La Revolución en los Asuntos Militares del pobre

Tecnología militar artesanal y novedades tácticas en la guerra de Yemen

Lanzamiento de un misil de largo alcance hutí
Lanzamiento de un misil de largo alcance hutí

La Revolución en los Asuntos Militares es un concepto discutido y discutible, desarrollado como consecuencia de los avances militares de los años 80 y 90 del pasado siglo especialmente en los Estados Unidos. Sin embargo, la puesta en práctica por parte delos hutíes de numerosas innovaciones, combinadas con el apoyo prestado por Irán, han dado lugar a una auténtica Revolución en los Asuntos Militares que podríamos catalogar como «RMA del pobre». A lo largo de estas líneas trataremos de analizar sus principales características, sus fortalezas y sus debilidades.

Yemen, situado en el extremo sur de la Península Arábiga, es un país complejo, compuesto por varios sistemas geográficos bien definidos que conviene conocer, pues explican buena parte de lo que allí acaece:

  • Desierto de Rub al-Khali, al este. La mayor parte del territorio es desértico (con distintos tipos de desierto), escasamente poblado por tribus seminómadas, y con alguna que otra pequeña ciudad junto al mar, como Mukalla o Gaydah. Por su pobreza y escasa presencia del Estado es la zona predilecta de Al-Qaeda y el Dáesh.
  • Al suroeste, Adén es un enclave aislado del resto del país, en el sentido de que nada más salir de la ciudad hay una franja de desierto deshabitado que la separa de cualquier otra población.
  • La franja costera que recorre toda la costa del Mar Rojo yemení y que ocupa unos 40 Km antes de llegar a las montañas. En esta zona se ubican puertos como Hodeida, Mokha (que da nombre al famoso café) o Midi.
  • El gran sistema montañoso que recorre el oeste del país con ciudades como Taiz, Ibb o Dhamar.
  • Al noroeste, el sistema de grandes planicies y cauces que conecta a Sadah con la capital del país, Sanna.

En el plano naval es importante mencionar el famoso Estrecho de Bab el-Mandeb que separa al Océano Índico del Mar Rojo, la isla de Périm, en ese mismo estrecho, el archipiélago Hanish, que acabó siendo reconquistado por Eritrea, y la gran isla de Socotra, patrimonio de la humanidad por su biodiversidad y a la vez nido de piratas somalíes.

Yemen forjó su historia reciente contra el Imperio Otomano, al que derrotó en numerosas ocasiones, y aunque posteriormente el sur del país acabase en manos británicas, la fiereza de los guerreros norteños permitió que en 1923 Yemen del Norte fuera uno de los pocos países del mundo reconocidos por las grandes potencias sin estar colonizado o bajo alguna clase de protectorado.

En los años 50 los británicos lucharon con denuedo por mantener su protectorado yemení: el SAS se empeñó a fondo en el barrio del cráter, mientras que los rebeldes respondieron con una oleada de atentados mediante granadas de mano hasta que Londres dio su brazo a torcer.

Con el fin del protectorado británico y la tremenda guerra que le precedió, el país se dividió en Yemen del Norte, que abarcaba la parte más poblada del país, y que tenía cierto apoyo estadounidense en el marco de la Guerra Fría, y Yemen del Sur, apoyado por la Unión Soviética y cuyo territorio solo tenía una gran ciudad: Adén.

En los años 50 Nasser envió miles de hombres para reforzar su proyecto panarabista. Sin embargo, los egipcios sufrieron bajas enormes en el norte y se puede argüir que este factor les debilitó en las subsiguientes guerras contra Israel.

Aprovechando el lanzamiento de los programas de construcción naval soviéticos y la construcción de bases para una flota oceánica impulsada por el Almirante Gorshkov, Moscú instaló una importante base naval en la isla de Socotra, así como un oleoducto.

En 1990 Yemen entero se unificó, aunque poco tiempo después, en 1994 estalló una cruenta guerra civil cuando los separatistas del antiguo Yemen del Sur se rebelaron. Desde aquellos años hasta hoy Arabia Saudita ha intervenido intermitentemente en el norte del país para tratar de contener el conflicto y garantizar la seguridad de sus propias fronteras. En los años 90, como sigue ocurriendo hoy, las emboscadas en las montañas hicieron pagar un peaje desproporcionado a Riyad.

Como vemos, aunque muy a grandes rasgos, Yemen cuenta con una amplia historia de guerrillas exitosas y enfrentamientos contra las potencias invasoras que tiene como protagonista el norte montañoso del país. Lo anterior tiene mucho que ver con una geografía favorable, una cultura rural que acentúa las habilidades propias de un guerrillero y el papel cultural, tanto simbólico como real, de las armas.

Hay que entender que Yemen tiene uno de los mayores ratios del mundo de armas por habitante, y de hecho la compraventa de armamento ligero no es ilegal, ya que se considera esencial para la supervivencia de las tribus. Dichas armas no solo son herramientas para la guerra, sino también para la negociación, el prestigio social o el encumbramiento político: un caudillo con numerosos artillados (technycals), guerrilleros o algún blindado acrecienta su prestigio.

El papel de las armas está tan arraigado que lo encontramos habitualmente en la simbología yemení: desde tribus que se identifican con fusiles hasta la jambiya, una daga curva que se lleva a la vista sobre el vientre como símbolo de fortaleza y masculinidad.

División provincial de Yemen. Nótese la provincia de Saddah al norte, cuna de los hutíes.

Los hutíes, un grupo singular

Volviendo sobre la historia reciente del país, fue más o menos a partir del año 2000 cuando empezó a germinar eso que hoy llamamos “hutíes” y que entonces solo era el nombre de un clan familiar que vivía en las montañas de la provincia de Sadah, junto a la frontera saudita.

Los hutíes eran zaiditas, una rama del Islam chií. Ideológicamente se fueron acercando a los postulados iraníes debido a las acciones de Occidente en Iraq, Afganistán y la propia Yemen, así como a las intervenciones sauditas en la frontera.

En el año de 2004 se colmó el vaso y el gobierno de Yemen decidió dar una lección a los molestos hutíes lanzando una ofensiva de castigo con blindados y artillería usados, eso sí, sin ton ni son. Como era de esperar en un país en el que los clanes y tribus son profundamente independientes, las acciones del ejército enfurecieron a muchos otros grupos y solo consiguieron que los hutíes establecieran nuevas alianzas con varias tribus dispersas por toda la provincia de Sadah.

Entre 2004 y 2010 hubo hasta 6 conflictos entre el Estado y los hutíes. Estos últimos aprendieron a adaptarse a las tácticas del enemigo de tal forma que si en 2004 los blindados enviados por Sanna les arrollaron, en la cuarta guerra de 2007 se permitieron conservar el territorio y rechazar a los blindados, y en la quinta y sexta (2008-2010) pasaron a la ofensiva, conquistaron la capital provincial y neutralizando a una brigada al completo.

¿Qué permitió a los hutíes lograr ese tremendo salto de eficacia militar en solo 6 años? Para el caso de grupos tribales como los hutíes existen tres fuentes naturales de mejoría militar:

  • Un liderazgo especialmente sabio.
  • Factores culturales que permiten un profundo repensamiento.
  • Influjo de ideas externas.

Se supone que en todo Yemen del norte la cultura es parecida, lo que afecta tanto a las tribus como a las tropas del gobierno, por lo que a igualdad de cultura y teniendo en cuenta que los gubernamentales contaban con armamento pesado parece difícil que se diera el salto en el pensamiento táctico que llevó a estos resultados. Queda la duda de si el liderazgo y/o la influencia externa impulsaron el cambio entre 2004 y 2010, pero todo apunta a lo segundo.

Lo que sí está claro es que tan pronto como en 2009 las autoridades sauditas interceptaron dos cargamentos de armas que supuestamente llevaban a bordo cinco asesores iraníes. Además, a partir de 2011 los hutíes instalaron la sede de su televisión, Al-Marjah, en Beirut, en tanto Líbano ofrecía lo más parecido a un país franco en todo Oriente Medio.

Las relaciones de los hutíes con Irán ya estaban en marcha, y no es descabellado pensar que Teherán y sus acólitos libaneses instruyeron a los hutíes en materia de estrategia y táctica militar, operaciones de propaganda y suministro de armas.

A pesar de lo anterior sería un error pensar que Teherán tiene un control directo sobre los hutíes, ya que incluso dentro de estos los liderazgos son difusos: recordemos que el clan hutí acabó liderando una suerte de confederación tribal que a su vez tomó las riendas del Estado aliándose con parte de los generales de Yemen. Es decir, se trata de un complejo edificio de liderazgos, instituciones estatales, acuerdos y alianzas con muchos contrapesos y lealtades cruzadas.

Cuando todo comenzó los hutíes estaban muy bien situados para aprovechar los conocimientos y el apoyo de Teherán. Controlaban toda la provincia de Saddah, reforzaron la base de apoyo tribal y reunieron más material y tropas que nunca. Por si esto fuera poco se expandieron a las provincias de Hajja y Al-Jawf. La primera les proporcionaba salida al mar gracias al muelle de Midi, adonde llegaban las armas.

Otra gran baza hutí era la dinámica de alianzas que habían ido aprendiendo y construyendo desde 2004. Los hutíes tienen fama por su habilidad mediadora, de lo que nosotros deducimos que eran socialmente valorados, como nos lo indica el hecho de que dos partes enfrentadas solo confían en un tercero para que arbitre una solución cuando la estiman justa.

Por otra parte, los hutíes innovaron al desarrollar la capacidad de obtención de inteligencia “estratégica”. Recopilaban su propia información y exprimían los archivos del gobierno caídos en sus manos. En lugar de entregarse a la mera rapiña, “saqueaban” un bien inmaterial como es la información. Un salto de mentalidad.

Al parecer los hutíes también acudían a los distritos que no conocían bien con archivos y documentos que detallaban todo lo necesario sobre las tribus locales. En su zona de influencia establecieron de cuando en cuando una ristra de puntos de control a lo largo de las carreteras para hacer acto de presencia y demostrar su capacidad militar. Acciones psicológicas.

Además, aunque los zaidíes y los ismaelitas, ambos chiíes, no son mayoría en Yemen, lo cierto es que la mayor parte del norte de interior sí lo es, así que los hutíes aprovecharon ese caldo de cultivo favorable para establecer todavía más alianzas.

Ahora bien, todo esto no nos debe hacer olvidar que las luchas intestinas son perfectamente posibles incluso dentro del amplio movimiento hutí, no digamos ya con tribus que no están plenamente integradas en el mismo. Simultáneamente hay que recordar los pagos y la influencia histórica de Riyad a algunas tribus que viven junto a la frontera norte.

La Primavera Árabe y las protestas en Sanna provocaron la perdida del favor saudita para con el entonces dictado Saleh quien tuvo que abandonar el poder en beneficio del nuevo presidente, Hadi, sin embargo este suryemení no tenía las riendas del Estado tan bien asidas como su predecesor. Al final, tras un periodo de incertidumbre (2010-2014) Saleh con apoyo de ⅔ del ejército y de casi toda la Guardia Republicana se alió con los hutíes para derrocar a Hadi en Sanna.

El golpe se ejecutó entre septiembre de 2014 y enero de 2015, tras lo que la guerra civil se precipitó: Hadi huyó a Adén, donde se tuvo que apoyar en los separatistas y los restos del ejército reforzados por la coalición árabe.

Y aquí vino otra de las jugadas magistrales hutíes. Primero constituyeron el Comité Revolucionario Supremo cuya simbología e intenciones lejos de ser sectarias tenían carácter estatal/nacionalista. Un año después, en agosto de 2016 las funciones estatales de dicho comité fueron asumidas por el Consejo Político Supremo (CPS en adelante).

Lo interesante de estas instituciones es que reflejan un pensamiento hutí que lejos del tacticismo parece tener visión a largo plazo; visión de estado. Al contrario de lo que suele ocurrir, los rebeldes tribales hutíes no destruyeron al Estado cotra el que habían combatido, sino que se apropiaron de las palancas del poder estatal y se legitimaron en el plano nacional… Cuan diferente y avanzado es este pensamiento en comparación con las milicias tribales de Libia, Mali, Somalia o Afganistán.

De todas formas los hutíes nunca han llegado a dominar el parlamento de Yemen o a establecer un sistema de legitimidad política que les permita dominar el Estado por completo. Es posible que al igual que Hezbolá los hutíes pretendan convertirse en un “Estado dentro del Estado”, una fórmula con numerosas ventajas, ya que se pueden concentrar en su aparato militar y político, a la vez que no están sujetos a las restricciones del Derecho Internacional y que se benefician de los estrictos principios de no injerencia en los asuntos internos de los Estados que proclama el Derecho Internacional Público.

Sea como fuere los hutíes tenían las cosas muy claras desde el principio. Durante el golpe contra Hadi no perdieron ni un segundo en apoderarse de varias bases y arsenales del ejército yemení, y en particular del material pesado (blindados, morteros, cañones), y a la vez tomaron el control de parte de la Guardia Republicana: las unidades de cohetes y de misiles antibuque, aunque nunca hubo mucha confianza entre unos y otros.

El CPS reflejó el equilibrio interno entre Saleh y los hutíes: de sus nueve miembros 4 eran hutíes, incluyendo al presidente y 5 pro-Saleh, incluido el vicepresidente. En paralelo al CPS se constituyó el aparato de seguridad y defensa mediante el Comité Militar y de Seguridad, en el que de sus 23 miembros en 2016 solo 6 pertenecían al aparato previo.

El frente entre hutíes y Saleh se repartió de la siguiente forma: al sur, en la zona de Taiz actuaba el ejército regular con una organización más o menos convencional. La costa era defendida por los hutíes mediante una red defensiva que explicaremos en el apartado de la RMA, mientras que al norte actuaban las unidades de élite hutíes y del ejército yemení, así como las unidades de cohetes estratégicos.

A medida que la guerra fue evolucionando los hutíes fueron adquiriendo un papel creciente en todos los frentes, ya que el armamento que llegaba era para ellos y no para los leales a Saleh, principalmente.

Con el tiempo la alianza antinatura entre Saleh y los hutíes terminó con el primero muerto en una emboscada hutí en diciembre de 2017 cuando estaba traicionando a los hutíes y llamando a sus adeptos a rebelarse contra ellos.

Aunque Saleh murió, su tribu y parte del ejército aún representan a día de hoy una especie de actor post-Saleh con el que los hutíes deben tratar.

Los cohetes y misiles, de castigo y de precisión son una de las grandes bazas de los hutíes y una de las principales herramientas de la Revolución en los Asuntos Militares del pobre.

La Revolución en los Asuntos Militares del pobre

Sin pretender entrar a fondo en el debate sobre el concepto de Revolution in Military Affairs” (Revolución en los Asuntos Militares) sí conviene dejar al menos algunas nociones básicas. La mayor parte de los autores caracterizan la RMA como un cambio de gran magnitud en tres grandes factores: innovación técnica, innovación organizativa e innovación doctrinal (en el uso). Este cambio debe ser de calado, pero no tiene porque ser repentino. Así, una serie de evoluciones combinadas a lo largo de décadas pueden desembocar en una RMA.

Acudiendo a los conceptos filosóficos de sustancia/esencia y accidente aplicados a la guerra moderna incluso podríamos decir que la esencia no ha cambiado desde la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, aunque la esencia sea la misma, está tan diluida y se ha vuelto tan pequeña en comparación con la “capa” de accidentes que la rodea que sería absurdo conferir a la esencia más importancia que al accidente.

Lo importante es el grado, la magnitud del cambio, no tanto si la esencia se mantiene o no. A ese grado lo llamamos revolución si es un cambio repentino y profundo y evolución cuando solo supone un salto no disruptivo con la forma de hacer la guerra que antecede al cambio.

Una evolución fue la inclusión de los primigenios carros de combate por parte de los ingleses en la Batalla de Cambrai (1916), sin embargo el ejército prusiano pudo defenderse de ellos. No produjo un antes y un después drástico. En cambio, durante la Ofensiva de Amberes de 1918, cuando el tanque fue usado en masa, coordinado con infantería, artillería e interdicción aérea, unidades de asalto y cierto concepto de avance en profundidad, ese conjunto de evoluciones dieron lugar a una nueva forma de hacer la guerra que dejaba obsoleto todo lo anterior.

Si la guerra fuera una fórmula matemática, diríamos que aunque los factores a valorar podrían ser los mismos desde 1914 (detección, potencia de fuego, comunicaciones, coordinación en sentido amplio, cantidad, adiestramiento, organización…), y que por tanto la esencia se mantiene, la valoración de estos factores es radicalmente distinta, mucho más compleja y con muchos más subfactores a tener en cuenta. Por tanto, lo importante no es tanto saber qué factores (conocer la esencia) como conocer la mejor forma de valorarlos, medirlos y evaluar el resultado de su interacción (conocer el accidente). En resumen, conocer el accidente, que por añadidura está en permanente evolución, es lo importante.

Dicho esto, un ejemplo clásico de RMA plena podría ser la del Ejército Rojo en los años 20, ya que combina las tres características mencionadas. Innovación técnica en el uso de nuevos ingenios como el paracaídas, el tanque (de apoyo T-26, de penetración BT-5 y de ruptura T-28), o la radio, forma de uso novísima por medio de la doctrina de la Operación Profunda (Deep Operation) que incorpora nuevos TTP (Tácticas, Técnicas y Procedimientos) y por último un nuevo modelo organizativo basado en los Cuerpos Mecanizados y otras unidades de nuevo cuño.

Aunque la RMA ideal combina esos tres factores, lo cierto es que pueden darse en solitario. Si la magnitud de alguno de ellos es suficientemente destacable podrá constituir una revolución en sí misma, que es lo que quizás ocurrió con el arma nuclear o las armas de metal en tiempos prehistóricos.

Distinto sería que hubiera cierta paridad tecnológica, como ocurría entre las potencias europeas en 1939, cuando la organización y la forma de guerrear fueron los factores determinantes de la RMA.

La RMA descrita anteriormente es la “clásica”, sin embargo también está la otra RMA, que a veces ha sido nominada C-RMA (Contra RMA) y que por motivos obvios vamos a etiquetar como Revolución en los Asuntos Militares del pobre a lo largo de este texto.

La idea de la Revolución en los Asuntos Militares del pobre emerge durante la guerra entre Israel y Hezbolá en 2006, donde el grupo libanés pudo conseguir una victoria política gracias a maximizar sus fortalezas y alcanzar la excelencia en el terreno táctico frente a un Israel aplastantemente superior, aunque con debilidades estratégicas susceptibles de ser explotadas.

El caso es que una fuerza muy inferior pudo enfrentarse a otra muy superior y salir relativamente airosa gracias a una nueva organización y doctrina y al acceso a medios técnicos que no eran ni mucho menos vanguardistas.

Por eso se habla de la Revolución en los Asuntos Militares del pobre, porque la idea refiere a actores armados no estatales o estados débiles que en ningún caso podrían competir en una RMA clásica por obtener la amplia superioridad tecnológica necesaria. De hecho son estados o actores “pobres”, cuyos recursos estratégicos no les permitirían vencer en una guerra clásica contra ciertos enemigos, los que se centran en contener el umbral de intensidad de la guerra en un nivel medio o bajo que les iguala, encauzan el conflicto hacia un campo de batalla a su medida y hacen la guerra sabiendo que el desgaste pasa una factura política mayor a sus enemigos.

En la Revolución en los Asuntos Militares del pobre la alta tecnología no juega un papel tan crucial como en la RMA clásica. De hecho, en el apartado tecnológico la clave pasa por la accesibilidad a tecnologías maduras, que en unos casos son militares y en otros civiles. Simultáneamente la inferioridad tecnológica obliga al pobre a maximizar su doctrina y su organización para compensar su inferioridad tecnológica.

Finalmente, el pobre recurre a una preparación del campo de batalla mucho más intensa: busca combatir en ciertos lugares preparados, con posiciones escogidas y fortificadas de antemano, aprovechando el escondite y la sorpresa mediante emboscadas y golpes de mano.

En el lado opuesto, una fuerza convencional en la lucha contra un actor de este tipo debe aceptar riesgos, ya que su superioridad le otorga la iniciativa, que debe usar para intentar desarbolar al escurridizo enemigo. A fin y al cabo, si el actor con más poder no ataca ¿de qué sirve una superioridad que se convierte en defensa? ¿en qué se diferenciaría de una situación de disuasión estratégica? La fuerza convencional debe intentar vencer atacando. Solo intentarlo.

Desde el punto de vista estratégico, sea por coincidencia o no, los países más ricos suelen contar con mayor nivel tecnológico. Al mismo tiempo su riqueza y desarrollo hacen que tengan menos hijos, los valoren más y tiendan a estar más sensibilizados, lo que da lugar a una aversión a las bajas y se tiende a evitar todo coste humano que no se haya hecho para enfrentar una amenaza vital; el precio que la población está dispuesta a aceptar es mucho menor que en el caso del actor pobre, a no ser que ese actor pobre sea visto como una “amenaza vital” por la ciudadanía., algo harto complicado.

Miliciano hutí con un vetusto T-34-85 detrás. Los hutíes han sido diestros en las tácticas de infantería ligera contra los sauditas, sin embargo en el frente sur en la zona de Taiz los combates han tenido un cariz más convencional, y curiosamente los viejos T-34-85 se han revelado útiles.

Los hutíes y la Revolución en los Asuntos Militares

Antes de entrar de lleno en la parte crucial del artículo, hay que recordar que el Eje de Resistencia ha mantenido un intenso contacto con los hutíes, lo que ha configurado toda la forma de guerrear hutí, desde lo táctico hasta lo estratégico.

Su estrategia pasa por el típico “victory by not loosing”, algo así como “sobrevivir para seguir luchando es vencer”. Mientras se luche se inflige un desgaste y mientras éste prosiga la victoria se acerca, ya que el enemigo está a cada nuevo golpe, un poco más cerca del agotamiento. Esta cadena de ideas no es universalmente cierta, pero es aplicable a este caso.

La Revolución en los Asuntos Militares del pobre supone una vuelta de tuerca a este concepto y, en realidad, a cualquier otra estrategia de desgaste típica de una situación en la que existe una asimetría de fuerzas, a la vez que constituye un punto de inflexión cualitativo, como veremos.

No hay más que echar un vistazo al arma que parece caracterizar esta revolución: la difusión de la cohetería. Si hacemos un poco de memoria, en la Segunda Guerra Mundial la Alemania nazi utilizó dicha arma a la desesperada, buscando contrarrestarr la supremacía aérea aliada e infligir tal daño que Inglaterra se aviniese a firmar la paz. En 1944 llegaron esas armas: la V-1 y la V-2. La primera relativamente barata y con posibilidades de ser derribada y la segunda un misil balístico mucho más caro pero imposible de derribar con los medios de la época. Mataron a miles de civiles. En conjunto, muchos más que nada lanzado por Hezbolá. También destruyeron numerosos edificios, pero no consiguieron ningún resultado político, más alá de reforzar la determinación británica de seguir la lucha.

Se trataba de armas pensadas para atacar directamente al nivel político de la guerra, sin apenas efectos militares. Su inutilidad en el plano estratégico, a pesar de los muertos que causaron, deviene de que el umbral de intensidad de la guerra era enormemente alto: no estaba en juego un territorio, sino la supervivencia misma del país. La lección es clara: en la «RMA del pobre» hay que mantener siempre la intensidad del conflicto en niveles mínimos si se quiere que cada golpe tenga verdadero impacto más allá del número muertos causado.

Entre 2015 y 2020 los hutíes han seguido la misma idea, pero con una diferencia: si inicialmente la imprecisión de este tipo de cohetes hacían de ellos un arma estratégica “ruda”, desde 2016 han tenido acceso a una buena gama de misiles y drones guiados que proporcionan nuevas posibilidades; son armas estratégicas «finas» que permiten modular el mensaje político escogiendo el lugar atacado y permitiendo, además, que el ataque tenga utilidad táctica-militar y no únicamente política. En este sentido, se ha pasado de una fórmula imprecisa de terror-castigo con efectos políticos pero no militares, a una fórmula controlada de terror-castigo con efectos políticos, militares y político-militares.

Pasar de la imprecisión al control es clave, porque abre un nuevo abanico de opciones para el control de la escalada. Por ejemplo, el ataque contra la refinería saudita de Abqaiq pudo haber destrozado la misma atacando las instalaciones más vulnerables y provocando daños mucho más graves. En su lugar, lo que tenemos son una serie de impactos muy precisos contra las partes más fácilmente reparables de la misma. Obviamente se trataba de un mensaje político aprovechando como diana un activo estratégico.

Esto también arroja otra idea: el actor débil es el principal interesado en un control de la escalada especialmente minucioso y el mayor interesado en crear una disuasión estratégica estable, de ahí los mensajes políticos que acompañan al lanzamiento de misiles de largo alcance.

En contraste, aunque son muchos los estados que han dispuesto de este tipo de armamento de precisión desde hace décadas, su superioridad militar y el pensamiento militar clásico han hecho que estas se utilicen en operaciones de castigo demasiado convencionales. Por ejemplo, la campaña de bombardeos contra Libia en los años 80 o el lanzamiento de misiles de crucero Tomahawk contra la base aérea siria de Sheteytat, si bien incluyen un mensaje político, en modo alguno es tan efectivo como el que logran enviar los hutíes al lanzar tres o cuatro misiles contra objetivos mucho más concretos a modo de aviso. Dicho de otra forma: los hutíes han logrado un efecto mayor con unos pocos misiles que los EE. UU. con toda la operación El Dorado Canyon de 1986 la que, a la postre incrementó la escalada con Libia y llevó a este país a incrementar su campaña terrorista con atentados como el del Vuelo 103 de la Pan Am.

Para ello, los hutíes han ido perfeccionando su arsenal. Han conseguido misiles balísticos de tipo SRBM P-1B Badr con un círculo de error probable (CEP) inferior a 10 metros y con un alcance superior a los 100 Km. En 2017 un dragaminas de la Clase Frankenthal fue hundido cuando estaba amarrado en el puerto de Moca de esta forma. Ya antes de 2018 se observaron ataques de cohetes sumamente precisos que mataron a oficiales de alto rango sauditas o que incluso destruyeron varios helicópteros Apache en la gigantesca base de King Khalid, pero nada parecido a lo ocurrido de un tiempo a esta parte.

Con todo, los cohetes más antiguos e meprecisos también conservan su importancia. Los hutíes han tenido gran interés en controlar las unidades de misiles de la Guardia Republicana iraní, que contaba con 33 lanzadores para misiles Scud-B y otros tantos para los Tochka en 2015. Irán ha producido también una versión aligerada y con mayor alcance del Burkan 2H, basado en el Qiam 1 y que gracias a su mayor autonomía pudo ser usado para atacar Riyad a partir de 2017.

Aunque pueda parecer mentira, estos misiles fueron soldados a mano ante la carencia casi absoluta medios industriales, una suerte de «Ikea de los misiles» en el que Irán lleva los componentes a Yemen y los hutíes los ensamblan. Como es evidente una mala soldadura o cualquier otro defecto puede hacer que algunos misiles se deshagan en el aire debido a la presión sufrida por un fuselaje estructuralmente débil, pero con todo, la mayoría suelen funcionar.

Para marzo de 2018 los hutíes habrían lanzado, según una entrevista a oficiales sauditas, la friolera de más de 66.000 cohetes tácticos, los cuales a su vez habrían matado o herido a mil civiles y obligado a abandonar varios villorrios fronterizos.

Por otra parte, drones de las categorías Small y Tactical han sido usados para realizar ataques a decenas de kilómetros, a la manera de la artillería de precisión. Ingenios como el Ababil-T que probablemente usan un 100% de piezas COTS, quizás con alguna excepción relativa al sistema de enlace, pero en su inmensa mayoría funcionando gracias a motores, conectores, placas, cableado o fuselaje disponibles en el mercado. Recordemos el ataque contra la tribuna de autoridades durante un desfile militar en Adén que mató e hirió a varios altos oficiales y demuestra la capacidad de precisión y letalidad lograda únicamente gracias a una guía GPS y a un barómetro COTS.

Ahora bien, algunos elementos propios de Revolución en los Asuntos Militares del pobre no habrían sido posibles de no ser por varios factores:

  • Los hutíes se benefician de una industria de defensa estatal desarrollada (la iraní) que suministra armamento avanzado (o no tan avanzado) de largo alcance y en cantidad, cosa a la que no todos los actores pobres podrían aspirar.
  • Es necesaria una estructura protoindustrial local con soldadores veteranos, técnicos formados, herramientas adecuadas, talleres con maquinaria capaz de mover objetos pesados y voluminosos y camiones de transporte. Esto es relativamente fácil de conseguir, pero aun así no está al alcance de todos.
  • Los hitíes cuentan con acceso al mercado mundial de piezas COTS para fabricar drones, así como con ingenieros con capacidad para realizar modificaciones bastante importantes. Esto último puede ser fácil o difícil de conseguir dependiendo del nivel educativo del país y de su apertura a los mercados internacionales y en particular a servicios digitales como Amazon. En el caso yemení es un logro sin precedentes.

Respecto a la “protoindustria”, podemos definirla como una fuerza de trabajo improvisada y basada en habilidades y herramientas manuales, con un número escaso de máquinas y con la finalidad de dotar a un actor armado de una serie de materiales críticos para la guerra mediante una producción muy cuantiosa. Para ello recurre a talleres, herramientas manuales básicas como las poleas, hornos improvisados, soldadores tradicionales (nada de soldadura robótica), etc. Por motivos de seguridad tiende a estar dispersa, de tal forma que las distintas unidades productivas solo se encargan de su segmento del proceso, que se descentraliza en muchos pequeños centros de producción repartidos por áreas extensas, lo que aumenta la resiliencia del conjunto.

Ha de reconocerse el mérito hutí; tuvieron el acierto y la habilidad de reclutar trabajadores cualificados, organizarlos y conseguir cierto “I+D artesanal”, todo para dotarse de minas navales improvisadas, coches blindados, artefactos explosivos improvisados, drones, y hasta para ensamblar misiles iraníes.

Todo ello nos permite extraer otra conclusión: en la «RMA del pobre» es más importante la accesibilidad a ciertas tecnologías maduras que disponer del material más vanguardista.

Claro está, recibir el material necesario por parte de Irán también condicionaba otros aspectos de la estrategia. Así, entre 2008 y 2011 los hutíes pelearon por las provincias vecinas de Al-Jawf y Hajjah. Por esta última especialmente, ya que la pequeña capital, Midi, contaba con un buen embarcadero a través del cual pretendían desembarcar el material de guerra iraní. Es también por eso que al poco de comenzar la intervención saudita los marines de ese país asaltaron Midi a lomos de sus BMR-600.

Para contrarrestar los lanzamiento hutíes, los sauditas reaccionaron desplegando sus baterías antimisil Patriot cerca de la frontera, sin embargo la inteligencia hutí era lo suficientemente buena como para coordinar el lanzamientos de varios misiles con operaciones de los drones suicidas contra los Patriot, sus radares o los nodos C3, algo para lo que los saudíes no tenían defensa. Esto también nos indica que la capacidad de IMINT (inteligencia de imágenes) gracias a drones o incluso a servicios privados de fotografía satelital permitían a los hutíes conocer la posición de los Patriot, lo que no es baladí.

Buzos hutíes posando junto a las minas de orinque manufacturadas de manera improvisada en Yemen antes de su colocación.

Los hutíes y la guerra convencional

Naturalmente, no todo en este conflicto han sido drones y misiles, también ha habido una lucha mucho más convencional. Los hutíes han tenido que enfrentarse a varios contextos distintos. Originalmente luchaban contra el ejército yemení, después lanzaron la ofensiva para tomar el resto de Yemen, para lo que contaron con cierto apoyo del ejército regular, medios blindados y en definitiva, armamento convencional.

A continuación se produjo la intervención árabe y tuvieron que enfrentarse a la red de puestos sauditas al norte, a los yemeníes del sur apoyados por Emiratos Árabes Unidos en Taiz-Adén, y por encima de todo, a la aviación de la coalición árabe, quizá el mayor peligro para ellos, pues carecían casi por completo de defensa.

Contra el ejército de Yemen, que tenía superioridad de medios, aprendieron a actuar en red. Se preparaban varias partidas de tamaño sección y compañía que se aproximaban y transmitían información sobre el enemigo a las unidades, muy dispersas sobre el terreno, para concentrarse únicamente antes del ataque.

El clan liderado por los hutíes ya tenía blindados con los que tomó la provincia de Sadah, y conquistó la base de una brigada blindada con todo su material, lo que les dio un importante empujón.

Posteriormente, tras hacerse con las riendas del Estado junto a Saléh y lanzar la ofensiva hacia el sur en 2015 tuvieron el apoyo del ejército yemení, así que sobrados de blindados y artillería, y con el enemigo desmoralizado y sin recursos, el avance fue rápido.

Pero con la intervención de la coalición árabe todo cambió: los sauditas apenas establecieron una pequeña zona colchón guarnecida por una red de pequeños puestos avanzados de infantería apoyada por equipos de tareas mecanizados en retaguardia. Al sur se desplegaron primero las fuerzas especiales emiratíes y luego todo un batallón mecanizado, que además contaba con apoyo naval y aéreo.

Seguramente la segunda mitad de 2015 fue el peor momento para los hutíes, ya que nunca se habían enfrentado a una aviación poderosa. Las fuerzas aéreas de EAU, Arabia Saudita y otros países árabes hicieron que la posibilidad de llevar a cabo grandes ofensivas se esfumara. De hecho infligieron grandes bajas a los hutíes, destruyeron varios polvorines, aplastaron su escasa defensa aérea…

Como no podía ser de otra forma los hutíes, gracias en parrte al asesoramiento iraní, pronto se adaptaron: mantuvieron la táctica de actuar en red coordinando un gran número de unidades menores para caer sobre el objetivo al unísono en el último momento. Sin embarho, esas unidades menores pasaron de ser secciones a pelotones y en algunos casos, incluso escuadras, de tal forma que el número de pequeñas unidades a coordinar se elevó notablemente, lo que obligó a dotarse de mejores capacidades C3 (Mando, Control y Comunicaciones).

Si bien el uso de pequeñas unidades (y otras medidas) permitió un alto grado de discreción y sorpresa, para hacerlo posible tuvieron que conseguir un elevado ratio de radios y aumentar su potencia de fuego gracias a la adquisición de armamento más poderoso que los tradicionales AKs, en especial bazucas con nuevas municiones antipersonal.

Aumentar la precisión de los ataques obligó a su vez a utilizar drone drones para corregir el tiro de mortero y reconocer las posiciones enemigas, como hemos visto por ejemplo en el Donbáss. En el caso hutí han recurrido a aparatos sumamente baratos y fáciles de operar, hechos de poliespán. Estos pueden ser reparados con agua caliente y cinta americana, y guiados por GPS y software de planificación de vuelo civil.

Tropas de la 1ª Brigada Acorazada de Yemen, los recelosos aliados de los hutíes.

Además, han pulido mucho las tácticas de ataque: el tiro de hostigamiento, los fuegos de apoyo o la forma de acometer el asalto han sido muy mejorados. Maximizan los tempos para evitar la respuesta aérea enemiga y hacen un uso excelso de las técnicas de enmascaramiento, camuflaje y ocultación en todas las fases, destacando especialmente el empleo de ghillie suits. Todo esto también es extensible a la cohetería de largo alcance. Es habitual ver como las imágenes de propaganda de los lanzamientos de misiles están borrosas para evitar delatar el lugar del lanzamiento, además usan métodos muy expeditivos para ocultar los lanzadores: se sabe de lanzaderas ocultas en depósitos de agua cuyo techo se abría y el misil se erigía y disparaba gracias a unas simples baterías de coche. Todo un logro.

Gracias a sta forma de luchar, los intentos de avance desde Marib (al este), Taiz o el puerto de Hodeida han sido pírricos cuando no una derrota para los aliados de Riyad, a pesar de la aplastante superioridad de medios. La batalla de Hodeida es especialmente interesante porque los yemeníes del sur, apoyados por un pequeño contingente emiratí, avanzaron por una estrecha franja de terreno a lo largo de la costa, con dirección a esta vital ciudad portuaria. Aunque o lograron ciertos triunfos mediante una combinación de avance por tierra y operaciones anfibias, sus convoyes de retaguardia han sufrido las tácticas en red hutíes. Estos pasaban inadvertidos hasta que se habían posicionado a lo largo de la carretera para emboscar con un fuego muy efectivo y disperso al tráfico rodado. Es así como tras meses y meses de batalla por Hodeida los hutíes siguen siendo capaces de aguantar en la ciudad y atacar la retaguardia y los convoyes, aunque no son capaces de avanzar y retomar o cortar la carretera.

Las tácticas hutíes son aptas para el desgaste, pero la necesidad de dispersión de la fuerza les impide realizar operaciones decisivas para destruir grandes concentraciones enemigas. Un ejército más moderno podría permitirse compensar esta dispersión mediante la maniobra y el uso en red de sus fuegos, pero los hutíes no tienen artillería de precisión como para lograr algo así.

Volviendo sobre las innovaciones hutíes, otro aspecto mediante el cual han cosechado importantes victorias (entendidas como desgaste enemigo) es mediante el uso de rifles antimaterial con munición que va de .50 BMG hasta 23 mm y en algunos casos de factura doméstica. Este tipo de armas son muy versátiles por su alcance y penetración, ya que pueden atravesar los blindajes de la mayor parte de los vehículos de combate saudíes. El tiro de hostigamiento es, en yemen, el pan nuestro de cada día, y está la base de las tácticas defensivas y ofensivas.

Los ATGM también se utilizan con profusión y aunque son usados principalmente contra los blindados, también se han demostrado útiles como armas antipersonal y antiestructuras contra tiradores o casamatas. El ejemplo más extremo lo constituyen los misiles AT-1K Raybolt surcoreanos de tipo NLOS. La proliferación de sistemas NLOS como el Spike, Javelin, HJ-12 o Raybolt es una amenaza incluso para los carros de combate protegidos por Sistemas de Protección Activa.

El uso de ATGMs por parte hutí, no obstante, no se limita a hasta ahora descrito. También han sido montados en botes y empleados como sistema de defensa antibuque ligera, anticipando proyectos mucho más caros, como los emprendidos por Francia, país que pretende integrar el misil MMP en sus fragatas para hacer frente a ataques asimétricos (dhows, lanchas suicidas, etc). Otra utilidad de los ATGM en la guerra naval pasa por hostigar el tráfico marítimo, aunque de esto ya existen antecedentes en el Sinaí, donde el vilayato local del Dáesh hundió una patrullera egipcia usando un Kornet.

Se puede decir que los ATGM se están convirtiendo en la “chica para todo” en los conflictos actuales, sin embargo se trata de armas muy caras, que dependen de tecnologías esencialmente militares con unos costes mucho más elevados que los drones a base de piezas COTS, así que en realidad su uso prolongado en el tiempo depende del suministro de un actor estatal, lo que constituye otra debilidad de la «RMA del pobre».

En otro orden de cosas, si como todo parece indicar la infantería regular cada vez será más parecida a las fuerzas especiales, algunos de los usos y tácticas adoptados por los hutíes suponen un gran paso en esa dirección. Así lo indican su preferencia por las acciones de sabotaje, por ejemplo. Se han visto acciones en las que un hombre se infiltraba en un puesto avanzado enemigo para colocar varias bombas con temporizador, o bien de combatientes que colocaban minas al paso de un blindado, a lo que se une la predilección por el uso de francotiradores que ya hemos señalado.

Batallón mecanizado emiratí en Yemen. El despliegue de Emiratos es notable habida cuenta de su escaso tamaño y experiencia.

Las opciones árabes

La victorias de los hutíes en múltiples escaramuzas no deben ocultarnos un hecho clave; la aviación les impide toda clase de ofensiva y les ha vuelto, en la práctica, incapaces de llevar a cabo grandes operaciones como la que permitió barrer a una brigada pesada yemení en el pasado. En el mejor de los casos pueden aniquilar poco más de una compañía, y usualmente tan solo pelotones o secciones. De esta forma, y siempre que haya aviación enemiga en las inmediaciones, los hutíes solo serán capaces de acciones de hostigamiento frente a los árabes y sus aliados (la situación cuando combaten con otros grupos yemeníes es muy diferente, obviamente).

La opción que barajan los saudíes para poner fin a la guerra de Yemen y evitar que se convierta en un conflicto irresoluble pasa por conquistar toda la franja costera para cortar definitivamente los envíos de armamento procedentes de Irán. Claro está, esto implica durísimos enfrentamientos por Hodeida y los puertos restantes. Una acción ofensiva de alta intensidad para capturar la cuna de los hutíes, Sadah y la capital, Sanna, podría llevar a Riyad a una victoria limitada y cambiar la dinámica de la guerra hacia una nueva dinámica más parecida a la israelí respecto a Hezbolá y basada en «cortar el césped» regularmente.

Llegados a cierto punto el actor fuerte debe plantearse dar una respuesta quizá desproporcionada pero militarmente eficaz como forma de crear disuasión. En el fondo es una lógica de castigo en la que se asume que no hay schwerepunkt alcanzables y que por tanto se acepta una dinámica de desgaste en la que la disuasión se ejerce mediante razzias terrestres o aéreas, como Dorado Canyon en 1986, o directamente a la manera que preconiza la doctrina Dahiya. Arabia buscará alcanzar un equilibrio y un reparto de facto del territorio yemení que haga la situación sostenible a largo plazo.

Arabia Saudita no es, en cualquier caso, el único actor árabe implicado; Emiratos Árabes Unidos se ocupaba del frente sur. Desde un punto de vista estratégico los adolecían de graves debilidades, ya que Yemen solo tenía un interés estratégico secundario para Abu Dhabi, a pesar de que por motivos políticos se decidiera apostar fuerte por actuar en ese país. EAU, además, cuenta con una población muy escasa, siendo esta de menos de un millón de habitantes (otra cosa son los residentes extranjeros). El pequeño país padece la misma aversión a las bajas que por ejemplo Israel, por más que James Mattis definiese al país como la «pequeña Esparta».

Como consecuencia, el desgaste que los emiratíes estaban dispuestos a aceptar es muy inferior al que podía permitirse Riyad. Con todo, han logrado desplegar durante 4 años entre 2.500 y 3.500 hombres, un batallón mecanizado con todos los apoyos pertinentes, helicópteros, varias corbetas, han construido dos bases aeronavales en Périm y Socotra y han suministrado material a las facciones del sur de Yemen. Cifras impresionantes a tenor del tamaño de su ejército.

Aunque el arma aérea ha sido fundamental, también ha demostrado que está supeditada a lo que ocurra en tierra.

La Revolución en los Asuntos Militares del pobre y la guerra en el Mar Rojo

Hasta ahora nos habíamos centrado en el apartado terrestre ¿pero qué hay del naval? Las circunstancias marítimas de la guerra de Yemen son muy atípicas. Por una parte está la coalición, árabe con una notable superioridad en medios navales y aéreos. Por otra están los hutíes, un bando débil que ha sido capaz de organizar la defensa de su mar territorial gracias a una combinación de tácticas y medios convencionales y asimétricos.

Como en otros casos, se cree que el buen hacer hutí en este aspecto se debe a los asesores del Eje de Resistencia, ya que la sofisticación de los TTP y el ingenio empleados son impropios de una guerrill como la yemení y tienen más que ver con los preceptos de la Jeune École aplicados por Irán y que Agusto Conte de los Ríos nos explica en otro artículo de este especial. Los hutíes son montañeses y el mar no es un terreno que les sea conocido ni que aprecien particularmente.

En este conflicto, el bando hutí tenía tres grandes objetivos en el Mar Rojo.

  • Llevar la guerra de desgaste al mar. Esto pasaba por hundir o dañar a las marinas de guerra y mercantes enemigas, especialmente a la saudí.
  • Mantener una capacidad disuasoria tal contra los buques militares enemigos que no se interrumpa el flujo de armas hasta Yemen. Cuanta más distancia de seguridad tengan que mantener las patrullas navales sauditas, menos tiempo tendrán para interceptar las embarcaciones con armas antes de que entren en aguas hutíes.
  • Mantener una defensa costera que impida los desembarcos enemigos en general, y en los principales puertos en particular. Se trata de negar a los árabes una de las ventajas del dominio del mar como es la posibilidad de maniobrar estratégicamente para realizar una operación anfibia con plena libertad de elección.

Los objetivos anteriores exigían un requisito: la creación de una red costera de vigilancia, una de las primeras sofisticaciones hutíes. A lo largo de toda la costa y del propio mar territorial de Yemen se estableció una red de puestos de observación camuflados, que iban desde simples vigías dotados de ópticas hasta dhows de vigilancia enmascarados, pasando por radares y drones.

Los hutíes han sabido aprovechar los medios disponibles para alcanzar sus objetivos. Yemen contaba un cierta fuerza de defensa costera en manos de la Guardia Republicana que también cayó en manos hutíes e incluía radares de vigilancia costera. De hecho, tiempo atrás destructores Arleigh Burke de la US Navy respondieron a los misiles hutíes destruyendo varios radares y vehículos de mando de una unidad de defensa costera. Los hutíes incluso reciclaron los radares de defensa aérea P-12 al rol de vigilancia costera, aunque desconocemos su eficacia.

El caso es que gracias a su red de vigilancia los hutíes contaban con información detallada del tráfico enemigo, la composición y dirección de sus fuerzas navales e incluso alerta temprana, algo muy útil para coordinar la llegada de los cargamentos de armas, que usualmente esperaban en la isla de Hanish Mayor, hasta que esta fue tomada.

Junto a esta red se protegieron los principales “puntos de hegemonía” (así los denominan los hutíes) estratégicos, en especial el puerto de Hodeida. Se diseminaron minas de orinque en sus aguas, así como y pequeñas cantidades de minas magnéticas e incluso hay informes de alguna mina “inteligente”.

Todo al estilo hutí, claro. Las minas de orinque eran artefactos de diseño artesanal que se manufacturaban en talleres precarios como parte del esfuerzo de guerra: era necesario producir minas con distintas cargas explosivas a una velocidad bastante elevada, ya que los campos de minas debían ser refrescados cada cierto tiempo, el número de zonas a proteger era alto y además las minas también se usaban en minados ofensivos. La protoindustria yemení estuvo y está a la altura del reto.

Típico Dhow del Golfo de Adén. Son usados para transportar todo tipo de mercancías, incluyendo armamento.

La defensa no consistía solo en minas sino que las zonas minadas estaban además defendidas por la artillería y los misiles antibuque. Sin embargo estas armas eran inútiles contra los drones submarinos (UUV) dedicados a buscar y neutralizar minas, así que contra estos últimos enviaban a sus submarinistas, otro aspecto sorprendete y que no es fácil de encontrar en grupos de este tipo.

Los misiles antibuque empleados probablemente eran Noor iraníes, el mismo modelo que había sido usado con cierto éxito contra una fragata de Israel en 2006 y que en esta guerra destruiría al HSV-2 Swift saudí, además de dañar otros barcos civiles y militares.

No han sido los únicos tantos que se han anotado los hutíes. Su defensa costera consiguió rechazar lo que probablemente era un asalto anfibio por sorpresa contra Hodeida, aunque otras acciones anfibias emiratíes para facilitar el avance hacia esta ciudad les pillaron por sorpresa.

Todo lo anterior puede parecer sorprendente, teniendo en cuenta que hablamos de una guerrilla. Sin embargo, en esta guerra naval hemos visto cosas mucho más heterodoxas que las apuntadas arriba. Por ejemplo, los hutíes han creado una suerte de “IED” marítimos, esparciendo pequeños artefactos flotantes en los principales canales de navegación internacional, con la esperanza de que alguno dañara a algún mercante.

También han creado y perfeccionado una potente escuela de hombres rana encargados de instalar minas, realizar inserciones submarinas de sabotaje en puertos enemigos, capturar sus UUV… Especialmente espectacular fue el sabotaje a un dragaminas de la Clase Frankenthal en el puerto de Moca.

Por otra parte han sacado mucho partido a las lanchas con motores fueraborda. Son vehículos ágiles, que consumen poco combustible, permiten transportar a pelotones al completo a lo largo de la costa, enviar fuerzas de abordaje, ejercer el control sobre el mar territorial, etc. Quizás el uso más impresionante es el de las lanchas bomba, que se mueven en grupos de tres con un vehículo de mando, otro para grabar la acción y un tercero, que es el que lleva a cabo el ataque y que es controlada a distancia con apoyo de cámaras situadas en la misma. Este método de ataque ha conseguido sorprender a una fragata saudita y quizás a algún otro buque, aunque se han demostrado muy vulnerables a la aviación. Con todol la tendencia pasa por organizar grupos mayores de lanchas bomba para hacer ataques simultáneos desde varias direcciones ¿Las manadas de lobos del pobre?

En realidad las lanchas bomba y su sistema de guía por TV no deberían ser rival para un buque militar moderno. El peligro real es su uso contra el tráfico mercante. Los hutíes han atacado varios buques petroleros de bandera saudita y aunque no se han apuntado ningún hundimiento, solo los daños, reparaciones, pérdida de mercancía, subida de los precios del seguro, necesidad de contratar seguridad, etcétera produce un sobrecoste importante y puede llegar a comportar importantes pérdidas económicas. En este sentido, aunque sus resultados no sean decisivos, son una parte importante de la estrategia de desgaste hutí.

El HSV-2 Swift tras probar la eficacia de la defensa costera hutí que logró un impacto de un misil C-802 y la baja de este buque.

Conclusiones

La Guerra Civil de Yemen es, quizá, el mejor ejemplo actual de la Revolución en los Asuntos Militares del pobre. No en vano ha vivido ha estado evolucionando y depurando conceptos y procedimientos durante más de una década, aunque se base en el mismo principio de “victory by not loosing”. Un conflicto de desgaste que solo es posible mantener en marcha mediante la excelencia táctica, la capacidad de infligir daños constantes y la resistencia para soportar bajas sin ser aniquilados.

El papel de la infantería y su excelencia táctica ha sido fundamental. Se ha logrado gracias al adiestramiento a conciencia de un reducido núcleo de tropas capaces de aprovechar el terreno, realizar distintos tipos de operaciones y ejecutarlas con extrema diligencia, poniendo el acento en el efecto sorpresa conseguido gracias a los movimientos rápidos, las comunicaciones fluidas y bien organizadas, los planes claros y un alto grado de dispersión, ocultación, camuflaje y enmascaramiento. Se han beneficiado además de la disponibilidad de materiales letales, desde ATGMs hasta fusiles antimaterial pasando por cohetes.

A su modo, los hutíes están haciendo lo mismo que trata de hacer cualquier ejército moderno; ¿acaso no sonel enmascaramiento de todo, la mejora del camuflaje, la dispersión y el efecto sorpresa la respuestas ineludibles a la proliferación de medios de detección en el campo de batalla? Se podría argüir, por tanto que la «RMA del pobre» hutí tiene como núcleo de su excelencia táctica el desarrollo precoz, conceptual y material de la infantería, incluso adelantando en algunos aspectos a potencias consolidadas.

Los hutíes operan en red y solo se concentran antes del ataque, emplean medios de transporte civiles o incluso van a pie, utilizan ghillie suits y su material cuenta con una proporción de radios, drones, bazucas, ATGM y fusiles antimaterial probablemente superior o al menos equiparable al de cualquier unidad de infantería regular moderna. Es más, el uso de smartphones, aún a riesgo de la seguridad, les permite unas capacidades de planificación, coordinación y orientación comparables a las de un ejército profesional, por no hablar de su habilidad en el acecho y la infiltración.

Ahora bien, en el caso yemení la eficacia táctica no ha sido monopolio del combate terrestre, ya que por primera vez hemos podido ver una guerra asimétrica naval en toda regla, algo de lo que en 2006 apenas tuvimos un aperitivo.

Los yemeníes han sabido combinar aspectos convencionales e innovadores en su táctica naval: la defensa ha sido una mezcla de defensa costera convencional basada en campos de minas cubiertos por el fuego de artillería y misiles, pero a la vez han desarrollado una valiosa red de vigilancia costera no convencional, y han hecho un uso peculiar de los misiles antitanque montados en botes. En el plano ofensivo han recurrido a minados ofensivos o acciones de sabotaje en puerto, pero también a medios no convencionales, como lanchas bomba o IED dejados a la deriva.

La idea es la misma que en tierra: lograr la excelencia táctica para inducir desgaste al enemigo evitando la derrota y manteniendo cierto control del territorio.

La excelencia táctica, sin embargo, no era suficiente para alcanzar sus objetivos y disuadir a Arabia Saudí y sus socios, por lo que han perseguido también la excelencia estratégica. Muestra de ello es la utilización de armas de precisión y largo alcance (más de 100 Km) que por primera vez abren un nuevo nicho de control de la escalada y elevan la capacidad de afectar a lo político y a lo militar: desde ataques de decapitación como el de un dron contra la tribuna de autoridades de Adén, hasta ataques con misiles dirigidos a mermar las capacidades militares enemigas, como los que afectaron a la base King Khalid, o ataques de castigo como los lanzados contra Riyad.

La capacidad de generar disuasión de este tipo de armas de largo alcance no necesita comentarios; mientras no existan escudos antimisil eficaces permitirán a actores no estatales llevar la destrucción al territorio enemigo, desde bases a buques amarrados en puerto, nada estará a salvo. Lo peor de todo es que la precisión de estas armas ya no solo permite la destrucción por la destrucción, sino que permite hacer daño allí en donde más duele.

A pesar de todo, la «RMA del pobre» solo es factible para un estado fuerte que disponga de su propia industria de defensa, aunque sea rudimentaria, o para un actor no estatal que cuente con el apoyo de un estado y se beneficie de rutas de abastecimiento regulares.

Dicho esto, la mayor vulnerabilidad estratégica para quienes recurren a la «RMA de los pobres», pasa por el suministro. Sin poder dar entrada a los materiales y componentes críticos, imposibles de fabricar en talleres locales (electrónica, motores cohete…), su eficacia decae estrepitosamente. En el caso hutí esto obliga a defender a ultranza localidades como Hodeida para evitar la posibilidad de que sus últimos muelles caigan en manos del enemigo y se corten los suministros. La estragia saudí, por las mismas razones, se hace evidente; han de aislar a los hutíes de la costa.

En resumen, a la hora de hablar de la «RMA de los pobres», hemos de tener siempre en cuenta los siguientes aspectos:

  • Llevarla a cabo no está al alcance de todo el mundo, pues se necesita una combinación de factores muy difícil de lograr. En este sentido, está lejos de las capacidades de grupos terroristas como los que pueden actuar en el Magreb.
  • La importancia de los recursos estatales. En el caso de ser un estado quien aplique los principios de la «RMA de los pobres», ha de contar con un nivel industrial aceptable en algunos apartados. En el caso de tratarse de un actor no estatal, necesita el respaldo de un estado que aporte suministros clave.
  • La importancia de la protoindustria local y la accesibilidad a productos civiles y tecnologías de doble uso (radios, receptores GPS, softwares controlador de vuelo…).
  • Es vital disponer de armas de precisión de largo alcance como medio de control de la escalada. Sin la capacidad de realizar ataques estratégicos y la disuasión que esto confiere, el resto de capacidades pueden ser suprimidas, aun a costa de muchas bajas, mediante ataques convencionales.
  • La excelencia táctica como forma de asegurar un desgaste continuo al enemigo mientras se minimizan las bajas propias. A nadie se le escapa que «libra por libra», los combatientes hutíes son muy superiores a su contraparte saudí. El adiestramiento y la disciplina son pues claves para llevar esta RMA a efecto.
  • Unida a la excelencia táctica, está la necesidad de que las fuerzas militares actúen con el mayor grado de dispersión física y la mayor coordinación para evitar los medios de detección enemigos y asegurar la sorpresa en sus ataques y golpes de mano. Para ello, además, han de rehuir el «cuerpo a cuerpo», recurriendo a ATGM, cohetes, rifles de precisión, etcétera.
  • La constante innovación, para lo cual no es necesario disponer de lo último en tecnología, sino que es más rentable dar nuevos usos a las tecnologías ya disponibles y accesibles, como las COTS, lo que permite alumbrar novedades como las lanchas bomba teledirigidas, los drones suicidas, los IEDs flotantes, etc).

Dicho lo anterior, para asegurar el éxito en la aplicación de la «RMA del pobre» nunca se deben olvidar los preceptos clásicos de la guerra revolucionaria. Preceptos como “sobrevivir para seguir luchando”. Esta frase, que podría parecer una obviedad, ha sido olvidada en demasiadas ocasiones. Por ejemplo, por el ejército norvietnamita junto al Vietcong cuando lanzaron la desastrosa Ofensiva del Tet que les supuso un desgaste sin precedentes. El Dáesh tampoco comprendió este principio y se lanzó a construir un Califato que fue su perdición. Lo mismo podríamos decir de los Hermanos Maute y el Dáesh filipino cuando se atrincheraron en Marawi, o de los rebeldes sirios, quienes en lugar de sostener una guerra de guerrillas decidieron hacerse fuertes en zonas concretas de Damasco, Homs y otras ciudades.

Llegados a este punto, muchos lectores seguirán sin tener claro que lo visto en Yemen constituya una verdadera RMA, pues mucho de lo que hemos explicado se ha visto también en otros conflictos actuales y pasados a lo largo y ancho del globo. Sin embargo, a nuestro juicio, la suma de pequeñas innovaciones de las que hemos sido testigos en esta guerra, el perfeccionamiento constante y la vuelta de tuerca a sistemas, tecnologías y tácticas ya en uso dan como resultado exactamente eso, una RMA pura y dura: La «RMA del pobre», que ha permitido a los hutíes, mucho más pobres, sin apenas recursos y con un apoyo exterior que no es comparable en ningún caso a los medios de que dispone Arabia, mantenerse firmes ante la mucho más poderosa Riyad.

La lección es clara y es para todos; ganen o pierdan esta guerra, los hutíes ya han demostrado que la «RMA del pobre» será posible en unos pocos años hasta para el más desarrapado grupo en el más atrasado de los países. Hemos de tomar nota y prepararnos para ello.

Anexo: claves de la Revolución en los Asuntos Militares hutí

  1. Sobrevivir.
    1. Mantener el flujo de suministros de guerra.
      1. Principalmente de las armas que permiten el castigo.
      2. Secundariamente de componentes COTS o productos militares como ATGM o municiones complejas.
      3. Desarrollar protoindustria propia y aprovechar el mercado negro de armas.
    2. Poner el énfasis en la indetección y protección táctica y estratégica.
      1. Conexión mínima indispensable entre los niveles táctico y estratégico. Alta descentralización táctica.
      2. Dispersión táctica.
      3. Camuflaje.
      4. Ocultación.
      5. Enmascaramiento.
      6. Control de emisiones.
      7. Disciplina de comunicaciones.
      8. Uso de señuelos.
        1. Físicos.
        2. Electrónicos.
      9. Uso de añagazas.
      10. Escudos civiles.
      11. Fortificación y endurecimiento.
    3. Impermeabilidad de la organización.
      1. Reclutamiento muy selectivo.
      2. Disciplina individual.
      3. Moral alta.
  2. Combatir.
    1. Generar desgaste mediante:
      1. Excelencia táctica.
        1. Infantería ultraespecializada en su campo de batalla.
        2. Nuevo tipo de adiestramiento .
        3. Acceso a armamento y materiales COTS.
        4. Organización basada en unidades pequeñas (escuadras) que actúan dispersas pero en red.
      2. Armas de castigo.
        1. Para un uso estratégico.
        2. Las armas de castigo precisas adquieren una triple función: política (atacar Riyad, ataques de decapitación), táctica (atacar un puesto avanzado o una fragata) o política-estratégica (atacar una central nuclear). Además se coordinan con los drones. )
          1. Permiten un control más detallado de la escalada.
          2. Favorecen el ataque por sorpresa.
      3. Acciones de guerra asimétrica contra activos estratégicos concretos.
        1. Sabotajes contra contra refinerías, puertos, defensa antimisil…
        2. Guerrilla contra el tráfico marítimo:
          1. Uso de lanchas bomba, IED flotantes y ATGM apoyados por una red de vigilancia no convencional a fin de atacar a los buques mercantes enemigos.

 


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