La extraña batalla de al-Khafji

Saddam Hussein invade Arabia Saudita

La batalla de al-Khafji

Hace treinta años, el régimen de Saddam Hussein inició una temeraria acción militar invadiendo Kuwait. Confundiendo sus deseos con la realidad, no pudo o no quiso ver que tomar por la fuerza dicha nación pondría en su contra a la mayoría de la comunidad internacional, ya fuera por intereses políticos o puramente económicos. Cuando la más poderosa fuerza aérea de todos los tiempos comenzó a bombardear objetivos en Irak, Saddam no supo más que emprender una huida hacia adelante, con la invasión limitada de Arabia Saudita. Es en este marco en el que se produce la batalla de al-Khafji.

A comienzos de la última década del siglo XX, el panorama mundial estaba marcado por grandes y esperanzadores cambios. Los que se esperaban que fuesen los últimos grandes conflictos que la Humanidad viviese en décadas (caso de Afganistán) habían concluido, permitiendo así disminuir la tensión bélica en algunas de las regiones del planeta más inestables, caso de Oriente Medio. Pero detrás del espejismo de esas favorables circunstancias, comenzaba a larvarse la siguiente crisis mundial.

La intervención soviética en Afganistán (1979-1988) había dejado a la URSS en una situación de crisis económica, social y política. Tal y como le había sucedido anteriormente a Estados Unidos con su intervención en Vietnam, el gran oso ruso fue desafiado, resultando incapaz de vencer a una milicia de campesinos desarrapados pertenecientes a uno de los países más pobres del planeta (eso sí, con importante apoyo extranjero). Otro de los grandes soportes del régimen soviético, la capacidad tecnológica de sus científicos, se mostró incapaz de responder al desafío planteado por sus rivales norteamericanos con la Iniciativa de Defensa Estratégica conocida como “Guerra de las Galaxias”, terminando su economía exangüe.

El descontento social aupó a Mijaíl Gorbachov a la presidencia de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, desde la que se propuso conducir una cierta apertura del país en distintos ámbitos, a lo que se opondrían posteriormente ciertos sectores inmovilistas con un intento de golpe de estado.

Esos problemas internos en una de las dos grandes potencias que habían establecido el orden mundial desde el final de la Segunda Guerra Mundial, creó un peligroso vacío de poder, lo que a su vez origino una gran inestabilidad, hecho que no tardo en intuir e intentar aprovechar un oportunista sin escrúpulos llamado Saddam Hussein.

Presidente de la Republica de Irak desde 1979, el derrocamiento del Sah de Irán ese mismo año y la toma del poder de los clérigos chiitas, con el Ayatolá Jomeini a la cabeza, habían dejado al país vecino en el más absoluto caos, al intentar imponer su Revolución Islámica a toda la población. Aquello representaba un peligro mortal para Saddam, ya que el siguiente objetivo de Jomeini con toda seguridad sería exportar la revolución iraní y levantar a los ciudadanos de la mayoría chií de Irak en su contra.

Obviamente, para Saddam Hussein el mejor momento para actuar era antes de que los clérigos se consolidasen en el poder. Aprovechando que las purgas de los mandos habían descabezado las fuerzas armadas iraníes, el 22 de septiembre de 1980 los blindados iraquíes entraron en el país vecino y comenzaron la denominada Operación Kaman, para adueñarse de la rica provincia de Juzestán, con una mayoría de población de origen árabe. Pese a los éxitos iniciales y la toma de determinadas ciudades, la milenaria rivalidad entre árabes y persas pesó más que el odio al gobierno teocrático dentro de Irán y los ciudadanos iraníes acudieron en masa para defenderse de la agresión iraquí.

Mapa de la región. Imagen The Whirlwind War: The United States Army in Operations Desert Shield and Desert Storm. Frank Schubert y Theresa Kraus.

Los rápidos avances iraquíes fueron frenados en seco y tuvieron que adoptar una postura defensiva, acuciados por los ataques iraníes que todavía contaban con un gran arsenal de material moderno, en su mayor parte de origen occidental, con el que el depuesto Sah había dotado a sus fuerzas armadas.

Hacia 1982, los iraníes casi habían expulsado a su enemigo de todo su territorio, pudiendo mantener la iniciativa estratégica durante los siguientes años y haciendo valer algunas ventajas clave, como la población (38,5 millones frente a 13,6 millones) o el Producto Interior Bruto (94.360 millones de dólares contra 53.410 millones de dólares en 1980).

Viendo imposible la victoria iraquí y vislumbrándose la posibilidad de que tarde o temprano los ejércitos iraníes avanzasen conquistando gran parte del sur de Irak, hasta llegar a las fronteras de países rivales como Arabia Saudita y Kuwait, los países árabes ayudaron a Saddam prestándole todo tipo de apoyo, incluyendo la concesión de prestamos monetarios para poder adquirir armamento los distintos suministradores, ya fueran occidentales, Rusia o China.

Durante la guerra, la postura estadounidense fue ambigua. Formalmente estaba totalmente en contra del régimen teocrático iraní, ya que al derrocar al Sah habían perdido a su máximo aliado en la región, siendo sustituido por un gobierno totalmente hostil acaudillado por el ayatolá Jomeini. Episodios como el asalto a la embajada de Estados Unidos en Teherán y el posterior intento de rescate de los rehenes no habían hecho sino empeorar las relaciones. Los posteriores atentados suicidas, con camiones cargados con toneladas de explosivos, perpetrados por la milicia proiraní de Hezbolá contra las tropas estadounidenses en el puerto de Beirut y contra la embajada norteamericana en la capital libanesa, llegaron a producir más de 300 fallecidos y centenares de heridos. Por méritos propios, Irán se había convertido para los estadounidenses en un enemigo de primer orden.

Por último y paradójicamente, con el fin de acabar de expulsar a molestos testigos occidentales del país, las milicias chiitas libanesas iniciaron una campaña de captura de extranjeros destinada a conseguir concesiones políticas de sus países natales. El secuestro de varios estadounidenses – incluido William Buckley, que era el máximo agente de la CIA en el Líbano – obligó a abrir un canal de dialogo entre Irán y los Estados Unidos, que termino negociando la liberación de los rehenes a cambio de autorizar la venta indirecta de armas que tanto necesitaban las fuerzas armadas iraníes, como los misiles antitanques y los muy necesarios repuestos para los aviones F4 o F14 de origen estadounidense. Todo ello saltándose los embargos establecidos por su propio país contra Irán.

La fragata Stark FFG-31 aparece escorada el 18 de mayo de 1987. Imagen http://www.navsource.org/.

Es en este punto cuando el 17 de mayo de 1987 se produjo un grave incidente militar entre Irak y los Estados Unidos. Por entonces, la US Navy patrullaba el Golfo Pérsico en misiones de escolta, protegiendo de los ataques iraníes a los grandes buques petroleros de infinidad de países, que en gran porcentaje llevaban en sus bodegas crudo iraquí como forma de eludir así el pretendido aislamiento económico que quería ejercer Irán sobre Irak. De manera inesperada, un avión iraquí, presumiblemente un Falcon 50 civil transformado, lanzó dos misiles Exocet contra la fragata USS Stark (FFG-31) de la clase Oliver Hazard Perry, alcanzando al buque con ambos misiles. Gracias a que uno de los artefactos no llegó a explotar, el equipo de emergencias del barco pudo evitar su hundimiento y alcanzar puerto para ser asistido. El inexplicable ataque a un navío militar que favorecía los intereses iraquíes se saldo con 37 marines fallecidos, victimas quizás de la venganza de Saddam por el suministro estadounidense de armas y equipos a Irán.

Gracias al apoyo económico masivo de los países árabes, el ejército iraquí pudo apuntalar el frente y evitar su colapso, llevando al régimen iraní a tirar la toalla en su intención de conseguir una victoria definitiva. Por fin, a finales de agosto de 1988 se alcanzó un acuerdo de paz, restableciéndose las fronteras anteriores al comienzo de la guerra.

Del largo conflicto ambos países salieron exhaustos y con las finanzas en bancarrota. Para Irak significaba tener que pagar una enorme deuda contraída cifrada en docenas de billones de dólares estadounidenses, sobre todo con países como Arabia Saudita, Kuwait y demás países árabes, a los que tenía que devolver casi 80.000 millones de dólares. Según algunos expertos, la reconstrucción de Irak hasta niveles previos a la guerra le costaría al país alrededor de 230.000 millones de dólares. Sin embargo, estaba lejos de poder afrontar la reconstrucción y es que cada año el déficit presupuestario aumentaba en 10.000 millones debido únicamente a la cuantía de los intereses adeudados.

Como única herramienta en sus manos para cambiar los acontecimientos, Saddam Hussein mantenía un ejército sobredimensionado con aproximadamente un millón de soldados sobradamente experimentado en combate y con un gigantesco arsenal, dotado de cerca de 5.000 carros de combate, 6.000 vehículos blindados, 3.500 piezas de artillería, medio centenar de aviones, la misma cantidad de helicópteros y 44 buques de guerra.

Aunque al menos inicialmente fuese simplemente a modo de amenaza, el dirigente iraquí se sentaba en las mesas de negociación de sus aliados árabes exhibiendo musculo militar, recriminándoles (a veces con cierta razón) los abusos y los beneficios que habían conseguido mientras Irak tenía que lidiar en solitario con la milenaria amenaza persa. De los reproches económicos rápidamente se pasó a los de carácter histórico. Para el dictador, una vuelta a los tiempos no tan lejanos en los que Kuwait era parte de la provincia de Basora, era la manera más fácil de conseguir todos sus objetivos con un único movimiento.

El despliegue de tropas cerca de la frontera kuwaití no pasó desapercibido para las agencias de inteligencia norteamericanas, las cuales procedieron a elevar el nivel de alerta, activando como primer paso el despliegue en la zona de cierta cantidad de aviones de repostaje KC-135. Además, se comunico a la prensa el inicio previsto de maniobras conjuntas en las siguientes semanas. En lugar de ser un toque de atención para Saddam, aquellas noticias no hicieron más que alarmarle, indicándole que si tenía previsto iniciar esa acción militar debería llevarla a cabo sin dilaciones, ya que en el futuro sería imposible.

Desde principios de julio de 1990 se sucedían los vuelos de reconocimiento fotográfico sobre Kuwait, con el fin de identificar los objetivos militares en una hipotética invasión. Imagen Liberating Kuwait. Paul Westermeyer US Marine Corps History Division.

Tras una reunión apaciguadora con el embajador estadounidense, al cual no había recibido desde hacia dos años, Saddam Hussein decidió seguir adelante con su estrambótico plan.

Plan de Invasión de Kuwait. Encabezando la ofensiva se encontraban las principales divisiones de la Guardia Republicana. Imagen Liberating Kuwait. Paul Westermeyer US Marine Corps History Division.

Ya a finales de julio de 1990 se celebraron varias reuniones de alto nivel entre dirigentes iraquíes (en el caso iraquí nadie más cercano al dictador que su primo y su consuegro) y kuwaitíes. A estos últimos se les presentó el 31 de julio como ultimátum la obligación de cesión de dos de las islas que limitan el litoral de Irak, el campo petrolífero de Rumaila y la condonación de la deuda. Lo que para unos era una simple fanfarronada dentro de una presumiblemente larga negociación, para los otros era la excusa para apretar el gatillo de un arma que llevaba tiempo cargada.

Blindados iraquíes entrando el 2 de agosto en Kuwait City. Imagen www.arabnews.com/desertstorm.

En la madrugada del 2 de agosto las fuerzas iraquíes, que habían sido desplegadas a tal efecto con anterioridad, entraron en el pequeño emirato desde distintas direcciones y con medios abrumadores con respecto a sus contrarios. La resistencia armada del país invadido fue aplastada en unos pocos días, retirándose paulatinamente detrás de las fronteras saudíes. De igual manera procedió el jeque al-Sahab, estableciendo en el país vecino un gobierno kuwaití en el exilio.

Proviniendo de un país pobre como Irak, miles de soldados se encontraron dueños de un territorio cuyos ciudadanos durante décadas había vivido en la opulencia. Rodeados de todo tipo de lujos inimaginables, desde la tropa en Kuwait hasta los dirigentes en Bagdad se lanzaron a saquear Kuwait a todos los niveles, empezando por las inmensas riquezas en oro depositadas en los bancos del emirato, las cuales fueron trasladadas en un convoy militar con rumbo a la capital iraquí para nunca más volver a ser vistas.

En menos de una semana el escenario político internacional había pasado de un nivel de alerta bajo a situarse a niveles no alcanzados en décadas. De ser un país más de los productores de petróleo, ahora Irak pasaba a ser dueño de un enorme porcentaje de la producción mundial, pudiendo controlar el precio de un recurso tan vital para la economía mundial como es el crudo y sus derivados.

Si se hubiese tratado de un trozo de desierto sin recursos, perteneciente a un país pobre y sin aliados, lo mismo lo hubieran dejado pasar sin intervenir, pero con su acción Saddam Hussein se había convertido en una réplica del Adolf Hitler de 1939 invadiendo Polonia.

Su gran valedor hubiera podido ser la Unión Soviética, pero tal y como se explica al inicio del artículo, justo en esos instantes Rusia tenía enormes complicaciones de nivel interno con las que debía lidiar, no estando en disposición de ejercer presión diplomática. El planeta había pasado de ser regido por un equilibrio bipolar a estar comandado por una única potencia, los Estados Unidos de América.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas votó el mismo día 2 de agosto la resolución 660 en la que condenaba a Irak por su invasión y le exigía la retirada inmediata. Envalentonado por su conquista, el dictador volvió a equivocar su juicio y desafió a la comunidad internacional proclamando el día 8 de agosto la anexión de Kuwait.

La única duda que pudo pasar por su cabeza debió de ser si seguía adelante y lo jugaba todo a una carta invadiendo Arabia Saudita y derrocando así a la monarquía de los Saúd. En ese momento esa acción era tan factible como lo fue antes la invasión de Kuwait, pero debió de pensar que tal y como pasó con el pequeño emirato ahora en su poder, la familia real saudí podría huir a otro país y pedir desde allí ayuda internacional, a la que rápidamente se aprestarían gran cantidad de países deseosos de recibir una porción de la gigantesca fortuna a repartir con tal de liberar a dos de los países más ricos del planeta.

Además, siempre hay que tener presente el capítulo del liderazgo dentro del mundo árabe y musulmán. Invadir el país de los lugares sagrados de la Meca y Medina era un asunto muy serio. Simplemente con la conquista de Kuwait había conseguido que países como Siria, Egipto o Marruecos se uniesen a la coalición internacional, más que nada para acabar con su imagen de caudillo del mundo árabe. Naciones tan exóticas como Níger, Senegal o Bangladés, además de un grupo de muyahidines afganos, acudieron a la llamada de auxilio saudí, conformando junto a otros países capitaneados por Estados Unidos una de las mayores fuerzas militares nunca vista.

En el aspecto militar, tras la conquista de Kuwait las tropas iraquíes adoptaron una disposición defensiva, con divisiones regulares de infantería en primera línea respaldadas por las mejores divisiones mecanizas y blindadas como segundo escalón.

A partir de este momento el resultado no pudo ser otro que el que posteriormente se produciría. Sabiendo que las tropas iraquíes no tenían intención de pasar a realizar una ofensiva a gran escala y que el periodo optimo para iniciar la reconquista de Kuwait seria en febrero, cuando se diesen las condiciones meteorológicas más favorables, simplemente se trato de coordinar uno de los mayores esfuerzos logísticos militares vistos desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Exactamente como ocurrió con el desembarco en Normandía en 1944, una vez acumulada la suficiente potencia militar y decidido a nivel político el llevar a cabo la operación, ni el poder militar alemán en junio de 1944 o las defensas planteadas por los militares iraquíes en 1991, podían impedir la derrota.

Las semanas se fueron sucediendo mientras los barcos y aviones occidentales transportaban millones de toneladas de mercancías desde todos los rincones del planeta hacia las bases de coalición. Unidad tras unidad eran activadas para ser trasladadas al teatro de operaciones. Los primeros en hacerlo fueron las unidades ligeras de reacción rápida de la 101st Airborne Division y la 82nd Airborne Division, a las que pronto se les unieron los marines de la 7th Marine Expeditionary Brigade. Juntos formaron en los primeros momentos la primera línea de defensa en la denominada Operación Escudo del Desierto, siendo su principal misión la protección de las infraestructuras aéreas y navales hacia las que navegarían el resto de equipos y unidades.

Encargado de planificar el esfuerzo de la coalición internacional se encontraba el US CENTCOM con base en Tampa, Florida, a cuyo mando estaba el General Herbert Norman Schwarzkopf. Persona capaz, consumado estratega y con dotes diplomáticas, tal como le ocurriese medio siglo antes a Eisenhower, pronto tendría que poner juego sus habilidades para evitar que sucesos ajenos le desviasen de un plan de batalla a todas luces vencedor.

Para el líder iraquí debió resultar frustrante contemplar como día a día el enemigo se hacia cada vez más fuerte, sin poder hacer nada por impedirlo. Las únicas bazas que le quedaban pasaban por provocar una alteración del plan aliado en su ventaja o por conseguir un acuerdo diplomático favorable. Él mismo se encargaría de hacer imposible esta última opción, demostrando que vivía completamente ajeno a la realidad.

A las 08:00 del domingo 2 de diciembre de 1990 las alarmas sonaron en las bases aliadas situadas en el reino saudí. Los satélites que orbitaban sobre la región avisaron del lanzamiento desde Irak de un cohete de medio alcance Scud. Tras varios minutos de espera se pudo determinar que dicho cohete seguía una trayectoria Este-Oeste y que el punto de impacto previsto era el propio territorio iraquí. Posteriormente fueron lanzados otros dos cohetes siguiendo el mismo patrón de vuelo. Se trataban de ensayos destinados a comprobar su operatividad, a la vez que servían como aviso a los países de la coalición, ya que demostraron la posibilidad de ser usados como armas de carácter estratégico contra objetivos de dicha naturaleza, como podían ser las ciudades saudíes o incluso de Israel.

Cohete SCUD balístico de corto alcance sobre lanzador móvil. Fotografía de 2004 de un modelo SCUD-2 perteneciente al Ejército afgano. Fuente Wikipedia.

Esta última posibilidad podría complicar el escenario diplomático al empujar a las fuerzas militares israelíes a entrar en la guerra, cosa que en 1990 no sería bien visto entre la población de países como Marruecos, Egipto o Siria, pudiendo causarles más de un problema de seguridad interno.

E-8A Joint Surveillance Target Attack Radar System (Joint STARS). Imagen https://www.airforce-technology.com/projects/jstars/.

Desde luego, la amenaza de los cohetes Scud y sus derivados de desarrollo iraquí como el Al-Hussein, no podía ser obviada y desde el CENTCOM se puso el máximo énfasis en tratar de localizar posibles bases de lanzamiento, fijas o móviles. Para ello, además de otros, emplearon dos -por entonces todavía demostradores tecnológicos- Northrop Grumman E-8 Joint Surveillance Target Attack Radar System (Joint STARS), que como indica su nombre, vigilan con su radar los movimientos de vehículos sobre el terreno.

Tal y como se había planificado, el 17 de enero de 1991 comenzaron las hostilidades con un masivo ataque aéreo contra objetivos estratégicos dentro de Irak y Kuwait. Radares, bases aéreas e infraestructuras clave fueron atacadas para paralizar el país y conseguir la superioridad aérea sobre el teatro de operaciones. Como se establece en las campañas aéreas militares, tras negar al enemigo la posibilidad de emplear el espacio aéreo para realizar ataques contras las fuerzas aliadas, se trataría de aislar la zona prevista donde tendrían lugar los combates terrestres con ataques de interdicción, a la vez que se comenzaba a ablandar las defensas del enemigo. Con un mes por delante, las fuerzas terrestres de la coalición disponían de suficiente tiempo para abandonar las zonas tácticas de reunión y comenzar los movimientos hacia las zonas avanzadas de despliegue previas a la ofensiva.

Movimiento de las tropas de la coalición en retaguardia, lejos del alcance de las armas iraquíes, hacia los lugares desde donde partiría el ataque en febrero. Imagen. The Whirlwind War: The United States Army in Operations Desert Shield and Desert Storm. Frank Schubert y Theresa Kraus.

Una vez iniciadas las hostilidades, tal y como se temía, desde el primer momento Saddam Hussein ordenó el empleo de armas de terror para su uso indiscriminado contra ciudades de Israel y Arabia Saudita. Un total de sietes cohetes fueron lanzados contra las ciudades israelíes de Tel Aviv y Haifa, hiriendo a siete personas, mientras que otros cinco fallecieron asfixiados al emplear incorrectamente las máscaras antigás que se habían repartido entre la población dado el temor a que los cohetes portasen armas químicas. De igual manera, otro grupo de cohetes fue dirigido contra las ciudades saudís de Dahrán y Tabuk, siendo todos ellos interceptados por las baterías de misiles antiaéreos Patriot.

Ese mismo día las noticias hacían referencia a una pequeña localidad llamada al-Khafji situada a apenas una docena de kilómetros de la frontera entre Kuwait y Arabia Saudita. Recurriendo a piezas de artillería de 155 mm, los iraquíes consiguieron incendiar dos depósitos de combustible de una refinería situada en las afueras del poblado. Por su cercanía al frente, el gobierno de Riad había ordenado semanas antes su evacuación y consiguientemente no se produjeron bajas.

Imagen de parte del poblado de al-Khafji tomada por un avión de reconocimiento iraquí en agosto de 1990. Imagen Liberating Kuwait. Paul Westermeyer US Marine Corps History Division.

En sucesivas jornadas la campaña aérea continuo su ritmo propio, con especial énfasis en destruir la capacidad de lanzamiento de cohetes Scud, los cuales eran también lanzados de forma regular contra ciudades de Israel y Arabia Saudita. Los E8 Joint STARS se empeñaban en su tarea, buscando a sus escurridizos objetivos principalmente por las zonas del oeste de Irak, bastante alejados del frente oriental del teatro de operaciones, por lo que únicamente de forma parcial pudieron percibir ciertos movimientos de tropas que se estaban produciendo cerca de la costa.

El día 24 de enero, cuando se cumplía una semana del inicio de los bombardeos en Irak, el dictador iraquí pudo constatar que la acción diplomática había impedido una respuesta precipitada a los ataques con cohetes Scud contra Israel y Arabia Saudita, por lo que la iniciativa y el ritmo de los acontecimientos bélicos seguirían según los designios de sus enemigos. Por ejemplo, esa misma jornada se produjo la primera acción ofensiva aliada al desembarcar y conquistar la pequeña isla de Qaruh, situada a 30 kilómetros de la costa kuwaití.

En una maniobra extraña, el propio tirano comenzó a trasladar en pequeños grupos a lo mejor de su fuerza aérea hasta los aeropuertos de sus hasta hacía poco mortales adversarios iraníes. Con ello dejo el control total del espacio aéreo en manos de la coalición internacional, que únicamente tendría que adoptar, en la planificación y ejecución de las misiones aéreas, medidas defensivas para evitar el fuego antiaéreo de cañones y misiles.

Khafji: Planes de ataque y defensa

Incluso en este momento Sadam Hussein podía haber parado la guerra aceptando todas las condiciones que le impusiesen, pero se vio incapaz de realizar semejante acto y evitar con ello todas las muertes y la destrucción que estaban por venir. La única manera que encontró para provocar un cambio del inexorable destino que se le venia encima fue el de provocar la batalla terrestre antes de que la moral de sus soldados se derrumbase. Conociendo de sobra la mentalidad del Rey saudí Fahd, sabía que para el monarca sería inaceptable el permitir que una ciudad de su reino fuese conquistada.

Obviamente el contraataque para recuperar Khafji era inevitable, y tanto Saddam como sus mandos eran conscientes de que el poblado era imposible de mantener, pero esperaban arrastrar a sus enemigos a un combate generalizado que adelantase la fecha de la ofensiva aliada, sabiendo que ni siquiera la mayor parte de las unidades estaban en sus posiciones iniciales de partida, ni tenían todo su equipo consigo. La suerte de sus propios soldados, atrapados en al-Khafji, era algo que al tirano no le importaba lo más mínimo.

Para informar a sus generales de la voluntad de invadir el país vecino, Saddam Hussein se trasladó la última semana de enero a Basora. Una vez informados de la voluntad de su líder, los mandos iraquíes establecieron un plan operacional. En él se establecía que cinco unidades permanecerían en sus posiciones defensivas en la frontera kuwaití, en la denominada “Línea Saddam” – de Este a Oeste se trataba de las 18ª, 8ª, 29ª, 14ª y 7ª divisiones de infantería – mientras que las unidades que propiamente intervendrían en el ataque serían la 1ª División Mecanizada, la 3ª División Acorazada y la 5ª División Mecanizada. La primera pertenecía al IV Cuerpo de Ejército bajo la dirección del Mayor General Yaiyd Khalel Zaki, mientras que las dos restantes formaban parte del III Cuerpo de Ejército del Mayor General Salah Aboud Mahmoud, uno de los mejores generales iraquíes, con una gran experiencia adquirida defendiendo Basora en la guerra contra Irán.

Las directrices generales marcadas dictaban que la 1º División Mecanizada cumpliría una misión de protección, realizando un ataque para proteger el flanco de las unidades del III Cuerpo. Para ello atacaría en el trozo de la frontera que transita en dirección Norte-Sur, atrayendo la atención del enemigo hacia un sector no directamente implicado en el avance.

El objetivo de la 3ª División Acorazada sería el de atacar en la zona de la frontera en la que se une el tramo que discurre Norte-Sur con el Este-Oeste. De esta manera se tenía previsto facilitar la maniobra de avance de la 5ª División Mecanizada, cuyas brigadas mecanizadas 15ª y 20ª serían las destinadas a entrar en la población, desde el Oeste y desde el Norte respectivamente.

Las unidades iraquíes estaban dotadas en su mayoría con material de origen soviético, con carros de combate T-54/55 y T-62, vehículos de infantería BMP-1, BRDM-2 de reconocimiento y artillería de 152mm y 155mm.

Con el objetivo principal ya en su poder, las divisiones 1ª Mecanizada y 3ª Acorazada retrocederían a Kuwait atentas al previsible contraataque enemigo.

 Despliegue iraquí en el interior de Kuwait a comienzos de 1991. Imagen: The Battle of al-Khafji de Paul W. Westermeyer. Marine Corps History Division.

Las fuerzas de la coalición internacional presentes en la zona oriental del frente eran en su mayor parte unidades saudíes, aliados árabes como los Qataríes y estadounidenses pertenecientes al US Marine Corps.

En 1990, las fuerzas armadas saudíes estaban formadas por dos ramas separadas. La primera la constituían las tropas regulares del Ministerio de Defensa y Aviación (MODA), mientras que la segunda era la denominada Guardia Nacional de Arabia Saudita (SANG), compuesta por dos brigadas mecanizadas dotadas del mejor material militar y con la mayoría de sus mandos pertenecientes a la familia real saudita. Además de apoyar a las unidades del MODA, las dos brigadas del SANG cumplían históricamente la importante misión de asegurar la lealtad de los militares a la casa de Saúd.

Con el fin de aparentar que las fuerzas árabes pertenecientes a la coalición no seguían ordenes estadounidenses, se creó un mando combinado (Joint Forces Command) al frente del cual se nombró al General Khaled bin Sultan bin Saud. Obviamente pertenecía a la familia real, habiendo realizado estudios militares en la academia británica de Sandhurst y en el Air War College de la base aérea de Maxwell en Estados Unidos.

Esquema de la maniobra de la Operación Tormenta del Desierto.

En la planificación de la Operación Tormenta del Desierto a las tropas saudíes y árabes se les había asignado el sector más oriental del avance. Pegado a la costa estaba el Joint Forces Command East, con tropas del MODA, la 2ª Brigade King Abdulaziz Mechanized Brigade (KAAB) perteneciente a la SANG, una brigada mecanizada Qatarí y tropas de Kuwait.

A su izquierda se situaba el Marine Central Command, con la 1st Marine Division, la 2nd Marine Division y la 1st Brigade de la 2nd Armored Division. Su papel sería el actuar como fuerzas de choque en la invasión de Kuwait, así como empujar a sus enemigos de vuelta a Irak.

Por último, el Joint Forces Command North tenia como componentes las dos divisiones egipcias, unidades del MODA, tropas kuwaitíes y una división siria. Su avance tendría como objetivo final el liberar la ciudad al-Yahra, situada a 30 kilómetro al oeste de la capital del emirato.

Mas al oeste se encontraban las divisiones paracaidistas, las acorazadas, los regimientos de caballería y las agrupaciones inglesa y francesa. Estas serian las unidades de combate que deberían realizar la maniobra principal del plan de operaciones y llevar el peso de los combates contra las divisiones de la Guardia Republicana del ejército iraquí.

Debido a este despliegue, al avanzar el 29 de enero de 1991 las tropas iraquíes hacia al-Kafji, a las unidades que encontraron enfrente fueron a las del Joint Forces Command East y a unidades de la 1st Marine Division del Major General James M. Myatt.

Las otras unidades de la coalición con las que se toparon inicialmente los iraquíes fueron pequeños destacamentos de los Marines que vigilaban a sus adversarios desde una serie de puestos de observación (OP) repartidos a intervalos regulares. Empezando por la costa y siguiendo hacia el interior, las designaciones que recibieron fueron OP 8,7 y 2 – con personal del 1st Surveillance, Reconnaissance and Intelligence Group (1st SRIG) – continuando con el OP 1 manejado por el 2nd Light Armoured Infantry Battalion, perteneciente a la 2nd Marine Division. Finalmente, en los OP4,5 y 6 estaban desplegados destacamentos de tamaño compañía procedentes de distintas unidades de Marines como el 1st Reconnaissance Battaliony el 3rd Light Armored Battalion, agrupados ad hoc con la designación de 1st Light Armoured Infantry Battalion, 1st Marine Division o también Task Force Shepherd.

Desde estas improvisadas posiciones, equipos de la 1st Air-Naval Gunfire Liaison Company (ANGLICO) de designación de objetivos y los tres batallones de reconocimiento con sus blindados LAV-25, mantenían una discreta presencia de para obtener inteligencia del enemigo, pero con orden de retroceder si alguna unidad pesada iraquí atacaba.

Mapa del ataque iraquí del 29 de enero. Imagen: The Battle of al-Khafji de Paul W. Westermeyer. Marine Corps History Division.

El poblado costero de al-Khafji, objetivo de la ofensiva iraquí, está situado a una docena de kilómetros de la frontera con Kuwait. El acceso usual a la ciudad es mediante una carretera que circula en dirección Norte-Sur, paralela a la costa.

Esquema de la ciudad de Khafji. Imagen The Battle of al-Khafji de Paul Westermeyer. Marine Corps History Division.

Para acceder a Khafji desde el Sur, la carretera atraviesa una zona de marismas saladas (sabkhas) que estacionalmente presentan su superficie seca y cuarteada, pero que imposibilita la circulación de los vehículos, ya que bajo esa capa de pocos centímetros se encuentra un terreno húmedo que dejaría irremediablemente atrapado a cualquier medio motorizado. Una vez dejada atrás la zona de marismas, la carretera hace un suave giro a la derecha y enfila hacia al-Khafji, a cuyo núcleo urbano se accede tras pasar por unos arcos de bienvenida.

Famoso dibujo de Jody Harmon mostrando a un AMX-30 Qatarí seguido de dos V-150 Commando saudíes. Lo curioso de la imagen es que muestra la columna saliendo de la localidad tras pasar bajo los arcos, en los que se lee “El municipio y residentes de al-Khafji dan la bienvenida al honorable visitante”. Al fondo se divisan los edificios de al-Khafji con el humo de los combates.

La localidad en sí está constituida por un núcleo urbano, con viviendas de dos o tres alturas, comercios y algunos centros de ocio y religiosos. Atravesando un puente se accede a una zona industrial con una refinería de petróleo y una pequeña pista de aviación. Otro de los lugares de la ciudad más reconocible en las imágenes es una torre de agua de gran altura, que fue atacada continuamente para denegar a los iraquíes el poder desplegar allí observadores que pudiesen contemplar el despliegue de las fuerzas de la coalición.

Fotografía del capitán Charles Grow en la que se aprecian las edificaciones típicas de al-Khafji con su pintura de color tierra. Imagen The Battle of al-Khafji de Paul Westermeyer. Marine Corps History Division.

La invasión iraquí de Khafji

En los días previos al ataque enemigo, las unidades estadounidenses del I Marine Expeditionary Force habían realizado una serie de acciones con su artillería para ir tanteando a las defensas iraquíes. La primera de esas escaramuzas tuvo lugar el día 21 de enero desde posiciones al norte de al-Khafji.

Tras realizar las baterías una salva de disparos, rápidamente se replegaban antes de que el fuego de contrabatería pudiese alcanzarlas. Tras la respuesta artillera iraquí, sus disparos les dejaban expuestos y aviones de observación podían dirigir a los F/A-18 Hornet y A-6E Intruder en sus ataques a las piezas iraquíes. Respaldando la acción se encontraban los F/A-18 Hornet y los AV-8B para atacar las defensas antiaéreas, apoyados por los Grumman EA-6B Prowler de guerra electrónica.

Las escaramuzas artilleras se repitieron los días 26 y 28, con el objetivo de tantear al enemigo, ir dañando sus defensas e intentar eliminar a las peligrosas piezas de artillería G-45 y G-5 diseñadas por el ingeniero canadiense Gerard Bull, dotadas con unas prestaciones mejores que las que tenían los Marines y sus aliados.

Los primeros movimientos de tropas iraquíes comenzaron a ser detectados con varios días de antelación. Uno de los E-8C JSTARS pudo ver movimientos de columnas de blindados hacia las posiciones de partida de la ofensiva sobre Khafji, pero todavía no eran muy numerosos y la prioridad de los medios de localización y ataque estaba enfocada a destruir las lanzaderas de cohetes Scud que tantos problemas estaban causando.

Desde los puestos de observación de la frontera OP2, OP7 y OP8 se detectaron movimientos inusuales las noches del 27 y 28, con fuego de artillería y salvas de cohetes de corto alcance contra al-Khafji. Una columna mecaniza fue localizada en la carretera desde el OP8, pero esa misma noche estaban librando una escaramuza artillera y tenían prioridad en el uso de los medios aéreos de ataque, por lo que los blindados iraquíes no fueron atacados. Cuando a las 03:15 de la madrugada del día 29 de enero finalizó la escaramuza, desde el OP7 un equipo ANGLICO del capitán John Bley dirigió el ataque de una pareja de Fairchild-Republic A-10 Thunderbolt contra una columna enemiga de la 3ª División Acorazada, que se dirigía hacia el oeste para atacar el OP4, destruyendo una docena de blindados a la vez que les causaba un retraso considerable al intentar recuperar varios para la ofensiva terrestre.

Para el Lieutenant Colonel Richard Barry, al mando del 1st SRIG, resultó obvio que iban a ser atacados por fuerzas como mínimo de entidad batallón. Con sus equipos de obtención de inteligencia pudo observar el aumento del trafico de mensajes de radio entre los comandantes iraquíes, percatándose de que un centenar y medio de zapadores estaban intentando despejar la carretera que atravesaba la frontera hacia al-Khafji.

En la madrugada del 29 de enero, el general iraquí al mando del III Cuerpo de Ejército, Salah Aboud, se reunió en el frente con el Brigadier General Flyeh Yaseen, al mando de la 5ª División Mecanizada, unidad sobre la que recaía la misión clave de la ofensiva; la de conquistar con sus tropas al-Khafji. Después de meses de permanencia en Kuwait, un gran número de vehículos estaban averiados y no se podrían emplear en un primer momento, por lo que permanecerían en el pequeño emirato a la espera de poder ser reparados para posteriormente unirse a sus compañeros en al-Khafji. En el lado positivo, los ocho años de guerra contra Irán les habían conferido una gran experiencia a la hora de camuflar sus blindados a los ojos de sus enemigos, permitiéndoles permanecer ocultos durante semanas, por lo que no habían sido objeto de grandes ataques aéreos por parte de la coalición internacional.

No era el caso de la 3ª División Acorazada del Brigadier General Hussan Zedin. Como hemos visto anteriormente, en su movimiento hacia el frente para atacar el OP4 había sido localizada y atacada, sufriendo graves daños y retrasos a la hora de alcanzar la posición planeada desde la que lanzar el ataque de cobertura de flanco al avance de la 5ª División Mecanizada.

Pensando que los estadounidenses ya estarían totalmente alertados, el General Salah Aboud avisó a los mandos de la 6ª Brigada Acorazada, que encabezaba el ataque al OP4. Podrían tener que enfrentarse a tanques y medios dotados con misiles antitanque, por lo que seria conveniente usar una pantalla de vehículos ligeros de reconocimiento.

Pero el general iraquí estaba equivocado. En la cadena de mando de la coalición internacional tomaron los movimientos de tropas en dirección a Khafji como rutinarios repliegues debido a los ataques de artillería y no tomaron medidas contra las tres divisiones que rodaban a su encuentro.

El OP4 era una posición de la policía fronteriza saudí llamado Markaz al-Zabr, consistente en un edificio de dos plantas de altura. Situado como todos los demás puestos de observación detrás de un muro de tierra de poca altura, el 29 de enero estaba desplegado en dicho lugar el 2nd Platoon, Company A, 1st Reconnaissance Battalion (recordemos que un platoon estadounidense es equivalente a una sección en un ejército como el español y no se corresponde con nuestro termino pelotón) que llevaba en el reino saudí desde que fue desplegado en la Operación Escudo del Desierto en septiembre de 1990. Después de pasar dos semanas en el lugar estaba previsto que fuesen relevados el 30 de enero.

Para defender el lugar, el First Lieutenant Steven A. Ross había desplegado a sus hombres en tres grupos a lo largo de un frente de 500 metros. Dotados de típicas armas de infantería, con fusiles de asalto, ametralladoras y algunos cohetes antitanques M136 AT4, era impensable que pudieran hacer frente a un ataque de tanques. Unos centenares de metros detrás del muro de tierra habían colocado protegidos a sus Humvees y el camión que tenían en dotación, con la intención de llegado el caso replegarse allí, montar en los vehículos y retirarse mientras pedían la intervención de los medios aéreos en su ayuda.

Miembros del 1st Reconnaissance Battalion detrás del muro de tierra levantado cerca de la frontera en el OP4. A la derecha se observan un bunker para dotar algo de protección. Imagen The Battle of al-Khafji de Paul Westermeyer. Marine Corps History Division.

A las 12:00 del 29 de agosto se le ordenó al Captain Roger L. Pollard, al mando de la Company D, 3rd Light Armored Infantry Battalion (perteneciente a la Task Force Shepherd) que realizase un reconocimiento por delante del OP4 y luego acabasen la jornada en el lugar, desplegado con sus 19 General Dynamics LAV-25 y siete LAV-AT con misiles TOW2. Tras realizar la misión asignada los dos oficiales se reunieron para coordinarse.

A las 20:00, la 6th Brigada Acorazada iraquí se pudo en movimiento desde el terreno elevado al este del OP4, llegando a su objetivo hora y media más tarde. Desde la posición aliada podían escuchar el ruido de las cadenas de la columna blindada que se acercaba, hasta que se hicieron visibles mediante el uso de dispositivos de visión nocturna. El First Lieutenant Ross intentó conectar vía radio tanto con sus superiores, como con los distintos miembros de las unidades en el OP4, pero según parece los iraquíes emplearon sistemas de guerra electrónica para interferir sus comunicaciones. Empleando el ancestral medio de enviar hombres de enlace a pie pudo alertar a todos los efectivos, consiguiendo el Captain Pollard avisar por radio a los mandos de la Task Force Shepherd del ataque enemigo.

En vez de seguir el plan previsto de replegarse, montar en los vehículos y retroceder dejando la posición vacía, los marines abrieron fuego a larga distancia con sus ametralladoras. Aquello no paró a los tanques iraquíes, pero si les hizo frenar la marcha para localizar la fuente de los disparos y hacer fuego con sus cañones que, aunque imprecisos, si que convencieron a sus adversarios de que era el momento de marcharse del lugar.

Para cubrir la retirada, el Captain Pollard empleó sus LAV-AT formando la retaguardia de los blindados estadounidenses. Como para lanzar los misiles TOW2, los vehículos tenían que pararse, la idea era usar alternativamente a la mitad para disparar mientras los otros retrocedían, para después operar de manera inversa con la otra mitad.

Fue en este instante cuando se produjo una equivocación fatal. Al recuperar el terreno perdido con respecto al grupo principal, uno de los LAV-AT que se había detenido un largo rato para disparar, con nombre en clave “Green Two”, fue confundido por uno de sus compañeros, que tomándolo por un blindado iraquí le lanzo un misil que le acertó de lleno, detonando los 16 misiles que llevaban en reserva en el interior. La enorme explosión destruyo completamente el blindado, matando a los cuatro marines que formaban su tripulación.

Esquema del ataque al OP4 realizado por la 6ª Brigada Acorazada iraquí del coronel Ibdil Raziq Mahmoud. Imagen The Battle of al-Khafji de Paul Westermeyer. Marine Corps History Division.

En la consecuente confusión, los hombres del 1st Reconnaissance Battalion al mando del First Lieutenant Ross, temiendo ser blanco de fuego amigo, aceleraron y se alejaron de un combate en el que poco podían hacer, dejando al Captain Pollard y sus LAV la misión de continuar el enfrentamiento a larga distancia.

Desde casi 5 kilómetros, la compañía pudo actuar designando objetivos para los medios aéreos que el Estado Mayor de la coalición estaba dirigiendo en su socorro. Los primeros aviones que acudieron fueron un puñado de A-10 Thunderbolt.

Rafael López Mercado

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