La patrulla marítima en España (I)

Breve introducción histórica

Un avión P.3M del Grupo 22 de Fuerzas Aéreas del Ala 11 se encuentra destacado en la Base de Sigonella (Sicilia) para participar en Dynamic Manta, principal ejercicio antisubmarino que realiza la OTAN en aguas del Mediterráneo. Fuente - Ejército del Aire.

La importancia de la patrulla marítima queda fuera de toda duda. Máxime para un país como España, con casi cinco mil kilómetros de costa, una Zona Económica Exclusiva de más de un millón de kilómetros cuadrados. Una nación enclavada en una posición geográfica única que nos permite controlar el Estrecho de Gibraltar. Todo, además, en un tiempo en el que los países de nuestro entorno están reforzando sus armadas y en un marco de competición entre grandes potencias en el cual la guerra submarina tiene y tendrá un papel fundamental. También en una época en la que problemas como la inmigración ilegal, el narcotráfico o incluso el terrorismo, requieren de medios capaces de registrar cualquier actividad, por irrelevante que parezca, sobre o bajo la superficie del mar.

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Los inicios: la Segunda Guerra Mundial

El concepto de patrulla marítima es tan antiguo como la navegación. Básicamente, la patrulla marítima es el conjunto de acciones que nos permite controlar y dominar nuestras aguas, y, por ende, denegárselas al adversario. Además, nos posibilita el reaccionar con prontitud ante cualquier amenaza que se nos presente por vía marítima.

Ya en los años 20, Dornier diseña el avión Dornier Do J, conocido como Wal (ballena en alemán). Si bien nace como una aeronave de transporte civil, su alcance y persistencia le hace idónea para las misiones de descubierta marítima y búsqueda y rescate, gracias a su capacidad de amerizaje.

Dornier Do J «Wal». Fuente – Smithsonian Institution.

En esos roles fue usada la aeronave durante nuestra Guerra Civil, desde la base de hidroaviones de Pollensa. Con ella en 1926, el comandante Ramón Franco, al mando del «Plus Ultra» con motores Rolls-Royce, efectuó la primera travesía aérea del Atlántico Sur. Un logro que llevó a cabo saliendo de Palos de la Frontera y arribando a Buenos Aires, tras 59 horas y 39 minutos de vuelo.

Si bien ya entonces se apuntaba cual sería el discurrir de los acontecimientos, la eclosión de la patrulla marítima llega con la Segunda Guerra Mundial. Al menos en los formatos más próximos a los que conocemos actualmente. Es entonces cuando los alemanes empiezan a utilizar sus aviones de largo alcance FW 200 Condor y Junkers JU-290 para patrullar las aguas del Atlántico. Su objetivo: encontrar convoyes y con ello proporcionar la información a los submarinos alemanes.

FW 200 Condor. Fuente – Bundesarchiv Bild.

El caso del FW 200 es paradigmático porque apunta a lo que sería el posterior devenir de los acontecimientos. Su desarrollo se basa en un cuatrimotor civil destinado originalmente al transporte de pasajeros. Es más, cumpliendo esa labor voló para Lufthansa. Su bautismo de fuego se produjo el 8 de abril de 1940 bombardeando un buque británico frente a las costas danesas.

Su alcance era fenomenal para la época. Podía volar a lo largo y ancho del Océano Atlántico e incluso del Ártico. Llegaron a bombardear convoyes en este último con rumbo a los puertos soviéticos de Múrmansk y Arkángel, pudiendo localizar barcos gracias al radar «Hohentwiel». Como anécdota, el capitán Werner Thieme informó que el vuelo más largo duró 15 horas y 56 minutos y fue de Vaernes a «Germanialand» en Groenlandia, donde la tripulación entrego suministros a un barco congelado de la marina.

A lo largo de 1939, el Almirante Doenitz ordenó a sus submarinos a atacar las grandes rutas de tráfico principalmente en el Mar del Norte, valiéndose de la táctica conocida como «manada de lobos». Esta primera etapa, que se extendió hasta 1941 fue conocida como «los años felices» y mientras duró, los alemanes hundieron más barcos de los que los aliados podían poner en el agua. Tan solo el número 1, Otto Kretschmer, envió al fondo del mar 47 buques aluados, sumando 274.333 toneladas. Wolfgang Lüth hundió 43 buques con 225.712 toneladas, siendo el segundo de esta lista mientras que el archiconocido Günther Prien, quien lograra entrar en la base naval de Scapa Flow, hundió 28 buques con 160.939 toneladas.

Únicamente en septiembre de 1940, los Focke Wulf Fw 200 Cóndor echaron a pique 91.440 toneladas mientras que ya en abril de 1941, se batió el récord con el hundimiento de 116 mercantes con un total de 328.185 toneladas brutas, volando desde sus bases de despliegue francesas en Burdeos y Mérignac. En este papel fue denominado por Winston Churchill como el «Azote del Atlántico».

Pintura de Frank Harding sobre el ataque al U-461. Está autografiado por los principales protagonistas, el comandante del avión, Dudley Marrows (que recibió la Orden de Servicio Distinguid y la Cruz de Vuelo Distinguida) y también Wolf Stiebler, el comandante del U-461 hundido que se convirtió en un buen amigo de Dudley después de la guerra.

No obstante, fue en manos del Coastal Command británico, donde aparece el primer sistema de “patrulla marítima” realmente catalogable como tal, no solo como  respuesta ante  la amenaza que representaba la flota U-Boot alemana, sino también para las misiones de búsqueda y rescate de pilotos derribados durante la Batalla de Inglaterra.

El Almirantazgo británico asumió como misión fundamental del Coastal  Command la localización y destrucción de las unidades pesadas de superficie alemanas, la protección de las propias y el ataque al tráfico marítimo adversario. Sin embargo, debido al elevado número de hundimientos, dicha estrategia cambió rápidamente, pasando a ser la escolta de convoyes mercantes la tarea prioritaria, mediante los siguientes tipos de misiones:

  • El barrido y hostigamiento de submarinos alemanes desde Islandia y el Báltico hasta el canal de Suez. El mejor ejemplo de este tipo de misiones fue Overlord, donde se impidió el contra ataque, posibilitando el desembarco aliado y el transporte de material sin pérdidas significativas. La lucha en el golfo de Vizcaya fue particularmente encarnizada, acosando a los submarinos alemanes en su tránsito.
  • Escolta próxima de convoyes: con el uso de radar y luz Leigh permitía el ataque de noche a los submarinos atacantes que navegaban en superficie.
  • Ataque al tráfico mercante marítimo alemán, desde Noruega y Suecia a Alemania, así como el tráfico de cabotaje nocturno entre puertos franceses, holandeses y alemanes.
  • Búsqueda y rescate de tripulaciones, tanto de buques mercantes hundidos como de la RAF, con el empleo de hidroaviones, así como de lanchas rápidas.

El Almirante Doenitz tenía grandes planes para el futuro, pero a finales de 1942 comenzaron a aparecer los problemas para los nazis cuando el almirante Max Horton creó el sistema de escuadrones «caza submarinos» o «Hunter Killer». Aparecen entonces los primeros aviones MPA, bombarderos B-25J modificados, que retiradas ametralladoras y cañones, tan solo las bombas y una tripulación reducida, podían llegar más lejos, estar más tiempo en el aire y proteger así mejor a los convoyes aliados. Fue la presión ejercida por esos aviones en sus largas patrullas lo que impidió a los submarinistas alemanes operar con comodidad, pues desbandaban sus agrupaciones, les impedía hacer snorkeling, y constantemente eran avistados y atacados.

Esto provoco que, partiendo de una situación de ventaja estratégica y táctica, que puso a Gran Bretaña contra las cuerdas hasta medidos de la Segunda Guerra Mundial, se llegase a todo lo contrario. De todas las perdidas infringidas a la flota submarina alemana (1.154 submarinos), 264 submarinos fueron echados a pique por buques, y 250 lo fueron por medios aéreos. Esto provocó convirtió a la fuerza submarina alemana fuera en la rama de la Wehrmacht con mayor nivel de perdidas en relación con su tamaño al finalizar la contienda. Como dato, hacia finales de 1943, Alemania había perdido 28.542 de sus 41.300 tripulantes de sumergibles.

North American B-25J. Fuente – Wikimedia.

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