Guerra de Ucrania – Día 8

La octava jornada de este conflicto viene marcada, sin duda, por el acuerdo logrado por las delegaciones rusa y ucraniana durante la reunión mantenida en Brest. Gracias al mismo, se permitirá la creación de pasillos humanitarios en las ciudades asediadas, lo que al menos reducirá el coste humano del conflicto. Que nadie se lleve a engaño, no se ha logrado un alto el fuego, ni se han acercado posiciones. Simplemente se ha conseguido un acuerdo bastante endeble mediante el cual se da cierta protección a la población civil si esta decide abandonar las ciudades a las que la guerra haya llegado.

Como sabemos, hoy se ha producido una reunión entre las delegaciones de ambos países en Brest, en la frontera entre Bielorrusia y Polonia. Uno de los representantes ucranianos, en declaraciones a las agencias de prensa, se mostraba pesimista sobre los resultados que podrían conseguir en las negociaciones, marcando como único objetivo factible pactar la creación de pasillos humanitarios. Finalmente esto ha sido posible, aunque no ha trascendido el contenido real del acuerdo y, por lo que se intuye de las noticias publicadas hasta el momento, se trata de algo muy endeble.

Endeble o no, permite a los ucranianos intercambiar vidas humanas por destrucción material, lo que no es desdeñable, pues los edificios e infraestructuras pueden reconstruirse. También les da tiempo, y si de verdad se consigue evacuar un número significativo de civiles, resta a Rusia una baza con la que seguir presionando a Zelensky. Ahora bien, para Rusia también tiene sus beneficios el acuerdo. Por una parte, permite rebajar ligeramente la mala imagen internacional que actualmente tienen tanto el país como su Presidente. Por otra, dependiendo de las condiciones en que se establezcan los alto el fuego necesarios para establecer cada pasillo, también dará algo de tiempo al Ejército ruso para reorganizarse, abastecerse, hacer rotaciones, etc. Incluso en el plano interno este pequeño acuerdo puede ser explotado por el Gobierno ruso para seguir vendiendo a la ciudadanía el discurso mantenido hasta ahora: operación especial, desnazificación, etc, apareciendo Rusia como un país respetuoso con las vidas de los ucranianos.

Hablando de Putin, hoy se ha dirigido a la nación mediante un mensaje televisado, en el que ha afirmado que todo marchaba según lo planeado y ha hablado de las indemnizaciones que cobrarán tanto los heridos, como los muertos en la «operación especial» que las Fuerzas Armadas Rusas están llevando a cabo en Ucrania. Siempre, de una forma u otra, la batalla del relato, que Rusia está perdiendo de forma dramática, después de no haber aprendido de los errores de conflictos anteriores. Sobre esto, por cierto, ha compartido un magnífico hilo el profesor Manuel R. Torres, de la Universidad Pablo de Olavide.

Respecto a las bajas, las últimas cifras dadas por los ucranianos hablaban de 9.000 rusos muertos o heridos. También de numeroso material, destacando 61 aviones de combate y helicópteros, una cifra a todas luces imposible y de la que no hay pruebas gráficas. Con todo, hoy sí que se habría producido algún derribo y se ha hablado de un Su-30 y de un Su-34. De este último existe material gráfico. Del lado ucraniano, hemos seguido viendo imágenes de material abandonado y destruido y la confirmación del hundimiento del otrora buque insignia de su armada, la fragata «Hetman Sahaidachny», en el puerto de Nikolayev. En esta ciudad, por cierto, también hemos visto varios sistemas antiaéreos 9K22 Tunguska ardiendo. La cifra de refugiados provocada por la guerra asciende ya a más de un millón y la creación de esos pasillos humanitarios, en algunos casos sin una posibilidad clara de dirigirse a lugar seguro, podría causar una catástrofe.

En el plano internacional, los reveses para Rusia continúan. Moldavia y Georgia han seguido el ejemplo ucraniano y han solicitado formalmente su adhesión a la Unión Europea. Por supuesto, es dudoso que ambos estados puedan entrar en la Unión, al menos en un plazo razonable, ya que más allá de los criterios de convergencia, supondrían un problema económico (su renta es muy inferior a la europea) y estratégico de primer orden, abriendo más frentes con Rusia. Recordemos en este sentido los conflictos tanto en Transnistria como en Osetia del Sur y Abjasia. Mientras esto se decide, el Ministro de Exteriores francés ha mostrado su pesimismo sobre el devenir del conflicto, temiendo que la situación degenere hacia escenarios como Grozni o Alepo y afirmando que «lo peor está por venir». Sea o no, los Estados Unidos y Rusia han establecido un canal de comunicación militar destinado a mitigar el riesgo de escalada, tras la puesta en alerta nuclear del pasado domingo por parte rusa y el riesgo de escalada inadvertida del que hemos venido hablando. Es, dentro de lo mala que es la situación general, una buena noticia.

En relación con la ayuda militar que Ucrania está recibiendo desde el exterior, Zelensky ha vuelto a pedir que la OTAN cierre el espacio aéreo ucraniano o, al menos, que les entreguen aviones de combate con los que poder hacer frente a Rusia. Incluso se han recogido firmas para hacer posible la imposición de una zona de restricción de vuelo, lo que sería para Rusia una clara señal escalatoria, pues esta no puede forzarse sin atacar los sistemas antiaéreos rusos en tierra o sus aviones en el aire. España, en cualquier caso, ha anunciado en boca de la Ministra de Defensa, Margarita Robles, que enviará 1.370 lanzagranadas tipo C-90 o Alcotán, ametralladoras ligeras y 700.000 cartuchos. Además, de Noruega han despegado dos aviones de transporte Hercules cargados con 2.000 M72 LAW. Por lo que parece, también siguen llegando voluntarios, tanto ucranianos residentes en otros países, como extranjeros. Respecto a estos últimos, Rusia ha dejado claro que ninguno de los que sea apresado disfrutará del estatus de prisionero de guerra, recogido en el III. Convenio de Ginebra relativo al trato debido a los prisioneros de guerra, de 1949.

Mapa de situación publicado por Aljazeera, creemos que bastante ajustado a la realidad sobre el terreno.

Tras más de una semana de combates, la situación sigue estancada y nada indica que el mapa haya cambiado respecto a ayer, salvo por pequeños movimientos, generalmente en el flanco este. Allí, los proxies rusos de las autoproclamadas repúblicas de Donestk y Lugansk han seguido avanzando y tomando pequeños pueblos y villorrios sin grandes pérdidas. Por lo demás, las imágenes dan a entender que el aumento progresivo de la violencia (en el sentido más clausewitziano) continúa. Así lo atestiguan los vídeos llegados de ciudades como Mariupol, Járkov, Chernígov o la propia Kiev. Según algunos testimonios, Rusia continúa moviendo militar desde el distrito militar oriental, aunque no está confirmada su dirección. Por flancos, los puntos más destacados, son los siguientes:

  • Este: Los combatientes de la autoproclamada República Popular de Donestk están combatiendo en el combaten en el distrito de Vostochny, en las afueras de Mariupol. Según los vídeos que publican, estarían limpiando el barrio de militantes del batallón «Azov». Además, los proxies rusos afirman haber capturado Novoaleksandrovka, Novoalekseevka, Regimiento, Shevchenko, Privolnoe, Lidino, Primorskoe, Azov y Berdyansk. Algunos de los nombres, especialmente el último, dan pie a la confusión, pues son típicos de la zona. En este caso no se trata de la ciudad portuaria al oeste de Mariupol, sino de una villa al este. Más al norte, en Lugansk, los combatientes de la RPL, tras tomar Starobilsk han llegado a Svatove e iniciado una maniobra de cerco (hacia el sur), dejando Severodonetsk y Lysychansk casi rodeadas.

Cerramos aquí el informe diario, con el mismo pronóstico que en días pasados. Con un poco de fortuna la creación de los pasillos humanitarios acordados permitirá aliviar el coste en vidas de la guerra (es difícil que la cifra total de muertos en esta primera semana baje de 8.000 personas), aunque no hará nada por la destrucción material, que seguirá incrementándose en los próximos días.

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