El futuro de la Armada Española

La transformación necesaria

El futuro de la Armada Española está en riesgo. Sin embargo, la necesidad estratégica de contar con una eficaz marina de guerra está fuera de toda duda para un país con las características geográficas de España. Del mismo modo, la obligación de salvaguardar la última y más influyente baza económica e industrial que le queda a la nación en el sector de la defensa, la construcción naval, es también un hecho. Desgraciadamente, la situación presupuestaria -y su previsible evolución- obligan a hacer un examen profundamente realista al objeto de salvar lo posible.

Se cumple el próximo año el 30 aniversario de la puesta en marcha del plan Altamar, presentado como tal en Marzo de 1990, y por el cual la Armada española planificó gran parte de lo que es hoy.

Este nació como una propuesta muy sólida en cuanto a financiación, apoyo político a una consolidada capacidad industrial (por entonces la empresa nacional Bazán) y unas capacidades realistas en el plano puramente técnico y operativo; esto último en base a la renuncia, que se ha tornado definitiva, de dos aspiraciones básicas de la Armada de aquel entonces: el submarino nuclear y un segundo portaaviones para acompañar al entonces flamante ‘Príncipe de Asturias’.

Resulta obvio, por la fecha en la que se puso en marcha, que este plan nació con unos criterios operativos basados en la vigente guerra fría, si bien pocos meses después de su inicio el bloque soviético acabaría desmoronándose. Pese a este revés del destino, el PAM acabaría por ser una respuesta eficaz a las necesidades de la Armada del nuevo siglo. Constaba de cinco partes, atendiendo a las necesidades de cinco áreas bien delimitadas, esto es: Escoltas, Auxiliares, Anfibios, Guerra de minas y submarinos.

De su ejecución nacieron los actuales LPD (en principio solo constaba de uno y el alquiler de dos buques LST de la US NAVY), el A14 Patiño, los dragaminas segura, las F80 y hasta las F100. Como vemos la práctica totalidad de los buques de la flota.

Algunos recibieron a posteriori una potenciación, como la llegada de un segundo AOR (A15 Cantabria) y de otro LPD, al que se le añadieron capacidades de mando (un estado mayor embarcado) mientras otros acumulan tanto retraso que se han llevado por delante la mitad de los buques alistados, caso de los S80; planificados en un primer momento para sustituir a los S60 en la que era una impresionante flotilla submarina de ocho unidades en dos series y que hoy se ha reducido a tres buques.

En lo que respecta a los escoltas de la Armada Española, el plan incluía 15 fragatas, y mencionaba incluso la necesidad de las F110, como un paso postrero (tercera serie) para alcanzarlos, relevando a F30 y F70, pero no a las F80. Es de todos conocido que los retrasos y la realización de unidades adicionales de las F80 (dos buques) y posteriormente de las F100 (también dos, reducidas luego a una, la F105) ha supuesto que la recientemente aprobada F110 sea finalmente el relevo de las ‘Santa María’, quedando la flota en diez escoltas en dos series solapadas entre sí (asegurando la continuidad en el diseño y construcción de este tipo de buques); si bien para las misiones secundarias o como se conocen actualmente, de guerra asimétrica, nació un nuevo concepto de buque de acción marítima que es mucho más que un patrullero de la ZEE, como es el BAM, del que se han recibido seis unidades, si bien el plan original establecía que fueran al menos ocho.

La última década también ha visto la sustitución del R11 ‘Príncipe de Asturias’ por un nuevo concepto de buque anfibio portaaeronaves tipo LHD, el L61 ‘Juan carlos I’, que permitió también retirar los LST de origen estadounidense (coloquialmente conocidos por ‘cornudas’), si bien la pretensión de una segunda plataforma volvió a fracasar tras cancelarse la modernización del primero en 2012.

Todos estos retoques no han supuesto en sí mismos la puesta en marcha de otro plan ‘Altamar’ pese a que, con buen criterio, la Armada siempre ha apostado por una planificación a medio plazo (los tiempos de construcción de buques de guerra obliga a ello) sino más bien a adquisiciones de oportunidad para cubrir algunas carencias al ritmo que marcaban las necesidades industriales (o sociales) de los diferentes astilleros de la aún sobredimensionada Navantia (ex Bazán, ex IZAR).

De resultas de la fecha de caducidad de algunos de los buques que nacieron como resultado del citado plan, ha llegado el momento de redactar otro que atienda a las necesidades de la AE en el horizonte de 2035 (es decir, a quince años vista) con una adecuada programación y un recurso financiero ajeno a los vaivenes presupuestarios.

No solo eso, la previsible baja en esta fecha de los aviones Harrier, que durante cuatro décadas (en diferentes variantes) han supuesto la respuesta a las necesidades de aviación embarcada, y los costes y capacidades asociadas a su sustituto natural (F35B), pone a la Armada en una encrucijada doctrinal que va más allá de la mera sustitución de los sistemas de armas.

Igualmente, la crisis de 2008, pese a no afectar gravemente al ritmo de construcción de barcos, por las mencionadas necesidades industriales, si ha supuesto una merma considerable de los capítulos dedicados a sostenimiento, días de mar y personal, de los que aún no se ha recuperado. Así hemos visto como el TEAR, una unidad orgullo de la nación (es la infantería de marina más antigua del mundo) se ha visto relegada en las asignaciones presupuestarias para atender las necesidades imperiosas de marinería o de infantes asignados a la FUPRO (fuerza de protección) que prestan servicio como trozos de seguridad y abordaje en bases y buques, y que son profusamente empleados en las misiones internacionales en las que la Armada participa sin descanso desde hace más de 20 años.

Así pues, un nuevo plan de modernización de la Armada Española sería mucho más que un programa de construcción de barcos, y debe atender a nuevos conceptos de empleo, a la continua mejora de las estructuras operativas (en estos años hemos visto como desaparecía entre otros el grupo alfa, santo y seña alrededor del que se diseñaba la AE) a las necesidades de personal o a los crecientes costes de mantenimiento de buques y aeronaves.

Los Buques de Acción Marítima siguen siendo los grandes desconocidos de la Armada Española. No obstante, cumplen un papel crítico y su número debe aumentar. Autor – Christian D. Villanueva López

Planes en marcha

Actualmente hay dos programas de importancia capital para la Armada Española, el S80 y la F110. Del primero se han vertido ríos de tinta y es bien conocido por su complejidad técnica, defectos de diseño, pésima gestión y unos retrasos acumulados de más de una década. No obstante parece verse la luz al final del túnel, y por fin podrán relevarse los S70 (la botadura del S81 es inminente, y su entrega se estima para 2022) y consolidar el arma submarina con una nave que puede romper la barrera limitativa de la propulsión nuclear, una de las grandes renuncias que por motivos económicos y políticos ha tenido que asumir la Armada.

Ciertamente, las nuevas tecnologías de propulsión independiente del aire o AIP pueden dar a los submarinos convencionales grandes ventajas sobre los SSN; en costes, en sigilo y en riesgo medioambiental.

De entre las diferentes tecnologías AIP, la española, en la que trabajan por separado dos empresas (Abengoa y Técnicas reunidas) promete ser la más eficaz y segura, todo un logro que a futuro puede posicionar a nuestro país en cabeza de los desarrollos y ventas de este tipo de barcos, situación en la que ya se encuentra en otras áreas de la construcción naval gracias a los esfuerzos de la Armada y de los sufridos contribuyentes (Navantia, pese al apoyo incondicional de defensa y su éxito exportador, parece incapaz de salir de los números rojos).

Respecto a la F110, la situación es bien diferente, con la experiencia acumulada y el excelente desempeño de las actuales F100, no parece haber motivos para recelar de un proyecto de escolta que permitirá recuperar a la Armada las capacidades antisubmarinas que se perdieron durante los ‘dividendos de la paz’ (el fin de la guerra fría y la amenaza de los submarinos soviéticos) y que ahora vuelven a cobrar relevancia.

Sin perder un alto grado de polivalencia (sistema AA AEGIS) estarán efectivamente orientadas a la guerra litoral y la lucha ASW en aguas poco profundas, acción asimétrica y capacidad modular multimisión.

Sin duda será un barco magnífico que no solo asegura el relevo de las F80 (barcos muy limitados no solo por la edad, también por unos condicionantes de diseño ya superados) y mantener una flota de escoltas suficiente (cifrada en diez unidades) también un aumento considerable de capacidades, como ya sucediera con las F100 ‘Alvaro de bazán’ (equiparables a un destructor Arleigh Burke y eufemísticamente llamados fragatas pese a su tamaño y capacidades).

La situación en este apartado pues es buena y las necesidades están más que cubiertas; como único ‘pero’ habría que mencionar la escasez de silos para misiles estipulada en el proyecto. Dotadas de dos módulos VLS Mk41 y un total de 16 pozos, parecen estar escasamente armadas para usar el sistema AEGIS asociado al SM2 ‘Standard’, que necesita de un pozo por misil; así se desprende de los análisis vertidos por todos los medios especializados.

Ciertamente, en caso de ser un buque exclusivamente dotado del RIM-162 ESSM (se ha confirmado la adopción de la versión block 2, con unas prestaciones y letalidad extraordinarias), del que caben cuatro por pozo, este sería un problema menor; pero desde el momento que está previsto usar el misil de largo alcance SM-2, el número de pozos para portar una combinación creíble de ambos sistemas (son complementarios) se antoja claramente insuficiente. Eso por no hablar de la posibilidad de incorporar otros sistemas en el futuro (misiles de crucero, ASROC, etc).

Entendemos que en este punto, la limitación supone un ahorro mal entendido y que las F110 deberían contar, como mínimo, con un tercer módulo (24 pozos) para el VLS; al respecto recordaremos que las F100 cuentan con un total de 48 y los DDG ‘Arleigh Burke’ norteamericanos alcanzan los 96 en dos lanzadores separados.

Aparte de estos dos grandes programas puramente navales, la AE está ejecutando una planificación encaminada a sustituir la actual flota de helicópteros por variantes del NH90, modelo seleccionado por la DIGAM para cubrir las necesidades de los tres servicios de las FAS y que excede por tanto las competencias de la Armada.

Tema ya tratado profusamente en estas páginas, sólo citaremos que han empezado los estudios para modernizar los SH60B LAMPS III, que se suman a la de los AB212 y la compra de segunda mano de SH60F (transporte táctico), con vistas a aguantar hasta la llegada del nuevo helicóptero, que también acumula grandes retrasos.

Ya se ha aprobado un segundo lote que incluye siete de la versión de transporte naval o MTTH y que la AE necesita para sustituir los vetustos SH3D, mientras que el DNO (documento de necesidad operativa) sobre el helicóptero ASW ya está en manos del JEMAD y, como novedad, parece que se basará en la célula NFH (versión naval de este helicóptero desarrollada por AgustaWestland) y no en el TTH fabricado por Airbus Albacete.

También se han empezado estudios para relevar al AV-8B+ Harrier por el F35B, incluido contactos con el EdA para gestionar una flota compartida, entendida como opción más viable; si bien este último ha anunciado su preferencia por el Eurofighter Tifón (del que ha solicitado 40 ejemplares adicionales) para relevar sus F18, sabedor de que es la única posibilidad de ser aprobada por el poder político pese a que en su programa FCAS citara explicitamente al F35A como el único que cumplia sus requisitos de estado mayor (REM) para un caza de quinta generación.

Esta imposición política, los costes asociados al F-35 y su tremenda complejidad técnica (los últimos informes hechos públicos por el pentágono son preocupantes, ya que citan una vida útil de las células de este aparato en apenas 2100 horas) han hecho que la AE busque soluciones imaginativas, como colaborar con el ejército del aire para asegurar la presencia de un quinta generación en las FAS españolas, considerando que es un multiplicador de fuerza que ofrece capacidades únicas. No obstante la Armada cree que, en caso necesario, puede acometer esta aventura en solitario.

Detalle del HNLMS Karel Doorman (A833). Se trata de un buque logístico polivalente capaz de cubrir las necesidades de transporte estratégico de los Países Bajos. Fuente – Kees Torn.

Capacidades operativas

Su insistencia se basa en el hecho de que sobre la capacidad aeronaval se basa toda la estrategia operativa de la AE. Entiende el AJEMA que solo con la presencia de aviación embarcada puede mantenerse a su vez la capacidad de proyección sobre tierra, en forma de ataques aéreos selectivos y, sobre todo, con la actual capacidad anfibia.

Al respecto debemos decir que hay muchas formas de acometer operaciones anfibias y que algunas de ellas, que justifican por sí solas la existencia de la infantería de marina y los buques anfibios, no necesitan de superioridad aérea, por otra parte imposible de conseguir con un solo buque portaaeronaves y una escuadrilla de aviones, por muy quinta generación que sean, en un entorno de guerra de alta intensidad (con amenaza aérea).

En el caso de conflictos de baja intensidad, ante la necesidad de asegurar una playa para la evacuación de no combatientes, en ayuda ante catástrofes (donde precisamente las facilidades aeroportuarias brillan por su ausencia) prestación de ayuda humanitaria o como fuerza de interposición; es donde una infantería de marina, pese a que no goce del componente aéreo representado en las marinas más potentes del mundo por auténticos portaaviones, puede ser muy útil.

Siempre se necesitará una herramienta de apoyo directo para batir objetivos de alto valor, que supongan una amenaza para la zona de desembarco o que dificulten la progresión de las fuerzas terrestres; pero hay otros medios para proporcionar dicho apoyo que cazabombarderos furtivos de cien millones de dólares.

El uso de helicópteros de ataque, incluidos los futuros medios tilt-rotor o de motor de empuje auxiliar (como el Defiant) que proporcionan mayores alcances, velocidad y carga de pago, pueden aportar en un futuro cercano soluciones para cubrir las necesidades de la IM. También el uso de munición naval (cañón de cinco pulgadas) de nueva generación con alcances de hasta 70 kms, como la excalibur ER de 127/64 mm, o la posibilidad de usar misiles superficie-superficie; pueden dar a los buques nuevas capacidades de proyección del poder naval sobre tierra.
Al respecto debemos citar la nueva doctrina de empleo de la US NAVY, espejo en el que siempre se mira nuestra

Armada, conocida como letalidad distribuida (también ampliamente tratada en estas páginas) y que aboga por proporcionar a todos los buques de superficie de capacidad para batir blancos en el entorno operacional, no limitando las capacidades de ataque exclusivamente a los ‘carrier group’ y la aviación naval.

Esto significa priorizar el uso de un número creciente de submarinos y destructores capaces de proyectar poder sobre tierra con sofisticados misiles de crucero, lo que unido a los sistemas defensivos (SAM) obligan a incrementar los lanzadores y el tonelaje de estos buques, tal como hacen los DDG ‘Arleigh Burke’ (cuando no los ultrasofisticados y poderosos ‘Zumwalt’).

Por tanto, pese a lo que pueda parecer, la pérdida de la capacidad aérea no se traducirá en una reducción significativa de los costes, salvo que se pretenda convertir a la Armada en una fuerza meramente costera.

Propuesta de estructura orgánica de la Armada.
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2 Comments

  1. En este estudio no se incorpora la realización de una posible «corbeta europea multifunción» que puede suponer una actualización de sistemas y tecnologías así como permitir una financiación «ad hoc» a través de la UE. Estimo que un navío de estas características puede asumir la mayor parte de las actuaciones navales actuales teniendo como apoyo las bases navales aliadas. Difiero por tanto de contemplar únicamente una armada oceánica que realice las funciones actuales con el incremento de costo resultante de operar solamente buques de «alto porte». Saludos

  2. Da gusto leer artículos como este, soy un ex marino electrónico de la F-72, la Armada siempre peco de la comodidad y habitabilidad para la tripulación y no digamos del hambre que pasaba en las navegaciones, estuve de intercambio en la fragata HMCS ATHABASKAN, camarotes para 2 y 4 personas con sofá, la línea del comedor abierta las 24 horas, todo tipo de comida en abundancia, estaban navegando a 4 vigilancias, nosotros siempre a 2 (cada 6 horas relevo).
    No me extraña que les falte personal.
    La verdad que merece la pena pagar la suscripción anual por la calidad del contenido, da gusto leerlo todo.

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