José Manuel Díaz-Caneja

Teniente coronel del Ejército de Tierra y analista de inteligencia

José Manuel Díaz-Caneja

Teniente coronel del Ejército de Tierra y analista de inteligencia

¿Quién es José Manuel Díaz-Caneja?

Soy Teniente Coronel de infantería del ET en activo, Diplomado Superior en Inteligencia de las FAS, y actualmente estoy destinado en la Subdirección General de Inspección, Regulación y Estrategia Industrial de Defensa, perteneciente a la Dirección General de Armamento y Material.

¿Cuál es su trayectoria como militar y cómo empezó su carrera en inteligencia?

Como oficial de infantería estuve destinado en diferentes puestos, desde unidades de carros de combate, como primer destino de teniente, a unidades de infantería ligera. Mi último destino del arma fue como Jefe del Batallón de Infantería “Guardia Vieja de Castilla”, del Regimiento Inmemorial del Rey.

Entre ambos, estuve en la Guardia Real, la Unidad Militar de Emergencias y en destinos de enseñanza de inteligencia, tanto en la Escuela de Guerra del ET, como en la Escuela Superior de las FAS, entre otros.

Ya desde mi primer destino en la Guardia Real, en el año 1995, sentí un gran interés por todo lo relacionado con inteligencia. Pero no fue hasta el año 1999 cuando, ya capitán, fui designado como oficial de inteligencia del batallón y empecé a profundizar en todo lo relativo a este apasionante mundo.

El momento clave fue precisamente durante ese año 1999, cuando cayó en mis manos el libro de Richard Heuer «Psicología del análisis de Inteligencia» que para mí supuso un antes y después en la manera de enfocar el trabajo de inteligencia y lo que hizo que me volcara en profundizar en este campo.

Desde ese momento intenté realizar cursos militares relacionados inteligencia y complementarla con estudios civiles.

Ha participado en diversas misiones y ha podido ver cómo trabajan los servicios de inteligencia militar de otros países; ¿Hay alguna diferencia entre estos y la inteligencia española?

Desde mi experiencia personal, puedo decir que las grandes diferencias se presentan en el aspecto de los medios disponibles y que lógicamente está relacionada con aspectos presupuestarios. Es imposible querer compararse, por ejemplo, con la estructura de inteligencia militar estadounidense.

En los otros aspectos, como los doctrinales, no nos diferenciamos de manera significativa en la manera de actuar con respecto a los países de nuestro entorno.

España tiene unas capacidades de inteligencia militares acorde a sus necesidades nacionales, aunque siempre hay aspectos susceptibles de mejora. La realidad es que, debido a nuestra participación en misiones internacionales desde los años 90, hemos aprendido mucho y se ha llevado a cabo un gran esfuerzo para que la inteligencia militar española alcance el nivel de nuestros aliados.

¿Cuáles son los puntos fuertes de los servicios de inteligencia españoles?

Personalmente puedo hablar de la inteligencia militar y, sin ninguna duda, es correcto decir que el punto fuerte es su personal.

Los españoles, entre los que me incluyo, tendemos a creer que estamos menos cualificados en comparación con otros países. Como se dice coloquialmente, pensamos que el jardín del vecino es más verde y más bonito que el nuestro, pero la realidad es que, como mínimo, estamos al mismo nivel.

Desde mi experiencia particular he podido constatar que compañeros míos han estado en muchas ocasiones a un nivel muy superior al de otros ejércitos con mayores recursos.

¿Y sus mayores problemas?

En mi opinión, y en este punto amplío el foco, creo que el principal problema en España, tanto en el ámbito público como el privado, es que todavía no se ha llegado a confiar plenamente en la inteligencia.

No se conoce qué es lo que puede proporcionar, cómo puede, y debe, contribuir a mejorar los procesos de planificación y de toma de decisiones.

Son muchos los directivos y responsables de organizaciones que tienen un gran desconocimiento de lo que inteligencia puede proporcionar, debido a que lo asocian siempre con el espionaje de las películas.

Hollywood ha hecho mucho daño a la imagen que se tiene de la inteligencia.

¿Qué soluciones podrían aplicarse para paliar estos problemas?

La principal pasaría por dar a conocer lo que inteligencia puede aportar a una organización, y que yo básicamente resumo en que ayuda a reducir la probabilidad de que dicha organización se equivoque en la toma de decisiones. Y digo bien, ya que muchos piensan que inteligencia se vuelca en “acertar” sobre lo que podría pasar en el futuro. Pero es todo lo contrario: en inteligencia tratamos de reducir la incertidumbre que rodea todo proceso de toma de decisiones.

Tenemos que tener claro que decidir implica siempre renunciar a algo. Si escogemos una opción, estamos desechando otras y siempre existe el riesgo de equivocarnos. Por eso, el valor añadido de inteligencia es que debe de proporcionar al decisor un producto oportuno, preciso, fiable y si es posible predictivo.

No se puede predecir el futuro, pero sí es factible determinar posibles evoluciones de los acontecimientos, incluso asignándoles una probabilidad de ocurrencia que permitan una toma de decisiones de mayor calidad.

Como decía el General Dwight D. Eisenhower “en la preparación para la batalla siempre me ha parecido que los planes son inútiles, pero la planificación es indispensable”. Pues con inteligencia pasa lo mismo. Muchas veces, los productos de inteligencia no conseguirán “acertar”, pero si facilitarán que la organización esté mejor preparada para afrontar la incertidumbre que rodea toda decisión de cara al futuro, sobre todo si es a largo plazo.

¿En qué consiste la labor de un analista de inteligencia?

La verdad es que el término de analista de inteligencia, y según con quien hables y a la organización a la que pertenezca, engloba muchos aspectos.

Para mí, un analista de inteligencia es alguien responsable de evaluar la información que otros han obtenido, integrarla con otras anteriores o procedentes de otras fuentes, analizarla e interpretarla para proporcionar un producto de inteligencia a la organización a la que sirve.

Tomando como referencia el muchas veces denostado ciclo de inteligencia, puede parecer que la labor del analista se circunscribe únicamente a la fase de elaboración. Pero la realidad es que debería colaborar en la fase de dirección, descomponiendo esas necesidades de información que tiene el jefe, y verificando como sería mejor satisfacerlas.

Aquí entramos en el eterno debate de la inteligencia dirigida por la obtención o la inteligencia dirigida por el análisis. En este último caso, el esfuerzo de inteligencia está dirigido a obtener la información que verdaderamente necesita nuestra organización.

¿Cómo se llega a ser analista?

No hay un único camino, pero es fundamental tener ciertas características personales y formarse en un campo determinado, a lo que hay que sumar la necesidad de dominar idiomas y conocimientos de técnicas de análisis, y por supuesto, saber redactar.

¿Existe un método más o menos reglado o un corpus de estudios de inteligencia?

La verdad es que, a nivel nacional, no. Esto lo podemos verificar si hacemos una comparativa de los diferentes cursos, tanto militares como civiles, y comprobamos que cada uno tiene su propio programa, aunque es cierto que existen aspectos comunes.

El problema es que nos basamos mucho en lo que se hace en otros países, principalmente los Estados Unidos y Francia, y no pensamos verdaderamente en las necesidades nacionales que tenemos para articular una manera de proporcionar la formación y los estudios adecuados.

Cambiando de tercio, usted compagina su faceta de militar con la de profesor de inteligencia en diferentes cursos, ¿Qué le ha motivado a iniciar esta faceta formativa y divulgativa?

Hace unos años empecé a colaborar por casualidad en un máster impartiendo unas pocas sesiones de clase y, posteriormente, pasé a coordinarlo. Me gustó esta experiencia, sobre todo al ver que lo que enseñaba no solamente era de utilidad en el ámbito militar o policial, si no también para las empresas.

Poco a poco he ido involucrándome más en la enseñanza en el ámbito civil, ya que creo firmemente que la formación y experiencia de la que disponemos los profesionales que hemos trabajado en el ámbito de la inteligencia militar es de total aplicación en el ámbito civil.

¿Cree que hay un déficit en cuanto a la formación de inteligencia en España?

Actualmente inteligencia está de moda, y precisamente esto ha provocado una explosión de formaciones de todo tipo, tanto cursos cortos como máster, en distintas modalidades, desde online a presencial.

Si es por número, creo que se puede decir que actualmente no hay déficit. Si es por la calidad, y entendiendo este aspecto como la divulgación de unos contenidos concretos y útiles que el alumno pueda aplicar en su organización, la respuesta no la tengo tan clara.

Lo que sí puede decir es que los alumnos a los que yo doy clase, por ejemplo en cursos cortos, suelen repetir, e incluso llegan a inscribirse en el máster que actualmente coordino.

¿Cuál es el perfil de sus alumnos?

Muchos ya trabajan en el campo de la inteligencia, ya sea en el ámbito público o privado, y han detectado carencias en algún aspecto concreto, principalmente en el análisis. Mejorar su cualificación es el principal motivo por el que las organizaciones envían a sus empleados a estos cursos.

También, aunque en porcentaje inferior, tengo alumnos a los que les gusta este campo y deciden formarse para mejorar sus perspectivas a la hora de conseguir un puesto de trabajo en este área.

¿Y su salida profesional?

A día de hoy son complicadas, ya que las empresas todavía no son plenamente conscientes sobre la necesidad de tener personal cualificado en inteligencia. Es más, en muchas ocasiones prefieren formar a su personal procedente del campo de la seguridad antes que contratar a gente nueva y ya cualificada.

Sin embargo, un indicador de que las cosas están cambiando es que cada vez se publican más ofertas de trabajo solicitando personal especializado en inteligencia.

Uno de los problemas que hemos detectado en los últimos años, al menos en cuanto a los estudios estratégicos es la aparición de un número creciente de titulaciones y centros de formación de calidad más que dudosa; ¿ocurre lo mismo en el caso de la inteligencia?

Como he dicho antes, no conozco todas las formaciones de inteligencia que se ofertan, pero sí puedo confirmar que he tenido alumnos, en teoría formados en inteligencia, que a la hora de la verdad no eran capaces de desarrollar correctamente un ejercicio de análisis.

Cuando algo se pone de moda, son muchos los que se quieren sumar al carro: la oferta se dispara, los precios se reducen para ser competitivos y el potencial alumno piensa erróneamente que, por realizar un curso online de 300 euros, se convierte en un analista de inteligencia.

Da igual que hablemos de inteligencia o de cualquier otro campo del conocimiento, la formación buena y de calidad no es barata. Y, además, debe de ser continuada, como ocurre en otros sectores profesionales.

En relación con lo anterior, también supone un problema la mezcolanza entre los estudios estratégicos y de defensa y la seguridad, algo que ha ido a más en los últimos años y que consideramos un error. ¿Afecta esto a la formación en inteligencia?

Por supuesto. Yo he visto programas de formaciones relacionadas con inteligencia cuyos temarios son una mezcla de inteligencia, estudios estratégicos y seguridad y defensa.

La filosofía de estos productos es captar alumnos ofreciendo un cóctel de materias; así el alumno que no se matricule por inteligencia quizás lo haga por estudios estratégicos o viceversa.

Esto no es válido ni honesto en absoluto, porque está claro que, aunque haya zonas de “solape” entre materias, siempre debe quedar claro cuál es el objetivo del curso. Y sobre todo, la formación no debe tender a ser generalista, sino específica, concreta y sobre todo útil y aplicable en su campo de trabajo.

¿En qué consiste un curso de analista de inteligencia?

Un curso de este tipo tiene que englobar diferentes aspectos como son: los fundamentos de inteligencia, gestión y planificación de la obtención, conocimientos básicos de las distintas disciplinas de obtención de información, técnicas de análisis de inteligencia, desde las más básicas a las más complejas y, por supuesto, la elaboración de informes.

Esta formación debe ser complementada con su ámbito de trabajo específico.

¿Existe la posibilidad de realizar prácticas?

Por supuesto. En mi caso concreto cada vez son más las empresas que me preguntan por alumnos interesados en realizar prácticas, como paso previo a su contratación.

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