégicos de una Yugoslavia unificada ya no servían su cometido y lo que quedó en territorio esloveno, croata y parte del bosnio fue dividido, destruido o relocalizado para servir a los intereses y necesidades de los nuevos estados. A principios de 1992, el antiguo ejército federal consiguió evacuar maquinaria, equipos y documentación técnica de muchas plantas y trasladó gran parte de su actividad a Serbia y Montenegro. Algunas de las fábricas más importantes Bosnia y Herzegovina y Croacia fueron ocupadas por el antiguo ejército federal con el apoyo político y de otro tipo de los serbios de estas repúblicas (Ivanovic: 262-264).


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