Crisis en Líbano

Su inexorable descenso hacia el caos

“No hace falta usar la imaginación o la intimidación, realmente, estamos en el infierno”, escribe en su cuenta de Twitter el director del Hospital Universitario Rafik Hariri, Firass Abiad[1] a propósito de la crisis en Líbano. Una situación de la que, para algunos, solo se puede salir con un milagro. No obstante, sí queda camino por recorrer hacia delante. Al túnel en el que está metido el Líbano, por oscuro y profundo que sea, sí se le puede buscar una salida. La cuestión radica en el precio que hay que pagar para hacerlo. Algo a lo que, al menos por ahora, no parece que esté dispuesto el liderazgo político del país, que se ha enriquecido durante años con un sistema que ha quebrado. Un inmovilismo que se mantiene, además, por la falta de presión de los que los apoyan desde el exterior, sus “patrones” regionales, en esa dirección y porque la de la comunidad internacional no parece suficiente hasta el momento. De este modo, si no se actúa, la crisis seguirá arrastrando al Líbano hacia el caos, entonces sí, sin remisión.

En torno a las 17:00 horas de la tarde del martes 29 de junio de 2021 aterriza en territorio libanés un avión español cargado con 19 toneladas de raciones de comida para el Ejército del país. Es la respuesta al llamamiento realizado por la institución días antes. “Los soldados tienen hambre y sus raciones se han recortado, como les pasa a muchos ciudadanos”, había afirmado ya a mediados de mes el general Joseph Aoun, jefe de las Fuerzas Armadas libanesas[2].

Y aun así lo que necesitan es dinero en efectivo, dólares, con urgencia. Antes cobraban el equivalente a unos 800 dólares al mes, ahora, con salarios que oscilan entre los 70, 80 y 90 dólares/mes, sus soldados no pueden alimentar y cuidar de sus familias. Al menos, 3000 de ellos habrían desertado desde principios de año.

Muy sintomático de la dramática situación por la que atraviesan las Fuerzas Armadas y de su imperiosa necesidad por recaudar fondos es el programa de paseos turísticos en helicópteros militares a 150 dólares el viaje y que solo pueden abonarse con dinero en efectivo[3].

Las Fuerzas Armadas libanesas son uno de los pocos pilares sobre los que descansa el Líbano. Legitimidad y apoyo popular aparte, desde 1990 es una de las escasas organizaciones libanesas con un cierto grado de transversalidad, que ha logrado maniobrar entre los recovecos de los 18 grupos diferenciados que conforman el Líbano y mantenerse en pie con éxito. En definitiva, son un símbolo de la unidad y la identidad libanesas. Obviando los graves problemas de seguridad nacional que podría acarrear, su situación actual al borde del colapso total podría verse también como todo un símbolo de lo que le ocurre al resto del país, que se encuentra en las mismas circunstancias de derrumbe.

A grandes rasgos, si miramos hacia el Líbano vemos una crisis económico-financiera galopante. En ella se suceden los acontecimientos sin dar un respiro. Las reservas de moneda extranjera (para comprar en el mercado internacional bienes esenciales como combustible, por ejemplo) están bajo mínimos. La libra libanesa ha perdido hasta un 90% de su valor. Y, en pleno proceso de hiperinflación, el Gobierno libanés empieza a hablar de retirar los subsidios, que el Ejecutivo ya no se puede permitir subvencionar, de los bienes de primera necesidad a una población empobrecida y con un paro en torno al 50%.

A todo ello hay que sumar que el país lleva casi un año políticamente estancado, sin un acuerdo para formar gobierno entre grupos clave como los chiíes de Hezbolá (que miran más hacia otro lado), y las comunidades suní y cristiana maronita. Además, con una élite política corrupta que se ha enriquecido con el sistema que ha arruinado al país y al que no es capaz de renunciar ni siquiera en las actuales circunstancias de ruina nacional. Aparte, entre otras cosas, la situación regional se encuentra a la expectativa de lo que pueda suceder en lo relativo a la negociación con Irán (gran valedor de Hezbolá) sobre su programa nuclear, con la entrada de una nueva administración en Estados Unidos y también en Irán. Todo esto tiene su reflejo en el ámbito internacional. Demasiadas dudas sobre las cuestiones internas y externas, demasiados movimientos por hacer o demasiado tarde ya, quizá, y demasiados intereses. Asuntos que dificultan y ralentizan la llegada de una ayuda que, a día de hoy, resulta acuciante.

Y, además, en plena pandemia de COVID-19 con, entre otros problemas, la falta de dinero para comprar suministros médicos como anestesia para las operaciones y también las medicinas necesarias para enfermedades cardíacas, hipertensión, diabetes, cáncer o esclerosis múltiple, que ya escasean. Según los sindicatos del ramo, si no se hace nada, para finales de julio la situación será catastrófica, con cientos de miles de pacientes sin la medicación que necesitan[4].

Tampoco hay que olvidar todo lo derivado de la explosión del verano pasado en el puerto de Beirut, que arrasó hospitales, comercios, viviendas… de una parte de la capital libanesa y cuya reconstrucción, con sus futuribles jugosos contratos, atrae ya a numerosas empresas francesas, turcas, rusas, chinas… países todos involucrados en la ayuda al Líbano.

En resumen, un entramado complejo y multifacético que acabamos apenas de esbozar, pero con un resultado claro y que se ve a diario: son los ingredientes de la receta para el caos.

Anuncio de los paseos turísticos en helicóptero de las LAF. Fuente – LAF

Llueve sobre mojado

Las protestas, enfrentamientos y disturbios han vuelto a las calles del país. Un ejemplo, las gasolineras. Gran cantidad cerradas por la falta de combustible y colas eternas en las pocas aún abiertas. Ahora se dispara el coste de llenar el depósito, lo que ha provocado episodios de violencia, porque el Banco Central del país ya no subvencionará la importación de petróleo a un cambio de 1500 libras libanesas por dólar, sino a más del doble, 3900, en un intento por evitar un mayor descenso de la reserva de moneda extranjera del país.

Noticia sobre la muerte de un hombre consecuencia de una trifulca en una gasolinera sobre a quién le tocaba llenar el depósito. Fuente Twitter L’Orient Today @lorienttoday https://twitter.com/lorienttoday/status/1413425635578482692

Otro ejemplo, los cortes de energía, que también han derivado en protestas. Sin haber dejado atrás todavía el coronavirus, 21 horas sin luz en algunas áreas dificulta en gran manera el trabajo en los hospitales, que ya en verano han tenido que renunciar al aire acondicionado y sobreviven con generadores propios. Las granjas de pollos, también sin refrigeración, se enfrentan a la muerte de miles de animales por el calor, como el desastre de los negocios de alimentación sin sus frigoríficos y congeladores funcionando. Oficinas gubernamentales encargadas de trámites oficiales, tampoco pueden realizar su labor sin luz, por lo que un gran número de procesos están parados sine die.

El aeropuerto de Beirut sin luz, pero funcionando. Tweet del embajador japonés en el Líbano. Fuente Twitter Takeshi Okubo @TakeshiOkubo3 https://twitter.com/takeshiokubo3/status/1413503895620493316?s=28

Un ejemplo más, los bancos. Un sector blanco de la ira de los ciudadanos que, en los últimos días, han atacado varias sucursales y herido a algunos de sus empleados. Altercados que han llevado al cierre de oficinas.

El último ejemplo, de los innumerables que hay, en el puerto de Beirut solo funcionan 6 de las 16 grúas que hay para la carga y descarga de mercancías, lo que ralentiza el proceso y atasca esta infraestructura. Esto se debe a su deterioro y a la falta de dinero para repuestos[5].

Así las cosas, no parece que exagere demasiado el primer ministro libanés en funciones, Hassan Diab, cuando afirma que “Líbano está apenas a unos pocos días de la explosión social. Los libaneses se enfrentan a este oscuro destino solos (…) (El país) está al borde de un colapso cuyas repercusiones resonarán más allá de nuestras fronteras”, son palabras pronunciadas en su discurso ante embajadores y representantes diplomáticos en Beirut[6]. Un dramático llamamiento a la acción que hasta el momento no ha tenido ni una respuesta clara ni contundente, ni dentro ni fuera del país.

En su informe de principios de junio, el Banco Mundial asegura que la crisis libanesa está entre las 10 peores, quizá entre las tres peores, vividas en el mundo desde mediados del siglo XIX[7]. De 2018 a 2020 el Producto Interior Bruto per cápita ha caído un 40% en dólares y la tasa de cambio monetaria del Banco Mundial se depreció un 129% el año pasado. Pero, además, la mayor carga del abrumador reajuste del sector financiero se ha concentrado en los depositantes más pequeños, la mayor parte trabajadores y dueños de comercios y negocios a menor escala que, de facto, han perdido el valor de sus ahorros. A esto hay que sumar que todos ellos cobran y pagan con una moneda, la libra libanesa, depreciada al 90% y en pleno proceso de hiperinflación, con lo que su poder adquisitivo se ha hundido. Y, por supuesto, sin olvidar que este proceso tiene lugar cuando ya cuatro de cada diez libaneses están en paro y la mitad de la población bajo el umbral de la pobreza.

El Banco Mundial prosigue y destaca la grave repercusión que estos sucesos tienen en cuatro de los grandes servicios públicos del país: electricidad, suministro de agua, sanidad y educación. El drástico aumento de la pobreza coloca a un mayor número de personas sin posibilidad de pagar servicios privados dependiendo de los públicos, que se sobrecargan, lo que, a la vez, amenaza la viabilidad financiera de estos últimos al incrementar los costes y reducir los beneficios por atender a un mayor número de personas. Y el daño que todo este deterioro hace al tejido social, que es el capital humano libanés necesario para sacar el país adelante, es tal, que va a ser muy difícil de recuperar. Para el Banco Mundial esto último es lo que convierte en única la crisis libanesa.

A esta situación no se llega de un día para otro, ni por una sola causa. Según el Middle East Institute, para cuando estalla la crisis, en octubre de 2019, el sector público ya estaba al borde del impago de la deuda, el sector bancario en bancarrota técnica, la economía productiva no había crecido en una década, no había habido presidente de 2014 a 2016, las elecciones parlamentarias fueron en 2018, con 5 años de retraso, y después de un aplazamiento tras otro, se forma Gobierno y con las protestas de octubre de 2019, el Ejecutivo, cae[8].

A partir de ese momento, el país entra en una espiral descendente hacia el caos. Como señala el Middle East Institute, citado en el párrafo anterior, la economía implosiona. Se detiene el flujo de capital; los bancos, sin liquidez, restringen la retirada de dinero de los depósitos. En estas circunstancias, aparece el mercado negro de moneda, la libra libanesa se deprecia rápidamente, se dispara la inflación y se hunden los salarios y el poder adquisitivo de los ciudadanos. Los jóvenes que pueden se exilian hasta alcanzar cifras de récord a día de hoy y la capacidad productiva se reduce drásticamente por el cierre de negocios. Entonces, la COVID-19 golpea al país y el 4 de agosto de 2020 una devastadora explosión arrasa parte de la capital, Beirut.

Comparativa de los precios de productos de la cesta de compra y de algunas medicinas de 2019 a 2021. Gráficos elaborados por Al Jazeera @AJLabs. Tweet del profesor del Instituto Austríaco para la Política Europea y de Seguridad Michael Tanchum. Fuente Twitter @michaeltanchum https://twitter.com/michaeltanchum/status/1415772144731033603?s=28

Asientos de primera fila para el desastre

Con la debacle en ciernes, destaca todavía más la falta de soluciones por parte de la clase política libanesa, que ante la emergencia nacional ha estado “desaparecida en combate” y cuya inactividad ha tenido dramáticas consecuencias sociales. Según el informe del Banco Mundial citado en el apartado anterior, la respuesta de la clase política libanesa a los enormes retos que enfrenta el país ha sido hasta el momento “altamente inadecuada”[9]. Ello por dos razones: primera, no ha habido consenso sobre iniciativas políticas efectivas para salir de la crisis y, segunda, sí ha habido consenso en torno a la defensa de un sistema económico ya en bancarrota que había beneficiado a unos pocos durante mucho tiempo.

En su repaso por la situación citado con anterioridad, el Middle East Institute[10], destaca los intentos del gobierno formado en enero de 2020, que inició las negociaciones con el FMI y comenzó los trabajos para la puesta en marcha de un programa económico de emergencia. Un esfuerzo que se demostró quijotesco cuando, ante el volumen de las pérdidas financieras, se pidió el compartir la carga empezando por los accionistas de los bancos y los acreedores de la enorme deuda. En respuesta, el ataque contra el Gobierno por parte de una amplia coalición de intereses particulares y políticos fue tal que dio marcha atrás en sus medidas económicas y financieras, lo que terminó con las conversaciones con el FMI. Ya sin apenas capacidad de acción, la explosión del puerto de Beirut del 4 de agosto hace caer el Ejecutivo, creando un nuevo vacío de poder.

De este modo, encontramos una actitud interesadamente negligente ya que, tal y como está la situación, la hiperinflación, la depreciación de la moneda y el paso de los depósitos en dólares a libras libanesas hacen recaer gran parte del peso de la crisis sobre la población, lejos de los intereses de la oligarquía. Una élite política que fía su destino y que es agente de sus patrocinadores, que se encuentran fuera del país (Irán, Arabia Saudí…) y a los que no les afecta de forma directa el crack libanés, luego tampoco han tenido hasta ahora ninguna prisa por solucionarlo. Priorizan sus intereses, como sus patrocinados, de ahí la dificultad para alcanzar ningún consenso político, y, de ahí, su inacción ante la trágica sucesión de los acontecimientos en el Líbano.

Entre otras cosas, esta circunstancia hace que la onda expansiva del colapso libanés se note mucho más allá de sus fronteras. Un ejemplo, sin ir muy lejos, es Israel. Ambos países están aún en estado técnico de guerra y, sin embargo, ante la grave situación por la que atraviesa el Líbano, Tel Aviv ofrece ayuda humanitaria a través de su ministro de Defensa, Benny Gantz:

Israel ofrece ayuda humanitaria ante la gravísima crisis económica en el Líbano. Tweet del ministro de Defensa israelí, Benny Gantz. Fuente Twitter Benny Gantz @gantzbe https://twitter.com/gantzbe/status/1412332177287692288

Un ofrecimiento que es probable que rechace el Gobierno libanés y que no es desinteresado tampoco, porque lo último que quiere Israel es que Irán aproveche la debacle libanesa para presentarse como el “salvador” del país a través de su comunidad chií. Preocupa también a los israelíes otra posibilidad, aunque remota, que la guerrilla chií Hezbolá, actor clave libanés, patrocinada por Irán, a la que menos ha afectado el colapso económico del país y enemiga acérrima de Tel Aviv, pueda aprovechar también el “río revuelto” para hacerse con una mayor cuota de poder de la que le corresponde a día de hoy en el Líbano[11].

Conviene tener en cuenta que, conforme al sistema sectario de reparto del poder en el Líbano (en virtud del Acuerdo de Taif de 1989 que puso fin a la guerra civil) les corresponde a los cristianos maronitas la presidencia, a los suníes la Jefatura del Gobierno y a los chiíes la Presidencia del Parlamento, grupos mayoritarios según su población. Pero en las últimas décadas la demografía ha dado un vuelco y, en estos momentos, si se optara por una reforma del sistema conforme a los mismos criterios poblacionales o por una democracia, la población chií ha aumentado considerablemente (está hoy por encima del 40%, mientras que suníes y cristianos maronitas han visto su número reducido). Con este panorama, los chiíes estarían infrarrepresentados en las instituciones y una reforma como la mencionada podría reforzar su posición y su influencia, incluso, llegar a hacerse con el poder en el país.

De ahí nacen una multitud de problemas en los ámbitos nacional, regional e internacional a la hora de abordar las posibles soluciones a la crisis libanesa, sabiendo que apoyado en los chiíes libaneses hay una probabilidad de que después de todo, salga beneficiado Irán, el valedor de Hezbolá y del “Eje de Resistencia” en el Levante.

Mención aparte merece la eventualidad, por pequeña que sea, de que la desestabilización libanesa pueda desembocar en una escalada militar, entre Israel y la guerrilla chií para la cual ambos mantienen preparadas a sus fuerzas[12].

En el ámbito de la política y la influencia regionales, enfrentados ya ambos a Irán, esta situación coloca a Israel junto a Arabia Saudí, patrocinador de los suníes libaneses. A los que ha dado la espalda, precisamente, por pactar políticas y gobiernos con los chiíes de Hezbolá.

Desde el punto de vista más internacional, cuando se mira hacia el Líbano se ven diferentes cuestiones. En primer lugar, Irán es el que está mejor posicionado, gracias al sistema de un “Estado dentro del Estado” de Hezbolá (que sus opositores califican como “clientelar”, pero que sí provee de ciertos servicios como clínicas, supermercados y organizaciones caritativas[13]) y el “voto cautivo” de la comunidad chií. Pero aún hay que esperar a ver cómo se desarrollan las negociaciones sobre su programa nuclear y cómo actúa Estados Unidos al respecto y sobre la región, en general. Algo que también mantiene a la expectativa a Arabia Saudí y las monarquías del Golfo e Israel, entre otros.

En segundo lugar, desde el punto de vista de la ex potencia colonial, Francia se plantea cómo enviar dinero a los mismos que ya han arruinado el país, sin promesas de reforma y, en caso de haberlas, vinculadas a un cambio en la elite política que podría abrir la puerta a Hezbolá, sabiendo su fuerte vínculo con Irán. Esta es una de las cuestiones que están detrás del escaso éxito que han tenido las sucesivas conferencias de donantes organizadas por París. Además, las empresas francesas presionan, como las de otras potencias, para movilizar a sus gobiernos y colocarlas en mejor puesto para acceder a los necesarios contratos de reconstrucción del puerto y parte de la capital, además de otros servicios. Asunto que involucra también a Turquía, Rusia o China en la cuestión libanesa, contando con la presencia que ya tienen en la región, monitorizada de cerca por Estados Unidos y sus socios europeos, además de Francia, en el marco de la competición internacional entre grandes potencias.

Y, en tercer lugar, mientras todos los intereses expuestos se conjugan, las instituciones internacionales, entre ellas el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, avisan de que el deterioro del país es tal que la recuperación aparece como larga y difícil, como poco. Eso, si las protestas callejeras no terminan por desembocar en un nuevo conflicto civil. La inacción de las élites para no hacerse el harakiri financiero, con el enfado y la frustración de la población en aumento puede volverse en contra de la oligarquía que, de todos modos, estaría suicidándose políticamente por hacer poco o nada ante el hundimiento del país.

Además, con una oposición formada por una amalgama de grupos, asociaciones, jóvenes… que, hasta el momento, no ha conseguido la fuerza y la unidad suficientes como para formar una alternativa que pudiera tener alguna posibilidad de éxito frente a un sistema tan arraigado, en el que se mantienen fuertes lazos intracomunitarios, a numerosos niveles, con el clan familiar que lidera la comunidad y que repercute, entre otras cuestiones, en el apoyo y los votos, por ejemplo. Un sistema con profundas raíces que, como en el caso de Hezbolá, podría calificarse asimismo como “clientelar”.

El negocio de la reconstrucción. Tweet del profesor del Instituto Austríaco para la Política Europea y de Seguridad Michael Tanchum. Fuente Twitter @michaeltanchum https://twitter.com/michaeltanchum/status/1413141975373545484?s=28

A modo de conclusión: ¿Hay luz al final del túnel?

“No hace falta usar la imaginación o la intimidación, realmente, estamos en el infierno”, escribe en su cuenta de Twitter el director del Hospital Universitario Rafik Hariri, Firass Abiad[14]. Una situación de la que, para algunos, solo se puede salir con un milagro, tal y como hemos comentado en la entradilla.

Y, sin embargo, como afirma el director regional del Banco Mundial para el Mashrek, Saroj Kumar Jha, hay recetas para el Líbano, como: “Solo un gobierno con mentalidad reformista, que se embarque en un camino creíble hacia la recuperación económica y financiera, mientras trabaja en estrecha colaboración con todas las partes interesadas, puede revertir el hundimiento del Líbano y prevenir una mayor fragmentación nacional”[15].

Una receta que necesitará del acuerdo y cooperación nacional, regional e internacional. Algo que aún no se ha producido. No obstante, a pesar de la dificultad y de la gravedad extrema de la situación, sí que hay camino por recorrer hacia delante. Y lo hay, entre otras cosas, por lo que afirma también el Banco Mundial[16] en su informe: no se han tomado las medidas adecuadas, a su entender, no por la falta de conocimiento o de capacidad, sino por otras razones. Luego, capacidad hay y quizá lo que escasea sea voluntad.

El Middle East Institute[17] dibuja tres escenarios posibles de cara al futuro del país. En el peor, al que la institución le da una probabilidad “razonablemente alta” de ocurrir, la negligencia se mantiene y la situación económica, social y de seguridad continúa deteriorándose hasta que o se desata el caos total en el país o un conflicto armado organizado, como ya se ha dado antes.

Fotografía tomada en Beirut, Líbano, el 08/07/2021. Fuente Twitter Kareem Chehayeb @chehayebk https://twitter.com/chehayebk/status/1413080543990853634?s=28

En el mejor escenario, al que el organismo da una “probabilidad muy baja” de ocurrir, se alcanza un consenso político para acometer un programa económico de calado con un gobierno con apoyos para llevarlo a cabo.

En el medio de los dos anteriores se sitúa el escenario “más probable”. Un gobierno al estilo tradicional, con un margen de maniobra restringido, pero que podría seguir las pautas del Fondo Monetario Internacional en lo económico y que pudiera contar con un cierto apoyo financiero del exterior. Esto serviría para estabilizar la situación a corto plazo, aunque no para solucionar el problema de fondo.

Mientras todo esto sucede, Francia anuncia una nueva conferencia de donantes auspiciada por Naciones Unidas el 4 de agosto (primer aniversario de la explosión de Beirut)[18] y presenta su dimisión el primer ministro, Saad Hariri, ante la imposibilidad de formar gobierno, tras más de ocho meses intentándolo[19].

Poco después, le sustituye como primer ministro un viejo conocido del sistema: Nayib Mikati, el hombre más rico del país, que ya fuera primer ministro unos meses en 2005 y entre 2011 y 2014. Mikati tiene un bajo índice de popularidad, entre otras cosas, porque parte de la población lo considera un claro símbolo del actual poder, por lo que ha sido acusado de incompetencia, corrupción y nepotismo[20].

Así las cosas, algo más de tres décadas después de salir de su guerra civil, ahora, si nadie lo remedia, el Líbano se encamina de nuevo hacia el abismo. En su mensaje al renunciar al cargo, Saad Hariri ha dicho: “Que Dios ayude al país”, quizá pocos mejor que él saben hasta qué punto esa ayuda es necesaria, y urgente.

Referencias

Notas

[1] Todos los ejemplos sacados de: Ramadan, Tala, 28/06/2021, ‘We are really in hell’: With fuel price hike looming, Lebanon descends further into chaos, L’Orient Today, https://today.lorientlejour.com/article/1266676/we-are-really-in-hell-with-fuel-price-hike-looming-lebanon-descends-further-into-chaos.html consultado el 06/07/2021

[2] Sanz, Juan Carlos, 23/06/2021, La hambruna del Ejército alerta del hundimiento de Líbano, El País, https://elpais.com/internacional/2021-06-23/la-hambruna-del-ejercito-alerta-del-hundimiento-de-libano.html?ssm=TW_CC consultado el 05/07/2021

[3] Vohra, Anchal, 02/07/2021, What would the collapse of Lebanon’s army mean?, Al Jazeera, https://www.aljazeera.com/news/2021/7/2/what-would-the-collapse-of-lebanons-army-mean consultado el 05/07/2021

[4] AFP, 04/07/2021, Lebanon medicine importers warn imported drugsrunning out, Al Jazeera, https://www.aljazeera.com/news/2021/7/4/lebanon-medicine-importers-warn-foreign-drugs-running-out consultado el 05/07/2021

[5] Todos los ejemplos sacados de: Ramadan, Tala, 28/06/2021, ‘We are really in hell’: With fuel price hike looming, Lebanon descends further into chaos, L’Orient Today, https://today.lorientlejour.com/article/1266676/we-are-really-in-hell-with-fuel-price-hike-looming-lebanon-descends-further-into-chaos.html consultado el 06/07/2021

[6] Reuters, 06/07/2021, Lebanon is ‘days away’ from social explosion, Diab warns, L’Orient Today, https://today.lorientlejour.com/article/1267505/lebanon-is-days-away-from-social-explosion-pm-diab-warns.html consultado el 06/07/2021

[7] Banco Mundial, 01/06/2021, Lebanon Sinking into One of the Most Severe Global Crises Episodes, amidst Deliberate Inaction, https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2021/05/01/lebanon-sinking-into-one-of-the-most-severe-global-crises-episodes consultado el 08/07/2021

[8] Bisat, Amer/Cassard, Marcel/Diwan, Ishac, 29/03/2021, Lebanon’s economic crisis: A tragedy in the making, Middle East Institute, https://www.mei.edu/publications/lebanons-economic-crisis-tragedy-making consultado el 09/07/2021

[9] Banco Mundial, 01/06/2021, Lebanon Sinking into One of the Most Severe Global Crises Episodes, amidst Deliberate Inaction, https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2021/05/01/lebanon-sinking-into-one-of-the-most-severe-global-crises-episodes consultado el 08/07/2021

[10] Bisat, Amer/Cassard, Marcel/Diwan, Ishac, 29/03/2021, Lebanon’s economic crisis: A tragedy in the making, Middle East Institute, https://www.mei.edu/publications/lebanons-economic-crisis-tragedy-making consultado el 09/07/2021

[11] Harel, Amos, 07/07/2021, With Lebanon on Brink of Collapse, Israel Does What It Can to Stave Off Iranian Influence, Haaretz, https://www.haaretz.com/israel-news/with-lebanon-on-brink-of-collapse-israel-does-what-it-can-to-stave-off-iran 1.9975686?utm_source=mailchimp&utm_medium=content&utm_campaign=daily-brief&utm_content=472d1f304b consultado el 10/07/2021

[12] Kubovich, Yaniv, 14/07/2021, Israel Believes War With Hezbollah Unlikely as Lebanon’s Economy Suffers, Haaretz, https://www.haaretz.com/israel-news/.premium-israel-believes-war-with-hezbollah-unlikely-as-lebanon-s-economy-suffers-1.10000686 y @IsraelRadar_com https://twitter.com/israelradar_com/status/1415761277197094920?s=28 consultados el 17/07/2021

[13] Íbid.

[14] Todos los ejemplos se encuentran en: Ramadan, Tala, 28/06/2021, ‘We are really in hell’: With fuel price hike looming, Lebanon descends further into chaos, L’Orient Today, https://today.lorientlejour.com/article/1266676/we-are-really-in-hell-with-fuel-price-hike-looming-lebanon-descends-further-into-chaos.html consultado el 06/07/2021

[15] Banco Mundial, 01/06/2021, Lebanon Sinking into One of the Most Severe Global Crises Episodes, amidst Deliberate Inaction, https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2021/05/01/lebanon-sinking-into-one-of-the-most-severe-global-crises-episodes consultado el 08/07/2021

[16] Íbid.

[17] Bisat, Amer/Cassard, Marcel/Diwan, Ishac, 29/03/2021, Lebanon’s economic crisis: A tragedy in the making, Middle East Institute, https://www.mei.edu/publications/lebanons-economic-crisis-tragedy-making consultado el 09/07/2021

[18] Azhari, Timour (corresponsal de Thomson Reuters en Líbano), @timourazhari, 16/07/2021, https://twitter.com/timourazhari/status/1415943661158903812?s=28 consultado el 17/07/2021

[19] Associated Press, 15/07/2021, ‘May God help the country’: Lebanon’s Hariri steps downafter months of deadlock, https://english.alarabiya.net/News/middle-east/2021/07/15/Lebanon-s-PM-designate-Hariri-says-he-gives-up-on-govt-formation  consultado el 17/07/2021

[20] Europa Press 27/07/2021, “El primer ministro designado de Líbano inicia sus contactos para intentar formar el nuevo Gobierno”, consultado el 28/07/2021

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1 Comment

  1. ¡Excelente artículo! Tanto por la información presentada como por la redacción. Sin duda has conseguido transmitir muy bien lo terrible que ha de ser la situación actual del país.

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