Guerra de Ucrania – Día 5

Cuando se acerca el fin de la quinta jornada de combates en la guerra de Ucrania, dos son los aspectos más significativos a comentar: 1) Las conversaciones diplomáticas, si no han sido un completo fracaso, ya que proseguirán, no han conseguido producir ningún acuerdo de alto el fuego; 2) La comunidad internacional, especialmente la Unión Europea, están haciendo caso omiso de la advertencia lanzada ayer por Putin al poner en alerta sus Fuerzas Estratégicas; 3) Rusia ha pasado de tácticas arriesgadas a confiar en la artillería, tanto de tubo como cohete, para batir las ciudades, algo que hemos podido constatar en Járkov, Kiev y Mariupol; 4) La defensa antiaérea rusa sigue teniendo dificultades para derribar los drones TB-2; 5) El único frente que ofrece algún alivio a los rusos sigue siendo el sur.

Comenzamos por el primer punto: la diplomacia. Tal y como dijimos ayer, ninguna de las partes parecía tener excesiva confianza en las conversaciones previstas para hoy. Finalmente han tenido lugar y, por lo que parece, sigue habiendo demasiadas diferencias como para poner fin a las operaciones militares. El punto en el que más discrepan las partes parece ser el de la futura neutralidad de Ucrania, pues es al que ha hecho referencia un Vladímir Putin que también sigue repitiendo su discurso relativo a la desnazificación del país. Mientras tanto, Zelensky no ha dudado hoy en lanzar un mensaje, con la firma simbólica de la solicitud de adhesión a la Unión Europea, algo que difícilmente puede interpretar Rusia como un gesto amistoso o cercano a la neutralidad. Seguirán reuniéndose, en cualquier caso, las delegaciones en los próximos días.

Siguiendo con la diplomacia, hoy Putin ha mantenido una charla telefónica con el Presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron, en la que el dirigente ruso parece haberse mostrado de acuerdo en tres puntos: 1) no atacar ni a civiles ni áreas residenciales; 2) preservar las infraestructuras civiles y; 3) permitir pasillos humanitarios. Tal y como hemos visto en otros conflictos, como el de Siria, cada vez que se crea un pasillo humanitario, muchos combatientes vestidos de civiles lo utilizan para salir por él. En este sentido, es dudoso que los militares rusos estén dispuestos a cambiar el riesgo de una hipotética guerra de guerrillas futura (en la asunción de que la guerra no tiene por qué ser corta) por la seguridad de una ciudad completamente aislada y batida desde la distancia.

Hablando de batir, son cada vez más los países europeos que están decididos a enviar armas a Ucrania. También los que apoyan las sanciones, incluyendo la tradicionalmente neutral Suiza e incluso Mónaco. El daño que se está haciendo a la economía rusa es palpable. También el Reino Unido ha prohibido que los buques rusos recalen en su territorio. Incluso, la UE ha pedido a su centro de satélites en Madrid que proporcione inteligencia (ya comentamos ayer que varios estados occidentales, con EEUU a la cabeza, estaban proporcionando datos ISR) a Ucrania sobre los movimientos de las tropas rusas . También la OTAN continúa reforzando su flanco oriental para contrapesar a Rusia.

El gran problema: la gestión de la escalada. En Twitter hemos intentado explicar de forma muy sencilla un problema complejo para los Estudios Estratégicos. El asunto, en resumidas cuentas, es que la enorme y sorprendente movilización que estamos llevando a cabo, especialmente los europeos, si bien es lógica, está enviando una serie de señales a Moscú que pueden generar nuevos dilemas de seguridad y la necesidad de tomar medidas en consecuencia. Así, Europa -pero no sólo- en su esfuerzo sin precedentes seguramente esté provocando en Rusia una mayor ansiedad y estemos viviendo lo que sería una escalada inadvertida. Por supuesto, no se trata de bajar los brazos, sino de coordinar muy bien los esfuerzos, entender la dinámica del proceso y mandar únicamente las señales correctas. Para ello es fundamental comprender en qué momento estamos a nivel global:

  • Paso de orden unipolar a bipolar, bipolar imperfecto o incluso multipolar;
  • Paso de la primera a la segunda era nuclear;
  • Fase inicial de una Revolución Militar;
  • Etcétera.

Todos ellos son fenómenos íntimamente relacionados, pero que en conjunto configuran una realidad muchísimo más complicada que la de la Guerra Fría (intrínsecamente estable) y en la que la aparición de díadas y tríadas, el estancamiento económico y tecnológico de algunos actores o los avances técnicos causantes de desequilibrios, son en conjunto una bomba de relojería.

La única solución posible pasa por recuperar un capital intelectual que especialmente en Europa (los Estados Unidos han seguido su propio camino) hemos dilapidado desde 1989. Es más, lejos de conformarnos con desempolvar los manuales de entonces sobre, por ejemplo, gestión de la escalada, estamos obligados a elaborar otros nuevos susceptibles de incorporar cada variable de un mundo más complejo e inestable.

Pasando al apartado militar y a juzgar por las informaciones que hemos logrado recolectar durante esta jornada, la brutalidad de la guerra en Ucrania no ha hecho más que incrementarse. Se han constatado más ataques artilleros que ayer y todo sigue indicando que la tendencia irá a más. En algunas poblaciones, como Mariupol, se estaba negociando la creación de pasillos humanitarios, sin que hayamos podido confirmar el resultado. No hay demasiados reportes de bajas civiles, pero sí de destrucción de edificios e infraestructuras. Hace unas horas, sin ir más lejos, se ha bombardeado el puerto de Berdyanks, en Azov. La ciudad está tomada por los rusos, por lo que no se sabe a ciencia cierta qué estaban intentando destruir. En esta ciudad, por cierto, la población se ha enfrentado de forma pacífica a los soldados rusos, al grito de «Berdyansk es Ucrania». No todos los ucranianos están actuando así. Es más, cada vez son más los vídeos de lanzamientos de cócteles molotov a las tropas rusas que, esperemos, no termine degenerando en ataques indiscriminados contra la población civil como respuesta.

Otro aspecto que no deja de sorprendernos es el de la incapacidad de la defensa aérea rusa. Se entiende que no está pensada para luchar contra drones tanto como para hacer frente a aviones de combate y algunas clases de misiles. Sin embargo, no es lógico que los drones TB-2 sigan causando bajas, ni siquiera contando con información de inteligencia ventajosa. Es cierto que no es el mismo nivel de bajas que en Armenia, pero con la cantidad de medios AA desplazados por Rusia, es incomprensible. Llegará el momento de analizar las razones.

Casi igual de sorprendentes son los avances logrados por los proxies rusos, que han seguido tomando poblaciones en el este y sureste de Ucrania. Es cierto que se ven beneficiados por la retirada ordenada (o eso es lo que parece) del Ejército Ucraniano. También lo es que están siendo muy conservadores y que, lejos de jugársela como han hecho los rusos, hacen uso intensivo de artillería y MLRS antes de tomar cualquier posición.

Otro aspecto del que se venía hablando y hoy se ha confirmado es el relativo a las amnistías. Zelensky ha afirmado que va a liberar algunos presos, principalmente con entrenamiento militar, para luchar contra las fuerzas invasoras rusas. La combinación de miles de armas de guerra y munición repartidas entre la población (incluyendo armas contracarro, granadas…), presos liberados, milicias, síndromes de estrés post-traumático y demás, para un país que pretende entrar en la Unión Europea, es cuanto menos para dar miedo por las posibles consecuencias, como la extensión del crimen organizado en un estado en ruinas.

Respecto a las bajas, no hay ninguna cifra que nos parezca demasiado fiable. El Ministerio de Defensa ucraniano ha publicado su listado diario, en el que habla de 5.300 rusos (sin especificar si habla de muertos o de muertos y heridos o de muertos, heridos y capturados), así como de 29 aviones de combate (y transporte, imaginamos) y 29 helicópteros, cifras muy sorprendentes, porque no hay confirmación visual de prácticamente nada. Más sorprendente aún es la cifra de 191 carros de combate y 816 blindados eliminados, pues serían una parte nada desdeñable del total ruso. Los rusos, por su parte, son mucho más modestos en sus cifras, intentando todavía vender la guerra de Ucrania como una «Operación Especial» e intentando que parezca incruenta, algo difícil de creer en vista del número de edificios destruidos, por ejemplo.

El análisis por frentes hoy será relativamente breve, pues apenas se han producido movimientos. No parece que Rusia esté pensando en invadir el conjunto del país, sino que se está concentrando en las principales ciudades (Kiev y Járkov) al norte y noreste, seguramente en la asunción de que especialmente la capital es el centro de gravedad de Ucrania en esta guerra. Podría ser un error dramático si el escenario degenera en una guerra de guerrillas, por ejemplo. Además, esta obcecación está permitiendo a los ucranianos dar golpes de mano y atacar las concentraciones rusas que, por fuerza, avanzan por unas pocas vías.

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  • Norte: El único movimiento destacable es lo que parece un intento de cercar Kiev, con el objetivo seguramente de limitar los envíos de armas que puedan llegar desde países como Polonia. Así, los rusos han tomado Borodyanka y se dirigen hacia Mariakiv, al oeste de la capital, aunque en lugares más cercanos a esta como Irpin siguen sufriendo bajas. Los bombardeos sobre la capital parecen haberse intensificado más si cabe.
  • Este: A su ritmo, los proxies rusos han seguido por quinto día logrando avances. Generalmente se trata de pequeñas aldeas y ciudades menores, dejadas atrás por las Fuerzas Armadas de Ucrania. Su moral está alta, según se molestan en enseñar al mundo en una buena cantidad de vídeos y parece claro que al terminar esta guerra tendrán el control completo de las dos regiones separatistas. Qué ocurra con ellos a partir de ahí es una incógnita, pues tanto Lugansk como Donetsk son regiones en ruinas que Ucrania tendrá difícil reincorporar al país incluso en el escenario más favorable y que la economía rusa, muy debilitada, es complicado que pueda absorber (bastante compleja y cara fue la anexión de Crimea, en mucha mejor posición).

Es difícil aventurar lo que pueda o no ocurrir en los próximos días. Putin sigue atrapado en una situación en la que solo puede seguir destinando más y más medios para alcanzar unos objetivos militares y políticos que quizá antes de la invasión parecían claros a sus ojos y asequibles, pero que son cada vez más elusivos, quizá porque, especialmente los primeros, estaban errados.

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