De los poderes del estado, la lealtad y el Imperio de la Ley

Que los soldados cobren por su trabajo no atenta contra la seguridad nacional

Escribir en caliente es algo que uno debe evitar, por ello tras la lectura ayer de un artículo en la Revista Ejércitos, del Capitán de Fragata, A. Conte, titulado “Sobre la intromisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea en la regulación de las Fuerzas Armadas”, decidí tomarme un día y leerlo con más calma antes de escribir nada.

La Constitución Española. Artículo 1.2 La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado. Estas bellas y simples palabras definen una máxima. En ellas se establece por quién y cómo.

Por quién estamos dispuestos a morir los soldados* (y los que lo fuimos) y como quieren ellos que lo hagamos.

Más adelante la Carta Magna explica. Los Poderes del Estado son tres. El Ejecutivo. El Legislativo. El Judicial. En ninguna parte, leído y releído ese libreto, dice que el ejército sea uno de esos poderes.

El ejército, sobre todo sus mandos, están obligados al cumplimiento de las órdenes derivadas de las leyes, tratados, acuerdos y resoluciones judiciales. Los militares, como todos los europeos, estamos sometidos al Imperio de la Ley.

La obediencia a la norma debe ser exquisita por parte de un militar, en especial de sus mandos. Una de las primeras cosas que admiré al entrar en la academia era la expresión que se repetía una y otra vez en las Reales Ordenanzas. Ejemplaridad. El mando enseñará con el ejemplo… Motivará con el ejemplo… Servirá de ejemplo…

Admiré lo que debía ser un oficial, un ejemplo a seguir, que despertara respeto y lealtad por parte del subordinado. Muchos (he tenido la suerte de trabajar con algunos) lo hacen. Otros asumen ese hecho sin entender que la lealtad, al igual que la justicia, es un camino de dos sentidos.

Los soldados españoles (y de tantos otros países) están dispuestos a dar su vida por esta España nuestra. Siguen con lealtad al mando, pero por desgracia, no siempre ese sacrificio y esa lealtad es correspondida.

Esta sentencia, a la que hace referencia el artículo mencionado y que emanada de uno de los tres poderes del estado, viene a decir en román paladino: “Se le debe pagar al soldado (Suboficial en este caso) el tiempo trabajado”. Porque establece, con lógica, que fuera de los preceptos del periodo de instrucción, grave crisis, conflicto o guerra, los soldados tienen (mira qué desfachatez) los mismos derechos que el resto de los ciudadanos de la Unión a recibir compensación por su tiempo.

¿Cómo se atreven los jueces?

¿Derechos de los soldados? ¿Derecho a cobrar un sueldo justo? ¿Derecho a cobrar por su sacrificio? La verdad que me duele como soldado que un mando no piense en el bienestar de sus subordinados. Y me enfada sobremanera el tufillo a despacho de puro y coñac que deja.

Cuando entré en el ejército en el 2001 me encontré un remanente a viejo e inmovilismo en algunos miembros de las escalas de mando de las FAS. Con el tiempo, sangre nueva y algo de lectura eso fue cambiando. La modernización de las FAS se hizo mal, a destiempo y sin presupuesto, como casi todo lo que se hace en este país. Pero en general se logró.

Mucho nos costó a los soldados poder llevar por la calle el uniforme sin recibir malas miradas y rencores, dejados por esos viejos militares de rancio abolengo, más dispuesto a defender sus privilegios que la vida de los españoles.

Ha costado vidas, incendios, desastres, honor, valor y una pandemia que los españoles vean a los soldados como lo que son, españoles sin más ambición que defender a sus hermanos, padres, hijos y amigos. Dispuestos a luchar contra fuego y balas para que aquellos a los que aman no tengan que hacerlo. Tengo demasiados amigos y compañeros que murieron por el camino para que ahora se remueve ese tufillo a viejo de sangre azul y academia.

La sentencia del Tribunal de la UE sólo viene a ratificar que algunas partes de nuestras FAS (y la de otros países de la UE) no han llegado al estándar de obediencia a la norma que se esperaría de ellos. Que un suboficial deba recurrir a este tribunal, por un derecho claro, es bochornoso.

Igual de bochornoso que los mando de esos soldados (suboficial en este caso) no respeten los derechos de los mismos. Y sobre todo los derechos de su familia, su pareja, sus hijos, de poder tener una vida digna, un sueldo digno.

En España cuando sales del ejército por lesión o sanción (esto solo nos pasa a la Tropa porque las demás escalas tienen unos privilegios que no quieren compartir, que leales ellos) el ejército te deja a deber las vacaciones y otros tantos apuntes contables. Tampoco te pagan indemnización por despido que corresponde, te dan una “prima por servicios prestados” que ni se acerca a la cuantía que debería corresponderte. Y conseguir una pensión por lesiones requiere de un abogado muy bueno.

De igual manera descubres que puedes llevar veinte años arreglando aviones, coches o escribiendo a ordenador y no tienes titulación válida para reinsertarse en la vida civil y te encuentras sin provecho y beneficio tras tu servicio.

Y todo ello porque a pesar de la modernización de las FAS aún queda parte de ese tufillo que cree que la tropa es menos que los mandos. Mandos que no han hecho su trabajo con lealtad. No han sido capaces de esforzarse, en 25 años de profesionalización de las FAS, para que las titulaciones militares sean reconocidas por educación. Menos la de la Academia de Oficiales (que es un Grado universitario), por supuesto.

Que se considere a la tropa militares de carrera con los derechos que les corresponde, pues las obligaciones ya las tienen. Un sueldo digno. Una gratificación acordes a su esfuerzo y sacrificio.

Cuando leo artículos como el del Capitán de Fragata no puedo evitar pensar en si le descontarán del sueldo a él las horas extra de la tropa. Otro motivo no se me ocurre para justificar tal reacción.

Que un soldado tenga derecho a cobrar las horas extra atenta contra la seguridad nacional…Bochornoso.

Creo que esos pensamientos son de otra época, de otro país, porque España es un  Estado social y democrático de Derecho, donde todos sus ciudadanos se encuentran bajo el Imperio de la Ley. La misma ley que obliga a obediencia del militar, que este acepta con orgullo, dice que tiene derecho a  un pago justo por su trabajo.

Ignacio Apestegui

Notas

* Cuando digo soldados es una generalidad extensible a todos los rangos pero son estos los más sufridos, leales y valientes, y los que más sufren y entregan a su patria.

Nota del autor

Como puse al principio dejé algo de tiempo para escribir mi respuesta. Tiempo que aproveché para leer más artículos de A. Conte. Los mismos me demuestran que el Capitán de Fragata, como no puede ser de otra manera para un Oficial del Ejército español, es un hombre inteligente y reflexivo. No quiero que se tome esta opinión como algo personal contra él, si no una respuesta a ese pensamiento que representaba su artículo, que creo no es acorde con el espíritu que el Ejército Español debe tener en la Europa de hoy en día.

 


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1 Comment

  1. Solo agradecer los comentarios y matizar algo que no he dicho en mi artículo. Se trata de una decisión prejudicial en la que varios Estados europeos han tratado de defender una posición contraria al TJUE, por tanto, existe cierta polémica sobre la intromisión. Pero toda decisión juidicial o sentencia se deberá cumplir, si ya se ha agotado la vía de recurso y es firme, y por supuesto, nada se ha escrito contra eso, ni contra la separación de poderes. También recordar, tal y como dice el TJUE, existen ciertas parcelas en la Defensa que no se pueden aplicar el mismo régimen, algo en donde veo sí estamos de acuerdo los dos autores. Y por último, no he hablado de pagar lo que se deba pagar pero sí tener cuidado de respetar la libertad de los Estados a controlar y dirigir su Defensa.

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