Estrategia Rusa

Disuasión Estratégica y Pensamiento Estratégico

Gerasimov y Shoigú

Son demasiados los mitos que circulan sobre la estrategia rusa. A la hora de interpretar la conducta estratégica y militar de Rusia, los analistas occidentales no familiarizados con el pensamiento estratégico ruso, cuando intentan comprender y explicar las acciones de ese país, recurren a etiquetas y conceptos que normalmente poco o nada tienen que ver con los conceptos manejados en Rusia. Para añadir más confusión, cuando usan términos y etiquetas que sí se emplean en los textos y discursos de los pensadores y estrategas rusos, en la mayoría de los casos se hace una interpretación que no se corresponde con lo que tratan de decir esos autores, deformándolos parcialmente para hacerlos encajar con los parámetros propios de los estudios estratégicos y de defensa occidentales. A lo largo de las próximas líneas ofrecemos una guía para interpretar a los principales pensadores rusos.

Comprender el pensamiento estratégico ruso tiene la dificultad de que usualmente este no proviene de un corpus doctrinal oficial u oficioso que pueda catalogarse como canónico, sino que más bien se genera de manera informal mediante debates y discusiones entre diferentes autores a través de publicaciones en diferentes revistas de referencia, debates en el Estado Mayor, etc. Dado que la tradición y el marco conceptual en el que se mueven los pensadores rusos divergen del marco occidental, comprender el sentido de dichos escritos a veces da lugar a graves malentendidos sobre las intenciones y los planes rusos.

El más sonoro de dichos malentendidos fue la ya famosa por falsa “doctrina Gerasimov” creada ex nihilo por Mark Galeotti (“The Gerasimov Doctrine and Russian Non-Linear War», 2014), hoy reconocida por el mismo Galeotti como una falsa invención suya por la que ha perdido perdón (“I´m Sorry for Creating the Gerasimov Doctrine”, 2018), en la que se trataba de vender el bulo de que había una suerte de gran o expandida teoría de la guerra moderna o una visión total y totalizadora de la conducción de la guerra. Que dicho bulo sobre una inexistente doctrina de guerra híbrida rusa se popularizara durante años en los círculos de estudios de defensa occidentales fue un síntoma de cómo el conocimiento corriente sobre el pensamiento estratégico ruso en los círculos especializados en seguridad y defensa occidentales está bastante abstraído de lo que piensan los estrategas y decisores rusos realmente.

Por lo tanto, y como los rusos no se mueven en las mismas coordenadas conceptuales que los estudios de seguridad, defensa y estudios estratégicos occidentales, hay que tener cierto cuidado cuando se emplean conceptos occidentales como los de guerra híbrida, zona gris, guerra política, coerción, crosdominio, etc, ya que aunque son conceptos valiosos que aportan claridad analítica para comprender los conflictos contemporáneos (que incluyen a Rusia), no pueden usarse como base deductiva fiable para interpretar lo que piensan los estrategas rusos.

No hay una clave o doctrina única para entender el pensamiento estratégico ruso

Lo primero que ha de tenerse en cuenta para entender el pensamiento estratégico ruso contemporáneo sin caer en los errores más comunes, es que en realidad no existe un concepto maestro que englobe de manera coherente la doctrina militar y estratégica de la Federación Rusa, sino que necesariamente habrán de revisarse muchos conceptos, términos y autores diferentes para intentar hacerse una imagen general. En este sentido no basta con saber de un puñado de autores centrales como ocurría durante el periodo clásico de estudios militares y de defensa de la Unión Soviética, en el que de algún modo podían deducirse las cosas desde los escritos de Isserson (para las operaciones y la batalla profunda), Tujachevsky (en el empleo de las armas combinadas), Svenchin (en la línea general estratégica de conducta, al estilo de Clausewitz) y Frunze (para las operaciones en retaguardia).

Aunque es cierto que en la actualidad los autores militares y estratégicos rusos tienen una visión que podría considerarse hasta cierto punto global y holística, no significa que haya coherencia interna o que ésta conforme realmente un sistema. No en vano, observadores reconocidos del pensamiento estratégico y laas doctrinas rusas como “Dima” Adamsky, califican el pensamiento estratégico ruso como de incoherencia estratégica («Nuclear Incoherence: Deterrence Theory and Non-Strategic Nuclear Weapons in Russia»). Con incoherencia se hace referencia a que el pensamiento ruso no tiene la coherencia ni pulcritud conceptual y teórica que tienen los estudios estratégicos occidentales, dominados por los escritos seminales de Thomas Schelling, Morgensten, Von Neuman, etc. Adamsky sacaba a relucir que no había una doctrina real sobre el uso de armas nucleares no estratégicas en el contexto de la doctrina rusa; inconsistencia extrapolable, mutatis mutandi, al resto de asuntos estratégicos y de defensa.

A ese respecto, el lector debe tener claro que cuando se denomina el pensamiento y doctrina estratégica rusa como holísticos, globales, etc, se refiere a que, de manera no muy pulcra, tienen en cuenta factores que entre los intelectuales y estudiosos occidentales se tratan en otras áreas. Por ejemplo, en los estudios estratégicos occidentales normalmente el área de estudio se circunscribe y limita a términos como disuasión, carrera de armamentos, temas de tecnología militar, etc, dejando los aspectos no militares de los conflictos en el área académica e intelectual de las relaciones internacionales. Por contra, en el pensamiento ruso contemporáneo estratégico sobre las guerras y los conflictos, los aspectos no militares tienen en cierta forma tanta importancia como los medios militares.

Pero aunque los militares y estrategas rusos dediquen atención a los aspectos no militares, esto no significa que tengan una doctrina y planes de acción que lo integren todo de manera coherente. Simplemente significa que fenómenos como las “revoluciones de color” los rusos los incardinan en los estudios estratégicos y de defensa, mientras que en Occidente esos fenómenos sociopolíticos no son un tema principal en los escritos de las revistas de defensa y estrategia, sino que se tratan en otros foros de las relaciones internacionales.

Disuasión Estratégica rusa como concepto global

No obstante, hay un concepto que podría ser usado parcialmente como concepto general que engloba a los demás y es el de “disuasión estratégica”, que aparece en la Doctrina Militar rusa de 2010, la Doctrina Militar de 2014 y en la Estrategia de Seguridad Nacional rusa de 2015. La «disuasión estratégica» es definida en el diccionario enciclopédico militar del Ministerio de Defensa ruso como:

“Un sistema coordinado de medidas militares y no militares (políticas, diplomáticas, legales, económicas, ideológicas, científico técnicas y otras) ejecutadas de manera consecutiva o simultánea, con el objetivo de disuadir una acción militar que implique un daño de carácter estratégico. La disuasión estratégica está dirigida para crear una situación político-militar, con el objeto de influir a un adversario en un determinado contexto o para desescalar un conflicto militar. Los actores u objetos a influir mediante la disuasión estratégica pueden ser tanto el liderazgo político-militar y/o la población del estado potencialmente adversario (o coalición de estados). La disuasión estratégica es ejecutada de manera continua, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra.”

Esta definición podría ser considerada como una especie de definición común entre los estrategas y pensadores rusos sobre la materia, pero de ningún modo es algo así como una definición unívoca, unificada y canónica. Autores como Kalinkin, Khyapin y Matvichuk en “Disuasión Estratégica en el Contexto del Sistema Global de Defensa Antimisil y Medios de Ataque Global” o Bogdanov y Chekinov en “Disuasión Estratégica y la Seguridad Nacional de Rusia en la Era Contemporánea”, discuten diferentes formas de aplicar la disuasión estratégica, definiciones del concepto propiamente dicho y otros asociados a él, etc. Como se decía al principio del artículo, la doctrina estratégica real y de facto rusa no consiste en una serie de documentos oficiales o escritos de algunos teóricos concretos; lo que difiere, por ejemplo, de los pormenorizados planes que se desarrollaban en el Mando Aéreo Estratégico (SAC) de los EE.UU. durante la época de las Opciones Nuclear Limitadas.

Como explica Kristine Ven Brussgaard en «Russian Strategic Deterrence», el concepto ruso de disuasión estratégica en la mentalidad occidental puede dar lugar a confusiones en la terminología. Los rusos cuando hablan de disuasión en realidad no están diciendo disuasión como se entiende en occidente (que se refiere a cohibir o impedir una acción por amenaza de castigo) sino que también están haciendo referencia al concepto de compeler (forzar una acción mediante la amenaza de un castigo o uso de la violencia). Disuasión (sderzhivanie: mantener a raya) y compeler (ustrashenie: intimidar) son usados indistintamente cuando se hace referencia al término de disuasión estratégica (strategischeskoe sderzhivanie), por lo que en los parámetros conceptuales occidentales el término más adecuado a usar sería el de coerción estratégica (en lugar de disuasión estratégica).

Sin ir más lejos, en el título de otra publicación de Adamsky se describe el pensamiento estratégico ruso como “Cross-Domain Coercion: The Current Russian Art os Strategy” (publicación del IFRI muy recomendable), siendo una excelente aproximación al complejo pensamiento estratégico ruso actual. Además, hay que tener en cuenta que el mismo término de intimidación o ustrashenie, aunque suela traducirse en la literatura occidental como el equivalente de compeler (y en los escritos rusos muchas veces se emplea en ese sentido), en realidad es intimidación por el temor a ejecutar un gran castigo (sea disuasiva o coercitivamente) por lo que usualmente suele usarse en los escritos sobre estrategia nuclear, y tanto en los periodos ex ante de inicio de hostilidades como anterior al estallido de la guerra (mientras que en los estudios occidentales la disuasión suele limitarse a antes del estallido de la guerra y con el fin de evitar tal estallido).

Es importante tener en cuenta estas precisiones terminológicas, ya que lo que los rusos denominan “intimidación” lo que en Occidente se suele disgregar en un mayor número de conceptos, con definiciones más precisas y usados más pulcramente. Lo que a veces se interpreta en Occidente como holismo (al englobar en una sola palabra varios conceptos) en realidad debería interpretarse como ausencia de pulcritud, de ahí que un mismo término signifique cosas distintas y dé lugar a aparentes incoherencias. Como explica Adamsky en su última obra citada (p. 17) la falta de coherencia se debe a que los estudios estratégicos en Rusia comenzaron solamente a partir de los años 90, sin tener bagaje académico previo (salvo Andrei Kokoshin y algún otro teórico), y que dicha falta de coherencia no es exclusivo de Rusia, sino que, por ejemplo, la OTAN también demostró incoherencias e inconsistencias durante la implementación de la doctrina de la Respuesta Flexible. Hay que incidir sobremanera en esas cuestiones terminológicas y de incoherencia para evitar que el lector de textos sobre estrategia rusa se cree una falsa imagen sobre teorías estratégicas rusas omnicomprensivas, totales y coherentes. Más bien hay que contemplar el panorama como una suerte de tótum revolutum en continuo desarrollo y cambio.

Si los escritos de disuasión estratégica occidental se limitan al uso de armas nucleares o de salvas de misiles de crucero usados estratégicamente para disuadir o cohibir que el adversario desate una guerra, en los rusos, al hablar de disuasión estratégica, el Estado Mayor piensa en usar todos los medios a su disposición. Por contra, en Occidente se deja al decisor político el uso de todos los medios de poder nacionales, combinándolos como considere necesario. Sin embargo, esto no debe empujarnos a creer que el pensamiento estratégico ruso es totalmente coherente u holístico, algo que explicamos en el siguiente epígrafe.

 


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