Enrique Fojón

Coronel de Infantería de Marina (r) y profesor del Instituto Universitario “General Gutiérrez Mellado”

Enrique Fojón

Coronel de Infantería de Marina (r) y profesor del Instituto Universitario “General Gutiérrez Mellado”

¿Quién es Enrique Fojón? ¿A qué se dedica en la actualidad?

Soy un Infante de Marina retirado. En la actualidad profesor del Instituto Universitario “General Gutiérrez Mellado”.

¿Cuál ha sido su trayectoria militar? ¿Qué puestos ha ocupado?

Pues desde 1971 que salí de la Escuela Naval Militar como Teniente, he estado en diferentes unidades de la Brigada Tercio de Armada. He servido en la Escuela de Infantería de Marina, en la Junta de Doctrina y como Comandante de la Agrupación de Madrid. También en la División de Planes Estratégicos del Estado Mayor de la Armada, en la Unidad de Verificación Española, en la División de Inteligencia del EMACON y en la División de Planes de DIGENPOL. Por último, he sido Vocal del Grupo de Estudios del Ministro de Defensa y Jefe de la Unidad Transformación de las FAS.

Respecto a mi formación, soy Diplomado en Operaciones Especiales, en Mando de Unidades Paracaidistas, Especialista en Artillería de Campaña y Coordinador de Fuegos de Apoyo. También soy Diplomado de Estado Mayor del Ejército, de Mando y Estado Mayor por el US Marine Corps y de Estados Mayores Conjuntos.

¿Puede explicarnos en qué consistió su etapa al frente de la Oficina
de Transformación de las Fuerzas Armadas? ¿Qué iniciativas se
desarrollaron en ese periodo? ¿Qué objetivos se perseguían? ¿Cómo fue la puesta en marcha de la unidad?

Fue una experiencia demandante. Se trataba de introducir la Transformación Militar en España, que ya estaba establecida en la OTAN. Consistía en aportar conocimiento para que las FAS adoptaran la orgánica y los procesos necesarios para alcanzar “ventaja competitiva” en el contexto militar. Se trataba de promover la innovación.

La Unidad fue el embrión de lo que hoy es el Centro de Desarrollo de Conceptos y Doctrina (CDCD) del EMAD. Las personas que han formado parte de la Unidad, civiles y militares, han tenido un nivel profesional muy alto.

La Unidad participó en los Ejercicios Multinacionales (MNEs), con las primeras potencias mundiales, en periodos bianuales para tratar un tema concreto relacionado con la innovación. Sirvieron para adquirir conciencia de la situación, adquirir conocimiento y para establecer estrecho contacto con las Transformaciones de USA, Francia, Reino Unido, Alemania, etc.

Doctrinalmente se emitió la primera Doctrina para la Acción Conjunta, se presentó la primera ponencia en OTAN sobre Guerra Híbrida y se confeccionó el primer estudio de futuros.

Durante su etapa como militar ha participado en misiones en Bosnia y ha participado en la creación de la Unidad de Verificación Española, entre otras cosas. ¿Cómo han cambiado las Fuerzas Armadas desde que se comenzó a participar en misiones internacionales? ¿Y la profesionalización?

Me gusta llamarles Operaciones, no Misiones. Con carácter general han sido positivas porque han permitido el ejercicio de la profesión. La calificación de los profesionales, en los cometidos de su nivel, puede calificarse de alta. No se ha participado a niveles de dirección pues la motivación de participación no ha sido estratégica. La forma en que se realizó la retirada de Irak ha sido un borrón que todavía lo tienen presente los aliados.

Muchas de las operaciones se convierten en rutinas como la del Líbano. En líneas generales, y en un ambiente de atonía presupuestaria, las enseñanzas recibidas y su impacto de futuro han sido modestas. Las Operaciones de Paz tienen su sitio en la Historia, pero hay que pensar en otro escenario.

Respecto a la creación de la Unidad de Verificación Española (UVE), fue otra experiencia interesante. Personal muy competente y dedicado, pero en los primeros momentos dificultades para conseguir la información que otros países si tenían.

La profesionalización es un proceso que ha sufrido diversas vicisitudes. Se abordó con someros estudios sociológicos, cuando se trataba, entre otros aspectos, de competir en el mercado de trabajo con los cuerpos policiales y abrir algún tipo de futuro profesional. La futura necesidad de capacitación técnica abre un escenario de oferta y demanda laboral muy competitivo. Todo un reto.

Ha sido, durante más de cuatro años, asesor del Ministro de Defensa. ¿En qué consiste esa labor? ¿Son receptivos los ministros a las opiniones de los asesores?

La asesoría solo puede establecerse desde la confianza mutua entre asesorado y asesor. En mi caso puedo afirmar que se constató la confianza. No se trata de dar opiniones, sino de gestionar realidades a nivel político y estratégico, o lo que es lo mismo: tomar conciencia de la situación, identificar problemas, diseñar posibles líneas de acción y configurar la decisión.

En los últimos años su labor principal ha estado centrada en la docencia y la investigación, ¿cual es la situación de los estudios estratégicos en España? ¿Qué falta, si es que hace falta algo, para poder asimilarnos con el resto de socios de la OTAN en este aspecto? ¿Tiene España una escuela propia de pensamiento o sigue demasiado influenciada por Estados Unidos o Francia?

Los estudios estratégicos tienen dos modalidades. Los que se efectúan para resolver la situación real y aquellos otros de carácter general con fines didácticos. La estrategia tiene una motivación política y su gestión es profesional.

España en las últimas décadas ha ejercido una “estrategia por adhesión”; Adoptar lo que se decidiese en la OTAN y en la UE, sin tener posibilidades reales de influencia en las dos entidades. Es curioso que con el tiempo no haya variado la postura, aunque la situación geopolítica ha sufrido profundos cambios. Por ello el incentivo para estudios estratégicos de aplicación propia es escaso.

No es viable una escuela de pensamiento si no se es consciente de la necesidad de una estrategia propia. España tiene un problema estratégico no reconocido o no explicitado políticamente. Un país con territorio en dos continentes y otra parte insular, fronterizo con un cinturón de quiebra estratégico, objetivamente, tiene un problema.

Recientemente ha escrito un artículo sobre la era digital y las fuerzas armadas. ¿Qué tipo de transformación necesitan España y sus Fuerzas Armadas para seguir siendo competitivos en la nueva era? ¿Es posible hacerlo mediante cambios graduales o se necesita un cambio disruptivo?

Lo primero es ser consciente del problema, es algo así como escalar una pared vertical, hay que subir siempre con una mano agarrada. Es algo reconocido que Europa lleva un retraso digital y España no es de los que van en cabeza.

España, como país, necesita un proceso de innovación digital acelerado, sus FAS deben asimilar e impulsar el proceso asimilando las tecnologías mediante la implementación de Conceptos Operativos para constituir su postura militar o, lo que es lo mismo, la capacidad en términos de personal y material que determinan la idoneidad para poser ser empleadas.

Es necesario planificar la innovación de un modo ágil, un proceso dinámico de plazos adecuados al flujo tecnológicos. La tecnología es “neutral” y, como ya se ha expresado, su empleo tiene que ser orientado por los Conceptos Operativos.

La colaboración FAS, industria y tecnología es necesaria, así como la adecuación de su orgánica, la reorganización de la educación y el adiestramiento son aspectos importantes siempre relacionados con un escenario operativo fluido. La única manera de sobrevivir es adaptarse al contexto y abrazar la innovación. Los innovadores no aciertan siempre, pero lo más importante es que no permitan que los errores los paralicen, que actúen en otra dirección.

En el futuro próximo, con iniciativas como la Guerra Mosaico encabezadas por DARPA, todo lo relacionado con la tecnología militar va a girar en torno al software y no a las plataformas. Respecto a estas, se buscará dotarse de sistemas más baratos y prescindibles y que puedan ser desarrollados en breves espacios de tiempo. ¿Cómo encaja esto con proyectos como el FCAS, a décadas vista?

DARPA ha tenido que posibilitar esquemas operativos mediante la habilitación de “softwares”. Esas simulaciones ponen de manifiesto cambios respecto a como se vienen haciendo las cosas, quiero decir que se han venido aplicando criterios industriales para conformar Conceptos Operativos en la Era Digital y hay que cambiarlos por criterios “web”.

Es sabido que Francia se ha comprometido a diseñar un Sistema Aéreo de Combate para el futuro (FCAS), basado en una arquitectura de redes, con mezcla de plataformas tripuladas y no tripuladas dentro de un Sistema de Sistemas. Desconozco el Concepto Operativo en el que podrá integrarse y las modificaciones que sufrirá en el largo periodo de desarrollo.

En relación con lo anterior: ¿Responden iniciativas como la Fuerza 2035 o la BRIEX 35 a los nuevos desafíos?

Pasa lo mismo que con el FCAS, primero habría que definir los nuevos desafíos, integrarlos en un Concepto Operativo Conjunto o Multidominio, configurar un Diseño de Fuerza e identificar capacidades, que permitan configurar la Estructura de la Fuerza Conjunta.

Creo que los Ejércitos deben actuar coordinadamente para que sus capacidades, organizadas en sistemas, sean coherentes en un ámbito multidominio.

¿Se adaptan a un escenario en el que la RMA de la Información ya está madura y ha sido adoptada por buena parte de los competidores?

No tengo datos suficientes para sostener un criterio, pero se percibe pasividad.

En nuestra opinión, el gran problema de fondo es que España carece de una estrategia, no es verdaderamente consciente ni del lugar que ocupa en el mundo, ni mucho menos del que quiere ocupar. Por tanto, no puede dotarse ni de las herramientas ni de las políticas necesarias para defender esta posición y alcanzar sus metas en la arena internacional. ¿Está de acuerdo con esta apreciación?

Afirmativo. Es un grave problema. Cuando se dice que carece de estrategia, no implica que se emita un documento con el titulo de Estrategia, es si posee “conciencia” de ello. Es cuestión de ejercicio del poder.


¿Cuáles son las principales amenazas a las que se enfrenta el país? ¿Qué se debe hacer para combatirlas?

Se consideran amenazas a aquellos peligros y riesgos que se ciernen sobre los intereses nacionales, entendidos como tales aquellos que afectan al conjunto del Estado. Los intereses se expresan en declaraciones amplias como: “garantizar la supervivencia de la entidad política” y se materializan en objetivos nacionales.

Las amenazas se oponen mediante el ejercicio del poder en sus distintas modalidades. España necesita desarrollar los factores del poder para hacer frente, entre otros, a inmigraciones masivas, desabastecimiento energético, hostigamiento a sus territorios extrapeninsulares, etc.

¿Estamos prestando atención suficiente a escenarios como el Norte de
África o el Sahel?

Aparentemente no. España ha sido extrañada de las últimas reuniones internacionales sobre el Mediterráneo donde la situación ha empeorado y eso es todo un síntoma.

¿Cree que nuestra clase política ha entendido el cambio que se está produciendo desde un orden unipolar a otro de competición entre grandes potencias?

La denominada “cultura estratégica” o “carácter nacional” es algo que no se improvisa. España ha abrazado quimeras y actuado en consecuencia. La primera acción de disuasión de un Estado es el prestigio a nivel internacional, que se alcanza y mantiene mediante la percepción exterior de que España sea un actor estratégico. Esa “cultura” no está implantada socialmente.

Una última pregunta, referente a su labor como docente: ¿Cree que la próxima generación, ahora finalizando sus estudios, parte de una perspectiva diferente a la que ahora ocupa el poder en asuntos clave como el planeamiento de la Defensa?

Afirmativo. Espero que identifiquen los estímulos necesarios para que se materialice.

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