El Plan Director de Misiles Antiaéreos

Una faceta olvidada del impulso industrial

El Plan Director de Misiles Antiaéreos

Una faceta olvidada del impulso industrial

Roberto Gutiérrez Martín

España participa en la fabricación de una amplia variedad de misiles de uso aéreo o antiaéreo, como los Iris-T, Meteor y ESSM. Si bien aún no ha liderado un sistema completo equipado con radares, sistemas de control y lanzadores propios que pueda evolucionar localmente (software, red C2) y con posibilidad de ser exportado. El futuro Plan Director de Misiles, actualmente en proceso de estudio por la DGAM, debería abordar esta carencia, inclinándose por nuevos desarrollos que nos capaciten como sistemistas, que es en donde está la verdadera transferencia tecnológica, como demuestra la experiencia del AEGIS.

La dirección general de armamento y material (DGAM) nace en 1977 como un órgano asesor del Ministerio de Defensa, si bien no empezará a asumir competencias en temas de equipamiento hasta la creación de la subdirección de adquisiciones, en 1983.

Más tarde, en virtud de las mayores competencias del JEMAD en la planificación de las capacidades militares y los diferentes procesos de modernización conceptual y efectiva de las Fuerzas Armadas (como la profesionalización o la puesta en marcha de los diferentes ciclos de planeamiento) y ante el reto de modernizar una gran parte del material, nacen los Programas Especiales de Armamento (PEA).

Estos consisten básicamente en un sistema de adquisición mediante programas industriales que impliquen a empresas nacionales, mejoren la independencia estratégica y reviertan las inversiones de defensa en la sociedad. Para ello se involucra al Ministerio de Industria, que adelanta los pagos a las empresas para que Defensa, que mantiene un presupuesto artificialmente bajo por intereses políticos, pueda disponer de plazos más cómodos y carentes de intereses para atender a esta deuda. Una vez realizados los pagos, la industria debe devolver al Tesoro Público el dinero adelantado, asegurando con este sistema la disponibilidad de fondos para sostener los desarrollos sin que el Estado tenga que recurrir a créditos extraordinarios.

Más allá de lo conveniente o no de un sistema que ha ido aumentando el endeudamiento del Ministerio de Defensa (porque ningún gobierno ha llegado a aumentar el presupuesto para atender a la liquidación en plazo) con cada vez más PEAs a mayores plazo de ejecución, ha supuesto implementar una estrategia de adquisiciones donde los ejércitos deben adaptar sus necesidades operativas a los medios que la industria implicada puede ofrecer. Con ello, la adaptación del producto a las necesidades del cliente (las FAS), la gestión de calidad o el I+D asociado a un mercado en competencia, han brillado por su ausencia.

Por contra, el suministro por parte de contratistas o subcontratistas nacionales de material y la gestión unificada de las necesidades del usuario, con la consiguiente adaptación de diferentes requisitos en pos de productos comunes, han creado sinergias en los costes de adquisición (economía de escalas) y sostenimiento del material, poniendo fin a las contrataciones específicas que obligan a un mayor gasto logístico (mantenimiento, gestión de repuestos, etc).

La máxima expresión de esta política han sido los llamados ‘planes directores’ que emanan de la DGAM para cubrir las necesidades de los ejércitos en áreas comunes con material que obedezca a la estrategia industrial citada.

Así, los diferentes DNO (Documento de Necesidad Operativa) de los jefes de estado mayor llegan al JEMAD, que los ordena por su prioridad para la defensa. Cuando uno pasa el filtro por el cual se pone en marcha el proceso de adquisición, se establecen los Requisitos de Estado Mayor (REM), que definen exactamente las necesidades técnicas de cada ejército.

Es entonces cuando en la DGAM se redacta lo que se llama Documento de Viabilidad en virtud del presupuesto y las posibilidades industriales, para cubrir dicha necesidad.

El ministerio dará las directrices para cubrirlos con una serie de candidatos que, bajo otros criterios, se consideran ‘de interés’, haciendo una solicitud de ofertas a la industria, pasando los candidatos pre-seleccionados a una fase de evaluación por parte del usuario final, después de la cual elevará un informe a la DGAM. Será está la que finalmente valore las diferentes variables técnicas, económicas, industriales y hasta políticas, para firmar el contrato de adquisición con la empresa o conglomerado de empresas ganadoras.

En otras ocasiones, la única elección posible desde el punto de vista industrial o político conlleva una contratación directa bajo el procedimiento conocido como ‘negociado sin publicidad’ por el cual no se produce concurso público.

Cuando la similitud de los requisitos de las diferentes ramas de las FAS permiten elaborar un programa de adquisición que va más allá de un producto concreto, se establece un ‘plan’ estratégico de adquisiciones en el que las diferentes necesidades se ajustan a unas condiciones y plazos comunes que favorezcan los intereses nacionales, tanto los ya citados como la siempre deseable planificación a medio y largo plazo, que permite mayor estabilidad y coherencia en las inversiones a realizar, así como su beneficio para otros programas con los que establecer la necesaria convergencia.

Así sucedió con el programa estratégico de helicópteros entorno a la factoría de Eurocopter Albacete y los nuevos modelos Tigre y NH90 Caimán; para darle forma surgió el llamado ‘Plan director de helicópteros’ del que ya hemos hablado en estas páginas. Igualmente se implementó en 2015 un plan director de sistemas espaciales (satélites, seguimiento espacial y comunicaciones SATCOM) o existe un plan de RPAS, incluido un programa de desarrollo y pruebas de plataformas conocido como ‘Rapaz’ para evaluar las posibilidades de la industria de suministrar equipos de este tipo a las FAS.

Sin embargo, hay un área especialmente importante, tanto para los ejércitos como para las empresas tecnológicas del sector, en los que no se ha establecido una estrategia conjunta y en el que se arrastra un considerable retraso: la de los misiles.

A principios de 2019 la DGAM anunció la elaboración de un estudio para un plan director de ‘defensa aérea’, si bien esta denominación entendemos que es poco afortunada, ya que no incluía la red de vigilancia ni los interceptadores del Ejército del Aire, abordando exclusivamente la rama de los misiles de uso antiaéreo.

En realidad, la mayor parte de este esfuerzo iría encaminada casi exclusivamente a la adquisición de la munición, en este caso los misiles propiamente dichos; ya que los sistemas que han de utilizarlos, como cazas o fragatas, ya tienen implantados los componentes electrónicos necesarios (radares, sistemas digitales de control, etc) para explotarlos adecuadamente y su sustitución o modificación tienen implicaciones que van más allá de los proyectiles empleados.

Es si acaso en el nicho de los misiles SAM terrestres donde se aplica mejor el concepto de ‘sistema de armas’, entendido como el conjunto compacto (integrado) de medios necesarios para operar como tal y en el que el misil representa solo una parte, fundamental eso sí, del mismo. La mayor parte de las veces la obsolescencia de estos sistemas viene más de los elementos de mando y control o de adquisición y seguimiento de blancos que del propio misil, que permanece invariable o evoluciona gracias a la sustitución de componentes software y hardware (en especial el sistema de guiado o seeker).

Sin duda un plan director debe tener en cuenta la adaptabilidad de cualquier misil seleccionado a los diferentes sistemas de armas en activo o futuros y, en su caso, a la capacidad de crecimiento del propio proyectil, evitando la posibilidad de obsolescencia prematura.

Del citado estudio de la DGAM no ha trascendido conclusión alguna, y dadas las circunstancias actuales es difícil creer que podrá hacerlo. No obstante las necesidades siguen acumulandose, y poco o mucho, las decisiones que se tomen deberían seguir una planificación coherente y acorde a los tiempos y las capacidades presupuestarias.

Antecedentes

España lleva utilizando sistemas de misiles desde los años sesenta; sin embargo no se fabricará el primero en España hasta muchísimo tiempo después. FABA será contratista principal en la integración del sistema Toledo, con misiles Aspide (una versión italiana del AIM-7 Sparrow); más recientemente Navantia colaborará con Raytheon en componentes del ESSM y SENER se encarga de la aportación española a los europeos Meteor e Iris-T.

A pesar de estos casos citados, no ha habido una política planificada ni sostenida en el tiempo, fruto de cubrir necesidades puntuales de los operadores e incluso sin mediar demanda de los ejércitos, debido a intereses políticos y comerciales (caso de los NASAMS de la noruega Kongsberg, una compensación al gobierno del país nórdico por su adquisición de cinco fragatas a Navantia).

Seguramente esta sea la razón de que ningún fabricante especializado en misiles esté asentado en nuestro país ni exista posibilidad de que los ejércitos vean satisfechos requisitos propios con algún producto desarrollado acorde a sus necesidades, con el consiguiente beneficio en I+D, mano de obra altamente especializada y posibilidad de rentabilizar el producto en otros mercados.

Armeros del Ejército del aire montando un AMRAAM en un C15. Fuente – Ejército del Aire.

Actualmente España dispone de hasta diez misiles dedicados a batir blancos aéreos, de los que solo dos son empleado por los tres servicios, el AIM-120 AMRAAM y el Mistral.

Así, vemos que el EdA emplea misiles aire-aire AIM-9L/J, AIM-120B/C, Iris-T y Meteor, junto con los superficie-aire Mistral y Aspide.

La Armada dispone de los AIM-9 y AMRAAM en los aviones Harrier, mientras que los SAM de los buques son los RIM-66 Standard (SM1 y SM2) y RIM-162 ESSM, estando previsto que incorpore sistema de defensa de punto Mistral (ya en servicio en la infantería de marina) los ESSM block II y el Standard en versión SM-6.

Por su parte, el ET utiliza una variada panoplia de misiles antiaéreos, como los AIM-120D (sistema NASAMs) Aspide, Hawk, Mistral y Patriot.

La mayoría de ellos seguirán en servicio aún mucho tiempo, mientras se realice el mantenimiento necesario (siempre se puede ahorrar el mismo retirándolos del inventario) así como pequeñas reposiciones de stocks, si bien nos centraremos en los sistemas que se puedan seguir adquiriendo de forma significativa.

Eso excluye a los más antiguos, alguno de los cuales como el Aspide se retiraran pronto, mientras que otros subsistirán mientras no haya relevo para el sistema que los emplea, como los SM-1 navales, que serán retirados definitivamente junto con el único buque que aún los usa (fragatas F-80).

El primer segmento que está en estudio para ser relevado, pese a no ser el que cuenta con los misiles más antiguos, es el Mistral.

El Ejército de Tierra introdujo el sistema Mistral I en 1988 como misil de defensa antiaérea a muy baja cota (posteriormente lo adoptaron el EdA y la IM) y para empleo aire-aire desde helicópteros Tigre (version II, adquirida en 2007). El lanzador terrestre es simple (el EdA emplea el afuste doble ATLAS) con un solo misil disparado manualmente por un equipo de dos hombres. Este afuste fue sometido a algunas mejoras, como cámara térmica, enlace radio (COAAAS-L) e instalación en la cabina de carga de VLTT VAMTAC, pero el misil no ha recibido cambios y se considera superado.

El nuevo VSHORAD (Very Short Range Air Defense) tendrá dos aplicaciones diferentes, montaje terrestre y naval, ambos con lanzadores automatizados. El Atlas RC ha sido presentado por MBDA España para relevar a los lanzadores del ET, cuenta con un afuste para dos misiles controlable desde la cabina del vehículo (un VAMTAC, lo que significa una clara apuesta por nuestro mercado) que cuenta además con un sistema de cajones para llevar hasta cuatro misiles de reserva.

Por su parte la DGAM ha contratado a la empresa para un estudio de viabilidad técnica relativo a la instalación en los buques existentes del misil y su lanzador (compatibilidad electromagnética, pesos, enlace con SCOMBA, etc) con una necesidad estipulada de trece lanzadores que equiparan a la mayoría de unidades mayores, como LHD, LPD o AOR.

Pese a que MBDA ya comercializa varios lanzadores, como el SIMBAD-RC (2 misiles) o el SADRAL (6 misiles), ha presentado un producto específico para la AE conocido por SIMBAD SP (con cuatro misiles) y denominado Cartago en el que se pretende que la industria nacional sea autoridad de diseño cara a la exportación del sistema (relevante siendo Navantia exportador de buques y sistemas de combate).

Por otra parte, Escribano, que ya ha vendido torretas automáticas Guardian a la AE, ofrece el montaje CIWS TAO, que combina un cañón GAU-12 rotativo de 25 mm y un lanzador cuádruple de misiles.

El nuevo misil tiene un alcance mayor (de 6 a 10 kms) un sensor infrarrojo más preciso y mayor resistencia a las contramedidas, además de una cabeza de guerra de fragmentación optimizada para derribar UAVs de vuelo lento. La precisión del misil contra blancos muy veloces ha propiciado que se pruebe con éxito en misiones antibuque, específicamente lanchas rápidas de pequeño formato. Esto junto con la probada capacidad de disparo desde helicópteros abre varias posibilidades al sistema en el entorno naval.

No es esta la única opción disponible dentro del mercado VSHORAD, ya que hay diferentes misiles de concepción similar, como el Stinger, StarTreak o RAM; si bien no existen antecedentes de interés por parte de nuestras FAS. Algunos de ellos han abandonado la categoría del concepto MANPADS (man-portable air-defense system) para instalarse en vehículos con complejos sensores optrónicos y la alerta previa de un sistema de radares, explotando eficazmente las prestaciones máximas de los misiles, lo que les convierte en sistemas SHORAD.

Al respecto, la alemana Diehl, fabricante del Iris-T (en el que colabora la española SENER), ha adaptado este misil como arma superficie-aire, consiguiendo un conjunto digno de tener en cuenta; denominado SL o Surface launcher, tiene guiado de trayectoria por inercial/GPS y ataque terminal por sensor IR, un alcance de 25 kms y una cota máxima de 6000 mts. El modelo ha sido adquirido por el Bundeswehr alemán (sobre un camión TT) y el Ejército Sueco, que lo ha adaptado a un afuste abierto montado sobre el VB206.

Recientemente este sistema ha ampliado la gama de misiles y sus prestaciones; al ya citado SL (ahora denominado SLS o Short Range) se ha unido el nuevo SLM (por Medium Range) que cuenta con un nuevo interceptor mucho mayor, con un alcance de 40 kms y una cota operativa de 25 km. Este sistema, que entra de lleno en lo que denominamos ‘alcance medio’, tiene la ventaja de poder actuar en entornos con fuertes contramedidas electrónicas, ya que conserva el guiado terminal por buscador infrarrojo.

Misiles MIM-23 Hawk del Ejército de tierra, un sistema al borde de la obsolescencia. Fuente – Ministerio de Defensa.

En lo que respecta a esta última categoría, pero guiado por radar, España debe sustituir en breve los tipo Hawk y Aspide, mientras que los más avanzados AMRAAM y ESSM block I aun serán útiles durante varios años.

El AIM-120 AMRAAM es compatible con los cazas F-18, Eurofighter Tifón y AV-8B Harrier, así como en el sistema antiaéreo NASAMS, de la noruega Kongsberg, asociado al radar de búsqueda y seguimiento MPQ-64 Sentinel.

Los misiles en servicio son de las variantes B y C, habiendo actualizado el CLAEX al F-18 y Tifón T1 para disparar la más avanzada C7, este requerimiento se debe a que estos aviones no pueden usar el nuevo Meteor.

Se ha desarrollado un modelo exclusivamente para el sistema NASAMS, denominado AMRAAM-ER, que dispone de un 70% más de alcance y altitud máxima; gracias a incorporar el cuerpo y el impulsor cohete del RIM-162 ESSM. Este último misil de la norteamericana Raytheon está gestionado por un veterano programa OTAN (Sea Sparrow project) en el que colabora INDRA y es explotado por el sistema AEGIS de las fragatas F-100. Se van a adquirir los más avanzados block II, que mejoran el alcance y disponen de guiado dual semiactivo y activo (lo que permite el disparo múltiple independiente de los radares de iluminación del buque), después de desechar a su rival europeo CAMM (sistema SeaCeptor) para las F110.

Este sistema fabricado por MBDA ha evolucionado recientemente a una versión de alcance extendido, conocida por CAMM-ER, que al igual que su predecesor, es compatible con el lanzador VLS Mk41 en servicio con la Armada (con el mismo empaquetado de cuatro misiles por celda que el ESSM) y que aproxima sus prestaciones al sistema de Raytheon; su versión terrestre, denominado ahora EMADS, es configurable según el cliente con diferentes tipos de radar de adquisición e incluso de vehículos lanzadores y ya ha entrado en servicio con el Royal Army británico, siendo adquirido también por el Esercito en Italia.

La defensa aérea de largo alcance

En la cota superior del sistema de defensa aérea se mantienen dos sistemas, el Patriot terrestre y el Standard naval, asociado nuevamente al sistema AEGIS de las fragatas F-100 y F-110.

De estos sistemas se espera que además de denegar el acceso al espacio aéreo en una zona extensa a gran altitud, tengan la capacidad de interceptar y destruir misiles balísticos. Esta fue la razón por la que, cumpliendo con un compromiso firmado con la OTAN, España adquirió misiles Patriot de segunda mano de los excedentes alemanes.

Este misil, en configuración PAC 2 (que es la que disponemos) es capaz de atacar cabezas de misiles en fase terminal de aproximación a sus blancos con trayectoria baja (misiles balísticos de corto alcance) aunque existe un modelo mejorado manufacturado por Lockheed Martin que es mucho más ligero (dispone de una cabeza de guerra cinética de impacto) y que multiplica la capacidad del lanzador (de 4 a 16 misiles), denominado PAC-3 MSE.

El sistema ha reemplazado el radar principal MPQ-53 de banda G/H por un nuevo radar pasivo de estado sólido (SSL) MPQ-65, que opera en banda C. Igualmente este misil es la base del sistema MEADS, utilizado por el Bundeswehr alemán y la Fuerza Aérea Italiana, que utiliza lanzadores de 8 misiles sobre camión para una rápida entrada en batería (en lugar de un remolque estático) y un radar activo en banda X.

Del mismo fabricante (también colaboran Raytheon, Boeing o Bae) es el THAAD, el extraordinario sistema ABM estadounidense (gestionado por la MDA), si bien es tan costoso que ningún otro país puede permitírselo. Esta es la razón por la cual la PESCO (Cooperación Estructurada Permanente de la UE), ha financiado un programa conjunto para dotar a la unión de una capacidad ABM real, tanto contra amenazas actuales como futuras, pudiendo interceptar misiles balísticos, los de crucero hipersónicos y aviones de altas características. Nuevamente en manos de MBDA, el denominado TWISTER (Timely Warning and Interception WIth Space-based TheatER surveillance) será un misil endo atmosférico de alta velocidad de interceptación por impacto directo, y se prevé su entrada en servicio para 2030.

Igualmente la gama de misiles Standard, en servicio en la US NAVY, incluye dos variantes con capacidades ABM, el RIM-161 SM3 IIA y el RIM-174 SM6.

El primero es un misil especializado capaz de interceptar blancos a cotas exo atmosféricas (hasta 250 kms de altitud) con 500 kms de alcance y una velocidad terminal de 7,8 mach. Sus extraordinarias prestaciones le han hecho acreedor a formar la base del escudo antimisil de la OTAN, que incluye una fuerza móvil sobre destructores Arleigh burke (con sede en Rota) y una parte fija, con instalaciones en Rumanía y Polonia.

Este sistema, conocido por AAMDS (AEGIS Ashore Missile Defense System) consta de un radar SPY sobre una superestructura fija y un lanzador vertical de misiles SM-3. El principal problema es que el proyectil cuesta más de 10 millones de euros, lo que no ha impedido adquirirlo a países en la zona ‘caliente’ indopacífica, como japón o Australia.

Por su parte el SM-6 es un misil que se limita a actuar a cotas media/altas (hasta 33 kms), tiene un alcance de hasta 240 kms y una velocidad de interceptación de 3,5 mach. La ventaja de este misil, por otra parte, es su polivalencia; al contrario que las municiones cinéticas de otros ABM, dispone de una cabeza convencional de alto explosivo pre fragmentable y una espoleta de proximidad, junto con una guia dual que incluye cabeza buscadora activa, similar a la de los misiles de corto alcance (es la del AIM-120C); todo ello, junto a su altísima maniobrabilidad le permite atacar blancos en forma ‘dispara y olvida’ a cualquier cota y alcance con alta probabilidad de destrucción. Por si esto fuera poco, está optimizado para atacar objetivos de superficie navales (una capacidad residual en los precedentes SM-2) hasta el punto de haber sustituido al misil antibuque estándar de la US NAVY, el Harpoon.

Nuevamente, el problema de este extraordinario misil es su precio, que supera los cinco millones de dólares. Destinado a actuar contra multitud de blancos y formando parte del sistema anti saturación AEGIS en buques con un centenar de celdas, dista de ser un arma de empleo restringido sino más bien lanzable en ‘salvas’ (incluye la capacidad de guiado por un sensor ajeno al buque lanzador); por lo que su coste es prohibitivo. Para esta función aún se utiliza el más sencillo SM-2 block III/A de guiado semiactivo, que arma a nuestras fragatas F-100, y los mejorados IIIB y IIIC. El IIIB va equipado con guía dual infrarroja/radar semiactivo, permitiendo su lanzamiento en modo ‘dispara y olvida’ (con guiado telemétrico) a la máxima distancia operativa, que es de 160 kms. Todos los misiles Bloque III y IIIA de la NAVY serán actualizados a esta variante, manteniéndolo como su misil básico hasta al menos 2025.

Por su parte el nuevo IIIC, aún en desarrollo (está en estudio un nuevo cuerpo principal) dispone del mismo sistema de guía del SM-6 y como este, pretende incrementar su capacidad antibuque, aunque dentro de un alcance de 100 millas (muy inferior al SM-6, pero también mucho más barato).

Momento del disparo de un Standard SM-6 desde un destructor norteamericano. Fuente – US Navy.

Nuevamente la alternativa a los excelentes misiles de Raytheon viene de la mano de MBDA, que junto con Thales (grupo EuroSAM) diseñó hace una década un sistema de misiles que debía cubrir los requerimientos de Reino unido, Francia e Italia de un misil de media y alta cota, dando lugar a los Aster 15 y 30 respectivamente; siendo el segundo una versión de alcance extendido del anterior con una fase cohete de propulsión (booster) de mayor tamaño. No obstante la llegada de los lanzadores verticales, el aumento de alcance de los misiles de baja cota y su mayor optimización del espacio en los silos lanzadores (empaquetado múltiple) gracias a su menor diámetro, pronto condenó al Aster 15, con unas prestaciones bastante modestas para su volumen, a la obsolescencia.

Por contra, el Aster 30 ha seguido evolucionando, incrementando el rendimiento de su propulsor de estado sólido y el sistema de guiado dual, llegando a ofrecer prestaciones similares al Standard, incluida capacidad ABM ‘cercana’, pero a un coste muy inferior. Es un misil con una mayor velocidad y energía (4,5 mach) pero de un alcance y cota notablemente inferiores al norteamericano (120 y 20 kms respectivamente) no estando tampoco implementado en el sistema AEGIS, si bien es compatible con los lanzadores verticales VLS.

El sistema SAMP/T, recientemente introducido por el Ejército Francés, no es si no la versión basada en tierra del Aster 30 (asociado a un radar Arabel en banda C), siendo un misil de la misma categoría del Patriot. Actualmente está en estudio el Aster 30 Block 2, que será capaz de interceptar misiles balísticos de alcance intermedio.

Necesidades operativas

Recapitulando, los sistemas de nuestros suministradores más consolidados y que serán potencialmente interesantes durante la próxima década podemos verlos en la siguiente tabla:

Para no multiplicar las líneas logísticas ni los acuerdos de cooperación con nuevos contratistas, sería deseable que nos centráramos en estos, por más que una evaluación exclusivamente técnica pudiera aconsejar otros sistemas.

Los misiles más modernos del inventario son los Meteor e Iris-T de los cazas del EdA, por lo que en este aspecto las necesidades están cubiertas. No obstante será necesario mantener el AIM-120C AMRAAM para aquellos aviones que no usen el Meteor, por lo que deberán hacerse pequeños pedidos de reposición aún durante algunos años.

Las necesidades a corto/medio plazo se centran en los misiles SAM o antiaéreos, destacando tres categorías diferenciadas, comunes a plataformas navales como de uso terrestre:

  • Misil antiaéreo de muy baja cota con buscador infrarrojo.
  • Misil antiaéreo de baja y media cota guiado radar.
  • Misil antiaéreo de alta cota y ABM limitado.

Este uso dual, y con él la posibilidad de simplificar el heterogéneo catálogo de medios actual mediante un programa centralizado, es el principal reto desde un punto de vista operativo y logístico (lo que no siempre coincide con las prioridades industriales).

Por otro lado los presupuestos difícilmente podrán sostener durante mucho tiempo el ORBAT actual de la artillería antiaérea, con 27 baterías de misiles (14 Mistral, 3 Aspide, 3 Patriot, 4 NASAMS y 6 con Hawk) y más de 3.000 efectivos alistados en hasta 17 unidades diferentes; así pues la reducción de plataformas y unidades de combate será inevitable. Debemos asumirlo para poder cubrir la mayor parte de las necesidades con el menor número de misiles posible, ya que un plan demasiado ambicioso que pudiera cancelarse sin completar alguno de sus elemento, supondría poner en entredicho la eficacia del conjunto.

La Armada Española parece haberse adelantado en este ejercicio de realismo al definir sus nuevas fragatas F-110, reduciendo a la mitad los pozos de misiles de las precedentes F-100 ante la imposibilidad manifiesta de llenarlos con suficientes misiles. Esta decisión ha sembrado no pocas dudas en medios especializados, pues si bien se entiende que es un buque no especializado en guerra antiaérea, los actuales sistemas deben complementarse entre sí mediante lo que se denominan círculos concéntricos defensivos, para lograr una cobertura integral contra todo tipo de amenazas y a todas las cotas y distancias.

Es dentro de ese concepto de polivalencia y el uso de varios misiles (incluidos los enormes SM-2) donde, a pesar de considerarse un buque ASW, 16 celdas parecen quedarse muy cortas; más después de realizar la inversión más importante, relativa al radar y el sistema de combate (estando previsto instalar el CEC). En caso contrario, embarcar exclusivamente ESSM/CAMM defensivos, como hacen otras marinas, supone la nada despreciable cantidad de 64 proyectiles por buque; aunque eso nos devuelve al problema apuntado en un principio: la carencia de suficientes misiles.

En el ámbito naval lo normal es usar estos sistemas duales, con misiles de baja y alta cota de guía radárica, ya sean europeos (CAMM + Aster) o norteamericanos (ESSM + Standard) haciendo un uso residual de los misiles infrarrojos como defensa de punto (CIWS) o de unidades que no pueden utilizar los anteriores, generalmente combinados con cañones de tiro rápido.

El problema se agrava con los de uso terrestre, ante la mayor cantidad de sistemas y la disgregación orgánica con la que se emplean, especialmente en nuestro Ejército de Tierra. Si observamos el equipamiento de otros países de nuestro entorno, utilizan una combinación de tres e incluso solo dos misiles para cubrir todo el espectro de defensa aérea (ya sea en sus ejércitos o bajo control de la fuerza aérea).

Multitud de sistemas, como los Chaparral, Rapier, Roland o Aspide, han sido sustituidos o directamente dados de baja, simplificando considerablemente sus despliegues. Igualmente la cantidad de baterías de algunos de ellos son bastante limitadas (y se mantienen centralizados en regimientos específicos), teniendo en cuenta el tamaño de sus FAS y sus presupuestos; sin duda fruto del periodo posterior a la Guerra Fría y la asumida superioridad aérea de que han gozado las fuerzas occidentales en las tres últimas décadas.

No obstante, la vuelta de rusia a la escena internacional y conflictos como el de siria han revalorizado los sistemas SAM, pudiendo ver en el futuro un incremento notable de estos dentro de la OTAN.

Actualmente la DGAM está estudiando un programa conjunto (las tres ramas de las FAS) para implementar un sistema VSHORAD en base a la versión Mistral III de este misil fabricado por MBDA. De hecho la empresa ha abierto oficina en nuestro país y colabora con el ministerio en los estudios y evaluación de este sistema de armas y, lo más importante, ofrecer una fábrica de misiles en España.

Las necesidades de las FAS, incluidas brigadas del ET, COMGEs, FAMET y MAAA; más el EADA, Infantería de Marina y una decena de buques de la Armada, se cifran en más de 1.500 misiles.

Este importante hito puede ser el punto de partida para un acuerdo estratégico con el fabricante nacido de la fusión de Matra (Francia) Finmeccanica (Italia) y Bae Dynamics (Reino unido) en 2001. MBDA es hoy un gigante con presencia en varios países y propiedad de Airbus, Bae Systems y Leonardo, por lo que parece obvio que la implementación en España es el último escalón para conformar una multinacional europea global.

La propia empresa ha señalado el alcance de esta colaboración, no solo por la implantación de una factoría, también ampliarlo a una serie de productos para cubrir la mayoría de necesidades de las FAS, lo que aseguraría la carga de trabajo durante mucho tiempo.

Si bien el CAMM o el Aster 30, ofertados por la compañía, son sistemas eficaces y más económicos que sus contrapartidas norteamericanas, deberían introducirse en servicio; con lo que ello conlleva en cuanto a gastos de implantación, amén de la inversión en misiles propiamente dichos, deshaciendo el camino andado ya con otros programas como el SeaSparrow o el Standard.

Al respecto, solo el estudio de integración del CAMM en la F-110 supuso un gasto para el erario público 9,5 millones de Euros. Cabe preguntarse si tanto esfuerzo era necesario o estaba justificado, ya que INDRA colabora con Raytheon en el ESSM desde hace muchos años, siendo solo voluntad política incrementar los pedidos de misiles (sin la cual cualquier programa carece de sentido) y asumir su fabricación en España por parte de alguna empresa con experiencia en el sector.

Recordemos al respecto que SENER, INDRA, SBB y Navantia colaboran también en el misil aire-aire Meteor, siendo la primera autoridad de diseño de la sección de control de este misil. Por tanto no es difícil imaginar que una UTE formada por estas empresas pueda desarrollar sistemas propios (especialmente radar, centro director de fuegos o contenedores de lanzamiento) fabricar componentes o realizar el montaje final y los bancos de pruebas (INTA) sin necesidad de que el fabricante (independientemente de su nacionalidad) deban levantar una factoría en nuestro país; con los ya conocidos sobrecostes, falta de transferencias, opacidad en la consecución de contratos y dependencia tecnológica de la matriz que han provocado casos previos de sobra conocidos.

Por otra parte, los futuros sistemas deberán estar integrados en España o disponer de arquitectura abierta, de tal forma que se puedan realizar actualizaciones y dar soporte logístico sin recurrir al fabricante.

Un claro caso del efecto pernicioso de no contar con esta capacidad es el NASAMS; si bien es mucho más moderno y avanzado que el previo Hawk; el sistema está próximo a la obsolescencia debido a que Kongsberg dejará de dar soporte a esta versión, obligando a actualizarlo a una más avanzada (la 2+) con el correspondiente coste económico.

En cualquier caso, si nos ceñimos a la mejor oferta para renovar los sistemas radáricos actuales, la opción de modernización del NASAMS parte con clara ventaja. Sin necesidad de reemplazar radares o lanzadores, el nuevo AMRAAM-ER proporciona a este sistema una capacidad muy mejorada, pudiendo cubrir las misiones asignadas al Hawk a un coste relativamente bajo.

Estimamos que la modernización del sistema al estándar 2+ y la adopción de dos baterías adicionales (para completar un segundo grupo) puede suponer una inversión cercana a los 200 millones de euros. Por aportar unas cifras comparativas, equipar al 16th Royal Artillery Regiment con 14 lanzadores Land Ceptor (más radares Giraffe y estaciones de control) ha supuesto al MoD británico un desembolso de 723 millones de libras.

Respecto al relevo del misil Patriot, su principal misión es la defensa ABM (contra misiles balísticos) y para poder desarrollarla eficazmente habría que actualizarlo al estándar PAC 3 MSE; lo que supone más de 700 millones de euros para un solo grupo, así como mantener todo el aparataje, vehículos y sensores norteamericanos, ajenos al sistema logístico español.

Esta especialización por otra parte limita la capacidad del sistema para afrontar blancos convencionales con munición de fragmentación, por lo que sería necesario introducir otro misil para este cometido.

Igualmente el MIM-104F no es suficiente para afrontar la amenaza ABM de largo y medio alcance, por lo que ya se ha planteado su evolución al nuevo Patriot Advanced Affordable Capability-4 (PAAC-4), que aprovecha la modernización PAC-3 (radares, lanzadores y estación de control) pero utiliza el misil israelí Stunner, del sistema de defensa David’s Sling, en el que participan Lockheed Martin y Rafael.

Todos estos factores ponen en duda la conveniencia a largo plazo de mantener el sistema Patriot.

Lanzador SAMP/T instalado sobre camión IVECO del ejército italiano. Fuente – Ministerio de Defensa de Italia.

La alternativa no es otra que el SAMP/T de EuroSAM, que utiliza el misil Aster 30; este sistema ya está en servicio en Francia e Italia, que lo ha montado sobre camiones IVECO, los mismos usados por nuestro ejército. El principal factor a favor de estos misiles europeo es que permite a la industria nacional elaborar un conjunto completo de defensa antiaérea que releve a los actuales COAAAS-M; con un centro de control de grupo, estaciones de seguimiento y baterías de misiles de diferentes características.

El Aster 30 trabaja con radares en banda C, como el Arabel o el EMPAR naval; por lo que sería necesario un trabajo de integración en el sistema AEGIS y el radar SPY, que trabaja en banda S, para utilizarlo a bordo de nuestras fragatas; solo así supondrá una alternativa para la familia de misiles Standard. Dada la escasa capacidad del lanzador vertical de las proyectadas F-110, este nuevo sistema parece más propicio para su integración a partir de la futura F-120.

En lo que respecta al sistema ABM de largo alcance, hay que recordar que estamos involucrados en un programa multinacional denominado TWISTER, liderado por MBDA. Por lo que a largo plazo esta capacidad vendrá a sustituir a los Patriot, bien mediante una unidad operativa supranacional, bien bajo la aportación de unidades propiedad de las naciones y puestas a disposición de la defensa común europea.

Mientras no se defina este proyecto, y con la cobertura del sistema AEGIS garantizada (misiles SM-2 block IIIB) lo más racional sería la actualización del actual grupo Patriot al PAC-3 Base Capability, que supone actualizar el CIC de grupo y las estaciones de control de batería, pero conservando los radares AN/MPQ-53 y los misiles de uso dual PAC-2 GEM+. Esta modesta modernización (nuevamente obligada porque el soporte logístico está en manos de Lockheed Martin) supone un desembolso de 300 millones de euros, pero permitirá al sistema mantenerse operativo más allá de 2025, hasta que pueda hacerse efectivo el relevo definitivo.

Un plan industrial

Definidas las opciones, tanto en lo que respecta a adquirir nuevas capacidades como en sustituir los sistemas ya existentes en mayor o menor grado de obsolescencia, toca elaborar un plan industrial capaz de cubrir los objetivos marcados y que resulte sostenible para abordar futuros proyectos.

Los hitos principales de un plan director de misiles serían:

  • Capacidad de diseño, implementación y mantenimiento integral de sistemas misilísticos.
  • Reducir la panoplia de misiles en servicio, con impacto económico (sinergias) en la adquisición y sostenimiento de los mismos.
  • Adquirir conocimiento tecnológico para participar en proyectos multinacionales en el entorno OTAN o específicamente europeo, así como mejorar la capacidad exportadora futura ajena a los contratos con el Ministerio de Defensa.

El reto es considerable pues la implantación industrial no debe hacerse a costa de una posición de monopolio por parte de ninguna empresa de capital extranjero, como sería el caso del desembarco del gigante MBDA en España. Una fábrica debería implicar un acuerdo para que la industria nacional (o la SEPI) participe de la empresa y el estado español tenga voz y voto en el consejo de administración, evitando errores del pasado como el acaecido con Airbus, donde la participación es testimonial (4%) y el poder de decisión, nulo.

Esta fue la fórmula para crear Inmize sistemas S.L, una empresa participada por INDRA (40%) MBDA (40 %), Navantia (10%) y EADS-CASA (10%) y encargada de la gestión del programa Meteor en España. Es posible que esta pudiera ejercer como contratista principal para el diseño, fabricación y montaje de los diferentes elementos implicados en los programas de misiles que tomen como base los productos de MBDA; pero en ningún caso debería ser reemplazada por esta última, ya que es una empresa subsidiaria de una matriz extranjera.

De hecho Inmize Sistemas u otra en su lugar, siempre con un capital eminentemente español, debería integrarse como componente nacional del consorcio EuroSAM, que pretende liderar el sector de misiles en Europa. Esto abriría la puerta del viejo continente a los sistemas radáricos de INDRA y a la integración de estos misiles en el sistema de combate SCOMBA de Navantia.

Secciones de control del misil Iris-T en las instalaciones de SENER. Fuente – Sener.

Con semejante accionariado es evidente que no estaría capacitada para participar en otras adquisiciones ligadas a fabricantes en competencia con MBDA, como los norteamericanos General Dynamics (dueña de SBS), Raytheon o Lockheed Martin, la noruega Kongsberg o la alemana Diehl; siendo lo más sencillo que las empresas que ya trabajan con ellos se hagan cargo de los programas, con una participación nacional variable según los acuerdos alcanzados.

Debemos aprender la lección de operaciones pasadas y evitar que ciertas inversiones supongan monopolios encubiertos que impidan al gobierno la necesaria libertad de elegir sus proveedores; ya sea bajo criterios técnicos, laborales e industriales, entre los que puede haber alternativas igualmente lícitas.

No podemos olvidar que hay multitud de empresas que, como subcontratistas de los líderes del sector, pueden licitar (con el consiguiente beneficio competencial) a la fabricación o diseño/integración de sistemas misilísticos, tales como Amper, SASCorp, SBS, Expal, Sener, Espelsa, Tecnobit, Navantia, Instalaza, ICSA, GMV, SAPA o Escribano.

Podemos asegurar que la opción más racional y ventajosa pasa por mantener dos grandes vías alternativas de suministro (sin detrimento de otras opciones puntuales) de manera que se eviten situaciones de monopolio o de fuerza por parte de ninguna de ellas contra los intereses no solo de las FAS, también de otras empresas, en especial de subcontratistas que siguen creciendo en un sector muy competitivo y tecnológico.

Estas dos grandes corporaciones, que dominan el mercado mundial de los misiles, son obviamente Raytheon y MBDA. Aunque no sean objeto de este trabajo, ambas disponen también de una amplia oferta de misiles aire-superficie y superficie-superficie, por la que pueden consolidar su posición en España con la suficiente continuidad a pesar de que el mercado nacional, y esto es importante tenerlo en cuenta, es bastante limitado. Quizá en la valoración de prioridades del EMAD, ciertas capacidades basadas en misiles, especialmente los superficie-superficie, deberían ocupar una posición más relevante.

Cuadro de evolución del parque misilístico español, misiles de combate antiaéreo. Fuente – Elaboración propia.

Conclusiones

España participa en la fabricación de una amplia variedad de misiles de uso aéreo o antiaéreo, como los Iris-T, Meteor y ESSM. Si bien aún no ha liderado un sistema completo equipado con radares, sistemas de control y lanzadores propios que pueda evolucionar localmente (software, red C2) y con posibilidad de ser exportados.

Así pues, aunque la mera adquisición de los citados misiles puede derivar en una mayor carga de trabajo para los subcontratistas nacionales, debe ir acompañada de nuevos desarrollos que nos capaciten como sistemistas, que es donde está la verdadera transferencia tecnológica (como los avances derivados del AEGIS nos han demostrado). Este punto es importante, pues los misiles propiamente dichos, y más en las cantidades que adquieren nuestras FAS, y que no harán sino disminuir en el futuro, difícilmente serán rentables por sí solos.

Hay que incidir en los elementos (software y electrónica) sin los que los misiles carecen de utilidad y donde las empresas españolas están mejor posicionadas. Y es que el verdadero despegue de nuestra industria misilística debe asociarse al diseño de los sistemas de armas que han de explotarlos en el futuro, como las fragatas F-120, la red terrestre de defensa aérea o el FCAS.

Por ello, debemos aprender de errores del pasado y no poner a nuestras FAS ante la tesitura de depender del monopolio de un único suministrador de misiles a cambio de nacionalizar el proceso productivo.

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